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miércoles, 20 de mayo de 2009

Dilema cafetero



Como en las sedes de muchas empresas, en la mía disponemos de una máquina de café. En principio y durante casi un año, el aparatejo estaba trucado o así, de modo que podías sacar la consumición que te apetecía sin tener que depositar nada a cambio. Muchos fueron los chocolates que bebí de ese modo, y muy pocos los cafés, tan temeroso de la tensión como indulgente con el azúcar. Mis compañeros, sin embargo, son en su mayoría cafeteros… además de bastante cotillas. Cada vez que espontáneamente parodiábamos "Cámera Café" a alguno se le ocurría formularme alguna pregunta subidita de tono referente a mi vida sentimental, cuando no directamente criticar o, aún peor, burlarse de ciertas cosas que, desde fuera, pueden verse como un culebrón pero que desde dentro duelen como una herida que no se cierra. Los que somos tímidos, los que somos mansos, parece que llevamos dibujada en la frente una diana que nos convierte en blanco de las burlas y las críticas por parte de quienes se sienten cualificados para juzgar o humillar a los que saben que no van a saber replicarles. No os extrañará si os confieso que llegué a preferir que mi “chocolatada” coincidiese con los momentos en que la sala de ocio estaba deshabitada. Tiempo después, la máquina de café dejó de ser gratuita, y había que depositar una moneda de 50 céntimos como contrapartida del producto a retirar. Entre unas cosas y otras, yo fui poco a poco alejándome del aromático aparato, y es posible que haga dos meses que no piso la sala en la que ocupa un lugar preferente. Me decía: "¿Para qué voy a gastarme medio euro en una consumición en vaso de plástico cuando, apenas cruzando la calle, tengo un hermoso y amplísimo bar en el que me atienden tan cordialmente y donde puedo darle gusto al gaznate a cambio de un euro escaso?”. Así había venido siendo… hasta hoy. Esta mañana, uno de los organizadores de los eventos lúdico-festivos que tienen lugar en estas oficinas me ha abordado pidiéndome 20 euros “para café, leche condensada, vasos, servilletas, etc., etc. etc.”. “No te hagas el remolón, que eres el único que todavía no ha colaborado”. Ganas me han dado de responderle “ni he colaborado, ni pienso hacerlo, que, al fin y al cabo, hace tiempo que no os hago gasto alguno”, pero, incluso en esos momentos, procuro ser cauto y prudente. El mero hecho de que hayan recabado mi colaboración implica que cuentan conmigo, incluso cuando “contar conmigo” signifique sablearme para luego, encima, hacerme objeto de de burlas y cotilleos. ¿Sabéis…? Los que somos tímidos, los que somos mansos, creo que no deberíamos aislarnos en nosotros mismos, refugiarnos en una concha invisible mientras los otros se ríen a carcajadas en la habitación de al lado. Imagino que mañana aportaré mis 20 eurillos… incluso a sabiendas de que voy a seguir sin hacer uso de ellos. Porque no quiero ser el “marginado”. Porque no quiero ser el “solitario”. Porque no quiero ser el “bicho raro”.

1 comentario :

Anónimo dijo...

YO NO LOS PAGARÍA Y LES DIRIA A CADA UNO DE LOS QUE SUELEN METERSE EN LA VIDA DE LOS DEMAS QUE FUERAN A TOMAR VIENTO A...

LA FAROLA.


TU NO ERES TIMIDO. TU ERES DIFERENTE.


TU EDUCACION ES SUPERLATIVA Y ESO A VECES SE CONFUNDE CON LA TIMIDEZ.

VAMOS CREO, EN LO POCO O MUCHO QUE PUDE HABERTE CONOCIDO.

UN ABRAZO AMIGO.

MARISA