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viernes, 3 de diciembre de 2010

Musicales de mi vida/ "LES MISERABLES"

El musical que conmovió al mundo


En el día de hoy, voy a dar rienda suelta a una de mis grandes pasiones y voy a hablaros de… un musical; pero no de un musical cualquiera, sino de “El Musical que conmovió al mundo”: “Les Misérables”. Lo que os presento a continuación no es sólo el rendido tributo de un aficionado a la música y al teatro, sino asímismo un estudio más o menos exhaustivo de las circunstancias que rodean a un espectáculo de tanto éxito y que lleva 25 años ininterrumpidos de éxito en los escenarios de todo el mundo. Y ¿qué mejor momento para hacerlo que precisamente ahora, cuando nuevamente vuelve a estar en cartel en los escenarios madrileños…?





EL ARGUMENTO

Francia, 1815. Han pasado casi 30 años de la primera y gran Revolución, pero, para los más humildes, las cosas no han mejorado mucho. Jean Valjean es un pobre hombre, que, aunque dotado de una excepcional fuerza física, lleva 20 años sufriendo la brutalidad de la cárcel de Toulon, dirigida por el fanático Javert, policía de moral inflexible que antepone sus fanáticos principios y su exacerbada fe religiosa a cualquier otra consideración. El “terrible” crimen de Valjean fue robar un mendrugo de pan para dar de comer a su sobrino moribundo, pero para Javert es simplemente un convicto más, un número (“2-4-6-0-1”) que, grabado a fuego en el pecho del reo, le marcará para toda la vida ante sus semejantes. Cuando Valjean recibe la carta amarilla de libertad condicional, Javert le advierte de que tendrá que presentarse periódicamente ante él, y un ingenuo Valjean sale al mundo pensando que volver a ser libre es el regalo más maravilloso que ha podido recibir. Craso error: nada más abandonar la prisión, tiene sobradas ocasiones para comprobar que las cosas no son tan fáciles. Su condición de exconvicto le convierte en ciudadano de segunda clase, su salario es la mitad que el de los demás hombres y ni siquiera se le permite hospedarse en un albergue de mala muerte. Desesperado y a punto de derrumbarse, Valjean recibe la ayuda del bondadoso Obispo de Digne, que le acoge en su casa. Sin embargo, malherida su alma por tantas injusticias y sufrimientos, nuestro hombre roba la vajilla de plata del Obispo y trata de huir, tan sólo para ser nuevamente arrestado. Pero entonces, algo inesperado sucede: el Obispo dice a las autoridades que la plata aprehendida a Valjean no era fruto de un robo sino de un regalo, e incluso le entrega unos candelabros de mucho más valor. Impresionado al comprobar cómo un desconocido es capaz de depararle tanta bondad, Valjean cree hallarse ante una segunda oportunidad y jura rehacer su vida y vivirla no sólo con un nuevo talante sino bajo una nueva identidad, por lo cual infringe la libertad condicional y escapa de la jurisdicción de Javert.

