sábado, 17 de agosto de 2019

Cine actualidad/ “ERASE UNA VEZ EN HOLLYWOOD”


Novena y penúltima

Si existe algún director actual cuyo solo apellido sea capaz de generar cantidades ingentes de expectación, admiración y controversia a nivel mundial, ése es, sin duda, Quentin Tarantino.  Desde su explosiva carta de presentación de 1992, “Reservoir Dogs”, cada una de sus siguientes películas ha ido estrenándose con la vitola creciente de acontecimiento apoteósico, y mucho más desde que anunció que sólo pensaba dirigir diez films antes de retirarse.  Erase una vez en Hollywood”, que debutaba el jueves en las carteleras de nuestro país, es el noveno y, por tanto, el penúltimo jalón de su carrera, razón por la cual las expectativas alcanzaban cotas ciertamente estratosféricas.

Ambientada en la ciudad de Los Angeles en 1969, “Erase una vez en Hollywood” narra la amistad entre una estrella televisiva de popularidad decreciente (Rick Dalton: Leonardo DiCaprio) y su inseparable doble de acción, asistente y, sin embargo, amigo (Cliff Booth: Brad Pitt) circunscrita en un contexto histórico que, en teoría, culminaría la madrugada del 9 de Agosto, momento en el que la macabra “Familia Manson” asesinaría a la actriz Sharon Tate (Margot Robbie) y a otras tres personas que se hallaban con ella en su lujosa mansión del 10050 de Cielo Drive.  Dicen los cronistas que aquel fatídico día murió también la inocencia del viejo Hollywood, y esa sensación de pérdida, de languidez y de melancolía preside buena parte del largo metraje de la cinta…

A la hora de formular una opinión más o menos crítica de “Erase una vez en Hollywood”, entiendo que hay dos posibles posturas:  o eres un fanático ciego, sordo y mudo de Tarantino, o vas por libre e independiente.  Sólo de este modo me explico el aluvión de críticas super positivas que está recibiendo la película.  Magistral”, “Obra magna”, “Gigantesca carta de amor al Séptimo Arte” son algunos de los calificativos que he tenido ocasión de leer aquí y allá, y a fe mía que en ningún momento los he asumido como propios, como nacidos de mi propia sensibilidad.  De hecho, durante la primera hora y media del film me costó bastante aceptar que el artífice de tantas escenas vacías y tantos diálogos banales fuera el mismo creador de las maravillosas frases lapidarias de “Pulp Fiction”.  Porque ése es el estilo Tarantino, amigos, que no se nos olvide:  no se trata sólo de reunir a un elenco deslumbrante de artistas, de combinar en una rutilante cocktelera una docena de canciones sin ninguna vinculación aparente o de estar seguros de que, antes o después, habrá un visceral estallido de violencia, sino, también y sobre todo, de hilvanar una historia asombrosamente bien escrita y dotarla de unos diálogos sensacionales e inigualables marca de la casa.  En “Erase una vez en Hollywood” el guión literario adolece de una muy preocupante falta de originalidad, con situaciones que se notan demasiado forzadas y sólo un único diálogo medianamente destacable:  el que mantiene el personaje de DiCaprio con la actriz infantil a la que da vida la sorprendente Julia Butters.

Tampoco el tratamiento de actores y personajes es tan brillante como cabría esperar, y el incomparable elenco de estrellas va pasando antes nuestros ojos sin pena ni gloria.  Al Pacino, Kurt Russell, Bruce Dern (sustituyendo al fallecido Burt Reynolds) o Emile Hirsch realizan poco menos que cameos sin trascendencia ni relevancia, mientras que las apariciones de Steve McQuen (Damien Lewis), Roman Polanski, esposo de la citada Sharon Tate (Rafal Zawierucha) o el mismísimo Charles Manson (Damon Herriman) saben a poco o casi nada.  Mención especial merece la muy comentada escena en la que un icono imperecedero como Bruce Lee (Mike Moh) recibe un tratamiento que a muchos ha molestado profundamente, convirtiendo al filosófico maestro de las artes marciales en un mamarracho fanfarrón y prepotente;  el mítico creador del Jeet Kune Do no se merecía ser ridiculizado de esa manera.

Por si fuera poco, Tarantino vuelve a utilizar la Historia como pretexto para retorcerla a su antojo, de modo que, al igual que ya sucediera en “Malditos bastardos”, el final dista mucho de ser el que todos esperábamos, razón por la cual el personaje de Sharon Tate al que Margot Robbie se había estado entregando con tanta vehemencia, pierde de un plumazo su esencia y su razón de ser.  Por suerte, la pareja de protagonistas masculinos goza de un tratamiento riquísimo en matices que permiten que tanto Leonardo DiCaprio como Brad Pitt se luzcan como pocas veces se han lucido.  Personalmente, prefiero la interpretación de DiCaprio, pero hay que admitir que el personaje a cargo de Pitt acaba resultando tan encantador como decisivo.

A pesar de las debilidades que acabo de reseñar (y que, increíblemente, parecen ser invisibles o insignificantes para los tarantinófilos más desatados), no puedo negar que muchas cosas de “Erase una vez en Hollywood” sí me resultaron muy satisfactorias:  el diseño de producción y vestuario, la fotografía de Robert Richardson, algunos tics inesperados de planificación y montaje (no lo puedo evitar, me gusta que incluso los creadores más reconocidos se esfuercen por innovar, por provocar) y, sobre todo, el formidable dúo protagonista han logrado que, pasadas las horas, le película me haya dejado un regusto no del todo desagradable.  Por ello, y aun insistiendo en que se trata de una de las películas menos logradas y más desangeladas (y ésto, tratándose de un film ambientado en Los Angeles, es especialmente lamentable) del señor Tarantino, tengo que ser honesto conmigo mismo y otorgarle una puntuación que considero muy, pero que muy generosa.

Luis Campoy

Lo mejor:  los dos protagonistas masculinos, la fotografía y la ambientación
Lo peor:  aun tratándose de un film del gran Quentin Tarantino, el guión no es nada brillante y los diálogos carecen de su genialidad habitual
El cruce:  El juego de Hollywood” + “JFK” + “Malditos bastardos
Calificación:  7 (sobre 10)

jueves, 25 de julio de 2019

PILDORAS DE CINE (Julio 2019)

La vida sigue…  Después de la tempestad, viene la calma, y después del  dolor agudo, quizás como paliativo, vienen las…  ¡¡PÍLDORAS DE CINE!!


