domingo, 19 de septiembre de 2021

Cine actualidad/ “DUNE”

Arrakis, Mon Amour

 


Dune

USA, 2021

Director: Denis Villeneuve

Productores: Cale Boyter, Joseph M. Caracciolo Jr., Mary Parent, Denis Villeneuve

Guión: Eric Roth, John Spaiths, Denis Villeneuve

Música: Hans Zimmer

Fotografía: Greig Fraser

Montaje: Joe Walker

Diseño de Producción: Patrice Vermette

Diseño de Vestuario: Jacqueline West

Efectos Especiales: Gerd Nefzer

Efectos Visuales: John Nelson, Brian Connor

Reparto: Timothee Chalamet (Paul Atreides), Oscar Isaac (Duque Leto Atreides), Rebecca Ferguson (Dama Jessica Atreides), Josh Brolin (Gurney Halleck), Jason Momoa (Duncan Idaho), Stellan Skarsgärd (Barón Vladimir Harkonnen), Charlotte Rampling (Reverenda Madre Gaius Helen Mohiam), Dave Bautista (Glossu “La Bestia” Rabban), Javier Bardem (Stilgar), Zendaya (Chani), Stephen McKinley Henderson (Thufir Hawat), Chen Chang (Dr. Wellington Yueh), Sharon Duncan-Brewster (Liet Kynes), David Dastmalchain (Piter de Vries)

Duración: 255 min.

Distribución: Warner Bros. Pictures

 


Allá por 1979, mi primo se hizo con un ejemplar del que ya por entonces era un libro de culto:  Dune”, escrito por Frank Herbert en 1965.  En las cartas que nos escribimos durante los siguientes meses, fuimos comentando la novela a medida que él la iba leyendo, y fue como viajar juntos a un mundo lleno de peligros y personajes extraordinarios…

 

A pesar de que nos hallamos en un futuro ubicado diez mil años después de nuestra época, las estructuras de la civilización continúan siendo casi feudales.  Bajo el dominio del todopoderoso emperador padishah Shaddam IV, la Humanidad se halla dividida en “casas” integradas por familias nobles y sus servidores y simpatizantes, siendo la casa Atreides, radicada en el planeta Caladan, la más popular y querida.  El patriarca de la misma es el duque Leto, cuya esposa y concubina es la dama Jessica, antigua integrante de la orden de las Bene Gesserit, una hermandad exclusivamente femenina que se caracteriza por las habilidades psíquicas que poséen las mujeres que la componen.  En contra de las recomendaciones de la reverenda madre Gaius Helen Mohiam, líder de las Bene Gesserit, Jessica concibió un hijo varón, Paul Atreides, que según las profecías está llamado a convertirse en el “Kwisatz Haderach”, el Elegido dotado de poderes de presciencia o conocimiento del futuro.  Cuando Paul tiene 15 años y sus sueños premonitorios comienzan a ser frecuentes, el Emperador decide que ha llegado el momento de librarse de los molestos Atreides para siempre, y para ello urde un plan junto a sus aliados los Harkonnen, titulares hasta entonces de la concesión de la extracción de la preciada especia melange, que sólo puede obtenerse en el remoto planeta Arrakis.  Los Atreides son destinados a Arrakis (también conocido con “Dune” a causa de sus inacabables desiertos), donde no tendrán la protección y defensas que poseían en Caladan y podrán ser masacrados a placer por los siniestros y ambiciosos Harkonnen…

 

El éxito editorial de “Dune”, sobre todo entre los aficionados a la ciencia ficción, fue tan descomunal que Frank Herbert se vio literalmente “obligado” a continuar la historia de Paul Atreides y Arrakis a lo largo de otros cinco libros, publicados entre 1969 y 1985.  Tras su muerte en 1986, su hijo Brian Herbert se asoció con el escritor Kevin J. Anderson para la prolongación de la franquicia, que en la actualidad consta de un total de 19 volúmenes.

 


Ya en 1971 se produjo el primer intento de llevar “
Dune” al cine, con Arthur P. Jacobs (“El planeta de los simios”, 1968) como productor y David Lean en la silla de director, si bien la tentativa más recordada fue la que en 1974 quiso poner en marcha el chileno Alejandro Jodorowsky (“El Topo”) al frente de un alucinado megaproyecto en el que pretendió involucrar a Orson Welles, Salvador Dalí, Gloria Swanson, Mick Jagger, Jean Giraud “Moebius”, H.R. Giger y los mismísimos Pink Floyd como compositores de la banda sonora.  Cuando Jodorowsky se vio obligado a renunciar, fue el italiano Dino De Laurentiis quien en 1976 adquirió los derechos del libro y 3 años después le ofreció la dirección al triunfante artífice de “Alien”, Ridley Scott, el cual tampoco logró sacar adelante su versión.  Sin embargo, la hija de Dino, Raffaella de Laurentiis, no se rindió y fue capaz de llevar a cabo un acuerdo de cooperación con Universal Pictures, del que en 1984 devino la célebre pero denostada adaptación que finalmente dirigió el gran David Lynch, más bien inconexa e incomprensible porque su metraje de ¡ocho horas! acabó reducido a apenas 137 minutos, lo cual lógicamente la hizo inasumible para todo aquel que no hubiera leído la novela original de Herbert y motivó su sonado batacazo en taquilla.

 


En 2016, y después de dos olvidables miniseries fechadas en 2000 y 2003, la productora Legendary Pictures (“300”, “Watchmen”, trilogía de Batman de Christopher Nolan…) anunció que se planteaba llevar “Dune” de nuevo a la pantalla, bajo el paraguas de la major Warner Bros.  La dirección se le ofreció al canadiense Denis Villeneuve (nacido en 1967), quien, a pesar de que había comenzado realizando títulos como “Incendies”, “Prisioneros” o “Sicario”, posteriormente se había labrado un nombre en la sci-fi con “La llegada” y “Blade Runner 2049”.  Villeneuve, fan como tantos otros de los ya clásicos libros de Herbert, le encomendó la redacción del guión al prestigioso Eric Roth (“Forrest Gump”), tarea a la que contribuyeron Jon Spaihts (“Prometheus”, “Doctor Strange”) y el propio director.

 




Al igual que ya sucediera con la versión de David Lynch, el reparto de esta nueva “Dune” está plagado de estrellas del cine actual:  Timothee Chalamet (25 años, visto en “Call Me By Your Name” o “Día de lluvia en Nueva York”) interpreta a Paul Atreides; el guatemalteco Oscar Isaac (habitual de Disney tras su paso por “X-Men: Apocalipsis” o la tercera trilogía de “Star Wars”) es el duque Leto;  la bellísima Rebecca Ferguson (“Doctor Sueño”) es Lady Jessica, la madre de Paul;  el hawaiano Jason Momoa (“Aquaman”) es Duncan Idaho y Josh Brolin (el formidable Thanos de las últimas películas de Los Vengadores de Marvel) es Gurney Halleck, ambos los dos preceptores del joven Paul; la ubicua Zendaya (la muy cuestionada MJ de los recientes films de “Spiderman”) es la guerrera Chani; nuestro Javier Bardem incorpora al líder fremen Stilgar; el sueco Stellan Skarsgärd (“Mamma Mia!”) y el ex luchador Dave Bautista (Drax el destructor en “Guardianes de la Galaxia”) son, respectivamente, el repulsivo barón Harkonnen y su sobrino Glossu “La Bestia” Rabban; y la veterana Charlotte Rampling (“La caída de los dioses”, “Portero de noche”) personifica a la reverenda madre Gaius Helen Mohiam, jefe espiritual de las Bene Gesserit.

