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sábado, 4 de marzo de 2006

Mi comentario sobre "BROKEBACK MOUNTAIN"


Anoche ví por fin “Brokeback Mountain”, y lo hice nada menos que en el viejo Cine Rex de Murcia, lugar de encuentro y casi de culto para los cinéfilos murcianos. Algunas grandes películas las he visto en esa misma sala,como “Evita” o “Salvar al soldado Ryan”, y de todas ellas guardo un cariñoso recuerdo.

“Brokeback Mountain” es, ante todo y sobre todo, una película romántica. Las connotaciones (en este caso, homosexuales) resultan innecesariamente superfluas, porque se trata de un film que exuda y exhala romanticismo, independientemente de cuál sea el sexo del ser amado por sus protagonistas masculinos. Se está insistiendo mucho en que se trata de un western gay en el que se cuenta el romance de dos cowboys, y ya en esta primera definición existen, como mínimo, dos inexactitudes. En primer lugar, no es cierto que “Brokeback Mountain” pueda ser considerada un western; del género norteamericano por excelencia sólo toma prestados el escenario y algunos elementos funcionales como el vestuario y los caballos. Pero es que tampoco sus dos protagonistas son cowboys, ya que este término define a los “muchachos que tratan con vacas”, y los animalitos que custodian los torturados jóvenes del film son ovejas; por tanto, puestos a rizar el rizo, si queremos definirles con propiedad, deberíamos llamarles no “cowboys”…. sino “sheepboys” (y valga esto, únicamente, como chiste idiomático).

Estamos en 1963. Dos jóvenes que aparentemente no tienen nada en común aceptan pasar el verano juntos en las montañas, custodiando las ovejas del antipático Aguirre (Randy Quaid). Uno de los chicos, Ennis del Mar (Heath Ledger, “Destino de caballero”, “Casanova”) es tímido y callado, mientras que el otro, Jack Twist (Jake Gyllenhaal, “El día de mañana”, “Jarhead”) es más alegre y extrovertido. Transcurren las semanas sin que apenas hablen entre ellos, ocupados en desarrollar lo mejor posible su cometido, hasta que una noche se emborrachan y, vencidos por el frío, acaban por dormir juntos en la única tienda de campaña disponible. Lo que sucede en ese momento marcará sus vidas para siempre, constituyendo un punto de inflexión a partir del cual tratarán, en un primer momento, de negar la pureza y sinceridad de sus sentimientos, pero más adelante será esa secreta e inconfesable relación lo que dará sentido a la existencia de cada uno de ellos, a pesar de que ambos contraen matrimonio y tienen hijos con sus respectivas esposas…..

Cuando una película viene precedida de la aureola que envuelve ya a “Brokeback Mountain” (ganadora en los Globos de Oro y los premios de la crítica norteamericana, y clara favorita para los Oscar), lo primero que hay que analizar es si tal expectación está o no justificada. Es decir, si, en lugar de hablarnos de un amor prohibido entre dos personas del mismo sexo, se tratase de un amor prohibido entre un hombre y una mujer, ¿créeis que el film se hubiera hecho tan popular? Obviamente…. no, y éso ni le quita ni le pone méritos estrictamente cinematográficos. No quiero ni pensar cómo hubieran contado esta misma historia dos realizadores tan dispares como Pedro Almodóvar o Eloy de la Iglesia (habituales del cine de connotaciones homosexuales), así que el mayor mérito atribuíble al taiwanés Ang Lee (realizador todoterreno, autor de obras tan dispares como “El banquete de bodas”, “Sentido y sensibilidad”, “La tormenta perfecta”, “Hulk” o “Tigre & Dragón”, a los que indefectiblemente aporta un toque de inteligencia y distinción) es su admirable sutileza, que consigue que el espectador participe del torrente de emociones que fluyen entre los dos personajes principales, sin tener que tomar partido a favor ni en contra ni erigirse en juez o jurado del hecho de este romance inesperado e inevitable.

