domingo, 30 de julio de 2017

Cine actualidad/ “SPIDERMAN: HOMECOMING”

Poder sin responsabilidad

Debí leer mi primer comic de Spiderman allá por 1974, con apenas 11 añitos, lo cual era una especie de acto prohibido, porque en las portadas de aquellos pequeños tomitos publicados en blanco y negro por Ediciones Vértice se leía un desasosegante “Historias gráficas para adultos”.  Desde entonces, he ido adquiriendo y leyendo todos los comics del Hombre Araña cuando éste ha sido el original Peter Parker, y me enorgullezco al poder decir que Spiderman ha sido y es mi héroe de cabecera.

La primera vez que vi a Spiderman en acción fue en aquellos episodios de la nefasta serie televisiva de los setenta, que en España y en otros países se exhibieron en pantalla grande, para decepción y cabreo de los fans marvelitas de todo el orbe:  villanos de traca, decorados de cartón piedra, efectos especiales de baratillo.  Por eso, la primera película dirigida por Sam Raimi, que se estrenó en el año 2002, constituyó un regalo sin precedentes, ya que nos permitió adentrarnos en el firmamento arácnido no sólo con elevados niveles de producción, sino sobre todo con un respeto reverencial en la forma y en el fondo, siendo perfectamente reconocibles todos los detalles que habían convertido al Lanzarredes en el mejor amigo y vecino de todo el mundo.

15 años después de aquel “Spider-Man” de Sam Raimi (y Tobey Maguire), y tras una fallida reformulación llevada a cabo por Sony, propietaria de los derechos cinematográficos del personaje, entre 2012 y 2014, nos llega ahora “Spiderman:  Homecoming” (Regreso al Hogar), tercera encarnación del héroe en la gran pantalla, una vez concretada su reincorporación en el seno del Universo Cinemático de Marvel.  El Spiderman de ahora (quien ya fuese presentado brevemente en “Capitán América:  Civil War”), que aparenta unos 15 años y todavía está  en el Instituto, pretende recuperar la esencia primigenia de los comics….  o al menos eso es lo que proclaman a los cuatro vientos sus promotores.

