martes, 29 de agosto de 2017

TV actualidad/ “DEATH NOTE”

Libreto mortal

Al igual que en el caso de “Los juegos del hambre”, “Bajo la misma estrella” o “Percy Jackson”, mi mayor fuente de información, hasta ahora, sobre “Death Note”, el manga creado por Tsugumi Oba (guión) y Takeshi Obata (dibujo) han sido mis hijos, más afines que yo a ésto de la “Cultura Millennial”.  El caso es que, desde que vio la luz allá por 2003, “Death Note” no ha hecho sino crecer y crecer en número (millonario) de adeptos:  del manga se pasó a su versión televisiva (anime), de ésta a un film de animación de larga duración, y de éste a un par de películas en imagen real, asimismo realizadas en el país del Sol Naciente.  El fenómeno fan se extendió por todo el orbe, de modo que estaba cantado que, antes o después, llegaría la inevitable versión norteamericana, que en esta ocasión ha producido la popular cadena Netflix.

Light es un estudiante idealista que desea, como tantos otros, mejorar el mundo.  Un día, llega a sus manos un “cuaderno mortal” (“death note”) que, supuestamente, tiene la propiedad de que, cuando se escribe el nombre de una persona en sus páginas, ésta muere.  En principio, Light desconfía de las cualidades mágicas del cuaderno, pero la visita de Ryuk, un shinigami o “dios de la muerte”, le hace cambiar de opinión.  Así, Light comienza a escribir en la libreta los nombres de los peores criminales, y Ryuk se ocupa de que aquéllos vayan pereciendo.  Hasta que otro joven, conocido simplemente como L, un famoso e inteligentísimo detective privado, se propone descubrir el origen de la sospechosa cadena de muertes.  De este modo, los caminos de Light y L están condenados a cruzarse, y sólo uno de ellos saldrá victorioso del terrible desafío mental…

Como dije al principio, mi conocimiento del universo de “Death Note” se limita poco más o menos que a lo que de mis hijos he escuchado, no habiendo leído el comic ni visto ni un sólo episodio del serial televisivo.  Por lo tanto, mi actitud ante la película que ha dirigido Adam Wingard (“Tú eres el siguiente”) era básicamente la misma que la de quienes han visto la reciente “Spiderman Homecoming” sin conocer el material original.  O sea, que la acción se traslade de Japón a los Estados Unidos, que Light sea anglosajón y no oriental, que L sea negro o que Misa, la novia del primero, pase a llamarse “Mia”, en el fondo me da lo mismo.  Lo que no me da lo mismo es que, ya desde el arranque, esta “Death Note”, desprende un tufo insoportable a telefilm cutre para críos muy poco exigentes.  El ambiente universitario del principio está adocenadamente descrito, sin personalidad alguna, y el primer encuentro de Light (correcto Nat Wolff) con Ryuk (voz de Willem Dafoe) oscila peligrosamente entre el terror y la comedia.  Digo “peligrosamente” porque, una vez más, la indefinición se apodera de muchas secuencias, de lo cual se desprende un humor un tanto bochornoso, de ése que no se había premeditado.  Por fortuna la aparición de Mia (Margaret Qualley) endereza un poco las cosas, y de la interrelación de ella y el reverso asesino de Light, apodado “Kira”, surgen algunas de las pocas escenas salvables de todo el metraje.  Pero, ¡ay!, cuando aparece L (indescriptible Keith Stanfield) es como si el cielo se desplomase sobre nuestras cabezas.  Resulta que el mejor detective del mundo, el muchacho más listo y más despierto, se desplaza a saltitos como si fuera un chimpancé, y, en lugar de sentarse, se acuclilla como si fuese a cag…  Que sí, que ya he investigado que, en el manga y el anime, ésa es precisamente la idiosincrasia del personaje, pero, obviamente, hay cosas que en un medio puede que funcionen, pero en otro no provocan sino la carcajada y, como consecuencia, el distanciamiento del espectador medianamente serio.

