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viernes, 3 de marzo de 2006

Lucie Silvas y Rosa de España

El otro día escuché por la radio a una joven cantante británica de la que jamás había oído hablar (y no me avergüenzo de ello, ¡que soy humano!). Se llama Lucie Silvas, y estos días estará en algún rinconcito de España presentando su disco de debut, “Breathe in”. El caso es que me he hecho con este álbum (no me preguntéis cómo) y lo he escuchado con mucha atención, después de lo cual os puedo decir (por si alguno no lo sabíais) que estamos ante una de las voces con más calidad que han surgido en los últimos años, a la que quizás se le ha dado menos publicidad por ser inglesa y no norteamericana, como las Norah Jones o Alicia Keys de turno. El disco, cosa rara en los tiempos que corren, está integrado casi en su totalidad por baladas de corte romántico, pero entre ellas destaca el tema que da título al disco, “Breathe in”, el más rítmico y pegadizo de todos, con ciertos aires de Fleetwood Mac. Como curiosidad, en la edición española se incluye “What You’re Made Of”, un dueto con Antonio Orozco que no aparecía en la versión original del disco, y que casi mejor que no hubiera aparecido, porque ni la melodía es ninguna maravilla ni se trata de un auténtico dúo, ya que ella canta su parte íntegramente en inglés y él lo hace en español, y da la sensación de que ni siquiera estaban en el mismo estudio cuando la grabaron. “Peros” aparte, vuelvo a deciros que me ha sorprendido muy gratamente esta mujer, dotada de esa potente y exquisita voz, y tanto más sorprendido se queda uno cuando ve en la carátula del CD que se trata de una mocita realmente preciosa y sexy, con rubios cabellos, ojos azules y labios que no sólo deben saber cantar bien. Y me ha dado por preguntarme: ¿por qué todas estas cantantes tienen que ser tan guapas? ¿Por qué, a una artista que se gana la vida con su voz, hay que presuponerle, asímismo, que posea un físico de estrella de cine? ¿Por qué no consiguen despuntar más mujeres como nuestra Rosana, que es inteligente, escribe sus músicas y sus letras, las canta divinamente y no por ello necesita ser una top-model? Pensé en otro caso relevante: el de la granadina Rosa López, la ganadora de la primera edición de Operación Triunfo y que desde entonces ha venido siendo conocida como “Rosa de España”, pero ¡ay, Carmela!, precisamente anoche me llevé un chasco descomunal. Como cada lunes, mi madre sintonizó TVE-1 para presenciar su programa favorito, “Mira quién baila”, y hete aquí que una de las concursantes era ni más ni menos que la susodicha Rosa, claro que…. ¿realmente la muchacha hipermaquillada, con pelo corto y a la moda y, sobre todo, con seiscientos kilos menos (redondeando, naturalmente) era la misma persona que cautivó a toda una nación hace 5 años? Quiero decir que lo que le valió a aquella otra Rosa el cariño de tanta gente no fue precisamente su voz (que, al menos, entonces, la tenía de sobras), sino la ternura que desprendía por ser como era: una chica típicamente andaluza, de tez morena, con rasgos faciales no necesariamente perfectos y que parecía tanto más simpática y natural cuanto menos se avergonzaba de su sobrepeso. No sé si estáis entendiendo lo que quiero decir. Me parece perfecto que una persona decida que ha llegado la hora de cuidarse y de desprenderse de algunos kilitos de más… pero me parece imperdonable que esta sociedad nuestra del Danone, el Vitalínea y el Sveltesse OBLIGUE, de un modo u otro, a un(a) cantante a convertirse en alguien que no es, tan sólo para mantenerse en el candelero y vender más discos. La salud, la higiene personal y los mimos dirigidos al propio ego me parecen algo maravilloso, pero nunca como servidumbre a un dios tan exigente e ingrato como el éxito fácil, que tan fácilmente como viene, fácilmente se irá.