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miércoles, 12 de diciembre de 2007

Cine: mi comentario sobre "LA BRÚJULA DORADA"


El cine fantástico juvenil está de moda, incluso entiendo por “fantástico” lo que es, básicamente, aventura decorada con algún toque de ciencia ficción, y por “juvenil” lo que en realidad peca de excesivamente ñoño o excesivamente violento. Más o menos desde que las 3 entregas sucesivas de “El Señor de los Anillos” reventaran las taquillas de medio mundo, se ha ido haciendo casi inevitable que en cada nueva Navidad se lance a bombo y platillo algún producto comercial destinado a toda la familia, aunque el sector al que se pretende llegar es, como dije al principio, el de los jóvenes y adolescentes. Enmarcada en esta tendencia y, en un año en el que dos films de características similares como “Los seis signos de la luz” y “Stardust” (sobre todo el primero) han fracasado estrepitosamente, “La Brújula Dorada” se emparenta claramente con “Las Crónicas de Narnia”, que sí funcionó bien hace un par de temporadas y contará con su inevitable secuela para el próximo 2008.

Según lo expuesto por Philip Pullman en su trilogía novelesca (compuesta por los consabidos volúmenes más gruesos que los brazos de de Sylvester Stallone en los primeros trailers de “John Rambo”), existe un mundo paralelo al nuestro, en el que se mezclan y coexisten estilos arquitectónicos contrapuestos, el rudimentarismo de la época medieval con la alta tecnología, y en el que todos los seres humanos van acompañados de su alma, que se manifiesta visible y corpóreamente en la forma de diferentes animales que se denominan “dimons”. Una especie de universo alternativo no muy diferente, en el fondo, al expuesto por J.K. Rowling en su saga acerca de Harry Potter, donde también coexistían dos realidades que sólo a veces se entrecruzaban, la de los magos y la de los meros humanos o “muggles”.

A mí “La Brújula Dorada” me ha parecido un poquitín decepcionante, a pesar de que sus vestuarios, decorados, banda sonora (a cargo del ascendente Alexandre Desplat, autor de la maravillosa partitura para “La joven de la perla”) y efectos visuales sean ciertamente admirables. Pero, aun admitiendo que, para condensar un libro voluminoso en una película de menos de dos horas, hacía falta arrancar bruscamente sin perder tiempo en explicaciones redundantes, el inicio del film es demasiado abrupto y los pilares de su universo se fundamentan en tan sólo diez minutos (que, por cierto, constituyen lo mejor de todo, desde el punto de vista visual, junto con la apabullante batalla final) tras los cuales el espectador está obligado a tener asumidas todas las convenciones de tan novedoso universo, entre otras la que tanto ha molestado a la Iglesia Católica, ofendida por el hecho de que las almas se paséen transmutadas en gatos, perros y monos. Tampoco el argumento principal resulta excesivamente atractivo, y se limita a reproducir la eterna historia del inocente perseguido por los villanos y defendido por generosos héroes imprevistos, y el momento en que los dos secundarios principales son revelados como los verdaderos progenitores de la heroína recuerda sospechosamente a la escena cumbre de “El Imperio Contraataca”.

Correctamente interpretada por una excelente y bellísima Nicole Kidman, un visto y no visto Daniel “Bond” Craig, una brújula montada en una escóbula (perdón, una bruja montada en una escoba) encarnada por Eva Green, un Sam Elliott haciendo de…. Sam Elliott y una prometedora Dakota Blue Richards (tocaya de Dakota Fanning, la niña de “La Guerra de los Mundos”; ¿por qué tantas niñas prodigio se llaman “Dakota”?), lo cierto es que la sala en la que ví “La Brújula Dorada” estaba llena casi a reventar la noche de su estreno, y eso es algo que siempre me emociona, cosa que, ahora que nadie nos oye, os confieso que la película no consiguió. En absoluto.

Luis Campoy
Calificación: 6,5 (sobre 10)