EL REY LEON
Un cuarto de siglo después del estreno en cine de la versión original de dibujos animados, y cuando el famosísimo musical que se derivó de su banda sonora aún continúa en cartel, “El Rey León” regresa a las pantallas, sólo que más grande y más realista.  El actor y director Jon Favreu (conocido por su papel de “Happy” Hogan en las películas de Marvel), que hace 3 años se apuntó un gran éxito de crítica y público con su versión “en imagen real” (lo pongo entre comillas porque los animales no dejaban de ser, todos, criaturas digitales generadas por ordenador) de “El libro de la selva”, ha sido el encargado de hacer lo mismo con una de las joyas de la corona de Disney, la sensacional producción de 1994 (reconozco que se trata de mi film de animación favorito de todos los tiempos) que dirigieron ex aequo Rob Minkoff y Roger Allers partiendo de un guión de Linda Woolverton que asumía influencias de obras shakesperaianas como “El Rey Lear”, “MacBeth” o incluso “Hamlet”.  De todos los remakes disneyanos que nos han llegado últimamente, me atrevo a afirmar que esta nueva “El Rey León” es la más fidedigna y, por tanto, la menos innovadora en cuanto a preservación de la esencia primigenia original.  ¿Por qué hacer, entonces, una nueva versión que mantiene prácticamente el mismo libreto, casi los mismos diálogos, parte de las voces de doblaje e incluso la partitura y las canciones?  Pues hombre, en primer lugar hay una inequívoca vocación crematística que apela de lleno a la nostalgia, y, en segundo, es justo reconocer que los potentísimos ordenadores de la Factoría del Ratón Mickey han logrado crear  un espectáculo grandioso ante el que hay que postrarse como hacen los antílopes, las jirafas y demás animales de la sabana en la archifamosa secuencia inicial.  Si no fuese porque las criaturas que estamos (ad)mirando hablan y a veces hasta cantan, podría parecer que nos hallamos ante un documental dela National Geographic, tal es el grado de realismo y verosimilitud que se ha obtenido.  Un poco triste que tal despliegue sólo haya servido para volver a pintar encima de un lienzo que, calcado casi plano a plano, continúa siendo para todo el mundo la versión mejor y definitiva de las desventuras de Simba, Mufasa, Scar, Nala y compañía.
Calificación: 7,5 (sobre 10)

YESTERDAY
El éxito apoteósico de “Bohemian Rhapsody” (y antes de “Mamma Mia!”) ha propiciado la realización de diversas películas en las que artistas de rock o pop (o su catálogo de canciones) se erigen en protagonistas de la función.  Con guión del gran Richard Curtis basándose en un relato escrito por un tal Jack Barth, “Yesterday” nos plantea una genial hipótesis:  ¿qué sucedería si, repentinamente, el mundo se hubiera olvidado de los Beatles y de todos los maravillosos temas que compusieron, y sólo un músico de tres al cuarto los recordara, atribuyéndose los méritos de todas sus composiciones?  Ciertamente, el punto de partido es una maravilla argumental, pero hay que reconocer que el viejo Curtis (guionista de algunas de mis películas favoritas como “Cuatro bodas y un funeral”, “Notting Hill” o “Love Actually”) en esta ocasión ha puesto el piloto automático y ha perpetrado unos diálogos sin chispa al servicio de unos personajes demasiado estereotipados que viven una historia tan previsible como convencional.  Lo mejor de todo, y ello no es mérito de Curtis sino del director Danny Boyle (“Trainspotting”, “Slumdog Millionaire”) es lograr que realmente parezca que canciones como “Yesterday”, “Let It Be” o “Hey Jude” las estamos escuchando por vez primera, junto a una sorprendida Humanidad que hasta ese momento no ha sido consciente de lo que se ha estado perdiendo.  En cuanto al plano actoral, la sobreactuada Kate McKinnon y la muy minusvalorada Lily James ceden todo el protagonismo al debutante Himesh Patel (que no es hermano de Dev Patel, el héroe de “Slumdog Millioonaire”, aunque los personajes de ambos en las dos películas se apellidan igual:  Malik), que, si bien como actor es más bien poco carismático, deslumbra como cantante al ser él mismo quien interpreta los grandes éxitos de Lennon & McCartney.
Calificación:  7 (sobre 10)

ANNABELLE VUELVE A CASA
Cuando leí que la tercera entrega dela muñeca diabólica Annabelle, spin-off de la estupenda “Expediente Warren” (“The Conjuring”) iba a ser una especie de “Noche en el museo” en clave terrorífica, se me hizo la boca agua.  Lamentablemente, el resultado no es ni mucho menos tan redondo como me esperaba, en gran parte debido a que el creador del “warrenverso”, James Wan, ha cedido la batuta al guionista Gary Dauberman.  Ambientada en 1972, la cinta comienza con los protagonistas indiscutibles de la saga, los parapsicólogos Ed (Patrick Wilson) y Lorraine (Vera Farmiga) Warren, quienes depositan a cierta muñeca poseída en su ya famoso “cuarto de artefactos”, con la orden tajante de no penetrar jamás en tal estancia y, sobre todo, de no abrir bajo ningún concepto la urna bendecida en la que yace el endemoniado juguete.  Naturalmente, alguien se saltará a la torera tal recomendación, y el Mal con mayúsculas campará a sus anchas en sus formas más variadas y amedrentadoras.  Por desgracia, lo que podía haber sido una de las cumbres del horror moderno, se queda prácticamente en tierra de nadie cuando Dauberman va desperdiciando sistemáticamente todas y cada una de las posibilidades que su propio guión le ofrece:  va creando un clima agobiante, plantea una escena que parece que va a conseguir que te defeques de miedo en la butaca….  y de repente cambia de escenario y es como si allí no hubiera pasado nada.  ¿Alguien dijo “decepción”…?  ¡Yo sí lo digo!
Calificación:  6,5 (sobre 10)

jueves, 18 de julio de 2019

Cine actualidad/ “SPIDERMAN: LEJOS DE CASA”