Al cabo de 8 años, Valjean, que ahora se hace llamar Monsieur Madeleine, es no sólo un rico empresario propietario de una fábrica (que montó con el dinero de la plata del Obispo), sino el Alcalde de la pequeña localidad en la que vive, Montreuil-sur-Mer. Una de las trabajadoras de la fábrica, Fantine, tiene una hija secreta, Cosette, fruto de un desliz de juventud con un hombre que las abandonó, y, por no ser capaz de cuidar de la pequeña, la tiene bajo la custodia de Thenardier, un despreciable mesonero. Descubierta su condición de madre soltera y ante la pasividad (o desconocimiento) de Valjean/Madeleine, Fantine es despedida y de repente se ve en la calle y carente de ingresos con los que continuar pagando a Thenardier el sostenimiento de su hija. Acuciada por la necesidad, Fantine va dando tumbos hasta que se ve obligada a vender sus pocas alhajas, su cabello y, finalmente, su propio cuerpo en calidad de prostituta. Denunciada por un cliente con el que no quiso acostarse, es arrestada por Javert, quien ha sido también destinado a Montreuil, si bien la intervención de Valjean evita en última instancia su ingreso en prisión. Javert no reconoce inicialmente a Valjean en la persona del Alcalde, pero un acto heroico de éste, al levantar él solo el enorme peso de un carruaje para salvar a su conductor, le hace pensar en aquel hombre de extraordinaria fuerza que conoció en Toulon tantos años atrás, y al que nunca ha dejado de perseguir por romper su libertad condicional. Sin embargo, un vagabundo acusado de ser el convicto Jean Valjean acaba de ser detenido y va a ser juzgado, de resultas de lo cual irá ineludiblemente a la cárcel. Valjean duda: si se identifica como el auténtico prófugo, será él quien vaya a prisión y sus empleados quedarán sin su patrón, pero, si calla, su alma se condenará por no evitar el sufrimiento de un inocente. En realidad, no hay mucho que pensar, y el “Alcalde” se presenta en el tribunal y desnuda su pecho donde todavía subsiste su número de convicto. Antes de ir a la cárcel, visita a Fantine, gravemente enferma, y mientras ella muere en sus brazos, le promete que cuidará de su pequeña Cosette. En ese momento se presenta Javert, y Valjean, ya sin su “disfraz” de alcalde, le suplica que demore su arresto tan sólo 3 días, el tiempo necesario para recoger a Cosette y traérsela consigo. Javert se muestra, como siempre, inflexible, y, tras un forcejeo, Valjean consigue escapar y emprende el camino hacia Montfermeil, donde está el mesón en el que vive la pequeña, a quien los Thenardier tratan como a una criada, desnutrida a pesar del dinero que enviaba Fantine y sometida a continuos castigos y vejaciones, mientras que a Eponine, la hija natural de los mesoneros, se le consienten todo tipo de caprichos. Después de un breve regateo, Thenardier acepta entregar a Cosette a Valjean, a cambio de 1.500 francos.

