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lunes, 25 de enero de 2010

Cine/ "SHERLOCK HOLMES"

Inteligencia vs. efectos especiales





Aunque mucha gente lo crea, ni el genial detective Sherlock Holmes ni su inseparable ayudante, el doctor John Watson, existieron realmente. Ambos fueron creados por el novelista Sir Arthur Conan Doyle, que publicó una serie de novelas de intriga y suspense ambientadas en un Londres victoriano, brumoso e inquietante. Sobre un personaje tan popular como Sherlock Holmes se han llevado a cabo decenas de adaptaciones cinematográficas y televisivas ("El perro de Baskerville", "La vida privada de Sherlock Holmes", "Asesinato por decreto", "Los pasajeros del tiempo" y "El secreto de la pirámide" son las más populares), pero la mayoría de ellas se limitaban a mostrar una visión sesgada e incluso idílica del detective. Todos conocemos su agudísima inteligencia, sus inigualables dotes para la observación, su portentosa intuición y su amistad a prueba de bomba con su fiel Watson, a veces un secretario, a veces un escudero. El nuevo "Sherlock Holmes" que nos presenta un director tan poco adecuado como Guy Ritchie posée, obviamente, todas estas características, pero estamos en el siglo XXI y produce un señor llamado Joel Silver y, claro está, tiene que haber acción a raudales y explosiones por doquier, por lo que en la descripción de Holmes se acentúan su afición por el boxeo y la esgrima y sus conocimientos sobre la magia negra. También se explicitan un poco (aunque no demasiado) los componentes homosexuales de su amistad con Watson, aspecto que todos intuíamos aunque no teníamos pruebas fehacientes (y espero que jamás las tengamos, por amor de Dios). Es precisamente en la relación entre el investigador y el médico donde residen los principales méritos del film, sobre todo por las estupendas interpretaciones de Robert Downey, Jr. y Jude Law. Downey, Jr., es capaz de superarse a sí mismo en cada nuevo trabajo, y está igual de brillante cuando interpreta a un mito del cine como Charlot que cuando hace de periodista alcohólico ("Zodiac") que cuando se tiñe la piel de negro ("Tropic Thunder") o cuando encarna a un millonario superhéroe ("Iron Man", el personaje que le ha dado a conocer entre la gente menuda y que más dólares le ha hecho ingresar en su cuenta corriente); recemos para que siga manteniendo a raya sus conocidas adicciones y no vuelva a necesitar más ingresos en clínicas de rehabilitación. El "guaperas" Jude Law acepta gustoso su papel , lujosamente secundario, y lo desempaña con bastante corrección, aunque, éso sí, queda claro que la auténtica y única estrella es Downey, Jr. y todos lo acatan sin rechistar. Dije antes que Guy Ritchie era un director más bien inapropiado para llevar a puerto un film así, y, para comprobarlo, sólo tenemos que fijarnos en la filmografía anterior de este realizador, que donde más se ha lucido ha sido en los thrillers violentos que retratan a una mafia inglesa que pocas veces ha tenido tanto protagonismo como en "Snatch, cerdos y diamantes" o "Rockanrolla". Con este "Sherlock Holmes" a mí me ha pasado como con "Gladiator" de Ridley Scott. Me encantan todas las secuencias protagonizadas por Holmes y Watson, me parece formidable el trabajo de ambientación y hasta me sorprende la partitura de Hans Zimmer, pero me pregunto si no hubiese mejorado la película si se hubiese montado de un modo más... clásico. Esas ya aburridas sucesiones de ralentís y aceleraciones (popularizadas por los hermanos Wachowski en "Matrix", que, por cierto, produjo... Joel Silver) constituyen un recurso estético que un día pudo ser innovador, pero, sacadas de contexto, rechinan igual en un film sobre gladiadores que en uno acerca de espartanos o en la recreación de las aventuras de un sabueso decimonónico. Tampoco está del todo lograda la trama satánica del film, en parte por el desacierto con que se retrata al villano, un Lord Blackwood que, esta vez, no me pareció creíble en la piel de mi adorado Mark Strong, y, en cuanto al hecho de que un hombre tan próximo a la homosexualidad como Holmes vaya a "colgarse" precisamente de una heroína como la Irene Adler que encarna (es un decir) Rachel McAdams, pues no merece la pena ni opinar. La presencia sombría y ominosa de la némesis literaria del protagonista, el maquiavélico Profesor Moriarty, sugiere que, si la taquilla acompaña (y está acompañando... tibiamente), podríamos hallarnos ante el inicio de una nueva trilogía, si bien, salvo que la Virgen se le aparezca al amigo Ritchie en forma de elegancia y clasicismo, me temo que tendremos que seguir dedicando tanto tiempo a elogiar el buen trabajo actoral como a criticar la aparatosidad de la faceta eminentemente tecnológica del juguete.



Luis Campoy



Lo mejor: Robert Downey Jr., la química entre él y Jude Law, la ambientación


Lo peor: las secuencias de acción, demasiado aparatosas; las "delicatessen" de montaje que ya huelen...


El cruce: "El secreto de la pirámide" + "Gladiator" + "En busca del arca perdida"


Calificación: 8 (sobre 10)


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