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lunes, 21 de mayo de 2018

Cine actualidad/ “DEADPOOL 2”


El regreso del Mercenario Bocazas

En un contexto de super héroes cinematográficos tan poderosos como previsibles y políticamente correctos, en 2016 estalló un fenómeno que sorprendió a propios y extraños.  La primera película basada en el inclasificable Deadpool (“Masacre” para los fans españoles) supuso un verdadero regalo para los padres que deseaban ser los destinatarios de un film superheroico destinado a ellos y no a sus hijos.  El público y la taquilla se rindieron al Mercenario Bocazas de Marvel, que triunfó gracias a un cocktail explosivo basado en comedia, irreverencia, violencia explícita y palabrotas a granel.  Obviamente y como sucede casi siempre, automáticamente quedó abierta la veda para sucesivas secuelas con las que continuar explotando el suculento filón…

Dos años después y con cambio de realizador incluído (el original Tim Miller ha cedido la poltrona al recién llegado David Leitch, uno de los dos co-directores de “John Wick”), el deslenguado Deadpool aterriza de nuevo en los cines de todo el mundo, y lo hace siguiendo el mismo canon de la primera entrega.  Así, el sentido del humor vuelve a ser el principio de todas las cosas, contando con el beneplácito de los fans que saben que nada ni nadie está a salvo de las bromas;  la sucesión de chistes, burlas y parodias no tiene límite.  También la violencia (brutal, chabacana, explosiva) recupera su esperado protagonismo, provocando, eso sí, más la sonrisa que la arcada (recordémoslo por enésima vez:  nos hallamos ante un tebeo hecho cine).

Al frente del reparto, el inigualable Ryan Reynolds, en su tercera encarnación de Masacre (la primera vez fue en “X-Men Orígenes:  Lobezno”, y el resultado, tan lamentable que no se libra de una burla muy merecida), volviendo a demostrar que la perseverancia y la entrega son las mejores armas para obtener y conservar un papel.  Nuevos en la franquicia son la grácil mutante Domino (Zazie Beetz) y, sobre todo, el soldado futurista Cable (Josh Brolin), de quien se dice que hubo que rodar nuevas escenas porque lo más celebrado en los pases de prueba del film.

Como, la verdad, la primera entrega tampoco me pareció nada del otro jueves (yo sí soy muy políticamente correcto y mis héroes favoritos responden a los patrones más clásicos, tipo Spiderman, Batman o Superman), no sabría decir si “Deadpool 2” mola más o es mejor que “Deadpool 1”.  Para mí, las dos están al mismo nivel de ¿calidad?, diversión y provocación.  Lo que sí volví a notar es que, tratándose de un film auspiciado por toda una “major” (20th Century Fox), el look visual de la película no deja de parecer excesivamente “barato”, como de serie B o incluso Z, de lo cual, una vez convenientemente meditado, he deducido que en realidad se trata de algo premeditado, de otro rasgo estilístico, más cuyo propósito es alejar más aún a Deadpool del resto de personajes heroicos y convencionales.

Luis Campoy

Lo mejor:  Ryan Reynolds, el sentido del humor, la (humorística) violencia
Lo peor:  el aspecto visual de la película, deliberadamente cutre y paupérrimo
El cruce:  “Deadpool” + “Terminator” + “Terminator 3”
Calificación:  7,5 (sobre 10)

miércoles, 2 de mayo de 2018

¡Mi primera novela!


En el año olímpico de 1992, acababa de rodar un cortometraje amateur titulado “El Butanero siempre llama dos veces”, una comedia grabada en video que parodiaba y homenajeaba a algunas de mis películas favoritas.  El Butanero…” aún no se había estrenado (no se estrenaría hasta el año siguiente), pero yo ya estaba pensando en próximos proyectos, y, como lo que más me gustaba, más incluso que el cine, era escribir, lo primero que surgió fue un relato, un cuento que esta vez no sería humorístico.  Eran los años en que las sobremesas de las principales cadenas televisivas se nutrían de lacrimógenos culebrones sudamericanos, y tuve la ocurrencia de elaborar una historia que mezclase ese concepto con algún ingrediente digamos…  fantástico.  La protagonista sería una mujer que se siente incompleta y desconoce cómo alcanzar la plenitud, y el título con el que la bauticé, “Sangre”, haría referencia a la maduración femenina, pero también evocaría a clásicos como Polidori o Sheridan Le Fanu.  Poco a poco, el relato se fue enriqueciendo con multitud de diálogos en los que, sin poder evitarlo, junto con el tono melodramático volvieron a surgir elementos de comedia, y, casi sin darme cuenta, con unas cuantas acotaciones, del relato surgió el guión para una nueva aventura cinematográfica.

Ya por aquel entonces, realizar una película era muchísimo más fácil que apenas diez años atrás, cuando había que rodar en celuloide y luego revelar, positivar y montar con una moviola que pocos tenían.  Para convertir “Sangre” en película, sólo hacía falta escoger unas pocas buenas actrices (y algún actor sin frase) y disponer de un equipo básico compuesto por una cámara de video de 8 milímetros, un trípode donde asentarla y una antorcha de andar por casa con la que iluminarlo todo.  Con tan sencillos mimbres, las palabras se convirtieron en imágenes, y las imágenes…  Las imágenes, a causa de un cúmulo de circunstancias demasiado largo de explicar,  se quedaron en el Limbo, un limbo donde todavía viven y donde me temo que seguirán viviendo por siempre jamás.

Desde entonces hasta ahora, aparcada ya la necesidad de ponerme tras una cámara, me dediqué a la radio (quizás alguno recuerde, quiero pensar que con afecto, mi longevo programa “Pantalla Grande”, posteriormente rebautizado como “cine+COPE”) y, más recientemente, quise explorar las nuevas tecnologías y fue cuando surgió este blog “Historias e Historietas” en el que os agradezco vuestra presencia.  Al principio, me dio por escribir sobre los temas más diversos (comic, política, música, deportes…), pero poco a poco, fui centrándome en el Séptimo Arte, la pasión a la que, de una forma o de otra, vuelvo una y otra vez.

Sin embargo, fueron (fuisteis) muchos los que me dijeron (dijisteis) que tanta locuacidad escritora debería invertirla en algo más sólido, más tangible, como un libro.  Durante estos últimos años, la idea ha venido dándome vueltas por la cabeza, pero, sinceramente, no sabía a qué objetivo o temática consagrar las horas de esfuerzo que la tarea iba a requerir.  Paralelamente, varios queridos amigos se atrevieron a lanzarse al mercado literario, e incluso en las series televisivas que suelo seguir, varios personajes (Carlos Alcántara en “Cuéntame” o Pelayo Gómez en “Amar es para siempre”) se metieron a escritores, y además con cierto éxito.  Un sábado por la mañana, viendo en una librería de mi ciudad de residencia la sección dedicada a los autores lorquinos, decidí que el momento había llegado, y que, más pronto que tarde, una obra mía compartiría estante con aquellas publicaciones.

Dos años después, el propósito se ha materializado.  Cansado de buscar en vano nuevas inspiraciones, decidí que procedía recuperar mis viejos relatos y guiones, y admito que, desde el principio, “Sangre” había sido la niña de mis ojos.  Así pues, decidí que había que volver al origen, realizar el recorrido inverso, y de esta manera me propuse traer de vuelta a la inocente Margaret y a su fantasmagórica hermana Valeria, nuevamente al ámbito literario en el que nacieron.  Del cuento al cine (o video) y de éste a un libro breve con el que intento demostrar que, cuando existe una historia que contar, vale la pena esperar un cuarto de siglo hasta encontrar la mejor forma de contarla.