Transcurren 9 años más, estamos en 1832, y en París vuelven a coincidir los destinos de todos estos personajes. Valjean y Cosette viven bajo identidades falsas, y ella (que ya es una mujer a punto de alcanzar la mayoría de edad) se ha criado creyendo que el hombre a quien llama “Papá” es su padre verdadero, pero ignorando todo acerca de él así como de la procedencia del dinero que disfrutan. Son tiempos difíciles y la pobreza y la miseria han convertido a muchos parisinos en “miserables”. La desigualdad de clases es tan evidente que los burgueses como Valjean parecen vivir en un mundo aparte, mientras que los pobres se hacinan en suburbios donde se multiplican los mendigos, las prostitutas y los “hijos de la calle” como Gavroche, un pícaro rapazuelo que frecuenta la compañía de los jóvenes estudiantes que sueñan, como soñaron sus abuelos, con la Revolución y la Libertad. El Gobierno está corrompido y hace oídos sordos al gemir de la mayoría de ciudadanos que pasa calamidades, y sólo un miembro del gabinete, el General Lamarque, parece dispuesto a ayudar a los menesterosos. Javert ha sido nombrado Inspector de Policía y Thenardier, que cayó en la ruina al cerrar su mesón, lidera una peligrosa banda de malhechores. Un día, la pandilla de Thenardier, en la que también milita (contra su voluntad) su hija Eponine, trata de atracar en plena calle a Valjean y Cosette, pero se lo impide la aparición del joven estudiante Marius Pontmercy, que tiene en Eponine a su más fiel amiga, ignorando que ella está perdidamente enamorada de él. Entre Marius y Cosette surge un romántico amor a primera vista, al tiempo que Thenardier reconoce a Valjean como el hombre que años atrás le “compró” a la niña a quien tenía como criada. Cuando Javert, alertado del intento de robo, acude al lugar del suceso, Cosette y su padre se escabullen entre la multitud, y el perverso Thenardier aprovecha para delatar a Valjean. Javert, siempre implacable, jura que, pase lo que pase y pese a quien pese, no descansará hasta tener entre rejas al antiguo presidiario. Cuando Marius se reúne con sus amigos estudiantes en el Café ABC, éstos le notan sutilmente diferente, y se burlan de él por haberse rendido a las mieles del amor. En ese momento, el pequeño Gavroche se presenta portando la noticia de que el General Lamarque ha muerto. Enjolras, el líder de los aspirantes a revolucionarios, decide que el día del entierro de Lamarque será la ocasión idónea para alzarse en armas contra las fuerzas de seguridad, para lo cual anima a los estudiantes a buscar dentro de sí mismos el valor necesario para unirse a la cruzada en pos de la libertad. Más ilusionado por el amor recién encontrado que por los elevados ideales, Marius le pide a Eponine que le lleve hasta la casa de Cosette, situada en la rue Plumet, y, una vez allí, los dos jóvenes se declaran su mutuo amor, mientras Eponine llora en silencio su incapacidad de intentar siquiera revelarle sus sentimientos a su amado Marius. Es entonces cuando Thenardier y su banda intentan asaltar la casa de Valjean, si bien Eponine les impide salirse con la suya gritando para alertar a los ocupantes de la mansión. Cosette le dice a su padre que ha sido ella quien gritó, al percibir a unos merodeadores en las proximidades, por lo que el antiguo convicto tiene el presentimiento de que Javert está de nuevo tras su pista. “Debemos marcharnos lejos de aquí”, dice, provocando la desazón tanto en Cosette como en Marius. Llega el día del entierro de Lamarque, y los estudiantes levantan una enorme barricada en la rue de la Chanvrerie, haciendo acopio de armas y municiones para enfrentarse a la Guardia Nacional. Javert, que no se limita a perseguir a su eterno rival, se infiltra entre los sublevados haciéndose pasar por soldado renegado, con la intención de espiarles y, al tiempo, facilitarles datos falsos que contribuyan a su derrota. Marius, debatiéndose entre su lealtad a Enjolras y el resto de sus compañeros y el amor por Cosette, escribe una carta de despedida a ésta y le pide a Eponine que se la lleve. La muchacha, disfrazada de chico y con el corazón destrozado por el amor que siente por Marius y éste jamás recibirá, abandona la relativa seguridad de la barricada y llega hasta la rue Plumet, donde entrega la carta a Valjean, que promete hacérsela llegar a Cosette. De regreso, Eponine imagina que Marius la acompaña mientras recorre las calles plateadas por la lluvia, pero, cuando está subiendo a la barricada, una bala perdida la alcanza en la espalda. Feliz porque, aunque su vida se extingue, se halla por fin en brazos de un desconsolado Marius, Eponine muere; es la primera víctima de la nueva revolución. Los estudiantes consiguen repeler los primeros ataques de los soldados, pero, cuando Javert trata de confundirles con sus falsas informaciones, su identidad es descubierta por el pequeño Gavroche. Enjolras ordena que Javert sea fusilado de inmediato acusado de traición, pero, en ese momento, un hombre fornido se aproxima a la barricada: es Valjean, que acaba de leer la carta de Marius y ha desistido de sus planes de partida, al considerar que su deber es proteger al hombre que tanto ama a su hija. Al ver a Javert prisionero e indefenso, Valjean pide a Enjolras que se lo entregue, supuestamente para ejecutarle él mismo; sin embargo, una vez a solas, el ex-presidiario desata a su carcelero y le invita a que se marche libre. Javert, incapaz de entender, advierte a Valjean que éso no va a cambiar nada entre ellos, que, en cuanto recupere la libertad, continuará persiguiéndole hasta el final. Valjean, impertérrito, le replica que, después de veinte años de esconderse, ya está cansado de escapar, así que, en cuanto acabe la contienda, si sobrevive le estará esperando en su casa de la rue Plumet. A continuación regresa junto a los revolucionarios, y, velando el sueño de Marius, reza para que nada malo le suceda. Los acontecimientos se precipitan: los menesterosos y oprimidos por los que tanto han luchado no han dado la cara, y los estudiantes se ven solos y sin apoyo. Las fuerzas de seguridad les conminan a rendirse, pero Enjolras responde que, si ellos caen, otros se alzarán en nombre de la Libertad. Marius, Enjolras y los demás estudiantes pasan su última noche en vela antes del ataque final, que sorprende a los estudiantes desprovistos de munición. Gavroche, desoyendo los ruegos de sus compañeros, se aventura entre el fuego cruzado tratando de recoger balas de las cartucheras de los soldados caídos, pero es herido de muerte y expira sintiéndose un héroe para los niños de la calle. La batalla decisiva es devastadora y la cruda realidad se impone; la Guardia Nacional aplasta a los insurgentes, y la sangre de Enjolras y los demás corre por las calles y las alcantarillas de París. Todos mueren a excepción de Valjean y Marius, que, sin embargo, resulta muy malherido. Demostrando su gran fortaleza, Valjean toma en brazos al inconsciente Marius y corre por las alcantarillas, aunque el esfuerzo y la tensión le pasan factura y se desmaya entre los fétidos charcos. El infame Thenardier, que nunca cesa en su villanía, ahora se dedica a rapiñar los cadáveres de los caídos (ya lo había hecho en la batalla de Waterloo), y, hallando en la cloaca los cuerpos de Valjean y Marius, se aproxima creyendo que el joven está muerto, circunstancia que aprovecha para robar un anillo que lleva en su mano pero sin siquiera molestarse en mirarle la cara. Minutos después, cuando Valjean despierta, vuelve a cargar sobre sus hombros a Marius y sale de la alcantarilla, urgido por la gravedad de las heridas del joven….. sólo para encontrarse al incansable Javert. Nuevamente, Valjean suplica al inspector que le conceda unas horas para llevar al muchacho al hospital y luego regresar para entregarse, y Javert, en un momento de debilidad, accede a su petición. Es más de lo que el inflexible inspector puede soportar. Toda una vida de estricto cumplimiento de la legalidad, de velar por la moralidad y los mandamientos de Dios…. y un ladrón, un convicto, un prófugo, le ha obligado a incumplir su deber. La posibilidad de haber perseguido injustamente durante 20 años a un hombre bueno, que además le perdonó la vida cuando lo lógico era que le hubiera matado, y el hecho de haberse visto obligado a quebrantar unos principios de los que nunca dudó, le ofuscan de tal modo que su mente estalla y el estólido inspector Javert se suicida arrojándose desde el puente a un embravecido río Sena.

