lunes, 28 de mayo de 2018

Cine actualidad/ "HAN SOLO, Una historia de Star Wars"


Mami, quiero ser piloto

A los catorce años, cuando se estrenó en España “La Guerra de las Galaxias”, yo quería ser Han Solo.  De hecho, durante un tiempo FUI Han Solo:  en el reparto de papeles que hicimos en clase, mientras a alguno le correspondió el dudoso honor de “travestirse” para convertirse en la Princesa Leia, yo ostenté el privilegio de desempeñar el rol del intrépido contrabandista espacial.  Sin embargo, ya entonces, incluso desde la perspectiva de un crío, era bien evidente que Harrison Ford sólo había (y hay) uno.

Desde el mismo momento en que Walt Disney Pictures adquirió Lucasfilm (la empresa propietaria del creador de “Star Wars”, George Lucas) en octubre de 2012, quedó bien claro que la elevadísima inversión (4.050 millones de dólares) iba a ser rentabilizada con creces.  El merchandising se puso nuevamente en marcha y, en apenas unos días, se anunció la puesta en marcha de una nueva trilogía de películas, que continuaría narrando lo sucedido en la mítica galaxia en la que los Caballeros Jedi controlaban la Fuerza y los Señores Sith conspiraban desde el Lado Oscuro.  Por si fuera poco, la empresa del Ratón Mickey decidiría, poco tiempo después, exprimir aún más el suculento filón, de modo que, al igual que ya se hiciera en 1984 con “La aventura de los Ewoks”, se determinó la realización de varios spin-offs derivados de la franquicia.  El primero de ellos, “Rogue One, Una historia de Star Wars” llegó a los cines en 2016 (entre el Episodio VII y el VIII), y el segundo, “Solo” (“Han Solo” en España) se estrenó el pasado jueves

“Han Solo” (planificada para calmar el “mono” de los fans entre los Episodios VIII y IX) tenía que ser una aventura iniciática, más o menos alegre y optimista, cuyo propósito sería narrar la juventud del propietario del Halcón Milenario.  A tal efecto, se contrató a los directores de “La Lego Película”, Phil Lord y Chris Miller, que fueron quienes supervisaron el casting que eligió como protagonista (es decir, como relevo de Harrison Ford) al semi desconocido Alden Ehrenreich.  El rodaje se inició en febrero de 2016, y no tardaron en sonar las alarmas.  Para empezar, se extendió el rumor de que Ehrenreich no lograba hacerse con el personaje, y se contrató a un profesor de interpretación para que estuviese encima de él.  Pero lo peor aún estaba por venir:  en junio de aquel mismo año, la presidenta de Lucasfilm, Kathleen Kenendy, anunciaba el despido fulminante de Lord y Miller, insinuando las habituales “diferencias creativas”.  Al parecer, los directores había optado por dar carta blanca al reparto para improvisar y modificar los diálogos a su antojo, y éso el ilustre Lawrence Kasdan (autor del libreto, como lo fue de la maravillosa “El Imperio contraataca”) no lo podía consentir.  Como solución de emergencia, se eligió al veterano Ron Howard (que ya colaborase, con éxito, con Lucasfilm en “Willow”), quien no sólo completó el film sino que acabó re-rodando gran parte del material firmado por sus predecesores.

El primer tráiler de “Han Solo” me hizo temer lo peor:  el protagonista apenas aparecía en pantalla, como si los productores tuvieran miedo de enseñarlo.  Sin embargo, el segundo adelanto fue tranquilizador e incluso permitió concebir ilusiones.  Ahora, tras el visionado de la película, ya podemos opinar, juzgar y emitir nuestro veredicto.  Y mi veredicto es….

