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martes, 17 de abril de 2018

Píldoras de Cine: Abril de 2018


“En Abril, aguas mil”, decía el sabio refrán…  Adaptando el dicho a nuestra inquietud cinéfila, podríamos decir que lo que esperamos que el cielo nos depare durante este cuarto mes del año sea mucho, mucho, cine, más cine por favor, de modo que nuestra panacea podría ser “En Abril, películas mil”.  A tal fin, comenzamos sin más dilación nuestras formidables ¡“Píldoras de cine”!

PACIFIC RIM: INSURRECCIÓN
Hay películas que apelan al intelecto, otras que hacen aflorar la sensibilidad, algunas que pretenden hacer exaltar la religiosidad...  y otras que sólo han sido diseñadas para su uso y disfrute conmoviendo nuestros instintos más básicos y nuestras elementales ansias de presenciar espectáculo.  “Transformers” o “Fast & Furious” se adscriben a este subgénero, y también la primigenia “Pacific Rim”, que el recientemente oscarizado Guillermo del Toro realizó hace cinco años.  A la hora de poner en marcha la secuela, Del Toro se ha reservado meramente tareas de producción, y ha cedido la silla de director a Steven S. De Knight, quien ha puesto en escena de manera mecánica un nuevo alarde de pirotecnia visual cibertrónica.  Por segunda vez, los robots gigantes (jaegers) que simbolizan el Bien se enfrentan a los enormes monstruos marinos (kaijus) que representan el Mal, y la forma de dilucidar el eterno combate no es, precisamente, la dialéctica o la oratoria.  Puñetazos por un tubo y hostias como panes, amplificados por el tamaño de los contendientes, son los ingredientes de una segunda parte que sí, da más de lo mismo (lo cual agradecerán sus incondicionales), aunque desde un guión todavía menos sutil y en el que se echa en falta el carisma del gran Idris Elba, cuyo vacío no llega a llenar el galáctico John Boyega.  Para adictos a la acción futurista.
Calificación:  6 (sobre 10)

CAMPEONES
Tras “El milagro de P. Tinto”, dos aventuras de Mortadelo y Filemón o la galardonada “Camino”, el madrileño Javier Fesser regresa por la puerta grande con “Campeones”, una de esas películas que no sólo se ven con agrado sino que deberían verse de forma casi obligada.  El cambio emocional sufrido por un irascible y egocéntrico entrenador de baloncesto (Javier Gutiérrez) que, como consecuencia de un accidente de tráfico, es condenado a realizar servicios a la comunidad en calidad de preparador de un grupo de discapacitados intelectuales, está narrado de manera exquisita y muy a la americana desde un guión redactado a cuatro manos por el propio Fesser en compañía de David Marqués.  Aunque lo cierto es que los golpes de humor son absolutamente hilarantes (sobre todo en las primeras escenas en la que aparecen los peculiares deportistas), es innegable que, poco a poco, la ternura y la concienciación social van haciendo acto de presencia, estallando de forma casi perfecta en un partido final en el que el espectador es hábilmente zarandeado y no sabe si reir o llorar.  Desde luego, el hecho de que, cuando se encienden las luces de la sala, uno se siente mejor persona y está deseando demostrarlo ayudando a los más desfavorecidos (al menos durante un rato) ya es un triunfo para este film español que, por si fuera poco, está arrasando en la taquilla de nuestro país.
Calificación:  8 (sobre 10)

PROYECTO: RAMPAGE
Cuando ví “San Andrés”, elemental artificio de acción y devastación sin límite, apenas podía creer lo bien hecha que estaba aquella película y lo endiabladamente entretenida que era, a pesar, eso sí, de sus tontísimos diálogos y su lacerante simplicidad moral.  Brad Peyton, su director, vuelve a la carga con “Proyecto Rampage”, que nuevamente filma y en la que una vez más cuenta con el carismático forzudo Dwayne “La Roca” Johnson como protagonista.  Basada en un popular videojuego, “Rampage” va dirigida al mismo sector de público que se lo pasó pipa con “San Andrés”, y despliega ante sus ojos un estimulante arsenal de destrucción digital fantásticamente rodada, merced a la furia desplegada por un lobo, un cocodrilo y un gorila albino, todos ellos aparatosamente amplificados a tamaño gargantuesco.  Sin embargo, de entre tan (entretenida) desolación, lo que más valoro son las gesticulantes conversaciones entre el gorila George (evidente clon de nuestro llorado Copito de Nieve) y un tierno Dwayne Johnson que, por una vez, no parece nada rocoso.
Calificación: 7 (sobre 10)

lunes, 9 de abril de 2018

Cine actualidad/ “READY PLAYER ONE”


