El fin del mundo... otra vez
Hay secuelas que nadie pidió, otras que nadie esperaba… y luego
está “Greenland 2”,
que parece rodada por gente que ni siquiera quería hacerla.
En primer lugar, he de reconocer que la primera parte, que, toda
vez que en España se descartó llamarla “Groenlandia”,
supongo que porque entonces aquel país estaba menos de moda que ahora, y la
mayoría de los españolitos simplemente la conocieron con el subtítulo de “El último refugio”, a mi sí me gustó, y
bastante. Se trataba de una digna heredera
del cine catastrofista setentero, bien hecha, con un gran héroe como Gerard Butler y un núcleo emocional muy
bien plasmado. No obstante, seis años
después nos llega una continuación que me parece poco menos que un mero
trámite, algo así como cuando tienes que renovar el carnet de conducir: en el
fondo sabías que era inevitable, pero poca felicidad te acaba aportando.
“Greenland 2” empieza
narrándonos cómo los supervivientes de la hecatombe originada por el cometa Clarke llevan cinco años viviendo en un bunker que han construido y tecnificado
en Groenlandia, pero no puede decirse que estén a salvo de nuevos
desastres. La zona se ha convertido en
un lugar inestable, se suceden los terremotos, las tormentas electromagnéticas
y los tsunamis y la única esperanza
para la intrépida familia Garrity es migrar a Europa, más allá del Canal de la
Mancha, donde se halla el corazón del cráter dejado por el meteorito y donde se
supone que la Humanidad podrá recomenzar nuevamente…
El poco o nada conocido (esperemos que al menos lo sea en su casa
a la hora de comer) Ric Roman Waugh,
antiguo doble de acción y hermano del tampoco muy nombrado Scott Waugh (¿?),
repite como director de esta “Greenland 2”,
aunque con bastante menos fortuna que en la primera entrega, que, como he
dicho, a diferencia de esta continuación, sí me gustó. El guión, trufado de diálogos vergonzosamente
tópicos, es una machacona sucesión de pruebas de supervivencia que no emocionan
ni al que las escribió. Todo es tan
mecánico que parece que la película esté siguiendo un checklist de retos para el concurso “El Desafío”, un escalón de diferentes niveles de dificultad en el
que el 95 % de los personajes sólo aparecen para morir. No hay tensión, no hay sorpresa, no hay
alma. Sólo una colección de escenas que
podrían intercambiarse entre sí sin que nadie lo notara.
Aparte de la luminosidad idílica de un final que tampoco vamos a
reventar, “Greenland 2” me ha resultado tan oscura que a
ratos me dio por sospechar que el director de fotografía se quedó sin
presupuesto para focos y decidió tirar de linterna del móvil. No hay atmósfera, no hay estilo, no hay
intención. Solo sombras, humo y planos
que parecen sacados de un tutorial de “cómo NO iluminar una escena”. El Apocalipsis, o sea, el nuevo Apocalipsis
2.0 debería ser espectacular, sobrecogedor, visualmente potente, pero aquí se
me antojó simplemente… barato. Un fin
del mundo de outlet.
Sí, Gerard Butler
vuelve para guiar al género humano (o lo que queda de él) hacia la salvación,
pero esta vez parece que la verdadera razón es porque no había nadie más
disponible. El problema es que ya no
cuela. Su personaje corre, salta y lucha
como si tuviera veinte años menos, pero su cara dice claramente: “Yo ya estoy
para papeles de mentor sabio, no para esquivar meteoritos”. No es culpa suya. Es culpa de un guión que vive en la negación
absoluta.
Y luego está el tema geopolítico, que es para nota. La película insiste en mostrarnos a los
estadounidenses como líderes naturales, salvadores universales, faro de la Humanidad…
mientras los europeos aparecen como villanos o, en el mejor caso, figurantes
agradecidos, dispuestos a obedecer con una docilidad que da vergüenza ajena. Es un discurso tan rancio que debería venir
con fecha de caducidad. Pero no: ahí
está, otra vez, como si estuviéramos en 1998 y “Armageddon”
acabara de estrenarse. Y todo ello en un
contexto en el que, día sí y día no, la arrogancia del Presidente Donald Trump pone a Groenlandia en el foco de la
actualidad, con sus indisimulados planes anexionistas.
“Greenland 2”
es una película que no aporta nada, no emociona, no sorprende y no justifica su
existencia. Es más aburrida, más pobre y
más torpe que la primera parte, y convierte el apocalipsis en una experiencia
tediosa. Si el fin del mundo fuera así,
más de uno pediría que aceleraran el meteorito para acabar antes.
Entre ser una película de catástrofes y una película catastrófica
hay una sutil diferencia. “Greenland 2” es una secuela que no
necesitábamos, que no queríamos y que, tras verla, desearíamos poder olvidar.
Calificación: 4,5 (sobre 10)

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