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miércoles, 7 de marzo de 2007

Quiero y no puedo


Han pasado algunas horas, y todavía me embarga cierta sensación de tristeza, de frustrada decepción, de impotencia apenas maquillada. El Barça, nuestro Barça, caía eliminado de la Liga de Campeones ante el Liverpool, lo cual era fácilmente predecible a tenor del resultado cosechado en el partido de ida en el Camp Nou. Lo peor de todo, y a pesar de que la defenestración azulgrana estuvo revestida de cierta honrilla (después de todo, el partido decisivo lo ganamos por 1-0), fue, al menos para quien ésto suscribe, la sensación de “quiero y no puedo” que el conjunto de Frank Rijkaard transmitió durante la gran mayoría del encuentro.

Hace apenas dos años, este mismo equipo era la sensación de España y de Europa. Su juego vertiginoso, la alegría de su fútbol, su gran capacidad resolutiva… asombraban a propios y extraños. Dos eran los hombres directamente responsables del “milagro”: Rijkaard, un entrenador con un currículum más bien discretito pero que, recomendado por el gurú Johan Cruyff, había sabido imponer un estilo parecido al del mítico “Dream Team” de los años 90, y Ronaldinho Gaúcho, jugador “mágico” cuyo talento y alegría no sólo garantizaban el espectáculo sino la contagiada ilusión de sus compañeros.

Poco a poco, sin embargo, todos y cada uno de los rivales han ido cogiéndole el tranquillo a un Barcelona que ya no intimida, que ya no domina, que ya no es el de antes. El crucial partido de anoche, probablemente el más importante de toda la temporada, fue una buena muestra de ello. Si hubo un entrenador capaz de plantear un sistema de juego realmente intimidatorio, innegablemente resolutivo, ése no fue Frank Rijkaard… sino Rafa Benítez. Si hubo un equipo que pudo haber desnivelado (aún más) la eliminatoria, no una sino diez o quince veces, ése no fue el Barcelona… sino el Liverpool.

Que conste que escribo ésto con auténtica melancolía, pero hay que admitir que en Anfield Road se vio a un Barcelona cuya estrella hace meses que comenzó a apagarse, un equipo cuyo fútbol languidece. Como dije anteriormente, el pensamiento que mejor resume lo que anoche ví sobre el césped de Liverpool fue “quiero y no puedo”. Y no hay excusa posible. Todos los grandes nombres del Barça estaban sobre el terreno de juego (Ronaldinho, Eto’o, Messi, Deco, Xavi, Iniesta, Puyol, Valdés), pero su talento y sus ganas no fueron suficientes. Y mira que lo intentaron… Con más torpeza que acierto, con más pena que gloria, durante la primera parte tuvieron el porcentaje más alto de posesión de balón… y, sin embargo, las ocasiones y las llegadas al área contraria con auténtico peligro fueron todas para el Liverpool. ¡Menos mal que ayer Víctor Valdés supo dar un auténtico recital, en una actuación inolvidable que debería acallar a muchos de sus críticos!

Se había anunciado a bombo y platillo que ayer regresaba el famoso tridente ofensivo del Barcelona (Ronaldinho, Eto’o y Messi), pero la realidad se impuso sobre los sueños y es preciso admitir que ninguno de ellos tuvo su noche. En primer lugar, el sistema de juego diseñado por Benítez impedía que los atacantes culés recibieran demasiados balones, pero es que no debemos engañarnos: ni la magia de Ronaldinho brilla como antes, ni Eto’o parece el mismo león que antaño daba un zarpazo tras otro. No hay que ser injustos con el camerunés, que apenas está saliendo de una gravísima lesión, pero es innegable que fue retirarse y el Barça mejoró de modo evidente, gracias a la velocidad de Giuly y, obviamente, a la itinerante habilidad de Gudjohnssen, que marcó el solitario gol azulgrana y a punto estuvo de conseguir otro.

Que nadie se me ofenda, pero es preciso reconocer que el Liverpool jugó mejor que el Barça y que Benítez le ganó la partida a Rijkaard. Podemos decirlo bajito para que parezca más suave o nos duela menos, pero ésa y no otra es la realidad. Sí, el Barcelona obtuvo la victoria (insuficiente), pero los “reds” dispusieron de muchas más oportunidades y sólo la suerte y la asombrosa actuación de Valdés les impidieron aumentar su renta goleadora.

Todo empieza y todo acaba, y nada dura eternamente. Esto, naturalmente, es una perogrullada, pero refleja claramente la situación que se debe vivir en estos momentos en el entorno blaugrana. Ese “quiero y no puedo” no es suficiente para un club como el Barcelona, y, si es cierto que Rijkaard ha confirmado que se queda en el club, entonces el “plan renove” debe afectar a una plantilla que ya no brinda los resultados deseados. Jugadores como Ronaldinho, Eto’o y Deco han bajado alarmantemente su nivel, y algunos otros han entrado en una edad que ya no garantiza su rendimiento. Duele decirlo, pero hay que plantearse una limpieza a fondo si queremos que el azul y el grana vuelvan a deslumbrar como antaño.

1 comentario :

Eliza Doolitle dijo...

Yo soy recreativista y madridista... Así que te acompaño en el sentimiento, pero lo cierto es que no me da pena lo del Barça... Aunque me de penita por ti. Un beso y gracias por visitarme, MUA