Siendo un total desconocido, hubiera tenido que esperar una eternidad si hubiera querido que mi primera novela viese la luz auspiciada por Planeta o Santillana, de modo que, como tantos otros autores, decidí lanzarme al campo de la autoedición (es el propio escritor quien costea la publicación, pero luego recibe el beneficio de las ventas).  Enseguida, descubrí a la editorial almeriense Círculo Rojo (radicada en la ciudad de El Ejido), y junto a ellos he recorrido un breve camino que ahora culmina.  A partir de esta semana, de este mes de mayo de 2018, ya podéis conseguir ésta mi primera novela “Sangre” en la página web de la Editorial (www.editorialcirculorojo.com) o a través de las plataformas habituales de venta de libros, ya sean virtuales (e-book) o en papel (Fnac, Amazon, Casa del Libro, etc.).  Por supuesto, si tenéis a bien concederme el privilegio de vuestra atención y lectura, ¡ni que decir tiene que vuestro seguro servidor os estará eternamente agradecido!

lunes, 30 de abril de 2018

Cine actualidad/ “VENGADORES: INFINITY WAR”


¡Lo nunca visto en el cine de superhéroes!

En los años 70 y 80, mientras la Distinguida Competencia (DC) reventaba las taquillas de los cines de medio mundo con las adaptaciones de sus personajes insignia (“Superman”, Richard Donner, 1978 y “Batman”, Tim Burton, 1989), Marvel Comics estaba prácticamente en bancarrota y, para sobrevivir, se vio obligada a malvender los derechos de sus héroes al mejor postor.  Fue la era aciaga de la serie televisiva de “El increíble Hulk”, de “Capitán America” de Albert Pyun, de “Los Cuatro Fantásticos” producida por Roger Corman (tan mala que ni llegó a exhibirse) o de aquel “Spider-Man” que también iba a rodar el citado Albert Pyun pero que por suerte no llegó a concretarse.  Fueron los éxitos sucesivos de “X-Men” de Bryan Singer (producida por 20th Century Fox) y “Spiderman” de Sam Raimi (que distribuyó Columbia-Sony), amén de sus respectivas secuelas, los que aceleraron los planes de la todopoderosa Disney para comprar, primero, la editorial matriz, y, poco después, establecer los pilares de lo que comúnmente se conoce como MCU (Universo Cinemático de Marvel).  Bajo el paraguas de Disney, Marvel Studios arrancó oficialmente con “Iron Man” (Jon Favreau, 2008), y poco a poco, el control y los derechos audiovisuales de los iconos de la Casa de las Ideas fueron retornando y, sistemáticamente, produciéndose sus respectivos films (una secuela de “Hulk”, “Capitán América”, “Thor”…), de manera que, hace ahora seis años, pudo llevarse a cabo la estratosférica reunión que los devotos de la historieta marveliana llevábamos toda la vida soñando:  “Los Vengadores” (Joss Whedon, 2012).

Al igual que en los tebeos, la formación conocida como “Los Vengadores” tuvo como razón de ser la defensa de la Tierra ante amenazas tan descomunales que ningún héroe en solitario podría ser capaz de afrontarlas, y en su primera alineación estuvieron los citados Iron Man, Capitán América, Thor y Hulk, a los que se agregaron la Viuda Negra y Ojo de Halcón.  El éxito de crítica y público incluso superó las expectativas, por lo que poco después llegaba “Vengadores 2:  “La era de Ultrón” (confusa y algo fallida, a pesar de haber sido realizada también por Whedon) y se anunciaba un gigante, épico y mastodóntico mega crossover, “Vengadores 3”, que contendría tantos personajes y tantas batallas que finalmente tendría que dividirse en dos partes.  La primera de esas dos entregas, subtitulada “Infinity War” (“La Guerra del Infinito”) acaba de llegar a nuestras salas de cine, y lo ha hecho con un (comprensible) récord de taquilla.  Las reacciones de los fans no se han hecho esperar, y en su inmensa mayoría son entusiastas, habiendo quien la ha bautizado como “El Imperio Contraataca” de Marvel o como “La mejor película basada en un comic jamás realizada”…

Como he dicho más de una vez, cada vez que una película (cualquiera, la que sea) viene precedida del sambenito de ser “la mejor” en su género y, específicamente, cada vez que “El Imperio contraataca” (Irwin Kershner, 1980) sirve para establecer una comparación con cualquier título de nueva elaboración, lo primero que hago es ponerme a temblar.  Porque nunca, nunca, nunca, ninguna de esas dos aseveraciones acaban siendo verdad.  En el caso de “Vengadores: Infinity War”, es incuestionable que nos hallamos ante la mayor constelación de super héroes jamás vista (a los ya mencionados hay que añadir al recuperado Spiderman, el Soldado de Invierno, el Halcón, La Visión, la Bruja Escarlata, Pantera Negra, el Doctor Extraño y los Guardianes de la Galaxia), todos ellos arropados por unos efectos especiales de primer nivel y con un sentido del espectáculo ciertamente incomparable.  Ahora bien, en lo que acabo de decir también se hallan implícitos algunos de los (pequeños) defectos de la cinta.

Reunir a tantos personajes, la mayoría de los cuales han gozado ya de sus propias aventuras en solitario, es sin duda, meritorio y digno de elogio, y los directores del film (los hermanos Anthony y Joseph Russo) han sabido dotar a las apariciones de cada uno de ellos de la misma atmósfera y envoltorio que cuando actúan sin compañía.  Y aquí está uno de los primeros problemas que observo en la película:  el tono.  Por muy encajado que parece el puzzle, las diferentes texturas de drama y los distintos tonos de humor chirrían en algunos momentos, máxime cuando nos hallamos ante una historia que la propia Marvel calificaba como “desgarradora” y que se iba a saldar con no pocas muertes de varios de los héroes más queridos.  Además, para dar cabida a tantos protagonistas, no había más remedio que restar a unos tiempo y notoriedad en beneficio de otros, siendo unos favorecidos (Guardianes de la Galaxia, Thor, Iron Man, Spiderman) y otros bastante perjudicados (Hulk, Viuda Negra o Capitán América).  Es este último quien, desde mi punto de vista, peor parado sale, máxime cuando los Hermanos Russo habían sido los artífices de sus dos últimas películas como cabeza de cartel;  el Capitán América de Chris Evans había sido una sorpresa y un hallazgo, irradiando carisma y credibilidad, pero las enésimas gracietas de Star-Lord o Drax le roban minutos en pantalla, quedando reducido a la mínima expresión.

Otro de los aspectos positivos de “Vengadores: Infinity War” es, naturalmente, su potentísimo villano, el Thanos al que da vida el muy solicitado Josh Brolin.  Thanos, empeñado en que la  única forma de devolver el equilibrio al Universo es erradicar justamente a la mitad de su población (incluyendo a la mitad de los héroes conocidos), trata de conseguir las Gemas del infinito, cuya consecución le haría prácticamente ivencible, y enfrente “apenas” tendrá a los Vengadores, pero ni siquiera el poder combinado de todos ellos garantiza que el llamado “Titán loco” vea abortado su plan.  Siendo encomiable la gesticulación de Brolin (el personaje está creado mediante la técnica de captura de movimiento) y resultando convincentes sus ampulosos diálogos, me pregunto si no hubiera sido un poco más creíble tan temible enemigo si el intérprete hubiese actuado simplemente maquillado, como se hacía antes, cuando los ordenadores aún no se habían enseñoreado de la industria.  Ahora todo o casi todo es digital aun cuando no tendría por qué serlo, y la sobredosis de píxeles se hace indigesta en algunos momentos.  Por cierto, siendo Thanos, como digo, el “malo” oficial del film, hay que destacar que en la versión española existe un villano adicional:  el doblador del adolescente Spider-Man.  ¡Por favor, qué doblaje más chillón y más repipi…!