Los días pasan y pronto la revolución es tan sólo un recuerdo. Marius, convaleciente, sueña con sus amigos muertos en la barricada, y, en cuanto se recupera, pide a Valjean la mano de Cosette. Valjean accede, pero decide no asistir a la boda y, por el contrario, emprender una última huída, pensando que, si alguien descubre su pasado de ex-convicto, ello arruinará la vida de su hija. Antes de partir, le confiesa su secreto a Marius, pero sin revelarle que fue él quien le sacó de la barricada. El día de la boda, los Thenardier irrumpen en mitad de la celebración y el infame mesonero intenta chantajear a Marius revelándole que su suegro es en realidad un ex-presidiario que la noche en que cayó la barricada asesinó a un pobre muchacho en las alcantarillas. Como prueba, le enseña el anillo, su propio anillo, y Marius y Cosette comprenden de golpe la bondad, el sacrificio y los sufrimientos de Valjean. Ambos corren al encuentro del anciano, pero éste está a punto de emprender el viaje definitivo, no en pos de una engañosa sensación de libertad, sino de la liberación definitiva. Los fantasmas de Fantine y Eponine se le aparecen para acompañarle a un lugar lejano donde ninguna cadena le volverá a encadenar. Abrazado por Cosette y Marius, Jean Valjean expira con una sonrisa en los labios y recordando que “amar a otra persona es verle la cara a Dios”. La revolución de los estudiantes ha fracasado y la odisea personal de Valjean llega a su fin, pero todas las historias de amor y sacrificio dejan una huella que nadie puede borrar, y todos Les Miserables de la Tierra jamás desistirán en su búsqueda de una luz que les ayude a escapar del valle de la oscuridad…….



