lunes, 30 de abril de 2018

Cine actualidad/ “VENGADORES: INFINITY WAR”


¡Lo nunca visto en el cine de superhéroes!

En los años 70 y 80, mientras la Distinguida Competencia (DC) reventaba las taquillas de los cines de medio mundo con las adaptaciones de sus personajes insignia (“Superman”, Richard Donner, 1978 y “Batman”, Tim Burton, 1989), Marvel Comics estaba prácticamente en bancarrota y, para sobrevivir, se vio obligada a malvender los derechos de sus héroes al mejor postor.  Fue la era aciaga de la serie televisiva de “El increíble Hulk”, de “Capitán America” de Albert Pyun, de “Los Cuatro Fantásticos” producida por Roger Corman (tan mala que ni llegó a exhibirse) o de aquel “Spider-Man” que también iba a rodar el citado Albert Pyun pero que por suerte no llegó a concretarse.  Fueron los éxitos sucesivos de “X-Men” de Bryan Singer (producida por 20th Century Fox) y “Spiderman” de Sam Raimi (que distribuyó Columbia-Sony), amén de sus respectivas secuelas, los que aceleraron los planes de la todopoderosa Disney para comprar, primero, la editorial matriz, y, poco después, establecer los pilares de lo que comúnmente se conoce como MCU (Universo Cinemático de Marvel).  Bajo el paraguas de Disney, Marvel Studios arrancó oficialmente con “Iron Man” (Jon Favreau, 2008), y poco a poco, el control y los derechos audiovisuales de los iconos de la Casa de las Ideas fueron retornando y, sistemáticamente, produciéndose sus respectivos films (una secuela de “Hulk”, “Capitán América”, “Thor”…), de manera que, hace ahora seis años, pudo llevarse a cabo la estratosférica reunión que los devotos de la historieta marveliana llevábamos toda la vida soñando:  “Los Vengadores” (Joss Whedon, 2012).

Al igual que en los tebeos, la formación conocida como “Los Vengadores” tuvo como razón de ser la defensa de la Tierra ante amenazas tan descomunales que ningún héroe en solitario podría ser capaz de afrontarlas, y en su primera alineación estuvieron los citados Iron Man, Capitán América, Thor y Hulk, a los que se agregaron la Viuda Negra y Ojo de Halcón.  El éxito de crítica y público incluso superó las expectativas, por lo que poco después llegaba “Vengadores 2:  “La era de Ultrón” (confusa y algo fallida, a pesar de haber sido realizada también por Whedon) y se anunciaba un gigante, épico y mastodóntico mega crossover, “Vengadores 3”, que contendría tantos personajes y tantas batallas que finalmente tendría que dividirse en dos partes.  La primera de esas dos entregas, subtitulada “Infinity War” (“La Guerra del Infinito”) acaba de llegar a nuestras salas de cine, y lo ha hecho con un (comprensible) récord de taquilla.  Las reacciones de los fans no se han hecho esperar, y en su inmensa mayoría son entusiastas, habiendo quien la ha bautizado como “El Imperio Contraataca” de Marvel o como “La mejor película basada en un comic jamás realizada”…

Como he dicho más de una vez, cada vez que una película (cualquiera, la que sea) viene precedida del sambenito de ser “la mejor” en su género y, específicamente, cada vez que “El Imperio contraataca” (Irwin Kershner, 1980) sirve para establecer una comparación con cualquier título de nueva elaboración, lo primero que hago es ponerme a temblar.  Porque nunca, nunca, nunca, ninguna de esas dos aseveraciones acaban siendo verdad.  En el caso de “Vengadores: Infinity War”, es incuestionable que nos hallamos ante la mayor constelación de super héroes jamás vista (a los ya mencionados hay que añadir al recuperado Spiderman, el Soldado de Invierno, el Halcón, La Visión, la Bruja Escarlata, Pantera Negra, el Doctor Extraño y los Guardianes de la Galaxia), todos ellos arropados por unos efectos especiales de primer nivel y con un sentido del espectáculo ciertamente incomparable.  Ahora bien, en lo que acabo de decir también se hallan implícitos algunos de los (pequeños) defectos de la cinta.

