contenido de la página

Dame tu voto ¡Gracias!

Dame tu voto en HispaBloggers!

miércoles, 21 de septiembre de 2016

MINI-PÍLDORAS DE CINE (Septiembre 2016) (y II)

Yo, que siempre ando pendiente de vuestra buena salud cinematográfica, no puedo pasar mucho tiempo sin preocuparme y, por tanto, ocuparme de que estéis al loro de algunas de las más destacadas novedades del panorama cinematográfico internacional.  De modo que, una vez más, dejaremos que el cine hable por sí mismo, eso sí, a través de mis humildes opiniones comprimidas…

JUEGO DE ARMAS
Conocí a Todd Phillips a raíz de haber dirigido el flojo reboot de la mítica serie “Starsky & Hutch”, y supongo que por eso me sorprendió muy gratamente su estupenda “Resacón en Las Vegas”, una comedia con bastante mala leche y unas ambiciones estéticas importantes.  Tras dos secuelas de “Resacón…” un tanto decepcionantes, Phillips vuelve a sorprenderme con “Juego de armas”, cuyos trailers presagian una humorada bufa para adolescentes pero que, en realidad, esconden su verdadera naturaleza:  una mirada cínica sobre la guerra y sobre la rapiña que cierto tipo de desalmados ejercen a su alrededor.  Con un gran Miles Teller que se reivindica tras su horrenda “4 Fantásticos” y un Jonah Hill que sólo con Scorsese había estado tan bien, “Juego de armas” goza de un buen guión y, sobre todo, de un gran pulso narrativo.  Para mí, un afortunado cruce entre “Red de mentiras” y “El lobo de Wall Street”.  ¡Cómo disfruto cuando una película excede mis más optimistas expectativas!
Calificación:  8 (sobre 10)

STAR TREK:  Más Allá
Mismo caso que el de “Juego de armas”.  Los trailers de la última entrega de “Star Trek”,  que ya no ha dirigido J.J. Abrams sino Justin Lin, presagiaban una aventura más infantilizada en la que la comedia se erigiría en el tono predominante.  Por fortuna, el guión escrito, entre otros, por Simon Pegg (“Scotty”) constituye uno de los mejores homenajes a la parroquia trekkie (entre la que me hallo):  viajes a mundos desconocidos, buenos diálogos y, sobre todo, abundantes escenas dedicadas a explorar la psicología de los personajes y su interrelación, algo que nos remite a la anterior etapa cinematográfica comandada por William Shatner y Leonard Nimoy o, incluso a la serie televisiva original, de la que ahora se cumplen cincuenta años.  Incluso las muchas notas de humor resultan reconfortantes, correctamente interpretadas por un reparto que ya le ha cogido el tranquillo a sus personajes.  Mención especial para el joven Anton Yelchin (“Chekov”), fallecido hace dos meses en un estúpido accidente automovilístico.  Viva “Star Trek”… al menos otros cincuenta años más.
Calificación:  7 (sobre 10)

BRIDGET JONES’ BABY
Cuando la actriz Renee Zellweger se operó la cara y brindó al mundo una imagen de sí misma que la convertía en una mujer ni más guapa ni más fea, sino simplemente…  diferente, no imaginaba que se atrevería a volver a encarnar a su personaje más icónico, la torpe y deslenguada Bridget Jones, creada en el papel por Helen Fielding.  Me equivocaba, y, 12 años después de la segunda parte de la serie, Zellweger se convierte de nuevo en Bridget, aunque con un cuerpo mucho menos redondeado y unas facciones un poco desfiguradas.  La historia es de todo menos original, con la protagonista debatiéndose entre su eterno amor Mark Darcy y un atractivo americano de nombre Jack Qwant, uno de los cuales será el padre de su bebé no buscado.  La estructura y el tono son idénticos a los de los capítulos precedentes, y la única novedad es la sustitución de Hugh Grant por un aceptable Patrick Dempsey.  Con todo, y a pesar del constante deja-vu, el dúo Helen Fielding-Sharon Maguire (guionista y directora, respectivamente) logra un continuo festival de carcajadas que, indudablemente, se agradecen.
Calificación:  7 (sobre 10)

KUBO Y LAS DOS CUERDAS MÁGICAS
Desde que mis hijos han sido abducidos por el paso del tiempo y su niñez ha quedado irremisiblemente atrás, son muy pocas las veces que acudo a ver una cinta de dibujos animados.  Por fortuna, las buenas críticas me incitaron a ver “Kubo y las dos cuerdas mágicas”, la mejor producción de la factoría Laika.  Gran historia, aventura, humor, entretenimiento, magia y fascinación en un film rodado en el ancestral sistema del ”stop motion” (cuadrito por cuadrito, que decíamos antes) y que justifica en calidad las innumerables horas dedicadas a su realización.  Una delicia, una gozada y casi una obra maestra.

Calificación:  9 (sobre 10)

miércoles, 14 de septiembre de 2016

MINI-PÍLDORAS DE CINE (Septiembre 2016)


Ahora que el cálido verano ya quiere tocar a su fin, es un buen momento para pasar revista a algunas películas que aún no habíamos podido comentar aquí.  Son, nuevamente, nuestras famosas… ¡píldoras de cine!


TARDE PARA LA IRA
Debut como realizador del famoso actor Raúl Arévalo.  Película dura y sin concesiones sobre las causas y consecuencias de cierto tipo de violencia, con un giro argumental inesperado que me recordó, sin ir más lejos, a aquella vieja “Odessa” de Ronald Neame (no spoilers).  Con realización sencilla y minimalista (a pesar del extraordinario plano secuencia que abre el film, impropio de un debutante), Arévalo cede todo el protagonismo a sus actores, encabezados por el siempre estupendo Antonio de la Torre y un sorprendente Luis Callejo.  No reventará taquillas, pero mi sincera admiración la tiene.
Calificación:  8 (sobre 10)








ELECTION:  LA NOCHE DE LAS BESTIAS
Tercer capítulo de la trilogía iniciada hace 3 años con “The Purge:  La noche de las bestias”.  La premisa argumental de la saga me parece de lo más interesante:  en un futuro no demasiado lejano, los Estados Unidos viven en paz y se ha abolido la delincuencia.  Sin embargo, un día al año y como desahogo de los más bajos instintos del ser humano, cualquier tipo de actividad violenta será permitida y su ejercicio no será perseguido ni castigado.  En esta tercera entrega, el ex-policía encarnado por Frank Grillo y que ya aparecía en la segunda parte, deberá proteger a una senadora (Elizabeth Mitchell), en cuyo programa electoral destaca la abolición de La Purga.  El director y guionista James De Monaco, una vez superada la incisiva moraleja del primer film, construye un logrado thriller de suspense que, a pesar de su previsible desarrollo, ter deja con buen sabor de boca al final.
Calificación:  7 (sobre 10)


LA LEYENDA DE TARZAN
Extraño caso de película en la que el grueso de la crítica se confabula para despellejarla sin piedad.  Suerte de continuación apócrifa de la hermosa “Greystoke”, nos presenta a un Tarzan que lleva muchos años alejado de Africa y que se verá obligado a regresar a sus selváticos dominios.  Con una excelente fotografía de Henry Braham y una espectacular banda sonora de Rupert Gregson-Williams, cuenta con un correcto protagonista en la piel de Alexander Skarsgaard, al que secundan Christoph Waltz, Samuel L. Jackson y la bellísima Margot Robbie.  Puede que no pase a la Historia (tampoco lo pretendía), pero proporciona un entretenimiento digno y ameno.  En la poltrona de director, David Yates, el mismo de las últimas entregas de la saga Harry Potter.
Calificación:  6 (sobre 10)



JASON BOURNE
Prueba de que “enésimas partes nunca fueron buenas”, la quinta entrega de la franquicia iniciada con “El caso Bourne” parece un rutinario copia-pega en el que se aglutinan los tópicos, los rasgos de estilo y el perfil de personajes del resto de la saga.  Las mismas persecuciones, las mismas maquinaciones e incluso el mismo prototipo de villano, encarnado aquí por Vincent Cassel.   Un ya madurito Matt Damon vuelve a interpretar, con notoria desgana, al superagente Jason Bourne, acompañando una vez más por la pizpireta Julia Stiles y enfrentado a una ambigua y muy poco creíble Alicia Vikander.  Decepción.