HISTORIA DE UN MUSICAL



Como cualquier obra inmortal, “Les Miserables”, escrita por Victor Hugo en 1862, ha tenido mil y una adaptaciones en múltiples formatos, tanto en teatro como en cine y televisión; las más famosas versiones cinematográficas son las de 1935, dirigida por Richard Boleslawski y protagonizada por Fredric March (Valjean) y Charles Laughton (Javert), y la que en 1998 interpretaron Liam Neeson como Valjean, Geoffrey Rush como Javert, Claire Danes en el papel de Cosette y una demacrada Uma Thurman dando vida a Fantine, dirigidos todos ellos por el sueco Bille August. Asímismo, existe una serie de televisión (editada en formato de DVD) realizada por Josée Dayan en 2000 y que contó en su reparto con Gerard Depardieu (Valjean), John Malkovich (Javert), Virginie Ledoyen (Cosette), Enrico Lo Verso (Marius), Charlotte Gainsbourgh (Eponine) y Christian Clavier (Thenardier). Pero de lo que pretendo hablaros es de la versión musical, y ésta, como tal, tiene su origen en un espectáculo teatral que se representó a partir del 18 de Septiembre de 1980 en el Palais des Sports de París, con un éxito relativo; sus autores, Alain Boublil (letra) y Claude-Michael Schönberg (música), ignoraban, con toda seguridad, la repercusión de la criatura a la que acababan de dar a luz. Lo cierto es que, una vez concluídas las representaciones previstas, tal vez todo hubiera quedado reducido a un moderado triunfo de no ser por la intervención de tres hombres que aportaron a la leyenda de “Les Misérables” casi tanto como sus propios autores.



El primero de ellos fue el productor británico Cameron Mackintosh, que tuvo ocasión de hacerse con una copia del álbum “conceptual” grabado en 1981 por los mismos intérpretes de la obra original, y no sólo intuyó sus (enormes) posibilidades sino que se enamoró verdaderamente de ella, por lo que compró los derechos y en 1985 presentó su propia versión en Londres. El segundo nombre al que cabe aludir es el del letrista y adaptador Herbert Kretzmer, que hizo mucho, muchísimo más que traducir las letras del francés original al inglés. Kretzmer “reconstruyó” de arriba a abajo el libreto de la obra (que comenzaba cuando Valjean ya es propietario de la fábrica en la que trabaja Fantine), utilizando diversos fragmentos de partitura con el fin de encajar nuevas escenas en las que detallar más fielmente todos los avatares de la historia narrada por Victor Hugo. En tercer lugar, ya que hablamos de los máximos responsables del longevo éxito de “Les Miserables”, hay que citar al cantante y actor Colm Wilkinson, que ha interpretado a Jean Valjean tanto en Londres como en Broadway (y en las respectivas grabaciones de ambos espectáculos) así como en el maravilloso concierto conmemorativo del décimo aniversario del estreno londinense. Colm Wilkinson se dio a conocer al público internacional cuando prestó su voz al Che en el disco original de “Evita” en 1976 (aunque en los créditos figuraba simplemente como “C.T. Wilkinson”), pero, indudablemente, alcanzó su cénit al interpretar al protagonista de “Les Miserables”, un papel sumamente difícil porque exige una potencia vocal impensable para la mayoría de cantantes actuales de pop y rock.



El 8 de Octubre de 1985 se produjo el estreno oficial en la capital británica (concretamente en el Barbican Theatre), y 2 años después, también bajo producción de Mackintosh, “Les Mis” (ése es el apelativo cariñoso al que aluden a la obra sus miles de fans) cruzó el charco y arrasó en Broadway, con unos índices de aceptación tan increíblemente altos que el espectáculo se puso de moda en los circuitos culturales de aquí y de allá y la imagen de la pequeña Cosette que constituye el logotipo de su cartel promocional se convirtió en uno de los iconos de los años 90, fecha desde la cual se ha representado en prácticamente la totalidad de las capitales del mundo y en todos los idiomas, con un éxito que no cesa.