Las peripecias europeas de un Hombre Araña adolescente

Lo primero que hizo Marvel cuando recuperó los derechos cinematográficos de su personaje insignia, Spiderman, fue convertirle en discípulo de Tony Stark/Iron Man en la mastodóntica “Capitán América: Civil War” (2016), tomando partido por el bando de Stark en la contienda que dividió en dos facciones ¿irreconciliables? a los poderosos Vengadores.  Es decir, antes de disponer de su primera aventura en solitario, el nuevo Hombre Araña a cargo del joven actor Tom Holland (18 años cuando se enfundó por primera vez las mallas rojas y azules) se reveló como un chaval nervioso y juguetón ansioso por unirse al equipo superheroico de moda.  Cuando por fin se estrenó su debut como protagonista, “Spiderman: Homecoming” (2017), muchos la aplaudieron gozosos por su ligereza y comicidad, mientras que los más veteranos del lugar criticamos la evidente infidelidad con respecto a ciertos rasgos del personaje en su versión comiquera.  No sólo se le desposeía de su principal motivación (la responsabilidad y el sentimiento de culpa tras la muerte de su tío Ben, a quien ni siquiera se mencionaba) y se traicionaba su idiosincrasia eminentemente individualista (el chico se pasaba todo el film suplicando ser admitido como Vengador de pleno derecho), sino que se adulteraba la naturaleza de su aplaudido elenco de secundarios:  su tía May pasaba de ser una venerable anciana de cabellos de plata a una cuarentona escultural y sexy;  su primer amor, Liz Allan, cambiaba de raza alegremente (de blanca a negra), lo mismo que Ned Leeds (de blanco a asiático) o Flash Thompson (de blanco a hindú), por no mencionar a MJ (iniciales, evidentemente, de la pelirroja Mary Jane), quien se convertía en…  olvidadlo, soy incapaz de determinar a qué etnia pertenece la pizpireta Zendaya.  O sea, donde muchos vieron acción, aventura y romance juvenil en la línea de John Hughes, otros vimos irreverencia, falta de respeto y banalización del héroe junto al que habíamos crecido.

Spiderman: Lejos de casa” es la segunda película en la que el nuevo arácnido titular tiene ocasión de erigirse en protagonista absoluto, después de haber aparecido en “Vengadores. Intinity War” (2018) y “Vengadores: Endgame” (2019).  En esta última, y, como ya todos debéis saber, Iron Man moría heroicamente tratando de salvar al Universo, de forma que “Lejos de casa” nos presenta a un Peter Parker/Spiderman algo más maduro pero también necesitado de vincularse a una nueva figura paterna.  Es por ello que se siente identificado con un tal Mysterio, un visitante de otra dimensión a quien conoce cuando está de viaje junto a sus compañeros del Instituto a través de la vieja Europa.

Tengo que admitir que, una vez asumido que este Spiderman no es totalmente fiel al de los comics de mi niñez, la verdad es que “Lejos de casa” me entretuvo y me agradó bastante (bueno, también es verdad que, por circunstancias de mi vida, necesitaba una diversión de estas características).  Hay que reconocer que Tom Holland cumple a la perfección (si obviamos el atiplado y chillón doblaje español) y que las apariciones de Mysterio (enorme Jake Gyllenhaal) están exquisitamente visualizadas y escenificadas.  El alivio cómico que suponen sus peripecias académico/turísticas está bien integrado en la trama y el romance con MJ (a pesar de que no puedo con Zendaya, por más que lo intento) inspira afecto y ternura y resulta por fin creíble.  Además, las localizaciones europeas (Venecia, Praga, Londres…) están exquisitamente recreadas y la mayoría de los efectos visuales (¿por qué algunos movimientos de Spiderman siguen cantando a ordenador barato?) son una maravilla.

*SPOILER*
En cuanto al villano, cualquier lector de los comics o conocedor de la serie televisiva de los 90 sabía perfectamente que Mysterio (¡cuánto me alegra que se haya mantenido su estética camp, con ese traje ajustado, enorme capa y una pecera en la cabeza!) no era sino un manipulador y embaucador, dueño de una tecnología capaz de confundir al más pintado;  las fantásticas alucinaciones que provoca en Spiderman son, con mucho, lo mejor de esta película en la que la guinda en el pastel la aporta el retorno del carismático J.K. Simmons recuperando su papel de J. Jonah Jameson que ya interpretara en la trilogía de Sam Raimi/Tobey Maguire.
*FIN DEL SPOILER*

Punto y final a la llamada “Fase 3” del Universo Cinematográfico de Marvel (MCU), “Spiderman: Lejos de casa” combina el comic superheroico con el espíritu trotamundos de las películas de James Bond (pensé en “Moonraker” o “Casino Royale”), al tiempo que resulta lo suficientemente intrascendente como para que incluso los detractores de las historietas puedan disfrutarla sin pensar en nada más que en la simple evasión.

Luis Campoy

Lo mejor  Tom Holland, las alucinaciones oníricas, los escenarios europeos, el romance entre Peter y MJ
Lo peor:  las licencias que se continúa tomando con respecto al comic original
El cruce:  Spiderman“ + “Moonraker” + “Top Secret!
Calificación:  8 (sobre 10)

jueves, 11 de julio de 2019

Mi madre


Ahora que ella ya no está (sólo físicamente) junto a mí, necesito escribir estas líneas dedicadas a mi madre, a la madre maravillosa e increíble que era hasta que el maldito Alzheimer la fue devastando inexorablemente.  Necesito que, allá donde esté ahora, sepa ella y sepa el mundo lo que pienso, lo que siento por ella, mi querida Mamá, ese ser tan noble y bueno que, si no la conocísteis, sé que os hubiera encantado conocer.

Mi madre vivía en un mundo que ya no existía;  mejor dicho, en un mundo que nunca existió.  En su remoto país imaginario, los suelos parecían empedrados de nubes y todo el mundo era bueno, todas las personas eran dignas de comprensión y de infinitas oportunidades, y el mal y la oscuridad eran poco menos que inconcebibles.  Como quien contraviene los principios elementales de la filosofía, mi madre postulaba la doctrina de la inexistencia:  ella no existía para sí misma, porque siempre había alguien o algo más importante o más digno de atención.  Toda corazón, a pesar de que su salud estaba deteriorada desde hacía muchísimos años, intentaba engañar al dolor y a sí misma y era capaz de salir arrastrándose hasta la calle con tal de no entorpecer mínimamente los planes más intrascendentes de cualquier persona.  Su nivel de autoexigencia era altísimo:  su ropa, siempre sencilla y jamás ostentosa, resplandecía de blancura y nunca veríais en ella una arruga o un descosido;  la cocina, los cuartos de baño…  toda la casa era permanente objeto de su dedicación, y la hora de su descanso no comenzaba hasta que la última de las tareas domésticas había quedado cumplida.  Era habitual verla beber en el vaso más desgastado (de tanto fregarlo), comer en el plato más envejecido y con los cubiertos menos elegantes…  pero jamás se servía el mejor trozo de carne o la fruta más apetecible, pues siempre había otros que, desde su punto de vista, los merecían más.  Cualquier conocido de sus familiares o allegados pasaba a convertirse automáticamente en “su amigo”, y, como tal, era digno de su respeto y sus atenciones e, incluso, de sus oraciones, que formulaba fervorosa y silenciosamente.