Aunque parezca por los últimos párrafos que no he disfrutado la película, tengo que decir que, muy al contrario, experimenté un deleite comiquero en toda regla:  yo también llevo toda la vida soñando con ver en acción los espectaculares combates que en las viñetas dibujaron Jack Kirby, John Buscema, George Perez o Ron Lim, y ¿qué mejor acompañamiento musical que la vibrante música de Alan “Regreso al futuro” Silvestri?  Si sois amantes de las historietas, dudo que pueda no gustaros esta brillante pieza que rebosa acción y humor, y cuyo trepidante ritmo hace que apenas se noten las dos horas y media de duración.  En cuanto a los anunciados y dramáticos fallecimientos de varios personajes…  sólo hace falta echarle un vistazo al calendario de próximos estrenos de Marvel para darnos cuenta de que, en el Noveno Arte, la muerte tiene las fronteras muy poco delimitadas.

“Vengadores: Infinity War” puede no ser una obra maestra y no desbancar de su trono a “El Imperio contraataca”, pero apabulla a base de grandiosidad y entretenimiento, y eso no hay quien se lo discuta.

Luis Campoy

Lo mejor:  ver a tantos héroes Marvel en una pantalla es una gozo irresistible para cualquier aficionado al comic
Lo peor:  el exceso de protagonismo conferido a algunos personajes (los Guardianes de la galaxia, por ejemplo) hace que otros queden en segundo plano (el Capitán América, sin ir más lejos,  el abuso de los efectos visuales digitales se hace cansino en algún momento
El cruce:  “Los Vengadores” + “Vengadores: La era de Ultrón” + "Guardianes de la Galaxia" + “Capitán América: Civil War” + “Doctor Strange” + “Black Panther”
Calificación:  8 (sobre 10)

martes, 17 de abril de 2018

Píldoras de Cine: Abril de 2018


“En Abril, aguas mil”, decía el sabio refrán…  Adaptando el dicho a nuestra inquietud cinéfila, podríamos decir que lo que esperamos que el cielo nos depare durante este cuarto mes del año sea mucho, mucho, cine, más cine por favor, de modo que nuestra panacea podría ser “En Abril, películas mil”.  A tal fin, comenzamos sin más dilación nuestras formidables ¡“Píldoras de cine”!

PACIFIC RIM: INSURRECCIÓN
Hay películas que apelan al intelecto, otras que hacen aflorar la sensibilidad, algunas que pretenden hacer exaltar la religiosidad...  y otras que sólo han sido diseñadas para su uso y disfrute conmoviendo nuestros instintos más básicos y nuestras elementales ansias de presenciar espectáculo.  “Transformers” o “Fast & Furious” se adscriben a este subgénero, y también la primigenia “Pacific Rim”, que el recientemente oscarizado Guillermo del Toro realizó hace cinco años.  A la hora de poner en marcha la secuela, Del Toro se ha reservado meramente tareas de producción, y ha cedido la silla de director a Steven S. De Knight, quien ha puesto en escena de manera mecánica un nuevo alarde de pirotecnia visual cibertrónica.  Por segunda vez, los robots gigantes (jaegers) que simbolizan el Bien se enfrentan a los enormes monstruos marinos (kaijus) que representan el Mal, y la forma de dilucidar el eterno combate no es, precisamente, la dialéctica o la oratoria.  Puñetazos por un tubo y hostias como panes, amplificados por el tamaño de los contendientes, son los ingredientes de una segunda parte que sí, da más de lo mismo (lo cual agradecerán sus incondicionales), aunque desde un guión todavía menos sutil y en el que se echa en falta el carisma del gran Idris Elba, cuyo vacío no llega a llenar el galáctico John Boyega.  Para adictos a la acción futurista.
Calificación:  6 (sobre 10)

CAMPEONES
Tras “El milagro de P. Tinto”, dos aventuras de Mortadelo y Filemón o la galardonada “Camino”, el madrileño Javier Fesser regresa por la puerta grande con “Campeones”, una de esas películas que no sólo se ven con agrado sino que deberían verse de forma casi obligada.  El cambio emocional sufrido por un irascible y egocéntrico entrenador de baloncesto (Javier Gutiérrez) que, como consecuencia de un accidente de tráfico, es condenado a realizar servicios a la comunidad en calidad de preparador de un grupo de discapacitados intelectuales, está narrado de manera exquisita y muy a la americana desde un guión redactado a cuatro manos por el propio Fesser en compañía de David Marqués.  Aunque lo cierto es que los golpes de humor son absolutamente hilarantes (sobre todo en las primeras escenas en la que aparecen los peculiares deportistas), es innegable que, poco a poco, la ternura y la concienciación social van haciendo acto de presencia, estallando de forma casi perfecta en un partido final en el que el espectador es hábilmente zarandeado y no sabe si reir o llorar.  Desde luego, el hecho de que, cuando se encienden las luces de la sala, uno se siente mejor persona y está deseando demostrarlo ayudando a los más desfavorecidos (al menos durante un rato) ya es un triunfo para este film español que, por si fuera poco, está arrasando en la taquilla de nuestro país.
Calificación:  8 (sobre 10)

PROYECTO: RAMPAGE
Cuando ví “San Andrés”, elemental artificio de acción y devastación sin límite, apenas podía creer lo bien hecha que estaba aquella película y lo endiabladamente entretenida que era, a pesar, eso sí, de sus tontísimos diálogos y su lacerante simplicidad moral.  Brad Peyton, su director, vuelve a la carga con “Proyecto Rampage”, que nuevamente filma y en la que una vez más cuenta con el carismático forzudo Dwayne “La Roca” Johnson como protagonista.  Basada en un popular videojuego, “Rampage” va dirigida al mismo sector de público que se lo pasó pipa con “San Andrés”, y despliega ante sus ojos un estimulante arsenal de destrucción digital fantásticamente rodada, merced a la furia desplegada por un lobo, un cocodrilo y un gorila albino, todos ellos aparatosamente amplificados a tamaño gargantuesco.  Sin embargo, de entre tan (entretenida) desolación, lo que más valoro son las gesticulantes conversaciones entre el gorila George (evidente clon de nuestro llorado Copito de Nieve) y un tierno Dwayne Johnson que, por una vez, no parece nada rocoso.
Calificación: 7 (sobre 10)

lunes, 9 de abril de 2018

Cine actualidad/ “READY PLAYER ONE”


Ochéntanos otra vez

A principios del año 2000, el famoso realizador y productor Steven Spielberg (n. 1946) fue diagnosticado de cáncer de hígado.  Por fortuna, el creador de Indiana Jones logró vencer a la malhadada dolencia, pero en los despachos de Hollywood sonaron muy fuertes las alarmas.  Spielberg, además de afamado realizador, había sido considerado el “Rey Midas” del Séptimo Arte por su finísimo olfato comercial, capaz de convertir en oro la mayoría de los productos que tocaba.  Para los ejecutivos de la Meca del Cine, la recuperación de don Steven era prioritaria y fue recibida como proverbial agua de mayo…

Dieciocho años después de lo narrado en el párrafo anterior, es posible que el status privilegiado del padre de “E.T.” haya perdido algunos enteros y que los quilates de sus lingotes de oro se hayan devaluado un poco, pero, aún así, cada nueva película suya es recibida con evidente y lógica expectación.  Si en sus años de máxima gloria eran sus trabajos adscritos al género de aventura y fantasía los que complacían más a sus numerosísimos adeptos, lo cierto es que últimamente han sido más apreciadas sus incursiones en el drama, tales como “Lincoln”, “El puente de los espías” y la muy reciente “Los archivos del Pentágono”.  Por este motivo, a su nuevo largometraje, “Ready Player One”, nuevamente de ciencia ficción y que había levantado tremendas expectativas, se lo aguardaba como agua de mayo…  a pesar de que se iba a estrenar en marzo.

