martes, 23 de mayo de 2017

Ángeles bajo el terror

La primera vez que oí hablar de Ariana Grande (Florida, USA, 26 de Junio de 1993) fue cuando estaba investigando para realizar mi recopilación de Andrea Bocelli.  Junto al extraordinario cantante italiano, la joven Ariana interpretaba “E Piu Ti Penso”, que no es sino una versión cantada del hermoso leit-motiv compuesto por Ennio Morricone para el film “Erase una vez en America”.  Muy pronto, me enteré de que Grande es en la actualidad uno de los mayores ídolos de los adolescentes de todo el mundo, sobre todo desde que interpretó el personaje de Cat Valentine en la serie de Nickelodeon “Victorious”, y averigüé que ya ha grabado 3 LP’s de estudio, el último de los cuales, “Dangerous Woman”, había venido a promocionar a Europa.

Angie, mi hijastra (palabra malsonante para una realidad que debería significar “prácticamente hija”) de 12 años, es una de las innumerables fans de Ariana Grande.  Los niños y adolescentes, tan apasionados como inocentes, constituyen, como he dicho anteriormente, el público potencial de Ariana, y muchos de ellos acuden a sus conciertos con orejitas de gato, haciendo alusión a su citado personaje de “Cat” (“Gata”) Valentine.  Anoche, en el estadio Manchester Arena de la celebérrima localidad británica, el odio, la maldad y el terror golpearon de nuevo, cuando menos nos lo esperábamos y cuando más hubiéramos deseado que algo así no sucediera.

Porque, si horrible e injustificable es que se prive de la vida a cualquier persona, tal infamia es infinitamente más monstruosa cuando las víctimas son los seres más indefensos e inocentes y que apenas están empezando a vivir.

Las Torres Gemelas, el 11-M, Charlie Hebdo, la sala Bataclan, el paseo de Niza, Bruselas, Berlín, Estocolmo, el Parlamento británico…  Por desgracia y a pesar de nuestra estéril convicción de que nuestras fuerzas de seguridad nos protegen, la verdad es que nuestra tradición y nuestra cultura nos exponen día tras día a la locura del terror.  Terror abominable, terror irracional, terror convertido en guerra sibilina y silenciosa.  Asumir que se trata nuevamente de terrorismo islámico nos haría pensar en un irreversible conflicto de civilizaciones, de Oriente contra Occidente, del islam contra el resto de los credos….  Me niego a pensar que eso sea exactamente así.

Estoy convencido de que llamar “terrorismo islámico” a este tipo de ataques es una peligrosa generalización.  Dudo mucho que una persona devota del Islam defienda la realización sistemática de actos criminales como el de anoche, por mucho que alrededor del homicida se extiendan no pocos vínculos con la religión coránica.  Se trata de una compleja red de mentiras y medias verdades cuya finalidad última es la globalización del odio, la universalización del miedo.

Ahora me alegro de que criaturas inocentes como la pequeña Angie no estuviesen anoche en el Manchester Arena, como me alegro de que cualesquiera otros seres amados y sus respetivos hijos se hayan mantenido a salvo del azote del terror.  Son muchas las personas que, inconscientemente o no, van poco a poco retrayéndose de asistir a los eventos más multitudinarios, a veces porque existen dificultades económicas y a veces porque en un rinconcito de su cerebro perciben el latido de una señal de alerta;  “Evita la ocasión y evitarás el remedio”, reza el sabio refrán español…..

Mas la solución para el problema no es sólo extremar las precauciones y abstenerse de las aglomeracione;  la solución, si la hay, precisa de la adopción de medidas conjuntas y consensuadas por parte de la Comunidad internacional.  No, no estoy proponiendo que se “bombardée a los moros”, sino que se tiendan puentes reales de cultura y tolerancia, que se construya un futuro de concordia aun tras un presente de dolor.

No me llaméis “cursi” todavía.  También, naturalmente, hay que extremar las actuaciones policiales y asegurarse de que los dirigentes “iluminados” que han logrado extender la filosofía del Mal sean anulados y confinados donde no puedan hacer más daño.  Asímismo, hay que controlar de cerca a cualquier persona que presente síntomas evidentes de radicalización.  Sólo así podremos afrontar el problema sin convertirnos para siempre en parte de él.


