Noticias y política/ THERIANS

 



Ayer fui a cortarme el pelo, o, mejor dicho, a dejar que el barbero me lo cortara.  Cierto es que cada vez va habiendo menos pelo que cortar, pero, aun así, el amigo Tomás consigue siempre que cada visita sea casi trascendental.  Entre las pintorescas anécdotas que ayer resonaron en la barbería, que nunca sé hasta qué punto son cien por cien reales y hasta dónde se benefician de la natural inventiva del peluquero, estaba la explicación a un atasco que le obligó a llegar tarde al trabajo unos días atrás.  Según refirió, harto de estar metido en su coche esperando a que el caos se deshiciera, se bajó a tiempo de contemplar cómo un therian disfrazado de caracol acababa de cruzar la carretera, reptando al ritmo cansino de la babosa a la que pretendía representar.

 

En muy pocos días, los therians se han puesto de moda y han conseguido que todas las teles, todas las radios y casi todas las personas hablen de ellos.  Pero ¿qué diablos son los therians…?

 

La theriantropía (del griego “therion”, “animal salvaje” y “anthropos”, “ser humano”) tiene en realidad orígenes muy antiguos, como lo evidencian pinturas rupestres en Indonesia que muestran figuras humanas con cabezas de ave y tienen más de 44.000 años.  Las criaturas mitológicas como los dioses egipcios Anubis y Horus, los centauros, los hombres lobo o las sirenas son prueba de que la hibridación entre el animal y el humano ya era un tema de conversación hace miles de años.

 

El movimiento therian propiamente dicho nació en los años 90, esa época arcaica en la que Internet era lento, feo y lleno de foros donde la gente discutía cosas tan trascendentales como si un vampiro podía solicitar una hipoteca.  En ese caldo de cultivo, un grupo de usuarios decidió que ser humano estaba bien… pero ser humano con espíritu de lobo estaba mejor.  Eso sucedió, según afirma uno de los líderes espirituales del movimiento, que se autodenomina Wolf VanZandt, el día 16 de Noviembre de 1992 (desconozco la hora exacta) en un foro llamado “alt.horror.werewolves” (AHWW), cuyo propósito aparente era discutir sobre películas de hombres lobo.  En aquel momento, los administradores del grupo se dieron cuenta de que lo que muchos de los usuarios querían no era solamente hablar de licántropos sino identificarse, sentirse como uno de ellos.  Y así, entre chats, pseudónimos y mucha imaginación, surgió la idea de que una persona podía aspirar a abrazar incluso externamente a ese animal que, según dicen, todos llevamos dentro.

 

Viralizado en los últimos tiempos a través de plataformas como TikTok, el universo therian es un pintoresco desfile de personas que aseguran identificarse con animales, pero no de la forma poética de “soy un lobo solitario”.  No.  Aquí hablamos de gente que se graba gruñendo, saltando y oliendo el aire como si hubieran detectado una gacela en el pasillo de su casa.  Todo muy profundo, muy espiritual y, curiosamente, siempre muy bien iluminado para que los videos salgan estupendos.  Para la mayoría de esas personas, no hay nada como grabarte en tu habitación con una careta de dálmata o una cola de peluche comprada en Amazon.  Lo de “therian” suena épico, ancestral, casi mitológico… hasta que descubres que la mayoría de esa gente lo usa para justificar por qué gruñe cuando se enfada o por qué corre a cuatro patas por el pasillo.  Los therians encontraron en TikTok su hábitat natural: vídeos cortos, música épica, filtros que te ponen orejas… y un público dispuesto a tragarse cualquier cosa siempre que dure menos de 15 segundos.  En ese tipo de redes, todo se amplifica: si un adolescente hace un vídeo diciendo que “su espíritu de perro despierta al atardecer”, en cuestión de horas tienes a miles de personas comentando, reaccionando o intentando imitarlo.  Es como una cadena de montaje de identidades alternativas.

 

Lo mejor es la solemnidad con la que algunos se explican.  Tú estás ahí, intentando no atragantarte con el café con leche, mientras ellos te cuentan que “experimentan un shift sensorial” cuando ven un documental de La 2.  Y lo dicen con una convicción que ya la quisiera un político en campaña.  Uno no sabe si admirar tanta creatividad o si llamar al técnico para que revise el router porque algo raro venido de la Red está cortocircuitándote el cerebro.

 

Algunos nos hacemos una sencilla pregunta: ¿cómo es posible que alguien se tome mínimamente en serio este fenómeno?  Se me ocurren dos posibles respuestas.  La corta sería: porque internet ha universalizado, ha democratizado la insensatez.  Hoy en día, si dices algo con la suficiente convicción y lo acompañas de un filtro dramático, siempre habrá alguien que te crea.  La respuesta larga es más compleja: puede haber alguien que realmente vea en ésto una forma de expresión sincera, alguien que lo perciba como una auténtica forma de espiritualidad, gente que escucha a un chaval decir “mis lágrimas de cocodrilo son literales” o a una chavala “me siento una auténtica zorra”  y asiente como si estuviera escuchando a un premio Nobel.  Eso es lo que a mi, personalmente, no me entra en la cabeza.

 

Y ¿qué puede ser lo próximo?  Esa es la parte emocionante.  Porque, si ya hemos llegado al punto de que alguien puede declararse legítimamente un cerdo y no lavarse en años, ¿qué nos espera?  ¿Gente que se identifique como electrodomésticos?  ¿Humanos que aseguren tener un “espíritu de Roomba” y se muevan en círculos por el salón?  ¿Personas que afirmen ser la reencarnación de un semáforo y sus rostros vayan cambiando de color (del rojo al amarillo y del amarillo al verde) al tiempo que su humor va variando también…?  Con Internet, cualquier cosa es posible.  Y lo peor -o lo mejor, según se mire- es que ya (casi) nada podrá sorprendernos.


Comentarios