¿Por dónde empezar?  Lo primero que me llamó la atención de la película fue lo mal presentado que está el protagonista;  en su primera aparición, apenas se le ve fugazmente, sin un plano en el que poder lucirse, sin mimo en su gesto o su pose.  Minutos después, queda patente lo que no es ningún juego metalingüístico, sino toda una realidad fácilmente constatable:  Alden Ehrenreich no es Harrison Ford.  Pero esto ya lo sabíamos, ¿no?  Ehrenreich no es Ford, pero, como nadie es Ford (sólo Ford), incluso este chaval de apellido complicado de pronunciar se merece una oportunidad.  En algunas escenas, el recién llegado da el pego:  es apuesto, es simpático, y diríase que se ha estudiado las poses más características del personaje.  En otros momentos, por desgracia para él (y para todos los fans), su gesticulación facial deja mucho que desear:  sus risitas y mohínes resultan cargantes, molestan.  Era obvio que ningún actor (nadie) iba a estar a la altura del creador del personaje, pero Alden Ehrenreich NO se le acerca ni subido sobre los hombros de Chewbacca.  El primer e irreversible fallo es que nos hallamos ante una película de Han Solo sin Han Solo, sin un Han Solo creíble, y a fe mía que se trata de un fallo que pesa mucho.  Tampoco ayuda demasiado la elección de una insípida Emilia Clarke como interés romántico de Solo, y es que a la Khaleesi de “Juego de Tronos” le está costando mucho labrarse una carrera consistente en el cine.  Más positiva es la presencia de un excelente Woody Harrelson y un elegante Paul Bettany, aunque quien más me sorprendió fue Donald Glover como Lando Calrissian;  todo un descubrimiento el de este californiano de 34 años que destila elegancia y carisma en cada aparición.

Luego, está el tono general del film.  Ron Howard ha demostrado en numerosas ocasiones que sabe narrar con clasicismo, sin complicar mucho la factura visual de sus películas;  pero también ha facturado productos de una alarmante mediocridad, sobre todo en los últimos tiempos (la penosa “Inferno” lo certifica).  El (para mí) equivocado tono de “Han Solo” durante su primera media hora no presagia nada bueno:  fotografía “quemada”, exceso de oscuridad, parquedad en la paleta de color…  Por fortuna, Howard se recompone a tiempo y logra enmendar el rumbo con la inclusión de varias escenas de acción que te dejan casi boquiabierto…  sólo para volver a pifiarla con un final que se me antojó muy mal resuelto.

En el cómputo global de todos los films pertenecientes a la saga galáctica, para mí “Han Solo” ocupa ya el primer lugar…  si empezamos a contar desde abajo.  O sea, sin tratarse de un producto desdeñable, sin llegar a hacerse aburrida, sí considero que es la más floja y la peor de todas hasta la fecha.  Por poner unos ejemplos, ni tiene la relevancia argumental de “El Imperio contraataca” o “Los últimos Jedi”, ni es tan divertida como “La Guerra de las Galaxias (Una nueva esperanza)” o “El retorno del Jedi”, ni tan dramática como “Rogue One” o “La venganza de los Sith”.  Yo no estoy en contra de que se siga explorando la galaxia casi infinita creada por George Lucas, ni de que se nos adentre en el famoso Universo expandido;  lo que sí empieza a cansarme es que en cada una de las películas de la millonaria franquicia tengan que aparecer todos o algunos de los viejos personajes, de que se reciclen los mismos conceptos una y otra vez, de que, pudiendo contarnos algo nuevo, se nos vuelva a narrar lo que ya sabemos, o de que, cuando se pretende “innovar”, se haga a costa de sacrificar la inventiva en aras de la seguridad de lo ya conocido.  Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, comenzó a fraguarse una mitología de la que apenas hemos conocido una pequeña parte, y tenemos por delante mil y una historias que vivir…

Luis Campoy

Lo mejor:  el talento de Woody Harrelson y el carisma de Donald Glover
Lo peor:  la falta de carisma de Alden Ehrenreich, la sosería de Emilia Clarke
El cruce:  “La Guerra de las Galaxias” + “Oblivion” + “Mad Max 3”
Calificación:  6 (sobre 10)

lunes, 21 de mayo de 2018

Cine actualidad/ “DEADPOOL 2”