Nada de lo que hagamos ahora devolverá la vida a los pequeños ángeles que anoche sólo aspiraban a un instante de felicidad.  Y nada de lo que ahora podamos decir nos liberará de la sensación de que el o los criminales de Manchester nos han propinado un nuevo golpe bajo que no nos esperábamos ni nos merecíamos.  Nuestra ilusionante e ilusa democracia nos ha convencido de que el imperio del bienestar es un hecho real, pero la verdad es que nuestro mundo es un espejismo, un espejismo que, para que sea real, debemos ganárnoslo paso a paso y golpe a golpe, golpe de Ley y golpe de Democracia.  Ley y Democracia, con toda su rotundidad y rigidez, son el credo que debe iluminarnos, la luz que nos debe orientar.

lunes, 22 de mayo de 2017

Cine actualidad/ “DÉJAME SALIR”

Los negros que tenían el alma blanca

Los analistas más sesudos se han apresurado a decir que “Déjame salir” es un fiel reflejo de la América de Donald Trump, en la que la (in)justicia social y la (des)igualdad racial campan a sus anchas.  No creo que nada de éso sea verdad, en primer lugar porque la película fue concebida y rodada cuando todavía Barack Obama se sentaba en el Despacho Oval, y en segundo porque incluso cuando el primer presidente de color (de color negro) regía los destinos del país más poderoso del mundo, ya se producían amargos y cruentos brotes de racismo, señal inequívoca de que una buena parte de la sociedad yanqui nunca ha aceptado ni aceptará la igualdad entre las gentes de diferente color de piel.

Dicho todo ésto, podemos referir que la historia de “Déjame salir” se centra en una pareja interracial formada por Rose (blanca) y Chris (negro), que un día deciden viajar hasta el campo para conocer a los padres de ella.  Lo que en principio parece un fin de semana ejemplar gracias a la cultura y tolerancia de los suegros, pronto deviene en algo mucho más inquietante y difícil de explicar…

Déjame salir” es la opera prima como director del actor y guionista Jordan Peele (negro, por más señas), hasta ahora especializado en comedias y que, con un increíble éxito de público, ha decidido pasarse al género terrorífico.  Desde que ví el primer tráiler de “Déjame salir” y, sin saber absolutamente nada de ella, quedé prendado de esta original propuesta que ha acabado por exceder mis más locas expectativas.  Todo en ella funciona (casi) a la perfección:  las excelentes interpretaciones de los actores (con el fabuloso Daniel Kaluuya a la cabeza), los diálogos sobresalientes, la fotografía, los encuadres de cámara, la música, el sonido….  El único “pero” que se me ocurriría ponerle al film sería el exceso de minutos dedicados a explicar la subtrama que protagoniza el simpático Rod, pero, ni siquiera tengo claro que ese aspecto no sea otro acierto más imputable al guión que también firma Jordan Peele en solitario.

A mis amigos les he aconsejado que, a ser posible, se enfrenten a “Déjame salir” (nada que ver con la película de vampiros “Déjame entrar”) sin saber nada de ella, porque de esa manera aún serán más disfrutables los giros que va adoptando la historia.  Pero, incluso tras haber visto su espléndido trailer un buen montón de veces, la verdad es que me encantó esta inteligente, aterradora y divertida propuesta, que incluso se permite coquetear con un final calcado de “La noche de los muertos vivientes” y le da una inesperada vuelta de tuerca.

Luis Campoy

Lo mejor:  todo (actores, guión, diálogos, fotografía, música….)
Lo peor:  en todo caso, los excesos humorísticos a cargo del actor Lil Rel Howery
El cruce:  “El color púrpura” + “El sexto sentido” + “La semilla del diablo” + “La noche de los muertos vivientes

Calificación:  9 (sobre 10)

lunes, 15 de mayo de 2017

Cine actualidad/ “ALIEN: COVENANT”

El xenomorfo que hay en mí

La ventaja (o desventaja, vaya usted a saber) de tener ya algunos años es que uno ha tenido oportunidad de vivir de primera mano innumerables acontecimientos…  también cinematográficos.  Como creo que ya he contado alguna vez, recuerdo perfectamente aquel día en que el famoso periodista Alfonso Eduardo, conductor del espacio televisivo “Revista de Cine”, narró que se había desplazado a Londres para presenciar el estreno de una película titulada “Eilian” (o así lo pronunciaba él), en la que aparecía un monstruo del espacio que garantizaba no pocos gritos de terror.  Como habréis adivinado, era el año 1979 y el film en cuestión no era otro que el primer y original “Alien” de Ridley Scott, del cual se acaba de estrenar nada menos que la sexta secuela (incluyendo las dos demenciales entregas de “Alien Vs Depredador”).

