Cuando el australiano Baz
Luhrmann preparaba su peculiar acercamiento a la gigantesca figura de Elvis Presley para realizar su película
de 2022 que acabaría llamándose simplemente “Elvis”, tuvo la suerte de localizar un auténtico tesoro en una mina
de sal subterránea del estado de Kansas.
Esa mina, utilizada como servicio de almacenaje por parte de la compañía
Warner Bros., contenía, entre otras
muchas joyas, nada menos que 68 cajas de material de archivo desechado de
cuando Universal Pictures produjo
sendos documentales siguiendo a Presley durante varias giras de conciertos, que
darían lugar a las cintas conocidas como “Elvis:
That’s The Way It Is” (1970) y “Elvis On Tour” (1972). Por si fuera poco, también se encontró una
última caja que contenía una extensa entrevista nunca antes emitida en la que
el artista no sólo repasaba su trayectoria sino que hablaba de todo (o casi
todo). Luhrmann, que en la película protagonizada
por Austin Butler quiso narrar la
vida del mito desde la óptica de su mánager, el maquiavélico Coronel Parker (al
que dio vida nada menos que Tom Hanks),
se guardó este diamante en bruto durante tres años, hasta que ha podido
restaurarlo, pulirlo y convertirlo en un documental al que ha titulado, en un
alarde de originalidad, “EPiC”, lo
cual es un juego de palabras utilizando las iniciales de “Elvis Presley in Concert”.
Recuerdo que, cuando vi aquella “Elvis” de Baz Luhrmann y la posterior “Priscilla” de Sofia Coppola,
en ambos casos me chocó mucho que el gran Elvis fuese casi un personaje
secundario del que, sobre todo en el último caso, apenas se destacaban aspectos
negativos. “EPiC” pretende ser el necesario contrapunto y aquí se le devuelve
al primer plano que sin duda se merece.
Como ya he contado alguna vez, lloré cuando se murió Elvis y lloré
cuando se murió John Lennon (bueno, y también cuando mi abuela, pero esa es
otra historia), y es que la música tiene el poder de convertir en mitos a
aquéllos que realmente la practican con arte y majestuosidad (no, no me estoy
refiriendo a Bad Bunny). Las cintas que constituyen el grueso de “EPiC” fueron grabadas durante los años 1969
a 1972, cuando Elvis había dejado de liderar los charts y las listas de éxitos,
decidió retirarse del cine y el Coronel Parker le convenció para convertirse en
el principal aliciente de Las Vegas. En
la ciudad de los casinos, Presley permaneció durante casi ocho años y brindó
más de 600 conciertos, muchos de ellos el mismo día repartidos en varias
sesiones. Su centro neurálgico fue el
International Hotel (luego renombrado Hilton), lugar donde concedió la
entrevista que sirve de base al documental que nos ocupa. En aquel momento de su vida, a pesar de su
indiscutible carisma y de su portentosa voz, La Pelvis era poco menos que un fracaso con patas. El estilo que le había lanzado a la fama (el
rock and roll reconvertido en rockabilly) ya no estaba de moda y ni siquiera en
su faceta de actor podía decirse que había alcanzado la gloria, sino más bien
lo contrario. Cantar en Las Vegas supuso
una especie de renacimiento para él, al menos a juzgar por el fervor del
público que se congregaba jornada tras jornada y al que tenía siempre
encandilado.
El documental, para mi, es digno de Oscar, aunque sólo sea por la
prodigiosa reconstrucción de los materiales que, como digo, llevaban más de
cincuenta años sumergidos en un almacén.
La imagen ha sido restaurada con una perfección tal que parece rodada
ayer, y el sonido ha sido remasterizado y suena mejor que cualquier concierto
actual. Además, en varios momentos la
pericia del montador superpone y encadena unas imágenes con otras, logrando resultados
asombrosos que te dejan boquiabierto.
Elvis aparece en toda su madurez y magnificencia (recordemos que estaba
en lo mejor de la treintena y aún no había alcanzado el grado de obesidad que
al final le lastraría) y es capaz de cantar magistralmente tanto su repertorio
de clásicos como nuevas piezas de country, gospel
y rhythm and blues, además de
atreverse a versionar a los Beatles o Simon y Garfunkel. En cuanto a la entrevista que acompaña a los
conciertos, la película comienza con un repaso a su trayectoria y poco a poco el
ídolo nos va desgranando anécdotas sobre sus músicos de acompañamiento, sobre
lo mal que canta Bob Dylan o sobre su negativa a opinar acerca de la Guerra de
Vietnam. Eso sí, al contrario de lo que
pasaba en las otras ocasiones a las que me referí anteriormente, aquí tanto el
Coronel Parker como su esposa Priscilla y su hija Lisa Marie son muy, pero que
muy secundarios.
Me hubiera gustado que, ya que se subtitulan los fragmentos de
entrevistas, en la versión española de “EPiC”
también se hubiera hecho lo mismo con las letras de las canciones; poco les
costaba, la verdad. Pero bueno, hay que
conformarse con lo que tenemos, y lo que tenemos es un verdadero regalo para
cualquier fan de Elvis Presley y una excelente puerta de entrada a su universo
para quienes todavía no conozcan al indiscutible e inmortal Rey del Rock.
Luis Campoy
Calificación: 7,5 (sobre 10)

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