“Les Miserables”, más que un simple show musical, es prácticamente una ópera (o, al menos, una ópera rock, con la utilización, además de elementos propios de la orquesta tradicional, de percusiones y sintetizadores, tan de moda en los 80), en el que los papeles principales están definidos según los patrones clásicos. Así, el tenor, la voz masculina viril pero abierta a los agudos, representa al protagonista (Valjean), y también a alguno de los secundarios considerados “positivos” (Marius); Javert, el antagonista, es un barítono, como también lo es el mesonero Thenardier; Fantine y Eponine son mezzos y Cosette debe tener un registro un poco más alto, es decir, de soprano. La estructura musical (dividida en dos actos) es compacta y compleja, con un pequeño prólogo instrumental que enseguida da pie a una de las melodías recurrentes de la obra (“Work Song”, que más adelante es la base de “Look Down”), y contiene, según la mejor tradición operística, maravillosas arias (las más célebres son “On my own”, que canta Eponine, y “I dreamed a drem”, a cargo de Fantine, aunque casi todos los personajes principales tienen su propio “solo”: “Soliloquy” y “Bring him home” concebidas para lucimiento de Valjean; “Stars”, tema de Javert; “Castle on a cloud”, sencilla y pegadiza melodía infantil que ilustra la desolación de la niña Cosette; o “Empty chairs at empty tables”, asignada al rol de Marius), aunque también encontramos duetos como “A heart full of love” (Cosette y Marius) o “A little fall of rain” (Eponine y Marius) y números corales tan pegadizos como la divertida “Master of the house” (Thenardier, su mujer y los clientes del mesón), la emocionante “Do you hear the people sing?” (Enjolras y el resto de estudiantes revolucionarios, que también cantan “Drink with me”) y, sobre todo, “One more day”, que interpretan prácticamente todos los personajes de la obra, narrando cada uno de ellos sus inquietudes y motivaciones y que fue elegida como “el mejor número musical de la Historia”.



¿Cuáles son las razones de un éxito tan apoteósico como “Les Miserables”? La primera de ellas es, evidentemente, la conocida base literaria de Victor Hugo, una de las pocas novelas de las que todo el mundo ha oído hablar y en la que cualquiera puede encontrar algún elemento con el que identificarse: el valeroso proceso de redención de Valjean, el romance (que, ciertamente, roza la cursilería) de Marius y Cosette o el idealismo y espíritu de sacrificio del grupo de estudiantes que encabezan Marius y Enjolras. En segundo lugar, existe un motivo de índole musical, definitivo y definitorio tratándose prácticamente de una ópera, como es la calidad de la partitura y la accesibilidad de sus melodías, con algunos temas como “I dreamed I dream” u “On my own” que son tan conocidas que casi todos las hemos escuchado alguna vez sin saber que se trataba de piezas procedentes de un musical (os confesaré que yo comencé a interesarme por la obra después de conocer una espléndida versión de “I dreamed a dream” cantada por Patti LuPone). En tercer lugar, es preciso destacar la espectacularidad de la puesta en escena de la obra, que fue pionera en la utilización de plataformas giratorias y que contiene no sólo momentos intimistas, románticos y cómicos, sino, sobre todo, épicas batallas trufadas de efectos especiales que van mucho más allá del realismo dramático que uno espera encontrar en un show de estas características.