En al año 2044, la Humanidad se ha lanzado de cabeza a la realidad virtual como alternativa ilusionante a un mundo depresivo y gris.  El videojuego más famoso se llama Oasis, y uno de sus millones de adeptos es el joven Wade Watts, quien, a la muerte del creador del juego, tratará por todos los medios de resolver un rompecabezas que puede otorgarle una fortuna y un poder inconmensurables…

Publicada en 2011, “Ready Player One” es el título de la novela más famosa de Ernest Cline y que debe su nombre a la invitación en pantalla que recibía el primer jugador de las viejas consolas de Atari.  De hecho, lo más sustancioso de la novela (y, subsiguientemente, de la película que comentamos) son las múltiples e innumerables referencias a la cultura popular de los años ochenta, lo cual encantará a quienes disfrutaron las películas y sobre todo los videojuegos de la época…  y complacerá bastante menos a los no iniciados en dichas lides.

Al igual que en la novela, Spielberg establece dos “niveles” (concepto en sí mismo extraído de cualquier videojuego) de narración en la película.  Por un lado, el mundo real en el que Wade y sus amigos malviven mientras tratan de no ser aplastados por el temible poder de la maléfica corporación IOI y su líder Nolan Sorrento, quienes también aspiran a encontrar los “huevos de Pascua” que conducen al tesoro, y, por otro, la realidad virtual en la que Wade se convierte en su avatar Parzival y lucha, junto a los avatares de sus colegas, por el control de Oasis, el reino de fantasía en el que todo es posible.  Este esquema de división de escenarios y/o realidades no es nada nuevo y lo hemos visto multitud de veces anteriormente, desde “Tron” hasta “Los juegos del hambre”, pasando por “La historia interminable”, “Starfighter”, “Matrix”, “Un puente hacia Terabithia” o “Las crónicas de Narnia”, y el veterano realizador se esfuerza por caracterizar cada uno de sus “mundos” utilizando texturas fotográfico-cromáticas bien diferenciadas e incluso sonidos y banda sonora totalmente distintivos.

Ya ha quedado dicho que uno de los mayores alicientes de “Ready Player One” es el interminable diluvio de cameos de personajes salidos de películas y videojuegos fundamentalmente ochenteros, que incluyen a RoboCop, Sonic, Freddy Krueger, Chucky, Duke Nukem, el Gigante de Hierro, el T-Rex de “Parque Jurásico”, las Tortugas Ninja, King Kong, Bitelchus, Buckaroo Banzai o el DeLorean de “Regreso al futuro”.  He citado una mínima cantidad de dichas “apariciones estelares”, pero incluso en tan exigua muestra se percibe que, junto con el gozo de reconocer a alguno de ellos, también se sufre la frustración de no haber captado a los otros.  Es decir, el espectador, suponemos que según lo desea Spielberg, se va viendo abocado a una gran tensión que no le permite relajarse ni un momento (incluso en las secuencias aparentemente más anodinas, hay cientos de otras alusiones en forma de posters, muñecos o frases de películas que todo buen friki debería pillar al instante…  o traumatizarse por dejarlas escapar), por lo cual, en mitad de un universo tan primorosamente concebido y recreado, es muy probable que lo que se nos pasen por alto sean los defectos del film.  Es decir:  mientras andamos ocupados en dar caza a la enésima referencia contracultural, no nos fijamos en que todos los personajes no son sino tópicos estereotipos, sus diálogos resultan pueriles a más no poder e incluso el villano encarnado por un desaprovechado Ben Mendelsohn deja bastante que desear.

Conclusión:  el viejo zorro Spielberg logra superar los réditos de su anterior “Mi amigo el gigante” (creo que era prácticamente imposible hacerlo peor), pero tenemos que tener claro que, con películas como ésta, que sí, es entretenida y tal, no es como se va forjando una carrera como la que encumbró hace ya cuatro décadas a nuestro aclamado realizador.  De hecho, me atrevo a afirmar que lo mejor de “Ready Player One” no se debe a Steven Spielberg sino a Stanley Kubrick (la maravillosa escena de “El resplandor”) y que, dentro de unos años, cuando las cifras de recaudación del film ya no sean tan significativas, la situaremos al nivel de “Hook” o “El mundo perdido”, títulos spielbergianos que sí, estuvieron bien, pero.....…   ¡Tiempo al tiempo!

Luis Campoy

Lo mejor:  los cameos de personajes de cine y videojuegos ochenteros
Lo peor:  el exceso y saturación de cameos de personajes de cine y videojuegos ochenteros
El cruce:  “Starfighter” + “Matrix” + “La historia interminable”
Calificación:  6,5 (sobre 10)

martes, 20 de marzo de 2018

Píldoras de Cine: MARZO 2018

Superada ya totalmente la resaca de los Oscar, proseguimos con nuestra tónica habitual, y nada mejor que hacerlo retomando nuestras famosas y adictivas PÍLDORAS DE CINE…

TOMB RIDER
15 años después de la segunda y última aparición de Angelina Jolie como Lara Croft, los ejecutivos de Crystal Dynamics y el conglomerado formado por Metro Goldwyn Mayer y Warner Bros. Pictures han decidido traer de vuelta a la heroína de video juego, que esta vez tiene los rasgos (menos neumáticos) de la actriz Alicia Vikander.  Menos mala que lo que presagiaban sus (nefastos) trailers, la nueva película viene firmada por el noruego Roar Uthaug, y lo que más me llamó la atención fueron las indisimuladas referencias a la saga de Indiana Jones, en especial a “La Última Cruzada”, de la cual toma prestadas no pocas similitudes argumentales y múltiples referencias visuales.  A Vikander la acompañan Dominic West (su padre) y Walton Goggins (el villano, que incluso se llama Vogel, como uno de los nazis de la citada “Indiana Jones y la Ultima Cruzada”).  Acción muy física, poco humor y nada de romance son los ingredientes de un reinicio de cuyo éxito en taquilla dependerá la realización de futuras entregas de la pizpireta heroína.
Calificación:  6,5 (sobre 10)

GORRION ROJO
Mucho más que un vehículo al servicio de una espectacular Jennifer Lawrence, “Gorrión Rojo” mezcla con acierto el relato de espías a lo John Le Carré con una violencia que recuerda al David Cronenberg de “Promesas del Este”.  Los gorriones rojos son unas agentes secretas del espionaje ruso que han sido adiestradas para utilizar tanto su cuerpo como todos sus recursos sensuales al servicio del Kremlin.  Un paso más allá de “Atomic” (que el año pasado protagonizó Charlize Theron), “Gorrión Rojo” proporciona un relato psicológico más profundo, escenas de acción más realistas y sobre todo un formidable elenco de secundarios, entre los que destacan Joel Edgerton, Jeremy Irons, Charlotte Rampling, Matthias Schoenaerts, Ciaran Hinds e incluso una recuperada Mary Louise Parker.
Calificación:  8 (sobre 10)

