jueves, 14 de noviembre de 2019

Cine actualidad/ “TERMINATOR: DESTINO OSCURO”


Volver a terminar

Desde que Arnold Schwarzenegger pronunció por primera vez su icónica frase “I’ll be Back” (“Volveré”) en “Terminator” (1984) han pasado nada menos que 35 años, pero aquella promesa de regresar se ha convertido en una letanía ineludible que ya ha provocado 5 secuelas.  En todas ellas, el ya septuagenario actor austríaco ha aparecido de una u otra manera, como protagonista o como secundario o simplemente realizando un cameo inesperado, haciendo de malo malísimo o de bueno heroico y entrañable.  Muy posiblemente, la consabida (re)aparición del intérprete de “Conan” podría considerarse como lo mejor o lo peor de esta añeja franquicia, como el punto álgido de cada capítulo o como el lastre insoslayable que los condena a la mediocridad.

Terminator: Destino oscuro”, al frente de cuya producción vuelve a estar el creador de la saga, James Cameron, supone una continuación directa de la última entrega que Cameron dirigió, “Terminator 2: El juicio final” (1991).  Es decir, los sucesos acaecidos en “Terminator 3: La rebelión de las máquinas”, “Terminator Salvation” y “Terminator: Genysis” NUNCA existieron, y, para empezar, Sarah Connor (Linda Hamilton) está vivita y coleando, eso sí, con unas cuantas arrugas de más.  Esta vez Sarah tiene que ayudar a un cyborg femenino, Grace (Mackenzie Davis) a proteger a una joven, Daniella Ramos (Natalia Reyes) de quien, sin ella misma saberlo aún, dependerá el futuro de la Humanidad, la cual está siendo amenazada por un malvado y aparentemente indestructible robot también futurista (Gabriel Luna).  Para echarles una mano, surgirá de la nada cierto antiguo terminator con complejo de culpabilidad (Arnold Schwarzenegger)…

Como puede verse, el argumento descrito es tan (inmensamente) original que podría decirse que “Terminator: Destino oscuro”, más que una enésima secuela, no es sino un nuevo remake del film de 1984, algo que, por otra parte, viene siendo consustancial a la totalidad de la saga (con la excepción, quizás, de “Terminator Salvation”).  De verdad, ¿hacía falta que James Cameron volviera, con tanto bombo y platillo, para volver a producir y co-escribir lo mismo que hace más de tres décadas?  La sensación de deja-vu hace acto de presencia desde el inicio, aunque el (evidente) avance los efectos especiales consigue que algunos momentos se resuelvan de forma ciertamente impactante (esa violencia explícita que tanto gusta al realizador Tim Miller, quien ya la había ensayado en “Deadpool”).  De todas formas, a poco que nos paremos a analizarlo, todo lo que “Terminator: Destino oscuro” ofrece es un continuo e inacabable refrito de situaciones ya vistas y conocidas, jalonado con puntuales añadidos que, si llaman la atención, no es por su desarrollo argumental sino por su indiscutible poderío tecnológico.

Me pasa que, mientras veía “Terminator: Destino oscuro” en aquella sala de cine aceptablemente concurrida, la disfruté sin paliativos y gocé tanto sus escenas de acción como, sobre todo, la sabiduría de Hamilton y la campechanía de Schwarzenegger...  pero, al ir transcurriendo las horas y posteriormente los días, el recuerdo que se me ha posado en el cerebro es el de un espectáculo que se difumina en sí mismo y que es casi imposible de diferenciar de todos los espectáculos similares que le precedieron.  Para finalizar, quiero reseñar como aspectos positivos, además de la reaparición de los maduros intérpretes de la primera parte, la selección de la joven Mackenzie Davis (32 años) como cyborg bueno, pero también deplorar la designación de la sosísima Natalia Reyes para encarnar a la salvadora del género humano;  en más de una ocasión, dan ganas de que el terminator la liquide con tal de quitarnos de en medio a tan poco carismática heroína.
Luis Campoy

Lo mejor:  Arnold Schwarzenegger y Lindas Hamilton, los efectos visuales
Lo peor:  Natalia Reyes, el constante y mimético deja-vu, el absurdo "destino oscuro" de cierto destacadísimo personaje
El cruce:  “Terminator” + “Terminator 2” + “Terminator 3” + “Terminator 4” +  “Terminator 5”
Calificación:  6 (sobre 10)

lunes, 11 de noviembre de 2019

Cine actualidad/ “EL CUENTO DE LAS COMADREJAS”



Cineastas porteños

Si Norma Desmond fuese argentina, se llamaría…  Mara Ordaz.

Como sombras de un pasado glorioso recluídas en un inmenso caserón campestre, una gran dama del cine argentino, su marido actor ahora paralítico, el guionista que escribió sus mejores papeles y el director que realizó sus películas más gloriosas viven juntos en una especie de microcosmos opresivo, que un día se rompe al producirse la llegada de dos extraños dispuestos a que todo cambie para siempre.

La nueva película de Juan José Campanella, el realizador de “El hijo de la novia” y “El secreto de sus ojos” me deslumbró desde que el otro día vi el tráiler.  La composición de los planos, los decorados, las voces de esos veteranos (y extraordinarios) actores argentinos…  Una vez en el cine, las 2 horas de metraje no han hecho sino entusiasmarme aún más.

El cuento de las comadrejas” tiene todo lo que disfruto en una buena película:  excelentes interpretaciones, fabulosa e imaginativa dirección, sólido guión, acerados diálogos, gran diseño de producción, adecuada banda sonora, gran tratamiento del color, modélica edición de sonido y un humor negro  cautivador.  La insigne Graciela Borges hace poco menos que de sí misma y, evidentemente, lo borda;  Oscar Martínez (que ya me dejó boquiabierto en “El ciudadano ilustre”) está inconmensurable, y Luis Brandoni y Marcos Mundstock tampoco desentonan.  En cuanto a los más jóvenes, decir que Nicolás Francella. como su apellido indica, es hijo del prestigioso Guillermo Francella (”Corazón de león”, “El clan”) y hasta la aportación española (Clara Lago, “Ocho apellidos vascos”) resulta acertada y convicente.

Poblada por personajes que o bien sienten nostalgia de su pasado triunfal o bien pretenden triunfar en el futuro sin importar a quién tengan que destruir para ello, “El cuento de las comadrejas” es un remake del film también argentino “Los muchachos de antes no usaban arsénico” (1976) y, desde mi humilde punto de vista, constituye un entretenimiento tan disfrutable como admirable que merece muy mucho la pena.