Si algo de lo que os acabo de contar os hace interesaros por esta maravillosa obra, daré por bien empleadas las largas horas que he invertido en la redacción de este ensayo con el que pretendo homenajear merecidamente a mi musical favorito (los otros son, por este orden, “Jesus Christ Superstar”, “Evita” y “El Fantasma de la Opera”). En el caso de que os apetezca conocer a fondo “Les Miserables”, os puedo recomendar las grabaciones en las que mejor podréis apreciar sus méritos musicales, las cuales podréis localizar sin dificultades a través de internet (y líbreme Dios de indicaros si debéis pagar o no por haceros con ellas). La versión original francesa tiene el interés de ser el germen de lo que vino después, aunque la instrumentación es un tanto decepcionante y los cantantes, sobre todo Maurice Barrier, el intérprete de Valjean, más bien mediocres. La adaptación de Broadway tiene un buen sonido y supuso la continuidad de algunos de los artistas que previamente habían triunfado en los escenarios londinenses. Asímismo, existe una versión “sinfónica” que es la más completa a todos los niveles, ya que es la única que contiene todos los fragmentos que se representan pero que casi nunca se habían grabado antes, si bien tiene el hándicap de que Valjean está interpretado por Gary Morris, que hace lo que puede pero no tiene la calidad de Colm Wilkinson. Así pues, si me permitís un consejo desinteresado, yo en vuestro lugar trataría de hacerme con la versión cantada por el reparto que estrenó la obra en Londres, es decir: Colm Wilkinson (Valjean), Roger Allam (Javert), Patti LuPone (Fantine), Michael Ball (Marius) y Frances Ruffelle (Eponine). Claro que más emocionante es la grabación del concierto del décimo aniversario, que se celebró el 8 de Octubre de 1995 en el Royal Albert Hall de Londres, con un “reparto soñado” (dreamcast) en el que destaca un maravilloso Colm Wilkinson (¿cómo no?), brillantemente acompañado por Philip Quast (que ya había sido Javert en Sydney y también en la versión sinfónica), Michael Ball (Marius en Londres), Ruthie Hensall (Fantine en Broadway) y Lea Salonga (Eponine en Londres), además de la Royal Philharmonic Orchestra dirigida por David Charles Abell. Este histórico recital, que también está editado en DVD (aunque no en nuestro país; yo lo adquirí a través de la web de subastas e-bay, aunque me consta que está disponible en Internet) destacaba por ser la única grabación completa en la que se podía ver a los cantantes vestidos tal y como actuaron sobre los escenarios, ya que, por más que lo he buscado, no he hallado jamás una representación filmada, por lo que empiezo a dudar que exista. Pero, ay, el tiempo pasa, y nunca en balde, y hace pocas semanas se celebraba, en el O2 Arena también de Londres, el concierto conmemorativo del vigésimo quinto aniversario del estreno en tierras británicas de “Les Misérables”, toda una efemérides apoteósica en la que han actuado algunos de los más destacados intérpretes que han representado o aún continúan representando la obra a lo largo y ancho del Orbe, amén de algún que otro invitado sorpresa. El ecléctico “cast” de tan formidable evento lo encabezan Alfie Boe como Valjean, Norm Lewis como Javert, Lea Salonga dando ahora vida a Fantine, Katie Hall (Cosette), Samantha Barks (Eponine) y, atención, Nick Jonas, uno de los temibles Jonas Brothers, metiéndose en la piel de Marius. Está a punto de ponerse a la venta el DVD grabado en vivo durante dicho concierto, y yo ya estoy haciendo las primeras gestiones para conseguirlo.



Por lo que respecta a nuestro país, en 1992 llegó por primera vez “Los Miserables” al Teatro Nuevo Apolo de Madrid, con producción a cargo de nuestro tenor internacional Plácido Domingo (quien renunció a interpretar ningún papel). Esta versión en castellano permaneció en cartel durante casi 2 años, representada por un elenco en el que figuraban Pedro Ruy Blas (considerado entonces el mejor Valjean en lengua no inglesa), Miguel del Arco (Javert), Gemma Castaño (Fantine), Margarita Marbán (Eponine), Luisa Torres (Cosette) y, haciendo de Marius, Carlos Marín, uno de los actuales componentes del famoso grupo pseudo-operístico “Il Divo”. En el portal de videos YouTube podéis encontrar diversas grabaciones de aquella Compañía, que también fue inmortalizada en un doble CD. Finalmente, el día 18 de Noviembre de este mismo año 2010, se estrenaba, nuevamente en Madrid, un nuevo montaje de “Los Miserables”, con algunos elementos escenográficos inspirados en bocetos del mismísimo Victor Hugo y con un reparto encabezado por Gerónimo Rauch (Valjean), Ignasi Vidal (Javert), Virginia Carmona (Fantine), Guido Balzaretti (Marius), Lydia Fairén (Eponine), Talía del Val (Cosette), Enrique R. del Portal (que en 1992 fue Enjolras y ahora se convierte en Thenardier), Eva Hidalgo (Madame Thenardier) y, como máximo aliciente, la presencia de nuestro último representante eurovisivo, Daniel Diges, incorporando al líder revolucionario Enjolras. La obra, que se representa en el Teatro Lope de Vega, permanecerá en cartel hasta el próximo mes de Enero, tras lo cual iniciará una gira que la llevará, entre otros destinos, a Nueva York, formando parte de los lujosos eventos que conmemoran el ya comentado vigésimo quinto aniversario del debut de la versión inglesa de la obra.



