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miércoles, 4 de febrero de 2015

Manos negras que visten de blanco

Erase una vez un joven futbolista brasileño que, hallándose en la cúspide de su popularidad, fue objeto de la codicia de los más grandes clubes europeos.  Concretamente, fueron los más ricos de la Península Ibérica quienes pujaron más fuerte por él, si bien quien se llevó el gato al agua (o mejor dicho, quien se trajo el pollo a su corral) fue cierto equipo que casi siempre juega vestido de azul y grana…  Así, como si se tratara de un auténtico cuento de hadas, es como el entonces Presidente del Fútbol Club Barcelona, Sandro Rosell, quiso convencernos de que se habían desarrollado los acontecimientos.  Según Rosell, el simpático futbolista (Neymar Da Silva Santos Junior, como ya habréis adivinado) renunció a una oferta de casi cien “kilos” por parte del Real Madrid, y se conformó con una del Barça que prácticamente suponía estrictamente la mitad (57 millones), simplemente por el prestigio del club y porque “le ponía” jugar al lado de Messi, Xavi e iniesta.  Qué bonita historia, ¿verdad?  Pues parece que no a todo el mundo le parece tan bonita, ya que el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz ha citado a declarar al actual mandatario culé Josep Maria Bartomeu para el próximo viernes día 13 de Febrero, y me temo que no para hablarle de amor en la víspera de San Valentín.  En realidad, el magistrado considera al Barcelona y a su dirigente sospechosos de un supuesto delito contra la Hacienda Pública, porque estiman que el traspaso del astro brasileño no se cerró en los 57 millones declarados, sino en casi 95, por lo que estarían pendientes de abonar parte de las retenciones correspondientes al IRPF del ejercicio 2013.  Eso sin contar el complejo fraude societario urdido para hacer creer a los socios culés que su nueva estrella había costado prácticamente la mitad de lo que realmente costó.

Arrastrado por la tormenta jurídica (que dio comienzo cuando un socio suspicaz, Jordi Cases, le demandó por apropiación indebida tras la distracción de 40 millones de euros), Sandro Rosell dimitió hace ya un año, y en su lugar aposentó a su valido Bartomeu, cuya mala gestión en casi todos los aspectos le ha llevado a convocar (como todo el mundo clamaba) elecciones anticipadas, a celebrar este próximo verano.  Pero Barto, que también participó activamente en el polémico fichaje de Neymar, no ha recibido nada bien la imputación ni la citación judicial.  Ayer mismo, en declaraciones a la televisión catalana 8tv, se salió por la tangente hablando de “manos negras”, de “acoso estatal”, de “persecución fiscal, de “gravísimas injusticias” y de una descarada “factura política” por tratarse de un club notoriamente “catalán y catalanista”.  Veamos…


Soy culé hasta la médula, de los de ayer, hoy y mañana, en las duras y en las maduras, cuando ganamos y cuando perdemos, cuando jugamos bien y cuando da vergüenza vernos jugar.  Pero, para empezar, a mí lo que me gusta es el estilo de juego, lo que me motiva son sus estrellas, lo que me ilusiona son los triunfos y los títulos que podrían ornamentar nuestros museos y vitrinas.  Ahora bien, ¿me convierte eso en una especie de zombi, en un fanático cegado por las proclamas enarboladas por nuestros dirigentes?  La respuesta es…  ¡no!.  O sea, siempre quiero que gane el Barça (a ser posible jugando bien), me alegro cuando el Real Madrid pierde y ansío que los mejores jugadores se vistan de blaugrana y no del color del merengue, pero, si se han cometido irregularidades, chapuzas o, directamente, delitos, digo yo que alguien deberá responder por ellos.  ¿O no?  ¿Qué pasa, que porque algunos políticos peperos hayan tenido actuaciones poco decorosas, el chanchullismo es la práctica que mola y hay que seguir?  Me da vergüenza, propia y ajena, que los mandamases de una institución que se define como algo “mes que un club” perpetren tales chapuzas, cutres e injustificables, y encima se laven las manos hablando de conspiraciones.  ¿Y la peregrina idea de atribuir la persecución judicial a un ajuste de cuentas por ser “catalanistas” (o sea, “separatistas”)?  Si Bartomeu piensa que hay personas molestas con el Barça porque aprovecha cada mínima ocasión para alinearse del lado del independentismo, en vez de mantenerse en la mesura y cordura de la neutralidad, acierta rotundamente:  yo mismo estoy molesto, muy molesto, porque mancharse de política es pervertir la pureza de un amor estrictamente deportivo.  Pero de éso a pretender convencer al populacho de que son inocentes y todo se debe a una ojeriza persecutoria derivada del odio español, media un trecho que, francamente, hay que ser estúpido para recorrer.