The Shawshank Redemption
USA, 1994
Director: Frank Darabont
Productora: Niki Marvin
Guión: Frank Darabont, según la novela de
Stephen King
Música: Thomas Newman
Fotografía: Roger Deakins
Montaje: Richard Francis-Bruce
Diseño de
Producción: Terence
Marsh
Reparto: Tim Robbins (Andy Dufresne), Morgan Freeman (Ellis Boyd “Red” Redding),
Bob Gunton (Alcaide Samuel Norton), Clancy Brown (Cpt. Byron Hadley), Gil
Bellows (Tommy Williams), William Sadler (Heywood), Mark Rolston (Bogs
Diamond), James Whitmore (Brooks Hatlen), Ned Bellamy (Youngblood), Don McManus
(Wiley), Bill Bolender (Elmo Blatch), Jeffrey DeMunn (Fiscal)
Duración: 142 min.
Distribución: Columbia
Pictures
Rita me redimió
Por alguna razón que no consigo recordar, no vi
en el cine “Cadena perpetua”, sino
que tuve que esperar hasta su salida en video al año siguiente (sí, en los
noventa no existían las plataformas y, para poder ver una película en casa,
había que alquilarla en formato VHS en el videoclub de la esquina, comprártela
a precio de oro o tener mucha paciencia hasta que se asomara por fin a algún
canal de televisión analógica). Tal vez a
causa de ello, en un primer momento no me gustó tanto como podría haberme
gustado si hubiese podido disfrutarla en el mejor sitio posible: la sala de
cine.
Andy Dufresne es un joven banquero que, en
1947, es acusado de asesinar a su mujer y al amante de ésta, y condenado a dos cadenas
perpetuas en la prisión de Shawshank. La
vida en la cárcel es dura y Andy se convierte en víctima de los presos más
crueles y desalmados. Con todo, su
dignidad, la amistad que mantiene con un compañero de patio, Red, y el interés
del alcaide en sus habilidades financieras para que le ayude a blanquear sus
negocios ilícitos harán que su vida sea un poco menos amarga durante su
larguísima estancia entre rejas…
Stephen King (Portland, Maine, 1947) es
conocido mundialmente por sus historias de terror, pero “Rita Hayworth and the Shawshank Redemption”, el relato en el que se
basa “Cadena perpetua” (llamémosla ya
así, que, efectivamente, lo de “Rita
Hayworth y la redención de Shawshank”
suena muy largo), pertenece a su vertiente más humana y realista. Publicado en 1982 dentro de la colección “Las cuatro estaciones”, King lo escribió
como un ejercicio de contención: quería demostrar que podía narrar un drama sin
monstruos, sin elementos sobrenaturales y sin los códigos habituales de su
literatura. El germen de la historia
nació de su fascinación por los relatos carcelarios y por la idea de un hombre
injustamente condenado que, en lugar de hundirse, encuentra una forma de
resistir a través de la inteligencia, la paciencia y la esperanza. Andy Dufresne es uno de los personajes más
“luminosos” de King, mientras que su contrapunto, Red, representa la voz de la
experiencia, el cinismo y la redención posible. La estructura en forma de confesión, narrada
por Red, permitió a King explorar la psicología de los presos, la rutina de la
prisión y la lenta transformación de los personajes. El relato tuvo buena acogida, pero nadie
imaginaba que acabaría convirtiéndose en una de las películas más queridas de todos
los tiempos.
El
artífice de la traslación a la pantalla de “Cadena
perpetua” fue Frank Darabont,
húngaro-estadounidense que, en 1983, ya había realizado un cortometraje
titulado “La mujer de la habitación”
basado en un cuento de Stephen King, el cual formaba parte de la iniciativa “Dollar
Baby”, donde King cedía derechos por un dólar a cineastas noveles. El caso es que Darabont se había prendado de
“Cadena perpetua” nada más leerlo y estaba obsesionado con convertirlo
en pelìcula, a pesar de la exigua duración del cuento, que no llegaba a las
cien páginas. En un primer momento,
Darabont le ofreciò a King 5.000 dólares a cambio de los derechos, pero, años
después, el escritor le devolvió al cineasta el cheque, enmarcado para que
comprobase que nunca había llegado a cobrarlo.
El caso es que
fue la productora Niki Marvin quien
se hizo finalmente con los codiciados derechos, con la compañía Castle Rock del también realizador Rob Reiner respaldándola. Si bien “Cadena
perpetua” no era un thriller puro,
no tenía acción, no había romance y, al igual que el libro, transcurría casi
íntegramente dentro de una prisión, el guión que había escrito Darabont, que,
aun siendo fiel al espíritu del relato, ampliaba escenas, profundizaba en la
amistad entre Andy y Red, otorgaba a otros personajes menores una dimensión
humana extraordinaria y dotaba a la historia de un tono más épico y emocional, era
tan brillante que el propio Reiner se postuló como director. Recordemos que Rob Reiner, además de ser
famoso por “La princesa prometida”, había
cosechado un gran éxito adaptando otros relatos de King como “Cuenta conmigo” o “Misery”, por lo que se consideraba sobradamente cualificado. Reiner
llegó a ofrecerle a Darabont 3 millones de dólares más la financiación, a
través de Castle Rock, de su siguiente proyecto, pero Darabont se negó a ceder
su guión si no era él mismo quien lo dirigía, cosa que al final consiguió.