Pero no sólo quiero elogiar la bondad de su corazón.  A pesar de su eterno y característico despiste, os sorprendería la vivacidad de su mente:  su memoria, paradójicamente, era capaz de retener los nombres y las caras de los actores de las películas no sólo de “su época”, sino también de la actualidad (mis amigos siempre alucinaban con este detalle), y, cuando la neuralgia del trigémino se lo permitía, mantenía ágiles las neuronas ejerciendo la disciplina del crucigrama diario.  Su receptividad, su “sexto sentido”, aún hoy me sorprenden, pues casi nunca necesitaba contarle algo que ella misma no hubiera sido capaz de presentir.  Mas tampoco era eso lo realmente importante, sino que, fuera cual fuese el problema, sin importar el tono de la inquietud, su apoyo era firme, y su comprensión, total.

Como decía al principio, las personas como mi madre no eran propias de este tiempo, y, probablemente, ni siquiera de este mundo.  Por éso maldigo a ese odioso Alzheimer que la fue descomponiendo hasta desposeerla de su propia esencia, convirtiéndola en esa criatura también entrañable pero que ya no era ni la sombra de lo que antaño llegó a ser. 

Nunca fui capaz de convencer a mi madre de que se merecía dedicarse más tiempo a sí misma, de que prefería verla sentada y no lavando la ropa a mano, o tumbada en vez de fregando los platos que el lavavajillas no había dejado lo bastante relucientes.  Mi madre era una gran mujer, o, mejor dicho, una gran persona, y me siento muy orgulloso de que, ya en su lecho de muerte, las últimas palabras medianamente coherentes que fue capaz de hilvanar fueran “Hijico...  hijico mío”.  La madre es siempre el principio de la existencia, y yo, que existo y soy gracias a ella, estoy muy, muy orgulloso de mi madre.

lunes, 17 de junio de 2019

Clásicos del cine/ “GRUPO SALVAJE”


Lirismo y catarsis

Como he confesado alguna vez, mi infinito amor por el cine me viene desde la cuna, ya que fueron mis padres quienes, película tras película, me lo fueron inculcando.  No obstante, no siempre me permitían compartir con ellos aquella afición, y es que, cuando era bien sabido que los niveles de sexo y violencia sobrepasaban el máximo permitido, el pequeño Luis se quedaba leyendo y dibujando en casa de sus abuelos.  Seguramente aquella tarde del verano de 1974 realicé algunos bonitos dibujos de superhéroes, mientras mis papás se adentraban en el brutal universo de “Grupo salvaje”, cuyo estreno en España se había demorado cinco años a causa de sus impactantes y sangrientos tiroteos…

Estamos en 1913 y el Viejo Oeste americano está muriendo en aras de su inevitable modernización.  Una banda de forajidos que se hacen pasar por soldados intentan perpetrar un atraco en la oficina del ferrocarril de Texas, pero sufren una emboscada por parte de una partida de cazarrecompensas y se ven obligados a refugiarse en tierras mexicanas.  En el país vecino, contactan con las fuerzas del General Mapache, enfrentado a las huestes de Pancho Villa y que les propone un último gran golpe:  robar un tren cargado de armas, a cambio de una irrechazable cantidad de oro...

Grupo salvaje” (“The Wild Bunch”, 1969) tiene su origen en un guión que el después prestigioso Walon Green había redactado en 1965, basándose en un relato del ex-cowboy Roy Sicker.  Para dirigirlo, se eligió al impredecible Sam Peckinpah (1925-1984), quien ya había realizado famosos westerns como “Duelo en la alta sierra” o “Mayor Dundee” e incluso había guionizado “Villa cabalga” para Buzz Kulik.  Lo primero que hizo Peckinpah fue meter mano en el guión de Green, acentuando el tono crepuscular y, por supuesto, las dosis de violencia, las cuales un productor llegó a considerar “infilmables”.  Para encarnar al protagonista Pike Bishop, el primer actor en quien se pensó fue Lee Marvin, quien finalmente se decantó por el musical “La leyenda de la ciudad sin nombre”, por lo que en su lugar se contrató al excelente William Holden (“El crepúsculo de los dioses”, “Sabrina”, “Picnic”, “El puente sobre el río Kwai”). Holden sería el Pike perfecto:  maduro, solemne, violento y digno hasta el final.  Para arroparle, Peckinpah logró reunir un estimulante elenco: Ernest Borgnine (impagable secundario, ganador del Oscar por “Marty”) como Dutch;  Robert Ryan (“Los profesionales”) como el “renegado” Thornton;  el veterano Edmond O’Brien (“El jorobado de Notre Dame”, “La condesa descalza”) como Sykes;  Warren Oates (compinche de Peckinpah en “Duelo en la alta sierra” y “Mayor Dundee”) como Lyle;  Ben Johnson (innumerables los westerns en los que participó) como Tector, hermano del anterior;  y los mexicanos Jaime Sánchez como el impulsivo e idealista Angel y Emilio “Indio” Fernández como el general Mapache.  Otros intérpretes que pueden verse en “Grupo salvaje” son Strother Martin, Bo Hopkins, L.Q. Jones o Alfonso Arau.

A pesar de que la duración de la versión definitiva del film (2 horas y 25 minutos) da a entender que se trata de una película lenta o demasiado larga, lo cierto es que el trabajo del montador Lou Lombardo es sencillamente magistral, dotando de un preciso ritmo interno a las muchas escenas intimistas y, sobre todo, convirtiendo a las secuencias de acción en auténticas joyas mil veces imitadas desde entonces.  La utilización de la cámara lenta y la filmación desde diversos ángulos parece que fueron iniciativas de Lombardo, quien trabajó estrechamente con el director de fotografía Lucien Ballard.  Ballard, artífice de la cinematografía de “Atraco perfecto”, “Duelo en la alta sierra” o “La hora de las pistolas” supo captar a la perfección la idea de Packinpah de retratar el ocaso de toda una forma de entender la vida y el existir, a través de unos personajes en la recta final de su trayectoria.  La vibrante partitura de Jerry Fielding, experto en reutilizar sonoridades militares mezclándolas con temas del folklore popular, contribuye también a crear la peculiar atmósfera que envuelve al relato.

