miércoles, 28 de febrero de 2018

Píldoras de Cine (Febrero 2018)



Con los Oscar ya esperando a la vuelta de la esquina, despedimos el mes más corto del año con nuestro prototipo de artículo más corto:  nuestras breves PÍLDORAS DE CINE.

BLACK PANTHER” (pero ¿por qué demonios no la llamamos “PANTERA NEGRA”?)
La enésima adaptación de un comic Marvel llega con un impresionante rédito en taquilla, gracias a una apuesta meticulosamente calculada que combina el género superheroico con el subgénero de aventuras ambientadas en Africa, la blaxploitation y el alegato antirracista.  Mientras la veía, incluso recordé las viejas películas de gladiadores de mi niñez, pues son muy significativos los combates cuerpo a cuerpo filmados por Ryan Coogler (“Creed”) en escenarios naturales y decorados inundados de color.  El comic de Stan Lee y Jack Kirby se hermana con Shakespeare en una historia que, aun con sus excesivos guiños a la comunidad afroamericana (obvia la pretensión de que dicho sector de público inunde las salas), me pareció por momentos encantadora.  El protagonista, Chadwick Boseman, es todo un acierto de casting.
Calificación:  7,5 (sobre 10)


YO, TONYA
El caso real de la rivalidad entre las patinadoras estadounidenses Tonya Harding y Nancy Kerrigan, que culminó con la segunda siendo agredida por un sicario supuestamente contratado por la primera, llega al cine en forma de docudrama, un formato que resulta como mínimo chocante.  El director Craig Gillespie prefiere no tomarse en serio a sus (cutres) protagonistas, y alterna la acción “real” con las falsas entrevistas, haciendo en ocasiones que los personajes giren la cabeza para hablar directamente al público;  vamos, como si los Hermanos Coen se hermanasen con Woody Allen…  Una entregada Margot Robbie es lo mejor de la función... excepto cuando tiene que aparentar 15 o incluso 23 años.  El caso es que la bella actriz de “El lobo de Wall Street” es además productora (fue quien adquirió los derechos sobre el guión) y tuvo que aprender a patinar sobre hielo para dar vida convincentemente a la desdichada Tonya Harding.  Con todo, Allison Janney, que hace de su madre, roba cada escena en la que sale.
Calificación:  7 (sobre 10)


EL HILO INVISIBLE
Una película muy británica y muy correcta, tan correcta y tan británica que su perfección formal asfixia su bagaje sentimental.  Esta biografía del modisto ficticio Reynolds Woodcock (dicen que inspirado en la figura de Cristóbal Balenciaga) no apasiona ni entretiene, y, si por algo fuese recordada, sería por constituir lo que parece que es la despedida del gran Daniel Day Lewis, que anuncia su retirada a los 60 años.  Paul Thomas Anderson dirige con mucho mimo en lo visual y poco brío en lo argumental.
Calificación:  6,5 (sobre 10)








TODO EL DINERO DEL MUNDO
Recuerdo, siendo niño, cómo el secuestro del joven John Paul Getty III, nieto del hombre más rico del mundo, convulsionó a la sociedad de todo el mundo en 1973.  Cuarenta y cinco años después, el ya octogenario Ridley Scott pone en imágenes aquella historia, retomando su estilo más característico de cuando no filma compulsivamente aliens y más aliens:  fascinante puesta en escena y despreocupación por lo estrictamente argumental.  Lo que más ha llamado la atención ha sido el despido fulminante, tras ser implicado en un escándalo sexual, del actor Kevin Spacey (que encarnaba al muchimillonario Jean Paul Getty) y la contratación express del veterano Christopher Plummer, que en 8 días tuvo que volver a rodar todas las escenas del primero.  Un Mark Whalberg total y absolutamente desubicado y el empleo de localizaciones e incluso actores secundarios que recuerdan poderosamente a su anterior “Hannibal” son otros rasgos de esta poco convincente película de Scott.
Calificación:  6 (sobre 10)

lunes, 19 de febrero de 2018

Cine actualidad/ “LA FORMA DEL AGUA”

La chica y el anfibio

Estados Unidos, principios de la década de los 60.  En un laboratorio secreto del Gobierno, un extraño hombre anfibio está siendo objeto de crueles experimentos.  Una limpiadora muda se apiadará de la criatura y acabará sintiendo una creciente fascinación por ella…

Creo haber leído que con el guión de “La forma del agua”, el realizador mexicano Guillermo del Toro (Jalisco, 1964) pretendía homenajear a los clásicos de aquel “inocente” cine fantástico de los años 50 y 60, personificado en la famosa “La mujer del monstruo” (“Creature Of The Black Lagoon”, 1954).  En concreto, Del Toro se preguntaba si aquel amor imposible entre Kay Lawrence y el monstruo de la Laguna Negra lograría consumarse al final, y de qué forma tal cosa se produciría.  A partir de esa idea, el director de “Cronos” construye una fábula perfectamente ambientada en la Década Prodigiosa y en la que no faltan innumerables referencias a la política, la sociedad y la cultura de la época, referencias que van desde la Guerra Fría hasta el amor libre, pasando por la tolerancia ante el racismo o el anhelo de paz y libertad.