Calificación:  5 (sobre 10)

martes, 6 de septiembre de 2016

Cine actualidad/ "NO RESPIRES"

  
Respirando cine

Las películas de terror son, a menudo, considerables éxitos de taquilla.  ¿El motivo?  Es doble:  por un lado, para poner en marcha uno de estos films no es necesario un presupuesto demasiado elevado, por lo que una buena recaudación permite una rentabilidad asegurada;  por otro, es un claro ejemplo de cómo compartir una experiencia en un cine (rodeado de espectadores asustados que chillan al unísono) mejora la visualización en solitario.

“No respires” es la segunda película norteamericana del joven realizador uruguayo Federico “Fede” Alvarez.  Auspiciado de nuevo por Sam Raimi, que ya le produjese la revisión de su propio éxito “Posesión Infernal”, Alvarez continúa explorando la senda del terror, sólo que en una vertiente bastante más sutil.

Rocky, Alex y Mony son tres jóvenes desarraigados que se dedican a desvalijar casas mientras sus propietarios están ausentes.  Un mal día, deciden que su próximo objetivo debe ser la casa de un hombre ciego que supuestamente guarda una pequeña fortuna.  Como la víctima es un invidente, consideran que ni siquiera hay que esperar a que el dueño haya salido…

Como sabéis, me gusta el cine, el cine en general, pero hay ocasiones en las que, sin esperarlo, me doy de bruces con algo realmente cinematográfico, y en esos momentos disfruto sin medida ni paliativos.  “No respires” es una de esas ocasiones.  El séptimo arte es una fusión de varios elementos (historia, imagen, música), pero no cabe duda de que lo más propio e inherente al cine en sí es la imagen.  Incluso prescindiendo de diálogos o de un guión ortodoxo, se puede concebir una película basada en el poder y la magia de lo visual.  Utilizando un escenario prácticamente único, un elenco actoral exiguo y prescindiendo del diálogo cada vez que puede, Fede Alvarez consigue un producto modélico que me sorprendió y me cautivó.

Porque esto es cine en estado puro:  fotografía, montaje y puesta en escena, hilvanados con verdadero talento y hermanados con uno de esos diseños de sonido capaces de quitar el hipo.  Tratándose de una película protagonizada por un ciego, no cabe duda de que el sonido era primordial, y aquí luce como hace tiempo que no lucía.

Demostrando que en el cine lo principal es lo que se ve, y que lo que se ve y se cuenta debe ser inteligible con apenas unos breves apuntes, Alvarez nos regala una experiencia que espero que los verdaderos aficionados al cine sean capaces de valorar, sean adeptos o no al terror.  Además, nos descubre a una prometedora actriz que sin duda subirá como la espuma (Jane Levy), y nos confirma la rotundidad con que es capaz de impactarnos un eterno secundario como Stephen Lang, el cruel militar de “Avatar”.

Luis Campoy

Lo mejor:  la puesta en escena, el sonido, el montaje
Lo peor:  ciertos tópicos y concesiones al subgénero de psicópatas imposibles de matar
El cruce:  “Halloween” + “Monster House” + “La jungla de cristal”
Calificación:  8,75 (sobre 10)

sábado, 3 de septiembre de 2016

Cine actualidad/ “BEN-HUR” (2016)

Una historia de los tiempos del circo (romano)

Debía tener 10 ó 11 años cuando mis padres me llevaron al cine a ver “Ben-Hur” (William Wyler, 1959) por primera vez.  Por alguna razón que no logro recordar, no pudimos llegar puntuales y entramos con la película ya empezaba, en la (antológica) escena en la que Ben-Hur y Messala se reencuentran después de muchos años y enjugan su morriña a lanzada limpia.  De aquella primera visualización, recuerdo sobre todo los delfines dorados bajando implacables para marcar la finalización de cada vuelta de la carrera de cuadrigas;  en cuanto al comienzo que nos habíamos perdido, simplemente nos quedamos cómodamente sentados en nuestras butacas hasta que empezó el siguiente pase, algo impensable en nuestra época actual, casi tanto como el mero hecho de que en un cine de Alicante se repusiera “con honores de estreno” una película que ya contaba con 15 primaveras…

Desde entonces, he vuelto a ver aquella maravillosa “Ben-Hur” en innumerables ocasiones:  en el cine-club de mi colegio, dos o tres veces más en pantalla grande, unas cuantas en video VHS, 4 ó 5 en DVD de doble capa y al menos 3 en su última encarnación en Blu-Ray, amén de los incontables pases televisivos en los que, sin sentarme a verla entera, he presenciado gran parte de su antológico metraje (3 horas y 44 minutos).

No sería justo censurar la misma existencia de la nueva versión de “Ben-Hur” estrenada ayer entre nosotros, y no lo sería, en primer lugar, porque mi venerada película del ‘59 ya era un remake de la adaptación anterior de Fred Niblo de 1925, la cual, a su vez, reversionaba una primera aproximación que realizara un tal Sidney Olcott en 1907.  No, el hecho de perpetrar una nueva interpretación de un material existente no tiene por qué ser malo….  siempre y cuando se haga con el propósito de mejorar lo conocido, o, como mínimo, de darle una vuelta de tuerca, de ofrecer un punto de vista sustancialmente distinto.  Cuando, hace ya un par de años, se difundió la noticia de que Hollywood había dado luz verde a una nueva traslación al cine de la gran novela de Lewis Wallace (publicada originariamente en 1880), lo primero que sentí fue…  curiosidad.  Por supuesto, algo en plan “¿Cómo se atreven?”, pero también “¿Quién se atreve?”.  La elección del kazajo Timur Bekmambetov como director del film me dejó helado, y en seguida imaginé cómo podría este señor, cuya “Wanted” me gustó tanto como me decepcionó su siguiente “Abraham Lincoln, Cazador de vampiros”, interpretar las peripecias del judío Judá Ben-Hur y el romano Messala:  un escalofrío recorrió mi espina dorsal.  Luego, trascendieron los primeros rumores sobre el posible reparto, con el excelente Tom Hiddleston de protagonista…  hasta que el hombre, con buen criterio, optó por bajarse del carro.  El elegido fue Jack Huston (espera, ¿Jack… quién?), y su oponente, el repelente Toby Kebbell (uno de los actores jóvenes que menos me gustan).  El primer tráiler que pude ver confirmó mis peores presagios:  ordenador a diestro y siniestro, una ambientación de lo más artificial y un despliegue de espadazos al estilo “300” que tiraba de espaldas.  Con todo, el siguiente avance me gustó mucho más, me gustó realmente, y, cuando he acudido al cine, lo he hecho con la esperanza de que la película me agradase siquiera un poco, de que su monumental e irreversible batacazo comercial en su estreno estadounidense se debiera más a la inadecuación de la fecha de su estreno (¡cuánto mejor hubiera sido empaquetarla hasta la Semana Santa de 2017!) o simplemente a que el público eminentemente juvenil no había conectado con el trasfondo religioso inherente a la historia.