En medio de este despropósito, sólo cabe destacar la resolución de las escenas violentas (lo mínimo exigible a un especialista como Adam Wingard) y la aportación de un excelente Shea Wigham (el padre de Light), eterno secundario que tal vez en esta ocasión perdure por más tiempo en nuestra memoria.  Y bueno, también admito que, mientras veía/sufría tan decepcionante adaptación, me entraron ganas de conocer de primera mano el material original, por lo que no es imposible que cualquier día de éstos me siente frente a la televisión dispuesto a tragarme, uno tras otro, los 37 episodios de que constó el famoso anime…

Luis Campoy

Lo mejor:  las secuencias de acción
Lo peor:  la caracterización de L, el tono infantiloide, los risibles diálogos
El cruce:  “Destino final” + “Tú eres el siguiente” + “Kick-Ass”

Calificación.  4 (sobre 10)

lunes, 28 de agosto de 2017

Cine actualidad/ "VERÓNICA"

Expediente Vallecas

El 14 de Agosto de 1991, una joven de 18 años, Estefanía Gutiérrez Lázaro, ingresa en un hospital madrileño aquejada de violentas convulsiones, falleciendo horas después sin que los médicos hubieran sido capaces de ayudarla.  Días antes, Estefanía había realizado en compañía de unas amigas del instituto una sesión de ouija que terminó fatalmente, con la pobre Estefanía como principal y mayor damnificada.  A estos misteriosos sucesos se los conoce como “Caso Vallecas” o “Expediente Vallecas”, y han servido de inspiración al director Paco Plaza para la realización de su nueva película “Verónica”.

Tras varios exitosos cortometrajes, Paco Plaza (Valencia, 1973) debutó en el terreno del largo con “El segundo nombre”, constituyendo la trilogía “REC”, que realizó junto a su amigo Jaume Balagueró, su mayor éxito comercial hasta la fecha.  A la hora de trasladar a la pantalla el ”Expediente Vallecas” lo primero que Plaza y su guionista Fernando Navarro hicieron fue liberarse del peso de la fidelidad extrema a lo sucedido, así como liberar a la familia de la innecesaria sobreexposición pública.  De este modo, Estefanía ha pasado a llamarse Verónica, y a tener los rasgos de la debutante Sandra Escacena, de dieciséis años, desde ya una de las mayores promesas del cine español.

Si analizamos la película en el sentido estrictamente argumental, las referencias son tan numerosas (“Ouija”, “Poltergeist”, “Insidious”, “La centinela”, “Babadook” o la reciente “Siete deseos”) que erróneamente podríamos pensar que nos hallamos ante un producto carente de la más mínima originalidad.  Por el contrario, es preciso reseñar que “Verónica” exhibe unas ambiciones cinematográficas de primer nivel que se traducen en una asombrosa puesta en escena, empezando por una primorosa fotografía a cargo de Pablo Rosso y un cuidadísimo diseño de producción que nos traslada infaliblemente a aquellos primeros años noventa que tan frescos quedan aún en nuestro recuerdo.  La ropa, los automóviles, la decoración de las viviendas y los contenidos televisivos de la época (con especial atención a ese inolvidable momento “Centella”) están retratados magistralmente, mostrando un cuidado y mimo poco habituales.  Mas donde brilla especial y esencialmente “Verónica” es en el terreno interpretativo, en el que el director ha sabido aleccionar a los protagonistas infantiles hacia una composición naturalista basada en la espontaneidad de no sentirse dirigidos;  Plaza se las ingenió para ubicar las cámaras fuera de la vista de los pequeños, con lo cual consigue una veracidad raramente vista en el ámbito de nuestra cinematografía.  ¡Chapeau tanto para el realizador como para el (genial) director de casting!.  La citada Sandra Escacena aprovecha cada plano para lucir su talento natural, recordando de algún modo a la versión infantil de la que aquí es su madre, Ana Torrent, inolvidable niña prodigio en “El espíritu de la colmena”, “Cría cuervos”, y “El nido” y actualmente presente en el serial “Amar es para siempre”.

Enmarcada en un momento de cambio socio-político en nuestra España pre-olímpica, “Verónica” refleja también los cambios psicológicos y hormonales que afectan a la joven protagonista, obligada a afrontar una temprana madurez mientras el más allá trata de entrometerse en su vida cotidiana, intrusión a la que hará frente hasta el límite de sus fuerzas.  Una heroína de la vida cotidiana, que no por casualidad escucha incesantemente a la banda de moda en aquellos años, los Héroes del Silencio del carismático Enrique Bunbury.

Luis Campoy

Lo mejor:  el fabuloso casting y la maravillosa dirección de actores;  la fotografía y el diseño de producción, excelentes
Lo peor:  la historia parece de sobras conocida, de tantas referencias como contiene
El cruce:  “Ouija” + “Poltergeist” + “Siete deseos” + “La centinela”

Calificación:  8 (sobre 10)