domingo, 29 de diciembre de 2019

Cine actualidad/ “CATS”


Crónica de un desastre (musical) anunciado

He confesado más de una vez mi devoción al cine en general y al subgénero musical en particular, y el causante de todo ello tiene un nombre:  Andrew Lloyd Webber.  Porque fue la banda sonora de la adaptación de 1973 de “Jesucristo Superstar” lo que me hizo enamorarme de ese particular universo en el que las emociones se expresan cantando y, frecuentemente, bailando.  Todavía en la década de los setenta, Lloyd Webber aportaría otras dos composiciones que me encantaron:  la banda sonora de “Odessa” (una película sobre nazis que nada tuvo que ver con el género que nos ocupa) y, sobre todo, la que habría de ser una de sus obras magnas:  la popularísima “Evita”.  Eso fue en 1976, y sólo 5 años después entré en Discos “Merlín” de Alicante para adquirir el novísimo trabajo de Sir Andrew, un doble LP en el que en su impactante portada, sobre fondo negro, se reproducían dos amarillos ojos felinos en cuyas pupilas se veía a dos figuras danzantes.  Cats” era su título, y se trataba de una musicalización de una colección de cuentos y poemas de T.S. Eliot titulada “El libro de los gatos habilidosos del viejo Possum”.  Aquel mismo año 1981 se estrenaba el musical en Londres, en 1982 en Broadway y tuvo tal éxito que logró ostentar el récord de mayor número de representaciones en la historia de las tablas.

Los “Jélicos” (Jellicles en inglés) son una tribu de gatos urbanos de nombres pintorescos (Munkustrap, Grizabella, Macavity, Bomballurina, Mr. Mistoffelees, Rum Tum Tugger, Bustopher Jones, Skimbleshanks) que habitan las calles del Londres de la posguerra.  Cada año se reúnen para contar su historia particular (una historia, una canción) y participar en el “Baile Jélico” en el que el patriarca, el Viejo Deuteronomio, elegirá al gato que ascenderá a la Capa Celestial para vivir una nueva y mejorada vida gatuna…

En el teatro, todos los intérpretes de “Cats” lucían disfraces y maquillajes felinos, destacando las increíbles coreografías que muy pronto se hicieron famosas, casi tanto como su bellísima canción estrella, “Memory”, mil veces versionada, entre otros, por Barbra Streisand.  Ya en 1998 se grabó una primera adaptación cinematográfica que no se estrenó en salas y que es de donde provienen la mayoría de los videos que se pueden encontrar en YouTube.  Pero la fama de la obra iba creciendo y el mismísimo Steven Spielberg adquirió los derechos para rodar una visualización en dibujos animados que nunca llegó a hacerse, y finalmente quien se ha atrevido a llevar el proyecto a la gran pantalla no ha sido otro que el británico Tom Hooper, que al parecer disfrutó tanto con el rodaje de “Los Miserables” (2012) que estaba deseando involucrarse en otro famoso musical que pudiera otorgarle fama y prestigio.  La fama, desde luego que la ha obtenido con esta “Cats” de 2019, pero lo del prestigio es más que discutible, a juzgar por el aluvión de críticas negativas y, lo que es peor, burlas despiadadas…

Los Miserables” de 2012 y “Cats” de 2019 tienen en común, además del mismo realizador, el hecho de que sus actores se vieron obligados a grabar en directo las canciones, repitiendo y repitiendo hasta que todos quedaron mínimamente satisfechos.  En el elenco elegido por Hooper destacan nombres famosos como Ian McKellen, Judi Dench, Idris Elba, James Corden, Jennifer Hudson o Rebel Wilson así como los cantantes Taylor Swift y Jason Derulo, junto a sorprendentes “desconocidos” como Francesca Hayward, Robbie Fairchild o Laurie Davidson, que son quienes se acaban llevando el gato al agua (valga la socorrida expresión).  Pero ¿cómo darles un aspecto gatuno que resultara original y llamativo en la gran pantalla?  Descartados los dibujos animados que Spielberg pretendía y también los elaborados maquillajes teatrales, a Hooper se le ocurrió la “genial” idea de que en los rostros conservaran la mayoría de sus rasgos humanos, pero que en los cuerpos tuvieran vello y pelaje.  Las reacciones al primer trailer, publicado en julio de este año, fueron unánimemente negativas y consiguieron que incluso quienes ni siquiera conocían la existencia del musical se posicionaran abiertamente en contra de la película.  Una vez estrenado el film, tanto las primeras reseñas como la respuesta del público no han sido las que la productora (Universal) había llegado a esperar tras cinco meses de chanzas interminables… sino mucho, muchísimo peores.  El batacazo en taquilla ha sido, asimismo, de los más monumentales que se recuerdan, y ayer mismo saltaba la noticia de que Universal había optado por retirar a “Cats” de cualquier certamen, convocatoria o categoría en las que pudiera aspirar a algún tipo de premio.  Una debacle en toda regla (“Cats-ástrofe”, se mofaba un crítico).