Luis Campoy

Lo mejor:  la dirección, los actores, los diálogos, el diseño de producción, el colorido…
Lo peor:  no se me ocurre nada objetivamente malo
El cruce:  El crepúsculo de los dioses” + “La huella” + “El golpe
Calificación:  8,5 (sobre 10)

jueves, 7 de noviembre de 2019

Cine actualidad/ “DOCTOR SUEÑO”


Hotel, dulce hotel

El mismo día de su publicación en España, compré ansioso el nuevo libro de Stephen King, “Doctor Sueño” (2013), que leí entre clínicas y hospitales durante un período particularmente delicado de la salud quebradiza de mi madre.  El día antes, domingo, había leído una reseña en El País Semanal en la que se anunciaba que “Doctor Sueño” era el apodo que recibía un Danny Torrance ya adulto, por lo que la novela no era sino una muy tardía continuación de “El resplandor”…

Dan Torrance, alias “Doc”, el niño del triciclo y el flequillo, ya es un cuarentón que, sin embargo, continúa viviendo traumatizado por los sucesos acaecidos más de tres décadas atrás.  También sigue sufriendo el misterioso don al que llama “el resplandor”, que, entre otras habilidades, le permite conocer sucesos pasados o futuros y comunicarse sin tener que despegar los labios.  Es de esta manera como traba conocimiento con Abra Stone, una niña que también “resplandece” y que revela a Dan la existencia de una misteriosa comuna de vampiros espirituales que, en lugar de sangre, se alimentan del “vapor” que obtienen al torturar y asesinar a niños con poderes precognitivos.  Sólo Dan y Abra podrán hacerles frente, y sólo en un determinado lugar en el que habitan poderosas fuerzas sobrenaturales:  cierto hotel situado en las montañas de Colorado…

Nada más publicarse “Doctor Sueño”, los ejecutivos de Warner Bros. se hicieron con los derechos cinematográficos de la novela, con la intención de poner en marcha una muy demorada secuela de la maravillosa “El resplandor” (1980) de Stanley Kubrick, una de las películas de terror más famosas, admiradas e influyentes de toda la Historia.  Lo primero que tuvieron que hacer fue convencer a Stephen King, que, como todo el mundo sabe, acabó airadamente enfrentado con Kubrick a causa de los cambios que introdujo con respecto al argumento original.  Por suerte, el director asignado al proyecto, Mike Flanagan (n. 1978) enseguida supo ganarse a King prometiéndole que la película no sólo sería razonablemente fiel al libro sino que recuperaría parte de los elementos que el director de “2001, odisea del espacio” profanó al llevar a cabo su personalísima adaptación.

Después de leer el libro en 2013 y revisar “El resplandor”, el film, hace apenas un par de semanas, vi por fin “Doctor Sueño” el sábado por la noche, advertido por un par de amigos que se me habían adelantado y a quienes se les había atragantado bastante.  Con todo, he de decir que a mi me encantó la película casi de principio a fin, con algunos puntuales titubeos compensados (y recompensados) con algunas secuencias excelentemente resueltas.  Doctor Sueño” se permite la licencia de re-rodar las escenas más mitificadas de “El resplandor”, haciendo gala de un trabajazo épico en materia de diseño de producción, decoración, vestuario, iluminación, fotografía y sonido;  sólo por eso se merece, de entrada, todo mi respeto y admiración.  Pero hay más.  Bastante más.

En el inicio de “Doctor Sueño”, el espectador tiene la oportunidad de conocer cómo se está desarrollando la existencia adulta de Dan Torrance (correcto Ewan McGregor), heredero del frenesí alcohólico que arrasó a su padre Jack, pues sólo el alcohol consigue aletargar los poderes que tanto le incomodan y traumatizan.  Pero también conocemos a los terríficos integrantes del “Nudo verdadero”, los bebedores de almas cuya iconografía nos remite inevitablemente a la de la celebrada “Los viajeros de la noche” de Kathryn Bigelow.  Es en esta pintoresca secta donde se integran dos personajes que fascinan y aterrorizan a partes iguales:  su bellísima pero letal lideresa, Rose la Chistera (descomunalmente bella Rebecca Ferguson) y su segundo de a bordo y ocasional amante, Papá Cuervo (el televisivo Zahn McClarnon).  La verdad es que, comenzando por una presentación que homenajea al “Frankenstein” de James Whale, todas las escenas del Nudo están filmadas con una mezcla de horror y lirismo que remite al romanticismo oscuro del siglo XIX.  Completando el elenco de personajes protagónicos, la niña Kyliegh Curran (13 años) interpreta a Abra con bastante soltura y desparpajo.

A pesar de alguna que otra arriesgada (y fallida) decisión (traer de vuelta a ciertos personajes pero interpretados por actores que no siempre dan el pego), “Doctor Sueño” sabe reflejar muy bien el infierno al que es capaz de descender un persona aterrorizada por un don que nunca pidió tener, pero también el modo en que otros poseedores de ese mis poder pretenden utilizarlo para sus propios y maléficos fines.  Drama, tragedia y no pocas dosis de terror, que han conseguido que el escritor más adaptado de la actualidad se reconcilie por fin con el Séptimo Arte.

Luis Campoy

Lo mejor:  la recuperación de los momentos más icónicos de “El resplandor
Lo peor:  el intento fallido de recuperar los personajes más icónicos de “El resplandor
El cruce:  El resplandor” + “Los viajeros de la noche” + “La furia
Calificación:  8 (sobre 10)

lunes, 28 de octubre de 2019

Cineastas lorquinos/ "UNA VIDA ASEGURADA"


En los últimos tiempos, el trabajo de vendedor a domicilio se ha devaluado considerablemente.  Casi todo se puede comprar o en persona o por internet, y quienes no pueden desplazarse o no están habituados a las nuevas tecnologías, son muy recelosos a la hora de dejar entrar a sus hogares a completos desconocidas.  Sin embargo, también existen personas que ven el cielo abierto cuando alguien llama a su puerta, y encuentran en el recién llegado al perfecto interlocutor para compartir sus traumas, sus frustraciones o simplemente sus soledades…

Con guión del reputado guionista Santiago Pajares (n. 1979), “Una vida asegurada” es el nuevo cortometraje del incansable realizador lorquino Jesús Martínez “Nota, que en estos días está pendiente de conocer si entra en la terna final de nominados a los premios Goya por su antepenúltimo trabajo, “Eusebio80” (el penúltimo, “Yayoflautas”, todavía está en pleno circuito competitivo).

Con producción del madrileño Jesús Soria (no confundir con el experto en consumo de la Cadena SER), el cortometraje se rodó casi en su totalidad en Lorca durante el pasado verano, con un reparto de lujo integrado por Núria Prims (“Historias del Kronen”, “Hospital Central”), Luisa Gavasa (“El ministerio del tiempo”, “La novia”) y Daniel Albaladejo (“Camera Café”, “Isabel”).  Si bien es Prims quien lleva el peso interpretativo, la composición de Gavasa se me antoja apasionante e inolvidable.