 

El apartado técnico es también de relumbrón, con el alemán Hans Zimmer (“Gladiator”) componiendo la banda sonora, Greig Fraser (“Déjame entrar”, “The Mandalorian”) firmando la fotografía en sustitución del habitual Roger Deakins, Patrice Vermette al frente del diseño de producción o Jacqueline West haciéndose cargo del vestuario.

 


Estaba claro que el complejo y un tanto farragoso texto de Herbert (algunas ediciones de la novela fundacional superan las 700 páginas) iba a requerír un generoso metraje que posibilitara su fidelidad e inteligibilidad, para no recaer en los mismos defectos que condenaron la adaptación de 1984, por lo que Villeneuve y su equipo determinaron que se realizarían no una sino dos entregas de “Dune”, siendo la que por fin se estrena en cines la primera de las dos, condicionada la segunda a la rentabilidad de la operación.  Cuando estalló la actual pandemia de coronavirus allá por marzo de 2020, los ejecutivos de Warner Bros. temieron que el público se mostrase renuente a acudir a las salas, de modo que se pospuso un año su exhibición e incluso se llegó a pensar en relegarla al streaming de la plataforma HBO Max, algo a lo que se opuso públicamente el realizador, logrando al final que su obra recibiese el trato que sin duda se merece.  Y bien, ¿ha merecido la pena la larga espera?  Yo afirmo con rotundidad que ¡SÍ!.

 


Es innegable que “Dune”, ya desde su génesis literaria, no es una ficción simple y requiere de un cierto esfuerzo interpretativo para llegar a asimilarla satisfactoriamente, pero el enorme espectáculo que Denis Villeneuve ha logrado poner en pie se merece mi aplauso más entusiasta.  Para empezar, la elección del protagonista (un Chalamet encantador y creíble que deja en evidencia al sosísimo Kyle MacLachlan de la versión de David Lynch) es un rotundo acierto, así como la de quienes personifican al resto de miembros de la casa Atreides (Isaac, Ferguson, Momoa, Brolin); excelente la química que se da entre los binomios Chalamet/Isaac, Chalamet/Brolin y, sobre todo, Chalamet/Momoa, necesarios para comprender el itinerario sentimental y moral del héroe.  Asímismo, la visualización de los espacios, los paisajes y la tecnología futurista es exquisita y no rehúye la belleza, pudiendo afirmar que los primeros 30 ó 40 minutos de película son, literalmente, MARAVILLOSOS.  Por desgracia, como la propia trama requiere, la acción se precipita con la traición de los malignos Harkonnen, la luminosidad se diluye y parece que las tormentas de arena que asolan el planeta Arrakis acabasen por enturbiar el último tramo del film, donde todo es más oscuro y mucho menos brillante.  Tampoco ayudan las poco afortunadas caracterizaciones de Javier Bardem (rozando la caricatura) y, sobre todo, esa incomprensible estrella conocida como Zendaya.  Confieso que nunca he alcanzado a comprender a qué se debe la facilidad con la que la joven californiana de 25 años ha sabido ascender de esta manera en el escalafón hollywoodiense, pero no me cabe duda de que su forzada inclusión en “Dune” es un mero reclamo para atraer a un segmento de público juvenil, logrando su pésima interpretación que cada plano en el que aparece resulte poco menos que un desperdicio de metraje.  Con su pan se la coman quienes tanto la estiman…  Y bueno, al igual que sucediese en “El Imperio contraataca” o “La Comunidad del anillo”, el forzoso final abrupto te deja un mal sabor de boca, sabedor de que faltan varios años para vivir la continuación de una historia obviamente inconclusa.

 

Es “Dune” una película que pide a gritos, necesita y exige ser vista en cine:  su extraordinaria puesta en escena, su música y su apoteósico sonido demandan las prestaciones que sólo confiere una sala en condiciones.  Puede gustar más o menos en su conjunto, según se la comprenda o se sepa penetrar en su esencia, pero posée la facultad de fascinar, de maravillar, y esa, amigos, es la esencia de una obra de arte en movimiento.

 

Luis Campoy

 

Lo mejor:  la puesta en escena, la mayoría de los actores, la fascinación que es capaz de ejercer

Lo peor:  la certeza de que su narración se queda a medias, todos los planos en los que aparee Zendaya

El cruce:  Star Wars” + “Dune” (1984) + “Slipstream

Calificación: 8 (sobre 10)

lunes, 23 de agosto de 2021

Píldoras de Cine: AGOSTO DE 2021

Como decía George Peppard/Hannibal Smith en “El Equipo A”: “Me encanta cuando los planes salen bien”.  Me propuse finalizar mi nuevo libro “El Cine en Pantalla Grande” durante la última semana de Septiembre, y aquí estamos, todavía en Agosto y con el manuscrito ya enviado a la Editorial.  Sí es cierto que este tipo de proyectos que uno pacta consigo mismo, sin depender del eventual apoyo de nadie más, son más fáciles de cumplir, pero también es verdad que, para que la variable del tiempo disminuya, la del trabajo ha debido de aumentar, que es lo que en mi caso ha sucedido:  cuanto más esfuerzo dedicas a la consecución de algo, antes lo consigues…  y viceversa, claro está.  Uno de los damnificados durante la consecución de ese hermoso sueño ha sido este pobre blog y, a partir de ahora, poco a poco vamos a tratar de recuperar el tiempo perdido.  Para empezar, demos la bienvenida a una nueva remesa (espero que buena) de nuestras añoradas ¡¡PÍLDORAS DE CINE!!

 


JINETES DE LA JUSTICIA

Reciente aún el éxito de la película danesa “Otra ronda” de Thomas Vinterberg, nos llega ahora otro film de la misma nacionalidad, “Jinetes de la Justicia”, que ha dirigido Anders Thomas Jensen (49 años) y que además comparte al mismo protagonista, el extraordinario Mads Mikkelsen (55).  Curiosamente, las similitudes no se acaban ahí, ya que “Jinetes…” vuelve a presentar a un selecto grupo de amigos como centro de la trama, sólo que cambiando el vino que desencadenaba la acción de “Otra ronda” por la violencia y la venganza como consecuencia de un accidente ferroviario que tal vez podría haber tenido una motivación terrorista.  Mikkelsen y sus colegas Nikolaj Lie Kaas. Lars Brygmann y Nicolas Bro, además de la joven Andrea Heick Gadeberg, quien incorpora a la hija del primero, forman un disparatado quinteto en cuyas andanzas tienen una importancia decisiva la afición por las armas y el humor negro.  Excelentes diálogos e interpretaciones (destacar especialmente al fabuloso Lie Kaas) para un film sorprendente y encantador.

Calificación: 8,5 (sobre 10)

 


FREE GUY

¿Recordáis “El Show de Truman”, la película de 1998 dirigida por Peter Weir en la que Jim Carrey ignoraba que su vida estaba siendo televisada durante las 24 horas del día en el transcurso de un célebre reality show?  Pues algo parecido le ocurre a Guy (Ryan Reynolds), el cajero de un banco que, sin saberlo, es un NPC (Non Playable Character o “Personaje No Jugable”) del famoso videojuego “Free City”.  Con referencias también a “Atrapado en el tiempo”, “Rompe Ralph” o “La Lego Película”, el film cuenta con un sofisticado diseño de producción y unos espectaculares efectos especiales, siendo Shawn Levy (“La pantera rosa”, “Noche en el museo”, “Acero puro”) su realizador.  A pesar de sus buenas intenciones, confieso que yo me aburrí como un rebaño de ostras, tal vez por mi ignorancia e incluso desdén a los videojuegos, resultándome todo ajeno y absolutamente carente de interés.  Y bueno, por si a alguien le interesa, decir que completan el reparto Jodie Comer, Lil Rel Howery y el también realizador Taika Waititi (“Thor Ragnarok”, “Jo Jo Rabbit”), registrándose breves cameos (ya sea de imagen o sólo de voz) de Dwayne Johnson, Chris Evans, Channing Tatum o Hugh Jackman.