Como dije antes, Spiderman ha sido desde siempre no sólo mi personaje favorito de comic, sino también mi héroe….  y la grandeza de un héroe no se mide únicamente a partir de los asombrosos poderes que posée.  Sí, este Spiderman vuelve a ostentar la fuerza proporcional de una araña, a trepar edificios y a lanzar telarañas, pero ¿por qué, por qué es como es y por qué hace lo que hace?  Cualquier aficionado al comic sabe que el origen del Trepamuros no sólo se debió a la picadura de una araña radiactiva, sino, sobre todo y muy especialmente, al terrible sentimiento de culpabilidad adquirido cuando, por una negligencia juvenil, su querido Tío Ben, la figura paterna que hasta entonces le había guiado, fue asesinado.  A la hora de plantearse esta tercera aproximación, alguien dijo que “todo el mundo sabía lo de la picadura de araña y lo de la muerte del Tío Ben, y por lo tanto no era necesario volver a explicarlo”.  Craso error.  Sin ese poderoso acicate, el nuevo Spiderman se convierte en un adolescente atontolinado cuya motivación principal es unirse al equipo de superhéroes conocido como Los Vengadores, el cual lidera el multimillonario Iron Man/Tony Stark, quien además le ha diseñado un sofisticadísimo uniforme.  Alguno pensaréis que no era creíble que un chaval hubiese creado por sí mismo un traje tan chulo como el que ostentaba el Hombre Araña en sus inicios, pero lo cierto es que en aquellos maravillosos comics escritos por Stan Lee y dibujados por Steve Ditko (y posteriormente por John Romita Sr.) se apreciaba, número a número, cómo el traje iba refinándose, puliéndose, al igual que las habilidades del joven protagonista.  Fue también en aquellos esplendorosos años cuando se fue creando la formidable fauna humana que rodea al protagonista, un celebradísimo conjunto de personajes secundarios que dotaban a Peter Parker de tanto o más interés que su alter ego disfrazado.  Ya hemos dicho que en la nueva película que dirige Jon Watts se ha prescindido absolutamente del Tío Ben (ni está ni se le espera y ni siquiera se le menciona), pero también se desvirtúan, uno tras otro y sin dejar títere con cabeza, las esencias de cada personaje.  En los tebeos, la Tía May era una adorable anciana de cabellos plateados que a menudo estaba enferma, lo cual acentuaba el concepto de que incluso un héroe con poderes asombrosos debía supeditar su existencia al cuidado de otra persona;  en esta ocasión, quien encarna a May es una actriz de 52 años y de muy buen ver, Marisa Tomei, cuyas escenas con el joven Tom Holland me dejaron muy mal sabor de boca.  ¿Y qué decir del resto de acompañantes?  Mientras que el Peter Parker original era un chaval tímido y solitario que defendía a celosamente su identidad secreta, el Peter de esta película se hace acompañar de una especie de Sancho Panza de rasgos orientales, Ned Leeds, que a las primeras de cambio descubre que su amigo es Spiderman.  En el comic, Ned Leeds era un periodista del Daily Bugle, casado con la secretaria Betty Brant y que un día se convertiría en el villano conocido como Hobgoblin (“Duende” en español), pero los guionistas de esta película han utilizado únicamente su nombre y su apellido para crear un personaje absoluta y totalmente distinto.  Idéntico estropicio han realizado, por ejemplo, con el primer interés amoroso de Peter, Liz Allan, rubia y de ojos azules y que aquí es Laura Harrier, una preciosa actriz… negra.  No creo que haga falta explicar, a estas alturas de mi vida, que soy de todo menos racista y que considero y defiendo que la igualdad de derechos es el axioma más verdadero que existe, pero ¿por qué diantres tiene que ser tan infiel una adaptación con respecto a su material original?  En este mismo sentido debe entenderse la contratación de la actriz (también negra, o mulata) Zendaya, popular por sus papeles en Disney Channel, y que supuestamente debía interpretar a “Michelle”, un rol que se han sacado de la manga los guionistas pero que al final se revela nada menos que como…  “MJ”.  Por si alguien no lo sabe, MJ son las iniciales de Mary Jane Watson, la pelirroja más famosa de los comics (de Marvel y de cualquier otra editorial), y nuevamente nos hallamos ante otro innecesario corte de mangas racial.  Cuando veo estas tropelías, supongo que basadas en un absurdo propósito de resultar “políticamente correctos”, me pregunto qué será lo siguiente.  Si Liz y MJ son negras y Ned es chino (y Flash Thompson, paradigama del WASP más rancio, corre aquí a cargo de Tony Revolori, joven actor de ascendencia sudamericana) y la Tía May rejuvenece 30 años, ¿pasará mucho tiempo hasta que algún iluminado considere que Pantera Negra debería pasar a ser Pantera Blanca?  ¿O que el Increíble Hulk quedaría más mono con la piel rosa y no verde?  ¿O que Superman debería ser africano y tener 90 años?  Detesto estas variaciones absurdas e innecesarias que son un escupitajo en la cara a la memoria de un tebeo que lleva siendo amado por millones de lectores desde hace más de 50 años y que ahora parece enfocado a agradar únicamente al público desconocedor de toda esta historia (perdón, historieta).  Joder, si quieren que “su” Spiderman se rodée de personajes acordes a la actual pluraridad y multirracialidad del mundo mundial, que se inventen de cero dichos personajes, pero que no alteren la esencia de los que ya existían antes de que la mayoría de ellos (me refiero a los guionistas) nacieran.