Como empezábamos diciendo, la historia que narra, con ironía y humor negro, “Una vida asegurada” tiene como trasfondo la soledad que embarga a una parte de la sociedad actual, pero hay que precisar que nuestro amigo Jesús no ha estado solo en la culminación de este proyecto.  Cabe destacar la colaboración de Adolfo “Fete” Clemente a cargo del sonido directo y la composición de la banda sonora, Alberto Zamora en la dirección de fotografía, Tania Pérez-Muelas como directora artística y, cómo no, mi querido José Ruiz Montalván “Monty en diversas tareas de producción.

Me encanta poder afirmar que “Una vida asegurada”, más que un cortometraje, es una película corta, en la que una buena historia muy bien dialogada cuenta con una buena dirección y da lugar a tres buenas interpretaciones.  Como tuve ocasión de decirle a él la noche del estreno, creo que esta vez el amigo “Nota” se ha superado a sí mismo…  y eso ya es decir bastante.

viernes, 25 de octubre de 2019

Cine murciano/ "ERASE UNA VEZ"

La La Lorca

Quizás algunos de los lectores más veteranos de este blog recordaréis la serie de artículos que, bajo el título “Mi vida como damnificado”, narraban mis experiencias personales posteriores al terremoto de Lorca, la ciudad en la que vivo.  De aquello han pasado ya 8 años, pero es ahora cuando la historia de superación de la Ciudad del Sol, que tuvo que volver a levantarse tras la tragedia, ha sido por fin llevada a la pantalla.


Con fondos provenientes de la Fundación Integra, “Erase una vez” ha sido escrita y dirigida por el cineasta murciano (archenero, por más señas) Primitivo Pérez, quien ha desarrollado su carrera sobre todo en el terreno del documental.  A la hora de afrontar este proyecto, la idea no era sólo ubicar la acción en un contexto histórico reciente (el doble terremoto que asoló Lorca aquel fatídico 11 de mayo de 2011), sino sobre todo poner en valor la forma en la que, cual ave Fénix, la ciudad y sus habitantes debieron y supieron resurgir de sus propios escombros, llegando en algunas ocasiones a experimentar significativas mejoras.

Como dije anteriormente, Primitivo Pérez tiene un pasado como documentalista, razón por la cual “Erase una vez” se abre con auténticas imágenes de archivo y entrevistas a diversas personas que de un modo u otro vivieron directamente los seísmos de 2011.  Sin embargo, enseguida comienza la parte argumental, que, como dato anecdótico, además pasa por ser un musical con canciones y coreografías.

Según sus creadores, “Erase una vez” es el primer musical rodado en la región de Murcia, lo cual le proporciona un plus de originalidad.  La música y las canciones son obra de Pedro Contreras, quien ya había colaborado con Primitivo en anteriores ocasiones, mientras que Jon Mitó, formado en la American Musical Theater Academy de Londres, es quien ha diseñado las coreografías.

Como dijimos al principio, el arranque del film es una mixtura de imágenes documentales y entrevistas, a las que sucede un liviano argumento acerca del retorno a Lorca (real o soñado) de una joven que, nada más llegar, vuelve a contactar con sus tres mejores amigos, junto a los que decide poner en marcha un concierto benéfico para ayudar a la reconstrucción de la ciudad.  Ello da pie a la presentación de otros dos personajes, el cura párroco de la iglesia de Santiago y un pintoresco organizador de eventos.  Todos ellos irán alternando las partes dialogadas con otras partes en las que se expresarán cantando y bailando, con la participación de un cuerpo de baile siempre presto a acompañarles.

Delante de las cámaras, el elenco lo conforman un cuarteto de jóvenes salidos de la Escuea Superior de Arte Dramático de Murcia (Rosana Hernández, Pepe Alacid, Juan Angel Campillo y Patricia Miñano) sin experiencia cinematográfica previa, así como un par de veteranos como Tony Beteta y el gran Oché Cortés.  Destacar especialmente al joven Alacid, actor, cantante y pianista que seguro que tendrá un gran futuro a nivel nacional.

Con dirección de fotografía a cargo de Abel Morte, hijo del realizador, “Erase una vez” creo que en justicia no debe ser sometida a un juicio demasiado riguroso, ya que una cuarta parte de su metraje es documental y el resto a lo que  Ver cantar y bailar a estos artistas y bailarines en lugares tan emblemáticos como la Plaza de Colón, la Iglesia de Santiago, el exterior e interior del Teatro Guerra, los aledaños del santuario de la Virgen de las huertas o la Alameda de la Constitución son un aliciente extraordinario que sólo los que vivimos aquí (y máxime quienes fuimos damnificados) sabremos apreciar en su justa medida.
aspira a conmover, ilusionar y animar, tomando como punto de partida un hecho que no constituyó el fin de una comunidad sino el advenimiento de otra, renovada y fortalecida.

Gracias a Primitivo Pérez y su equipo por mostrar al mundo que en este rincón de Murcia existe una ciudad que supo resistir las dolorosas sacudidas de un terremoto y, todavía lacerada por el dolor, reconstruirse a sí misma en un tiempo récord para llegar a ser más grande, más fuerte y más moderna que el día antes del temblor.


P.D.:  Erase una vez en Lorca” se preestrenó el jueves 24 de Octubre de 2019 a las 20:00 horas en el Teatro Guerra de Lorca, bajo los auspicios del CineClub Paradiso al que me honro en pertenecer.

lunes, 14 de octubre de 2019

PILDORAS DE CINE: Octubre 2019


Como estamos pegados a la actualidad política más rabiosa, hoy, el día en que se ha conocido la Sentencia para los acusados del “procés” independentista, pienso que lo que procede es recordar el proceso a seguir cuando la acumulación de películas de las que aún no hemos hablado desaconseja una crítica única y exhaustiva:  ¡llegan nuestras PÍLDORAS DE CINE!.

GÉMINIS
Ha llovido mucho (es un decir) desde los tiempos en que el director taiwanés Ang Lee (65 años) enamoró al mundo entero con sus exquisitas “El banquete de bodas”, “Comer, beber, amar”, “Sentido y sensilidad”, “La tormenta de hielo” o “Brokeback Mountain”.  En los últimos años, más que narrar buenas historias o emocionar al respetable, lo que le motiva parece ser experimentar con las nuevas tecnologías que supuestamente han hecho evolucionar el lenguaje cinematográfico.  Prueba de ello son sus últimos trabajos como “Hulk”, “La vida de Pi” o “Billy Lynn”, en las que la historia acaba resultando una excusa para crear virguerías digitales tan deslumbrantes como vacías.  Géminis” no es ni mucho menos una excepción a esta tendencia.  Un asesino a sueldo cincuentón (Will Smith) tiene que vérselas con un clon rejuvenecido de sí mismo (también Will Smith), que, lógicamente, es capaz de prever sus movimientos y pensamientos.  Pues sí, los dos Will Smith comparten pantalla sin tener que utilizar los típicos trucos de las líneas rectas, pero el joven (el “falso”, para entendernos) no es mucho más expresivo que aquel Peter Cushing pixelado del que muchos no pudimos evitar carcajearnos en “Star Wars: Rogue One”.  Tampoco cuadruplicar el número de fotogramas por segundo (120 frente a los 30 habituales) consigue hacernos olvidar las debilidades de una trama que parece una aventura de James Bond montada por el editor de Jason Bourne pero escrita por el guionista de Johnny English.  Una estupendísima persecución en moto, una profundidad de campo alucinante y un sonido mayestático…  al servicio de un film que por momentos resulta más bien bochornoso.
Calificación: 5,5 (sobre 10)