Calificación: 5 (sobre 10)

 


JUNGLE CRUISE

Jungle Cruise” ("Crucero por la jungla") es una espectacular atracción de algunos parques temáticos de Disneyland, que debutó en el ya lejano 1955.  Al igual que sucediera con “Piratas del caribe”, la Compañía del Ratón ha decidido convertirla en largometraje, para lo cual han contratado al catalán Jaume Collet-Serra (“La casa de cera”, “La huérfana”, “Non Stop”, “Infierno azul”) y a los famosos Dwayne Johnson y Emily Blunt como protagonistas.  La película no está mal del todo, tiene cierto encanto y resulta más o menos entretenida, pero, hilando fino, molestan un poco los efectos digitales que cantan de lo lindo y resultan de todo menos realistas.  Claro que lo que más me llamó la atención fue la total y absoluta falta de química entre Johnson y Blunt, improbable pareja romántica que no me resultó nada convincente ni atractiva.  Les acompañan Jack Whitehall, Edgar Ramírez, Jesse Plemons, un desaprovechado Paul Giamatti y los españoles Dani Rovira y Quim Gutiérrez (hay que estar muy atentos para reconocerlos).

Calificación: 6,5 (sobre 10)


martes, 27 de abril de 2021

Píldoras de Cine: ABRIL DE 2021 (y II)

Con la (paupérrima en audiencia) entrega de los Oscar todavía latente, toca seguir pasando revista a algunas de las películas nominadas que han circulado por nuestras salas de cine, que es donde más y mejor se disfrutan.  Hoy comentamos tres films que, ciertamente, han recibido menos galardones que “Nomadland”, pero que, desde mi punto de vista, resultan más entretenidos, dejando claro que el hecho de entretener o no entretener es sólo una característica que no ha de mermar la calidad real del producto…

 



UNA JOVEN PROMETEDORA

Una de las grandes sorpresas de la temporada es esta original cinta, que ha escrito y dirigido la actriz Emerald Fennell, conocida por las series “Killing Eve” y “The Crown”.  Argumentalmente, cuenta la venganza llevada a cabo por Cassie Thomas (Carey Mulligan), una joven que pretende castigar a quienes violaron, años atrás, a una amiga que posteriormente se suicidó.  En su cruzada vengativa, Cassie hará extensiva su vena justiciera a cuantos machos consideran que una “pobre chica sola” necesita de ciertos mimos y atenciones a los que no puede renunciar si espera recibir interés o ayuda.  La lectura feminista (son los tiempos del #MeToo) es evidente, pero Fennell se permite alejarse de la narración convencional y, abrazando un estilo de lo más almodovariano (pensé inmediatamente en la estética y tratamiento del color de nuestro manchego universal, concretamente en su “Matador”), al que adorna con algunas gotas del Tarantino de “Kill Bill”, factura una película brillante y epatante que permite a Carey Mulligan lucirse en la mejor interpretación de su carrera.  Ah, y el final, simplemente brutal, es de esos que nunca se olvidan.

Calificación: 8,5 (sobre 10)

 


OTRA RONDA

La ganadora de este año al Oscar como Mejor Película Extranjera es esta estimulante cinta danesa que ha dirigido Thomas Vinterberg, uno de los fundadores del movimiento Dogma y que cuenta en su filmografía con títulos como “La celebración”, “Todo por amor” o “La caza”.  Otra ronda” es la historia de un cuarteto de amigos, profesores de instituto, que, con la excusa de realizar un experimento sociológico, invitan al alcohol a apoderarse de sus vidas, hecho que en principio parece resultar beneficioso pero que poco a poco degenera en el descontrol y el drama.  Con ecos inevitables de “Días de vino y rosas”, la película muestra lo fácil que es sucumbir a una adicción, y lo difícil que es reconocer los estragos que dicha dependencia causa a nuestro alrededor.  La actual sociedad danesa está retratada con precisión, reflejando la hipócrita intolerancia de quienes primero critican la “sosería” y acto seguido condenan la manera en que uno ha logrado superarla.  Como es habitual, el gran Mads Mikkelsen da una auténtica lección de interpretación, y su baile final tiene todas las papeletas para ser imitado tantas veces como el de “Dirty Dancing

Calificación: 8 (sobre 10)

 


LOS ESTADOS UNIDOS VS. BILLIE HOLIDAY

Se estima que, entre 1877 y 1950, alrededor de 4.400 personas de color fueron linchadas en los Estados Unidos, y muchas de ellas quemadas posteriormente en una hoguera, mientras los blancos, niños incluídos, lo presenciaban alegremente sin inmutarse. El profesor judío Abel Meeropol escribió un poema denunciando estos hechos, que la cantante Billie Holiday transformó en canción en 1939.  A pesar de estar advertida por el FBI de que cada vez que interpretase "Strange Fruit" ("Fruto extraño") sería detenida, Holiday la incluía en muchos de sus conciertos, haciendo de ella un himno contra el racismo que posteriormente sería versionado por Nina Simone, Annie Lennox o Tori Amos.  Los Estados Unidos Vs. Billie Holiday” narra las dramáticas contradicciones de dos décadas, los años 30 y 40 del siglo pasado, en las que un negro sobre el escenario era poco menos que un dios, pero, cuando se bajaba de él, no se le permitía sentarse al lado de un blanco, y ni siquiera subirse a un ascensor.  La cantante Andra Day, nominada al Oscar por su interpretación de Billie Holiday, protagoniza esta película dirigida por Lee Daniels (“Precious”) que realiza una excepcional recreación de un tiempo en el que el jazz sonaba como nunca pero los artistas afroamericanos se veían obligados a exorcizar su frustración mediante la droga o el alcohol.

Calificación: 8 (sobre 10)

jueves, 8 de abril de 2021

Píldoras de Cine: ABRIL DE 2021

Una nueva pausa en la redacción de mi próximo libro “El Cine en Pantalla Grande” para comentaros algunas de las últimas películas que he podido ver en la sala de cine de mi ciudad.  Son malos tiempos, para el cine y para todo en general, no sólo por el muy cabrito COVID sino por ese modo de pensamiento único y totalitario que parece que se va imponiendo:  “Yo tengo razón y los demás no” y “Lo que me gusta a mi es lo bueno, porque yo tengo buen gusto y vosotros carecéis de él”.  Tratando de escapar durante un ratito a tan deprimente realidad, evadámonos libremente con nuestras ¡¡PÍLDORAS DE CINE!!