Reunir a tantos personajes, la mayoría de los cuales han gozado ya de sus propias aventuras en solitario, es sin duda, meritorio y digno de elogio, y los directores del film (los hermanos Anthony y Joseph Russo) han sabido dotar a las apariciones de cada uno de ellos de la misma atmósfera y envoltorio que cuando actúan sin compañía.  Y aquí está uno de los primeros problemas que observo en la película:  el tono.  Por muy encajado que parece el puzzle, las diferentes texturas de drama y los distintos tonos de humor chirrían en algunos momentos, máxime cuando nos hallamos ante una historia que la propia Marvel calificaba como “desgarradora” y que se iba a saldar con no pocas muertes de varios de los héroes más queridos.  Además, para dar cabida a tantos protagonistas, no había más remedio que restar a unos tiempo y notoriedad en beneficio de otros, siendo unos favorecidos (Guardianes de la Galaxia, Thor, Iron Man, Spiderman) y otros bastante perjudicados (Hulk, Viuda Negra o Capitán América).  Es este último quien, desde mi punto de vista, peor parado sale, máxime cuando los Hermanos Russo habían sido los artífices de sus dos últimas películas como cabeza de cartel;  el Capitán América de Chris Evans había sido una sorpresa y un hallazgo, irradiando carisma y credibilidad, pero las enésimas gracietas de Star-Lord o Drax le roban minutos en pantalla, quedando reducido a la mínima expresión.

Otro de los aspectos positivos de “Vengadores: Infinity War” es, naturalmente, su potentísimo villano, el Thanos al que da vida el muy solicitado Josh Brolin.  Thanos, empeñado en que la  única forma de devolver el equilibrio al Universo es erradicar justamente a la mitad de su población (incluyendo a la mitad de los héroes conocidos), trata de conseguir las Gemas del infinito, cuya consecución le haría prácticamente ivencible, y enfrente “apenas” tendrá a los Vengadores, pero ni siquiera el poder combinado de todos ellos garantiza que el llamado “Titán loco” vea abortado su plan.  Siendo encomiable la gesticulación de Brolin (el personaje está creado mediante la técnica de captura de movimiento) y resultando convincentes sus ampulosos diálogos, me pregunto si no hubiera sido un poco más creíble tan temible enemigo si el intérprete hubiese actuado simplemente maquillado, como se hacía antes, cuando los ordenadores aún no se habían enseñoreado de la industria.  Ahora todo o casi todo es digital aun cuando no tendría por qué serlo, y la sobredosis de píxeles se hace indigesta en algunos momentos.  Por cierto, siendo Thanos, como digo, el “malo” oficial del film, hay que destacar que en la versión española existe un villano adicional:  el doblador del adolescente Spider-Man.  ¡Por favor, qué doblaje más chillón y más repipi…!

Aunque parezca por los últimos párrafos que no he disfrutado la película, tengo que decir que, muy al contrario, experimenté un deleite comiquero en toda regla:  yo también llevo toda la vida soñando con ver en acción los espectaculares combates que en las viñetas dibujaron Jack Kirby, John Buscema, George Perez o Ron Lim, y ¿qué mejor acompañamiento musical que la vibrante música de Alan “Regreso al futuro” Silvestri?  Si sois amantes de las historietas, dudo que pueda no gustaros esta brillante pieza que rebosa acción y humor, y cuyo trepidante ritmo hace que apenas se noten las dos horas y media de duración.  En cuanto a los anunciados y dramáticos fallecimientos de varios personajes…  sólo hace falta echarle un vistazo al calendario de próximos estrenos de Marvel para darnos cuenta de que, en el Noveno Arte, la muerte tiene las fronteras muy poco delimitadas.