Dado que los villanos más famosos de la serie ya habían sido utilizados en las anteriores películas (Duende Verde, Doctor Octopus, Hombre de Arena, Veneno, Lagarto y Electro), se ha echado mano de uno de los enemigos más clásicos del Trepamuros, el Buitre, éso sí, modificando tanto su apariencia física…  como su personalidad y motivaciones.  Si en el comic se trataba de un anciano inventor que se pasaba al crimen robando bancos, ataviado con un traje verde con alas, ahora es una especie de chatarrero que se ha construido una armadura a partir de los desechos que generan las escaramuzas de los superhéroes, y que, por obra y gracia de nuestros inefables guionistas, resulta ser el padre de…  Liz Allan (ya sabéis, la novieta de Peter Parker, como dijimos hace unas líneas).  El personaje está magníficamente interpretado por el gran Michael Keaton, y es un placer deleitarse con sus escenas con Tom Holland, ambos a cara descubierta, pero vuelvo a proclamar ¿por qué coger un personaje existente y modificarlo hasta hacerlo poco menos que irreconocible?

Mentiría si dijese que me aburrí viendo “Spiderman:  Homecoming”, pero confieso que no la disfruté porque, desde el mismísimo comienzo, sentí que ése no era “mi” Spiderman.  Además de los caprichosos cambios que he enumerado, observé que ni una sola vez se cita el famosísimo leit motiv de la saga, “Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”…  y de todos es sabido que, sin responsabilidades, la vida acaba perdiendo su sentido, su razón de ser.

Luis Campoy

Lo mejor:  es entretenida
Lo peor:  desvirtúa la esencia de los personajes originales
El cruce:  “Spiderman” (2002) + “Iron Man” + “Capitán América: Civil War”
Calificación:  6 (sobre 10)

viernes, 28 de julio de 2017

Cine actualidad/ “LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS”

La perfección del planeta de los pixels

El legendario final de “El Planeta de los Simios” (Franklin J. Schaffner, 1968) es, para mí, el más icónico e impactante de la Historia del cine.  La playa, las olas del mar y los restos de cierto gigantesco monumento que revelan que el protagonista (Charlton Heston) no está donde ni cuando creía que estaba, constituyen un golpe demoleor que deja al espectador absolutamente sin aliento.  Parte de la esencia de esa mítica escena impregna algunos momentos de “La guerra del Planeta de los Simios”, que pretende ser el final de la llamada “Trilogía de César” y, al mismo tiempo, constituir el puente hacia el mítico film que hemos reseñado al principio.

Recordemos que, tras los titánicos esfuerzos de un joven científico para hallar una cura al alzheimer que sufre su padre, un chimpancé utilizado como conejillo de indias obtiene diversas capacidades humanas como las de el raciocinio y el habla.  Muy pronto, el joven César se erigirá en adalid de los derechos de los simios y acabará por convertirse en caudillo de una auténtica revolución.  Años después, cuando ya humanos y monos se disputan el control  del mundo, César y los suyos son atacados en pleno bosque por una facción paramilitar dirigida por un Coronel cuyo fin último es evitar la propagación de un virus que, paradójicamente, priva a los hombres de la facultad de hablar…

Evolución e involución, extrañamente hermanadas, constituyen la base argumental de una película que aspira a ser mucho más que el cierre de una trilogía simiesca de indudable éxito comercial.  Viendo “La guerra del Planeta de los Simios” recordé las clases de Historia, de Antropología, de Ciencias Sociales, en las que te explicaban cómo se organizaban y estructuraban las sociedades humanas en los albores de la Civilización.  No afronté esta película como una película más, sino como una metáfora, poética y dramática, sobre la humanización y la deshumanización, sobre el auge de una especie y la decadencia de otra.

Pero, naturalmente, nos hallamos ante una auténtica virguería en el terreno de les efectos visuales generados por ordenador, y ése es el primer hito ante el que hay que descubrirse.  Realizada mediante el sistema conocido como “captura de movimiento” (los actores, con su rostro y cuerpo recubierto de sensores, ejecutan los movimientos atribuibles a los simios, y luego los magos informáticos completan el milagro), la perfección de su acabado visual es tal que difícilmente puedo uno aceptar que César (prodigioso Andy Serkis) y sus compañeros antropomorfos no estaban ahí realmente, sino que son “sólo” un maravilloso montón de bytes y pixels.

A pesar de algunos evidentes fallos argumentales (esa niña deambulando como Pedro por su casa por el vigiladísimo campo de concentración), la conjunción de casi todos los elementos roza el sobresaliente, porque por una vez se aúnan la tecnología más vanguardista con las emociones que nacen de unos personajes que, sin ser siquiera humanos, nos cautivan con su sufrimiento, su dignidad y su grandeza.

