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sábado, 28 de noviembre de 2009

Cine/ "CUENTO DE NAVIDAD"


Imitación a la vida




Cuando era pequeño, era una de mis historias favoritas. Todavía recuerdo cuando leí su adaptación en comic dentro de la colección (ahora reeditada) "Joyas Literarias Juveniles" durante una de aquellas tardes en que mis padres me dejaban al cuidado de mis abuelos. Luego, en el Salón de Actos del colegio, se proyectó la versión musical, "Muchas gracias, Mr. Scrooge", con Albert Finney desempeñando el papel principal, y también me encantó. El caso es que "A Christmas Carol" de Charles Dickens ha sobrevivido al paso del tiempo y a las modas imperantes en cada época y se ha convertido en una de las obras más famosas de la Literatura universal, un canto de esperanza, una alegoría de la superación personal y, junto con "Qué bello es vivir" (que no hay año que no se reponga en alguna televisión), uno de los ingredientes básicos de cada Navidad. En esta nueva aventura cinematográfica, el director Robert Zemeckis ha tenido a bien convertirla en su cuarto proyecto de animación mediante captura de movimiento, tras "Polar Express" y "Beowulf" (que realizó personalmente) y "Monster House" (que tan sólo produjo). Lo primero que tengo que decir es que me parece lamentable que el director de maravillas como la trilogía de "Regreso al futuro", "¿Quién engañó a Roger Rabbit?" y "Forrest Gump" continúe desperdiciando su talento en productos condenados al fracaso, por cuanto, hoy por hoy, y esperemos que durante mucho tiempo, es imposible hacer realidad lo que Zemeckis quiere: que sus criaturas generadas por ordenador adquieran realismo, dramatismo y vida propia. Una cosa es que la tecnología haya conseguido recrear texturas, pelajes y tonalidades que parecen casi reales, y ponerlas al servicio del cine (caso de los modernos films de animación de Pixar o DreamWiorks y de los sofisticados efectos visuales de "2012", "El regreso de la Momia" o "Parque Jurásico", por poner tan sólo unos ejemplos), y otra cosa muy distinta es pretender que la informática suplante a la Naturaleza como generadora de toda la Vida que palpita en una producción de dos horas que aspira a deslumbrar al espectador pero que acaba por resultar irritante. Esto es lo que sucede viendo "Cuento de Navidad", en la que, indiscutiblemente, pueden encontrarse retazos de buen cine, pero que fracasa estrepitosamente cuando apuesta denodadamente por sustituir la emoción por la teórica fascinación ante un despliegue tecnológico que se convierte en un lastre irreversible. Para esta enésima versión del clásico dickensiano, el actor que ha elegido Zemeckis para suceder a los Albert Finney, Michael Caine o incluso el Tío Gilito, que hasta ahora habían encarnado al avaro Ebenezer Scrooge, no es otro que Jim Carrey, del cual, en otras circunstancias, estaría diciendo aquí y ahora que realiza un trabajo sublime, pero que, mediatizado por la funesta técnica de captura de movimiento, no es sino una caricatura, un muñeco que trata de parecer humano y no lo consigue. Carrey se desdobla en un montón de personajes, y, junto a él, también Gary Oldman, Colin Firth o Robin Wright han permitido que su cuerpo se llene de electrodos para convertir en pixels sus gestos y expresiones. Pero todo es en vano. No sólo no se ha avanzado nada desde "Polar Express" (mucho más entretenida, a pesar de que entonces me pareció una especie de montaña rusa enloquecida), sino que yo diría que incluso se ha retrocedido. A ver, ¿para qué hacer que un actor interprete un personaje, a veces de modo excelente, sólo para deconstruir y adulterar su trabajo? Las películas de dibujos animados a la antigua usanza tenían y tienen su gracia, incluso la tienen las de animación digital que no ocultan su naturaleza, pero ésto de intentar dar gato por liebre haciendo pasar por real y corpóreo algo que sólo es un montón de megabytes puede llegar a convertirse en un atentado contra la ética y la estética. Al menos para mí, que se me atragantaron todas las escenas en las que Zemeckis, acompañado por la música de su habitual compinche Alan Silvestri, parece olvidarse de que el relato de Dickens es un monumento a la emotividad y los sentimientos y no sólo una excusa para un derroche de parafernalia computerizada. Sólo me queda preguntarme, con malsana curiosidad: ¿qué pasará con la esperadísima “Avatar” de James Cameron, que ha sido rodada mediante similares técnicas de captura de movimiento…?



Luis Campoy



Lo mejor: el original literario de Charles Dickens


Lo peor: que Robert Zemeckis continúe empeñado en pretender que la animación digital puede sustituir a la humanidad de los actores


El cruce: "Muchas gracias, Mr. Scrooge" + "Polar Express" + "Los Teleñecos en Cuento de Navidad"


Calificación: 5,5 (sobre 10)



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