Llena de momentos que han pasado a la historia del Cine (el famosísimo plano de los niños jugando cruelmente con el escorpión y las hormigas, los terribles pero fascinantes tiroteos que abren y cierran el film, el asalto al tren militar, el dramático paseo de Pike, Dutch, Lyle y Tector en pos de su destino…), “Grupo salvaje” es una obra de transición tanto temática como técnicamente, un puente entre lo viejo y lo nuevo (en 1969 supuso una auténtica revolución), que Sam Peckinpah quiso utilizar como exorcismo de la violencia que asolaba un mundo en conflicto.  Todo un clásico del Séptimo Arte que me hubiera gustado poder disfrutar, como todo aquéllo que realmente merece la pena, en una enorme pantalla grande.

Luis Campoy



P.D.:  El año pasado se divulgó la noticia de que nada menos que Mel Gibson, otro de los máximos exponentes de la violencia cinematográfica, estaría preparando una versión “actualizada” de “Grupo salvaje” en la que los protagonistas serían Michael Fassbender, Jamie Foxx y Peter Dinklage.  Ya veremos qué resulta finalmente de todo ello…

lunes, 3 de junio de 2019

Cine actualidad/ “ROCKETMAN”


Elton Superstar

Si empezara este artículo refiriéndome a Reginald Kenneth Dwight, la mayoría de vosotros os preguntaríais de quién diablos estoy hablando.  Si, por el contrario, aludo a él con su nombre artístico, Elton John, probablemente la cosa cambiaría…  o igual no, que el compositor, cantante y pianista londinense no puede decirse que sea el artista más seguido por las pujantes generaciones millennials.  El caso es que, siguiendo la estela iniciada hace no muchos meses por “Bohemian Rhapsody”, otro músico británico tiene película biográfica en el candelero, lo cual podría no constituir un hecho aislado.

La comparación con “Bohemian Rhapsody” no es en absoluto gratuita ni innecesaria, por diferentes razones.  En primer lugar, aunque fue rodada mayoritariamente por el defenestrado Bryan Singer, el despido de éste provocó que los productores contrataran deprisa y corriendo a Dexter Fletcher, quien en aquellos momentos se hallaba sumido en la posproducción de…  Rocketman”.  Por otra parte, ambas cintas tienen como protagonistas a músicos que desarrollaron su carrera en Gran Bretaña, y que en los años setenta del siglo pasado lograron sus mayores cotas de creatividad y de éxito.  Asímismo, tanto Freddie Mercury como Elton John eran virtuosos del piano, optaron por utilizar seudónimos y ambos tuvieron sonoros escarceos con las drogas, el alcohol y la homosexualidad.

Rocketman” es narrada a base de largos flashbacks que un desquiciado Elton John va relatando a un grupo de Alcohólicos Anónimos.  Así es como vamos conociendo al pequeño Reggie, cuyos padres (Bryce Dallas Howard y Steven Mackintosh) se divorciaron siendo él un niño, que poco a poco va encauzando su sensibilidad hacia la música.  Somos testigos de sus primeros pinitos como pianista clásico, sus devaneos con el rock y su amistad con el que sería su inseparable letrista y amigo de por vida, Bernie Taupin (Jamie Bell).  Por otra parte, conocemos la tóxica relación entre Elton y su manager John Reid (visto también en “Bohemian Rhapsody”, allí encarnado por Aidan Gillen y en “Rocketman” por Richard Madden, ambos de la serie “Juego de tronos”), y finalmente cómo de la caída al abismo logra resurgir un hombre nuevo, o al menos un hombre más fuerte y menos dependiente de las adicciones y las malas influencias.

Como ha quedado dicho, las (no tan odiosas) comparaciones con “Bohemian Rhapsody”, la película más taquillera del pasado año en España, son más que evidentes, y máxime cuando el mismo director ha sido el responsable (total o parcial) de ambas.  Las diferencias se deben a que “Rocketman” no se limita a utilizar las canciones a modo de escenificaciones de su concepción o grabación, sino que las emplea para construir set-pieces oníricas o subjetivas en las que el protagonista, sus padres o sus amigos dan su punto de vista sobre los sucesos narrados, mientras se suceden atrevidas coreografías que en más de un momento me recordaron a la maravillosa “All That Jazz” (“Empieza el espectáculo”) del genial Bob Fosse.  También hay que admitir que “Rocketman” es más explícita que “Bohemian Rhapsody” en cuanto a mostrar a las claras sexo entre hombres y la drogadicción del protagonista, razón por la cual ha sido censurada en países como la putiniana Rusia.

Pero lo que más diferencia a “Rocketman” de “Bohemian Rhapsody” es que en ésta el actor protagonista, Taron Egerton, sí canta él mismo todas y cada una de las canciones, y muy bien por cierto.  El rebelde Eggsy de “Kingsman” sorprende muy agradablemente en una caracterización casi perfecta que, lógicamente, se apoya en un excepcional trabajo de maquillaje y vestuario, haciendo casi imposible distinguir a Egerton del verdadero Elton.  Desde aquí pido una nominación al Oscar para el joven actor (29 años), que en nada tiene que envidiar al multipremiado Rami Malek de “Bohemian Rhapsody”.

Luis Campoy

Lo mejor:  Taron Egerton (actor y cantante, un Elton John casi perfecto)
Lo peor:  Elton John y su música parece que no tienen tanto tirón entre los aficionados españoles
El cruce:  Bohemian Rhapsody” + “Tommy” + “All That Jazz
Calificación:  9 (sobre 10)

miércoles, 29 de mayo de 2019

Amigos de cine/ JESÚS MARTÍNEZ "Nota"


Inauguramos hoy una nueva sección aquí en Historias e Historietas, en la que espero poder ir manteniendo entrevistas con diferentes personajes de un entorno más o menos próximo que desempeñan alguna actividad vinculada, de una u otra manera, con el Séptimo Arte.  El encargado de romper el hielo es el cortometrajista lorquino Jesús Martínez “Nota”, a quien, todo hay que decirlo, me ha costado sangre, sudor y lágrimas poder tener aquí delante.

—Buenas tardes, Jesús.  Parecía casi imposible, pero por fin te tenemos aquí.
—Buenas tardes, Luis.  Sí todo llega…  Un saludo a todos tus lectores, y a ti gracias por tu paciencia e interés.

