Cine/ MAX PAYNE


Cine negro y endemoniado

Más que su argumento, en el que ya desde el tráiler se revelaba la presencia de oscuros demonios que acuden prestos a llevarse las almas de sus víctimas, lo que más me aterrorizaba de “Max Payne” era su condición de adaptación de un videojuego, subgénero que ha deparado “joyas” como “Super Mario Bros.”, “Mortal Kombat” o “Resident Evil”. Confieso que durante buena parte de su metraje llegué a pensar que las buenas maneras impuestas por el director John Moore servirían para paliar tan irreparable pecado original, pero el pueril desarrollo de su guión conduce la nave directamente hacia la deriva. Mark Wahlberg es Max Payne, el típico policía que ha perdido a su esposa e hijo de forma trágica y que, desde entonces, relegado a aburridas tareas administrativas, vive obsesionado con el hallazgo de los culpables y la subsiguiente venganza. Un día se cruzará en su camino una misteriosa mujer rusa que acabará conduciéndole hasta una red de fabricación de sustancias estimulantes que potencian la fortaleza física al tiempo que abren los sentidos a la percepción de terroríficas criaturas aladas del más allá…

El mayor aliciente que sobre el papel presentaba “Max Payne”, la película, era la pretensión de su director de construir un clima propio del cine negro clásico en el que la intromisión de lo fantástico (en este caso, los demonios) constituyese un elemento rupturista e innovador; algo así ya lo habían intentado, con resultados muy apreciables, Alan Parker en “El Corazón del Angel” e incluso Alex Proyas en “Dark City”, por no mentar al sacrosanto Ridley Scott de “Blade Runner”. El problema es que John Moore, que realizó su mejor trabajo con “La Profecía 666” (plagiando casi plano a plano el film original de Richard Donner, todo hay que decirlo), sabe conseguir buenos encuadres y se inventa interesantes movimientos de cámara, pero se concentra tanto en el plano formal que descuida de modo imperdonable el apartado literario. Como ya apuntaba al principio, el libreto de “Max Payne” reúne todos los tópicos del mundo (el poli duro y amargado, el poli bueno de Asuntos Internos, los traficantes rusos sin escrúpulos, la mujer fatal, el villano brutal al que se le ve venir desde lejos y el enemigo inesperado que repentinamente se quita su máscara bondadosa), y lo peor es que el cocktail no está bien batido y, para más INRI, el final del film es tan infantil como previsible.

Siempre me gusta hacer hincapié en el terreno interpretativo, y en esta ocasión hay que decir nuevamente que Mark Wahlberg está de lo más inexpresivo, incluso peor que en “El Incidente”; cada vez se parece más a Jean Claude Van Damme en sus composiciones. El veterano Beau Bridges, hermano de Jeff (que también se ha paseado este año por una peli de acción, “Iron Man”), tiene un papel destacado y en principio es de agradecer la campechanía del actor, pero su personaje está tan mal escrito que se le ve venir a la legua. Lo mejor, sin duda, es la presencia de la ascendente Olga Kurylenko, la nueva chica Bond de “Quantum of Solace”, a cuya belleza y sensualidad le bastan apenas cinco minutos para lograr algunos de los momentos más eróticos que nos ha deparado el Cine en los últimos tiempos (y sin necesidad de exhibirse desnuda).

Luis Campoy


Lo mejor: el ambiente policíaco de la primera media hora, la sensualidad de Olga Kurylenko
Lo peor: el tópico guión, el tópico final, las tópicas actuaciones de la mayoría de los actores
El cruce: “Constantine” + “Dark City” + “El Jardinero Fiel”
Calificación: 6 (sobre 10)

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