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lunes, 13 de marzo de 2006

Comic: Una decepción


Acabo de leer el número 48 de “Spiderman” (Panini), y mi sensación es una mezcla de frustración e irritación: por todos los santos, ¿tanto follón, tanto bombo… para ésto? Cuando hace unos meses comenzó la publicación de la saga “Pecados del pasado” muchos nos hicimos eco no sólo del impacto emocional que sus revelaciones (la virginal Gwen Stacy, fallecida primera novia de Peter Parker, se había acostado con el industrial Norman Osborn, alias El Duende Verde, y se había quedado embarazada de éste) nos habían causado a los spidermanófilos de toda la vida, sino también del shock a nivel sociológico que había producido en la bienpensante sociedad estadounidense. Tal y como dije en un artículo anterior, todo había sido una idea del actual guionista de “Amazing Spider-Man”, Joe Michael Straczynski, que consiguió con creces su objetivo de provocar conciencias y ¿por qué no? atraer nuevos lectores curiosos a los títulos arácnidos. Al final de aquella saga, que tuvo bastantes cosas buenas (el dibujo de Mike Deodato, Jr.) y algunas bastante malas (la poco menos que absurda resolución final, con el descubrimiento de que Osborn había preparado para sus hijos una guarida secreta donde les esperaban un par de trajes de Duende… y Duendecilla), pudieron haberse tomado varios caminos, y, desde luego, uno de los más acertados hubiera sido haber devuelto a un dulce olvido a los recién llegados Sarah y Gabriel Stacy. Sin embargo, nada más acabar “Pecados del Pasado” en “Amazing Spider-Man”, comenzaba en la colección hermana, “The Spectacular Spider-Man”, una nueva saga titulada “Pecados recordados”, en la cual se pretendía rellenar los “huecos” dejados por Straczynski. Avalada por una serie de preciosas portadas obra de Greg Land, la mini-serie (recientemente publicada en España por Panini) cuenta con guiones de Samm Barnes, en sustitución del habitual guionista de la colección, Paul Jenkins, y está dibujada por Scott Eaton. He de deciros que las hipotéticas posibilidades argumentales de lo narrado (Peter Parker, alias Spiderman, deja atrás a su esposa Mary Jane y viaja a París para atender a Sarah Stacy, la bellísima hija de la difunta Gwen, que a la sazón es el vivo retrato de la fallecida) van arruinándose número tras número, y lo que podía haber sido un relato adulto acerca de las segundas oportunidades, de la influencia del pasado trágico en el presente o del choque de culturas que afecta a un norteamericano al darse de bruces con la realidad europea (elementos, todos ellos, apenas esbozados) acaba convirtiéndose en un culebrón hortera en el que no falta una esposa (casi) cornuda, un malvadísimo traficante de drogas y un policía que, más que bueno, parece bobo. La historia de los gemelos Stacy, desde su nacimiento hasta que averiguan las consecuencias del legado de Osborn, está contada con pinceladas gruesas que anulan el interés del elemento sorpresa (que finalmente no es tal), y las evidentes connotaciones morbosas del planteamiento inicial (Peter durmiendo en la habitación de al lado de Sarah, y Mary Jane muriéndose de celos en Nueva York) quedan desvirtuadas por una resolución infantil y demasiado moralizante. Vale, se trata de un comic presumiblemente accesible a niños, pero ¿para qué sentar las bases de algo que puede ser interesante y adulto, tan sólo para infantilizarlo a continuación? Si Scott Eaton estaba deseando dibujar monumentos (por un lado, edificios y paisajes parisinos; por otro, señoritas con pechos grandes), ¿no podía haberlo hecho de otra manera o bajo otras circunstancias? Al final, lo único por lo que será recordada “Pecados recordados” será por las exquisitas portadas de Greg Land, sobre todo la que Panini ha elegido para ilustrar el citado número 48 de la actual colección española de Spiderman: con evidentes influencias de “La Piedad” de Miguel Angel, la imagen muestra a Spiderman sosteniendo en brazos a una doncella rubia, que tanto puede ser Sarah como su madre Gwen Stacy. Una hermosa tarjeta de visita para un comic que, en conjunto, resulta decepcionante.