NOCHE DE BODAS
La bellísima Margot Robbie (29 años) tiene que estar como mínimo preocupada ante el despuntar de Samara Weaving (27), una especie de clon de carne y hueso que no necesita de la locura tecnológica de “Géminis”.  Weaving posée unos rasgos similares a los de Robbie, no es mucho peor actriz y, por supuesto, es mucho más barata (por el momento).  En “Noche de bodas” (aberrante traducción del título original “Ready Or Not”, “¿Estáis listos o no?”), Samara interpreta a una recién casada que descubre demasiado tarde que su nueva familia política tiene la mala costumbre de someter a los miembros recién llegados a un juego que, como poco, puede resultar un poco peligroso.  El tándem de directores Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett pone en imágenes una historia que a ratos parece terrorífica y a ratos destila un humor negro que la hace divertidísima.  Déjame salir”, “Tú eres el siguiente” e incluso “Jumanji” pueden ser los referentes de este film sorprendente en el que, rizando el rizo de lo metalingüístico, la suegra de la protagonista es nada menos que Andie MacDowell, graduada en casamientos en “Cuatro bodas y un funeral”.
Calificación: 7,5 (sobre 10)

RAMBO: LAST BLOOD
A diferencia de alguno de mis amigos, he de confesar que nunca he sido muy fan de John Rambo.  Sí, me encantó su primera película (“First Blood”: “Acorralado”) y peregriné por las taquillas para ver las sucesivas “Rambo”, “Rambo III” y “John Rambo”, mas no oculto que prefiero con creces al otro personaje icónico de Sylvester Stallone, Rocky Balboa.  A medida que los años iban pasando y el físico, como es lógico, iba decayendo, el amigo Stallone ha tenido que ir adaptándose a la realidad y, en la saga pugilística, meterse a entrenador y pizzero, mientras que su ex boina verde ha sido barquero en Thailandia y, en la actualidad, ranchero en Arizona.  Cuando su adorada sobrina cae en manos de unos pérfidos traficantes mexicanos, Rambo deberá ponerse de nuevo manos a la obra (y al cuchillo) y en la subsiguiente refriega correrá una última sangre…  que no sabemos si será propia o ajena.  El aluvión de críticas negativas y el público rechazo del creador literario del personaje, David Morrell, constituían un serio hándicap a la hora de enfrentarse a esta película, publicitada como “la última vez que Stallone interpreta a John Rambo”, pero, una vez vista, he de reconocer que no me pareció tan mala como muchos afirmaban.  Obviamente está a años luz del dramatismo adulto de “Acorralado” e incluso de la épica patriótica (o patriotera) de “Rambo”, pero, si bien durante la primera hora fallan un guión lleno de tópicos y una puesta en escena adocenada, durante la media hora final estalla una verdadera catarsis ultraviolenta que vale con creces el precio de la entrada.  De algún modo, en esos últimos treinta minutos se condensa la verdadera esencia de John Ramblo, alguien que trata de dejar atrás la violencia y el horror pero que siempre, en última instancia, se ve obligado a recurrir a ellos, ejerciéndolos de un modo tan salvaje como espectacular.  Por cierto, la película ha sido absurdamente criticada por racista (¿y qué esperaban, que los malosos de un cártel mexicano se comportasen como hermanitas de la caridad?) y en su reparto “latino” destacan los españoles Oscar Jaenada y SergioCapitán TruenoPeris-Mencheta.
Calificación: 6,5 (sobre 10)

martes, 8 de octubre de 2019

Cine actualidad/ “MIENTRAS DURE LA GUERRA”


La razón de la sinrazón

En 1936, el insigne escritor y filósofo vasco Miguel de Unamuno (autor, entre otras, de “Niebla” o “San Manuel Bueno, mártir”) ejercía como rector vitalicio de la Universidad de Salamanca.  Desencantado del devenir del gobierno republicano al que en principio había apoyado, Unamuno no vio con malos ojos el golpe de estado del 18 de julio, que supuso de facto la instauración de una autoridad militar que supuestamente iba a limitarse a restaurar el “orden natural de las cosas”.  Sin embargo, tardó muy poco en darse cuenta de que los sublevados habían desencadenado una tormenta de atrocidades incluso superiores a las que pretendían erradicar, por lo que, en un histórico discurso pronunciado en el paraninfo de la universidad el día 12 de octubre, legó al mundo el lema que desacredita para siempre a quienes pretenden imponer su razón utilizando la fuerza:  Venceréis pero no convenceréis”.

Alejandro Amenábar (Santiago de Chile, 1972) llevaba 11 años sin rodar una película en España, concretamente desde que “Agora” se convirtiera en la película más cara producida en nuestro país.  Después de la muy decepcionante “Regresión” (2015), no era muy difícil que el anuncio de un nuevo proyecto ambientado en nuestra Guerra Civil concitase la atención de los espectadores, quienes, en apenas dos semanas de exhibición, se han dejado en taquilla la bonita cifra de 3,2 millones de euros.

Desde que se supo que Amenábar pretendía narrar en su octavo largometraje los primeros días del golpe de Estado de 1936 y cómo ello afectó a un intelectual como Miguel de Unamuno, se fueron sucediendo diversas manifestaciones a favor y sobre todo en contra del proyecto, dados el conocido posicionamiento político e incluso la orientación sexual del realizador.  Sin embargo, una vez vista la película, sorprende poderosamente que en el montaje final se ha pretendido la equidistancia y el respeto formal a los dos bandos en conflicto, a pesar de que, según avanza la trama, se acaba imponiendo la visión ya conocida que el cine patrio de las últimas décadas ha venido emitiendo de manera tópica y estandarizada.  Con todo, las muchas dudas y vaivenes ideológicos que asolan a Unamuno (incluso suavizadas en el film) hacen que el teórico protagonista necesite como contrapunto a las figuras inesperadamente bien tratadas de Franco y Millán Astray.