En el inicio de “Ben-Hur (2016)” ya estriba su primer gran error:  se abre con un fragmento de la carrera de cuadrigas, que muy pronto se encadena con una especie de flashback de los medio hermanos Ben-Hur y Messala galopando fraternalmente  años atrás.  Si enseñas tu mejor baza al principio, ¿qué te dejas para el final…?  Luego, se suceden 15 ó 20 minutos de escenas “nuevas”, esto es, circunstancias y situaciones que no aparecían en el film de Charlton Heston, y en las que te puedes hacer una acertada idea de lo que será lo que viene después:  diálogos ñoños, ritmo demasiado acelerado, ausencia de dramatismo, el peor Messala posible…  y, eso sí, un Ben-Hur inesperadamente bueno.  Cuando comienzan a sucederse los mismos hechos que en la película de William Wyler, resulta imposible no rendirte a la comparación.  Y en esa comparación, la película de Bekmambetov pierde por goleada en cada aspecto, en cada matiz.  No hay absolutamente nada, pero nada de nada, en lo que la versión de 2016 supere a la de 1959.  Ni en guión, ni en diálogos, ni en dirección, ni en interpretación, ni en fotografía, ni en ambientación ni, sobre todo, en música.  La carrera de cuadrigas a la que aludíamos anteriormente dicen que ha sido filmada lo más físicamente posible (cosa que, obviamente, es falsa), pero es que, aun así, es deudora plano a plano de la que supervisase hace 57 años el especialistas Yakima Canutt.  Esta secuencia, como todas las demás, tiene un algo de irreal, de artificiosa, de in-creíble.  Ciertamente quiere ser épica y grandiosa, pero ciertos detalles la van sumiendo en la mediocridad, la anulan en su propósito de mejorar lo inmejorable.  La carrera en la que competían Charlton Heston y Stephen Boyd tenía el encanto de lo auténtico, de lo real, y aun hoy es un ejemplo insuperable de planificación, rodaje y montaje;  era tan perfecta que Wyler decidió prescindir de música para acompañarla.  La secuencia que protagonizan Jack Huston y Toby Kebbell necesita apoyarse en la (intrascendente) partitura de Marco Beltrami, y, aun así, acaba por frustrar las elevadas expectativas.

¿Tenía realmente sentido perpetrar este remake de “Ben-Hur”?  Objetivamente, no.  ¿Era Timur Bekmambetov, de entre todos los directores de la actualidad, el más indicado para llevarlo a cabo?  Rotundamente, no.  ¿Podría haber sonado la flauta por casualidad?  Sinceramente, yo hubiera querido que sí.  Porque me gustaba el cine épico, el gran péplum, porque añoraba aquellos tiempos de ir al cine con mis padres.  Pero los tiempos han cambiado y la nueva “Ben-Hur” parece dirigida a adolescentes idiotas que consideran un logro haber dejado a sus padres en casa.  Superficial, prescindible y muy decepcionante, no deja de sorprender (negativamente) hasta el último momento,  ofreciendo uno de los finales más bochornosos y ridículos que he presenciado en años.

Luis Campoy

Lo mejor:  Jack Huston (por decir algo)
Lo peor:  Toby Kebbell y casi todo lo demás
El cruce:  “Ben-Hur” (1959) + “Gladiator” + “300”

Calificación:  4,5 (sobre 10)

sábado, 13 de agosto de 2016

Cine actualidad/ "CAZAFANTASMAS"

Cualquier tiempo pasado…

El tiempo es caprichoso.  Su paso por la historia de la Humanidad es capaz de curar cualquier herida, de poner en su sitio a hechos o personas… o de endulzar en nuestro recuerdo incluso aquéllo que en su día nos supo a auténtica hiel.  Yo, que ya tengo algunos años, recuerdo perfectamente las críticas que recibió en su día “Los Cazafantasmas” (“Ghostbusters”, Ivan Reitman, 1984)…  y doy fe de que, al menos en España, dichas críticas no fueron para nada positivas.  Sus efectos especiales (fabulosos y espectaculares en aquel entonces) recibieron un aplauso generalizado, pero su humor demasiado chabacano y primario desató la animadversión de los “popes” de la cultura.  Eso sí, el público llano (entre el que me cuento) se lo pasaba pipa viendo a Bill Murray, Dan Aykroyd y Harold Ramis, y las salas se llenaban a reventar en cada pase.

Treinta y dos años después, aquel film se ha convertido en una película de culto que todos quienes crecieron en los maravillosos ochenta aman y defienden a muerte, como si ensalzarla fuese lo mismo que preservar la pureza y la magia de su infancia.  “Los Cazafantasmas” tuvo una (inevitable) secuela 5 años más tarde, en la que repitió el mismo elenco artístico y técnico, pero con una acogida totalmente distinta.  Nunca entendí la animadversión que la segunda parte suscitó, pero bastó para detener cualquier plan para continuar la franquicia con más películas….  hasta que, en 2013, el director Paul Feig (“La boda de mi mejor amiga”), fan declarado de la saga, propuso a los dirigentes de Sony (propietaria del catálogo de Columbia Pictures) la realización de una tercera película sobre los pintorescos cazadores de fantasmas, sólo que, en esta ocasión…  los protagonistas serían mujeres.

En la era de Internet, es más fácil que nunca unir a la gente.  Quien sabe de esto, es capaz de movilizar al personal para que apoye o rechace cualquier iniciativa, por muy insólita y extravagante que ésta sea.  Una muchedumbre millonaria se posicionó en contra de la existencia de las Cazafantasmas femeninas, y su vehemencia agitó el mundo.  Personalmente, soy un tipo un poco chapado a la antigua, de ésos que prefieren que no se les toquen los viejos iconos del pasado, pero que, en el caso de que no haya más remedio que tocarlos, exijo máximas dosis de respeto y dignidad.  Yo soy de aquéllos que clamaron al cielo cuando, en la nueva (y horrenda) versión de “Los Cuatro Fantásticos” el papel de la Antorcha Humana lo interpretó un actor de color (de color negro, vamos), pero no por algún absurdo racismo sino por un muy legítimo apego a la esencia y naturaleza de un personaje.  Un Johnny Storm negro me parece igual de inadmisible que un Martin Luther King encarnado por un blanco, un Jesucristo con los rasgos de Jackie Chan o un Donald Trump desempeñado por un mexicano con la espalda mojada.  Las cosas son como son, y no son como no son.  ¿Unas Cazafantasmas mujeres?  Pues no me pareció buena idea, lo admito, pero ni insulté en internet a sus responsables ni me negué a acudir al cine a visionarla cuando se estrenase.