“Vengadores: Infinity War” puede no ser una obra maestra y no desbancar de su trono a “El Imperio contraataca”, pero apabulla a base de grandiosidad y entretenimiento, y eso no hay quien se lo discuta.

Luis Campoy

Lo mejor:  ver a tantos héroes Marvel en una pantalla es una gozo irresistible para cualquier aficionado al comic
Lo peor:  el exceso de protagonismo conferido a algunos personajes (los Guardianes de la galaxia, por ejemplo) hace que otros queden en segundo plano (el Capitán América, sin ir más lejos,  el abuso de los efectos visuales digitales se hace cansino en algún momento
El cruce:  “Los Vengadores” + “Vengadores: La era de Ultrón” + "Guardianes de la Galaxia" + “Capitán América: Civil War” + “Doctor Strange” + “Black Panther”
Calificación:  8 (sobre 10)

martes, 17 de abril de 2018

Píldoras de Cine: Abril de 2018


“En Abril, aguas mil”, decía el sabio refrán…  Adaptando el dicho a nuestra inquietud cinéfila, podríamos decir que lo que esperamos que el cielo nos depare durante este cuarto mes del año sea mucho, mucho, cine, más cine por favor, de modo que nuestra panacea podría ser “En Abril, películas mil”.  A tal fin, comenzamos sin más dilación nuestras formidables ¡“Píldoras de cine”!

PACIFIC RIM: INSURRECCIÓN
Hay películas que apelan al intelecto, otras que hacen aflorar la sensibilidad, algunas que pretenden hacer exaltar la religiosidad...  y otras que sólo han sido diseñadas para su uso y disfrute conmoviendo nuestros instintos más básicos y nuestras elementales ansias de presenciar espectáculo.  “Transformers” o “Fast & Furious” se adscriben a este subgénero, y también la primigenia “Pacific Rim”, que el recientemente oscarizado Guillermo del Toro realizó hace cinco años.  A la hora de poner en marcha la secuela, Del Toro se ha reservado meramente tareas de producción, y ha cedido la silla de director a Steven S. De Knight, quien ha puesto en escena de manera mecánica un nuevo alarde de pirotecnia visual cibertrónica.  Por segunda vez, los robots gigantes (jaegers) que simbolizan el Bien se enfrentan a los enormes monstruos marinos (kaijus) que representan el Mal, y la forma de dilucidar el eterno combate no es, precisamente, la dialéctica o la oratoria.  Puñetazos por un tubo y hostias como panes, amplificados por el tamaño de los contendientes, son los ingredientes de una segunda parte que sí, da más de lo mismo (lo cual agradecerán sus incondicionales), aunque desde un guión todavía menos sutil y en el que se echa en falta el carisma del gran Idris Elba, cuyo vacío no llega a llenar el galáctico John Boyega.  Para adictos a la acción futurista.
Calificación:  6 (sobre 10)

CAMPEONES
Tras “El milagro de P. Tinto”, dos aventuras de Mortadelo y Filemón o la galardonada “Camino”, el madrileño Javier Fesser regresa por la puerta grande con “Campeones”, una de esas películas que no sólo se ven con agrado sino que deberían verse de forma casi obligada.  El cambio emocional sufrido por un irascible y egocéntrico entrenador de baloncesto (Javier Gutiérrez) que, como consecuencia de un accidente de tráfico, es condenado a realizar servicios a la comunidad en calidad de preparador de un grupo de discapacitados intelectuales, está narrado de manera exquisita y muy a la americana desde un guión redactado a cuatro manos por el propio Fesser en compañía de David Marqués.  Aunque lo cierto es que los golpes de humor son absolutamente hilarantes (sobre todo en las primeras escenas en la que aparecen los peculiares deportistas), es innegable que, poco a poco, la ternura y la concienciación social van haciendo acto de presencia, estallando de forma casi perfecta en un partido final en el que el espectador es hábilmente zarandeado y no sabe si reir o llorar.  Desde luego, el hecho de que, cuando se encienden las luces de la sala, uno se siente mejor persona y está deseando demostrarlo ayudando a los más desfavorecidos (al menos durante un rato) ya es un triunfo para este film español que, por si fuera poco, está arrasando en la taquilla de nuestro país.
Calificación:  8 (sobre 10)