Ochéntanos otra vez

A principios del año 2000, el famoso realizador y productor Steven Spielberg (n. 1946) fue diagnosticado de cáncer de hígado.  Por fortuna, el creador de Indiana Jones logró vencer a la malhadada dolencia, pero en los despachos de Hollywood sonaron muy fuertes las alarmas.  Spielberg, además de afamado realizador, había sido considerado el “Rey Midas” del Séptimo Arte por su finísimo olfato comercial, capaz de convertir en oro la mayoría de los productos que tocaba.  Para los ejecutivos de la Meca del Cine, la recuperación de don Steven era prioritaria y fue recibida como proverbial agua de mayo…

Dieciocho años después de lo narrado en el párrafo anterior, es posible que el status privilegiado del padre de “E.T.” haya perdido algunos enteros y que los quilates de sus lingotes de oro se hayan devaluado un poco, pero, aún así, cada nueva película suya es recibida con evidente y lógica expectación.  Si en sus años de máxima gloria eran sus trabajos adscritos al género de aventura y fantasía los que complacían más a sus numerosísimos adeptos, lo cierto es que últimamente han sido más apreciadas sus incursiones en el drama, tales como “Lincoln”, “El puente de los espías” y la muy reciente “Los archivos del Pentágono”.  Por este motivo, a su nuevo largometraje, “Ready Player One”, nuevamente de ciencia ficción y que había levantado tremendas expectativas, se lo aguardaba como agua de mayo…  a pesar de que se iba a estrenar en marzo.

En al año 2044, la Humanidad se ha lanzado de cabeza a la realidad virtual como alternativa ilusionante a un mundo depresivo y gris.  El videojuego más famoso se llama Oasis, y uno de sus millones de adeptos es el joven Wade Watts, quien, a la muerte del creador del juego, tratará por todos los medios de resolver un rompecabezas que puede otorgarle una fortuna y un poder inconmensurables…

Publicada en 2011, “Ready Player One” es el título de la novela más famosa de Ernest Cline y que debe su nombre a la invitación en pantalla que recibía el primer jugador de las viejas consolas de Atari.  De hecho, lo más sustancioso de la novela (y, subsiguientemente, de la película que comentamos) son las múltiples e innumerables referencias a la cultura popular de los años ochenta, lo cual encantará a quienes disfrutaron las películas y sobre todo los videojuegos de la época…  y complacerá bastante menos a los no iniciados en dichas lides.

Al igual que en la novela, Spielberg establece dos “niveles” (concepto en sí mismo extraído de cualquier videojuego) de narración en la película.  Por un lado, el mundo real en el que Wade y sus amigos malviven mientras tratan de no ser aplastados por el temible poder de la maléfica corporación IOI y su líder Nolan Sorrento, quienes también aspiran a encontrar los “huevos de Pascua” que conducen al tesoro, y, por otro, la realidad virtual en la que Wade se convierte en su avatar Parzival y lucha, junto a los avatares de sus colegas, por el control de Oasis, el reino de fantasía en el que todo es posible.  Este esquema de división de escenarios y/o realidades no es nada nuevo y lo hemos visto multitud de veces anteriormente, desde “Tron” hasta “Los juegos del hambre”, pasando por “La historia interminable”, “Starfighter”, “Matrix”, “Un puente hacia Terabithia” o “Las crónicas de Narnia”, y el veterano realizador se esfuerza por caracterizar cada uno de sus “mundos” utilizando texturas fotográfico-cromáticas bien diferenciadas e incluso sonidos y banda sonora totalmente distintivos.

Ya ha quedado dicho que uno de los mayores alicientes de “Ready Player One” es el interminable diluvio de cameos de personajes salidos de películas y videojuegos fundamentalmente ochenteros, que incluyen a RoboCop, Sonic, Freddy Krueger, Chucky, Duke Nukem, el Gigante de Hierro, el T-Rex de “Parque Jurásico”, las Tortugas Ninja, King Kong, Bitelchus, Buckaroo Banzai o el DeLorean de “Regreso al futuro”.  He citado una mínima cantidad de dichas “apariciones estelares”, pero incluso en tan exigua muestra se percibe que, junto con el gozo de reconocer a alguno de ellos, también se sufre la frustración de no haber captado a los otros.  Es decir, el espectador, suponemos que según lo desea Spielberg, se va viendo abocado a una gran tensión que no le permite relajarse ni un momento (incluso en las secuencias aparentemente más anodinas, hay cientos de otras alusiones en forma de posters, muñecos o frases de películas que todo buen friki debería pillar al instante…  o traumatizarse por dejarlas escapar), por lo cual, en mitad de un universo tan primorosamente concebido y recreado, es muy probable que lo que se nos pasen por alto sean los defectos del film.  Es decir:  mientras andamos ocupados en dar caza a la enésima referencia contracultural, no nos fijamos en que todos los personajes no son sino tópicos estereotipos, sus diálogos resultan pueriles a más no poder e incluso el villano encarnado por un desaprovechado Ben Mendelsohn deja bastante que desear.