Una vez vista la nueva “Cazafantasmas”, tengo que decir que el género de sus protagonistas no es la causa determinante de todos sus males.  Obviamente, si nos atenemos a la esencia a la que antes aludía, los Cazafantasmas son o deberían ser un grupo de hombres que persiguen espectros, pero el hecho de que, tres décadas después, un equipo de parapsicólogos aventureros esté constituído por féminas, no anula la posibilidad de disfrutar un film susceptible de resultar entretenido.  ¿Que yo hubiera preferido que dicho film se llamase “Las Buscaespíritus” o “Las Revientaespectros”, y no “Las Cazafantasmas”?  Pues sí.  Pero, así y todo, acudí anoche a ver la película, con ganas de que me gustara y de pasarlo bien.  Sin embargo, desde el mismo inicio me distancié, y no poco, de lo que se proyectaba en la pantalla.  La estructura de esta nueva película es simétrica a la de la original de 1984, sólo que los gags y la puesta en escena no están a la misma altura.  La presentación de las protagonistas se resuelve mecánicamente y sin gracia, sus personajes están vacíos de carisma y su interrelación no posée la química necesaria.  De las cuatro nuevas Cazafantasmas, sólo Kristen Wiig me resulta interesante y atractiva;  Melissa McCarthy me desagrada (como de costumbre) con ese temperamento histriónico e irascible;  Leslie Jones no es sino una versión femenina del rudo Cazafantasmas al que incorporaba Ernie Hudson;  y Kate McKinnon, de la que he leído maravillas, desfila sin pena ni gloria, un arquetipo que no destila ni frío ni calor.  Con el “secretario” al que personifica Chris “Thor” Hemsworth no tienes más remedio que soltar unas cuantas carcajadas, pero más que nada por aquello de la vergüenza ajena.  Los chistes son todos absolutamente infumables, los personajes de relleno no interesan y el villano es de lo más soso y aburrido que se ha visto jamás.  Incluso los efectos visuales parecen de baratillo, como retales de cualquier otra producción de similares características, sin la magia y el encanto de aquel título mítico de 1984.

Efectivamente, el recuerdo y la memoria de los primeros “Cazafantasmas” es una losa demasiado pesada para esta nueva producción.  Creo que ha sido un error plantear esta película como un reboot, como un reinicio, cuando lo más lógico hubiera sido hacer como en el episodio séptimo de “Star Trek” y plantear un relevo generacional en el que los viejos Cazafantasmas cedieran el testigo a las nuevas.  En una secuela al uso, las breves (y casi todas insípidas) apariciones de Bill Murray, Dan Aykroyd, Ernie Hudson, Sigourney Weaver y Annie Potts hubieran tenido sentido y lógica, pero ahora no hacen sino recordarnos, si es que no lo sabíamos de antemano, que “cualquier tiempo pasado fue mejor”.  La nueva “Cazafantasmas” se queda a años luz de la película primigenia e incluso de su inferior secuela, y a lo que realmente se parece es a cualquiera de las dos (lamentables) películas de “Scooby Doo” que se estrenaron a principios de la pasada década.  Una pena.

Luis Campoy

Lo mejor:  Kristen Wiig (por decir algo)
Lo peor:  pretender enlazar este producto tan frustrante al recuerdo de los “Cazafantasmas” originales
El cruce:  “Los Cazafantasmas” + “Scooby Doo”

Calificación:  5 (sobre 10)

jueves, 11 de agosto de 2016

Cine actualidad/ “ESCUADRON SUICIDA”


Los violentos de DC

De un tiempo a esta parte, es bien conocida la rivalidad entre el MCU y el DCEU (o séase, entre el Marvel Cinematic Universe y el DC Extended Universe, los firmamentos cinematográficos creados a partir de los comics de las dos mayores editoriales a nivel mundial).  Hasta este momento, al menos si analizamos los resultados a nivel de taquillaje global, los chicos de Marvel ganan por goleada, pero los de DC no se rinden y, al igual que sus ilustres rivales, cada pocos meses estrenan a bombo y platillo una nueva producción entresacada de las páginas de sus historietas.  Si hace cinco meses nos llegaba la mastodóntica “Batman v Superman:  El amanecer de la Justicia” (que batió records de público durante su primer fin de semana, para luego desplomarse dolorosamente a consecuencia de las malas críticas, ahora aterriza en nuestras pantallas “Escuadrón Suicida”, una especie de reverso tenebroso de “Los Vengadores” marvelitas.

Una secretísima Agencia gubernamental liderada por la ambigua asesora Amanda Waller pretende reclutar a los peores villanos que se pudren en las cárceles de máxima seguridad y ofrecerles beneficios penitenciarios a cambio de que participen en misiones a vida o muerte en las que ningún héroe en su sano juicio se involucraría.  De esta manera, criminales como Deadshot, Harley Quinn, la Encantadora, el Diablo, Killer Croc, Capitán Boomerang o Slipknot son sacados de sus celdas y puestos a disposición del Gobierno, mientras un enloquecido Joker mueve sus hilos desde la sombra…

Hace tres años, Sony anunció la realización de una película basada en el equipo de supervillanos conocido como “Los Seis Siniestros”, en el que militan asiduos enemigos de Spiderman como Veneno, el Duende Verde o el Doctor Octopus;  sin embargo, el relativo fracaso comercial de “The Amazing Spiderman 2” y la posterior cesión de los derechos del universo arácnido a la matriz Marvel relegó el proyecto a un momentáneo olvido.  Sus rivales de DC tomaron buena nota y, con más tesón y mayor fortuna, lograron sacar adelante un proyecto paralelo en el que los enemigos de Batman, Flash o Linterna Verde adquirían un inusitado protagonismo.  Al mismo tiempo que “Justice League” (reunión de los chicos buenos de la editorial) se halla en pleno rodaje, se estrena en todo el mundo “Escuadrón Suicida”, cuya misión principal era la de endulzar el mal sabor de boca dejado a muchos fans tras la un tanto decepcionante “Batman v Superman”.

Dirigida por David Ayer (autor de las muy estimulantes “Corazones de hierro” y “Sabotage”), “Escuadrón Suicida” es lo más marvelita que DC/Warner ha producido hasta la fecha, es decir, se permite no pocas licencias humorísticas, lo cual se agradece en un producto netamente veraniego.  El tono de comedia no es precisamente el ingrediente más habitual en las películas de Batman y Superman, y sólo he escuchado unas cuantas carcajadas (no intencionadas) durante la proyección de “Green Lantern”, aunque ésa es otra historia.  Sin embargo, no hay que olvidar que los protagonistas de “Escuadrón Suicida” no son comediantes sino asesinos sin escrúpulos, de modo que lo que por una parte es bienvenido, por otra es mal hallado.  En una oda a la maldad y la perversidad, no resultan creíbles tales andanadas de hilaridad.

Por otra parte, siguiendo el patrón de films clásicos como “Doce del patíbulo”, se pretende humanizar e incluso justificar a personajes como Deadshot o El Diablo, que en los comics son sencillamente criminales sin paliativos.  El caso de Deadshot es el más paradigmático, pues lo encarna nada menos que Will Smith, y se ve que alguien ha pensado que el gran público no sería capaz de aceptar al ex–Príncipe de Bel Air haciendo de malo malísimo, de modo que se le transforma en padre amoroso e inesperado héroe de nobleza intachable.  Esa infidelidad a la naturaleza del comic, adulterando la idiosincrasia de los personajes, ha sido dura y justamente criticada.

Luego está la poca relevancia del villano al que el Escuadrón tiene que enfrentarse, Incubus, un personaje inventado ausente en las historietas originales.  Cuando unos protagonistas superpoderosos tienen un antagonista superdescafeínado, los resultados no pueden ser los apetecidos.  En cuanto al Joker del oscarizado Jared Leto, el afán de apartarse del memorable payaso encarnado por el malogrado Heath Ledger deriva en un personaje desquiciado, hedonista y sobreactuado, al que el doblaje español acaba de rematar.

Por todo lo dicho, “Escuadrón Suicida”, aun resultando aceptablemente entretenida, no deja de ser un divertimento menor y sumamente intrascendente, un producto de consumo rápido y olvido aún más rápido.  En el lado positivo, destacar el buen hacer de Will Smith (tan bondadoso que roza la santidad), la primera interpretación elogiable de Joel “RocoCop” Kinnaman (en el papel del soldado Rick Flag), y, cómo no, el espectacular cuerpazo, digo, espectacular trabajo de Margot Robbie, alias Harley Quinn, lo mejor de la película, con diferencia.