Pero, objetivamente, ¿es tan, tan, tan mala “Cats”?  Yo la vi anoche y tengo la respuesta:  no, no y NO.  De hecho, puedo afirmar que a mí incluso me gustó.  Hombre, es innegable que la sensación de ver a actores (mal) caracterizados digitalmente como gatos de rostro lampiño y cuerpos peludos no es muy agradable hasta que consigues acostumbrarte (si es que te acostumbras).  Luego, te haces una pregunta:  dado que algunos “gatos” (Bustopher Jones, Grizabella, Gus, Macavity, Rum Tum Tugger…) van vestidos, ¿los que no llevan ropa (Victoria, Bomballurina, Munkustrap…) quiere decirse que están completamente desnudos?  Este tipo de cuestiones implican una aproximación al mal gusto que secuencias como la canción de Jennyanydots (“The Old Gumbie Cat”, en la que el personaje a cargo de Rebel Wilson se come golosamente ante la cámara varias cucarachas antropomorfas) no hacen sino reafirmar.  Sin embargo, y a pesar de que lo que hacen Judi Dench o Ian McKellen es de todo menos cantar y de que muchos de los arreglos suenan un pelín cutres, las melodías de Andrew Lloyd Webber siguen siendo bellísimas, y para un aficionado como yo es un regalo verlas representadas en la pantalla.  Por no hablar del precioso colorido, el fantástico diseño de producción (también criticado por lo desproporcionado de algunos elementos en relación al tamaño real de los felinos) y las divertidas coreografías de Andy Blankenbuehler, en las que se lucen la debutante Francesca Hayward y el extraordinario Robbie Fairchild, la gran revelación del film.

A estas alturas y con la que está cayendo no me atrevería a recomendaros expresamente una película como “Cats”, una apuesta arriesgada y que para muchos puede ser simplemente indigerible (no olvidemos que, aparte de su estética y efectos visuales, se trata de un musical a la vieja usanza, en el sentido de que el 90% del tiempo se está cantando y bailando).  Pero, como fan de tantos años de la obra original, tengo que admitir que a mi me emocionó y a ratos hasta me fascinó, y ni mucho menos me arrepiento de haber pagado la entrada.

Luis Campoy

Lo mejor:  las canciones de Andrew Lloyd Webber;  Francesca Hayward y Robbie Fairchild;  el diseño de producción y el color
Lo peor:  la caracterización de los personajes;  las nulas cualidades vocales de Judi Dench e Ian McKellen;  la atmósfera envolvente que para algunos puede ser onírica y para otros, pesadillesca
El cruce:  Los Miserables” + “The Rocky Horror Picture Show” + “El Rey León (2019)
Calificación:  6,5 (sobre 10)

Cine actualidad/ “STAR WARS: EL ASCENSO DE SKYWALKER”

¿Ascenso… o caída?


Desde que, en 2015, Disney estrenase su nueva trilogía de “Star Wars” tras haber comprado los millonarios derechos al creador George Lucas, he venido criticando (bueno, yo y varios millones de seguidores en toda la galaxia) su nula originalidad y su condición no sólo de continuación sino de descarado refrito de los conceptos expuestos por Lucas en las 6 películas precedentes.  No creo que nadie en su sano juicio pueda contradecir esta afirmación básica, que es sobre la que se asientan la mayoría de las críticas negativas que se han vertido en estos cuatro años.  Que sí, que todos sabemos que todo está inventado y que es casi imposible ser o parecer original, pero ¿era necesario que el Episodio VII (“El despertar de la Fuerza”) resultase un “remake” encubierto del Episodio IV (anteriormente, “La Guerra de las Galaxias”;  ahora, “Una nueva esperanza”) y que el Episodio VIII (“Los últimos Jedi”) pareciese, en no pocos momentos, una copia argumental del Episodio V (“El Imperio contraataca”)…?  Sin ir más lejos, la serie de Disney+ “The Mandalorian” transcurre en el mismo universo y, aunque se asienta sobre ambientes y postulados similares, no se limita a reciclar sistemáticamente personajes, esquemas y situaciones, y aún así está siendo bien considerada por la crítica y unánimemente aplaudida por los fans, señal de que hacer algo mínimamente distinto sí es posible.