Matt Reeves, realizador de “Monstruoso” y quien ya realizara la anterior entrega de la saga, “El amanecer del Planeta de los Simios”, demuestra una vez más su habilidad para la creación de atmósferas y la descripción de personajes extraordinarios que acaban resultando creíbles;  su siguiente película será la nueva aventura de Batman en solitario, de modo que algunos ya estamos relamiéndonos….  Bajo la dirección de Reeves, el gran Woody Harrelson se erige en un villano auténticamente tridimensional, otorgando a su Coronel de una prestancia y una sustancia que lo hacen odioso a la par que creíble y a ratos, incluso entrañable.  ¿Y qué decir de Andy Serkis?  Ha sido el alma de Gollum o de King Kong, y su César es el protagonista absoluto aun cuando ni siquiera vemos la cara real de este gran actor especializado en mímica y expresión corporal.  La fotografía la firma Michael Seresin y la música la compone Michael Giacchino, nuevamente en forma tras la decepción de su banda sonora para “Jurassic World”.

Luis Campoy

Lo mejor:  los simios creados digitalmente, Woody Harrelson, la fotografía, la música…
Lo peor:  algunos detalles argumentales restan credibilidad al conjunto
El cruce:  “El amanecer del Planeta de los Simios” + “El último mohicano” + “Feliz Navidad, mr. Lawrence”

Calificación:  8,5 (sobre 10)

lunes, 24 de julio de 2017

Cine actualidad/ “DUNKERQUE”

La gran evacuación

“Cada vez que oigo hablar de cultura, quito el seguro de mi pistola”, decía el oficial nazi de la excelente “Mephisto” de Istvan Szabo.  Pues yo, cada vez que oigo que una película (reciente) ha obtenido el beneplácito de público y crítica, o que todos los críticos del mundo, unánimemente, la aplauden, o que ya desde su estreno, se ha convertido en una de las mejores de la historia de su género….  me pongo a temblar.  Literalmente.  Porque sé lo que viene a continuación:  uno, que no es el típico enfant terrible, en esas situaciones, cuando todo el universo universal parece remar en la misma y única dirección, no puede evitar, inconscientemente, enfrentarse a la película en cuestión con el hacha levantada, presto a buscar no ya los multielogiados aciertos, sino también los inevitables defectos.  Y a fe mía que, cuando uno busca….  encuentra.

Francia, 26 de Mayo de 1940.  Miles de soldados ingleses, franceses y belgas pertenecientes a un ejército aliado que acaba de ser derrotado por las fuerzas de ocupación alemanas, se reúnen en la playa de Dunkerque a la espera de ser evacuados por mar.  Sin embargo, la armada de Hitler, conocedora de la gigantesca maniobra, ataca sin piedad a las indefensas tropas que se baten en retirada, provocando una tragedia que sólo podrá ser evitada parcialmente por el apoyo desinteresado de embarcaciones particulares provenientes de las vecinas costas británicas…..

Diez películas dirigidas en casi veinte años de carrera.  Este es el bagaje que como director atesora el londinense Christopher Nolan (nacido en 1970), autor, entre otros alabados títulos, de la celebradísima trilogía sobre Batman, así como de “Memento”, “Origen” o “Interstellar”.  Fue a raíz del estreno de esta última cuando empezaron a oírse (tímidas) voces discrepantes con respecto al canon de magnificencia absoluta que muchos reclamaban, siendo este humilde servidor uno de los que se negó a otorgarle el “10” a un espectáculo que, para mí, poseía una duración excesiva, ostentaba no pocas lagunas en su ritmo y en algunos pasajes adolecía de una sensiblería un tanto empalagosa.

