lunes, 9 de abril de 2018

Cine actualidad/ “READY PLAYER ONE”


Ochéntanos otra vez

A principios del año 2000, el famoso realizador y productor Steven Spielberg (n. 1946) fue diagnosticado de cáncer de hígado.  Por fortuna, el creador de Indiana Jones logró vencer a la malhadada dolencia, pero en los despachos de Hollywood sonaron muy fuertes las alarmas.  Spielberg, además de afamado realizador, había sido considerado el “Rey Midas” del Séptimo Arte por su finísimo olfato comercial, capaz de convertir en oro la mayoría de los productos que tocaba.  Para los ejecutivos de la Meca del Cine, la recuperación de don Steven era prioritaria y fue recibida como proverbial agua de mayo…

Dieciocho años después de lo narrado en el párrafo anterior, es posible que el status privilegiado del padre de “E.T.” haya perdido algunos enteros y que los quilates de sus lingotes de oro se hayan devaluado un poco, pero, aún así, cada nueva película suya es recibida con evidente y lógica expectación.  Si en sus años de máxima gloria eran sus trabajos adscritos al género de aventura y fantasía los que complacían más a sus numerosísimos adeptos, lo cierto es que últimamente han sido más apreciadas sus incursiones en el drama, tales como “Lincoln”, “El puente de los espías” y la muy reciente “Los archivos del Pentágono”.  Por este motivo, a su nuevo largometraje, “Ready Player One”, nuevamente de ciencia ficción y que había levantado tremendas expectativas, se lo aguardaba como agua de mayo…  a pesar de que se iba a estrenar en marzo.

En al año 2044, la Humanidad se ha lanzado de cabeza a la realidad virtual como alternativa ilusionante a un mundo depresivo y gris.  El videojuego más famoso se llama Oasis, y uno de sus millones de adeptos es el joven Wade Watts, quien, a la muerte del creador del juego, tratará por todos los medios de resolver un rompecabezas que puede otorgarle una fortuna y un poder inconmensurables…

Publicada en 2011, “Ready Player One” es el título de la novela más famosa de Ernest Cline y que debe su nombre a la invitación en pantalla que recibía el primer jugador de las viejas consolas de Atari.  De hecho, lo más sustancioso de la novela (y, subsiguientemente, de la película que comentamos) son las múltiples e innumerables referencias a la cultura popular de los años ochenta, lo cual encantará a quienes disfrutaron las películas y sobre todo los videojuegos de la época…  y complacerá bastante menos a los no iniciados en dichas lides.

Al igual que en la novela, Spielberg establece dos “niveles” (concepto en sí mismo extraído de cualquier videojuego) de narración en la película.  Por un lado, el mundo real en el que Wade y sus amigos malviven mientras tratan de no ser aplastados por el temible poder de la maléfica corporación IOI y su líder Nolan Sorrento, quienes también aspiran a encontrar los “huevos de Pascua” que conducen al tesoro, y, por otro, la realidad virtual en la que Wade se convierte en su avatar Parzival y lucha, junto a los avatares de sus colegas, por el control de Oasis, el reino de fantasía en el que todo es posible.  Este esquema de división de escenarios y/o realidades no es nada nuevo y lo hemos visto multitud de veces anteriormente, desde “Tron” hasta “Los juegos del hambre”, pasando por “La historia interminable”, “Starfighter”, “Matrix”, “Un puente hacia Terabithia” o “Las crónicas de Narnia”, y el veterano realizador se esfuerza por caracterizar cada uno de sus “mundos” utilizando texturas fotográfico-cromáticas bien diferenciadas e incluso sonidos y banda sonora totalmente distintivos.

Ya ha quedado dicho que uno de los mayores alicientes de “Ready Player One” es el interminable diluvio de cameos de personajes salidos de películas y videojuegos fundamentalmente ochenteros, que incluyen a RoboCop, Sonic, Freddy Krueger, Chucky, Duke Nukem, el Gigante de Hierro, el T-Rex de “Parque Jurásico”, las Tortugas Ninja, King Kong, Bitelchus, Buckaroo Banzai o el DeLorean de “Regreso al futuro”.  He citado una mínima cantidad de dichas “apariciones estelares”, pero incluso en tan exigua muestra se percibe que, junto con el gozo de reconocer a alguno de ellos, también se sufre la frustración de no haber captado a los otros.  Es decir, el espectador, suponemos que según lo desea Spielberg, se va viendo abocado a una gran tensión que no le permite relajarse ni un momento (incluso en las secuencias aparentemente más anodinas, hay cientos de otras alusiones en forma de posters, muñecos o frases de películas que todo buen friki debería pillar al instante…  o traumatizarse por dejarlas escapar), por lo cual, en mitad de un universo tan primorosamente concebido y recreado, es muy probable que lo que se nos pasen por alto sean los defectos del film.  Es decir:  mientras andamos ocupados en dar caza a la enésima referencia contracultural, no nos fijamos en que todos los personajes no son sino tópicos estereotipos, sus diálogos resultan pueriles a más no poder e incluso el villano encarnado por un desaprovechado Ben Mendelsohn deja bastante que desear.

Conclusión:  el viejo zorro Spielberg logra superar los réditos de su anterior “Mi amigo el gigante” (creo que era prácticamente imposible hacerlo peor), pero tenemos que tener claro que, con películas como ésta, que sí, es entretenida y tal, no es como se va forjando una carrera como la que encumbró hace ya cuatro décadas a nuestro aclamado realizador.  De hecho, me atrevo a afirmar que lo mejor de “Ready Player One” no se debe a Steven Spielberg sino a Stanley Kubrick (la maravillosa escena de “El resplandor”) y que, dentro de unos años, cuando las cifras de recaudación del film ya no sean tan significativas, la situaremos al nivel de “Hook” o “El mundo perdido”, títulos spielbergianos que sí, estuvieron bien, pero.....…   ¡Tiempo al tiempo!

Luis Campoy

Lo mejor:  los cameos de personajes de cine y videojuegos ochenteros
Lo peor:  el exceso y saturación de cameos de personajes de cine y videojuegos ochenteros
El cruce:  “Starfighter” + “Matrix” + “La historia interminable”
Calificación:  6,5 (sobre 10)

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