contenido de la página

Dame tu voto ¡Gracias!

Dame tu voto en HispaBloggers!

miércoles, 1 de octubre de 2008

Diez años

¿Sabes, cariño?; fue el mejor día de mi vida. Aquella mañana me había escapado un ratito del trabajo y me hallaba en la Radio, donde todos los contratados y todos los colaboradores íbamos a participar en un programa en directo en el que presentaríamos la nueva programación de Invierno. Era la época en la que yo hacía “Pantalla Grande” todos los martes a las nueve de la noche, una hora de cine en la que me desgañitaba pidiendo llamadas que nunca entraban. Pero aquella mañana sí hubo una llamada: alguien llamó a la emisora, y pidió hablar conmigo, y yo me puse al teléfono, y, cuando colgué, me despedí precipitadamente de los compañeros radiofónicos y no volví a mi trabajo, sino que corrí hacia el garaje para sacar el coche. Confieso que estaba asustado cuando recogí a tu madre y a tu abuela, pero ellas sonreían: tú estabas a punto de llegar, casi mes y medio antes de lo previsto. Tenías tantas ganas de venir a este mundo que no pudiste esperar hasta noviembre, y la mamá, que muy temprano había roto aguas, no pudo sacarte por sí misma y una señora tuvo que hacerle un corte en la barriga para que salieras. Yo no fumo, pero aquel día hubiera agradecido ser fumador y poder sujetar entre las manos una docena de cigarrillos; hay quien dice que éso calma los nervios. Al cabo de un rato, por delante de la sala de espera pasó una cajita de cristal en la que dormía un niño pequeño y sonrosado, un muñequito con una pulsera en torno a la muñeca y vestido apenas con un gigantesco pañal. Antes que tú y después de ti pasaron otros bebés en urnas parecidas, pero tanto tu abuela como yo supimos al instante que ése era nuestro niño. Como habías corrido tanto para nacer, medías muy poquitos centímetros y pesabas muy poquitos gramos, y el médico decidió que debías quedarte unos días en el hospital, hasta que te pusieras más fuerte y pudiéramos llevarte a casa. Cuando nos preguntaron a tu madre y a mí si ya sabíamos el nombre que te íbamos a poner, no lo dudamos ni un instante: “Jorge”; el nombre más bonito del mundo. A través de los cristales de la incubadora, te ví respirar y moverte, y era como un sueño. Un trocito de mí que estaba fuera de mí, una parte de mi vida que vivía por sí misma. Mirándote, ya imaginaba nuestra existencia, nuestro futuro. Cuando te cayeras dando tus primeros pasos, yo estaría allí para levantarte; cada vez que me necesitaras, allí estaría yo para socorrerte. Sin embargo, las cosas no fueron tan fáciles, o simplemente no fueron como las soñé aquel día. Pero el hecho de no poder verte todas las mañanas y todas las noches no quiere decir que cada mañana y cada noche no piense en ti; todo lo contrario. Ahora vivimos a algunos kilómetros de distancia, una distancia que no es real sino solamente física, pero siento que cada día estamos más cerca. Cuando tengo un problema, cuando alguna vez estoy triste, me imagino buscando las palabras para explicarte lo que me ocurre (aunque, mientras pueda, evitaré contarte aquellas penas que yo pueda seguir sufriendo a solas); cuando me siento feliz o cuando estoy alegre, retengo ese instante en mi memoria para contártelo en cuanto te vea. Más de treinta años nos separan, y, sin embargo, eres como un mejor amigo con el que puedo compartir la afición por el cine y los comics y la música, y hasta la frustración cuando el Barça hace el ridículo y tengo que explicarte por qué, a pesar de todo, hay que seguir siendo fieles a nuestros gustos y nuestras convicciones, porque éso es lo que nos hace ser nosotros mismos. Diez años han pasado desde que llegaste, y parece que haya sido un suspiro. La vida es así, hijo mío: los momentos felices son tan breves como un parpadeo, pero las horas tristes parece que no van a terminar; a veces, por hacer lo que nos parece correcto, tenemos que sufrir y hacer sufrir a quienes nos importan; pero nunca hay que perder la paciencia ni la confianza en uno mismo, ni la esperanza de mejorar. Por éso, no dejes de lado a Godzilla, no renuncies a tus Pokémon, no reniegues ni siquiera de aquel dibujo que te salió mal; no olvides el nombre de ningún dinosaurio, ni de ningún superhéroe, ni dejes de crear personajes imaginarios que nacen de tu interior como tú naciste, tan hermoso y tan real, hace hoy nada menos que diez años.

4 comentarios :

bichito dijo...

El mejor homenaje que un hijo puede tener. Has plasmado muy bien lo que amas a tu hijo. Ojalá muchos padres sintiesen lo que tú dices sentir por tus hijos, y no que los tengan que ver por "obligación".
Muchas felicidades para ese niño tan afortunado.
Y a tí...enhorabuena por ser un padre de los pies a la cabeza.
Saludos.

José A. dijo...

Buenasssss.

Disfrutemos de esos parpadeos que de penas ya tenemos bastantes...
Felicita de nuestra parte a ese niño con tanta suerte de tener un buen padre. Y ojito, disfrútalo todo lo que puedas que en cuatro o cinco parpadeos más empezará a dejar a ser un hombrecito. A mi ya me está pasando... Saludos desde Alicante.

Anónimo dijo...

Se quieren tanto los hijos...que casi no se puede soportar.

felicidades campeón

y a tí como siempre mil besos.

marisa

Luis Campoy dijo...

Gracias a todos los que habéis leído este artículo, éste en particular, que contiene tanto y tan importante de mí.