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martes, 23 de octubre de 2007

¡Ay, qué cacao!


Hay que ver…. Toda la vida creyendo que la Península Ibérica era un espacio geográfico en el que coexistían dos países (Portugal y España) y, mira por dónde, un senyor llamado Josep Lluis Carod-Rovira me abrió los ojos a otra realidad hasta entonces ignota: los países no son dos, sino cuatro, y a los hasta ahora conocidos hay que sumar otro par: Catalunya y Euskadi. Yo imaginaba que lo de “País Vasco” y “Paisós Cataláns” no era sino una especie de jerigonza política, un eufemismo sin implicaciones legales, un placebo para separatistas recalcitrantes. Pero la tozudez del Lehendakari, por un lado, y la soberbia del Vicepresident, por otro, han hecho que me replantée determinadas cuestiones. Por ejemplo: ¿cómo es posible que un tipo tan claramente comprensivo, respetuoso y tolerante como yo, cada vez que escucho hablar a Carod, se acuerde tanto y tan reiteradamente de los grandes machos cabríos y de los pobres niños abandonados por madres que se vieron obligadas a ganarse la vida vendiendo sus favores sexuales?. En todas las realidades hay un fondo y una forma, y la segunda a veces resulta alterada y distorsionada por cómo nos es presentada su envoltura. Lo que dijo la otra noche Carod-Rovita en el programa de La 1 “Tengo una pregunta para usted” puede resultar mínimamente coherente y aun comprensible como entelequia, como teoría o como utopía. Los catalanes no son separatistas, ni nacionalistas, sino independentistas. Los catalanes no se consideran españoles, sino simplemente catalanes. Otra cosa es que a mí me guste más o menos este concepto, pero, adecuadamente enunciado, al menos puede someterse a un análisis mesurado y sosegado. El problema es que la socarronería y la mala leche de don Josep Lluis no sólo no ayuda a que Catalunya sea mejor vista por el resto de España, sino que la convierte en una especie de Anticristo para los que defienden a rajatabla la Unidad sociopolíticogeográfica. Como simpatizante del Barça, estoy acostumbrado a que mis conocidos me llamen “catalán” cuando jaleo los éxitos del club de Messi y Ronaldinho, pero me siento tan malherido como cualquiera cuando escucho decir a alguien que se le plantean mil y un problemas cuando trata de abrirse camino en una parte de España en la que el español es un idioma secundario. ¿Cómo hemos ido dejando que ocurran estas cosas? Me parece muy legítimo que nuestros vecinos del nordeste quieran conservar su acervo cultural, pero ¿cómo hemos consentido que la lengua catalana se imponga de esta manera al castellano? Por Dios, ya no es sólo que existan dos Españas (la de izquierdas y la de derechas) sino que, además de éstas, existen no-sé-cuántos países en un mismo territorio, cada uno de ellos con pretensiones de autonomía total y excluyente, cada uno de ellos con un idioma diferente y diferenciador, cada uno de ellos dispuesto a tener su propia Selección de fútbol, su propia bandera y sus propios interlocutores con el resto del mundo. No tengo ni furcia idea de cómo se ha podido llegar a ésto, pero el destino final de este cacao no va a ser divertido ni agradable para ninguno.

2 comentarios :

marisa dijo...

...y que lo digas...!!!!!
gracias por tus deseos. De momento, me encuentro muy bien.
ah! ...Y ES NIÑO!!!!!!
besos de tu amiga,

MARISA

Luis Campoy dijo...

Enhorabuena, Marisa. Por todo. Besos.