Aun asumiendo que una película española producida a partir de la muerte del dictador no puede ofrecer una imagen positiva de éste y sus correligionarios, hay que reconocer que en contraposición a un Unamuno contradictorio y vacilante, el Franco a cargo de Santi Prego y, sobre todo, el Millán Astray al que da vida el estupendo Eduard Fernández están presentados con indudable mesura y hasta mimo.  Cuesta muy poco imaginar a un Franco en los albores de su mandato tan comedido y dialogante como el que encarna Prego, y, en cuanto al mutilado fundador de la Legíón, Amenábar, intencionadamente o sin pretenderlo, logra caracterizar a un villano absolutamente apasionante y carismático.

Por lo demás, ni que decir tiene que Karra Elejalde realiza una interpretación asombrosa y sobresaliente (el actor totalmente desaparecido en el personaje), que la fotografía y la ambientación son extraordinarias, que Amenábar no desentona en su poco reconocida labor como compositor y que la dirección de actores (esas secuencias que transcurren en la casa de Unamuno) roza a veces la perfección.

Películas como “Mientras dure la guerra” (título que proviene de la prevista temporalidad de Franco como Jefe del Estado) me parece que siguen siendo necesarias aquí y ahora, para que recordemos lo que fuimos y pensemos en lo que somos y en lo que (no) queremos ser.  Cada vez que alguien decide recurrir a cualquier forma de violencia para imponer su forma de pensar, estamos retrocediendo un peldaño en nuestra evolución como seres racionales.

Luis Campoy

Lo mejor:  Karra Elejalde y Eduard Fernández
Lo peor:  algunos momentos que, pretendiendo ser emotivos, rozan la fina línea de lo ridículo
El cruce:  “Ay, Carmela” + “La lengua de las mariposas”
Calificación:  7,5 (sobre 10)

lunes, 7 de octubre de 2019

Cine actualidad/ “JOKER”


Ríe, payaso

Las películas basadas en comics y, más concretamente, las películas de superhéroes, llevan un montón de años convertidas en fenómenos de masas, por sus cuantiosas recaudaciones y por los intereses mediáticos (fandom, merchandising…) que levantan a su paso.  Sin ir más lejos, “Vengadores: Endgame” de Marvel Studios acaba de convertirse en el film más taquillero de la Historia, desbancando a “Titanic” y “Avatar”.  Toda una hazaña…  al menos desde un punto de vista estrictamente comercial, ya que son varias las voces disidentes que desprecian este tipo de producciones.  Hace unos días, el veterano e ilustre Martin Scorsese decía escuetamente que “las películas de superhéroes no son cine”, y más de un conocido mío opina lo mismo.  Sin embargo, de vez en cuando surge un título, basado en una historieta, capaz de transgredir esa barrera culterano/intelectual y hasta los cinéfilos más recalcitrantes no pueden evitar aguzar el oído y finalmente claudicar ante lo que los críticos más sesudos han bendecido.  Sucedió con “El Caballero Oscuro” de Christopher Nolan, sucedió con “Logan” de James Mangold y está sucediendo ahora con “Joker” de Todd Phillips.

Némesis por antonomasia de Batman, el Joker (“Guasón” en América latina) fue creado por Bob Kane, Bill Finger y Jerry Robinson allá por 1940, con una apariencia física deudora del Conrad Veidt (el Mayor Strasser de “Casablanca”) de “El hombre que ríe” (1928):  tez blanca, cabello verde y una diabólica sonrisa roja de payaso.  En las sucesivas adaptaciones del Hombre Murciélago a la pequeña y gran pantalla, el Joker ha tenido los rasgos (o la voz) de primeras figuras como César Romero, Jack Nicholson, Mark Hamill, Heath Ledger o Jared Leto.  A partir de este momento, todo buen aficionado al cine ya sabe que el gran Joaquin Phoenix se suma a esta ilustre lista…  quizás encabezándola.

Joker” se centra en la figura de un don nadie llamado Arthur Fleck, un comediante fracasado que malvive haciendo de payaso a domicilio en fiestas de cumpleaños o visitas a hospitales.  Cansado de las crueles bromas que una sociedad intolerante con los perdedores y asociales le inflige constantemente, un mal día decide dejar de contener los brotes de violencia que su mente desquiciada ha venido tratando de reprimir, y da rienda suelta a sus impulsos más salvajes y viscerales…

Un mes después de que el otro gran villano vestido de payaso (el Pennywise de “It”) copase nuestras carteleras, nos visita un Joker que ya ha otorgado a Joaquin Phoenix el máximo galardón interpretativo en el Festival de Venecia, y a Todd (“Resacón en Las Vegas”) Phillips la vitola de director de culto.  La verdad es que hay que descubrirse ante el inmenso trabajo de Phoenix, que, para empezar, tuvo que adelgazar nada menos que 23 kilos para dar verosimilitud a su personaje.  Phoenix no sólo acapara la mayoría de los planos de la película, sino que, en más de un sentido, él ES la película.  El espectador es testigo de cómo la crueldad y la incomprensión de quienes le rodean acaban por sumir al pobre Arthur Fleck en un desequilibrio disociativo de la realidad que, en última instancia, le hará cruzar las fronteras a veces difusas de la Ley.  Porque este Joker germinal no es el genio del crimen que hemos visto en otras ocasiones, sino un enfermo que, a pesar de la virulencia de sus acciones, pretende seguir gozando de nuestra comprensión.  Precisamente por esto (yo mismo no pude evitar aplaudir en la ya famosa escena del metro), la película está siendo muy criticada en Estados Unidos y otros países, acusada de fomentar la violencia.  La productora Warner Bros. se ha defendido alegando que la violencia exhibida en “Joker” no es real sino simulada, y que en ningún caso se pretende convertir al protagonista en ningún tipo de héroe.

Ambientada en 1981, ”Joker” no reniega de su adscripción al universo de DC Comics, ya que personajes como Thomas Wayne (interpretado por Brett Cullen, el inolvidable Sam Cain de “Los jóvenes jinetes”) adquieren una singular relevancia, pero desde luego no es la adaptación al uso que el fan más acérrimo de Batman podría anhelar.  En realidad, se trata de un excepcional estudio socio-psicológico de una personalidad psicótica y de la sociedad tanto o más enferma que, de alguna manera, lo ha creado.  Personalmente, he de reconocer que “Joker” me gustó mucho…  al tiempo que se me hacía un poco larga.  Naturalmente, la duración de las escenas es una decisión consciente del realizador, con el propósito más que evidente de que Joaquin Phoenix tenga sobradas ocasiones de lucimiento de cara a la consecución de muchos más premios (¿alguien dijo “Oscar”?);  el hecho de que, en cierto modo, el eterno Robert De Niro le dé el relevo a Phoenix es toda una declaración de intenciones.  Aparte de eso, “Joker” es un film muy dramático y epatante, con una fotografía sublime y una música extraordinaria.  ¿Qué diablos?, os gusten o no los comics o las películas basadas en ellos, ésta tenéis que verla sí o sí.