Para
encabezar el reparto, Darabont necesitaba dos actores con una química especial.
Como Andy Dufresne, se consideraron nombres
como Johnny Depp, Nicolas Cage, Charlie Sheen y, en la terna final, Tom Hanks,
Kevin Costner o Tom Cruise, pero, finalmente, el elegido fue Tim Robbins, el protagonista de la
terrorífica “La escalera de Jacob” y
pareja de la actriz Susan Sarandon, cuya mezcla de fragilidad y determinación
encajaba perfectamente con el personaje. Para Red, Darabont imaginaba a un hombre
blanco, tal como aparecía en el relato, y entre los aspirantes figuraron Paul
Newman, Clint Eastwood, Harrison Ford, Robert Duvall o Gene Hackman. Eso sí, cuando Morgan Freeman, que ya había intervenido en otra película
carcelaria, “Brubaker”, leyó el guión
y pidió hacer una prueba, todo el mundo coincidió en que no habría otro Red
mejor que él. Su voz, su presencia y su
serenidad se tornaron insustituibles, y así se fraguó uno de los casos más
sonados de “blackwashing” o “ennegrecimiento” de personajes inicialmente
blancos para combatir el racismo y fomentar la inclusión. Este cambio de raza con respecto al libro
nunca llega a ser explicado, y, como una especie de chiste privado, cuando Andy
le pregunta por qué le llaman “Red” (“pelirrojo”), éste se limita a contestar
irónicamente: “Quizás es porque soy irlandés”.
En todo caso, la elección de Freeman cambió para siempre la percepción
del personaje y dio lugar a una de las narraciones en off más icónicas del cine moderno. El resto del reparto se completó con actores
de enorme solvencia: Bob Gunton (“Nacido el 4 de Julio”, “JFK”, “Demolition Man”) como el alcaide Norton; Clancy Brown (“Los inmortales”)
como el brutal capitán Hadley; el debutante Gil Bellows, en sustitución del previsto Brad Pitt, como el
idealista Tommy Williams; y el venerable James
Whitmore (“La jungla de asfalto”,
“El planeta de los simios”) como el
librero Brooks Hatlen, uno de los personajes más conmovedores de la película. El posteriormente famoso James Gandolfini (“Los Soprano”) era la primera elección
para convertirse en el violador Bogs Diamond, el líder del siniestro clan
autodenominado “Las hermanas”, pero prefirió enrolarse en “Amor a quemarropa” de Tony Scott y le reemplazó Mark Rolston (“Aliens”, “Arma letal 2”).
Con un presupuesto medio-bajo de 25 millones de
dólares, el rodaje de “Cadena perpetua”
dio comienzo en Junio de 1993 y tuvo lugar mayoritariamente en el Reformatorio Estatal
de Mansfield, Ohio, un edificio imponente y decadente que aportó autenticidad a
la historia. El inmueble llevaba años
cerrado y estaba parcialmente en ruinas, por lo que su restauración para el
rodaje fue un desafío logístico. La
filmación duró tres meses pero para el equipo técnico y artístico se hizo
eterna: largas jornadas, calor extremo y un ambiente opresivo que,
paradójicamente, ayudó a los actores a meterse en la piel de sus personajes. La escena en la que Andy y Red conversan en el
patio de la cárcel mientras el segundo lanza una pelota de béisbol tardó nada
menos que 9 horas en rodarse, a causa de la meticulosidad obsesiva de Frank
Darabont, que obligaba a repetir el plano
una y otra vez, concluyendo con
Morgan Freeman en el hospital y regresando al día siguiente con el brazo en
cabestrillo. Otros lugares de rodaje
fueron el Edificio Bissman también en Masnsfield, la Cabaña Pugh en el Parque
Estatal de Malabar o la localidad de Upper Sandusky en Ohio, donde se rodaron las
escenas del juicio de Andy (en el imponente juzgado de Wyandot) y aquélla en la
que Dufresne hace escuchar a los presos el aria de “Las bodas de Figaro” de Mozart; en agradecimiento a la fama que le
proporcionó servir de escenario al film, la carpintería local pasó a llamarse
“Shawshank Woodshop”. La secuencia de cierre,
que retrata el encuentro de Red y Andy en la playa de Zihuatanejo, no se filmó
en México sino en una reserva de tortugas marinas en Saint Croix, una de las Islas
Vírgenes. La huída de Andy a través de
la tubería de alcantarillado se realizó con Tim Robbins arrastrándose por un
tubo relleno de una mezcla de agua, chocolate y serrín para representar las
aguas residuales, aunque Robbins insinuaría después que estaba tan metido en el
papel que hubiera sido capaz de reptar por residuos reales. La fotografía de Roger Deakins (“1984”, “Barton Fink”) fue
clave para el tono de la película; su uso de la luz natural, los tonos fríos y
los encuadres simétricos reforzó la sensación de encierro, mientras que los
momentos de libertad como la famosa escena de la reparación del techo de la
cárcel o el mencionado final en la playa se rodaron con una luminosidad casi
espiritual. Terence Marsh, el legendario decorador de “Doctor Zhivago”, “Un puente lejano” o “La caza
del Octubre Rojo”, fue el diseñador de producción, en tanto que la banda
sonora la compuso Thomas Newman, hijo
del celebérrimo Alfred Newman, que ya había destacado por méritos propios en “Jóvenes
ocultos” o “Mujercitas” y que aquí
elaboraría el que probablemente sería su mejor trabajo, creando un tema principal basado en cuerdas y
piano que transmite melancolía, esperanza y una profunda humanidad. Su música no invade la película, sino que la
acompaña con delicadeza. En escenas como
la liberación de Brooks o la fuga de Andy, la partitura eleva sustancialmente la
emoción pero sin caer en el sentimentalismo fácil.