Los últimos Jedi”, que fue escrita y dirigida por el hoy en boga Rian Johnson (gracias a la muy estimulante “Puñales por la espalda”) intentó, sin mucho éxito, introducir alguna que otra pequeña variación (más humor, una “desmidiclorianización” de la Fuerza…), pero sus audacias y alguna que otra decisión demasiado arriesgada cabrearon mucho a los fans más tradicionalistas, y la recaudación fue sensiblemente inferior a la de la anterior entrega.  Johnson fue apartado de la línea “oficial” de la saga (se rumorea que aún sigue trabajando en una nueva trilogía alejada del eje principal) y la batuta de mando se le entregó a otro “resucitador” de franquicias, Colin Trevorrow, que había orquestado el gran taquillazo que fue “Jurassic World”.  Pero ¡ay! Trevorrow quiso al parecer avanzar en la línea rupturista de “Los últimos Jedi” y su guión asustó tanto a los productores (según se comenta, la protagonista Daisy Ridley lloró al leerlo) que rápidamente le despidieron y acudieron, suculento cheque en ristre, al encuentro del cerebro de la tan discutida “operación retorno”:  el mismísimo J.J. Abrams.  Abrams, que para muchos es el creador de la fabulosa serie de culto “Perdidos” pero, para otros, no deja de ser el tipo que se cargó dicha serie con un final tan decepcionante como absurdo, es experto en reciclar conceptos (su “Super 8” era poco menos que un respetuoso plagio de “Los Goonies”), resetear franquicias (“Star Trek”) y continuar sagas de éxito (“Mission: Impossible 3”), pero ya había demostrado en el Episodio VII que su capacidad de innovación estaba bajo mínimos.

En “El ascenso de Skywalker” seguimos, cómo no, los pasos de Rey (Daisy Ridley), Finn (John Boyega) y Poe (Oscar Isaac), quienes continúan intentando hacer frente a la casi todopoderosa Primera Orden, cuyo nuevo líder es obviamente Kylo Ren (Adam Driver), tras la sorpresiva derrota del temible Snoke.  Pero el pasado no ha muerto del todo, y un par de viejos conocidos reaparecerán de manera imprevista, uno a cada lado de la Fuerza…

A PARTIR DE AHORA, SPOILERS A MOGOLLÓN
Confieso que de la muy denostada “Los últimos Jedi” sólo me gustó realmente su maravillosa apariencia visual, pero el argumento me desagradó ostensiblemente.  No sólo me molestó la ya citada sensación de repetición con respecto a “El Imperio contraataca”, sino que también me cargaron mucho el protagonismo otorgado a nuevos personajes sin gancho ni carisma (Rose Tico, DJ), el “desperdicio” perpetrado con Snoke y el tratamiento que se le depara a Luke Skywalker (Mark Hamill), que primero aparece huraño y egoísta y al final hasta se le elimina innecesariamente como ya había sucedido con su amigo Han Solo (Harrison Ford).  No soy estúpido y entiendo que las sucesivas muertes de Han (en el Episodio VII), Luke (en el Episodio VIII) y ahora de Leia (en el Episodio IX) no pretenden sino dar carpetazo a lo antiguo para que lo nuevo adquiera mayor relevancia, pero opino que eso sólo sirve cuando el relevo generacional merece realmente la pena.  En “El ascenso de Skywalker” toca despedirse para siempre de la pobre Leia Organa, y ya iba siendo hora porque la malograda Carrie Fisher lleva tres años criando malvas, pero es lógico pensar que, de cualquier manera, aunque la actriz continuase con vida, su personaje seguiría el mismo camino de sus amigos caídos.  A cambio, el que vuelve de entre los difuntos es nada menos que el Emperador Sheev Palpatine (Ian McDiarmid), que en 1983 cayó por una turbina del reactor de la segunda Estrella de la Muerte sin que ninguno pensáramos que, treinta y seis años después, íbamos a tenerle de regreso.  J.J. y su co-guionista Chris Terrio no sólo se han sacado de la manga que era Palpatine quien movía los hilos del ridículamente defenestrado Snoke, sino que en realidad fue el padre “midicloriano” de Anakin SkyWalker/Darth Vader y, por si fuera poco, el oscuro abuelo de la heroína Rey.  Estas revelaciones, que acontecen en el tramo final de la película, al parecer intentan atar cabos sueltos (¿qué cabos sueltos?) y cerrar subtramas (¿qué subtramas?) pero su fin último es justificar que Rey es Jedi porque está lejanamente emparentada con los Skywalker, como todo hijo de vecino ya se barruntaba, si bien llegando a esta conclusión a través de un camino mucho más tortuoso de lo previsto.  Vamos, lo contrario de lo que se había sugerido en “Los últimos Jedi”, con el fin de que los fans queden tranquilos y conformes.