Ridley Scott ya es un señor venerable que en este mismo 2017 va a cumplir 80 años, edad que solemos asociar con la vejez y la senectud.  Por fortuna, el cineasta inglés goza de buena salud y parece hallarse en un buen momento de ánimo, porque la idea era rodar varias precuelas de su “Alien” durante los próximos años, decisión que las no muy buenas críticas que esta “Alien: Covenant” está cosechando podrían alterar totalmente.  El caso es que, tras la muy denostada “Prometheus” (película de 2012, también dirigida por Scott, que narraba una historia situada 30 años antes de “Alien”), el también realizador de la mítica “Blade Runner” ha intentado resarcir a los fans de la saga con un nuevo episodio centrado en la acción y el terror…

La nave espacial “Covenant”, que transporta tanto centenares de colonos terrícolas como embriones de más de 1.000 especies animales con el propósito de preservar la vida tal como la conocemos en la Tierra, recibe una transmisión proveniente de un misterioso planeta en el que pronto descubrirán que años atrás se refugiaron los supervivientes de la astronave “Prometheus”.  Una vez en el planeta, lo que parecía un canto a la vida se convertirá inesperadamente en un terrible ritual de muerte…

Lo primero que quiero decir es que, desde sus primeros minutos, “Prometheus” me pareció una obra totalmente fallida e indigna de Ridley Scott, una película que flirteaba peligrosamente con el ridículo y en no pocos momentos se abandonaba a él.  Por el contrario, “Alien:  Covenant” tiene una gran secuencia de apertura, llena de elegancia y luminosidad, que hace concebir sanas esperanzas.  En seguida nos trasladamos a la Covenant, por cuyos pasillos deambula el androide Walter, versión mejorada del David de “Prometheus”.  A partir de un accidente fortuito, la tripulación sufre una baja vital y es entonces cuando la acción se traslada al infame planetoide en el que se desatará la pesadilla.  Una de las cosas que menos me gustaron de “Alien: Covenant” fue la discutible elección del reparto principal;  ni la supuesta protagonista Daniels (imposible Katherine Waterston) ni el rudo piloto Tennessee (torpe homenaje al Dallas de “Alien”, grotescamente interpretado por Danny McBride) poséen el más mínimo carisma, hándicap insalvable que, unido a la mala caracterización del resto de personajes secundarios, contribuye a que las sucesivas muertes sean indiferentes para el espectador.  Sólo el gran Michael Fassbender sabe aprovechar sus secuencias para componer no sólo uno sino dos enormes papeles ya inolvidables:  por un lado, vuelve a encarnar al sibilino David, mientras que también incorpora al más bondadoso Walter, de cuyo encuentro se deparan los mejores momentos de la función.  También el poco apreciado Billy Crudup goza de un papel relevante, aunque Scott no oculta sus verdaderas intenciones y, a partir de la primera hora de metraje (en la cual hay que admitir que se habían aburrido hasta las ovejas), el auténtico rey de la función vuelve a ser el más famoso alienígena del Séptimo Arte.  Ya sea en sus encarnaciones de Neomorfo o en la clásica de Xenomorfo, la criatura creada por H.R. Giger vuelve a provocar esos alaridos de pánico que allá en el espacio apenas serán audibles.

No me siento decepcionado por esta “Alien:  Covenant”, porque la desilusión de “Prometheus” ya me curó de espanto.  Simplemente disfruté sus buenas secuencias de acción, salté en la butaca con sus cuatro momentos terroríficos y traté de no darle importancia a la patética descripción de los personajes (con la excepción de los androides citados).  “Alien” fue y será una obra maestra incólume al paso del tiempo, mientras que “Covenant” es sólo un divertimento menor que, al menos, logra superar a “Prometheus”… lo cual tampoco era muy difícil.

