Cine actualidad - "TORRENTE PRESIDENTE" ¿Genialidad o desastre?

 


Torrente Presidente” me ha hecho feliz.  Lo digo así, contundentemente.  Seguramente no por las razones debidas, pero me ha hecho feliz.

Cuando salí de verla el pasado sábado en los cines Almenara de Lorca, un imitador del personaje protagonista esperaba a los espectadores a la salida de la sala para hacerse unas pajillas, digo una foto con ellos, y la cola era in-ter-mi-na-ble.  ¡La sala de cine había registrado un lleno total!  Eso, para mi, se asemeja mucho a la FELICIDAD.

En cuanto a la película en sí… pues bueno...  Creo que a estas alturas lo primero que hay que hacer es rendirse a la evidencia de que Santiago Segura es un verdadero genio, y así lo tengo considerado yo.  Un genio del marketing, de la diplomacia, del buenrollismo.  Como persona te puede caer mejor o peor; su larguísima melena, nunca lo bastante limpia, y su peculiar sentido del humor tal vez pueden constituir barreras para llegar hasta su auténtico talante (o talento), pero su habilidad para conseguir lo que se propone embarcando en esa empresa a todos cuantos sea necesario me parecen virtudes dignas del más absoluto elogio.  Es, en el fondo, el ejemplo a seguir para muchos de nosotros, los humildes creadores que, una vez creada nuestra obra, quisiéramos pero no sabemos llevarla a los niveles de exposición y divulgación que consideramos que se merece.  Santiago Segura es el experto number one en exponer y divulgar su obra, lo que para nosotros constituye la fase final del proceso creativo, aunque, para mi, hace ya muchos años que prioriza la divulgación por encima de la creación.

No me canso de decir que, para mi, “Torrente, el brazo tonto de la ley”, la película fundacional de 1998, es una auténtica obra maestra, aunque sea a pequeña escala.  Sí, está encuadrada en un peculiar contexto de caspa y cutrez perfecta e inteligentemente asumidas, pero, como obra cinematográfica, me parece una maravilla.  El diseño de producción, la fotografía, la caracterización de los personajes e incluso el guión y las interpretaciones me parecen todos de 10.  Lo que pasó, sin embargo, fue que, de cara a las sucesivas secuelas que el éxito de la primera entrega literalmente obligó a producir, Segura fue bajando cada vez más el listón en cuanto a la calidad propiamente dicha.  Aquellos decorados surrealistas fueron sustituídos por mobiliarios de Ikea, la cuidadísima fotografía bajó a “correctita”, los guiones se limitaron a reciclar chascarrillos populares y los cinco o seis cameos de la primera parte se multiplicaron por mil, llegando a ser éste el punto fuerte de la saga.

Son tantos los compromisos con coleguitas o amiguetes que tiene contraídos el señor Segura que parece que pone, quita, alarga o recorta escenas en función de ajustarse al número de invitados especiales con los que va a contar.  Sí, da risa cuando salen Carlos Herrera, Pablo Motos, Jordi Evole o Juan del Val, por poner sólo algunos ejemplos, pero se nota que esta cameomanía no aporta nada, más allá del “¡Pero mira quién es!”.  Hubiera hecho falta un guión mucho más consistente, menos dependiente del brillo de las estrellas invitadas y que no dejara lo mejor para la siguiente continuación, que el final es de esos que dan a entender que lo bueno será lo que pueda pasar en el capítulo siguiente (el siete, si algún día se hace).

Yo me imagino al Santiago Segura guionista como un monologuista del Club de la Comedia, un tipo que enlaza un chiste con otro y con otro y con otro sin detenerse a evaluar hasta qué punto el “mensaje” que pretende transmitirnos sirve para algo más que para que nos partamos el orto de tanto reir.  Yo me reí como hacía tiempo que no me reía, y eso sin duda es bueno, pero que nos digan que un tipo tan facha como Torrente sólo podía pertenecer a un partido como Vox (perdón, Nox) y que los del PSOE (perdón, PSAE) son unos corruptos que utilizan el progresismo para engatusar a la gente son recursos argumentales tan manidos que a nadie le pueden pillar por sorpresa, lo cual, unido a lo que decía antes con respecto al conformismo en cuanto a la realización, me suena a una cierta pereza o vaguería que me resulta un tanto molesta.

Dicen los psicólogos que es muy sano aprender a reírnos de nosotros mismos, y, a juzgar por ese axioma, una película como “Torrente Presidente” debe resultar saludabilísima.  Porque, si la utilizamos como metáfora de nuestra sociedad actual, en ella todos (pero todos) podemos identificarnos como objeto de las burlas de Santiago Segura y su alter ego.  Los de izquierdas, los de derechas, los heteros, los homos, los trans, los blancos, los negros y los moros son objeto de mofa y befa indiscriminada e igualitaria.  Todos somos iguales si aceptamos que estamos ante una comedia gamberra y provocadora.  Eso sí, lo peor será que algunos, como sucede en la película, consideren que José Luis Torrente no es en realidad una caricatura sino el tipo de persona que debería presidir un país como España.  Ahí sí que tendríamos un verdadero problema.

Luis Campoy

Calificación: 6 (sobre 10)

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