 


MINARI

Que lo coreano (tanto en cine como en música) se ha puesto de moda, es una obviedad que puede no resultar agradable o comprensible para algunos, pero que otros disfrutan a lo grande.  Si el año pasado la película que encandilaba a todos (o casi todos) fue la multipremiada “Parásitos” de Bong Joon-ho, en este extraño 2021, “Minari” de Lee Isaac Chung pretende tomar el relevo a todos los niveles.  Si bien “Minari(palabra que en coreano hace referencia a una planta que cuesta mucho que arraigue pero que, cuando lo hace, permanece ligada al terreno que la ha visto crecer) podría decirse que no es estrictamente coreana, ya que ha sido rodada en Estados Unidos y financiada con capital estadounidense, sí refleja las experiencias personales de su director, emigrante cuya familia tuvo que establecerse, a mediados de los años 80, en una colonia rural de Arkansas.  Parte el film de una premisa sencilla y sin alardes, está bellamente fotografiada (por Lachlan Milne), se beneficia de la hermosa partitura de Emile Mosseri y cuenta con correctas interpretaciones a cargo de Steven Yeun (visto en la serie “The Walking Dead”), Han Ye-ri, Youn Yuh-jung (nominada al Oscar) y un recuperado Will Patton (“No hay salida”).  Sin embargo, y no resultando desagradable ni aburrida, tengo que decir que no me pareció especial en nada:  no le vi un gran trabajo de dirección, no me pareció que tuviera un guión destacable y no considero que sus actores (a excepción, tal vez, de la abuela Yuh-jung) realicen grandes interpretaciones.  No puedo evitar preguntarme si, en el caso de haberse tratado de un film alemán, italiano o español, “Minari” hubiera tenido la misma repercusión, y, mientras encuentro la respuesta, me seguiré alegrando de que el pujante “Army” la disfrute con salud.

Calificación: 6,5 (sobre 10)

 


NOMADLAND

Chloe Zhao es una directora de 39 años nacida en China que, tras estudiar en Inglaterra, viajó a Estados Unidos para intentar hacer carrera en el mundo del cine.  Su segunda película, “The Rider”, gustó mucho en los circuitos del cine independiente, y antes de haber estrenado “Nomadland”, film que ahora nos ocupa, ya fue contratada por la todopoderosa Marvel para realizar “Los eternos”, uno de los títulos fundacionales de su Fase 4.  A partir de una novela de Jessica Bruder, “Nomadland” (para no fatigar vuestras pobres neuronas, os lo traduciré yo:  Tierra de nómadas”) cuenta la historia de Fern (monumental Frances McDormand), una mujer de mediana edad que, tras perder a su marido, decide cambiar de vida y se embarca en un viaje sin fin a lomos de su vieja autocaravana, recorriendo el gran estado de Nevada y relacionándose con otras personas que, voluntariamente o no, viven como auténticos nómadas en pleno siglo XXI.  No seré yo quien discuta los evidentes atributos que ostenta “Nomadland” (la fotografía de Joshua James Richards, la música de Ludovico Einaudi, el tono poético que la envuelve, la extraordinaria McDormand…), pero sí romperé una nueva lanza en favor de la libertad, la libertad de poder expresar que una película que, obvia y objetivamente, goza de mucha o muchísima calidad, puede, al mismo tiempo, gustar a algunos menos que a otros.  Me irrita que sus acérrimos defensores, no contentos con disfrutarla, tengan que hacer sentir culpables a los que no la disfrutan tanto, como si, por no aplaudir frenéticamente una determinada película, uno fuese un palurdo sin gusto ni criterio ni sentido ni sensibilidad.  Nomadland” me gustó moderadamente, como tantas otras películas me han gustado con idéntica moderación, y, en mi humilde opinión, hubiera mejorado si hubiera tenido más guión, más diálogos, más actores profesionales (la mayoría de los intérpretes, salvo McDormand y David Strathairn, son personas reales que hacen de sí mismas), más “acción” y un ritmo un poco menos pausado;  pero como sólo se trata de mi opinión, que no pienso imponer a nadie, celebro que sean tantos los que se emocionan hasta las lágrimas con ella y me alegraré lo indecible si la señora McDormand vuelve a levantar una merecida estatuílla dorada.

Calificación: 8 (sobre 10)

 


GODZILLA VS KONG

¿Quién iba a decirnos que una intrascendente película de monstruos, despreciada sin rubor por los cinéfilos mas exquisitos, constituiría la gran esperanza de salvación para las salas de cine de todo el mundo?  Cuarta entrega del MonsterVerse de Warner Bros., “Godzilla vs. Kong” ha llegado en el momento idóneo para que los aficionados a ver cine en los cines, hambrientos de verdaderos blockbusters a los que hincar el diente, se hayan lanzado como lobos en pos de una presa que, si bien como obra de arte deja mucho que desear, sí constituye un entretenimiento sencillamente espectacular.  Realizar un análisis de este film que dirigido Adam Wingard (“Tú eres el siguiente”) desde el punto de vista del guión, los diálogos o las interpretaciones (pareciera que Millie Bobby Brown, Rebecca Hall, Alexander Skarsgard o Demián Bichir compitieran para ver quién está peor) sería una verdadera pérdida de tiempo, pero, si nos referimos a él como espectáculo grandioso de fabulosos efectos especiales y portentoso sonido, la cosa cambia.  King Kong y los kaijus importados de la japonesa Toho están excelentemente recreados, resultan tan amenazadores como creíbles, y las larguísimas escenas de combate son una gozada sin paliativos.  Ver darse de hostias (hostias como panes, sí) a Kong, Godzilla y MechaGodzilla no tiene precio, y, cuanto menos tiquismiquis sea uno, más lo disfrutará.

Calificación: 7 (sobre 10)

viernes, 19 de febrero de 2021

Píldoras de Cine: FEBRERO 2021

Como ya os anuncié meses atrás, estoy trabajando en mi cuarto libro, ¡por fin un libro enteramente sobre Cine!, que, si todo va bien, saldrá a finales de este año.  Las muchas horas que tengo que dedicar a la puesta en marcha de ese deseado proyecto me impiden dedicarme a este blog tanto como me gustaría, pero hoy voy a hacer un paréntesis y a aprovechar que tengo algunas películas pendientes de comentaros para que, con la energía de siempre, puedan retornar nuestras añoradas ¡¡PÍLDORAS DE CINE!!

 


EL PADRE

Vi esta película días después de la muerte de mi padre, y me emocioné hasta las lágrimas. Porque, efectivamente, es la historia de un anciano aquejado de demencia senil, pero no sólo somos testigos de ello, sino que nos metemos dentro de la piel de ese pobre hombre, llegando hasta el punto de vivir su propia y dolorosa confusión, de padecer la tortura de la desintegración de su realidad.  Anthony Hopkins recupera en un instante el prestigio dilapidado en tantas películas ligeras indignas de su talento, mientras que Olivia Colman recrea con calidez y acierto el sufrimiento y la impotencia de los familiares que no pueden socorrer al ser querido que necesita una ayuda más allá de sus posibilidades.  Olivia Williams, Rufus Sewell e Imogen Poots completan el breve pero eficiente reparto de “El padre”, ópera prima del novelista y dramaturgo francés Florian Zeller, quien demuestra una sensibilidad insólita capaz de convertir una película aparentemente pequeña en una de las mejores y más conmovedoras de los últimos años.

Calificación: 8,5 (sobre 10)

 


SALVAJE

20 años (y casi 20 toneladas) después de “Gladiator”, el gran (en todos los sentidos) Russell Crowe se pone a las órdenes del realizador germano-americano Derrick Borte, para protagonizar una película de bajo presupuesto en la que interpreta a un sujeto histérico, violento y con rasgos psicopáticos, que empieza por matar a martillazos a su ex-mujer y a la actual pareja de ésta, y acto seguido la toma con una madre y su hijo con los que ha tenido un nimio incidente en la carretera.  Encontrar cualquier atisbo de cohesión y lógica en un producto como “Salvaje” es una tarea perdida y, además, inútil.  Porque lo que importa en esta trepidante propuesta es sólo lo puramente técnico y cinético, las increíbles persecuciones, la fisicidad de los efectos especiales, el sonido y el montaje.  Tanto Crowe como los desconocidos Caren Pistorius y Gabriel Bateman son simples engranajes de un mecanismo cuyo argumento podría describirse como un cruce entre “Un día de furia” y “El diablo sobre ruedas”.