Luis Campoy

Lo mejor:  Michael Fassbender, uno de los mejores y más fiables actores de la actualidad
Lo peor:  la preocupante falta de carisma de Katherine Waterston
El cruce:  “Alien” + “Passengers”·+ “Moon

Calificación:  6 (sobre 10)

viernes, 12 de mayo de 2017

Las pelis del Cine Club/ “PATERSON”

Poeta y transportista

Nuestro querido Cine Club Paradiso de Lorca, siempre al quite a la hora de hacer llegar al público lorquino aquellos títulos que no han tenido cobertura en las pantallas comerciales, se ha apuntado un nuevo tanto al traernos ayer una película tan encantadora y diferente como “Paterson”.

Paterson es, a la vez, el nombre de un pintoresco pueblo de Nueva Jersey, USA, y el apellido del protagonista de la historia, una historia sencilla en la que se nos narra la existencia cotidiana de un conductor de autobús que, en sus ratos libres, ejerce de poeta aficionado, así como la esencia misma de la localidad en la que se circunscribe la historia…

Paterson” es la nueva propuesta del ya veterano Jim Jarmusch, celebrado autor de títulos tan valorados como “Stranger Than Paradise”, “Bajo el peso de la ley”, “Mystery Train”, “Noche en la Tierra”, “Dead Man” o “Ghost Dog” (esta última también exhibida por Cine Club Paradiso).  Para su nueva obra, Jarmusch ha contado nada menos que con el ascendente Adam Driver, catapultado a la fama tras interpretar al villano Kylo Ren en “Star Wars Episodio VII:  El despertar de la Fuerza”.

Driver es Paterson, ese joven poeta para quien la poesía constituye el pasaporte a un mundo imaginario que le aleja de la rutina de su día a día.  Precisamente una de las mayores virtudes del film es el modo en que se narra, sosegada y plácidamente, lo bonita que puede ser la coloquialidad de una población en la que prácticamente no pasa nada, en la que una trifulca en un bar, la avería de un autobús o la travesura de un perro son los mayores sucesos que alteran su normalidad.  Otro foco de interés es la propia esposa de Paterson, Laura (interpretada por la iraní Golshifteh Farahani, vista en “Red de mentiras” o “Exodus”), todavía más inquieta que su marido y que divide su tiempo entre la decoración de interiores, la elaboración de cupcakes y su pasión por la música country, siempre basándose en una paleta de colores reducida al blanco y el negro.  La alusión a la dualidad, la simetría e incluso los polos apuestos es otra característica que el film retrata con esmero:  el blanco y el negro omnipresentes, la similitud del nombre del protagonista y su ciudad, la aparición de no pocos hermanos gemelos en diversas escenas (muy divertida la alusión a los míticos Sam & Dave), la cuidadísima composición de planos que se pretenden llenos de equilibrios simétricos…

Plagada de alusiones al poeta local William Carlos Williams, que al parecer fue también médico residente en Paterson, este hermoso y entrañable film nos presenta de forma visual los poemas que el protagonista va pergeñando, escritos obviamente en inglés y traducidos por el doblador a la lengua castellana, con un curioso gazapo o licencia poética que me pareció muy chocante:  en un momento dado, en una de las poesías Paterson se refiere a su esposa como “Pumpkin” (“Calabaza”)…  pero lo que se nos traduce es…  “Palomita” (¿?).  Divertida anécdota de una película que convierte en arte la inacción, y el hábito en aliciente.

Luis Campoy

Lo mejor:  la narración cinematográfica de Jarmusch, tan poética por fuera como por dentro
Lo peor:  las quejas de quienes piensan que inacción es igual a aburrimiento
El cruce:  “El ladrón de orquídeas” + “La entrega” + “Doctor en Alaska

Calificación:  8 (sobre 10)

lunes, 8 de mayo de 2017

PÍLDORAS DE CINE (Mayo 2017)


Ya estamos en Mayo, el Mes de las Flores, pero también de la Fiesta del Cine.  ¿Cuál de estas películas os interesaría ver…?

