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lunes, 30 de marzo de 2009

Cine/ "Los abrazos rotos"



Cada vez menos almodovariano

Mientras veía “Los abrazos rotos” no pude evitar comparar su estilo y su acabado con el de las primeras películas que encumbraron a Pedro Almodóvar en la primera mitad de la década de los 80: Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón”, “Laberinto de pasiones” o “Entre tinieblas”. Hay un auténtico abismo entre aquellos primeros títulos y los dos últimos que ha facturado Almodóvar. De hecho, durante gran parte del metraje de “Los abrazos rotos” sentí auténticos deseos de aplaudir. Lo malo es que, durante bastantes minutos, sentí también deseos de bostezar. Parece como si refinar su estilo hubiese forzado al director manchego a hacerse demasiado trascendente. Pero vayamos por partes. Los abrazos rotos” cuenta básicamente la historia de un director de cine (Lluis Homar) que se quedó ciego a raíz de un accidente en el que falleció su amante y protagonista de su última película (Penélope Cruz). Mediante sucesivos flashbacks, se nos cuenta la historia del cineasta y la actriz, así como la del empresario (José Luis Gómez) que convivía con esta última y de la jefa de producción (Blanca Portillo) del realizador invidente, el cual en la actualidad sobrevive escribiendo o corrigiendo guiones para películas alimenticias indignas de su talento. La primera pregunta que me hago es: ¿hubiera tenido Almodóvar la repercusión mediática que tuvo, si sus primeros trabajos hubieran gozado de la madurez y el excelente acabado técnico que presenta “Los abrazos rotos”? La respuesta es evidente: NO. El cine español actual se encuentra en una crisis cada vez más aguda, herido de muerte por la competencia con la potente cinematografía yanqui y las descargas de internet, pero no puede decirse que no se rueden algunas películas de calidad. Sin embargo, está demostrado que no es estrictamente la calidad lo que hace que el público acuda al cine, sino la concurrencia de otros factores. En el caso de Almodóvar, no cabe duda de que lo que atraía al personal era el difícil equilibrio entre el drama y el humor, un humor muy basto y provocativo al principio, con abundantes elementos transgresores (predominio de la temática homosexual) pero que, al pasar el tiempo, se ha “civilizado” ostensiblemente, al tiempo que la maduración de Almodóvar como persona y como cineasta le permitía realizar películas de calidad sin tener que recurrir a la provocación. El humor chabacano y la sal gorda ya casi no tienen cabida en “Los abrazos rotos”, por lo que, salvo en un par de secuencias aisladas, no puede decirse que nos hallemos ante un film divertido. Pero es que, dramáticamente, tampoco resulta convincente. Almodóvar se empeña en contar demasiadas cosas, en narrar demasiadas pequeñas historias superpuestas, en meter con calzador en la trama a un sinfín de actores cuya presencia obliga a alargar un metraje que se hace en ocasiones algo cansino. Si toda la publicidad del film se basa en la imagen de Penélope Cruz, si son las escenas que giran en torno a ella las que confieren auténtico brío y auténtica vida a la película, ¿por qué ese empeño en demorar tanto su aparición, por qué esa necesidad de estirar el film una vez ha desaparecido?. El arranque de “Los abrazos rotos” hace temer lo peor: el director ciego al que da vida Lluis Homar se lleva a casa a una muchacha (Kira Miró) que le ha ayudado a cruzar la calle y, sin ton ni son, ambos mantienen un encuentro sexual en el sofá. Por fortuna, la aparición del personaje de Blanca Portillo consigue que el film remonte el vuelo enseguida, y los excelentes diálogos y las interpretaciones de José Luis Gómez y Penélope Cruz (cuyas escenas en la lujosa mansión del primero constituyen, para mí, los mejores instantes del film) permiten que el espectador conciba unas expectativas que, a la larga, no se cumplen. Apuesto a que, si elimináramos del montaje final a Dani Martín (solista de El canto del loco), a Asier Etxeandía e incluso a la muy correcta Lola Dueñas, la película hubiera ganado en coherencia e intensidad. ¿Pretende acaso Almodóvar convertirse en “envejecedor” de actrices? Lo digo porque, si ya en “Volver” mostraba a una Carmen Maura bastante ajada, en “Los abrazos rotos” recupera para el cine a Angela Molina, sólo que está tan patéticamente envejecida que tan sólo por la voz resulta reconocible; y qué suerte la de Penélope Cruz, que ha tenido la suerte de ser, sucesivamente, “hija” de dos estrellas tan carismáticas como la Maura y la Molina. Aun admitiendo que, para quien sólo mira una película en función del nivel de entretenimiento que le depara, este último film de Pedro Almodóvar no merecería una muy alta consideración, yo volví a maravillarme gracias al habitual poderío estético del cineasta, consistente, como es habitual, en un tratamiento inigualable de la luz y el color, una composición de planos formidable, una fotografía excelente y una música adecuadísima para expresar el dolor y la solemnidad que la tragedia de Lena (Penélope Cruz) requería. Atención a los cameos de Kiti Manver, Rossy de Palma, Chus Lampreave y Carmen “Aída” Machi y la rutilante sensualidad de Penélope, mucho menos sobreactuada que en “Vicky Cristina Barcelona” pero igualmente magnética y desgarradora.

Luis Campoy

Lo mejor: el color, Blanca Portillo, Penélope Cruz, José Luis Gómez, la desternillante historia de “Dona Sangre

Lo peor: Lluis Homar cuando no hace de ciego (atención a su irrisorio postizo capilar), Rubén Ochandiano (otro que hace un flaco favor a la labor de los peluqueros y maquilladores), la absurda planificación de los diálogos entre Lluis Homar y Tamar Novas, resueltos con movimientos de cámara de ida y vuelta que parecen simular un partido de tenis

El cruce: La mala educación” + “La noche americana” + “Laura

Calificación: 7,5 (sobre 10)

2 comentarios :

Anónimo dijo...

¡Por fín fuí al cine!...

vi los abrazos rotos y no puedo estar mas de acuerdo contigo...

me gustó como siempre su espectacularidad en la pantalla, pero que bostezara más de una vez, nunca me había pasado en las pelis de Almodovar.

Besitos

MARISA

Luis Campoy dijo...

Pues parece que mucha gente coincide con nosotros: no es que la película sea mala o aburrida en su totalidad, sino que Almodóvar se podía haber ahorrado la mayor parte de lo que sucede antes y después de la historia que protagoniza Penélope Cruz. Saludos.