LLÁMAME POR TU NOMBRE
Ambientada en 1983 en la campiña italiana, la nueva película de Luca Guadagnino (“Cegados por el sol”) ha obtenido el Oscar al Mejor Guión Adaptado, merced al trabajo del veterano James Ivory sobre el material original de Andre Aciman.  Un bienintencionado melodrama acerca de tolerancia y libertad, centrado en el primer amor (homosexual) de un adolescente que se enamora del ayudante norteamericano de su padre.  El joven Timothée Chalamet es el gran descubrimiento de esta cinta que también cuenta con Armie Hammer y el últimamente muy activo Michael Stuhlbarg (el espía arrepentido de “La forma del agua”), todos ellos ciertamente inspirados.  Lo peor:  que todavía, en pleno siglo XXI, seis personas abandonases la sala cuando los protagonistas masculinos empezaron a dar rienda suelta a su pasión.
Calificación:  7,5 (sobre 10)

WINCHESTER
Los espíritus de las personas asesinadas por disparos del famoso rifle de repetición Winchester no descansan pacíficamente en sus tumbas, sino que deambulan torturadas por los pasillos del edificio propiedad de la viuda del inventor de la popular arma.  Este sería el punto de partida de “Winchester”, una modesta producción de género terrorífico firmada por los Hermanos Spierig.  Con el reclamo de dos protagonistas prestigiosos, Jason Clarke y Helen Mirren, “Winchester” acumula un tópico tras otro, basa sus pocos sustos en los consabidos subidones de volumen y sus sorpresas argumentales nunca llegan a ser tales.  Una pequeña decepción para quien ésto suscribe…
Calificación:  5 (sobre 10)

lunes, 5 de marzo de 2018

Oscars 2018: Reivindica como puedas


El tío Oscar ya es un bisabuelo nonagenario.  ¡Nada menos que noventa ediciones de los premios más famosos y representativos de la industria del Cine!  Para la gala celebrada esta pasada madrugada en el Dolby Theatre (antiguo Kodak Theatre) de Los Angeles, se esperaba una reivindicación masiva por parte de las mujeres de la industria, basada en movimientos como Me Too y Time’s Up y con los escándalos sexuales protagonizados por Harvey Weinstein, Kevin Spacey, Dustin Hoffman o Woody Allen en la memoria de todos.  Por fortuna, la ceremonia conducida por el televisivo Jimmy Kimmell (50 años) se ha quedado en un tono un poco más comedido, e incluso las actrices han optado por un look diferente al negro riguroso que ha caracterizado las últimas entregas de premios internacionales.

Uno de los mayores defectos atribuídos a los Oscar es su habitual previsibilidad.  De vez en cuando Hollywood da la campanada a la hora de emitir el listado de las películas y personas nominadas, pero cuando ha de convertir las nominaciones en estatuillas, casi siempre los pronósticos se van cumpliendo milimétricamente.  En este sentido, los galardones interpretativos no han sorprendido a casi nadie.  Sam Rockwell (el agente racista y desquiciado de “Tres anuncios en la afueras”) y Allison Janney (la madre cínica y desnaturalizada de “Yo, Tonya”) destacaban en todas las quinielas, como también el veterano Gary Oldman, extraordinario en su papel de Winston Churchill de “El instante más oscuro”.  Quizás fuese en el Oscar a la Mejor Actriz donde hubiese un poco más de misterio, pero al final la coeniana Frances McDormand (“Tres anuncios en las afueras”) ha batido a su rival más directa, la “muda” Sally Hawkins de “La forma del agua”.

En cuanto a premios puramente técnicos, era lógico pensar que la lucha estaría entre la citada “La forma del agua” y “Dunkerque”, de Christopher Nolan.  Para algunos, el film bélico de Nolan hubiera merecido mucho, muchísimo más, aunque yo desde el principio le reproché su poco acierto a la hora de presentar personajes realmente humanos y atractivos con los que el público pudiera identificarse, si bien a su grandiosa puesta en escena poco hay que reprocharle.  Al final, “Dunkerque” se ha “conformado” con los Oscar al Montaje, el Sonido y los Efectos Sonoros (justísimos).  Por su parte, “La forma del agua” recibía los reconocimientos  a la Música (Alexandre Desplat) y el Diseño de Producción.  La fascinante “Blade Runner 2049” de Denis Villeneuve triunfaba en el ámbito de la Fotografía (magistral Roger Deakins) y los Efectos Visuales (este último algo más discutido, ya que competía con “Star Wars: Los últimos Jedi”, “La guerra del planeta de los simios”, “Guardianes de la galaxia Vol. 2” o “Kong: La isla Calavera”).  Para mí, “Blade Runner 2049” merecía más el Diseño de Producción y “Star Wars” los Efectos en sí, pero, obviamente, yo no entrego los galardones.  Lo de que “El hilo invisible”, que retrata la vida de un peculiar modisto al que encarna Daniel Day Lewis, iba a adjudicarse el premio al Mejor Vestuario, era tan obvio que no merece mayor comentario.

En muchos aspectos, ha sido el año de lo latino:  la chilena “Una mujer fantástica” se convierte en Mejor Película de Habla No Inglesa pasando por encima de la sueca “The Square”, y la maravillosa “Coco” (producción norteamericana de Walt Disney/Pixar pero que ensalza el folklore mexicano), además del cantadísimo galardón como Mejor Película de Animación, se lleva de calle el trofeo a la Mejor Canción por “Recuérdame” (un poco chapucera la interpretación del tema en el escenario, a cargo entre otros del actor Gael García Bernal).

En el apartado literario, me hace especial ilusión la victoria de “Déjame salir” como Mejor Guión Original, y es que la película de Jordan Peele (asímismo autor del libreto) fue una de las que más me gustó durante el pasado año.  El premio al Mejor Guión Adaptado ha recaído en el veteranísimo James Ivory (89) por “Call Me By Your Name” (“Llámame por tu nombre”), que incluso iba a dirigir él mismo pero que al final acabó realizando Luca Guadagnino.

Lógicamente, he dejado para el final los premios gordos de la noche.  Sinceramente, nunca pensé que “Dunkerque”, “Lady Bird”, “El hilo invisible” o “Los archivos del pentágono” tuvieran la más mínima posibilidad de proclamarse como Mejor Película, porque se presentía un duelo cerrado entre “La forma del agua” y “Tres anuncios en las afueras”.  Para mí, “Tres anuncios…” ha sido la mejor película de 2017, así de claro y así de simple, y cualquier premio interpretativo, literario o el global como Mejor Película la hubiesen honrado como se merecía.  Pero no.  Guillermo del Toro (mexicano también y siguiendo la estela de su compatriota Alejandro González Iñárritu) fue distinguido como Mejor Director por “La forma del agua”, y, en el instante decisivo de la madrugada, los reincidentes Bonnie & Clyde (Warren Beatty y Faye Dunaway) leyeron, esta vez sin equivocarse, que la Mejor película del Año era…  La forma del agua”.  Ya dije en mi artículo al respecto de “La forma…” que Guillermo del Toro tenía películas mejores y en las que brillaba más su descomunal inventiva, y que en este caso se había limitado a reciclar conceptos (el clásico “La mujer y el monstruo” y su propia y superior “Hellboy”), pero resulta evidente que, al final, lo que se ha premiado no ha sido tanto la calidad intrínseca como el mensaje de aceptación y tolerancia, y no hay que olvidar que “En la forma del agua” la protagonista es una chica muda (discapacitada) que se enamora de un hombre-pez (diferente) y es ayudada por una amiga negra y un vecino homosexual.  Sobran las palabras.  En una edición tan reivindicativa y políticamente correcta, la fantasía (pero menos) derrota al drama, pero yo siempre pensaré que un anfibio le birló el Oscar a quien realmente lo merecía.

Luis Campoy

miércoles, 28 de febrero de 2018

Píldoras de Cine (Febrero 2018)



Con los Oscar ya esperando a la vuelta de la esquina, despedimos el mes más corto del año con nuestro prototipo de artículo más corto:  nuestras breves PÍLDORAS DE CINE.