FAST & FURIOUS 8
Ha batido récords en la taquilla internacional.  ¡Y se trata de la octava entrega de una franquicia que comenzó en 2001!  Hay quien no entiende el éxito de este film, y voy a dedicar las siguientes líneas a tratar de explicarlo.  Como no me canso de repetir, la clave para disfrutar una película suele ser saber lo que se puede esperar de ella.  En el caso de la franquicia iniciada con “A todo gas”, los ingredientes están a la vista en cualquiera de sus tráilers:  espectaculares persecuciones, descargas de adrenalina y un sentido del humor tan tosco como eficaz.  Obviamente, pedirle a un film de estas características que tenga un buen guión, que sus diálogos sean floridos o que sus actores realicen interpretaciones de Oscar es, como Tom Cruise diría, una misión imposible.  Aclarado este punto, he de admitir que “Fast & Furious 8” sencillamente…  me encantó.  Se trata de un espectáculo que exige que el espectador asuma de partida su total carencia de realismo y verosimilitud, y que el listón de exigencia crítica descienda a niveles raquíticos….  pero cuando empiezan las persecuciones, cada una más imaginativa que la anterior;  cuando la acción trepidante te convulsiona los sentidos;  cuando el carisma inherente que destila cada uno de los actores que se entregan, totalmente desinhibidos, a la loable causa de entretener sin más, te cautiva sin paliativos….  cuando todo éso sucede, si uno logra dejarse llevar, disfrutará sin duda un momento de espléndida, sencilla y directa diversión.  ¡Que tampoco viene mal de vez en cuando, recórcholis!
Calificación:  7,5 (sobre 10)

Z, LA CIUDAD PERDIDA
He leído que Percy Fawcett, el protagonista (verídico) de “Z, la ciudad perdida”, estaba en la mente de George Lucas cuando creó al carismático aventurero Indiana Jones.  No seré yo quien discuta tal aseveración, pero lo cierto es que las películas protagonizadas por ambos personajes se hallan en las antípodas la una de la otra.  Arqueológo, explorador y militar, Fawcett nació en Inglaterra en 1867, y se le dio por muerto en Brasil en 1925.  La mayor parte de su vida adulta la pasó buscando (¿infructuosamente?) la mítica ciudad de El Dorado, a la que él bautizó simplemente como “Z”.  Tras varios viajes a Sudamérica, desapareció cuando realizaba el que sería el último y definitivo, en compañía de su hijo mayor;  no se les volvió a ver con vida, o al menos no existen pruebas de que fueran vistos tras esfumarse en mayo de 1925.  La película que ha dirigido James Gray (“El sueño de Ellis”) goza de una incontestable calidad técnica (la fotografía, el diseño de producción y el vestuario son de primera), si bien, al menos a mí, se me atragantó desde el principio.  Muy cuidada en lo estético, sí, pero carente de emoción, de intensidad, de espíritu aventurero.  Nada de lo que sucede al protagonista o a sus acompañantes está narrado de manera que provoque pena, alegría, inquietud o desasosiego en el respetable.  Charlie Hunnam está bien, Robert Pattinson se esfuerza por desencasillarse y Tom Holland, el nuevo Spiderman, casi logra parecer un adulto;  pero, incapaz de ser partícipe activo de la trama, insensible ante lo que se me narraba, para mí la “Z” del título fue, inevitablemente, la inicial de “zoporífero”.

Calificación:  6 (sobre 10)

miércoles, 3 de mayo de 2017

Cine actualidad/ “GUARDIANES DE LA GALAXIA, Vol. 2”

¡Vuelve la Space Ópera!

Recuerdo con infinitos cariño y nostalgia los meses que sucedieron al estreno de “La Guerra de las Galaxias” (“Star Wars”, George Lucas, 1977).  El público, especialmente el público juvenil, sediento de más historias fantásticas de aquella índole, se vio impelido a saciar sus ansias aventureras en el manantial inagotable de la “space opera”, género del cual seguramente el propio Lucas había bebido.  En mi caso, no fueron pocas las novelas (“Galaxias enemigas” de Curtis Garland o “El planeta maldito” de Clark Carrados, por citar sólo unos ejemplos) y cómics (la inolvidable “Saga de los Aznar” de Pascual Enguídanos, alias George W. White) de los que dí buena cuenta en aquella época, los cuales me dejaron una cierta huella que el paso de estas cuatro décadas no ha logrado borrar.  El otro día, mientras veía en el cine “Guardianes de la Galaxia, Vol. 2”, me vinieron a la mente todos aquellos dulces recuerdos, y creo que éso redundó en que la película me gustase incluso más de lo previsto….