PROYECTO: RAMPAGE
Cuando ví “San Andrés”, elemental artificio de acción y devastación sin límite, apenas podía creer lo bien hecha que estaba aquella película y lo endiabladamente entretenida que era, a pesar, eso sí, de sus tontísimos diálogos y su lacerante simplicidad moral.  Brad Peyton, su director, vuelve a la carga con “Proyecto Rampage”, que nuevamente filma y en la que una vez más cuenta con el carismático forzudo Dwayne “La Roca” Johnson como protagonista.  Basada en un popular videojuego, “Rampage” va dirigida al mismo sector de público que se lo pasó pipa con “San Andrés”, y despliega ante sus ojos un estimulante arsenal de destrucción digital fantásticamente rodada, merced a la furia desplegada por un lobo, un cocodrilo y un gorila albino, todos ellos aparatosamente amplificados a tamaño gargantuesco.  Sin embargo, de entre tan (entretenida) desolación, lo que más valoro son las gesticulantes conversaciones entre el gorila George (evidente clon de nuestro llorado Copito de Nieve) y un tierno Dwayne Johnson que, por una vez, no parece nada rocoso.
Calificación: 7 (sobre 10)

lunes, 9 de abril de 2018

Cine actualidad/ “READY PLAYER ONE”


Ochéntanos otra vez

A principios del año 2000, el famoso realizador y productor Steven Spielberg (n. 1946) fue diagnosticado de cáncer de hígado.  Por fortuna, el creador de Indiana Jones logró vencer a la malhadada dolencia, pero en los despachos de Hollywood sonaron muy fuertes las alarmas.  Spielberg, además de afamado realizador, había sido considerado el “Rey Midas” del Séptimo Arte por su finísimo olfato comercial, capaz de convertir en oro la mayoría de los productos que tocaba.  Para los ejecutivos de la Meca del Cine, la recuperación de don Steven era prioritaria y fue recibida como proverbial agua de mayo…

Dieciocho años después de lo narrado en el párrafo anterior, es posible que el status privilegiado del padre de “E.T.” haya perdido algunos enteros y que los quilates de sus lingotes de oro se hayan devaluado un poco, pero, aún así, cada nueva película suya es recibida con evidente y lógica expectación.  Si en sus años de máxima gloria eran sus trabajos adscritos al género de aventura y fantasía los que complacían más a sus numerosísimos adeptos, lo cierto es que últimamente han sido más apreciadas sus incursiones en el drama, tales como “Lincoln”, “El puente de los espías” y la muy reciente “Los archivos del Pentágono”.  Por este motivo, a su nuevo largometraje, “Ready Player One”, nuevamente de ciencia ficción y que había levantado tremendas expectativas, se lo aguardaba como agua de mayo…  a pesar de que se iba a estrenar en marzo.

En al año 2044, la Humanidad se ha lanzado de cabeza a la realidad virtual como alternativa ilusionante a un mundo depresivo y gris.  El videojuego más famoso se llama Oasis, y uno de sus millones de adeptos es el joven Wade Watts, quien, a la muerte del creador del juego, tratará por todos los medios de resolver un rompecabezas que puede otorgarle una fortuna y un poder inconmensurables…

Publicada en 2011, “Ready Player One” es el título de la novela más famosa de Ernest Cline y que debe su nombre a la invitación en pantalla que recibía el primer jugador de las viejas consolas de Atari.  De hecho, lo más sustancioso de la novela (y, subsiguientemente, de la película que comentamos) son las múltiples e innumerables referencias a la cultura popular de los años ochenta, lo cual encantará a quienes disfrutaron las películas y sobre todo los videojuegos de la época…  y complacerá bastante menos a los no iniciados en dichas lides.