BLACK PANTHER” (pero ¿por qué demonios no la llamamos “PANTERA NEGRA”?)
La enésima adaptación de un comic Marvel llega con un impresionante rédito en taquilla, gracias a una apuesta meticulosamente calculada que combina el género superheroico con el subgénero de aventuras ambientadas en Africa, la blaxploitation y el alegato antirracista.  Mientras la veía, incluso recordé las viejas películas de gladiadores de mi niñez, pues son muy significativos los combates cuerpo a cuerpo filmados por Ryan Coogler (“Creed”) en escenarios naturales y decorados inundados de color.  El comic de Stan Lee y Jack Kirby se hermana con Shakespeare en una historia que, aun con sus excesivos guiños a la comunidad afroamericana (obvia la pretensión de que dicho sector de público inunde las salas), me pareció por momentos encantadora.  El protagonista, Chadwick Boseman, es todo un acierto de casting.
Calificación:  7,5 (sobre 10)


YO, TONYA
El caso real de la rivalidad entre las patinadoras estadounidenses Tonya Harding y Nancy Kerrigan, que culminó con la segunda siendo agredida por un sicario supuestamente contratado por la primera, llega al cine en forma de docudrama, un formato que resulta como mínimo chocante.  El director Craig Gillespie prefiere no tomarse en serio a sus (cutres) protagonistas, y alterna la acción “real” con las falsas entrevistas, haciendo en ocasiones que los personajes giren la cabeza para hablar directamente al público;  vamos, como si los Hermanos Coen se hermanasen con Woody Allen…  Una entregada Margot Robbie es lo mejor de la función... excepto cuando tiene que aparentar 15 o incluso 23 años.  El caso es que la bella actriz de “El lobo de Wall Street” es además productora (fue quien adquirió los derechos sobre el guión) y tuvo que aprender a patinar sobre hielo para dar vida convincentemente a la desdichada Tonya Harding.  Con todo, Allison Janney, que hace de su madre, roba cada escena en la que sale.
Calificación:  7 (sobre 10)


EL HILO INVISIBLE
Una película muy británica y muy correcta, tan correcta y tan británica que su perfección formal asfixia su bagaje sentimental.  Esta biografía del modisto ficticio Reynolds Woodcock (dicen que inspirado en la figura de Cristóbal Balenciaga) no apasiona ni entretiene, y, si por algo fuese recordada, sería por constituir lo que parece que es la despedida del gran Daniel Day Lewis, que anuncia su retirada a los 60 años.  Paul Thomas Anderson dirige con mucho mimo en lo visual y poco brío en lo argumental.
Calificación:  6,5 (sobre 10)








TODO EL DINERO DEL MUNDO
Recuerdo, siendo niño, cómo el secuestro del joven John Paul Getty III, nieto del hombre más rico del mundo, convulsionó a la sociedad de todo el mundo en 1973.  Cuarenta y cinco años después, el ya octogenario Ridley Scott pone en imágenes aquella historia, retomando su estilo más característico de cuando no filma compulsivamente aliens y más aliens:  fascinante puesta en escena y despreocupación por lo estrictamente argumental.  Lo que más ha llamado la atención ha sido el despido fulminante, tras ser implicado en un escándalo sexual, del actor Kevin Spacey (que encarnaba al muchimillonario Jean Paul Getty) y la contratación express del veterano Christopher Plummer, que en 8 días tuvo que volver a rodar todas las escenas del primero.  Un Mark Whalberg total y absolutamente desubicado y el empleo de localizaciones e incluso actores secundarios que recuerdan poderosamente a su anterior “Hannibal” son otros rasgos de esta poco convincente película de Scott.
Calificación:  6 (sobre 10)

lunes, 19 de febrero de 2018

Cine actualidad/ “LA FORMA DEL AGUA”

La chica y el anfibio

Estados Unidos, principios de la década de los 60.  En un laboratorio secreto del Gobierno, un extraño hombre anfibio está siendo objeto de crueles experimentos.  Una limpiadora muda se apiadará de la criatura y acabará sintiendo una creciente fascinación por ella…

Creo haber leído que con el guión de “La forma del agua”, el realizador mexicano Guillermo del Toro (Jalisco, 1964) pretendía homenajear a los clásicos de aquel “inocente” cine fantástico de los años 50 y 60, personificado en la famosa “La mujer del monstruo” (“Creature Of The Black Lagoon”, 1954).  En concreto, Del Toro se preguntaba si aquel amor imposible entre Kay Lawrence y el monstruo de la Laguna Negra lograría consumarse al final, y de qué forma tal cosa se produciría.  A partir de esa idea, el director de “Cronos” construye una fábula perfectamente ambientada en la Década Prodigiosa y en la que no faltan innumerables referencias a la política, la sociedad y la cultura de la época, referencias que van desde la Guerra Fría hasta el amor libre, pasando por la tolerancia ante el racismo o el anhelo de paz y libertad.

Es Del Toro un hombre que ha forjado casi toda su carrera lejos de su México natal, y siempre con el elemento fantástico sirviéndole de auspicio e inspiración.  Incluso cuando ha tocado temas aparentemente dramáticos o realistas (caso de las dos películas dirigidas en España, “El espinazo del Diablo” y “El laberinto del Fauno”, ambas con el trasfondo de nuestra Guerra Civil como excusa), la fantasía, lo mitológico o lo paranormal acaban haciendo acto de presencia.  Pero también cuando ha adaptado material ajeno (“Blade II”, “Hellboy”), su aportación creativa ha enriquecido sustancialmente los originales de Marv Wolfman y Mike Mignola, respectivamente.  Recuerdo que cuando ví “Hellboy 2” pensé que el torrente imaginativo de Del Toro parecía no tener fin…

Sin embargo, viendo la otra noche “La forma del agua”, que llega precedida por innumerables críticas positivas, un montón de premios internacionales y la friolera de 13 nominaciones a los próximos Oscar, sentí que lo que estaba viendo tenía un poco de “deja vu”, de reciclaje de conceptos ya conocidos de antes.  Para empezar, el propio diseño de la criatura, que no es sólo un evidente (evidentísimo) homenaje al citado monstruo de la Laguna Negra, sino que plagia conscientemente el look de su propio Abe Sapien de la mencionada “Hellboy”, el anfibio al que, por cierto, interpretaba el mismo intérprete mímico, el especialista Doug Jones.  El carácter del personaje de la limpiadora muda también se parece sospechosamente al de Liz Sherman de la misma “Hellboy”, y el laboratorio que es el escenario principal de la trama no es sino una versión siniestra del Instituto para la Defensa de lo Paranormal de (¿adivináis?) “Hellboy”.  Rizando el rizo de las referencias, me llamó la atención sobremanera la inclusión del chiste en el lavabo, ése que alude a la división de los hombres en dos tipos:  los que se lavan las manos antes o después de miccionar, que ya aparecía en “Torrente, el brazo tonto de la Ley” (claro que es sabido que Del Toro y Santiago segura son buenos amigos, por lo que quizá nos hallaríamos ante un “préstamo” y no un “plagio”).

“La forma del agua” me gustó (¿por qué no iba a gustarme?), pero en absoluto ví en ella esa maravilla que otros describen, esa gloriosa y poética historia de amor sin barreras.  Por supuesto que la fotografía de Dan Laustsen es sobresaliente y la partitura de Alexandre Desplat (otro artista abonado a la autorreferencia) muy hermosa, pero, por ejemplo, en una historia de amor que se supone basada en el romanticismo, me parecieron innecesarias e incluso molestas ciertas escenas de sexo y masturbación que no creo que vinieran al caso.  Tampoco la tan alabada Sally Hawkins me resultó tan extraordinaria, y, desde mi punto de vista, el villano Michael Shannon y sobre todo el anciano homosexual Richard Jenkins se lucen mucho más (de Octavia Spencer no hablo, porque siempre hace… de Octavia Spencer).