Calificación: 7,5 (sobre 10)

 


BAJOCERO

Un policía respetuoso y cumplidor de las normas tiene que realizar su primer traslado de reclusos de una cárcel a otra.  Se trata de una gélida noche y, en el transcurso del viaje, se produce un incidente que hace que se cambien las tornas y sólo la violencia y la fuerza bruta parezcan capaces de salvar la situación.  Dirigido por el catalán Lluis Quilez, “Bajocero” (así, todo junto) es el thriller policíaco que se convirtió en el título más visto de Netflix, gracias a su tensión en aumento, a la incertidumbre de su trama y a la presencia de Javier Gutiérrez, uno de los pocos actores capaces de competir con Luis Tosar en hiperactividad e ubicuidad.  Un producto claramente comercial que crece y crece en intensidad hasta que, en los últimos veinte minutos, se va desinflando en un desenlace alejado de la idiosincrasia del resto del film.  Acompañan a Gutiérrez Karra Elejalde, Luis Callejo, Patrick Criado y Andrés Gertrudix, en una película para entretenerse con cierta dignidad pero que tampoco hay que tomarse muy en serio.

Calificación: 7 (sobre 10)

martes, 8 de diciembre de 2020

Mis películas favoritas/ “TIBURÓN”


Los dientes de la mar

 

La inmensa pantalla del cine se tiñe de negro.  Mientras van apareciendo paulatinamente unas letras blancas, suenan unas notas musicales vibrantes y ominosas, una melodía siniestra que poco a poco va in crescendo.  El fondo de un mar profundo se hace visible, y todos intuímos que, de entre esas aguas misteriosas, está a punto de surgir una amenaza que nos va a dejar sin respiración…

 

Amity es una isla situada junto a la costa este de los Estados Unidos, una colonia de veraneo en la que sus comerciantes y hosteleros hacen su agosto (nunca mejor dicho) cuando sus hermosas playas atraen a miles de turistas deseosos de sol, tranquilidad y diversión.  Pero este verano va a ser de todo menos tranquilo y divertido.  Mientras investiga la desaparición de una joven que se bañaba de noche en el mar y algunos de cuyos restos han aparecido diseminados por la orilla, el jefe de policía Martin Brody recibe la fatal noticia de que la muerte se ha debido a un ataque de tiburón.  Brody decide cerrar las playas pero el alcalde, sabedor de lo que ello significaría para el comercio local, le convence de que el forense se ha equivocado y todo se debió a un accidente fortuito provocado por una hélice.  Cuando, días después, un tiburón devora a un niño ante los ojos de los aterrorizados bañistas, un maduro y ambicioso pescador llamado Quint se ofrece para dar caza al escualo a cambio de una recompensa, pero ni siquiera entonces el alcalde permitirá que el jefe de policía tome la decisión correcta.  Sólo cuando la tragedia vuelve a abatirse sobre la isla, el municipio autoriza la contratación de Quint, y éste, el jefe Brody y Hooper, un científico enamorado de los tiburones, se embarcan en pos de la aventura de sus vidas…

 


A mediados de 1973, el escritor y periodista neoyorkino Peter Benchley (1940-2006) entregaba el manuscrito de su primera novela “Jaws” (“Mandíbulas”) en las oficinas de la editorial Doubleday.  Tanto gustó el libro a sus editores que, sin siquiera haber sido publicado, sus derechos fueron adquiridos por los astutos productores de cine Daryl Zanuck y Richard Brown, que acababan de saborear las miles del éxito con “El golpe” (George Roy Hill, 1973).  Zanuck y Brown no dudaron ni un momento de las posibilidades del libro de Benchley, a quien encargaron la redacción de un borrador de guión que posteriormente acabarían puliendo Carl Gottlieb, Howard Sackler e incluso John Milius (estos últimos, no acreditados).  La pretensión de todos era que “Tiburón” se convirtiera en una gran película de aventuras que fuese capaz de dejar en mantillas a la “Moby Dick” de John Huston (1956), todo un clásico de la acción marítima.

 


El primer director en quien se pensó para hacerse cargo del film fue el veterano John Sturges (“Los siete magníficos”, “La gran evasión”), que declinó la oferta en favor de Dick Richards (“Coraje, sudor y pólvora”, 1972), el cual fue despedido porque, según se cuenta, era incapaz de diferenciar un tiburón de una ballena.  Fue entonces cuando un joven de 27 años, Steven Spielberg, se ofreció para sentarse en la silla de director.  Curtido en la televisión (había dirigido varios episodios de series como “Marcus Welby” o “Columbo”, además de un telefilm que en algunos países se estrenó en cines, “El diablo sobre ruedas”), Spielberg acababa de terminar “Loca evasión” (“The Sugarland Express”, 1974) con producción a cargo de los mismísimos Zanuck y Brown, jugando a su favor su ímpetu juvenil y su reputación de filmar rápido y bien y ceñirse al presupuesto (rasgos característicos del trabajo televisivo).  Aunque la idea del estudio (Universal Pictures, que distribuiría internacionalmente la película) era rodar la práctica totalidad de las secuencias acuáticas en un enorme tanque de agua construido en un gigantesco set, Spielberg se empeñó en sacar las cámaras al mar, lo cual iba a acarrear no pocos dolores de cabeza a todos los implicados. El coste de producción previsto era de cuatro millones de dólares y el tiempo de rodaje asignado, no más de cincuenta y cinco días.

 

Una de las primeras decisiones que tomó Spielberg fue la de “pulir” algunas de las subtramas del libro original, especialmente la relación adúltera que mantenían el biólogo Hooper y la esposa del jefe Brody (yo mismo leí la novela tras haber visto la película, y reconozco que aquel adulterio me pareció repugnante), con el fin de que los personajes resultasen más agradables y “queribles” para el espectador.

 


Para protagonizar el film, los primeros actores en quienes se pensó fueron Robert Duvall o Charlton Heston para interpretar a Brody, Jeff Bridges o Jon Voight en el papel de Hooper y Lee Marvin o Sterling Hayden para dar vida a Quint.  Como todos sabemos, ninguno de ellos acabó poniéndose ante la cámara de Spielberg, siendo los elegidos Roy Scheider (visto en “French Connection”, 1971) como el jefe Brody, Richard Dreyfuss (recomendado por George Lucas, que le había dirigido en “American Graffiti”, 1973) como Hooper y Robert Shaw (el villano de la ya citada “El golpe”) como Quint.  Para los papeles secundarios, se contrató a Murray Hamilton para convertirse en el antipático alcalde Larry Vaughn, Lorraine Gary (esposa de uno de los mandamases de Universal, Sidney Sheinberg) para meterse en la piel de la abnegada Ellen Brody, el intérprete isleño Jeffrey Kramer para ser el ayudante Hendricks y la doble y especialista Susan Backlinie, a quien no le importaba realizar el desnudo integral que abriría el film, para personificar a la primera víctima del tiburón asesino.  Por otra parte, los dos guionistas acreditados realizaron pequeños papeles:  Carl Gottlieb como Meadows, el editor del periódico local, y el propio Peter Benchley como presentador de un noticiero televisivo que se retransmite desde las playas de Amity.