El regreso del Mercenario Bocazas

En un contexto de super héroes cinematográficos tan poderosos como previsibles y políticamente correctos, en 2016 estalló un fenómeno que sorprendió a propios y extraños.  La primera película basada en el inclasificable Deadpool (“Masacre” para los fans españoles) supuso un verdadero regalo para los padres que deseaban ser los destinatarios de un film superheroico destinado a ellos y no a sus hijos.  El público y la taquilla se rindieron al Mercenario Bocazas de Marvel, que triunfó gracias a un cocktail explosivo basado en comedia, irreverencia, violencia explícita y palabrotas a granel.  Obviamente y como sucede casi siempre, automáticamente quedó abierta la veda para sucesivas secuelas con las que continuar explotando el suculento filón…

Dos años después y con cambio de realizador incluído (el original Tim Miller ha cedido la poltrona al recién llegado David Leitch, uno de los dos co-directores de “John Wick”), el deslenguado Deadpool aterriza de nuevo en los cines de todo el mundo, y lo hace siguiendo el mismo canon de la primera entrega.  Así, el sentido del humor vuelve a ser el principio de todas las cosas, contando con el beneplácito de los fans que saben que nada ni nadie está a salvo de las bromas;  la sucesión de chistes, burlas y parodias no tiene límite.  También la violencia (brutal, chabacana, explosiva) recupera su esperado protagonismo, provocando, eso sí, más la sonrisa que la arcada (recordémoslo por enésima vez:  nos hallamos ante un tebeo hecho cine).

Al frente del reparto, el inigualable Ryan Reynolds, en su tercera encarnación de Masacre (la primera vez fue en “X-Men Orígenes:  Lobezno”, y el resultado, tan lamentable que no se libra de una burla muy merecida), volviendo a demostrar que la perseverancia y la entrega son las mejores armas para obtener y conservar un papel.  Nuevos en la franquicia son la grácil mutante Domino (Zazie Beetz) y, sobre todo, el soldado futurista Cable (Josh Brolin), de quien se dice que hubo que rodar nuevas escenas porque lo más celebrado en los pases de prueba del film.

Como, la verdad, la primera entrega tampoco me pareció nada del otro jueves (yo sí soy muy políticamente correcto y mis héroes favoritos responden a los patrones más clásicos, tipo Spiderman, Batman o Superman), no sabría decir si “Deadpool 2” mola más o es mejor que “Deadpool 1”.  Para mí, las dos están al mismo nivel de ¿calidad?, diversión y provocación.  Lo que sí volví a notar es que, tratándose de un film auspiciado por toda una “major” (20th Century Fox), el look visual de la película no deja de parecer excesivamente “barato”, como de serie B o incluso Z, de lo cual, una vez convenientemente meditado, he deducido que en realidad se trata de algo premeditado, de otro rasgo estilístico, más cuyo propósito es alejar más aún a Deadpool del resto de personajes heroicos y convencionales.

Luis Campoy

Lo mejor:  Ryan Reynolds, el sentido del humor, la (humorística) violencia
Lo peor:  el aspecto visual de la película, deliberadamente cutre y paupérrimo
El cruce:  “Deadpool” + “Terminator” + “Terminator 3”
Calificación:  7,5 (sobre 10)

miércoles, 2 de mayo de 2018

¡Mi primera novela!


En el año olímpico de 1992, acababa de rodar un cortometraje amateur titulado “El Butanero siempre llama dos veces”, una comedia grabada en video que parodiaba y homenajeaba a algunas de mis películas favoritas.  El Butanero…” aún no se había estrenado (no se estrenaría hasta el año siguiente), pero yo ya estaba pensando en próximos proyectos, y, como lo que más me gustaba, más incluso que el cine, era escribir, lo primero que surgió fue un relato, un cuento que esta vez no sería humorístico.  Eran los años en que las sobremesas de las principales cadenas televisivas se nutrían de lacrimógenos culebrones sudamericanos, y tuve la ocurrencia de elaborar una historia que mezclase ese concepto con algún ingrediente digamos…  fantástico.  La protagonista sería una mujer que se siente incompleta y desconoce cómo alcanzar la plenitud, y el título con el que la bauticé, “Sangre”, haría referencia a la maduración femenina, pero también evocaría a clásicos como Polidori o Sheridan Le Fanu.  Poco a poco, el relato se fue enriqueciendo con multitud de diálogos en los que, sin poder evitarlo, junto con el tono melodramático volvieron a surgir elementos de comedia, y, casi sin darme cuenta, con unas cuantas acotaciones, del relato surgió el guión para una nueva aventura cinematográfica.