Luis Campoy

Lo mejor:  Harley Quinn, es decir, la espectacular Margot Robbie
Lo peor:  la desnaturalización de los villanos protagonistas, la insipidez del enemigo principal
El cruce:  “Doce del patíbulo” + “Los violentos de Kelly” + “Los Vengadores”

Calificación:  6 (sobre 10)

miércoles, 3 de agosto de 2016

Musicales/ “EL LIBRO DE LA SELVA (La Aventura de Mowgli)”

Fabricando un musical de ensueño

Todos o casi todos sabéis que, además del cine, una de mis grandes pasiones son los musicales.  Esta devoción me viene de muy antiguo, concretamente desde que, allá por 1974, cayó en mis manos la doble cassette que contenía la banda sonora de la adaptación al cine de “Jesucristo Superstar”, la cual desgasté literalmente de tanto escucharla.  Desde entonces, he conocido y amado casi todos los musicales de las últimas cinco décadas, desde “Haïr” hasta la reciente “Hamilton”, pasando por “Evita”, “Cats”, “El Fantasma de la Opera”, “Mamma Mia” o mi favorita, “Les Miserables”.  Era lógico, por tanto, que más tarde o más temprano acabara dedicando un merecido espacio a una obra nacida en Lorca, la ciudad murciana en la que vivo.

Para conocer todos los detalles acerca de “El Libro de la Selva (La Aventura de Mowgli)”, musical basado en la famosa obra de Rudyard Kipling (totalmente de actualidad este año gracias a la película que ha dirigido Jon Favreau), nada mejor que ponernos al habla con uno de sus productores, Andrés Abellaneda Campoy que, aun compartiendo apellido, doy fe de que no es mi hermano ni mi primo ni nada parecido.

Pregunta:  Buenas tardes, Andrés.  Lo primero, ¿cómo surge la idea de llevar a cabo el musical de “El Libro de la selva”?
Respuesta:  Buenas tardes, Luis.  Pues mira, la verdad es que llevábamos ya algún tiempo en “El Molino” (empresa de ocio y tiempo libre de la que es socio fundador) con la idea de montar un espectáculo de estas características.  Igual hace como 4 o 5 años de esto…  Aal principio no necesariamente pensábamos que tendría que ser un musical, pero es cierto que nos atraía mucho la obra de Kipling “El Libro de la Selva” y, cuando por fin nos decidimos a hacerlo, pensamos crearlo en forma de musical.

P:  ¿Quiénes han sido los autores del proyecto?

R:  El autor del libreto del musical y de la letra de las canciones es Pepe Ferrer, que también es el director del mismo.  Pepe Ferrer es un referente en el teatro murciano desde hace mucho tiempo, aunque últimamente se había dedicado más al teatro de calle y a los pasacalles, además de dirigir grandes espectáculos como el Circo Romano de Cartagena en distintas ocasiones.  Como te decía, Pepe Ferrer ha sido el autor de todas las letras y textos, siempre pegado a la historia original de Kipling, aunque la verdadera fuente de inspiración, más que el libro en sí, ha sido la forma en la que Kipling escribía, que es lo que de alguna manera hemos querido reflejar en este espectáculo.  En cuanto a la composición musical, ha corrido a cargo de Antonio Laborda, un impresionante artista lorquino, productor musical y que ha sabido impregnar de magia este espectáculo, creando en cada representación una selva muy especial, hasta el punto de sentirnos parte del espectáculo.

P:  ¿Cómo ha sido la elección del casting, en el que destacan nombres como los de Pedro Mayer (Mowgli), María José Arcas (Bagheera), José Alacid (Baloo) o José David Gutiérrez (Shere Khan)?

R:  Al inicio del proyecto (enero de 2015) se convocó un casting para cubrir los personajes y crear el elenco del espectáculo.  Hubo unos 30 participantes en dicho casting del cual surgieron los 9 actores, cantantes-bailarines, que forman parte del mismo.  Curiosamente, y no fue algo premeditado, al ver los currículos de los elegidos, dio la particularidad que todos ellos eran de la región de Murcia, excepto el actor que interpreta a Mowgli, que es brasileño, pero lleva 8 años viviendo en Murcia.  Todos los intérpretes son actores y actrices muy jóvenes, de hecho para la mayoría de ellos es su primera experiencia profesional en este campo, pero con una amplia y sólida formación en canto, baile ...  Algunos son estudiantes de Arte Dramático en la especialidad de Musicales, con formación en el Conservatorio Superior de Música de Murcia.

P:  ¿Qué puedes decirme de las espectaculares coreografías de la obra?

R:  La autora de las coreografías ha sido Mª Teresa Lazareno, una gran profesional de la danza, con más de 35 años de experiencia y que ha volcado todo su saber y buen hacer en este proyecto.  Los ensayos se hicieron en Lorca, además de manera muy intensiva desde el mismo momento del casting, hasta mayo de 2015 cuando tuvo lugar el estreno del musical en Lorca.

P:  ¿Cómo fue la grabación de la banda sonora?
R:  La grabación del CD y banda sonora del espectáculo se hizo en Albanta Estudio (Lorca), bajo la batuta de Antonio Laborda, que a su vez es quien compuso las canciones.  Todos los arreglos y orquestación del mismo fueron realizados por Aure Ortega.  La masterización del disco se hizo en un estudio de Chinchilla, Albacete, curiosamente dirigido por otro lorquino, Piti Martínez (Ingeniero de sonido).

P:  ¿Recuerdas los detalles del gran estreno?

R:  Naturalmente.  El estreno del musical tuvo lugar en Lorca el pasado 29 de mayo de 2015.  Podemos felicitarnos de que fue un estreno de lo más exitoso, ya que tuvimos que repetir funciones durante 3 días seguidos y todos los días con las entradas agotadas, lo que fue un gran espaldarazo de la ciudad de Lorca a este proyecto comarcal que surgía en la ciudad pero con proyección nacional, como al final se ha conseguido.

P:  Sí, porque la obra se ha beneficiado de un espectacular éxito de público.

R:  El éxito de público es algo que nos ha venido acompañando allá por donde se ha ido representando el musical.  Hasta la fecha son más de 30 las representaciones realizadas del mismo y en la gran mayoría de ellas se ha colgado el cartel de "entradas agotadas".  Hasta la fecha se ha representado en 18 localidades diferentes, de comunidades autónomas como la de Murcia, Andalucía, Castilla-La Mancha y en lugares tan emblemáticos como el Teatro Guerra de Lorca, el Auditorio Victor Villegas de Murcia, la ciudad de Granada, Jaén, Azuqueca de Henares en Guadalajara, etc.

P:  Asímismo, la crítica también os ha dado su beneplácito…

R:  Siempre nos hemos planteado que nuestros principales críticos son los niños, que a su vez es el público más exigente, ya que si algo no les gusta no prestan la menor atención a lo que está sucediendo, cosa que no ocurre en este musical.  Es tal el grado de atención que se consigue, tanto en niños como en mayores y desde la primera escena hasta el final, que el público termina siendo un elemento más del espectáculo.  Además de lo dicho anteriormente, es cierto, que el musical está recibiendo unas críticas fantásticas allá por donde pasa.  De hecho son numerosas las localidades que a pesar de haber representado el musical nos pidan que volvamos de nuevo.  Nos ha sucedido ya en varias ocasiones y esa es la mayor satisfacción que podemos recibir, el que guste tanto tu espectáculo, que a pesar de haberlo visto quieren volverlo a ver.

P:  Este año habéis recibido una gran alegría en forma de premio…

R:  Sí, el Musical ha sido galardonado recientemente con el Premio al Mejor Musical Infantil, obtenido en la 9ª Gala de los Premios Nacionales del Teatro Musical, celebrada el pasado 6 de junio en Madrid en el Teatro Sampol

P:  Cuando algo funciona tan bien como esta obra, es inevitable empezar a pensar en el porvenir.