Con “Dunkerque”, Christopher Nolan afronta su primera producción netamente bélica, y lo hace diríase que pretendiendo corregir alguno de los (para mí) defectos anteriormente expuestos:  para empezar, la duración es mucho más ajustada (apenas 106 minutos) y los sucesos están narrados con más asepsia y frialdad.  La acción de “Dunkerque” está estructurada en tres bloques bien diferenciados:  por un lado, presenciamos la agonía de los soldados a punto de ser evacuados (con Fionn Whiteahead, Harry Styles, cantante de One Direction, y Kenneth Branagh canalizando el interés);  por otra parte, vemos cómo la aviación británica (centrada en el personaje de Tom Hardy) trata de proteger a sus muchachos del persistente ataque de los stukas alemanes;  y, finalmente, somos testigos de cómo algunos patronos civiles (ejemplificados en Mark Rylance) ponen sus humildes barquitos a disposición de la Armada de Su Majestad, rescatando a miles de soldados que, sin su intervención, habrían perecido irremisiblemente.  Como era de esperar, estas tres historias acabarán por confluir, otorgando un sentido orgánico a una película que necesitaba multiplicar sus puntos de vista.

Empezaré por exponer lo que me gustó de “Dukerque”, que fue, honestamente, casi todo.  El arranque, en el que un acongojado Fionn Whitehead logra sobrevivir a las escaramuzas de la Wehrmacht y arribar a la playa, es un prodigio de fotografía, sonido y montaje que, acompañado por la espléndida partitura de Hans Zimmer, semeja casi una película de terror.  Durante todo el metraje, la maravillosa dirección de fotografía del holandés Hoyte van Hoytema se erige en pilar básico de esta superproducción bélica, logrando no pocos momentos inolvidables, como ese plano ya inmortal de los cascos de los soldados bañados por la luminosidad grisácea de la primavera francesa.  Las escaramuzas aéreas están magistralmente filmadas (no esperábamos menos de Nolan), los bombardeos son terriblemente sobrecogedores y el momento en que el barco varado va inundándose de agua es sin duda desasosegante.  En realidad, la puesta en escena es, de principio a fin, magistral.

Sin embargo, también hubo cosas que no me gustaron.  En su afán por bifurcar (trifurcar) la historia y expandir sus frentes, Nolan pretende que el espectador divida a partes iguales tanto su atención como sus simpatías, pero tanto las breves pinceladas de guión como algunas elecciones de casting resultan notoriamente fallidas.  Los personajes no están debidamente caracterizados ni en su idiosincrasia ni tan siquiera en la apariencia física de los actores que los encarnan, por no hablar de la inquietante falta de carisma de la mayoría de ellos.  Además, da la sensación de que tanto Tom Hardy como Cillian Murphy están totalmente desaprovechados, siendo solamente Mark Rylance capaz de otorgar humanidad a su rol.  Si el público no logra simpatizar, o empatizar, con los protagonistas de la historia, llega un momento en que se desentiende de ellos, en que le da igual lo que les pase, con lo cual el componente puramente humano queda muy damnificado.  Asímismo, aproximadamente a mitad de metraje, el film deriva en una laguna de inacción en la que durante un buen rato no pasa nada, o lo que pasa no es lo bastante relevante (creí que se me aparecía el fantasma de “Interstellar”), aunque por suerte la última media hora vuelve a remontar el vuelo.

Pero lo que menos me gusta es sentirme forzado a integrarme a pescozones en el rebaño, por el hecho de que todos esos críticos han coincidido (incluso ése que siempre discrepa), a opinar lo mismo que el resto de aficionados para no tener que sentirme la díscola oveja negra.  Sí, me gustó “Dunkerque” y sí, me parece una buena película, pero otras películas de guerra, posiblemente menos buenas, me han gustado más, sencillamente porque, aun careciendo de su innegable perfección técnica, poséen personajes más humanizados y mejor dibujados, que son los que, al fin y al cabo, determinan las emociones más profundas.

