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lunes, 14 de marzo de 2016

Cine actualidad/ "TRUMAN"

Goyas a la vida

No se trata de la biografía de Harry S. Truman, trigésimo tercer presidente de los Estados Unidos y que pasará a la historia por haber ordenado el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima;  tampoco de una remembranza del genial escritor Truman Capote, artífice de las magníficas “A sangre fría” y “Desayuno con diamantes”.  En realidad, el “Truman” del título de la película que hoy comentamos, triunfadora en la última entrega de nuestros premios Goya, no es sino un perro, testigo cuadrúpedo de una amistad entre dos hombres que se reúnen en circunstancias no demasiado halagüeñas…

Julián es un actor argentino afincado en Madrid, y Tomás, un matemático madrileño que se ha ido a trabajar a Canadá.  El motivo de su reunión no deja de ser triste:  el primero ha contraído cáncer y, harto de que la quimioterapia no surta efecto, ha decidido abandonarla y dejarse morir de forma natural.  Sin embargo, durante cuatro días inolvidables, ambos revivirán los mejores momentos de su amistad y comprobarán que hasta en las postrimerías de la vida se pueden hallar razones para sonreir…

Es precisamente este último el gran mensaje de “Truman”:  ante la irreversibilidad de la muerte anunciada, hay dos formas de afrontarla, y llorar encerrado en casa no es la más acertada.  Así, la entereza y coraje de Julián contrastan con la melancolía y el pesimismo de Tomás, y no cabe duda de que el director y guionista Cesc Gay toma partido abiertamente por el primero.  Naturalmente, esta historia plasmada sobre el papel necesita de un par de actores talentosos para provocar el efecto deseado.

Ricardo Darín, uno de los mejores actores hispanoparlantes, realiza uno de sus mejores trabajos en la piel de Julián, un hombre que experimenta un sinfín de emociones (alegría, tristeza, valor, miedo…) sin que ello modifique un ápice su determinación de no depender de la medicina para alargar su agonía.  Maravilloso Darín…  Junto a él, un correcto Javier Cámara sirve de contrapunto y hace las veces de testigo y representante del espectador, aunque es obvio que él y Darín juegan en ligas diferentes.  Otro aliciente de la película es la aparición de varios actores más o menos famosos (José Luis Gómez, Eduard Fernández, Pedro Casablanc, Javier Gutiérrez, Elvira Mínguez…) para dar vida a los diversos personajes con los que Julián y Tomás van encontrándose, y que hacen de catalizadores para que el enfermo exhiba su dignidad y su decisión de despedirse del mundo subsanando sus errores pasados.

Un apunte estético de la planificación de Cesc Gay se me quedó nítidamente grabado:  Julián y Tomás conversan en una cafetería, y su conversación se plasma mediante los clásicos planos cortos (plano y contraplano),  sin embargo, cuando Julián comprueba que incluso quienes antaño le odiaban son ahora capaces de perdonarle, el plano se agranda y una luminosidad proveniente del ventanal que hay tras ellos inunda la pantalla:  la luz resplandece hasta en la oscuridad de la muerte.  Por el contrario, quiero exponer algo que me pareció desagradable y equivocado, y que tiene lugar casi al final del film.  Tomás y Paula (Dolores Fonzi), la prima de Julián, hacen el amor en el hotel del primero, supongo que como una forma de homenajear a la vida y a la pasión por vivirla;  hasta aquí nada que objetar.  Sin embargo, el modo en que se visualiza la escena, con ambos desnudos en una pose demasiado explícita y un plano excesivamente alargado, me pareció de mal gusto y chabacano, desconectado del espíritu que hasta entonces había cohesionado la película.  Con todo, “Truman” constituye una experiencia muy inspiradora a la hora de afrontar la enfermedad con una sonrisa, y sólo por eso ya es totalmente recomendable.

Luis Campoy

Lo mejor:  Ricardo Darín, inconmensurable
Lo peor:  cierta escena de sexo filmada con muy mal gusto
El cruce:  “ma ma” + “Mi vida es mía” + “Mi vida”

Calificación:  8 (sobre 10)

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