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domingo, 5 de abril de 2009

Adiós, Don Diego Cines

Corría el año 1999, y el Cine llevaba muchísimo tiempo en crisis. No hablo del cine concebido como entretenimiento, como evasión, sino como actividad social, como acto cultural que es disfrutado al unísono por cientos de personas en una misma sala. En mi Alicante natal, todos los cines de barrio habían ido cayendo, uno tras otro, y sólo las salas ubicadas en el centro de la ciudad lograban sobrevivir. Por aquel entonces, internet era apenas un bebé que aún se meaba en los pañales, pero ya la televisión y el video habían ido cambiando los hábitos de la gente. De mucha gente. Incluso mi madre, que, de algún modo, fue quien me inculcó el desmedido amor que siento por el Séptimo Arte, me decía “mi cine de ahora es la tele”, y se quedaba tan pancha. ¿Cómo hacerle entender que una película sólo se disfruta plenamente en una sala oscura, ante una pantalla gigante y con un sonido envolvente? Quien no entiende ésto ni siquiera podría llegar a entender cómo me siento yo esta tarde.


Pero no adelantemos acontecimientos. Corría, como digo, el año 1999, y Lorca era ya la tercera ciudad más importante de la Región de Murcia. Sin embargo, los lorquinos que realmente amaban el Cine tenían que conformarse con la única y vetusta sala que quedaba en la localidad, un Cristal Cinema situado en el centro neurálgico de la Ciudad del Sol pero que no se había modernizado al ritmo vertiginoso que las postrimerías del siglo XX marcaban. El sonido Dolby no tenía la calidad y la claridad necesaria, las butacas se antojaban incómodas y, por diversas razones, las películas llegaban dos ó tres meses después de haberse estrenado en las principales capitales españolas. Lorca y sus cinéfilos se merecían algo más, algo mejor. En la primavera de 1999, y tras haber venido proyectando un último y muy poco lucido programa doble compuesto por “Estado de sitio”, con Denzel Washington y Bruce Willis y “Tienes un e-mail”, protagonizada por Tom Hanks y Meg Ryan, el Cristal Cinema cerró sus puertas para siempre; aún al año siguiente, con motivo de su posterior demolición, tuve el privilegio de acudir a la televisión local Onda 7 para trazar una breve semblanza póstuma (que escribí a cuatro manos junto con mi amigo José Martínez Vicente, más conocido como “Pepe el del Cine”, encargado de la sala) del entrañable edificio en el que no sólo ví tantas y tantas películas sino que me sirvió de decorado para rodar algunas escenas de “Sangre”, mi segunda experiencia como realizador. Lo menos malo de la desaparición del Cristal fue que, al mismo tiempo que su pantalla se apagaba, se encendieron las de las seis salas que conformaban Don Diego Cines, integradas en el complejo comercial que rodeaba al hipermercado Eroski.