Otro de los rumores que se ha pretendido acallar es el de la supuesta homosexualidad de Finn y Poe, entre quienes muchos habían querido intuir un prometedor romance que ahora se ve truncado de golpe al descubrirse que Poe sigue bebiendo los vientos por una antigua novia (Zori Bliss: Keri Russell) y que Finn se encapricha a las primeras de cambio de una valerosa amazona (Jannah: Naomi Ackie).  Eso sí, para quedar bien, en el éxtasis de la victoria se ve cómo dos mujeres de la Resistencia no se resisten a propinarse un beso que sabrá a poco a los que clamaban por más reivindicación e igualdad.

El día 19 de diciembre asistí a un maratón cinematográfico en el que se proyectaron, seguidos, los tres episodios de esta tercera trilogía galáctica, durante el cual pude comprobar que, incomprensiblemente y a pesar de sus defectos, “El despertar de la Fuerza” me gusta más de lo que recordaba, “Los últimos Jedi” contiene algunas de las mejores secuencias de toda la nonalogía…  y es, sin duda, “El ascenso de Skywalker” la cinta que menos aporta en materia argumental, dramática y estilística.  Mentiría si dijera que no disfruté durante buena parte de su metraje, que no admiré las buenas interpretaciones de Daisy Ridley y Adam Driver o que no me ericé de pies a cabeza cuando la fanfarria de John Williams ilustra el ataque final de la “nueva esperanza” encabezada por el también recuperado Lando Calrissian (Billy Dee Williams).  También me gustaron los juegos de luces y sombras entre los que se mueven el pérfido Palpatine y sus acólitos Sith o el visualmente admirable pero temáticamente inane duelo entre Rey y Kylo, pero es imposible no sentir cierto bochorno ante los diálogos simplistas, los previsibles giros argumentales o el modo en que están estirados como chicles los pocos planos inéditos que dejó la finada Carrie Fisher.  Eso por no volver a hablar de esa sensación que ha presidido la saga desde 2015, la de que no estamos asistiendo a un espectáculo novedoso sino que nos están contando lo mismo con otras palabras, la misma historia pero con personajes (no muy) diferentes.  Esto es lo que sucede cuando, en lugar de fabricar un chicle original, se estira y estira la vieja goma de mascar que ya ha perdido buena parte de su sabor.  Por muy querida y muy galáctica que sea.

Luis Campoy

Lo mejor:  las luces y sombras intermitentes de la guarida del malévolo Emperador Palpatine
Lo peor:  la incesante sensación de que lo que vemos es más de lo mismo;  las “sorpresas” argumentales sacadas de una manga poco profunda
El cruce:  imposible concretar el sinfín de referencias e influencias
Calificación:  6,0 (sobre 10)

martes, 3 de diciembre de 2019

Píldoras de Cine (Diciembre de 2019)


Empezamos el último mes de al año con buen pie, o, lo que es lo mismo, hablando de cine.  Aquí llegan nuestras ágiles, vertiginosas y espídicas ¡PILDORAS DE CINE!