 


El grueso del rodaje de “Tiburón” se desarrolló en la isla Martha’s Vineyard, al sur de Cabo Cod, en el estado de Massachusetts.  Para las secuencias marítimas, se empleó un barco pesquero que se convirtió en la Orca, la nave en la que Quint ejerce como despótico comandante.  Y, para interpretar al auténtico protagonista de la ficción, el tiburón blanco de la especie carcharodon carcharias, se construyeron hasta tres modelos mecánicos que fueron bautizados como “Bruce” en honor al “simpático” abogado de Spielberg, Bruce Raimer.  Como ninguno de los engendros robóticos funcionaba todo lo bien que se necesitaba, Spielberg tomó la decisión de utilizarlos lo menos posible y sólo en planos muy concretos, de manera que, haciendo buena la máxima de “la imaginación al poder”, el joven realizador fue capaz de generar aún más miedo al sugerir la presencia aterradora de la bestia (mediante cámara subjetiva o, sobre todo, gracias a la música) sin tener que mostrarla constantemente.

 


Es la música de “Tiburón”, compuesta por el insigne John Williams (nacido en 1932) uno de los aspectos más recordados y fundamentales de la película.  Bajo su aparente simplicidad, su tema principal esconde una inteligencia compositiva superlativa, mediante la repetición de un par de notas oscuras interpretadas por la tuba que pronto son acompañadas por timbales y devienen en un alarido de pánico personificado por unas cuerdas que parecen humanizadas.  Rotundamente magistral, por mucho que sean meridianamente ciertas las (odiosas) comparaciones con alguno de los motivos utilizados por Igor Stravinski en “La consagración de la primavera” (1913).

 


El presupuesto previsto para finalizar “Tiburón” acabó duplicándose, y los días de filmación se triplicaron.  A los problemas ya conocidos de rodar en alta mar y las deficiencias de los escualos animatrónicos se sumaron las habituales peleas entre Richard Dreyfuss y Robert Shaw, motivadas en parte por el alcoholismo de este último, que terminaría falleciendo de un ataque cardíaco en 1978, a los 52 años de edad.  Con todo, una de las mejores escenas del film se le debe casi íntegramente a Shaw:  me estoy refiriendo al célebre momento en el que Quint cuenta su peripecia a bordo del buque USS Indianapolis, el mismo que entregaría la bomba atómica de Hiroshima y que poco después se hundió tras ser torpedeado, quedando la tripulación a merced de los tiburones.  El monólogo fue esbozado por los guionistas “extraoficiales” Sackler y Milius, pero fue el actor quien acabó dándole la forma definitiva.  Otra de las frases más recordadas de la cinta se debe a la improvisación de Roy Scheider, que, cuando su personaje ve por primera vez al enorme tiburón mecánico mientras está vertiendo carnaza al mar, exclamó “You’re gonna need a bigger boat” (“Necesitará un barco más grande”), lo cual en realidad hacía referencia a una reiterada queja del equipo técnico a los “tacaños” productores que no satisfacían sus demandas.

 

El propio Steven Spielberg fue abordado por uno de los ejecutivos de Universal para preguntarle cortésmente si deseaba retirarse del proyecto dignamente, toda vez que la filmación, así como las vicisitudes, no parecían tener fin.  El realizador se negó en redondo a que otro terminara su obra, y aún perseveró más en sus travellings y planos secuencia, así como en su original planteamiento visual:  durante la primera mitad del film, muchos de los encuadres están filmados desde abajo, como si fuesen tomados según la perspectiva del enemigo invisible.

 


Incluso las pesadillas se terminan alguna vez, y el viernes 20 de Junio de 1975, “Tiburón” se estrenaba en los cines norteamericanos, con una cartelería que mantenía la impactante portada del libro (pintada por Roger Kastel, que a su vez adaptaba un boceto previo de Paul Bacon).  She Was The First” (“Ella fue la primera”) era el escueto slogan que hacía referencia a la víctima inicial del depredador marino, cuya muerte a los pocos minutos de proyección conmocionó a las audiencias.  En su primer fin de semana, la película recaudó 7 millones de dólares, y tan sólo necesitó 14 días para recuperar su (elevadísimo) coste de producción.  Su éxito no hacía más que crecer exponencialmente, y durante 2 años fue el film más taquillero de la Historia del cine, sólo superado en 1977 por el fenómeno “La guerra de las galaxias”.  Como no podía ser de otra manera, sus avispados productores pretendieron sacarle todo el partido posible, de manera que en 1978 vio la luz “Tiburón 2”, con casi el mismo equipo técnico y artístico a excepción de Spielberg, que se negó a repetir y fue reemplazado por Jeannot Szwarc.  Tiburón 3-D” (una bobada tridimensional) llegaría en 1983, y la última entrega de la saga oficial, “Tiburón 4: La venganza” echaría el cierre en 1987.

 


Aunque, todavía hoy en día, uno puede sorprenderse leyendo que, para algunos, “Tiburón” es “una mala película porque, en la realidad, los tiburones no devoran personas”, es innegable que nos hallamos no sólo ante una obra cinematográfica de primer nivel, sino ante todo un fenómeno sociológico intergeneracional.  Así lo demuestran escenas memorables como las del primer ataque a la hermosa bañista desprejuiciada;  el segundo ataque en el que el pequeño Alex Kintner es destrozado a bordo de una colchoneta amarilla, con la consiguiente explosión de terror de los bañistas;  la secuencia nocturna de los dos pescadores siendo atacados por un tiburón que no llegamos a ver pero que percibimos como absolutamente real y aterrador; el descenso de Hooper al navío hundido de Ben Gardner, en el que hallará clavado un enorme colmillo que se le caerá de las manos ante un inolvidable sobresalto gore; el tercer ataque precedido por la broma de los dos críos que manipulan una aleta de madera;  la partida de la Orca visualizada por entre unas fauces de tiburón disecadas por Quint;  toda la larguísima persecución marítima, con la maravillosa música de John Williams rubricando el disparo de cada barril de oxígeno;  el ya citado monólogo de Quint recordando la historia del buque Indianapolis;  el ataque del tiburón a la jaula sumergida en la que un ingenuo Hooper creía protegerse de él;  y, cómo no, la sobrecogedora muerte de Quint cayendo irremisiblemente entre las fauces de su peor pesadilla, certifican la absoluta vigencia de un clásico inmortal que supo aunar la aventura, el terror y la crónica social con inusual maestría, impropia en un veinteañero que, pocos años después, ya era conocido como “el Rey Midas de Hollywood”.  ¿Quién, desde que vio por primera vez “Tiburón”, no ha tenido siquiera un poco de miedo al ir a meterse al mar?

 

Luis Campoy

lunes, 16 de noviembre de 2020

Series de Televisión/ "COBRA KAI"



En 1984, el joven Daniel LaRusso (Ralph Macchio) se traslada a vivir junto a su madre a un bloque de apartamentos del barrio de Reseda en Los Angeles (California).  Muy pronto, se enamora de una atractiva compañera de instituto, Ali Mills (Elisabeth Shue), la cual acaba de salir de una tormentosa relación con un chico engreído y pendenciero llamado Johnny Lawrence (William Zabka), quien se niega a consentir que su antigua novia le reemplace por otro.  El comportamiento chulesco y violento de Johnny y sus amigos no consigue desanimar a Daniel, quien, para aprender a defenderse, intenta inscribirse en un dojo de karate denominado Cobra Kai, dirigido por un orgulloso y cruel sensei (instructor), John Kreese (Martin Kove), sólo para descubrir que Johnny y su pandilla son estudiantes aventajados de ese mismo dojo.  Es entonces cuando entra en escena Nariyoshi Miyagi (Noriyuki “Pat” Morita), el conserje del edificio de apartamentos donde vive Daniel, quien, a través de técnicas muy peculiares, consigue iniciar al joven LaRusso en los caminos del karate, adiestrándole en un tiempo récord para que, en el torneo de All Valley, Daniel se proclame campeón a pesar de las malas artes de los alumnos del Cobra Kai.