Recuerdo la noche de su inauguración casi como si fuese ayer. Fue el jueves 25 de Marzo de 1999, y, en lo que podría denominarse el “hall” de aquel paraíso del celuloide, abovedado por paredes blancas decoradas con motivos cinematográficos (Forrest Gump sentado en su famoso banco, unos bailarines escapados de “Un día en Nueva York” o “Cantando bajo la lluvia”, la nave espacial Enterprise de “Star Trek”), tuvo lugar un cocktail al que asistieron el alcalde de la Lorca, Miguel Navarro Molina, casi todos quienes eran o se consideraban “alguien” en el mundillo cultural lorquino, algunos políticos y muchos, muchos “convidados de piedra” a los que jamás había visto en el Cristal Cinema pero que, igualmente, habían querido disfrutar de los canapés. Lo de “Don Diego Cines” era una especie de juego de palabras, ya que, por un lado, hacía referencia al barrio (San Diego) en el que estaban ubicadas las nuevas pantallas, pero, sobre todo, rendía homenaje a Don Diego Miñarro, audaz empresario que, desde los años 40, era conocido como “el hombre que trajo el cinematógrafo a Lorca”, y que, a partir de 1952, había quedado como único exhibidor en lo que a dicho entretenimiento se refería. De su propiedad eran tanto el Cristal como el Gran Cinema (clausurado diez años atrás), y sus cuatro hijos habían continuado al frente del negocio familiar. En el discurso subsiguiente, pronunciado por Diego Miñarro, Jr., quedó patente que el advenimiento de las nuevas salas respondía a la máxima de “renovarse o morir”, así como al loable propósito de “no sólo mantener, sino multiplicar la oferta cinematográfica de la Ciudad del Sol”, para lo cual los Miñarro habían accedido a asociarse con Cines ACEC, empresa exhibidora con sede en Cataluña. Tras el cocktail, los asistentes fuimos invitados a visitar las seis salas (dispuestas de modo simétrico, tres a cada lado del pasillo central, siendo la 1 y la 6 las más grandes, ésto es, las que albergaban un mayor aforo), y en la número 1 nos proyectaron algunos trailers correspondientes a los futuros estrenos. El más espectacular fue el de “Star Trek: Insurrección”, en el que se lució particularmente el nuevo sistema de sonido Dolby Surround, si bien las expectativas que generó no llegaron a satisfacerse, pues la película nunca se exhibió. La existencia de aquellas seis salas permitía que casi todas las películas “importantes” por fin llegasen a Lorca al mismo tiempo que lo hacían a Murcia, o a Madrid o a Barcelona, y he entrecomillado “importantes” porque, no nos engañemos, las que llegaban eran las más descaradamente comerciales. En cualquier caso, no había que desplazarse a la capital de la Región para estar al día de la actualidad, y, lo cierto es que, cuando hizo falta, Don Diego Cines cooperó con la Primavera Cinematográfica de Lorca, con el CineClub Paradiso (en ambos tuve la maravillosa oportunidad de poder colaborar) y, más recientemente, con el programa “Mayores de Cine”, que permitía que las personas de la tercera edad acudiesen al cine pagando sólo 1 euro (posteriormente, cincuenta céntimos) por su entrada. Por lo que a mí respecta, la primera película que yo ví, justo al día siguiente de la inauguración, fue “Muertos de risa”, de Alex de la Iglesia, y esa misma tarde cometí la bendita locura de salir de una y meterme a otra, “Mensaje en una botella”, a la que llevé, con todo cariño, a mi madre, para que viese el trabajo de su ídolo de juventud, Paul Newman, que hacía de padre de Kevin Costner.


Durante más de un año, no hubo semana en que yo no acudiese a ver una o dos películas, y, aunque, posteriormente, por diversas circunstancias de mi vida, estuve algún tiempo sin poder acercarme a Don Diego Cines con la asiduidad que me hubiese gustado, nunca olvidaré los pequeños grandes acontecimientos que ligan mi recuerdo a tan entrañable lugar. Fue en la Sala 6 de Don Diego Cines donde, mi hijo Jorge fue por primera vez al cine (“Star Wars Episodio I: La Amenaza Fantasma”), y donde, con dos añitos recién cumplidos, mi hija Laura vio su primera película completa, “Monstruos, S.A.”. Allí me balanceé junto al Hombre Araña en los episodios 1 y 3 de Spiderman”, luché al lado de Aragorn y Frodo en “El Señor de los Anillos: “Las Dos Torres”, ayudé a Neo a derrotar a “Matrix”, navegué en la Perla Negra tripulada por Johnny Depp en las tres entregas de “Piratas del Caribe”, sucumbí con honor del brazo de Leónidas en “300” y me regocijé junto a mis padres y mis hijos del tardío regreso de Harrison Ford en “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”. Fueron cientos y cientos las películas que ví gracias a Don Diego, aunque, paradójicamente, nunca estuve en una “Sesión golfa”, que, a semejanza de tantos otros cines de España, se denominaba así porque tenía lugar los sábados a una hora tan intempestiva como la una de la madrugada, y que cierto locutor de COPE-Lorca afirmó que recibía el apelativo de “golfa” porque “se proyectaban películas de alto contenido erótico”.