Conclusión:  el viejo zorro Spielberg logra superar los réditos de su anterior “Mi amigo el gigante” (creo que era prácticamente imposible hacerlo peor), pero tenemos que tener claro que, con películas como ésta, que sí, es entretenida y tal, no es como se va forjando una carrera como la que encumbró hace ya cuatro décadas a nuestro aclamado realizador.  De hecho, me atrevo a afirmar que lo mejor de “Ready Player One” no se debe a Steven Spielberg sino a Stanley Kubrick (la maravillosa escena de “El resplandor”) y que, dentro de unos años, cuando las cifras de recaudación del film ya no sean tan significativas, la situaremos al nivel de “Hook” o “El mundo perdido”, títulos spielbergianos que sí, estuvieron bien, pero.....…   ¡Tiempo al tiempo!

Luis Campoy

Lo mejor:  los cameos de personajes de cine y videojuegos ochenteros
Lo peor:  el exceso y saturación de cameos de personajes de cine y videojuegos ochenteros
El cruce:  “Starfighter” + “Matrix” + “La historia interminable”
Calificación:  6,5 (sobre 10)

martes, 20 de marzo de 2018

Píldoras de Cine: MARZO 2018

Superada ya totalmente la resaca de los Oscar, proseguimos con nuestra tónica habitual, y nada mejor que hacerlo retomando nuestras famosas y adictivas PÍLDORAS DE CINE…

TOMB RIDER
15 años después de la segunda y última aparición de Angelina Jolie como Lara Croft, los ejecutivos de Crystal Dynamics y el conglomerado formado por Metro Goldwyn Mayer y Warner Bros. Pictures han decidido traer de vuelta a la heroína de video juego, que esta vez tiene los rasgos (menos neumáticos) de la actriz Alicia Vikander.  Menos mala que lo que presagiaban sus (nefastos) trailers, la nueva película viene firmada por el noruego Roar Uthaug, y lo que más me llamó la atención fueron las indisimuladas referencias a la saga de Indiana Jones, en especial a “La Última Cruzada”, de la cual toma prestadas no pocas similitudes argumentales y múltiples referencias visuales.  A Vikander la acompañan Dominic West (su padre) y Walton Goggins (el villano, que incluso se llama Vogel, como uno de los nazis de la citada “Indiana Jones y la Ultima Cruzada”).  Acción muy física, poco humor y nada de romance son los ingredientes de un reinicio de cuyo éxito en taquilla dependerá la realización de futuras entregas de la pizpireta heroína.
Calificación:  6,5 (sobre 10)

GORRION ROJO
Mucho más que un vehículo al servicio de una espectacular Jennifer Lawrence, “Gorrión Rojo” mezcla con acierto el relato de espías a lo John Le Carré con una violencia que recuerda al David Cronenberg de “Promesas del Este”.  Los gorriones rojos son unas agentes secretas del espionaje ruso que han sido adiestradas para utilizar tanto su cuerpo como todos sus recursos sensuales al servicio del Kremlin.  Un paso más allá de “Atomic” (que el año pasado protagonizó Charlize Theron), “Gorrión Rojo” proporciona un relato psicológico más profundo, escenas de acción más realistas y sobre todo un formidable elenco de secundarios, entre los que destacan Joel Edgerton, Jeremy Irons, Charlotte Rampling, Matthias Schoenaerts, Ciaran Hinds e incluso una recuperada Mary Louise Parker.
Calificación:  8 (sobre 10)

LLÁMAME POR TU NOMBRE
Ambientada en 1983 en la campiña italiana, la nueva película de Luca Guadagnino (“Cegados por el sol”) ha obtenido el Oscar al Mejor Guión Adaptado, merced al trabajo del veterano James Ivory sobre el material original de Andre Aciman.  Un bienintencionado melodrama acerca de tolerancia y libertad, centrado en el primer amor (homosexual) de un adolescente que se enamora del ayudante norteamericano de su padre.  El joven Timothée Chalamet es el gran descubrimiento de esta cinta que también cuenta con Armie Hammer y el últimamente muy activo Michael Stuhlbarg (el espía arrepentido de “La forma del agua”), todos ellos ciertamente inspirados.  Lo peor:  que todavía, en pleno siglo XXI, seis personas abandonases la sala cuando los protagonistas masculinos empezaron a dar rienda suelta a su pasión.
Calificación:  7,5 (sobre 10)

