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miércoles, 7 de mayo de 2014

Carpenters, el cielo y el infierno

Para aquéllos a quienes nos gusta la música melódica, quizás con un toque excesivo de azúcar no del agrado de cualquiera, los Carpenters fueron los reyes indiscutibles del género durante los años setenta.

Los hermanos Richard (nacido en 1946) y Karen Carpenter (nacida en 1950) habían tenido desde niños una inequívoca inclinación hacia la música.  Fue Richard el más precoz, y desde muy niño se pasaba las horas muertas escuchando la amplísima colección de discos de su padre, cuando no las múltiples emisoras de radio a las que tenía acceso.  Ya a los 8 años, el pequeño Richard comenzó a tocar diversos instrumentos, comenzando por el acordeón y recalando en el que le dio la fama:  el piano.  Por su parte, su hermana Karen, una muchacha con cierta tendencia al sobrepeso, vio en la música la posibilidad de liberarse de las clases de gimnasia, y se decantó por un instrumento muy poco usual tratándose de una señorita:  la batería.  La primera formación musical que ambos fundaron fue el “Richard Carpenter Trio” en 1965, donde Richard tocaba el piano, Karen la batería y un tal Wes Jacobs, amigo de Richard, se ocupaba del contrabajo.  El grupo duró poco más de un año, pero en 1966 los hermanos Carpenter ya tenían un nuevo proyecto:  “Spectrum”, otro trío en el que les acompañaría nada menos que John Bettis, destinado a ser uno de los letristas más famosos de la segunda mitad del siglo XX.  El caso es que también Spectrum se disolvió demasiado pronto, y fue más o menos por aquel entonces cuando Richard convenció a su hermana de que lo que tenía que hacer era dejar la batería a un lado y explotar el instrumento más hermoso al que tenía acceso:  su preciosa voz.  Bajo el sello Magic Lamp, lograron publicar un single firmado por “Karen Carpenter” (con Richard como teclista), que contenía las canciones “Looking For Love” y “”I’ll Be Yours”.  La aventura tampoco funcionó, pero ellos no se rindieron.  Karen empezó a tratarse su preobesidad e inició un régimen bastante restrictivo, al tiempo que Richard se dedicaba a enviar “demos” (maquetas) de sus canciones a múltiples compañías discográficas.  A&M Records, propiedad del famoso trompetista Herb Alpert, fue la que más fuerte apostó por ellos, y les propuso lanzarles como dúo bajo la denominación “The Carpenters”.  Su primer LP “Offering” salió a la venta en 1969 y tuvo una repercusión más bien discreta, llegando sólo hasta el puesto 54 del Billboard.  Pero ni ellos ni Alpert se desanimaron, e hicieron bien:  su segundo LP “Close To You” (1970) entró directamente al número uno, y permaneció allí durante varias semanas.  El público estadounidense alucinaba con aquellos muchachos que hacían un tipo de música tan a contracorriente, con aquellas composiciones tan melódicas y de arreglos virtuosos, y aquella voz tan dulce pero tan potente.

Durante 5 años, los Carpenters parecían poseer el “toque de Midas”:  todo lo que hacían se convertía en oro, todos los LP’s y todos los singles (“Rainy Days and Mondays”, “Goodbye To Love”, “Superstar”, “Only Yesterday”…) triunfaban…  hasta que en 1975 el globo empieza a desinflarse.  Quizás fue la saturación, quizás la gente comenzaba a empalagarse de tanto dulzor...  o tal vez los visibles problemas de salud de Karen resultaban cada vez más preocupantes.  Su dieta tan estricta le pasaba factura, y el ajetreo de los conciertos y las giras le provocó stress y agotamiento.  Comenzaron a correr rumores de que parecía alguna enfermedad de extrema gravedad, como cáncer.  La discográfica lo desmintió, pero aconsejaron a la cantante que ingresara en una clínica de reposo durante algún tiempo.  Sólo lograron retenerla durante dos meses.  Cambiaron de manager y enseguida volvieron al trabajo, aunque, sorprendentemente, la fortuna ya no les sonreía.  Ahora fue Richard quien necesitó ayuda médica, pues había empezado a tomar somníferos a los que acabó enganchado, y anunció que se tomaría un año sabático para desintoxicarse.  Fue en aquel momento (año 1979) cuando Karen, quien hasta entonces era la voz solista en los discos pero la comparsa de Richard en materia de decisiones, pensó grabar su propio álbum en solitario.  Marchó a Nueva York y grabó todos los temas de un LP que nunca vería la luz, a pesar de contar con la producción del prestigioso Phil Ramone y la colaboración de los músicos de acompañamiento de Billy Joel.  Llegó a rumorearse que fue su propio hermano Richard quien boicoteó la publicación del vinilo, por miedo a que el triunfo de Karen supusiera la puntilla definitiva a los Carpenters como dúo, pero nadie pudo probar esta (¿absurda?) teoría…

Es 1980 y los Carpenters tratan nuevamente de saborear las mieles del éxito.  Editan un nuevo trabajo y su sencillo de presentación (“Touch Me When We’re Dancing”) asciende rápidamente al número 20 del Billboard.  Karen, no obstante, aparece cada día más desmejorada, y su anorexia es patente.  Sin embargo, se casa por sorpresa con el empresario Tom Burris.  Karen deseaba una familia propia pero Burris le confesó que se había sometido a una vasectomía.  Cuando se enteró de esto, Karen quiso suspender la boda, pero su posesiva madre se negó, porque ya las invitaciones estaban enviadas, los medios habían sido convocados y el escándalo sería apocalíptico si el compromiso se cancelaba.  El matrimonio duraría apenas un año.  Desolada, Karen decide acudir a una clínica especializada en el tratamiento de la anorexia nerviosa.  Le obligan a dejar de lado las casi ¡90! píldoras laxantes que tomaba cada día, cuando ya su cuerpo era poco más que un pellejo del que el despiadado Burris se burlaba.

Era demasiado tarde.  Un día, Karen nota que su corazón late de manera anormal, y, como consecuencia de ello, es ingresada en el Hospital Lennox Hill de Nueva York, donde la mantienen durante más de un mes mediante alimentación intravenosa.  Al salir del hospital, decide regresar a Los Angeles, donde residen sus padres.  El 3 de Febrero de 1983 se queda a dormir en el hogar materno, y por la mañana su madre la encuentra inconsciente en su cuarto.  Llaman a la ambulancia y la ingresan de urgencia en el Downey Community Hospital, donde fallece aquel fatídico 4 de Febrero.  En el informe del forense, se certifica que la muerte se debió a “irregularidades en los latidos causados por desequilibrios químicos asociados con la anorexia nerviosa”.  La voz más extraordinaria del pop se apagaba para siempre a los 32 años, víctima de su imposibilidad para aceptar su propia naturaleza.  Sus fans nunca dejaremos de emocionarnos al escucharla.

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