 

El párrafo anterior, como seguro que habréis reconocido, era un breve resumen de una famosísima y supercomercial película de los años 80, “Karate Kid”, escrita por Robert Mark Kamen, dirigida por John G. Avildsen y musicalizada por Bill Conti, estos dos últimos, realizador y compositor de la celebérrima película de Sylvester Stallone “Rocky”.  No fueron pocos los que, de hecho, vieron en “Karate Kid” una especie de reformulación de “Rocky” dirigida al público juvenil, ya que ambas coincidían en la exaltación del deporte como método de superación personal, además de que, en los dos casos, los protagonistas vivían bonitas historias de amor y se beneficiaban de las enseñanzas de unos tutores tan maduros como carismáticos.  El caso es que “Karate Kid” tuvo dos secuelas más en las que repitió Ralph Macchio, una cuarta entrega en la que el señor Miyagi ahora entrenaba a una karateca femenina e incluso un remake protagonizado por Jackie Chan y Jaden Smith, hijo de Will Smith.

 

En el año 2007, William Zabka apareció en el videoclip de una canción del grupo No More Kings retomando su papel de Johnny Lawrence, y, más adelante, el actor comentaría, medio en broma, medio en serio, que él siempre fue “el auténtico Karate Kid”.  Seis años después, en el episodio número 22 de la octava temporada de la serie “Cómo conocí a vuestra madre”, Ralph Macchio se presentó como invitado sorpresa en la despedida de soltero de Barney Stinson (Neil Patrick Harris), provocando el enfado de Stinson, que sostenía también que Johnny era el elegido para convertirse en Karate Kid y que fueron las “malas artes” de Larusso y Miyagi las que le arrebataron todo lo que le pertenecía, incluyendo tanto el título de campeón de karate como la guapa novia que tenía.  En ese instante, un payaso que formaba parte de la fiesta se quitaba el maquillaje y resultaba ser el mismísimo William Zabka, interpretando nuevamente al inefable Johnny Lawrence.  Tan “entrañable” reencuentro no pasó inadvertido al productor y guionista Jon Hurwitz, un fan más de la saga “Karate Kid” que, durante los cuatro años siguientes, estuvo soñando despierto con la posibilidad de realizar una continuación televisiva de las películas en las que volvieran a participar los recordados protagonistas de las mismas.  Tras considerar la posibilidad de ofrecer la primera temporada de una serie de diez episodios breves (de una media hora de duración) a las principales cadenas norteamericanas, finalmente se decantó por la oferta de la plataforma de videos YouTube, que deseaba dar el salto a un mercado más convencional.  De este modo, el 24 de Abril de 2018 se estrenaba el primer episodio de “Cobra Kai”, oficiando el propio Hurwitz, Josh Heald y Hayden Schlossberg como productores, guionistas y ocasionales directores, y los mismísimos Ralph Macchio y William Zabka como productores ejecutivos junto con Will Smith, cuyo hijo Jaden, como dijimos más arriba, protagonizó el remake de 2010.

 

34 años después de perder el campeonato de karate de All Valley de 1984, Johnny Lawrence, al borde del alcoholismo después de haber fracasado en todas las facetas de su vida, decide volver a poner en marcha el viejo dojo Cobra Kai, en el que seguirá vertiendo algunas de las enseñanzas de su antiguo sensei John Kreese, incluyendo el lema “el enemigo no merece piedad”.  Algunos de los alumnos que se inscriben en el dojo son Miguel Díaz (Xolo Maridueña), Aisha Robinson (Nichole Brown) o Elie Moskowitz (Jacob Bertrand).  En su relación con Miguel, Johnny trata inconscientemente de volcar todo el afecto paterno que su propio hijo Robby Keene (Tanner Buchanan) rechaza, hasta el punto de que el muchacho se niega a utilizar el apellido paterno.  Paralelamente, Daniel LaRusso se ha convertido en un respetado y floreciente empresario del automóvil, dirigiendo su propio concesionario, en el que también trabaja su esposa Amanda (Courtney Henggeler), con la que tiene dos hijos, Samantha (Mary Mouser) y Anthony (Griffin Santopietro).  Cuando Johnny y Daniel se reencuentran accidentalmente, vuelve a surgir entre ellos la rivalidad del pasado, que esta vez afecta también a sus descendientes:  Samantha inicia una relación amorosa con Miguel, sin saber que éste es el pupilo del enemigo de su padre, mientras que Robby le pide a Daniel que le transmita sus conocimientos de karate, omitiendo el pequeño detalle de que es el hijo del mismísimo Johnny Lawrence…

 

Indudablemente, “Cobra Kai” es un regalazo para todos los que llevamos casi cuatro décadas enganchados a “Karate Kid”.  De hecho, a mi me sigue pareciendo poco menos que un milagro la propia existencia de la serie, y que en ella hayan accedido a participar casi todos los actores principales de las viejas películas (con la lógica excepción de Noriyuki “Pat” Morita, fallecido en 2005).  Además, hay que reconocer que el tono (una mezcla bien equilibrada de drama, comedia, romance y deporte) es perfecto para atraer tanto a los espectadores originales de la saga como a las nuevas generaciones que sólo la conocían a través del DVD y la televisión.  Los treinta minutos de duración de cada capítulo se pasan en un suspiro, de modo que siempre te quedas con ganas de más, y el morbo de ver cómo han envejecido los actores que eran jóvenes en los 80 se complementa con el indudable acierto en la elección de sus herederos de la nueva hornada.  Cobra Kai” es una auténtica gozada y lo bueno es que sólo quedan dos meses para volver a gozarla a lo grande, ya que, tras dos temporadas emitiéndose en YouTube, la tercera tanda de episodios se estrena en enero de 2021, nada menos que en Netflix.

martes, 10 de noviembre de 2020

Series de Televisión/ "PATRIA"


 

Cuando se publicó “Patria” (Tusquets Editores, 2016) del escritor donostiarra (residente en Alemania) Fernando Aramburu, todas las críticas que encontré eran favorables, por no decir extraordinariamente positivas.  De su argumento apenas supe que se desarrollaba en el País Vasco durante los “años de plomo”, pero, sin haberlo leído, sí he podido visionar la serie televisiva que lo adapta, de modo que me ceñiré a esta última en mi comentario.


Como quedó dicho al principio, “Patria” transcurre en el País Vasco español, en un pueblo (que bien pudiera ser Hernani), donde el empresario Jesús María “Txato” Lertxundi es extorsionado por la banda terrorista ETA, que le exige el pago forzoso del llamado “impuesto revolucionario”.  Txato empieza pagando, pero finalmente se niega e incluso se plantea trasladar su negocio de transportes a Zaragoza.  El mero hecho de no seguirle la corriente a los terroristas en sus exigencias, convierte a Txato en blanco de los abertzales, y las paredes de su casa y su negocio amanecen cubiertas de pintadas en las que se le llama “Traidor”.  Como consecuencia de ello, la práctica totalidad del pueblo le da la espalda, incluyendo a su mejor amigo Joxian y la mujer de éste, Miren;  todos piensan que alguien que no contribuye a la libertad de Euskal Herria se merece todo lo malo que le pueda pasar.  Una tarde lluviosa, Bittori, la esposa de Txato, escucha tres disparos en la calle, justo cuando su marido se dirigía hacia su coche.  Su esposo yace boca abajo en el suelo, y su sangre, diluída en la lluvia, se extiende por el asfalto…  Décadas después, cuando ETA anuncia el cese de su actividad armada, Bittori, que desde que enviudó se había trasladado a vivir a San Sebastián, decide regresar al pueblo, con al propósito de averiguar quién apretó el gatillo en la muerte de Txato, y obtener del asesino una tardía disculpa.