WINCHESTER
Los espíritus de las personas asesinadas por disparos del famoso rifle de repetición Winchester no descansan pacíficamente en sus tumbas, sino que deambulan torturadas por los pasillos del edificio propiedad de la viuda del inventor de la popular arma.  Este sería el punto de partida de “Winchester”, una modesta producción de género terrorífico firmada por los Hermanos Spierig.  Con el reclamo de dos protagonistas prestigiosos, Jason Clarke y Helen Mirren, “Winchester” acumula un tópico tras otro, basa sus pocos sustos en los consabidos subidones de volumen y sus sorpresas argumentales nunca llegan a ser tales.  Una pequeña decepción para quien ésto suscribe…
Calificación:  5 (sobre 10)

lunes, 5 de marzo de 2018

Oscars 2018: Reivindica como puedas


El tío Oscar ya es un bisabuelo nonagenario.  ¡Nada menos que noventa ediciones de los premios más famosos y representativos de la industria del Cine!  Para la gala celebrada esta pasada madrugada en el Dolby Theatre (antiguo Kodak Theatre) de Los Angeles, se esperaba una reivindicación masiva por parte de las mujeres de la industria, basada en movimientos como Me Too y Time’s Up y con los escándalos sexuales protagonizados por Harvey Weinstein, Kevin Spacey, Dustin Hoffman o Woody Allen en la memoria de todos.  Por fortuna, la ceremonia conducida por el televisivo Jimmy Kimmell (50 años) se ha quedado en un tono un poco más comedido, e incluso las actrices han optado por un look diferente al negro riguroso que ha caracterizado las últimas entregas de premios internacionales.

Uno de los mayores defectos atribuídos a los Oscar es su habitual previsibilidad.  De vez en cuando Hollywood da la campanada a la hora de emitir el listado de las películas y personas nominadas, pero cuando ha de convertir las nominaciones en estatuillas, casi siempre los pronósticos se van cumpliendo milimétricamente.  En este sentido, los galardones interpretativos no han sorprendido a casi nadie.  Sam Rockwell (el agente racista y desquiciado de “Tres anuncios en la afueras”) y Allison Janney (la madre cínica y desnaturalizada de “Yo, Tonya”) destacaban en todas las quinielas, como también el veterano Gary Oldman, extraordinario en su papel de Winston Churchill de “El instante más oscuro”.  Quizás fuese en el Oscar a la Mejor Actriz donde hubiese un poco más de misterio, pero al final la coeniana Frances McDormand (“Tres anuncios en las afueras”) ha batido a su rival más directa, la “muda” Sally Hawkins de “La forma del agua”.

En cuanto a premios puramente técnicos, era lógico pensar que la lucha estaría entre la citada “La forma del agua” y “Dunkerque”, de Christopher Nolan.  Para algunos, el film bélico de Nolan hubiera merecido mucho, muchísimo más, aunque yo desde el principio le reproché su poco acierto a la hora de presentar personajes realmente humanos y atractivos con los que el público pudiera identificarse, si bien a su grandiosa puesta en escena poco hay que reprocharle.  Al final, “Dunkerque” se ha “conformado” con los Oscar al Montaje, el Sonido y los Efectos Sonoros (justísimos).  Por su parte, “La forma del agua” recibía los reconocimientos  a la Música (Alexandre Desplat) y el Diseño de Producción.  La fascinante “Blade Runner 2049” de Denis Villeneuve triunfaba en el ámbito de la Fotografía (magistral Roger Deakins) y los Efectos Visuales (este último algo más discutido, ya que competía con “Star Wars: Los últimos Jedi”, “La guerra del planeta de los simios”, “Guardianes de la galaxia Vol. 2” o “Kong: La isla Calavera”).  Para mí, “Blade Runner 2049” merecía más el Diseño de Producción y “Star Wars” los Efectos en sí, pero, obviamente, yo no entrego los galardones.  Lo de que “El hilo invisible”, que retrata la vida de un peculiar modisto al que encarna Daniel Day Lewis, iba a adjudicarse el premio al Mejor Vestuario, era tan obvio que no merece mayor comentario.