El estreno en cines de “Cadena perpetua” sólo puede calificarse
de “decepcionante”. Paradójicamente,
primero se había preestrenado con resultados entusiastas por parte del público,
y su presentación en Mansfield (donde se rodó) o el Festival de Toronto daban
pie al optimismo, pero su llegada a salas comerciales el 23 de Septiembre de
1994 (24 de febrero de 1995 en España) supuso un jarro de agua fría para su
distribuidora Columbia
Pictures.
Sus 29 millones de recaudación apenas amortizaban sus costes de
producción, y dijeron los cronistas que no había podido resistir la competencia
de “Forrest Gump” y “Pulp Fiction”. Por lo que respecta a la temporada de
premios, tampoco puede decirse que cosechara muchos galardones, conformándose con
dos nominaciones a los Saturn, dos del sindicato de guionistas, dos a los
Globos de Oro y siete a los Oscar, destacando el guión, la dirección, la
fotografía, la música y las interpretaciones de Tim Robbins y Morgan Freeman,
si bien la durísima rivalidad con “Pulp
Fiction” y, sobre todo, “Forrest Gump”,
la dejó sin estatuíllas.
El
verdadero éxito para “Cadena perpetua”
acabaría llegando con el VHS y la televisión por cable. Casi milagrosamente, se convirtió en una de
las películas más alquiladas y más vistas de la historia y en un fenómeno de
culto que iba creciendo año tras año. La
proliferación de las redes sociales permitió que cada vez más internautas se deshicieran en elogios
sobre ella, y su creciente legión de fans
la aupó hasta el puesto número uno en la relación de Mejores Películas de la
prestigiosa plataforma IMDB (Internet
Movie Data Base), superando a “El Padrino”
o “Ciudadano Kane”.
Sin lugar a dudas, “Cadena perpetua” es una obra que crece con cada visionado. Su aparente sencillez esconde una profundidad
emocional que pocas películas han logrado igualar. Es un relato sobre la dignidad humana, sobre
la capacidad de encontrar luz incluso en los lugares más oscuros y sobre la
importancia de no renunciar a la esperanza. Es cierto que no incluye una historia de amor
al uso, pero la preciosa amistad entre Andy y Red (maravillosos tanto Tim Robbins
como Morgan Freeman) consigue rellenar con creces ese hueco. La simpleza de su resolución (ese póster,
primero de Rita Hayworth y, posteriormente, de Marilyn Monroe y Raquel Welch,
hermosa metáfora cinéfila del paso del tiempo, que tapa el túnel realizado por
Andy con apenas un martillito de joyero que el ex–banquero esconde dentro de
una biblia, justo a la altura del pasaje que describe el Exodo del pueblo judío
en pos de la libertad) no nos priva de la inmensa felicidad de su desenlace,
que resulta tan hermoso como catártico.
¿Y qué decir de las ya comentadas escenas de la reparación del techo de
la prisión, cuando Andy impresiona no sólo a Hadley sino a sus propios
compañeros, la bellísima escucha de “Las
bodas de Figaro” o de momentos también antológicos como la ejecución del pobre
Tommy o la brutal ternura implícita en el suicidio de Brooks, incapaz de
sobrevivir sin la “seguridad” de Shawshank?.
“Cadena perpetua” nos habla de
la resistencia interior, de la amistad como salvavidas y de la libertad como estado
mental, y consigue que nos sintamos presos por siempre de la condena de un
perpetuo amor por el Cine.
Luis Campoy
Calificación: 8,5 (sobre 10)
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