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viernes, 3 de marzo de 2006

Racismo en el futbol

Uno de los temas más candentes de estos últimos días (el otro es el de la dimisión/espantá de Florentino Pérez, y ambos mezclan el deporte con el interés social) está siendo el brote racista desatado el pasado sábado en el campo de fútbol de La Romareda, durante el partido Zaragoza-Barcelona, y que tuvo como blanco al jugador camerunés del Barça Samuel Eto’o. Como sabéis, un sector del público se dedicó a jalear al máximo goleador de la Liga con sonidos que remedaban la “jerga” de los monos, tras lo cual el árbitro paró el encuentro para exigirle al Delegado de campo que atajara aquel comportamiento, y el propio camerunés, incluso, fue un poco más allá, emprendiendo el camino del vestuario para abandonar el terreno de juego, aunque en última instancia fue disuadido por su entrenador, Frank Rijkaard. Hay un hecho cierto: el racismo, como cualquier otra forma de discriminación, es un hecho deplorable y que hay que erradicar y corregir. A partir de este punto es cuando pueden comenzar las discrepancias. Al parecer (o eso dicen), es común que el público de cualquier estadio de fútbol provoque o insulte directamente a los futbolistas (tanto ajenos como propios), al igual que (según parece) es habitual que ciertos jugadores se dirijan a los rivales sobre el campo con expresiones muy poco respetuosas (es recordable, a este respecto, el caso del mexicano y ex-madridista Hugo Sánchez). Todos, sin excepción, hemos dirigido alguna vez calificativos poco edificantes a aquellas personas cuya actitud nos ha causado desagrado o frustración; los niños disparan, a modo de misiles, palabras como “tonto” o “feo”, pero, cuando se traspasan las fronteras de la edad adulta, los epítetos suben de tono y muchas veces incluyen a algunos familiares del insultado en cuestión. Ahora bien, ¿el hecho de que todos hayamos insultado a alguien alguna vez justifica o legitima el hecho mismo de insultar? ¿Insultar a alguien soluciona algún problema? Muchos jugadores del Real Zaragoza critican a Eto’o por quejarse tanto de que se le denigre a causa del color de su piel, y tratan de quitarle importancia a esa vejación xenófoba por el hecho de que a ellos mismos les llaman “de todo” allá donde van, y no por ello adoptan la actitud “infantil” de pretender marcharse del campo. Estoy totalmente en desacuerdo con este planteamiento, que, en primer lugar, legitima el derecho de alguien a insultar a un semejante y, paralelamente, relega a un segundo plano un tema harto preocupante como es el racismo. Obviamente, no es igual llamar a alguien “Estúpido”, un insulto que va dirigido hacia una actitud o comportamiento, que llamarle “Mono” (derivado de su condición de nativo africano), cosa que ofende a la naturaleza misma de esa persona desde el momento de su nacimiento, sean cuales sean sus actitudes durante su vida. Criticar o atacar a cualquier persona en base a su origen o a cualquier anormalidad física o psíquica me parece uno de los actos más censurables y cobardes que pueden existir, y absolutamente ninguna excusa o justificación puede atenuar la bajeza moral de quienes exhiben este comportamiento. ¿Hizo bien Eto’o en querer abandonar el campo? En un primer momento tal vez podríamos pensar que no, pero, si este hombre no hubiera cedido a ese primer impulso, probablemente no estaríamos hablando (todo el mundo) ahora de ésto, y los racistas camparían más a sus anchas de lo que todavía siguen campando (nunca mejor dicho, dado el escenario del insulto, lo de “campar”, ¿no os parece?). Probablemente, si la primera vez que un jugador negro (y “negro” no lo considero un insulto, si se trata únicamente de calificar el color de la piel oscura) recibió una ofensa derivada del hecho de pertenecer a una raza diferente, en lugar de callarse, aguantarse y conformarse, se hubiera marchado del terreno de juego, este asunto no hubiera llegado a donde está tratando de llegar. El Comité de Competición sancionó ayer al Real Zaragoza con una multa de 9.000 euros, pero parece que el Comité Antiviolencia va a recurrir la cuantía de la sanción, argumentando que es insuficiente. Eto’o piensa, por su parte, que no sirve de nada un castigo en metálico, sino que deberían clausurar La Romareda durante un año, “y que tuvieran que jugar fuera de casa” durante todo ese tiempo. El Zaragoza discrepa, por supuesto, de Eto’o, pero también de Antiviolencia e incluso de Competición. Para ellos, lo sucedido no fue tan grave y el culpable de todo es el futbolista camerunés, que se comportó de modo inmaduro e infantil. De todas estas posturas, si queréis saberlo, yo me quedaría con un cocktail de casi todas… excepto la del club. Incluso para una sociedad deportiva de nivel medio como el Zaragoza, 9.000 euros es una bagatela, máxime cuando sus dirigentes, jugadores y aficionados se están comportando como si fusen inocentes cual corderitos (y jamás es inocente del todo quien le quita importancia a un fenómeno como el racismo); por lo tanto, creo que no estaría mal cerrarles el campo, no durante un año como pretende Eto’o, pero sí durante una o dos jornadas, porque va siendo hora de actuar de forma ejemplarizante, ¡a ver si el próximo día los aficionados racistas se lo piensan dos veces antes de meterse con alguien a causa del color de su piel!

1 comentario :

Anónimo dijo...

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