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miércoles, 14 de febrero de 2007

La Fábrica de los Sueños



Ayer titulaba mi artículo sobre el “caso Eto’o” de un modo muy cinematográfico: “Eto’o es Hollywood”, juego de palabras con la tan pronunciada frase “Esto es Hollywood”, aludiendo, obviamente, a la capacidad del jugador camerunés para generar espectáculo tanto dentro como fuera de los terrenos de juego. Pues bien, una vez visto lo visto, una vez comprobado el modo en que se han desarrollado las cosas en el día de hoy, vuelvo a aludir al Séptimo Arte, la “fábrica de sueños” por excelencia. Tras oir las declaraciones de Carles Puyol (uno de los capitanes del Barça), de Txiki Begiristain (director deportivo) y de Frank Rijkaard (entrenador) y, sobre todo, tras ver en imágenes el cariñoso abrazo que se han propinado Samuel Eto’o (agresor oral en el día de ayer) y Ronaldinho Gaúcho (agredido), sólo se me ocurre decir que la “realidad” (así, entre comillas) supera con mucho a la fantasía de las mejores películas norteamericanas. Si alguien se cree que todo lo que ha sucedido en el entorno barcelonista desde el pasado domingo ha sido fruto de un “malentendido” (versión oficial dada por absolutamente todas las partes implicadas) es que, efectivamente, el club que dirige Joan Laporta es lo más parecido a Hollywood en versión deportiva: una enorme fábrica de sueños. Es como cuando uno se pone a ver una película protagonizada por Julia Roberts o Drew Barrymore: es tan dulce y melosa que resulta indigesta, pero ¡qué bonito es jugar a creérsela!. Aun dando por hecho que lo mejor para el Barcelona es que la solución haya sido esta bajada de pantalones generalizada, esta amnistía colectiva, este cuento de hadas color de rosa que roza el ridículo, mucho me temo que gran parte de lo que dijo (aunque no debió decir en voz alta) el jugador camerunés pueda ser, desgraciadamente, cierto: que hay una guerra clandestina entre Laporta y el exvicepresidente Rosell, una guerra en la que los jugadores también participan a su manera. Soy del Barça (pero no catalán, queridos amigos madridistas, queridos obsesos de la política travestida de deporte) y me alegro de que en “mi” equipo las cosas se solucionen más rápidamente que en el Real Madrid, pero, aunque estaría muy contento si me equivocase, sospecho que las hostilidades se harán patentes más tarde o más temprano, lo cual perjudicaría seriamente al club en este momento. Tal vez la llave de la estabilidad no la tenga otro sino Johan Cruyff, mentor de Joan Laporta (prácticamente consejero en la sombra) y que, conocedor también del carácter de Sandro Rosell, sería el único que podría convencer a unos y a otros de que las guerras civiles siempre acaban causando víctimas innecesarias.

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