Si “La forma del agua” fuese la modesta ópera prima de un autor desconocido tal vez sería más condescendiente con ella, pero tratándose simplemente de la película mejor considerada por la crítica dentro de la filmografía de un cineasta que anteriormente había sido más visionario e innovador, tengo que concluir que nos hallamos nuevamente ante otro de esos casos en los que las expectativas están por encima de la calidad intrínseca del film, y cualquier Oscar no estrictamente técnico que acumule, me parecerá simplemente inmerecido.

Luis Campoy

Lo mejor:  la fotografía, la música, los actores secundarios
Lo peor:  las evidentes similitudes con “Hellboy”, las escenas de sexo y masturbación
El cruce:  “La mujer y el monstruo” + “Hellboy” + “El puente de los espías”

Calificación:  7,5 (sobre 10)

lunes, 29 de enero de 2018

PÍLDORAS DE CINE: Enero 2018 (y II)

Llega la semana de la investidura de Puigdemont y, para eludir las polémicas que suele conllevar últimamente la gestión política, os propongo un tema de conversación más satisfactorio:  nuestro querido Séptimo Arte:

EL CORREDOR DEL LABERINTO:  LA CURA MORTAL
La hermana pobre de las últimas distopías juveniles (las otras serían “Los juegos del hambre” y “Divergente”) llega a su fin más tarde de lo previsto, a causa de un accidente que mantuvo postrado varios meses a su protagonista Dylan O’Brien.  Tras una primera entrega que me pareció interesante y original, la segunda incidía en todos los tópicos del género (una malvada corporación, que, para más inri, se llama “CRUEL”, trata de hallar una cura para una imparable pandemia que convierte a los humanos en una especie de zombies, utilizando como conejillos de indias a los jóvenes protagonistas), y la tercera y última parte no es sino un cierre tan digno como previsible.  El director Wes Ball continúa al frente de la trilogía basada en los libros de James Dashner, y el citado Dylan O’Brien, además de Kaya Scodelario, Thomas Brodie-Sangster, Patricia Clarkson y Will Poulter (magnífico en “Detroit”, irrelevante aquí) vuelven a interpretar a los personajes principales.  Lo mejor es el tratamiento de las relaciones interpersonales, así como el matizado villano al que interpreta Aidan Gillen (“Meñique” en la serie “Juego de tronos”).  No es mucho, pero menos da una piedra…
Calificación:  6,5 (sobre 10)

EL PASAJERO
El gran Liam Neeson ya tiene 65 años, pero, en lugar de jubilarse como héroe de acción, continúa protagonizando thrillers en los que se le exige una excelente forma física.  En “El pasajero” (simplista traducción del original “The Commuter”) interpreta a un ex–policía que se enfrenta a una oscura organización que retiene secuestrados a su mujer e hijo (espera…  ¿de qué me suena esto…?)  A pesar de que el realizador catalán Jaume Collet-Serra se esfuerza bastante a la hora de imprimir una cierta originalidad a la puesta en escena, el argumento hiper convencional es un lastre insuperable:  desde el principio, uno es capaz de adivinar quién es el villano, quién va a ser el aliado último del protagonista y, por supuesto (perdonadme el mini-spoiler) que éste no va a morir.  Liam Neeson haciendo de Liam Neeson (lo cual siempre se agradece), y rodeado de unos desaprovechados Vera Farmiga, Patrick Wilson (sí, los mismísimos Warren), Sam Neill y Elizabeth McGovern, en una cinta de 105 minutos que ni siquiera me parecieron entretenidos.
Calificación:  6 (sobre 10)

EL INSTANTE MÁS OSCURO
Joe Wright, el director de la deliciosa e inolvidable “Orgullo y prejucio”, convierte en largometraje las difíciles circunstancias en que el célebre Winston Churchill accedió al poder, justo en el peor momento posible:  el estallido de la Segunda Guerra Mundial.  Británica por los cuatro costados, “El instante más oscuro” hace de la elegancia y la corrección sus mejores armas, bañadas por una luz primorosamente capturada por el operador Bruno Delbonnel.  En el lado contrario, una banda sonora que firma Dario Marianelli que parece compuesta para cualquier otro film y metida con calzador en éste:  machacona y rimbombante cuando no debe serlo, omnipresente cuando las imágenes exigían silencio…  te saca literalmente de la película.  Por suerte, la enorme interpretación de Gary Oldman acapara toda la atención del espectador mientras está en pantalla.  Mucho más que un gran trabajo de maquillaje (que también lo es), su personificación del premier más famoso es un despliegue de talento, tanto que en ningún momento vemos a Oldman en su mirada, ademanes y movimientos, sino simplemente a un Churchill casi perfecto.  El Oscar tiene propietario asegurado.

Calificación:  7,5 (sobre 10)

lunes, 22 de enero de 2018

Cine actualidad/ “LOS ARCHIVOS DEL PENTÁGONO”

La verdad, toda la verdad

La guerra de Vietnam ha sido al cine estadounidense lo que nuestra Guerra Civil al cine español:  un tema socorrido y recurrente, una ocasión de oro para retratar cómo era la sociedad antes, durante y después de dichas contiendas.  Cada cierto tiempo, una y otra cinematografía regresan indefectiblemente a ese filón aparentemente inagotable, narrando nuevas historias y revelándonos nuevos puntos de vista…

En 1971, los diarios The New York Times y The Washington Post se encontraron con un suculento tesoro que en realidad era una explosiva bomba de relojería:  una fuente generalmente bien informada puso ante sus ojos una serie de documentos clasificados de alto secreto en los que se narraba con pelos y señales cómo todas las administraciones y todos los presidentes de los Estados Unidos desde 1955 sabían perfectamente que la Guerra de Vietnam era una batalla perdida de antemano, que no existía ninguna posibilidad de ganarla, y aun así continuaron enviando al frente a miles de jóvenes soldados con un destino tan incierto como injusto.  Cuando el Times fue obligado a callar por el Gobierno presidido por Richard Nixon, el Post se halló en una difícil tesitura, de la cual dependería incluso su propia subsistencia…

Es bien sabido que, a partir de su lacrimógena “El color púrpura” (1985), el considerado durante años “Rey Midas de Hollywood”, Steven Spielberg (n. 1946) decidió que su carrera debía emprender derroteros un poco más “serios”, de modo que, en su triunfal curriculum lleno de éxitos descomunales (“Tiburón”, “En busca del Arca perdida” y su primera secuela, “Encuentros en la tercera fase”, “E.T. El Extraterrestre”), se fueron sucediendo las películas “ligeras” y las “dramáticas”, logrando su cénit en 1993 cuando se estrenaron casi simultáneamente “Parque Jurásico” y “La lista de Schindler”, la cual le permitió obtener por fin la ansiada estatuílla como Mejor Director.  En la última década, diríase que el maestro ya no goza del mismo fervor popular que hace 25 años, pero aun así su producción no deja de incrementarse, siendo los films con pretensiones de trascendencia los que más han proliferado.  Para el inicio de este año 2018, en el que más adelante veremos un proyecto más liviano, “Ready Player One”, Spielberg nos reserva su más reciente obra solemne, “Los archivos del Pentágono”, en la que vuelve a contar con su último actor fetiche, Tom Hanks, y la veteranísima Mery Streep.