Luis Campoy

Lo mejor:  la puesta en escena, la fotografía, el montaje, el sonido, la música
Lo peor:  los personajes apenas están esbozados y la mayoría de los actores, desaprovechados
El cruce:  “Salvar al soldado Ryan” + “Tora Tora Tora” + “Tiburón”

Calificación:  8 (sobre 10)

lunes, 17 de julio de 2017

Cine actualidad/ “BABY DRIVER”

Persecución musical

Proveniente del teatro y el musical, el joven Ansel Elgort (Nueva York, 14 de Marzo de 1994) debutó en el cine en 2013, retomando el papel que hiciera William Katt en el remake de “Carrie”.  A continuación, fichó por la saga “Divergente” (2014-2016) y alcanzó sus más altas cotas como actor al dar vida al enternecedor Augustus Waters de “Bajo la misma estrella”, según la novela generacional de John Green.  Es Elgort uno de esos actores que, carentes de una masculinidad exuberante, utilizan la fragilidad como tarjeta de presentación, lo cual le emparenta de algún modo con iconos como el mismísimo James Dean.

En “Baby Driver”, Ansel Elgort interpreta a Baby, un experto y audaz conductor especializado en transportar a delincuentes que acaban de perpetrar un atraco, y esquivar a las fuerzas del orden que les persiguen.  Aquejado de una enfermedad auditiva, sólo es capaz de concentrarse si escucha música sin parar, y por eso sus espectaculares huídas parecen auténticas sinfonías de acción…

El director Edgar Wright, autor de “Zombies Part”, “Arma fatal” y “Scott Pilgrim contra el mundo”·afirma que concibió la totalidad de “Baby Driver” en torno a una canción del grupo Jon Spencer Blues Explosion, que escuchaba mientras imaginaba locas y trepidantes persecuciones automovilísticas.  Como ha quedado dicho, la música tiene una importancia decisiva en el desarrollo de la trama, y tiene su reflejo en el montaje y en la puesta en escena.  La gloriosa banda sonora de “Baby Driver” incluye potentes temas de Bob & Earl, Kid Koala, Bug Hall, T-Rex o The Commodores, amén de los citados Jon Spencer Blues Explosion.  Apabullante el arranque del film, que te deja clavado en la butaca y te hace preguntarte si es posible que sus casi 2 horas de metraje transcurran igualmente apasionantes.

Al igual que en otras muchas ocasiones, el desequilibrio es el principal obstáculo que debe sortear “Baby Driver”.  Desequilibrio entre forma y fondo, entre acción y quietud, entre los buenos y los malos.  Desde luego, la puesta en escena, que no sólo incluye las fabulosas persecuciones sino también la planificación y el tratamiento del color, es absolutamente fascinante, mas bajo ese envoltorio brillante se oculta un esqueleto argumental que carece de sustancia, de “chicha”:  demasiados tópicos y poca alma.  Eso deviene en que cuando se visualiza la acción uno se queda boquiabierto y ojiplático, pero cuando las ruedas de los coches se detienen, el interés decae bruscamente.  Otro rasgo de debilidad es la esquemática caracterización de los personajes positivos (Baby, la camarera Debora y el padre adoptivo del primero), mientras que los villanos poséen las mejores líneas de diálogo y sus acciones resultan mucho más interesantes.

En el terreno interpretativo, Ansel Elgort encarna, como ha quedado dicho, al protagonista Baby, mientras que Lily JamEs (Dios, ¡cómo se parece esta chica a Jessica Lange!) incorpora a su interés romántico.  En el lado de los malos militan la mexicana Eiza González y los norteamericanos Jon Bernthal, Jamie Foxx y Jon Hamm, liderados por un elegante y sibilino Kevin Spacey.  De todos ellos, el que más me sorprendió fue sin duda Jon Hamm, en un papel totalmente ajeno a lo que asociamos a su inolvidable Don Draper de “Mad Men”, demostrando una vez más que “no hay papeles pequeños sino actores pequeños”.

Luis Campoy

Lo mejor:  el prodigioso arranque, las persecuciones de coche, la puesta en escena en general
Lo peor:  la forma atropella irreversiblemente al fondo
El cruce:  “A todo gas” + “Wanted” + “Cars”

Calificación:  7,5 (sobre 10)

lunes, 10 de julio de 2017

PÍLDORAS DE CINE (Julio de 2017)

Cuando se quieren hacer muchas cosas y se dispone de poco tiempo, no hay más remedio que tomárselo todo en pequeñas píldoras.  Estas son, aparcadas durante algún tiempo, nuestras ¡¡PÍLDORAS DE CINE!!