—Para empezar, háblame un poco de tus trabajos previos a tu galardonado cortometraje “The Airplane
—Pues justo antes de “The Airplane” (2016) hicimos “Todo es falso, salvo alguna cosa” (2015), una comedia satírica, en clave de falso documental, sobre el bipartidismo que imperaba en aquella época.  Este corto nos dio muchas alegrías, ya que fue el primero que pasaba de las 50 selecciones y alcanzamos con él 8 premios y lo que por entonces fue el mayor premio, entrar en sección oficial en el Festival de Cine de Málaga.  Antes rodamos varios trabajos, a destacar el cortometraje “Manos libres” (2012), protagonizado por Enrique Martínez (“Los Hombres de Paco”, “800 balas”….), y con el que conseguíamos más de 30 selecciones en diversos festivales.

—¿Qué significó “The Airplane” para ti, en todos los sentidos?
—Pues fue nuestro primer corto de animación, un punto de inflexión.  De repente se abrió un abanico más amplio de posibilidades:  aquellas producciones imposibles para ficción, podrían hacerse en animación. Hay que recordar que “The Airplane” nace del pincel de Iván Molina, de una de sus muchas viñetas realizadas para periódicos locales o por mera crítica social.  Significó la confirmación de que trabajar con Iván era una de las mejores cosas que me podían pasar.

—Háblanos sobre tu multipremiada “Eusebio 80“:  cómo surge la idea, cómo fue su desarrollo, quiénes participaron en ella...
La idea de “Eusebio 80” (2017) surge también de una viñeta de Iván Molina.  Revisando su material, vi un cartel que ilustraba a un personaje mitad superhéroe, mitad currante, una maravilla.  Ese fue el germen de lo que se convirtió en una película de 9 minutos, que tantas alegrías nos ha dado.  Desarrollamos un trabajo de 7 meses, donde Iván llegó a dibujar más de 100 ilustraciones en tinta china, Paco Hernández las animaba en after effects e íbamos corrigiendo cositas de dirección, de perspectiva, de enfoque, grabando voces que luego pasaban por las manos de Adolfo Clemente (sonido y BSO), y yo finalmente montaba todos los trocitos.  Un trabajo muy laborioso y lento, pero que fue muy bonito.

—“Eusebio” ha tenido una carrera realmente brillante
—Es un trabajo que ya podemos decir que nos ha dado más de 100 selecciones nacionales e internacionales (más de 20 países) y más de 10 premios, incluido Mejor Corto de Animación en el Festival de Cine de Málaga, otorgado por el público, una pasada.  Las seis selecciones en festivales calificadores para los premios Goya (Festival de cine de Zaragoza, Festival de Cortos de Soria, 27 PNR-Festival de Cine de Madrid, Festival Internacional de Cine de Lanzarote, Octubre en Corto) nos permite tener la posibilidad de enviar el trabajo y ser valorado por los miembros de la academia.  En total, hemos tenido la suerte de poder participar en 100 festivales, a saber:  53 en España, 15 en Italia, 4 en Colombia, Francia y Argentina, 2 en Turquía y Brasil y en 1 en Rumanía, Canadá, EE. UU., Alemania, Grecia, Irlanda, Estonia, Luxemburgo, Macedonia, Kósovo, Polonia, Serbia, Panamá y Bangladesh.

—Y después de “Eusebio” vino “Yayoflautas”
—Sí, “Yayoflautas” (2018) es nuestro último corto, rodado en el Salón del Pensionista del barrio de La Viña, el pasado mes de abril de 2018.  La historia está basada, desgraciadamente, en hechos reales, acaecidos en el mismo sitio donde se rodó. Los ancianos se juntaban para jugar al bingo a 10 céntimos el cartón, hasta que se personaron desde hacienda en el local y suspendieron su actividad...por juego ilegal.  Hemos convertido ese esperpento de realidad en algo más grotesco aún, un musical donde los abuelos y hacienda “discuten” sobre quién lleva razón sobre los hechos y que tiene incluso efectos especiales.  El corto ha conseguido hasta la fecha 13 selecciones y el premio a mejor corto de ficción otorgado por el público en el pasado XXXI Festival de Cine de Mula, pero sobre todo nos regaló la simpatía de un grupo humano de mayores y de un equipo técnico genial. No hay que olvidar que todos estos trabajos se hacen para disfrutar y para aprender y mejorar.

—¿En qué nuevos proyectos estás trabajando?
—Pues estoy en plena preproducción de nuestro nuevo trabajo que rodaremos en agosto, si todo sale bien.  Es un corto cuyo guionista es Santiago Pajares (“40 aniversario”, “El Atraco”, “Café no es Café”....), uno de los mejores guionistas de cortometrajes de España con una larga lista de premios a sus espaldas.  Estoy muy ilusionado con el proyecto, tenemos ya al elenco y os puedo decir que es una maravilla (aún no puedo adelantar nombres). Ahora toca cerrar todos los frentes (localización, equipo, storyboard) para que este guión tenga la mejor salida posible.  Deseando rodarlo e invitaros al estreno, que espero que sea de nuevo en Los Cines Almenara de Lorca. Un saludo a todos y gracias a Luis por su paciencia y su interés.
—Pues nada, Jesús, mucha suerte en este nuevo proyecto y que al menos tenga tanto éxito como con “Eusebio”
—Gracias a ti, y que la próxima vez nos cueste menos tiempo poder coincidir.

lunes, 27 de mayo de 2019

Píldoras de Cine (Mayo 2019)


Después de unas semanas un poco apartado de la escritura a causa de un problema familiar (no iba a ser el único Luis Enrique), reanudamos esta preciosa actividad cinéfila con una nueva tanda de esas píldoras que tantas enfermedades curan, o por lo menos endulzan.

