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martes, 7 de marzo de 2006

Cine: Mi comentario sobre "TRUMAN CAPOTE"




Hace 3 ó 4 años leí “A sangre fría” durante mis trayectos diarios Alhama-Lorca y Lorca-Alhama en los trenes de cercanías auspiciados por RENFE (por cierto, os recomiendo leer en el tren; tiene un encanto especial, como de evasión más propia de tiempos pasados), y me impresionó. Me impresionó el estilo minucioso, objetivo y aséptico con el que Truman Capote relataba aquellos hechos reales que conmocionaron al mundo al final de la década de los 50.

“Truman Capote”, la película, no retrata la trayectoria vital del famoso escritor, y ni siquiera su adolescencia, su plenitud o su madurez, sino tan sólo el período más determinante de su existencia: los años en que se dedicó en cuerpo y alma a la elaboración de su obra magna, precisamente “A sangre fría”, un libro que, de algún modo, hizo historia en el mundo de la novela y el periodismo, ya que, como he dicho al principio, creó un estilo de escritura, un género literario conocido desde entonces como “non-fiction” (“no ficción”).

En la época que refleja la película, Truman Capote (un excelente Philip Seymour Hoffman) ya había publicado su famosísima novela “Breakfast at Tifanny’s” (“Desayuno con diamantes”, que sería llevada al cine por Blake Edwards con Audrey Hepburn y George Peppard), pero continuaba trabajando como reportero para la revista “The New Yorker”. Capote, hombre culto, refinado y pendiente de los vaivenes de las modas, jamás ocultó sus inclinaciones homosexuales, lo cual no le impidió estar bien considerado en los ambientes intelectuales en los que solía desenvolverse. Cuando, en 1959, saltó a todos los periódicos la horrible noticia del asesinato de una familia de granjeros de Holcomb, Kansas, Capote creyó ver en tan luctuoso suceso la excusa perfecta para realizar un reportaje acerca de cómo un hecho trágico de esas características podía traumatizar a todo un pueblo, a todo un estado, a toda una nación. Desplazado hasta el lugar de los hechos junto a su inseparable amiga, la también periodista Nelle Harper Lee (Catherine Keener), quien estaba a punto de publicar su celebrada primera novela “Matar a un ruiseñor”, nuestro escritor quedó enseguida impregnado de la extraña atmósfera que se respiraba en la localidad, donde todos los lugareños estaban de algún modo fascinados por la maldad que les había golpeado. Cuando los dos jóvenes autores de la matanza fueron finalmente apresados, Capote consiguió entrevistarlos, y en ese momento descubrió que el material al que se enfrentaba superaba con mucho las dimensiones y posibilidades que un simple reportaje le ofrecía, por lo que acometió la redacción de su segunda novela, “In cold blood” (“A sangre fría”), que se prolongaría durante años y años (mientras los dos acusados conseguían aplazar una y otra vez la ejecución de sus condenas de muerte) y le dejó tan exhausto que nunca jamás volvió a publicar novela alguna.

Un argumento semejante no daba pie, evidentemente, a una comedia jocosa, y por ello no es de extrañar que su director, Bennett Miller, debutante en el terreno del largometraje de ficción, haya conservado los mismos elementos propios de su anterior etapa como documentalista que al principio citaba yo como ingredientes de “A sangre fría”: minuciosidad, objetividad y asepticismo. Más parecida a un documental que, por ejemplo, al tono de thriller que Richard Brooks confirió a su adaptación de la novela cuya gestación se narra en la película, “Truman Capote” (a propósito, lo de “Truman” en el título es tan sólo una propina del distribuidor español) tiene un ritmo pausado (en ocasiones demasiado pausado), un exquisito gusto por el detalle (el vestuario que luce el protagonista es todo un despliegue de buen gusto) y un punto de vista tan frío y neutral como el del libro al que alude. La relación de Capote con su entorno (los tres pilares de su vida son su amiga Harper Lee, su amante Jack Dunphy-Bruce Greenwood y su editor William Shawn-Bob Balaban) está narrada con pinceladas breves pero certeras, matizadas todas ellas por la prodigiosa composición de Philip Seymour Hoffman, que, con toda seguridad, ganará muchos enteros al ser escuchada en versión original; yo la escuché en versión doblada al castellano, y confieso que me costó muchísimo aceptar que su doblador (Jordi Brau, si no me equivoco) estaba reconstruyendo la auténtica forma de hablar del escritor, y no realizando una parodia caricaturesca. En cierto sentido, creo que el doblaje puede ser un elemento distanciador a la hora de que el espectador se involucre emocionalmente en la película, aunque también es verdad que si por algo se caracteriza “Truman Capote” es por su frialdad academicista y por lo contenido de las emociones que en ella se manifiestan. ¿Acabó Capote enamorándose de Perry Smith (Clifton Collins, Jr.), uno de los dos asesinos, con el que mantuvo una estrecha relación que pronto excedió el análisis periodístico y acabó propiciando el establecimiento de ambiguos vínculos entre los dos hombres? Podemos intuir algo parecido a ésto, pero la película no nos lo muestra con certeza, debido en parte a la composición de Collins, Jr., ante el que me surgen dos posibilidades: o bien se trata de un prodigio interpretativo con patas y calca las actitudes del Smith original, o bien es uno de los actores más inexpresivos que jamás he visto, excepción hecha de los momentos en que le brotan algunas lagrimillas de los ojos. Otra sospecha corroyó mi alma mientras veía la película: sí, es cierto que Philip Seymour Hoffman está inmenso, pero también lo es que todos sus compañeros de reparto parecen actuar con el piloto automático puesto, como si estuviesen conjurados para no ensombrecer la labor de la estrella. En cualquier otra película me han gustado más Catherine Keener (“Cómo ser John Malkovich”), Bruce Greenwood (“Yo, robot”) y, sobre todo, Chris Cooper, el homosexual reprimido de “American Beauty” y que aquí da vida a Alvin Dewey, el agente del FBI que supervisó la investigación de la masacre; si os digo que, además de protagonista incuestionable, Hoffman es productor ejecutivo de la película, ¿os parece que este hecho puede resultar relevante…?