Entretanto, Lorca crecía y crecía y a alguien se le ocurrió que no bastaba con el hipermercado Eroski, por lo que en noviembre del pasado año se inauguraba un nuevo centro comercial, el Parque Almenara, en la pedanía de Campillo. Naturalmente, al igual que en tantísimos otros entornos de estas características, junto con el McDonald’s, el Lizarrán o el C&A de rigor, se consideró poco menos que obligada la existencia de unos nuevos minicines, regentados, también, por los mismos gerentes de Don Diego, cuyas seis pantallas estaban a punto de cumplir sus primeros diez años de vida. Cuando, hace cinco meses, llevé a mi hijo a ver “Quantum of Solace”, la segunda intervención de Daniel Craig como James Bond 007, ignoraba que ésa iba a ser la última vez que entrase en la enorme Sala 1. El otro día, mientras desayunaba, consulté por curiosidad la cartelera de Lorca, una ciudad que se permitía el lujo de poseer nada menos que dieciséis salas, entre “viejas” y nuevas, y sólo encontré la información correspondiente a los novísimos cines ACEC-Almenara. De tapadillo, sin hacer ruido, sin los fastos que acompañaron a su inauguración, diez años atrás, Don Diego Cines proyectó sus últimas películas el domingo día veintinueve de Marzo de 2009. No creo que nadie llorase, ¿para qué? Aquéllos a quienes aún les gusta disfrutar la auténtica magia del Séptimo Arte sólo tienen que desplazarse unos pocos kilómetros más para acercarse al Parque Almenara, y, los que se dicen amantes del Cine pero se conforman con verlo en su ordenador, saben cómo localizar en internet las películas que les interesan. A mí, sin embargo, me inunda la tristeza al recordar aquellas primeras veces en que iba con mis hijos, teniéndolos que entrar tomados en brazos para evitar utilizar las aparatosas silletas de paseo; los “asientos especiales” de color rojo en los que los subía para que no les molestasen las cabezas de los espectadores de delante; las apresuradas visitas al aseo, teniendo que subir los escalones de dos en dos, cuando mi nene no podía aguantarse el pipí durante la proyección; y, más recientemente, las películas que casi “obligué” a ver a mi pareja cuando, nada más salir de trabajar, la subía en mi coche y a duras penas conseguíamos llegar a Don Diego justo en el momento en que empezaba la última sesión. Pero ¡ay!, no sólo Don Diego Cines merece un obituario. Si no cambia radicalmente la actitud de la gente y la de los gobernantes, el Cine en sí mismo está condenado a su extinción. Ayer , sin ir más lejos, en una de esas ultramodernas salas del complejo Parque Almenara, yo era el único espectador, y lo mismo ocurrió quince días antes, cuando fui con mi hijo a ver “Watchmen”. Sí, el Cine se muere. Lleva más de veinticinco años muriéndose, pero, si aquéllos que nos consideramos cinéfilos no hacemos un pequeño esfuerzo y profesamos nuestra fe acudiendo a las salas, su largamente anunciada muerte se producirá incluso antes de lo que nos imaginamos. Mientras tanto, permitidme que entone, con voz queda y compungida, mi última despedida a un lugar mágico en el que viví miles de horas de felicidad. Adiós para siempre, Don Diego Cines.

6 comentarios :

Anónimo dijo...

Hola luis tierno y sentimental este articulo de los cines Don Diego. ¿Pero sabes cuando los cierran?.

Alburkerke

Luis Campoy dijo...

Jajajaja, mi querido amigo Jose, te he pillado. Se nota que, como me enrollo tanto, has sido incapaz de leer el artículo entero, porque en él ya digo que los cines Don Diego se cerraron el domingo 29 de Marzo. Saludos.

Anónimo dijo...

Si es que con tu afan de escritor no hay forma de seguir tu ritmo.

pero como veras todo esto te lo digo en broma ya que sigo leyendote.

Saludos.

Alburkerke

zingamo dijo...

Me ha encantado tu personal relato sobre las salas de cine de Lorca.

Esperemos que el cine no muera, como tu dices. Creo que el ser humano seguirá haciendo películas hasta su extinción, aunque quizás cada vez más desprovistas del alma de los clásicos.

Nada es comparable a sentarse en una sala a oscuras y compartir esa experiencia colectiva.

En Madrid está increible y genial CINE DORÉ, las salas de cine de la filmoteca nacional... Este maravilloso local conserva una apariencia de cine antiguo, aunque está dotado de modernos proyectores.

Pero lo mejor, Luis, es el programa. Clásicos y más clásicos así como documentales y películas de arte y ensayo. Qué placer ver "La Mujer del Cuadro" en pantalla grande, y por tan solo 2,50 euros. Algún día escribiré sobre él más detenidamente.

Un saludo!

Luis Campoy dijo...

El Cine como tal (películas) no puede morir, Berto, éso lo sabemos todos. Lo malo es que el Cine como "local de reunión de los cinéfilos que quieren ver cine juntos" deje de existir. Gran película "La mujer del cuadro", recuerdo haberla visto en TV, en glorioso blanco y negro, hace como 35 añitos, concretamente en casa de mi tía. ¡Qué buenos recuerdos nos trae el Séptimo Arte! Un abrazo.

Berto Zingamo dijo...

Ciertamente. Gran película y sobre todo en pantalla grande.

Acabo de subir a mi blog mi comentario sobre el madrileño cine Doré, por si te apetece leerlo. También he dejado un enlace a un viejo cortometraje del que fui montador hace añísimos, que igual te resulta interesante, tu que también te peleaste con el vídeo en otro tiempo.

Recibe un saludo!