Ya por aquel entonces, realizar una película era muchísimo más fácil que apenas diez años atrás, cuando había que rodar en celuloide y luego revelar, positivar y montar con una moviola que pocos tenían.  Para convertir “Sangre” en película, sólo hacía falta escoger unas pocas buenas actrices (y algún actor sin frase) y disponer de un equipo básico compuesto por una cámara de video de 8 milímetros, un trípode donde asentarla y una antorcha de andar por casa con la que iluminarlo todo.  Con tan sencillos mimbres, las palabras se convirtieron en imágenes, y las imágenes…  Las imágenes, a causa de un cúmulo de circunstancias demasiado largo de explicar,  se quedaron en el Limbo, un limbo donde todavía viven y donde me temo que seguirán viviendo por siempre jamás.

Desde entonces hasta ahora, aparcada ya la necesidad de ponerme tras una cámara, me dediqué a la radio (quizás alguno recuerde, quiero pensar que con afecto, mi longevo programa “Pantalla Grande”, posteriormente rebautizado como “cine+COPE”) y, más recientemente, quise explorar las nuevas tecnologías y fue cuando surgió este blog “Historias e Historietas” en el que os agradezco vuestra presencia.  Al principio, me dio por escribir sobre los temas más diversos (comic, política, música, deportes…), pero poco a poco, fui centrándome en el Séptimo Arte, la pasión a la que, de una forma o de otra, vuelvo una y otra vez.

Sin embargo, fueron (fuisteis) muchos los que me dijeron (dijisteis) que tanta locuacidad escritora debería invertirla en algo más sólido, más tangible, como un libro.  Durante estos últimos años, la idea ha venido dándome vueltas por la cabeza, pero, sinceramente, no sabía a qué objetivo o temática consagrar las horas de esfuerzo que la tarea iba a requerir.  Paralelamente, varios queridos amigos se atrevieron a lanzarse al mercado literario, e incluso en las series televisivas que suelo seguir, varios personajes (Carlos Alcántara en “Cuéntame” o Pelayo Gómez en “Amar es para siempre”) se metieron a escritores, y además con cierto éxito.  Un sábado por la mañana, viendo en una librería de mi ciudad de residencia la sección dedicada a los autores lorquinos, decidí que el momento había llegado, y que, más pronto que tarde, una obra mía compartiría estante con aquellas publicaciones.

Dos años después, el propósito se ha materializado.  Cansado de buscar en vano nuevas inspiraciones, decidí que procedía recuperar mis viejos relatos y guiones, y admito que, desde el principio, “Sangre” había sido la niña de mis ojos.  Así pues, decidí que había que volver al origen, realizar el recorrido inverso, y de esta manera me propuse traer de vuelta a la inocente Margaret y a su fantasmagórica hermana Valeria, nuevamente al ámbito literario en el que nacieron.  Del cuento al cine (o video) y de éste a un libro breve con el que intento demostrar que, cuando existe una historia que contar, vale la pena esperar un cuarto de siglo hasta encontrar la mejor forma de contarla.

Siendo un total desconocido, hubiera tenido que esperar una eternidad si hubiera querido que mi primera novela viese la luz auspiciada por Planeta o Santillana, de modo que, como tantos otros autores, decidí lanzarme al campo de la autoedición (es el propio escritor quien costea la publicación, pero luego recibe el beneficio de las ventas).  Enseguida, descubrí a la editorial almeriense Círculo Rojo (radicada en la ciudad de El Ejido), y junto a ellos he recorrido un breve camino que ahora culmina.  A partir de esta semana, de este mes de mayo de 2018, ya podéis conseguir ésta mi primera novela “Sangre” en la página web de la Editorial (www.editorialcirculorojo.com) o a través de las plataformas habituales de venta de libros, ya sean virtuales (e-book) o en papel (Fnac, Amazon, Casa del Libro, etc.).  Por supuesto, si tenéis a bien concederme el privilegio de vuestra atención y lectura, ¡ni que decir tiene que vuestro seguro servidor os estará eternamente agradecido!