Es Del Toro un hombre que ha forjado casi toda su carrera lejos de su México natal, y siempre con el elemento fantástico sirviéndole de auspicio e inspiración.  Incluso cuando ha tocado temas aparentemente dramáticos o realistas (caso de las dos películas dirigidas en España, “El espinazo del Diablo” y “El laberinto del Fauno”, ambas con el trasfondo de nuestra Guerra Civil como excusa), la fantasía, lo mitológico o lo paranormal acaban haciendo acto de presencia.  Pero también cuando ha adaptado material ajeno (“Blade II”, “Hellboy”), su aportación creativa ha enriquecido sustancialmente los originales de Marv Wolfman y Mike Mignola, respectivamente.  Recuerdo que cuando ví “Hellboy 2” pensé que el torrente imaginativo de Del Toro parecía no tener fin…

Sin embargo, viendo la otra noche “La forma del agua”, que llega precedida por innumerables críticas positivas, un montón de premios internacionales y la friolera de 13 nominaciones a los próximos Oscar, sentí que lo que estaba viendo tenía un poco de “deja vu”, de reciclaje de conceptos ya conocidos de antes.  Para empezar, el propio diseño de la criatura, que no es sólo un evidente (evidentísimo) homenaje al citado monstruo de la Laguna Negra, sino que plagia conscientemente el look de su propio Abe Sapien de la mencionada “Hellboy”, el anfibio al que, por cierto, interpretaba el mismo intérprete mímico, el especialista Doug Jones.  El carácter del personaje de la limpiadora muda también se parece sospechosamente al de Liz Sherman de la misma “Hellboy”, y el laboratorio que es el escenario principal de la trama no es sino una versión siniestra del Instituto para la Defensa de lo Paranormal de (¿adivináis?) “Hellboy”.  Rizando el rizo de las referencias, me llamó la atención sobremanera la inclusión del chiste en el lavabo, ése que alude a la división de los hombres en dos tipos:  los que se lavan las manos antes o después de miccionar, que ya aparecía en “Torrente, el brazo tonto de la Ley” (claro que es sabido que Del Toro y Santiago segura son buenos amigos, por lo que quizá nos hallaríamos ante un “préstamo” y no un “plagio”).

“La forma del agua” me gustó (¿por qué no iba a gustarme?), pero en absoluto ví en ella esa maravilla que otros describen, esa gloriosa y poética historia de amor sin barreras.  Por supuesto que la fotografía de Dan Laustsen es sobresaliente y la partitura de Alexandre Desplat (otro artista abonado a la autorreferencia) muy hermosa, pero, por ejemplo, en una historia de amor que se supone basada en el romanticismo, me parecieron innecesarias e incluso molestas ciertas escenas de sexo y masturbación que no creo que vinieran al caso.  Tampoco la tan alabada Sally Hawkins me resultó tan extraordinaria, y, desde mi punto de vista, el villano Michael Shannon y sobre todo el anciano homosexual Richard Jenkins se lucen mucho más (de Octavia Spencer no hablo, porque siempre hace… de Octavia Spencer).

Si “La forma del agua” fuese la modesta ópera prima de un autor desconocido tal vez sería más condescendiente con ella, pero tratándose simplemente de la película mejor considerada por la crítica dentro de la filmografía de un cineasta que anteriormente había sido más visionario e innovador, tengo que concluir que nos hallamos nuevamente ante otro de esos casos en los que las expectativas están por encima de la calidad intrínseca del film, y cualquier Oscar no estrictamente técnico que acumule, me parecerá simplemente inmerecido.

Luis Campoy

Lo mejor:  la fotografía, la música, los actores secundarios
Lo peor:  las evidentes similitudes con “Hellboy”, las escenas de sexo y masturbación
El cruce:  “La mujer y el monstruo” + “Hellboy” + “El puente de los espías”

Calificación:  7,5 (sobre 10)