En muchos aspectos, ha sido el año de lo latino:  la chilena “Una mujer fantástica” se convierte en Mejor Película de Habla No Inglesa pasando por encima de la sueca “The Square”, y la maravillosa “Coco” (producción norteamericana de Walt Disney/Pixar pero que ensalza el folklore mexicano), además del cantadísimo galardón como Mejor Película de Animación, se lleva de calle el trofeo a la Mejor Canción por “Recuérdame” (un poco chapucera la interpretación del tema en el escenario, a cargo entre otros del actor Gael García Bernal).

En el apartado literario, me hace especial ilusión la victoria de “Déjame salir” como Mejor Guión Original, y es que la película de Jordan Peele (asímismo autor del libreto) fue una de las que más me gustó durante el pasado año.  El premio al Mejor Guión Adaptado ha recaído en el veteranísimo James Ivory (89) por “Call Me By Your Name” (“Llámame por tu nombre”), que incluso iba a dirigir él mismo pero que al final acabó realizando Luca Guadagnino.

Lógicamente, he dejado para el final los premios gordos de la noche.  Sinceramente, nunca pensé que “Dunkerque”, “Lady Bird”, “El hilo invisible” o “Los archivos del pentágono” tuvieran la más mínima posibilidad de proclamarse como Mejor Película, porque se presentía un duelo cerrado entre “La forma del agua” y “Tres anuncios en las afueras”.  Para mí, “Tres anuncios…” ha sido la mejor película de 2017, así de claro y así de simple, y cualquier premio interpretativo, literario o el global como Mejor Película la hubiesen honrado como se merecía.  Pero no.  Guillermo del Toro (mexicano también y siguiendo la estela de su compatriota Alejandro González Iñárritu) fue distinguido como Mejor Director por “La forma del agua”, y, en el instante decisivo de la madrugada, los reincidentes Bonnie & Clyde (Warren Beatty y Faye Dunaway) leyeron, esta vez sin equivocarse, que la Mejor película del Año era…  La forma del agua”.  Ya dije en mi artículo al respecto de “La forma…” que Guillermo del Toro tenía películas mejores y en las que brillaba más su descomunal inventiva, y que en este caso se había limitado a reciclar conceptos (el clásico “La mujer y el monstruo” y su propia y superior “Hellboy”), pero resulta evidente que, al final, lo que se ha premiado no ha sido tanto la calidad intrínseca como el mensaje de aceptación y tolerancia, y no hay que olvidar que “En la forma del agua” la protagonista es una chica muda (discapacitada) que se enamora de un hombre-pez (diferente) y es ayudada por una amiga negra y un vecino homosexual.  Sobran las palabras.  En una edición tan reivindicativa y políticamente correcta, la fantasía (pero menos) derrota al drama, pero yo siempre pensaré que un anfibio le birló el Oscar a quien realmente lo merecía.

Luis Campoy

miércoles, 28 de febrero de 2018

Píldoras de Cine (Febrero 2018)



Con los Oscar ya esperando a la vuelta de la esquina, despedimos el mes más corto del año con nuestro prototipo de artículo más corto:  nuestras breves PÍLDORAS DE CINE.

BLACK PANTHER” (pero ¿por qué demonios no la llamamos “PANTERA NEGRA”?)
La enésima adaptación de un comic Marvel llega con un impresionante rédito en taquilla, gracias a una apuesta meticulosamente calculada que combina el género superheroico con el subgénero de aventuras ambientadas en Africa, la blaxploitation y el alegato antirracista.  Mientras la veía, incluso recordé las viejas películas de gladiadores de mi niñez, pues son muy significativos los combates cuerpo a cuerpo filmados por Ryan Coogler (“Creed”) en escenarios naturales y decorados inundados de color.  El comic de Stan Lee y Jack Kirby se hermana con Shakespeare en una historia que, aun con sus excesivos guiños a la comunidad afroamericana (obvia la pretensión de que dicho sector de público inunde las salas), me pareció por momentos encantadora.  El protagonista, Chadwick Boseman, es todo un acierto de casting.
Calificación:  7,5 (sobre 10)