R:  Siempre hay nuevos proyectos en mente, pero ahora mismo estamos totalmente centrados en la gira nacional de “El Libro de la Selva”, ya que son numerosos los compromisos adquiridos y muchas las ciudades por visitar aún.  De hecho, incluso el próximo mes de enero de 2017 estaremos durante 10 días en Madrid en programación oficial, lo cual, como te puedes imaginar, llena de orgullo y alegría a todo el equipo que forma parte de este gran espectáculo.

P:  Para terminar, Andrés, ¿quieres añadir alguna cosa más a lo dicho hasta ahora?

R:  Sí, me gustaría destacarte que el musical además (al igual que el libro de Kipling) está cargado de valores, que se representan en cada una de las escenas:  el valor del grupo frente al individuo, el valor de la familia, el respeto al medio ambiente y la naturaleza. Es en cierta manera una metáfora de la sociedad hoy día.  Por otro lado, comentarte también que, además de los citados anteriormente, hay un gran equipo de profesionales que han trabajado y trabajan cada día en la mejora del espectáculo y en cuidar cada detalle para mantener la magia del mismo, como son:  Geli Peñalver, ayudante de dirección, o el Grupo Libélula dirigido por Domingo Fernández, que han sido los responsables del vestuario, escenografía y de todo el montaje audiovisual para el DVD del espectáculo.  En cada representación se cantan los temas en directo y los técnicos de Telemag, otra gran empresa lorquina implicada en el proyecto, consiguen una magia perfecta para que suene maravillosamente, tanto si es en un teatro pequeño, en un gran auditorio o incluso si se representa al aire libre.  Todo este equipo hace una gran familia que gracias a su trabajo y su buen hacer consiguen que cada representación brille y tenga la magia como si fuera la primera vez que se representa.  Aunque hay un elenco de 9 actores/actrices son en torno a 15 personas las que trabajan para que salga adelante cada representación.


Pues hasta aquí nuestra pequeña charla con Andrés Abellaneda, uno de los artífices de este proyecto ilusionante que ha permitido que una ciudad como Lorca aparezca por méritos propios en el mapa del teatro musical español.

miércoles, 20 de julio de 2016

La historia de Village People

La pintoresca Gente del Village

El fenómeno de la llamada “música disco” estaba en pleno apogeo.  Todos bailábamos al son de Michael Jackson, Tina Charles, Rod Stewart, Barry Manilow y, sobre todo, los Bee Gees, cuya banda sonora para la película “Fiebre del Sábado Noche” se convirtió en el LP más vendido de la historia.  Las discotecas de todo el mundo, con la neoyorquina Studio 54 a la cabeza, y los más afamados productores del género se afanaban en la búsqueda de músicos y disc jockeys capaces de revolucionar aquel lucrativo mercado Dos jóvenes franceses, Jacques Morali y Henri Belolo, casi recién aterrizados en los USA, consiguieron que, en muy poco tiempo, su música llenara las pistas de baile y sus melodías fueran tarareadas por millones de personas a las que les era ajeno el acusado componente (homo)sexual del grupo que crearon y que les inmortalizaría.  Esta es la historia de sus majestades…  los Village People.

Principios de los años 70.  Jacques Morali (1947-1991), nacido en el Marruecos francés, fue víctima de los caprichos de una madre empecinada en que sus hijos tenían que ser niño y niña a toda costa, de modo que a uno de ellos decidió vestirlo desde la cuna como a una chica, causándole una lógica confusión sexual.  El pobre Jacques vivió un pequeño infierno hasta que, en 1971, conoce en París al que sería su mejor amigo y socio Henri Belolo (n. 1936).  Belolo, nacido en Casablanca, llevaba ya algunos años tratando de abrirse camino en el mundo de la música, y acababa de abandonar la discográfica Polydor para crear su propio sello Scorpio.  Morali, enamorado de la música y el baile, tenía varias maquetas con algunos temas propios que quería grabar en un estudio profesional.  Belolo se enamoró de aquellos temas rítmicos y pegadizos y fue capaz de ver más allá:  Francia se les iba a quedar pequeña y necesitaban ser mucho más ambiciosos;  casi sin pensárselo dos veces, volaron a los Estados Unidos, la meca de la Disco Music.  Primero en Philadelphia, posteriormente en San Francisco y finalmente en Nueva York, Morali y Belolo comenzarona a abrirse camino, primero en bares de ambiente gay y, posteriormente, en toda una suite de Madison Avenue, en pleno Greenwich Village.  Sus primeras clientas de postín fueron las Ritchie Family, cuya carrera algo alicaída supieron relanzar con éxito.  Entonces entra en escena Victor Willis (n. 1951), un joven cantante que había estrenado el musical “The Wiz” en Broadway en 1976.  Victor y Jacques Morali se conocieron y enseguida hicieron buenas migas.  Ambos eran ambiciosos y querían llegar a lo más alto, y la excelente voz de Willis cautivó al francés.  Después de grabar algunas demos de temas como “San Francisco (You’ve Got Me)” e “In Hollywood (Everybody Is A Star”, compuestas por Morali, este último le dijo a su nuevo amigo que “había soñado que era la voz principal de su nuevo álbum”.  En aquellas primitivas maquetas, Victor Willis se encargaba tanto de los solos como de los coros, de modo que Henri Belolo recorría los despachos de varias majors discográficas dejando caer la idea de que estaba promocionando al grupo que iba a revolucionar las discotecas.  El concepto caló hondo en los dirigentes de Casablanca Records, quienes estuvieron dispuestos a comprar el producto con la condición de que en las actuaciones en directo existiese un conjunto real que respaldase la actuación del solista.

Jacques Morali, influenciado por el ambiente desenfadado y libertino de los bares de temática homosexual que le eran tan familiares, pensó que un grupo de hombres corrientes tendría poca aceptación, de modo que se le ocurrió la idea de vestirlos de iconos de macho gay.  Así, en su nueva formación habría un policía, un motorista, un soldado, un albañil, un vaquero e incluso un indio.  Con una actuación contratada en el famoso National Bandstand de Dick Clark, Morali y Belolo lanzaron una campaña publicitaria destinada a encontrar “cantantes machos que también pudieran bailar”.  Tras no pocos castings, en 1977 se presentó al público Village People, es decir, “Gente del Village”, cuya alineación original era la siguiente:  Victor Willis (policía, voz solista);  Felipe Rose (indio);  Glenn Hughes (motorista);  Alex Briley (soldado);  Mark Mussler (muy pronto reemplazado por David Hodo) (albañil);  y Dave Forrest (sustituído por Randy Jones) (cowboy).  Sus primeros éxitos (las citadas “San Francisco” e “In Hollywood”, además de “Fire Island” y, sobre todo, “Macho Man”) eran tan bailables como inequívocamente homófilos.  Pero los ejecutivos de Casablanca comprendieron que se hallaban ante un auténtico filón y decidieron que sería un error limitar el éxito del grupo a un público exclusivamente homosexual.

