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miércoles, 20 de enero de 2010

¿El final de "la Señora"?


El pasado lunes finalizó, con un éxito rotundo, la serie de TVE "La Señora". Que todos los programas de la cadena pública están obteniendo unos índices de audiencia tan elevados como inesperados desde que se suprimió la publicidad es un hecho constatado, pero esos casi 6 millones de espectadores que logró el capítulo final del culebrón se merecen un comentario aparte. No hace muchos meses, los lunes eran terreno vedado a intrusiones ajenas, en base al éxito de Tele 5 y sus varias encarnaciones de "CSI". Sin embargo, La 1 y sus seriales "Herederos", "Pelotas" y, finalmente, "La Señora" han ido poco a poco ganando adeptos, hasta conseguir destronar a los astutos y sofisticados forenses. Siguiendo el mismo esquema de su otra producción señera, mi idolatrada "Amar en tiempos revueltos", esta ficción creada por Diagonal TV recrea acontecimientos históricos de una manera un tanto peculiar (los buenos son heroicos proletarios de ideología liberal, y los villanos, malévolos policías, militares y sacerdotes adeptos al régimen fascista de turno) y, en tan reconocible contexto, se escenifican apasionadas historias de amor. La que ha servido de eje a "La Señora" tenía como protagonista nada menos que a un cura (¿alguien dijo "El pájaro espino"?) , el Padre Angel (Rodolfo Sancho, el hijísimo de Sancho "Curro Jiménez" Gracia), enamorado de Victoria (Adriana Ugarte), una chica rica venida a menos que, para preservar su patrimonio, se ve obligada a casarse con un falso aristócrata, el maquiavélico Marqués de Castro (Roberto Enríquez), ignorante de que, perverso él, fue el responsable de la muerte de su venerado padre. Alrededor de ellos, un maravilloso elenco de secundarias y secundarios tanto o más atractivos que los caracteres principales. Lucía Jiménez, Carmen Conesa, Berta Ojea, Pepo Oliva, el lumbrerense Ginés García Millán y, sobre todo, una extraordinaria Ana Wagener, enorme descubrimiento de la serie, conducen al espectador a través de una Galicia bellamente fotografiada en la que las diferencias sociales (entre ricos y pobres, entre hombres y mujeres) constituían muros prácticamente infranqueables. Estupendas interpretaciones, folletinescos pero creíbles argumentos, aplicados diálogos y una ambientación fastuosa se han unido a una banda sonora inolvidable en la que sólo chirriaba, a mi entender, la canción principal cantada por Belén Arjona ¡en INGLÉS! (y ¿por qué no, como mucho, en gallego?). El desenlace del último episodio (que recreaba el advenimiento de la segunda República) debería, teóricamente, impedir la continuidad de la serie mediante futuras temporadas "oficiales", y, sin embargo, un sorprendente rótulo advertía: "Continuará...". Mirándolo bien, ¿acaso sería más extraña "La Señora" sin La Señora que "Aída" sin Aída? Yo propongo que los últimos sucesos narrados (1931) en esta estupenda serie se prolonguen con nuevas aventuras de los mismos o parecidos personajes supervivientes, enlazando así con el momento histórico en que arrancó “Amar en tiempos revueltos” (1941), y que esta otra producción, que sigue triunfando en su quinta entrega, se alargue hasta enlazar con el primer capítulo de “Cuéntame”, que empezaba en 1968. Así, TVE, la Televisión Oficial del Estado Español, conseguiría reconstruir prácticamente todo el siglo XX, algo muy didáctico si se hace un poco la vista gorda con la ya comentada tendencia ideológica de todos sus héroes y todos sus villanos.