Han pasado tres años desde el estreno de “Guardianes de la Galaxia” de James Gunn, la cual constituyó una muy agradable sorpresa para el público no especialmente versado en la saga comiquera creada por Dan Abnett y Andy Lanning, que a su vez versionaba la historieta original de Arnold Drake y Gene Colan.  Formada por el medio humano Star-Lord y sus colegas extraterrestres Gamora, Drax el Destructor, Mapache Cohete y Groot, la nueva alineación de los Guardianes de la Galaxia se convirtió en el centro de una entretenidísima aventura que maravilló a propios y extraños, en parte debido a sus (muy digitales) efectos visuales y en parte merced a la perfecta química que destilaban las relaciones establecidas entre sus protagonistas.  Lógicamente, la inevitable continuación incide exactamente en los mismos alicientes, y, como suele suceder en estos casos, los magnifica exponencialmente (ya conocéis el viejo dicho del caldo y las tazas….).  Eso quiere decir, obviamente, que hay más espacio, más naves y más batallas siderales, y, lo mejor de todo, que a los personajes se les dedican aún más tiempo y esfuerzo para dotarlos de profundidad y complejidad.

Convertido en una superestrella, el antaño fofisano Chris Pratt vuelve a liderar a los Guardianes, gracias a su personaje bombón de Star-Lord, alias Peter Quill, el terrícola que nació de la unión de una humana y un alienígena todopoderoso, al que da vida un recuperado Kurt Russell.  Junto a él, nuevamente se lucen Zoe Saldana y Dave Bautista (el “Batista” de la WWE), y continúan robándonos el corazón los digitales Rocket (voz de Bradley Cooper) y un infantil y adorable Groot (doblado por Vin Diesel), que hará las delicias del personal.  Asímismo, personajes más secundarios como Yondu (Michael Rooker) o Nébula (Karen Gillan) adquieren mayor peso específico, lo cual se agradece sobremanera.  La conclusión es que, al menos para mí, los mejores momentos de “Guardianes de la Galaxia Vol. 2” devienen de las escenas sosegadas en las que los protagonistas hablan, bromean o discuten entre ellos, disponiendo cada uno de los personajes principales de un momento de gloria o lucimiento que me recordó a los famosos quince minutos que reclamara en su día Andy Warhol.  Por otra parte, el afán de hacer de los efectos especiales un elemento aún más determinante, redunda en un derroche visual preñado de rayos y lucecitas, que particularmente me resulta un poco cansino e indigesto, y que alcanza su cénit en esa secuencia en la que Star-Lord y su padre Ego se enfrentan a vida o muerte, la cual tiene no pocas reminiscencias de una escena de similares connotaciones paterno-filiales vista en el aburrido “Hulk” de Ang Lee (2003).

Resumiendo, “Guardianes de la Galaxia, Vol. 2” es, obviamente, más de lo mismo, aunque no forzosamente mejor.  Sus diálogos y las relaciones interpersonales son obviamente lo más conseguido, y se merecen mi más sincero aplauso;  en cuanto a la parafernalia más puramente cibernética, personalmente hubiera agradecido algo más de moderación, pero, así y todo, admiro la mayor parte de sus logros en ese terreno.  Otro aspecto a ensalzar es, nuevamente, la maravillosa banda sonora (“Awesome Mix Vol. 2”) enriquecida con míticas canciones de los años 70, entre las que podríamos destacar en esta ocasión “Mr. Blue Sky” de la ELO, “My Sweet Lord” de George Harrison, “The Chain” de Fleetwood Mac o “Father And Son” de Cat Stevens.  El caso es que, en conjunto, nos encontramos ante un espectáculo que no dudo en recomendar a los amantes del cine de aventuras en general y de la ciencia ficción en particular, homenaje hipertrofiado a aquella humilde “space opera” que en cierta época de mi vida me ayudó a mitigar el inmenso “mono” que “La Guerra de las Galaxias” me había generado.

Luis Campoy

Lo mejor:  la excelente química que se desarrolla entre sus personajes
Lo peor:  el exceso de parafernalia visual con tufillo a ordenador
El cruce:  “Guardianes de la Galaxia” + “El Imperio Contraataca” + “Hulk”

Calificación:  8 (sobre 10)