PUÑALES POR LA ESPALDA
Los ácidos y mordaces comentarios negativos que el sector más reaccionario del fandom galáctico vertió sobre su anterior “Los últimos Jedi” no han hecho sino incentivar a su autor, Rian Johnson, a la hora de acometer un proyecto radicalmente distinto.  Puñales por la espalda” rinde homenaje al thriller de misterio con múltiples sospechosos que tan bien desarrollaron en la literatura Agatha Christie con su detective Hercules Poirot o Arthur Conan Doyle con el celebérrimo Sherlock Holmes, y que en la televisión alcanzó su cénit en los años 80 con la Jessica Fletcher de “Se ha escrito un crimen”.  En esta ocasión, el actual James Bond Daniel Craig encarna a un peculiar investigador de origen francés, Benoit Blanc, obligado a desentrañar las circunstancias de la muerte de un popular escritor de novelas de suspense, cuyos hijos confían en recibir una sustanciosa herencia.  El espectacular reparto (Christopher Plummer, Jamie Lee Curtis, Chris Evans, Michael Shannon, Don Johnson, Jaeden Lieberher o la hispano-cubana Ana de Armas) da pie a multitud de combinaciones cinéfilas (James Bond vs el General Zod, Laurie Strode vs Bill Denbrough, el Capitán América vs el capitán Von Trapp…), pero no hay que olvidar el estupendo guión también escrito por Johnson, el exquisito diseño de producción y un ritmo endiablado que hace que las 2 horas y 10 minutos de metraje se pasen en un suspiro.
Calificación:  8 (sobre 10)

LE MANS ‘66
En los primeros años 60, la escudería italiana Ferrari solía copar la mayoría de los grandes premios del circuito automovilístico, siendo famosas sus reiteradas e incontestables victorias anuales en las míticas 24 horas de Le Mans.  Sin embargo, el ambicioso Henry Ford II, presidente y director ejecutivo de Ford, tenía entre ceja y ceja desbancar a los italianos y no paró hasta conseguirlo.  Para ello, contrató a un ex piloto de carreras metido a diseñador de coches, Carroll Shelby, y a un mecánico reconvertido en piloto, Ken Miles, los cuales se emplearían a fondo y sin descanso en pos de una meta que se antojaba inalcanzable.  El director de “Logan” (esa película sobre un héroe de comic que gusta a todos quienes detestan los comics), James Mangold, se pone al volante de la estupenda “Le Mans ‘66” (conocida originalmente como “Ford v Ferrari”), y logra facturar un gran espectáculo que se apoya sólidamente en la humanidad de todos sus protagonistas, con unos magníficos Christian Bale y Matt Damon pugnando por dilucidar quién cuaja una mejor interpretación.  Fantásticas fotografía, música y ambientación, y una carrera final simplemente antológica.
Calificación:  8,5 (sobre 10)

FROZEN II
Todavía recuerdo la ilusión que le hacía a mi hija que fuese con ella al cine a ver la maravillosa “Frozen” (2013).  Ahora, 6 años después, mi niña es una universitaria autosuficiente pero, aun así, yo me acerqué a la sala más próxima para ver “Frozen II”, la cual, no sé si por verla con un punto de tristeza y melancolía, me resultó bastante inferior a la primera.  Naturalmente, regresan las ya famosísimas hermanas Elsa y Anna, lo cual era elemental e impepinable, y también se dejan ver el interés romántico de la segunda, el aguerrido Kristoff, el inseparable alce de éste, Sven, e incluso el carismático muñeco de nieve Olaf.  Que todos ellos debían aparecer en la secuela se daba por supuesto, pero el protagonismo que reciben unos y otros me pareció bastante cuestionable.  O sea, era obvio que durante ese trascendental viaje al bosque encantado Elsa y Anna debían recomponer su relación fraterna y aprender nuevamente a ser buenas hermanas, pero parece un tanto irrisorio (por no decir ridículo) que en esa dramática aventura también tengan que llevar de lastre tanto al muñeco de nieve como al reno.  Por otra parte, es cierto que la escena en la que Olaf se deshace me arrancó alguna lagrimilla sin poder evitarlo, si bien en esta ocasión las canciones no alcanzan el nivel de las primigenias.  Taquillazo inevitable, sí, indiscutible calidad técnica, también, pero podían haberse currado un poco más el argumento, los diálogos e incluso el apartado musical.
Calificación: 6 (sobre 10)