YO, TONYA
El caso real de la rivalidad entre las patinadoras estadounidenses Tonya Harding y Nancy Kerrigan, que culminó con la segunda siendo agredida por un sicario supuestamente contratado por la primera, llega al cine en forma de docudrama, un formato que resulta como mínimo chocante.  El director Craig Gillespie prefiere no tomarse en serio a sus (cutres) protagonistas, y alterna la acción “real” con las falsas entrevistas, haciendo en ocasiones que los personajes giren la cabeza para hablar directamente al público;  vamos, como si los Hermanos Coen se hermanasen con Woody Allen…  Una entregada Margot Robbie es lo mejor de la función... excepto cuando tiene que aparentar 15 o incluso 23 años.  El caso es que la bella actriz de “El lobo de Wall Street” es además productora (fue quien adquirió los derechos sobre el guión) y tuvo que aprender a patinar sobre hielo para dar vida convincentemente a la desdichada Tonya Harding.  Con todo, Allison Janney, que hace de su madre, roba cada escena en la que sale.
Calificación:  7 (sobre 10)


EL HILO INVISIBLE
Una película muy británica y muy correcta, tan correcta y tan británica que su perfección formal asfixia su bagaje sentimental.  Esta biografía del modisto ficticio Reynolds Woodcock (dicen que inspirado en la figura de Cristóbal Balenciaga) no apasiona ni entretiene, y, si por algo fuese recordada, sería por constituir lo que parece que es la despedida del gran Daniel Day Lewis, que anuncia su retirada a los 60 años.  Paul Thomas Anderson dirige con mucho mimo en lo visual y poco brío en lo argumental.
Calificación:  6,5 (sobre 10)








TODO EL DINERO DEL MUNDO
Recuerdo, siendo niño, cómo el secuestro del joven John Paul Getty III, nieto del hombre más rico del mundo, convulsionó a la sociedad de todo el mundo en 1973.  Cuarenta y cinco años después, el ya octogenario Ridley Scott pone en imágenes aquella historia, retomando su estilo más característico de cuando no filma compulsivamente aliens y más aliens:  fascinante puesta en escena y despreocupación por lo estrictamente argumental.  Lo que más ha llamado la atención ha sido el despido fulminante, tras ser implicado en un escándalo sexual, del actor Kevin Spacey (que encarnaba al muchimillonario Jean Paul Getty) y la contratación express del veterano Christopher Plummer, que en 8 días tuvo que volver a rodar todas las escenas del primero.  Un Mark Whalberg total y absolutamente desubicado y el empleo de localizaciones e incluso actores secundarios que recuerdan poderosamente a su anterior “Hannibal” son otros rasgos de esta poco convincente película de Scott.
Calificación:  6 (sobre 10)

lunes, 19 de febrero de 2018

Cine actualidad/ “LA FORMA DEL AGUA”

La chica y el anfibio

Estados Unidos, principios de la década de los 60.  En un laboratorio secreto del Gobierno, un extraño hombre anfibio está siendo objeto de crueles experimentos.  Una limpiadora muda se apiadará de la criatura y acabará sintiendo una creciente fascinación por ella…

Creo haber leído que con el guión de “La forma del agua”, el realizador mexicano Guillermo del Toro (Jalisco, 1964) pretendía homenajear a los clásicos de aquel “inocente” cine fantástico de los años 50 y 60, personificado en la famosa “La mujer del monstruo” (“Creature Of The Black Lagoon”, 1954).  En concreto, Del Toro se preguntaba si aquel amor imposible entre Kay Lawrence y el monstruo de la Laguna Negra lograría consumarse al final, y de qué forma tal cosa se produciría.  A partir de esa idea, el director de “Cronos” construye una fábula perfectamente ambientada en la Década Prodigiosa y en la que no faltan innumerables referencias a la política, la sociedad y la cultura de la época, referencias que van desde la Guerra Fría hasta el amor libre, pasando por la tolerancia ante el racismo o el anhelo de paz y libertad.

Es Del Toro un hombre que ha forjado casi toda su carrera lejos de su México natal, y siempre con el elemento fantástico sirviéndole de auspicio e inspiración.  Incluso cuando ha tocado temas aparentemente dramáticos o realistas (caso de las dos películas dirigidas en España, “El espinazo del Diablo” y “El laberinto del Fauno”, ambas con el trasfondo de nuestra Guerra Civil como excusa), la fantasía, lo mitológico o lo paranormal acaban haciendo acto de presencia.  Pero también cuando ha adaptado material ajeno (“Blade II”, “Hellboy”), su aportación creativa ha enriquecido sustancialmente los originales de Marv Wolfman y Mike Mignola, respectivamente.  Recuerdo que cuando ví “Hellboy 2” pensé que el torrente imaginativo de Del Toro parecía no tener fin…