ALADDIN
Disney sigue empeñada en “remakear” su extenso catálogo de films de animación para convertirlos en películas de imagen real.  En el mismo año en que también se anuncia la nueva “El Rey León”, acaba de estrenarse la actualización de “Aladdin” (parece que fue ayer cuando, hace ya 27 años, los exhibidores españoles se vieron obligados a mantener el título original en inglés ya que la traducción lógica, “Aladino”, había sido registrada para una comedia de Bud Spencer), que ha realizado el antaño prometedor Guy Ritchie, conocido entre otras cosas por ser uno de los exmaridos de Madonna.  En sus buenos tiempos, Ritchie se caracterizaba por contar historias de criminales y delincuentes de poca monta, y quizás haya sido ésa la razón por la que se le ha fichado para hacerse cargo de esta aventura en la que el héroe no deja de ser un ladronzuelo callejero destinado a pulir el diamante en bruto que esconde en su interior.  Totalmente deudora, de principio a fin, del clásico de John Musker y Ron Clements, “Aladdin” resulta menos mala de lo que hacían presagiar sus trailers, si bien causa un poco de extrañeza la pobreza visual de algunos decorados, que no dejan de parecer (¿acaso conscientemente?) un tapiz pintado a la antigua usanza.  También se considera una especie de hándicap insalvable la interpretación de Robin Williams en la cinta de 1993, si bien aquí en España lo que disfrutamos fue la también estupenda labor de Josema Yuste, de modo que el trabajo de Will Smith tampoco me parece desdeñable.  La música y las canciones son casi las mismas (apenas hay algún añadido y no pocas diferencias en los arreglos instrumentales), y a los indudables aciertos de casting en la elección de los protagonistas Mena Massoud y Naomi Scott hay que reprochar la poca “chicha”·del descafeínado Jafar al que da vida Marwan Kenzari, asimismo perjudicado por un doblaje muy light.  Por supuesto que nos hallamos ante una nueva versión innecesaria y notablemente inferior a la original, pero también es cierto que os es simpática y a ratos entretenida.  Tampoco hay que pedirle mucho más al Genio, que sólo nos da tres deseos…
Calificación:  6,5 (sobre 10)

EL HIJO
A pesar de las críticas de, entre otros, Steven Spielberg, a la aparentemente imparable proliferación de películas de super héroes, por si faltaba poco con las adaptaciones más o menos canónicas, ahora llega una reinterpretación del mito de Superman… sólo que narrado en clave de terror.  El protagonista es extraterrestre y ha sido adoptado por un matrimonio incapaz de tener hijos propios, pero el día en que sus poderes se manifiestan, decide encauzarlos hacia el mal y la destrucción.  Bajo producción de James Gunn (“Guardianes de la Galaxia”), “El hijo” (ridícula traducción de “Brightburn”, “Quemadura brillante”) ha sido dirigida por David Yarovesky, y tiene al frente del reparto a Elizabeth Banks y al joven y prometedor Jackson A. Dunn.  Narrada con bastante precisión y sin caer demasiado en los previsibles excesos granguiñolescos, quién sabe si “El hijo” podría dar pie a una secuela incluso más interesante.  Tiempo al tiempo.
Calificación:  7,5 (sobre 10)

HELLBOY
El diablo rojo creado en los comics por Mike Mignola vuelve al cine, esta vez sin Guillermo del Toro en la dirección ni Ron Perlman como intérprete.  Con una apuesta decidida por la incorrección y la violencia (suavizadas en la versión internacional), la nueva aventura del Chico del Infierno le trae a la vieja Inglaterra pre-Brexit, pasando por una introducción vampírica en Nuevo Mexico.  Nuevamente los (pésimos) trailers no hacen justicia a una película que, sin ser nada del otro mundo, contiene unas aceptables dosis de humor y de violencia (recortada) y presenta una descripción de personajes y escenarios bastante afortunada.  David Harbour (el sheriff de (“Stranger Things”) se pinta la cara de rojo y le acompañan el gran Ian McShane y la bella villana Milla Jovovich.
Calificación:  7 (sobre 10)

lunes, 29 de abril de 2019

Cine actualidad/ “VENGADORES: ENDGAME”


¡Vengadores, reuníos!

Como he confesado alguna vez, además de contumaz devoto del Séptimo Arte (el Cine), he sido (ahora, un poquito menos) irredento amante del Noveno (el Cómic), y, de entre mis tebeos favoritos desde siempre, dos han destacado por encima de todos:  Spiderman y Los Vengadores.  Mis años de friki marvelita y la voluminosa colección que todavía conservo me permiten, creo, hablar con cierto conocimiento de causa, de modo que, sin más dilación, paso a compartir con vosotros mis opiniones acerca de la esperadísima “Vengadores: Endgame”.

Hace un año, fuimos testigos de cómo el quasi todopoderoso villano Thanos chasqueaba los dedos y convertía en cenizas a la mitad de la población del universo, lo cual incluía, cómo no, a los superhéroes.  Los personajes supervivientes, como era de esperar, no podrían permanecer con los brazos cruzados y tratarán por todos los medios de revertir la situación, echando mano de todo su ingenio y sus capacidades combinadas.  A grandes males, grandes remedios…  y grandes sacrificios.

Creo que lo que más me molesta, un día después de haber visto en el cine “Vengadores: Endgame” es no poder asumir las apreciaciones que estoy leyendo acerca de la película por parte de los fans más entregados.  Aseveraciones como que se trata de “la mejor película de la Historia”, un “hito cinematográfico sin precedentes” o “un legado para las siguientes generaciones” me hacen sonreir con cierta melancolía.  Tal vez si no hubiese visto nunca “El acorazado Potemkin”, “Ciudadano Kane”, “Qué bello es vivir”, “Casablanca”. “Eva al desnudo”, “Con faldas y a lo loco”, “Sed de mal”, “Vertigo”, “Centauros del desierto”, “Ben-Hur”, “Amarcord”, “2001, Odisea del espacio”, “El Padrino”, “Tiburón”, “Apocalypse Now”, “La Lista de Schindler” o “Cadena perpetua” (por citar tan sólo algunos gloriosos ejemplos), sería tan optimista como estos encantadores soñadores que me inspiran tanta simpatía.  Pero, por desgracia, tengo que reconocer que lo que vi ayer, aun siendo un gran espectáculo, dista un poco de alcanzar los méritos que sus más fanáticos defensores le atribuyen.

Es bien sabido que la todopoderosa Disney compró Marvel Comics y su increíble catálogo de héroes y villanos con el fin de rentabilizarlos exhaustivamente mediante películas, series y todo tipo de merchandising.  En cuanto al apartado cinematográfico, se cumplen ahora 11 años desde que “Iron Man” (Jon Favreau, 2008) inició lo que se conoce como el MCU (Marvel Cinematic Universe), lo cual se ha traducido en la producción de nada menos que 22 películas, incluyendo esta “Endgame”, la cual sirve de desenlace a la autodenominada “Fase 3”.  Lo de “desenlace” se suponía que en este caso iba totalmente en serio, de modo que todos sospechábamos que alguno o varios de los héroes fundacionales del citado MCU (Iron Man, Capitán America, Thor, Hulk, Viuda Negra, Ojo de Halcón…) iban a pasar a mejor vida, presumiblemente de manera (super) heroica.  Para corroborar esta suposición, en el plan ya anunciado para la Fase 4 no se incluye ninguna nueva producción protagonizada por dichos personajes (con una excepción) y, por si fuera poco, los actores que los interpretan han finalizado (y no han renovado) sus contratos con la productora.  Así pues, lo de “Endgame” (“Final del juego”) no es en absoluto una coña, y todos los aficionados éramos conscientes de ello.