De este modo, se contrató a un par de nuevos letristas, Phil Hurtt y Peter Whitehead (aunque las canciones las firmaban, a seis manos, Jacques Morali, Henri Belolo y Victor Willis), y a partir de 1978 empezaron a surgir inmensos éxitos multitudinarios como la archifamosa “YMCA”.  “YMCA” eran las siglas de “Young Men Christian Association”, Asociación de Jóvenes Cristianos, a los que les hizo maldita la gracia que un grupo tan sospechososamente inmoral utilizara sus gimnasios como escenario para un videoclip lleno de bailes demasiado insinuantes.  Con todo, la canción se escuchó de punta a punta del mundo mundial y puedo juraros por Snoopy que los jóvenes alicantinos de finales de los años setenta no teníamos constancia de que bailábamos música “disco gay”.  Tras “YMCA”, los Village People obtuvieron otros "hits" clamorosos como “In The Navy” (cuyo videoclip se grabó en instalaciones navales auténticas, razón por la que, posteriormente, la Armada estadounidense intentó boicotear la canción tras ver los “bailecitos” del sexteto) y “Go West”, que se erigió muy pronto en himno de la comunidad homosexual de San Francisco y que, años después, fue versionada por el dúo gay por excelencia, Pet Shop Boys.

Village People saboreaban las mieles del éxito y, sin embargo, las ventas de sus sencillos comenzaban a decaer levemente.  A alguien se le ocurrió la magnífica idea de que su fama podría trascender las fronteras de la música, y enseguida surgió la figura del productor Alan Carr, que acababa de hacerse de oro con la versión cinematográfica del musical “Grease”.  La película subsiguiente, “Can’t Stop The Music” (“Que no pare la música”, 1980), nació cuando la música disco languidecía.  Además, a Victor Willis le entraron ínfulas de prima donna y se marchó dando un portazo;  su vacío lo llenó un tal Ray Simpson (hermano de Valerie, la mitad del dúo Ashford & Simpson), pero la nueva formación no estaba lo suficientemente consolidada cuando el film comenzó su rodaje.  Sin embargo, lo peor de todo fue que el guión era un auténtico disparate, los diálogos peor que ridículos y la dirección, a cargo de la actriz Nancy Walker (la “chacha” de la serie “El comisario MacMillan y señora”), un total sinsentido.  Con Steve Guttenberg interpretando al joven compositor Jack Morrell (es decir, la americanización de Jacques Morali) y Paul Sand haciendo de productor musical (guiño evidente a Henri Belolo), el reparto de “Que no pare la música” incluía a la explosiva Valerie Perrine (Ia famosa Eve Teschmacher de “Superman”) y al exjugador de rugby Bruce Jenner, que hace pocos años se cambió de sexo y ahora se hace llamar Caitlin Jenner;  junto a ellos, aparecían los Village People interpretándose a sí mismos y destapando, por fin, sus auténticas esencias:  la secuencia de “YMCA” estaba planificada en un gimnasio poblado por un sinfín de tipos musculosos y sudorosos ligeros de ropa, y el número final “Can’t Stop The Music” parecía toda una declaración de principios, con los cantantes manteniendo su característica indumentaria pero potenciando los tonos rosas y lilas, y contoneando el culo sin pudor.  La película se alzó con el primer Golden Raspberry (“Razzie” para los amigos) de la Historia, y se dio un inmenso batacazo en taquilla, tan enorme y rotundo que Village People jamás se recuperó.


En 1981, el cowboy Randy Jones dejó el grupo y fue suplido por Jeff Olson.  Los nuevos Village People intentaron cambiar de imagen y sustituyeron sus disfraces clásicos por un nuevo look de estética new wave, pero el disco resultante (“Renaissance”, es decir, “Renacimiento”) constituyó otro fracaso comercial.  Para el siguiente álbum de estudio, “Fox On the Box” (1982), en cuya promoción retornaron, ya para siempre, a la pintoresca indumentaria que les había otorgado la fama, Victor Willis decidió reincorporarse brevemente, pero las ventas no acompañaron, y cuando en 1985 se editó el último álbum oficial de la banda, ya no estaban ni Willis ni Ray Simpson (reemplazado por Miles Jaye) ni David Hodo (al que sustituyó Mark Lee).  Desde entonces, y a pesar de que, como digo, ya no se ha vuelto a grabar material nuevo, Village People se ha obstinado en subsistir a cualquier precio, en base a pequeñas mini-giras o contadas actuaciones televisivas aquí y allá, con una formación cambiante en la que cada cierto tiempo se reincorporan algunos de los miembros primigenios.  Ni siquiera la desaparición de su creador y mentor Jacques Morali (muerto de SIDA en 1991 a los 44 años de edad) y el motorista original Gleen Hughes (fallecido de cáncer en 2001) ha puesto punto y final a la actividad de esta pintoresca banda.  Dirigida con mano de hierro por su eterno productor Henri Belolo, Village People constituye una reminiscencia de una época gloriosa (los años dorados de la música disco), y, como todas las ilusiones y los sueños, se resiste vivamente a desaparecer del todo.

lunes, 18 de julio de 2016

Minipíldoras de cine (Julio)

Como solemos hacer de vez en cuando, toca repasar unas cuantas películas que se nos han ido quedando descolgadas, y lo vamos a hacer expresando nuestros comentarios de una forma ágil y amena, que seguro que complacerá a los detractores de la enfermedad de la “incontinencia de teclado”…

EXPEDIENTE WARREN:  EL CASO ENFIELD
Si ya con el estreno del primer “Expediente Warren” (“The Conjuring”, 2013) celebrábamos el talento e inesperado clasicismo de James Wan (lejos de sus excesos en la saga “Saw”), en esta secuela no podemos sino aplaudir la dignidad de una continuación que a ratos iguala a la original.  Incluso los muy manidos trucos sonoros se le perdonan a un film terroríficamente delicioso que reconstruye los años setenta con cariño y preciosismo y en el que de nuevo Vera Farmiga realiza una interpretación magistral.  Atención a la llegada de un nuevo demonio cinematográfico, Valak, al panteón de nuestros villanos favoritos.
Calificación:  8 (sobre 10)





UN ESPIA Y MEDIO
Poquito y poco y casi sin hacer ruido (aunque en sus películas el ruido de disparos y explosiones atrona que da gusto), el ex-luchador Dwayne “The Rock” Johnson ha ido convirtiéndose en el héroe de acción más fiable, el único cuyas películas nunca pinchan, poco menos que un género en sí mismo.  Si todavía alguien se pregunta cómo es posible que esta montaña de músculos se haya erigido en uno de los actores mejor pagados de Hollywood, sólo tiene que echarle un vistazo a “Un espía y medio”, un entretenimiento de gozar y olvidar (nadie pretendió que fuese una obra maestra y trascendente) que, además de ofrecer aventura y humor en generosas dosis, tiene tiempo de realizar una necesaria condena del bullying.   Kevin Hart aporta las gratificantes dosis de comedia.
Calificación:  7 (sobre 10)



DIOSES DE EGIPTO
El realizador greco-egipcio Alex Proyas tiene en su haber al menos dos joyas del cine fantástico (“El cuervo” y “Dark City”), pero con una frivolidad como “Dioses de Egipto” su carrera parece haber perdido el rumbo de manera alarmante.  Un espectáculo incalificable en el que un batiburrillo de efectos visuales que parece que quieren “cantar” más que Plácido Domingo se pone al servicio de una historia absolutamente absurda en el que todas las líneas de diálogo provocan vergüenza ajena.  Nicolaj Coster-Waldau y Gerard Butler se embolsan una fortuna por hacer el payaso y poco más, mientras al supuesto protagonista Brenton Thwaites dan ganas de darle una patada en el culo y lanzarlo a la cúspide de la pirámide más alta.  Las curvas de Courtney Eaton y Elodie Young y la música de Marco Beltrami son lo único salvable de un film tan kistch y ridículo que hasta provoca algo de simpatía.
Calificación:  5 (sobre 10)