Luis Campoy

Lo mejor:  Joaquin Phoenix, la dirección de Todd Phillips
Lo peor:  la duración (deliberada) de algunas escenas;  el riesgo de empatizar demasiado con el protagonista
El cruce:  Batman” (Tim Burton) + “El caballero oscuro” + “El maquinista
Calificación:  9 (sobre 10)

martes, 17 de septiembre de 2019

Píldoras de Cine: SEPTIEMBRE 2019 (y II)


El verano languidece entre danas y gotas frías y el otoño ya nos roza con sus dedos grises y arrugados.  Ante la inminente languidez que se avecina, toca parapetarse bajo un paraguas cinematográfico y consumir la consabida ración de nuestras ¡PÍLDORAS DE CINE!.

A DOS METROS DE TI
En realidad, podría decirse que no está claro cuál es el título español de esta película con y para adolescentes , ya que, si bien la publicidad y los carteles nos la venden como “A dos metros de ti”, las letras que aparecen en la pantalla rezan “A dos pasos de ti” (título, por cierto, de una novela del escritor catalán Alex Gayá).  Lo que sí es evidente es que sus responsables (la novelista Rachel Lippincot y el director Justin Baldoni) son buenos conocedores de “Bajo la misma estrella”, la novela de John Green llevada al cine con Shailene Woodley y Ansel Elgort de protagonistas, ya que las coincidencias, reminiscencias y parecidos son más que razonables.  Nuevamente conocemos a una joven enferma (esta vez, de fibrosis quística) que, mientras permanece ingresada en un moderno hospital, no puede evitar enamorarse de un muchacho aquejado de la misma dolencia, al cual no puede acercarse a menos de dos metros, distancia de seguridad para no contagiarse más el uno del otro ni agravar sus respectivos niveles de enfermedad.  Naturalmente, tanto la chica como el chico son guapos a rabiar, el hospital en que se hallan recluídos es un lugar de ensueño, las enfermeras son adorables y los padres de ambos pugnan entre ellos por ver quién es más atractivo, amoroso y comprensivo.  Por lo demás, si no te fijas en la estética de telefilm y, por supuesto, si no has visto la citada “Bajo la misma estrella”, hay que reconocer que “A dos metros de ti” sabe manipular nuestros sentimientos y toca la fibra en más de una ocasión;  bien pensado, tampoco es tan mal bagaje para estos tiempos que corren.
Calificación:  6 (sobre 10)

PADRE NO HAY MÁS QUE UNO
El amiguete Santiago Segura escribe (a partir del guión de la argentina “Madre no hay más que una”), dirige y protagoniza un film familiar y supertaquillero en el que encarna a un padre que, alegando problemas laborales, renuncia a irse de viaje junto a su mujer y, a cambio, le toca quedarse en casa con sus cinco hijos, con los cuales nunca ha mantenido una estrecha relación.  En las antípodas del cinismo, humor negro y corrosividad de “Torrente”, “Padre no hay más uno” se asemeja más a “La gran familia”, “Los Serrano” o “Con ocho basta”, pues se trata de un entretenimiento tan divertido como inocuo, en el que las buenas intenciones y el cariño innato derivado de la consanguineidad se imponen sobre todas las dificultades y penalidades.  Hay que reconocerle a Segura su buena mano para dirigir a los actores infantiles, logrando que los intérpretes adultos (Toni Acosta, Silvia Abril o Leo Harlem) resulten totalmente accesorios e innecesarios.  Como premio a su talante y positivismo, ya se ha puesto en marcha una segunda parte que tiene previsto estrenarse en 2020, antes de que los niños actores crezcan y resulten menos encantadores.
Calificación:  7 (sobre 10)

CHICOS BUENOS
En el tráiler de “Chicos buenos”, el actor Seth Rogen, que aquí sólo ejerce de productor, explica a los jóvenes protagonistas del film (todos ellos menos de 14 años) que, aunque han podido leer el guión e interpretar los diálogos del film, repleto de palabras malsonantes y obscenidades, paradójicamente no podrán ser espectadores de su propia película.  En realidad, “Chicos buenos” casi podría parecer la hermana pequeña de la nunca bien ponderada “Supersalidos”, de la cual la también reciente “Superempollonas” aspiraba a ser una versión femenina.  Las peripecias de Max, Lucas y Thor contienen las adecuadas dosis de aventura, ternura y comedia como para que su amplio repertorio de “guarreridas” (Chiquito de la Calzada dixit) acabe resultando aceptable y llevadero.  Lo mejor, la interpretación del trío protagonista, con un Jacob Tremblay (“La habitación”, “Wonder”) bajo mínimos al que sus colegas Brady Noon y Keith L. Williams le arrebatan los mejores momentos.
Calificación:  7 (sobre 10)

viernes, 13 de septiembre de 2019

Cine actualidad/ “IT, CAPITULO 2”


Vuelve la coulrofobia

Hace dos años, la adaptación cinematográfica de parte de la magistral novela de Stephen King, “It (Eso)”, dirigida por el argentino Andrés “Andy” Muschietti (1973), se convirtió nada menos que en la película de terror más taquillera de toda la Historia del Cine.  Partiendo de esa premisa, y dado que, como digo, todavía quedaba casi la mitad del libro por llevar a la pantalla, los productores no dudaron en encargar a Muschietti la realización de una secuela, que exactamente veinticuatro meses después llega a nuestras pantallas.

Veintisiete años han transcurrido desde que los niños que formaban el “Club de los Perdedores” creyeron haber vencido a la diabólica amenaza que, con el aspecto de un payaso, había asolado la pequeña localidad de Derry.  Sin embargo, la reiteración de una serie de muertes y desapariciones les hacen comprender que el Mal sólo estaba aletargado y que es necesario que vuelvan a reunirse si quieren hacerle frente…

Quizá la razón más evidente por la que la primera “It” de 2017 obtuvo el desmesurado éxito del que gozó fuese su estimulante colección de sustos, algunos de ellos bastante crueles y traumáticos, pero para mi lo más sobresaliente fue el mayúsculo acierto en la elección y dirección de los actores infantiles, todos ellos encantadores y creíbles y alguno incluso excelente.  Como quiera que la continuación transcurre casi tres décadas después, lo que ahora correspondía era narrar la historia de los mismos personales pero ya adultos, para lo que se ha tenido que realizado un casting a la inversa (cuando se representa a un personaje en diferentes edades, lo primero que se elige es al actor adulto, y, basándose en sus rasgos, se selecciona al respectivo actor infantil), del cual deviene un reparto extraño y no del todo compacto.  Quienes dan vida a los Perdedores maduros más secundarios (Bill Hader/Richie, James Ransone/Eddie, Jay Ryan/Ben, Isaiah Mustafa/Mike o Andy Bean/Stan) cumplen bastante bien en general y no desentonan demasiado, pero los nombres más llamativos del reparto, los que debían resultar atractivos para el gran público, los que debían liderar el elenco, me dejaron muy mal sabor de boca.  James McAvoy resulta un Bill muy descafeínado (como si McAvoy se hubiese quedado sin un ápice de su talento tras sus dos magistrales encarnaciones de La Bestia en “Múltiple” y “Glass” y se limitase a gesticular con el piloto automático puesto) y, sobre todo, Jessica Chastain (quien fue elegida simplemente por ser pelirroja) me parece totalmente perdida y carente del atractivo que sí desplegaba la adolescente Sophia Lillis en su composición de la joven Beverly.  Confieso que vi tan sosos e inadecuados a McAvoy y Chastain que eso me condicionó toda la película.