Sin embargo, viendo la otra noche “La forma del agua”, que llega precedida por innumerables críticas positivas, un montón de premios internacionales y la friolera de 13 nominaciones a los próximos Oscar, sentí que lo que estaba viendo tenía un poco de “deja vu”, de reciclaje de conceptos ya conocidos de antes.  Para empezar, el propio diseño de la criatura, que no es sólo un evidente (evidentísimo) homenaje al citado monstruo de la Laguna Negra, sino que plagia conscientemente el look de su propio Abe Sapien de la mencionada “Hellboy”, el anfibio al que, por cierto, interpretaba el mismo intérprete mímico, el especialista Doug Jones.  El carácter del personaje de la limpiadora muda también se parece sospechosamente al de Liz Sherman de la misma “Hellboy”, y el laboratorio que es el escenario principal de la trama no es sino una versión siniestra del Instituto para la Defensa de lo Paranormal de (¿adivináis?) “Hellboy”.  Rizando el rizo de las referencias, me llamó la atención sobremanera la inclusión del chiste en el lavabo, ése que alude a la división de los hombres en dos tipos:  los que se lavan las manos antes o después de miccionar, que ya aparecía en “Torrente, el brazo tonto de la Ley” (claro que es sabido que Del Toro y Santiago segura son buenos amigos, por lo que quizá nos hallaríamos ante un “préstamo” y no un “plagio”).

“La forma del agua” me gustó (¿por qué no iba a gustarme?), pero en absoluto ví en ella esa maravilla que otros describen, esa gloriosa y poética historia de amor sin barreras.  Por supuesto que la fotografía de Dan Laustsen es sobresaliente y la partitura de Alexandre Desplat (otro artista abonado a la autorreferencia) muy hermosa, pero, por ejemplo, en una historia de amor que se supone basada en el romanticismo, me parecieron innecesarias e incluso molestas ciertas escenas de sexo y masturbación que no creo que vinieran al caso.  Tampoco la tan alabada Sally Hawkins me resultó tan extraordinaria, y, desde mi punto de vista, el villano Michael Shannon y sobre todo el anciano homosexual Richard Jenkins se lucen mucho más (de Octavia Spencer no hablo, porque siempre hace… de Octavia Spencer).

Si “La forma del agua” fuese la modesta ópera prima de un autor desconocido tal vez sería más condescendiente con ella, pero tratándose simplemente de la película mejor considerada por la crítica dentro de la filmografía de un cineasta que anteriormente había sido más visionario e innovador, tengo que concluir que nos hallamos nuevamente ante otro de esos casos en los que las expectativas están por encima de la calidad intrínseca del film, y cualquier Oscar no estrictamente técnico que acumule, me parecerá simplemente inmerecido.

Luis Campoy

Lo mejor:  la fotografía, la música, los actores secundarios
Lo peor:  las evidentes similitudes con “Hellboy”, las escenas de sexo y masturbación
El cruce:  “La mujer y el monstruo” + “Hellboy” + “El puente de los espías”

Calificación:  7,5 (sobre 10)

lunes, 29 de enero de 2018

PÍLDORAS DE CINE: Enero 2018 (y II)

Llega la semana de la investidura de Puigdemont y, para eludir las polémicas que suele conllevar últimamente la gestión política, os propongo un tema de conversación más satisfactorio:  nuestro querido Séptimo Arte:

EL CORREDOR DEL LABERINTO:  LA CURA MORTAL
La hermana pobre de las últimas distopías juveniles (las otras serían “Los juegos del hambre” y “Divergente”) llega a su fin más tarde de lo previsto, a causa de un accidente que mantuvo postrado varios meses a su protagonista Dylan O’Brien.  Tras una primera entrega que me pareció interesante y original, la segunda incidía en todos los tópicos del género (una malvada corporación, que, para más inri, se llama “CRUEL”, trata de hallar una cura para una imparable pandemia que convierte a los humanos en una especie de zombies, utilizando como conejillos de indias a los jóvenes protagonistas), y la tercera y última parte no es sino un cierre tan digno como previsible.  El director Wes Ball continúa al frente de la trilogía basada en los libros de James Dashner, y el citado Dylan O’Brien, además de Kaya Scodelario, Thomas Brodie-Sangster, Patricia Clarkson y Will Poulter (magnífico en “Detroit”, irrelevante aquí) vuelven a interpretar a los personajes principales.  Lo mejor es el tratamiento de las relaciones interpersonales, así como el matizado villano al que interpreta Aidan Gillen (“Meñique” en la serie “Juego de tronos”).  No es mucho, pero menos da una piedra…
Calificación:  6,5 (sobre 10)