Al igual que en la novela, Spielberg establece dos “niveles” (concepto en sí mismo extraído de cualquier videojuego) de narración en la película.  Por un lado, el mundo real en el que Wade y sus amigos malviven mientras tratan de no ser aplastados por el temible poder de la maléfica corporación IOI y su líder Nolan Sorrento, quienes también aspiran a encontrar los “huevos de Pascua” que conducen al tesoro, y, por otro, la realidad virtual en la que Wade se convierte en su avatar Parzival y lucha, junto a los avatares de sus colegas, por el control de Oasis, el reino de fantasía en el que todo es posible.  Este esquema de división de escenarios y/o realidades no es nada nuevo y lo hemos visto multitud de veces anteriormente, desde “Tron” hasta “Los juegos del hambre”, pasando por “La historia interminable”, “Starfighter”, “Matrix”, “Un puente hacia Terabithia” o “Las crónicas de Narnia”, y el veterano realizador se esfuerza por caracterizar cada uno de sus “mundos” utilizando texturas fotográfico-cromáticas bien diferenciadas e incluso sonidos y banda sonora totalmente distintivos.

Ya ha quedado dicho que uno de los mayores alicientes de “Ready Player One” es el interminable diluvio de cameos de personajes salidos de películas y videojuegos fundamentalmente ochenteros, que incluyen a RoboCop, Sonic, Freddy Krueger, Chucky, Duke Nukem, el Gigante de Hierro, el T-Rex de “Parque Jurásico”, las Tortugas Ninja, King Kong, Bitelchus, Buckaroo Banzai o el DeLorean de “Regreso al futuro”.  He citado una mínima cantidad de dichas “apariciones estelares”, pero incluso en tan exigua muestra se percibe que, junto con el gozo de reconocer a alguno de ellos, también se sufre la frustración de no haber captado a los otros.  Es decir, el espectador, suponemos que según lo desea Spielberg, se va viendo abocado a una gran tensión que no le permite relajarse ni un momento (incluso en las secuencias aparentemente más anodinas, hay cientos de otras alusiones en forma de posters, muñecos o frases de películas que todo buen friki debería pillar al instante…  o traumatizarse por dejarlas escapar), por lo cual, en mitad de un universo tan primorosamente concebido y recreado, es muy probable que lo que se nos pasen por alto sean los defectos del film.  Es decir:  mientras andamos ocupados en dar caza a la enésima referencia contracultural, no nos fijamos en que todos los personajes no son sino tópicos estereotipos, sus diálogos resultan pueriles a más no poder e incluso el villano encarnado por un desaprovechado Ben Mendelsohn deja bastante que desear.

Conclusión:  el viejo zorro Spielberg logra superar los réditos de su anterior “Mi amigo el gigante” (creo que era prácticamente imposible hacerlo peor), pero tenemos que tener claro que, con películas como ésta, que sí, es entretenida y tal, no es como se va forjando una carrera como la que encumbró hace ya cuatro décadas a nuestro aclamado realizador.  De hecho, me atrevo a afirmar que lo mejor de “Ready Player One” no se debe a Steven Spielberg sino a Stanley Kubrick (la maravillosa escena de “El resplandor”) y que, dentro de unos años, cuando las cifras de recaudación del film ya no sean tan significativas, la situaremos al nivel de “Hook” o “El mundo perdido”, títulos spielbergianos que sí, estuvieron bien, pero.....…   ¡Tiempo al tiempo!

Luis Campoy

Lo mejor:  los cameos de personajes de cine y videojuegos ochenteros
Lo peor:  el exceso y saturación de cameos de personajes de cine y videojuegos ochenteros
El cruce:  “Starfighter” + “Matrix” + “La historia interminable”
Calificación:  6,5 (sobre 10)