El paso de la niñez a la edad adulta no siempre es sencillo y en el camino se pierde mucha frescura y alegría;  eso es exactamente lo que sucedido entre “It” e “It, Capítulo 2”, cuyo tono es más triste y desencantado, lo cual se traduce en la existencia de no pocas escenas que se notan de relleno (para espaciar los tiempos entre susto y susto).  Pienso en el primer encuentro en el restaurante chino y posteriormente en un par de secuencias localizadas en el hotel donde todos los protagonistas se hospedan, y casi me sonrojo ante los diálogos sin chispa y las interpretaciones notoriamente desganadas (hasta añoré con simpatía la vieja versión televisiva de 1990).  Pero, afortunadamente, cuando vuelve a aparecer el sorprendente Bill Skarsgard interpretando al ominoso payaso Pennywise, la cinta da un vuelco cualitativo y el director Muschietti consigue cautivarnos con la planificación de algunas escenas que vuelven a ser icónicas y que creo resultarán inolvidables.  Por ejemplo, la que transcurre en el laberinto de espejos del parque de atracciones y, sobre todo, el momento en que una pobre chiquilla con una mancha en la cara descubre la inmensa maldad e inhumanidad que inundan el negro corazón del villano de tez blanquecina;  sólo ya por esos y otros retazos de virtuosismo, “It, Capítulo 2” merece la pena.

Por lo demás, y teniendo que hacer una puntualización sobre que las investigaciones acerca del origen de Pennywise y su conexión con antiguas leyendas indígenas podrían haberse obviado y así la duración y el ritmo del film hubiesen mejorado bastante, he de reconocer que, aunque la primera entrega me parece bastante superior, la continuación de “It” resulta bastante digna y, a ratos, da tanto miedo como la primera.

Luis Campoy

Lo mejor:  el acierto en la elección de algunos de los actores que interpretan a los perdedores adultos (con Bill Hader y James Ransone a la cabeza);  la aparición del novelista Stephen King, simplemente apoteósica
Lo peor:  las insípidas interpretaciones de James McAvoy y Jessica Chastain,  las absurdas e innecesarias explicaciones acerca de la naturaleza del villano
El cruce:  It” (2017) + “It” (1990) + “Poltergeist
Calificación:  6,5 (sobre 10)

martes, 3 de septiembre de 2019

PÍLDORAS DE CINE (Septiembre de 2019)


Se acaba lo bueno (las vacaciones) y viene lo…  lo necesario (el trabajo).  Ahora y siempre, para retener el placer y minimizar el tedio, lo que nos queda son nuestras sabrosas ¡PILDORAS DE CINE!

QUIEN A HIERRO MATA
El valenciano Paco Plaza (1973) cambia los terrores fantásticos de “REC” y “Verónica” por las consecuencias de un terror muy real que se ha vivido y aún se vive en demasiadas partes del mundo:  el narcotráfico.  Luis Tosar (47 años) interpreta a un enfermero de una residencia de ancianos que tiene que cuidar a un viejo capo de la droga gallego aquejado de una enfermedad degenerativa.  El guión, que han redactado a cuatro manos Juan Galiñanes y Jorge Guerricaechevarría (escritor habitual de Alex de la Iglesia) sabe oscilar hábilmente entre el drama y el thriller y ofrece al final un giro impactante e inesperado.  Decir que lo mejor de la película es la interpretación de Tosar no sería ninguna novedad (el lucense siempre roza la perfección en cada trabajo), pero sí que hay que descubrirse ante la espléndida dirección de los actores secundarios, entre los que destacan Xan Cejudo, Ismael Martínez y Enric Auquer.  Trato de buscarle a esta muy interesante película los fallos y errores que mis compañeros de visionado le hallaron, pero no lo consigo;  a mí me gustó bastante y, veinticuatro horas después, todavía continúo impresionado.
Calificación: 8 (sobre 10)

OBJETIVO:  WASHINGTON DC
A la “Saga Fallen” (integrada en el original inglés por “Olympus Has Fallen”, “London Has Fallen” y la recién estrenada “Angel Has Fallen”) la conocemos mejor en España como la “Saga Objetivo”, ya que las tres películas citadas han sido traducidas aquí como, respectivamente, “Objetivo: La Casa Blanca”, “Objetivo: Londres” y, ahora, “Objetivo: Washington DC”.  En todas ellas, el fornido Gerard Butler cambia la espada y los abdominales de Leónidas por la pistola y el chaleco antibalas de Mike Banning, de profesión: guardaespaldas del Presidente de los Estados Unidos.  Quien también ha cambiado en esta tercera entrega es el presidente en sí, ya que el Benjamin Asher que interpretaba el estupendo Aaron Eckhart ha desaparecido del mapa y su lugar lo ocupa el antiguo vicepresidente Allan Trumbull, encarnado nuevamente por el gran Morgan Freeman.  Ni que decir tiene que quien espere una intriga de índole política tipo “El ala oeste de la Casa Blanca” mejor debería cambiarse de sala, porque lo que “Objetivo: Washington DC” ofrece es simplemente una colección de buenas escenas de acción hilvanadas por un mínimo hilo argumental trufado de tópicos, donde se adivina la identidad del villano desde el primer instante y los diálogos son una colección de frases hechas sin sustancia.  Danny Huston (por si alguien no lo sabía, hijo de John Huston y hermano de Anjelica Huston), Jada Pinkett-Smith (esposa de Will) y el eterno “hombre pobre” Nick Nolte también deambulan por el film.  Muy inferior a la notable primera parte, “Objetivo: Washington DC” está funcionando muy bien en la taquilla de todo el mundo, de modo a casi nadie extrañaría una nueva entrega, con un Mike Banning ya cincuentón defendiendo al primer mandatario de turno ante cualquier amenaza proveniente de la tierra, el mar o el aire.
Calificación: 6 (sobre 10)