“Los archivos del Pentágono” es no sólo un homenaje a la profesión periodística, sino a todo un negocio en vías de extinción:  los grandes periódicos de inmensas redacciones, concurridas plantillas e incansables rotativas.  Naturalmente, el gran referente formal es “Todos los hombres del presidente” (Alan J. Pakula, 1976), que de hecho también tenía al citado Washington Post como escenario principal, pero lo que consigue Spielberg es algo mucho más ambicioso:  reconstruir minuciosamente la forma de hacer cine en los años setenta, reproduciendo a la perfección la textura y tonalidad de la fotografía, la paleta de color, las técnicas de montaje y la edición de sonido, además de recuperar con asombrosa precisión el mobiliario, el vestuario y los peinados de la época.  En cuanto a la historia en sí, es justo precisar que al guión redactado por Liz Hannah y Josh Singer le sobran unas cuantas páginas, que pueden concretarse muy directamente en ciertas escenas más bien innecesarias cuyo único objetivo es forzar una nueva nominación para Meryl Streep (quien, por otra parte, siempre se lo merece).  Asímismo, el espectador acaba perdiéndose en un amasijo de personajes secundarios que desempeñan la misma función (los reporteros, oficinistas y accionistas tanto del Washington Post como del New York Times), que fácilmente podrían haberse aligerado o fusionado.

Lo que no reviste ninguna duda es la maestría de Steven Spielberg a la hora de ubicar la cámara y planificar cada secuencia, con especial mención al maravilloso momento en que el periódico decisivo entra en prensa, ejemplo de ritmo y montaje al que acompaña una efectiva banda sonora nuevamente firmada por el octogenario John Williams.  Con esta hermosa carta de amor al Cuarto Poder, el más famoso cineasta judío-americano (con permiso del denostado Woody Allen) vuelve a demostrarnos que el Cine, además de una inocente distracción, puede llegar a ser una poderosa arma de comunicación masiva.

Luis Campoy

Lo mejor:  la secuencia que transcurre en la rotativa del periódico;  la recreación del cine de los años setenta
Lo peor:  el film hubiera ganado prescindiendo de algunas escenas y algunos personajes
El cruce:  “Todos los hombres del Presidente” + “Primera plana” + “Spotlight”

Calificación:  8 (sobre 10)

lunes, 15 de enero de 2018

Cine actualidad/ “TRES ANUNCIOS EN LAS AFUERAS”


Llega la gran favorita a los Oscar

La nueva película de los famosos Hermanos Coen…  no la dirigen los Hermanos Coen.  Ni siquiera la escriben, ni tampoco la producen.  La única conexión de hecho entre “Tres anuncios en las afueras” y la filmografía de los artífices de “Fargo” o·”Barton Fink” es la presencia ante las cámaras de la actriz Frances McDormand, protagonista de la citada “Fargo” y que, por cierto, está casada con Joel Coen, el mayor de los célebres hermanos.

Pero lo cierto es que “Tres anuncios en las afueras” (“Three Billboards Outside Ebbing, Missouri”, 2017) transita los mismos caminos que anteriormente recorrieron algunas de las más celebradas ficciones coenianas;  no sólo físicamente (en cuanto a la ubicación de la acción en sí) sino también temática y tonalmente.  Su director, el británico Martin McDonagh (47 años) ya había dado muestras de su peculiar estilo en la encantadora “Escondidos en Brujas” (2009), así como en la posterior y menos conocida “Siete psicópatas” (2012), pero en esta su tercera película hasta la fecha, alcanza un grado de madurez y saber hacer simplemente asombroso.

En las afueras del pueblo ficticio de Ebbing, sito en el condado de Missouri, existen tres vallas publicitarias en desuso.  Un día, una mujer de la localidad, Mildred Hayes, las contrata para publicar sendos anuncios criticando la negligente actitud de la policía local en la investigación de la violación y asesinato de su hija, acaecidos siete meses atrás.  La exteriorización del conflicto no dejará indiferente a nadie, y desencadenará una serie de acontecimientos totalmente inesperados…

Como he dicho anteriormente, el condado de Ebbing no existe en los mapas, pero el director y guionista McDonagh no ha escogido un nombre al azar:  en inglés, “ebbing” vendría a significar “decaimiento” o, aun mejor, “decadencia”.  Se trata de un lugar (el típico pueblo del medio oeste norteamericano) en el que nunca o casi nunca pasa nada y en el que todos o casi todos se conocen entre sí, un sitio donde el progreso y los problemas no son bienvenidos.  Por eso, ante la tragedia sufrida por la familia Hayes, la primera reacción de los habitantes de Ebbing es solidarizarse con la familia de la fallecida pero, cuando la madre decide tomar la iniciativa, los lugareños optan por cerrar filas en torno a la autoridad competente, porque, al fin y al cabo, todos son miembros de una pacífica e idílica comunidad en la que los unos y los otros deben protegerse entre sí.

Fueron varias las cosas que me sorprendieron y maravillaron de “Tres anuncios en la afueras”.  En primer lugar, la habilidad de Martin McDonagh para pergeñar una historia en la que, como en la vida misma, incluso en la peor tragedia afloran inesperados atisbos de comedia.  La facilidad con la que surgen los brotes de humor (negro, pero humor al fin y al cabo) deja al espectador favorablemente impresionado, y por ello capaz de entregarse sin resistencia a los hábiles tejemanejes de McDonagh.  El guión, que bebe no sólo de las fuentes de los Coen sino también de cierta corriente tragicómica explorada por Capra, Ford e incluso Allen, es capaz de reproducir secuencias de la vida cotidiana pero revistiéndolas de unas dosis extra de ironía y cinismo o de ternura y compasión, según el caso, servidas mediante unos diálogos aparentemente simples pero extraordinariamente eficaces.  Muchas veces me gusta reivindicar la importancia del diálogo en una creación literaria, y los que escribe McDonagh no tienen que ver nada con los que caracterizan a Aaron Sorkin, de quien hace unos días comentaba su libreto para “Molly’s Game”;  mientras los de Sorkin son una constante explosión de inventiva y genialidad, los que enriquecen “Tres anuncios en las afueras” aspiran a reflejar la llana naturalidad de lo corriente.  Pero me atrevería a afirmar que el aspecto del excelente guión de la película que más me cautivó fue la maravillosa creación de personajes, todos ellos con su propia alma y su propia voz, con peso específico en la trama, y caracterizados con apenas una afortunada pincelada.  También ayuda, y no poco, la sublime dirección de actores de McDonagh, que logra unas extraordinarias composiciones no sólo del estupendo trío protagonista (Frances McDormand, incomparable;  Woody Harrelson, entrañable;  Sam Rockwell, memorable) sino de prácticamente todos los miembros del elenco, desde la flamante nueva compañera del ex-marido hasta el pretendiente enano al que borda el gran Peter Dinklage de la serie “Juego de Tronos”, pasando por el dentista, el cura, la viuda del sheriff, el empleado de la agencia de publicidad o el pegador de carteles.

Si a todos los méritos de guión e interpretación hasta ahora reseñados, añadimos una dirección de corte clásico, una banda sonora llena de melancolía pero que jamás roba protagonismo y una espléndida fotografía, concluiremos que “Tres anuncios en la afueras” no es sólo una seria favorita a alzarse con los Oscars principales de la próxima edición (sus cuatro Globos de Oro recién conquistados son un buen aval), sino también y sencillamente una de las mejores películas estrenadas en los últimos años.  Una película absolutamente recomendable para todos aquéllos que saben que el Cine es mucho más que efectos especiales, explosiones y aventuras super heroicas.

Luis Campoy

Lo mejor:  el guión, en el que todos los personajes son memorables y se combinan a la perfección el drama y el humor;  la dirección de actores,  la interpretación del trío protagonista
Lo peor:  nada
El cruce  “Fargo” + “El hombre tranquilo”

Calificación:  9 (sobre 10)