 

Patria”, la serie, ha sido producida por Alea Media para el gigante HBO, oficiando de showrunner Aitor Gabilondo, artífice de producciones como “El comisario”, “Periodistas”, “El Príncipe”, “Vivir sin permiso”, “La verdad”, “Madres” o “Allí abajo”.  Precisamente fue en esta última serie donde no hace mucho vimos aparecer a las dos grandes protagonistas de “Patria”, Elena Irureta y Ane Gabarain. Irureta, que en “Allí abajo” interpretaba a Rosamari, la madre de Peio (Iker Galartza), da vida en “Patria” a la sufrida Bittori, mientras que Gabarain, que fuese Maritxu, la madre de Iñaki (Jon Apaolaza), incorpora ahora a la “malvada” Miren.  El resto del reparto principal de “Patria” lo integran José Ramón Soroiz como Txato, Iñigo Aranbarri y Susana Abaitua como sus hijos Xabier y Nerea, Mikel Laskurain como Joxian y Jon Olivares, Loreto Mauleón y Eneko Sagardoy como, respectivamente, sus tres hijos Joxe Mari, Arantxa y Gorka.  El guionista principal ha sido el propio Aitor Gabilondo, repartiéndose entre Félix Viscarret y Oscar Pedraza la dirección de los ocho episodios de los que consta la miniserie.

 

Siendo el tema de base ya de por sí complicado (la descripción del llamado “conflicto vasco” de una manera pretendidamente objetiva), la primera polémica que se suscitó en torno a “Patria” estalló cuando HBO decidido difundir un primer cartel promocional en el que, bajo el lema “Todos somos parte de esta historia”, se veían dos imágenes entre las que se pretendía establecer un evidente paralelismo:  por un lado, Bittori llorando desgarrada con su marido asesinado en brazos, y, por otro, Joxe Mari (el hijo terrorista de Miren y Joxian) desnudo y supuestamente torturado en una oscura comisaría.  Hasta el propio autor Fernando Aramburu tuvo que intervenir públicamente para manifestar su desacuerdo con la elección de esas dos fotografías, que, según explicó, no se correspondían con el tono tanto de su novela como de la propia serie.  Para entendernos, un cartel como ese da a entender que vamos a asistir a una especie de guerra en la que, sí, existen dos bandos (los asesinados y los asesinos), pero ambos bandos son tan culpables como víctimas de una realidad dual.  O dicho de otra manera:  si ETA se vio “obligada” a matar a 864 personas fue porque, previamente, el “perverso” Estado español oprimió al pacífico pueblo vasco y sometió a innumerables vejaciones a sus heroicos e inocentes pobladores.

 

Lo cierto es que, lamentablemente, empecé a ver la serie con el poster muy en mente, y ojalá pudiera decir que, una vez finalizados los ocho capítulos, mi impresión preliminar andaba totalmente desencaminada.  O sea, el sentimiento nacionalista de un territorio me parece absolutamente respetable, como prácticamente cualquier filosofía o forma de pensar, pero donde una filosofía gana o pierde su legitimidad es en la manera de llevar a la práctica sus teorías.  Que, durante años, demasiados años, existió una dictadura que pisoteó derechos y libertades aquí y allá y causó el dolor y la frustración de mucha gente, es un hecho tan innegable como reprobable.  Pero que, como respuesta a esa opresión, una parte de la sociedad vasca apoyase, respaldara y vitorease a una banda criminal que asesinó a casi 900 personas entre policías, guardias civiles, militares, políticos, empresarios e inocentes familiares de éstos, no puede dejar de ser sino una vergüenza histórica que no se puede justificar de ninguna manera.  Patria”, en algunos pasajes, intenta parecer “neutral”:  ni los “buenos” (Txato y su familia) son perfectos y angelicales, ni los “malos” (con Joxe Mari obviamente a la cabeza, pero con Miren tanto o más convencida de la justeza de su reivindicación) son demonios que decapitan bebés y ofrecen su sangre a una monstruosa Mari o madre diosa.  En ese pueblo de unos 20.000 habitantes, la inmensa mayoría aceptan como propios los postulados esgrimidos por ETA (España nos oprime, nos roba, nos impide hablar en nuestra lengua nativa, y, por tanto, debemos eliminar a nuestros opresores), y ni siquiera el apocado Joxian se atreve a seguir siendo amigo de Txato, por temor a ser señalado también por sus conciudadanos.  En el primer capítulo, las todavía amigas Miren y Bittori presencian horrorizadas cómo un autobús es incendiado por unos vándalos, pero ¡ay!, la postura de Miren cambia radicalmente cuando ese acto vandálico es reivindicado por ETA y descubre que uno de los vándalos es su propio hijo Joxe Mari;  lo que hubiera podido ser objeto de recriminación o castigo, ahora se torna en motivo de orgullo, porque Joxe Mari se atreve a llevar a la práctica lo que muchos vascos anhelan pero reprimen:  la destrucción del orden (español) establecido.  Los hijos de Txato y Bittori están un poco desdibujados (Xabier sucintamente “enmadrado” y Nerea buscando en el sexo cómo evadirse de su tragedia familiar), pero, por el contrario, los de Miren y Joxian aparecen precisamente caracterizados.  Joxe Mari, violento e impulsivo, se une a ETA para poder dar rienda suelta al odio que lleva dentro;  Gorka, horrorizado ante la violencia ejercida por su hermano y decepcionado por la sumisión de su padre, asume su homosexualidad largamente reprimida y busca cobijo en un hombre más mayor;  y Arantxa, la más honesta de los tres, es castigada primero con un marido “facha” y maltratador y, finalmente, con un ictus que la deja postrada en una silla de ruedas.  La caracterización de algunos personajes “españoles” me parece tan desafortunada como tendenciosa, es decir, para nada neutral.  Los policías que registran la casa de Miren y Joxean se comportan de manera indignante y despreciable;  los  guardias civiles que interceptan el coche en el que Nerea y sus amigas se encaminan al homenaje del etarra fallecido son repugnantes y asquerosos, con abusivo cacheo incluido;  los inspectores que torturan a Joxe Mari no inspiran sino odio y animadversión;  y el marido de Arantxa, Guillermo, segundos después de declararse “español”, abofetea a su esposa de una manera en la que los términos “machista”, “maltratador”, “facha” y “español” van claramente entrelazados.

 

Por lo demás, una vez reiterado mi disgusto y decepción ante esa “equidistancia” que la serie manifiesta aunque sus responsables lo nieguen, reconozco que me ha gustado bastante “Patria”, que, para mi, igual podría llamarse “Matria”, al ser las dos madres enfrentadas las verdaderas y auténticas protagonistas.  En este sentido, tengo que admitir que, si bien Elena Irureta y su Bittori gozan de mi total afecto y apoyo, quien está realmente formidable, espectacular, es Ane Gabarain como Miren, una villana sensiblemente matizada que ejemplifica en una sola persona la compleja ambigüedad moral de toda una sociedad.