INFIERNO BAJO EL AGUA
Sería un error tomarse en serio una película sobre caimanes asesinos en cuyos créditos finales suena la canción de Bill Haley And His Comets “See You Later Alligator”.  Partiendo de esta premisa y asumiendo que tiene algún que otro susto y logra mantener la tensión en sus escasos 87 minutos de metraje, “Infierno bajo el agua” (infernal traducción del mucho menos explícito “Crawl”, “Arrastrarse”) supone un modesto pero simpático intento de clonar los ingredientes de la simpar “Tiburón” (1975) de Steven Spielberg.  Al frente del reparto, la “laberíntica” Kaya Scodelario, en la piel de una nadadora espoleada por las ansias de triunfo de su padre (Barry Pepper), al que tiene que salvar de una inundación y del ataque de un par de cocodrilos con bastante mala leche.  Nada nuevo bajo el sol (perdón, bajo el agua), pero al menos se pasa un rato entretenido al fresco, lo cual siempre es de agradecer.
Calificación: 6 (sobre 10)

sábado, 17 de agosto de 2019

Cine actualidad/ “ERASE UNA VEZ EN HOLLYWOOD”


Novena y penúltima

Si existe algún director actual cuyo solo apellido sea capaz de generar cantidades ingentes de expectación, admiración y controversia a nivel mundial, ése es, sin duda, Quentin Tarantino.  Desde su explosiva carta de presentación de 1992, “Reservoir Dogs”, cada una de sus siguientes películas ha ido estrenándose con la vitola creciente de acontecimiento apoteósico, y mucho más desde que anunció que sólo pensaba dirigir diez films antes de retirarse.  Erase una vez en Hollywood”, que debutaba el jueves en las carteleras de nuestro país, es el noveno y, por tanto, el penúltimo jalón de su carrera, razón por la cual las expectativas alcanzaban cotas ciertamente estratosféricas.

Ambientada en la ciudad de Los Angeles en 1969, “Erase una vez en Hollywood” narra la amistad entre una estrella televisiva de popularidad decreciente (Rick Dalton: Leonardo DiCaprio) y su inseparable doble de acción, asistente y, sin embargo, amigo (Cliff Booth: Brad Pitt) circunscrita en un contexto histórico que, en teoría, culminaría la madrugada del 9 de Agosto, momento en el que la macabra “Familia Manson” asesinaría a la actriz Sharon Tate (Margot Robbie) y a otras tres personas que se hallaban con ella en su lujosa mansión del 10050 de Cielo Drive.  Dicen los cronistas que aquel fatídico día murió también la inocencia del viejo Hollywood, y esa sensación de pérdida, de languidez y de melancolía preside buena parte del largo metraje de la cinta…

A la hora de formular una opinión más o menos crítica de “Erase una vez en Hollywood”, entiendo que hay dos posibles posturas:  o eres un fanático ciego, sordo y (no precisamente) mudo de Tarantino, o vas por libre e independiente.  Sólo de este modo me explico el aluvión de críticas super positivas que está recibiendo la película.  Magistral”, “Obra magna”, “Gigantesca carta de amor al Séptimo Arte” son algunos de los calificativos que he tenido ocasión de leer aquí y allá, y a fe mía que en ningún momento los he asumido como propios, como nacidos de mi propia sensibilidad.  De hecho, durante la primera hora y media del film me costó bastante aceptar que el artífice de tantas escenas vacías y tantos diálogos banales fuera el mismo creador de las maravillosas frases lapidarias de “Pulp Fiction”.  Porque ése es el estilo Tarantino, amigos, que no se nos olvide:  no se trata sólo de reunir a un elenco deslumbrante de artistas, de combinar en una rutilante cocktelera una docena de canciones sin ninguna vinculación aparente o de estar seguros de que, antes o después, habrá un visceral estallido de violencia, sino, también y sobre todo, de hilvanar una historia asombrosamente bien escrita y dotarla de unos diálogos sensacionales e inigualables marca de la casa.  En “Erase una vez en Hollywood” el guión literario adolece de una muy preocupante falta de originalidad, con situaciones que se notan demasiado forzadas y sólo un único diálogo medianamente destacable:  el que mantiene el personaje de DiCaprio con la actriz infantil a la que da vida la sorprendente Julia Butters.

Tampoco el tratamiento de actores y personajes es tan brillante como cabría esperar, y el incomparable elenco de estrellas va pasando antes nuestros ojos sin pena ni gloria.  Al Pacino, Kurt Russell, Bruce Dern (sustituyendo al fallecido Burt Reynolds) o Emile Hirsch realizan poco menos que cameos sin trascendencia ni relevancia, mientras que las apariciones de Steve McQuen (Damien Lewis), Roman Polanski, esposo de la citada Sharon Tate (Rafal Zawierucha) o el mismísimo Charles Manson (Damon Herriman) saben a poco o casi nada.  Mención especial merece la muy comentada escena en la que un icono imperecedero como Bruce Lee (Mike Moh) recibe un tratamiento que a muchos ha molestado profundamente, convirtiendo al filosófico maestro de las artes marciales en un mamarracho fanfarrón y prepotente;  el mítico creador del Jeet Kune Do no se merecía ser ridiculizado de esa manera.

Por si fuera poco, Tarantino vuelve a utilizar la Historia como pretexto para retorcerla a su antojo, de modo que, al igual que ya sucediera en “Malditos bastardos”, el final dista mucho de ser el que todos esperábamos, razón por la cual el personaje de Sharon Tate al que Margot Robbie se había estado entregando con tanta vehemencia, pierde de un plumazo su esencia y su razón de ser.  Por suerte, la pareja de protagonistas masculinos goza de un tratamiento riquísimo en matices que permiten que tanto Leonardo DiCaprio como Brad Pitt se luzcan como pocas veces se han lucido.  Personalmente, prefiero la interpretación de DiCaprio, pero hay que admitir que el personaje a cargo de Pitt acaba resultando tan encantador como decisivo.

A pesar de las debilidades que acabo de reseñar (y que, increíblemente, parecen ser invisibles o insignificantes para los tarantinófilos más desatados), no puedo negar que muchas cosas de “Erase una vez en Hollywood” sí me resultaron muy satisfactorias:  el diseño de producción y vestuario, la fotografía de Robert Richardson, algunos tics inesperados de planificación y montaje (no lo puedo evitar, me gusta que incluso los creadores más reconocidos se esfuercen por innovar, por provocar) y, sobre todo, el formidable dúo protagonista han logrado que, pasadas las horas, la película me haya dejado un regusto no del todo desagradable.  Por ello, y aun insistiendo en que se trata de una de las películas menos logradas y más desangeladas (y ésto, tratándose de un film ambientado en Los Angeles, es especialmente lamentable) del señor Tarantino, tengo que ser honesto conmigo mismo y otorgarle una puntuación que considero muy, pero que muy generosa.

Luis Campoy

Lo mejor:  los dos protagonistas masculinos, la fotografía y la ambientación
Lo peor:  aun tratándose de un film del gran Quentin Tarantino, el guión no es nada brillante y los diálogos carecen de su genialidad habitual
El cruce:  El juego de Hollywood” + “JFK” + “Malditos bastardos
Calificación:  7 (sobre 10)