BUSCANDO A DORY
Hay secuelas que, más que narrar una historia nueva, parecen conformarse con reformular la historia original con mínimas variaciones.  “Buscando a Dory” (tardía secuela de la celebrada "Buscando a Nemo", 2003) es una de ellas , pero Andrew Stanton y Angus MacLane consiguen que lo viejo parezca nuevo:  aventura, comedia, ternura y amistad son las bases sobre las que se edifica uno de los mayores éxitos del verano.  Nuevos personajes a cada cual más carismático (al pulpo Hank y a la ballena Destiny dan ganas de comérselos…  a besos), set-pieces de acción primorosamente visualizadas y una realización técnica prodigiosa aseguran  un entretenimiento tan infalible como inteligente.  De nuevo, Anabel Alonso y José Luis Gil se lucen en uno de los mejores doblajes de los últimos años.
Calificación:  8 (sobre 10)



INFIERNO AZUL
Steven Spielberg y Peter Benchley inventaron hace 41 años el subgénero de aventuras veraniegas con tiburones, y cada cierto tiempo la ya larga cadena se incrementa con algún nuevo eslabón.  “Infierno azul” (no-premio al figura que ha traducido de forma tan rimbombante el original “The Shallows”, “Aguas poco profundas”) viene dirigida por un catalán, Jaume Collet-Serra, quien temporalmente cambia a Liam Neeson por una estupenda y escultural Blake Lively que tiene que hacer frente, ella solita, a un fiero y hambriento escualo.  El argumento es mínimo y casi inexistente, pero la puesta en escena, la fotografía y la música (nuevamente tengo que elogiar una partitura de Marco Beltrami) consiguen que el espectáculo resulte ameno y emocionante.

Calificación:  7,5 (sobre 10)

jueves, 14 de julio de 2016

Cine actualidad/ “MI AMIGO EL GIGANTE”


El gran gigante digital

Una de cal y otra de arena…  Así viene siendo la trayectoria de Steven Spielberg más o menos desde que en 1985 trascendió la temática puramente fantástico/aventurera para sorprender al mundo con la estupenda “El color púrpura”.  Desde entonces, suele alternar un film dramático (la cal) con otro más ligero (la arena), con lo cual pretende complacer a todos sus aficionados, que se cuentan por millones en todo el mundo….  Si hace unos meses nos llegaba la estupenda “El puente de los espías”, un aplaudido thriller rodado a la antigua usanza, ahora se acaba de estrenar entre nosotros la más liviana “The BFG”, traducida aquí como “Mi amigo el gigante”.

BFG son las iniciales de Big/Friendly/Giant (el Gran Gigante Amigable), según lo concibió el gran escritor Roald Dahl (1916-1990) en su libro publicado en 1982.  Sea casualidad o no, lo cierto es que en aquel mismo año se estrenaba la maravillosa “E.T., El ExtraTerrestre”, y su director Steven Spielberg cuenta que a sus hijos pequeños (los que tuvo con la actriz Kate Capshaw) solía leerles dicho cuento a la hora de dormir.  Como consecuencia de tantas y tantas horas de lectura, Spielberg acabó por fantasear con la idea de realizar una adaptación de dicho relato, si bien pensó que la tecnología no estaba lo bastante avanzada como para poder llevarla a cabo con las suficientes garantías...  hasta ahora.

Sophie es una huérfana de 11 años que vive en el lúgubre orfanato de la señora Clonkers.  Una noche, es secuestrada por un “gran gigante bonachón” que la lleva nada menos que al País de los Gigantes.  Allí descubre que no todos aquellos enormes seres son ni mucho menos tan afables como su nuevo amigo, sino que la mayoría de ellos son crueles devoradores de niños….

Steven Spielberg, mi adorado Steven Spielberg, una de las personas a las que más he admirado en mi vida, cumple este 2016 nada menos que 70 años.  En su larga carrera, varias obras maestras, montones de grandes películas…  y unos pocos tropiezos.  Lamentablemente, “Mi amigo el gigante” pertenece a esta última categoría.  Ya desde el primer tráiler que ví, hace varios meses, obtuve una pésima impresión:  efectos digitales sumamente reconocibles, un tono infantil más bien exagerado y, sobre todo, unas dosis de sensiblería aún más acusadas que de costumbre.

Como dije anteriormente, Spielberg confesó que no se había atrevido antes a poner en escena “El gran gigante bonachón” (título del libro en su edición española) “porque la tecnología que necesitaba no había avanzado lo suficiente”.  Pensando en esta afirmación y contemplando los resultados obtenidos en la pantalla, me quedé más bien perplejo.  Sin entrar a juzgar (todavía) la fotografía y plasticidad que atesora el film, lo que más me llamó la atención fue que, tras cada aparición del simpático gigante, me preguntaba si lo que vendría después sería igualmente…  irreal.  Porque el personaje cuyos gestos replican los del oscarizado Mark Rylance (el villano-pero-menos de “El puente de los espías”) mediante captura de movimiento, es como un dibujo animado que aspira a parecer de carne y hueso…   pero se queda a medio camino.  ¡Cuánto mejor hubiera sido rodar esta película a la antigua usanza, como toda la vida, utilizando simples miniaturas y juegos de perspectiva!  Sin embargo, el resultado es que parece que saltamos de un film de acción real a otro de dibujos animados al estilo Pixar, para volver a otro realista que luego deviene nuevamente en un festival de pixels, y así sucesivamente…  Con todo, si ya es de por sí discutible el acabado visual que otorga Spielberg a su criatura, el tono que confiere al relato es todavía más descorazonador.  El director nacido en Cincinatti se limita a escenificar lo más pueril y superficial del relato de Dahl, eludiendo cualquier doble lectura y potenciando los elementos más fáciles de infantilizar.  Eso en sí mismo no tiene por qué ser malo, pero entonces te das cuenta de que quien firma la película es el autor de “Tiburón”, “En busca del Arca perdida”, “Parque Jurásico”, “La lista de Schindler” y “Salvar al soldado Ryan”, y te das cuenta del abismo cualitativo que se abre bajo nuestros pies.  Como me decía el otro día un buen amigo, “tal vez ningún otro director se habría atrevido siquiera a acometer un proyecto como éste y salir indemne”, a lo que yo le repliqué:  “A Steven Spielberg hay que exigirle más, mucho más”.

Fotografiada nuevamente por el gran Janusz Kaminski y musicalizada, como casi siempre, por el venerable John Williams, “Mi amigo el gigante” me pareció larga, lenta y, en ocasiones, aburrida.  La buena interpretación de Mark Rylance no es suficiente, y, aunque la niña Ruby Barnhill no es tan insoportable y redicha como había leído por ahí, tampoco puede decirse que nos hallemos ante una actriz infantil carismática y a la que aguarda un futuro prometedor.  Lo más positivo de la película es, sin duda, la puesta en escena:  el colorido, la composición de planos y la belleza de algunos paisajes.  Sin embargo, he de confesar que la escena que más me gustó, la única que captó realmente mi atención, fue la de la visita de Sophie y el gigante al palacio de Buckingham, donde son recibidos por la mismísima Reina de Inglaterra, una secuencia totalmente ajena al firmamento spielbergiano, como también a su estilo y a su trayectoria.  Resumiendo:  Spielberg me defraudó, y mucho, y lo que más me satisfizo fue lo menos parecido a lo que siempre ha sido su cine.  Un patinazo en toda regla, del que espero fervientemente que se recupere.

Luis Campoy

Lo mejor:  la audiencia real en Buckingham Palace
Lo peor:  los decepcionantes efectos visuales, el tono ñoño y sentimentaloide
El cruce:  “James y el melocotón gigante” + “Warcraft”

Calificación:  5,5 (sobre 10)