Básicamente, estoy contento y
satisfecho con el reparto de “cabezones” que tuvo lugar anoche en un escenario
tan poco habitual para este tipo de actos de cariz “hispanoopresor” como el
Auditori Fòrum de Barcelona. Al final
ganó mi preferida, la que en su momento catalogué como “la tercera película que
más me gustó de todas las que vi en 2025”, la extraordinaria “Los domingos”, pero los académicos se
las ingeniaron para que su principal competidora, “Sirat”, obtuviese mayor número de galardones (aunque en categorías
más técnicas). Me encanta tan salomónica
decisión. “Sirat” me maravilló visualmente, me descubro ante su pericia
técnica y su fascinante envoltorio, pero, como ya dije y mantengo, su argumento
me parece una bobada, no me creo a sus personajes y me desagrada el mundo que
describe. Por el contrario, “Los domingos” me conmovió de principio a
fin, empaticé con la joven aspirante a monja pero fui capaz de comprender todos
y cada uno de los puntos de vista de quienes la rodean y, al salir, me sentí
una persona más tolerante y respetuosa hacia los demás. “Sirat”
acumuló 6 premios (Fotografía, Banda Sonora, Sonido, Montaje, Dirección
Artística, Dirección de Producción y Mejor Melena Desafiante para su director Oliver “Soy la Leche” Laxe; bueno, el último es coña) y “Los domingos” se “conformó” con cinco
(Película, Dirección, Guión Original, Actriz Protagonista y Actriz
Secundaria). Es decir, la una ganó a la
otra en número de galardones pero la segunda batió a la primera en la
“importancia” de los reconocimientos: ninguna perdió del todo y ambas pueden
definirse como triunfadoras. Lo que está
claro que ganó, y arrasando, fue el Cine Español en su conjunto, ya que la
audiencia de la gala de los Cuadragésimos Goya fue la más multitudinaria de la
historia; ahora sólo falta que los espectadores de la retransmisión en Tele
Pedro (perdón, en La 1) se conviertan también en espectadores de las “pelis” en
los cines. Por cierto, empieza a
“cantar” el ya repetitivo monotema de los discursitos reivindicativos. El sempiterno “Viva Palestina” nunca pasará
de moda, pero si le añades el “Libre” al final es mucho menos genérico y algo
más polarizador. Puestos a manifestarse
contra la beligerancia como lacra a eliminar, un “No a la guerra” queda de maravilla, pero si nos limitamos a
condenar una guerra sí y otras no, ¿de qué estamos hablando en realidad?. Hacer distinción entre unas contiendas y
otras ya resulta hasta un poco sospechoso; acordarse de Palestina, que
evidentemente está experimentando un sufrimiento terrible que merece nuestro
apoyo, está muy bien, pero ¿no se merecen también nuestra consideración las
víctimas del conflicto de Ucrania, o incluso los reprimidos en Venezuela o
Irán?. Posicionarse contra la Guerra, contra
cualquier guerra, es pacifismo; centrarse sólo y únicamente en la guerra de
Gaza, es ideología. Retornando al tema
Goya, cuya gala condujeron Luis Tosar
y Paula Ribó, perdón, Rigoberta Bandini,
me alegró también que la película murciana “Sorda”,
que, además de murciana, es excelente, se trajese tres estatuillas a Molina de
Segura; dado que mi amigo Jesús Martínez "Nota" se quedó a un paso de la
candidatura final con su corto “La Mort”,
esta es una consolación que se agradece. También se habla mucho de los parlamentos en
lenguas cooficiales que, a imagen y semejanza de los que tienen lugar últimamente
en el Congreso, nos permiten enriquecernos los unos a los otros. Nada que objetar, si acaso, que una cosa es
decir un par de frases en tu lengua materna, y otra cosa muy distinta es que,
teniendo todos un mismo idioma, prefieras renunciar deliberadamente a éste
porque sí, porque hablar en la misma lengua que Ayuso o Pérez Reverte es “de
fachas”. Que sí, que la política lo corrompe
y lo emponzoña todo, máxime cuando, en un país en el que el cine autóctono necesita
de subvenciones para subsistir (y para existir), sólo se puede manifestar una
opinión política y no “la otra”, porque, si no, te arriesgas a quedarte sin
subvención… o mismamente a no existir. Por suerte, Santa Susan Sarandon, Goya de Honor, nos confirmó a todos que Pedro
Sánchez y su Gobierno están en el lado correcto de la Historia, y así, al
menos, podremos seguir durmiendo tranquilos y soñando con que, el año que viene,
todas las películas nominadas hayan tenido una buena distribución en salas y un
número de espectadores constatable y satisfactorio.

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