EL HOMBRE DEL CORAZON DE HIERRO
Más que un biopic al uso de Reinhard Heydrich, uno de los nazis más desatados y crueles, “El hombre del corazón de hierro” (apodo con el que le bautizó el mismísimo Adolf Hitler) pretende describir tanto la personalidad de la “Bestia rubia” como los preparativos de la “Operación Antropoide”, mediante la que la Resistencia checa, con apoyo británico, consiguió asesinarle.  Basada en la novela “HHhH” de Laurent Binet, la película ha sido dirigida por el francés Cedric Jiménez, y consta de dos partes perfectamente diferenciadas:  la primera, la que tiene como único foco de atención al maquiavélico Heydrich, es indiscutiblemente dura y cruel pero consigue captar el interés del espectador;  por el contrario, la segunda mitad, la que se centra en los paracaidistas checos y su comando de apoyo, experimenta una notable merma de ritmo y tensión y deviene en un progresivo aburrimiento.  Obviamente, la cinta se resiente en cuanto sale de pantalla el excelente Jason Clarke, cuya personificación de Heydrich infunde auténtico terror, mientras que los jóvenes Jack O’Connell y Jack Reynor se muestran totalmente ineficaces a la hora de sobrellevar por sí mismos el peso de la cinta.
Calificación:  7 (sobre 10)

DÍA DE PATRIOTAS
Boston, USA, 15 de Abril de 2013.  Elaborados y detonados por dos hermanos, integristas islámicos, dos artefactos explosivos estallan durante la celebración de la famosa Maratón que recorre las calles de la ciudad, provocando 3 muertos y 282 heridos.  Dirigida por Peter Berg, el mismo de “El último superviviente” o “Marea negra”, “Día de Patriotas” narra estos dramáticos sucesos reales, así como la investigación que se produjo a continuación, evitando (al menos, hasta sus prescindibles y lacrimógenos títulos de crédito finales) tomar partido abiertamente, en un intento de establecer el docudrama como género al que adscribirse.  Actores famosos como Mark Wahlberg, John Goodman, Kevin Bacon o J.K. Simmons interpretan personajes secundarios cuya misión es vehicular la trama y captar la atención del espectador.  Loable por su inesperada objetividad, la película contiene una extraordinaria escena de acción (el tiroteo nocturno) que supone su punto álgido, si bien es cierto que ni antes ni después decae la tensión ni se dilapida el interés.  Puede que el Séptimo Arte no posea la cura contra el terrorismo, pero films como éste nos recuerdan que todos somos seres humanos y que, de las cenizas de la catástrofe y el dolor, surgen la solidaridad y la esperanza.
Calificación:  8 (sobre 10)

SEÑOR, DAME PACIENCIA
¿Un catalán de pura cepa (Jordi Sánchez, alias “Antonio Recio”) haciendo de socio impenitente del Real Madrid….?  Creo que desde esa base tambaleante empezó a chirriarme esta película cuyas intenciones superan en mucho a sus logros finales.  Era la creación de ese microcosmos en el que se supone que se ejemplarizan todos los males de la sociedad española actual, el mayor atractivo de una comedia producida por Atresmedia, pero, por desgracia, las carcajadas son tenues y demasiado espaciadas.  Carente de los golpes de ingenio de la muy superior “Ocho apellidos vascos”, “Señor, dame paciencia” no es sino un telefilm más bien modesto, con un par de actores ciertamente entonados (Sánchez, Rossy de Palma), otros que pasan sin pena ni gloria (Megan Montaner, Silvia Alonso, Eduardo Casanova) y algunos (David Guapo, Salva Reina) a los que dan ganas de cubrirles de…  votos negativos.  Lo mejor:  la secuencia de los guardias civiles, que ha dado la vuelta al mundo a través del Whatsapp ¡sin que prácticamente nadie supiera que era un avance de esta película!

Calificación:  5 (sobre 10)