Para concluir, y si acaso leyendo este artículo os han entrado ganas de entrar en el universo de “Les Miserábles”, os remito a la página web oficial del espectáculo, The Official Les Misérables Website (http://www.lesmis.com/), donde podréis escuchar fragmentos de varias canciones, ver fotos de algunos números o incluso videoclips de varios de ellos. Quién sabe si de esta manera os entrarán ganas de cantar hermosos himnos de amor y libertad e incluso de subiros a una estilizada barricada para participar en persona de las desventuras del hombre llamado Jean Valjean y de aquéllos que lucharon y murieron por la causa de la Libertad. Como se dice en el número final de la obra: “¿Os uniréis a nuestra cruzada? / ¿Seréis fuertes y os mantendréis a mi lado? / Más allá de la barricada / ¿no hay un mundo que os gustaría ver? / ¿Oís cantar al Pueblo? / Decidme, ¿no escucháis a lo lejos los tambores? / Es el Futuro lo que nos traen… / …cuando llegue Mañana”…



Luis Campoy



Nota:  es la segunda vez que publico este artículo en este blog.  La primera versión, del año 2006, ha sido, con mucho, el artículo más leído de todos los que he escrito hasta ahora, y también el que más comentarios ha recibido.

2 comentarios :

Aarón dijo...

Impresionante artículo, muy completo y excelentemente documentado. Un artículo a la altura de una leyenda...

Sólo le falta, y estoy seguro de que en el futuro lo añadirás, una reseña del musical estrenado en Madrid, para cerrar el circulo. Anoche tuve la gran suerte de poder disfrutar de la obra, y acabe tan emocionado como esperaba, y no era fácil, teniendo en cuenta mis exageradas expectativas.

Pues ya puede decirse: El montaje del 25 aniversario es, simplemente, alucinante. Por supuesto, nada de lo que se ha estrenado nunca en España puede comparársele (a su lado, CHICAGO parece una actuación de fin de curso de instituto), y el elenco está de lujo, empezando por un Gerónimo Rauch absolutamente espectacular en todo momento de la obra. Un enorme Jean Valjean, sostenido por un elenco de verdaderas estrellas del musical...

Enhorabuena por el artículo y por los gustos en cuestión de musicales (Jesucristo Superstar es también mi segundo musical favorito).

Un abrazo...

Luis Campoy dijo...

Querido amigo Aarón, ante todo, gracias por tus elogios sobre mi artículo. Es una obra de amor, y como tal está automáticamente recompensada, pero no está nada mal que la gente valore tu trabajo. Gracias de nuevo. Por cierto, ¡no te lo vas a creer!, pero ¡¡YO TAMBIÉN ESTUVE ANOCHE VIENDO "LOS MISERABLES" EN EL LOPE DE VEGA, EN LA FUNCIÓN DE LAS 22:00 H.!! Menuda coincidencia, ¿eh?. Ahora mismo estoy ya de regreso en mi casa de Lorca, Murcia, y en cuanto pueda publicaré mi crítica sobre el montaje que ambos vimos anoche. ¡Seguimos en contacto! ¡Y viva "Les Mis" forever!