Pero que no sirva lo dicho para restarle méritos a un Philip Seymour Hoffman que realiza el mejor trabajo de su carrera, con un personaje que no sólo tiene que haber estudiado sino también comprendido e incluso amado. A falta de contrastar el aspecto oral (o vocal) de su interpretación, que, como dije anteriormente, no me ha sido posible percibir en la versión original, he de decir que este hombre me maravilló desde el principio hasta el final de la película. “Su” Truman Capote es tan débil pero tan fuerte, tan cínico pero tan (a su manera) noble, tan mentiroso pero tan leal, que no es de extrañar que haya acaparado todos los premios de interpretación habidos y por haber (al principio del film se nos da cuenta de todos ellos, y la pantalla se queda pequeña para abarcarlos todos), incluyendo el Globo de Oro y el Oscar que acaba de obtener, probablemente el galardón más “cantado” (y uno de los más justos, si no el que más) de los concedidos el 5 de Marzo de 2006. Ninguno de sus trabajos precedentes (“Twister”, “Happiness” –en la que ya coincidió con Catherine Keener-, “Magnolia”, “El talento de Mr. Ripley” o “El dragón rojo”) me había impresionado de esta manera, y me temo que el próximo (“Misión Imposible: 3”, donde hace de villano) tampoco lo hará. El trabajo de Hoffman es, sin duda, lo mejor de esta película elegante y adulta, oscura y luminosa a partes iguales, que en algunos momentos se me hizo aburrida y casi siempre me resultó demasiado fría, casi tanto como la sangre que mana de alguna garganta o alguna cabeza en unos flashbacks prescindibles que recrean los asesinatos de Holcomb. Truman Capote, ya en el ocaso de su vida, fue uno de los protagonistas de la muy negra (y muy estúpida) “Un cadáver a los postres”, pero estoy seguro de que, si viviera, estaría de acuerdo en que Philip Seymour Hoffman le interpreta mil veces mejor de lo que él se interpretó a sí mismo, y ésta, con toda seguridad, es la impresión general de cualquiera que sale de ver “Truman Capote”, tanto si le ha parecido absolutamente magistral como si se ha aburrido absolutamente mientras la veía.

Calificación: 7,5 (sobre 10)

Luis Campoy

3 comentarios :

Anónimo dijo...

Ayer pude por fin ver "TRUMAN CAPOTE".
Desde que me senté en el sillón del cine hasta que me levante para irme, no pude dejar de mirar a la pantalla... ni siquiera para beber agua.

Era la Historia?... Era la Trama?... Era la simpleza de su historia a la vez que terrorifica?... mas bien era la interpretacion del excelente Hoffman en su papel de Truman Capote.

Con razón le han dado el OSCAR al mejor ACTOR. Una actuacion "MAGISTRAL".

Alberto Álvarez dijo...

Bien, Luis, veo que coincidimos en algunas cosas, la mayoría, sobre esta película. Me alegra entrar en el blog de alguien tan versado cinematográficamente y con quien además comparto ciertos puntos de vista. Te seguiré leyendo

Un saludo.

Anónimo dijo...

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