No obstante, tengo que decir que, si bien son ciertas las valoraciones eminentemente positivas que los críticos de medio mundo han manifestado sobre la película, mentiría si dijese que “Brokeback Mountain” me fascinó, me encantó o me gustó con locura. De hecho, ya que hablamos de Oscars, la misma “Munich” de Steven Spielberg me parece bastante mejor película, aunque, claro, estamos en una época de determinado talante socio-político, y una “love story” homosexual está mejor vista que el análisis de las causas y consecuencias del terrorismo árabe o israelí. Los logros de “Brokeback…” son numerosos y notorios, empezando por las interpretaciones de los actores: Heath Ledger está espléndido, y su aparente hosquedad inicial queda enseguida trascendida por su expresividad, su contención y la precisión de todos y cada uno de sus gestos. Michelle Williams, su esposa en la ficción, crea un personaje digno de Oscar, tierno y abnegado al principio, pero finalmente vencido por el peso insoportable del secreto de su marido. Por su parte, Jake Gyllenhaal, nombrado hace poco el “segundo hombre más sexy del mundo” (sólo por debajo de Brad Pitt), demuestra estar a años luz de su compañero Ledger, lo cual, de algún modo, desequilibra dramáticamente la segunda mitad del film; por éso su Jack Twist (poco menos que risible con el bigotón que le encasquetan para simular su envejecimiento) se ha considerado personaje secundario, mientras que Ennis tiene categoría de protagonista. La fotografía de Reynaldo Villalobos es maravillosa, y no sólo cuando retrata los idílicos paisajes montañosos del medio oeste americano, y la música (de Gustavo Santaolalla), también nominada al oscar, contrapuntea acertadamente las imágenes, sin bien peca de minimalista y demasiado reiterativa, en detrimento de los sinfonismos de John Williams.

Llena de detalles inolvidables (el beso apasionado de los protagonistas después de su primera noche de amor y justo después de que Ennis le diga a Jack, dolorosamente enojado consigo mismo, “Yo no soy marica”; la visita de Ennis a los padres de Jack, con especial mención al hallazgo de la camisa manchada de sangre; la última reunión de los dos hombres en la silenciosa penumbra del río; la conversación final de Ennis con su hija…), menos empalagosa de lo que hubiera sido previsible (el director controla a la perfección el devenir de los sentimientos, logrando, casi milagrosamente, dotar a cada escena del tono adecuado) y, al mismo tiempo, más dura de lo que yo esperaba (el momento decisivo del despertar homo-sexual de los protagonistas está visualizado con más frenesí que timidez y con más crudeza que delicadeza), “Brokeback Mountain” no debe ser entendida, en ningún caso, como apología de la homosexualidad (como sí lo son los films de Derek Jarman o nuestro Almodóvar), y, de hecho, las consecuencias de esa pasión clandestina serán dramáticas e incluso trágicas. Inspirada por un relato corto de Annie Proulx (quien, por cierto, estuvo en España hace pocas semanas apoyando el estreno del film), se trata de una bonita y entrañable película, bien narrada, bien interpretada y revestida de belleza, un relato de amor y culpa, de amistad y complicidad, de descubrimiento y aceptación… y cómo no, de prejuicio e incomprensión. A modo de epílogo, constatar un aspecto que me sorprendió (desagradablemente): ¿era necesario que el doblaje español emplease tantas “floridas expresiones” de nuestros días para ilustrar unos diálogos que se supone están localizados en la norteamérica de los años 60?

Calificación: 8 (sobre 10)
Luis Campoy

1 comentario :

Anónimo dijo...

LA MEJOR PELICULA DE EL MUNDO,
UNA MARAVILLOSA HISTORIA DE AMOR,
LA PELICULA MAS ROMANTICA Y PRECIOSA DE TODOS LOS TIEMPOS,
FELICITO A LOS COWBOYS GAYS(JAKE & HEATH)SIN ELLOS NO ABRIA SIDO POSSIBLE
LA ENTRADA AL AÑO NUEVO,