AVISO LEGAL:  Con el fin de poder transmitiros íntegramente mis sensaciones, os informo de que, a partir de este momento y hasta nueva orden, el texto que viene contiene numerosos SPOILERS.  Estáis advertidos. 
Tal como comenté hace un año con motivo del estreno de “Vengadores: Infinity War”, gran parte del impacto emocional que causaba presenciar las “muertes” de Spiderman, Pantera Negra, Star-Lord, Doctor Extraño o Nick Furia quedaba disminuido ante la certeza de que todos esos personajes iban a volver a aparecer en otros proyectos de Marvel.  Sin embargo, la evidencia de que los Vengadores fundacionales terminaban un ciclo en “Endgame” me hizo visionar la película con el corazón encogido y un nudo en la garganta.  Personalmente, no comprendo por qué en las películas los personajes (buenos y malos) suelen morir con tanta facilidad, cuando en los comics perviven durante décadas y décadas, pero finalmente había logrado aceptar que, de alguna manera sumamente gloriosa, el Capitán América (mi favorito), Iron Man, Hulk y Thor iban a desaparecer para nunca retornar.  Sin embargo, quien muere primero es…  ¡la Viuda Negra!, a pesar de que su película en solitario ya está confirmada para el año 2020 (ahora parece evidente que dicha película será una precuela, pero ¿quién sabe…?).  No obstante, cuando Iron Man/Tony Stark (Robert Downey, Jr.) se enfunda el Guantelete del Infinito, a sabiendas de lo que ello le va a ocasionar, la tristeza se apodera de las plateas y a mi, particularmente, me fue imposible retener unas lagrimillas.  La muerte y funeral de Stark son, posiblemente, los instantes más conmovedores de todo el MCU, pero, aun así, todavía quedaba por conocer el destino final del resto de los Vengadores primigenios.  Bruce Banner mantiene su nuevo status de “Profesor Hulk”, Thor se enrola en los Guardianes de la Galaxia, Ojo de Halcón retorna a su idílica vida campestre con su idílica familia…  pero ¿qué le sucede al Capitán America?  Pues, al menos, aunque es cierto que se lo quitan de en medio a nivel de acción, Steve Rogers sobrevive al final de “Endgame”…  aunque transformado en un viejecito inofensivo que optó por retroceder en el tiempo y vivir su plenitud junto a su amada Peggy Carter.  Lo digo una vez más, me parece una equivocación tener que prescindir de estos queridos y admirados personajes, pero, dentro de lo malo, la resolución a la subtrama del Capitán me parece un inesperado acierto.

Por lo demás, sentimentalismos aparte, “Vengadores: Endgame” se permite el lujo de alargar su duración hasta las tres horas y un minuto, supuestamente porque era necesario despedir a los protagonistas con el bombo y platillo que se merecían.  De este modo, tenemos una primera hora repleta de escenas alargadas conscientemente para dar lugar a que los actores se luzcan;  una segunda hora en la que se produce un viaje en el tiempo que recuerda poderosamente al que se narraba en “Regreso al Futuro II”;  y un tramo final en el que, esta vez sí, se desarrolla una de esas peleas que, desde ya, pasarán a los anales delo mejorcito del cine de acción.  La parte más “intimista” (la inicial) desde luego que debió ser recortada para darle mayor agilidad al ritmo del film;  el “retorno al pasado” es una absoluta delicia, una maravilla incontestable…  que sólo será valorada en su plenitud por los más frikis del MCU;  y, en lo tocante al combate decisivo que ocupa el último tercio del film, de verdad que me faltan adjetivos para calificar lo que este maduro amante de los comics fue capaz de sentir mientras sus héroes de la niñez adquirían vida propia y eran incluso capaces de superar las increíbles hazañas que llevaban a cabo en las viñetas.  El sublime momentazo en el que el Capitán América es capaz de sostener en su mano el martillo Mjolnir de Thor o cuando, pocos minutos después, los héroes “fallecidos” surgen uno a uno de la bruma y se alinean en contra de Thanos y sus huestes, lograron mi aplauso espontáneo, en un gesto que muchos más espectadores del cine se permitieron también.
FIN DEL SPOILER

Pocas veces se ha podido reunir un reparto tan gigantesco y tan deslumbrante como el de “Vengadores: Endgame”.  Además de a los ya “habituales” Robert Downey Jr., Chris Evans, Mark Ruffalo, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Jeremy Renner, Samuel L. Jackson, Tom Holland, Benedict Cumberbatch, Tom Hiddleston, Paul Rudd, Evangeline Lilly, Josh Brolin (Thanos), Brie Larson, Gwyneth Paltrow, Chadwick Boseman, Tessa Thompson, Chris Pratt, Zoe Saldaña, Karen Gillan, Dave Bautista, Bradey Cooper (voz del mapache Rocket) o Vin Diesel (voz del árbol Groot), se ha conseguido recuperar (aunque tan sólo sea por unos breves segundos) a Robert Redford, Michael Douglas, Michelle Pfeiffer, William Hurt, Tilda Swinton, Natalie Portman, Hugo Weaving, Rene Russo, Angela Bassett, Hayley Atwell y John Slattery.  ¡Lo nunca visto!  Los hermanos Anthony y Joseph Russo (los directores) han demostrado ser unos maestros de la motivación y el reclutamiento y, a partir de ahora, ¡los artífices de una de las películas que un servidor ha podido disfrutar más en toda su vida! (eso sí, sin pretender que la glosa de sus méritos opaque el brillo del panteón intocable de lo mejorcito de la Historia del Cine).  Para aseverar que “Endgame” es una gozada sin paliativos, no hace falta exagerar en los epítetos ni realizar comparaciones improcedentes, que está el personal muy susceptible estos días…

Luis Campoy

Lo mejor:  la batalla final (uno de los momentos cumbre del cine de acción de toda la Historia);  el espectacular y alucinante reparto
Lo peor:  la excesiva duración, fácilmente recortable;  el doblaje de Spiderman, insoportable
El cruce:Vengadores: Infinity War” + “Regreso al Futuro II” + todo el MCU al completo
Calificación:  9 (sobre 10)