EL PASAJERO
El gran Liam Neeson ya tiene 65 años, pero, en lugar de jubilarse como héroe de acción, continúa protagonizando thrillers en los que se le exige una excelente forma física.  En “El pasajero” (simplista traducción del original “The Commuter”) interpreta a un ex–policía que se enfrenta a una oscura organización que retiene secuestrados a su mujer e hijo (espera…  ¿de qué me suena esto…?)  A pesar de que el realizador catalán Jaume Collet-Serra se esfuerza bastante a la hora de imprimir una cierta originalidad a la puesta en escena, el argumento hiper convencional es un lastre insuperable:  desde el principio, uno es capaz de adivinar quién es el villano, quién va a ser el aliado último del protagonista y, por supuesto (perdonadme el mini-spoiler) que éste no va a morir.  Liam Neeson haciendo de Liam Neeson (lo cual siempre se agradece), y rodeado de unos desaprovechados Vera Farmiga, Patrick Wilson (sí, los mismísimos Warren), Sam Neill y Elizabeth McGovern, en una cinta de 105 minutos que ni siquiera me parecieron entretenidos.
Calificación:  6 (sobre 10)

EL INSTANTE MÁS OSCURO
Joe Wright, el director de la deliciosa e inolvidable “Orgullo y prejucio”, convierte en largometraje las difíciles circunstancias en que el célebre Winston Churchill accedió al poder, justo en el peor momento posible:  el estallido de la Segunda Guerra Mundial.  Británica por los cuatro costados, “El instante más oscuro” hace de la elegancia y la corrección sus mejores armas, bañadas por una luz primorosamente capturada por el operador Bruno Delbonnel.  En el lado contrario, una banda sonora que firma Dario Marianelli que parece compuesta para cualquier otro film y metida con calzador en éste:  machacona y rimbombante cuando no debe serlo, omnipresente cuando las imágenes exigían silencio…  te saca literalmente de la película.  Por suerte, la enorme interpretación de Gary Oldman acapara toda la atención del espectador mientras está en pantalla.  Mucho más que un gran trabajo de maquillaje (que también lo es), su personificación del premier más famoso es un despliegue de talento, tanto que en ningún momento vemos a Oldman en su mirada, ademanes y movimientos, sino simplemente a un Churchill casi perfecto.  El Oscar tiene propietario asegurado.

Calificación:  7,5 (sobre 10)

lunes, 22 de enero de 2018

Cine actualidad/ “LOS ARCHIVOS DEL PENTÁGONO”

La verdad, toda la verdad

La guerra de Vietnam ha sido al cine estadounidense lo que nuestra Guerra Civil al cine español:  un tema socorrido y recurrente, una ocasión de oro para retratar cómo era la sociedad antes, durante y después de dichas contiendas.  Cada cierto tiempo, una y otra cinematografía regresan indefectiblemente a ese filón aparentemente inagotable, narrando nuevas historias y revelándonos nuevos puntos de vista…

En 1971, los diarios The New York Times y The Washington Post se encontraron con un suculento tesoro que en realidad era una explosiva bomba de relojería:  una fuente generalmente bien informada puso ante sus ojos una serie de documentos clasificados de alto secreto en los que se narraba con pelos y señales cómo todas las administraciones y todos los presidentes de los Estados Unidos desde 1955 sabían perfectamente que la Guerra de Vietnam era una batalla perdida de antemano, que no existía ninguna posibilidad de ganarla, y aun así continuaron enviando al frente a miles de jóvenes soldados con un destino tan incierto como injusto.  Cuando el Times fue obligado a callar por el Gobierno presidido por Richard Nixon, el Post se halló en una difícil tesitura, de la cual dependería incluso su propia subsistencia…

Es bien sabido que, a partir de su lacrimógena “El color púrpura” (1985), el considerado durante años “Rey Midas de Hollywood”, Steven Spielberg (n. 1946) decidió que su carrera debía emprender derroteros un poco más “serios”, de modo que, en su triunfal curriculum lleno de éxitos descomunales (“Tiburón”, “En busca del Arca perdida” y su primera secuela, “Encuentros en la tercera fase”, “E.T. El Extraterrestre”), se fueron sucediendo las películas “ligeras” y las “dramáticas”, logrando su cénit en 1993 cuando se estrenaron casi simultáneamente “Parque Jurásico” y “La lista de Schindler”, la cual le permitió obtener por fin la ansiada estatuílla como Mejor Director.  En la última década, diríase que el maestro ya no goza del mismo fervor popular que hace 25 años, pero aun así su producción no deja de incrementarse, siendo los films con pretensiones de trascendencia los que más han proliferado.  Para el inicio de este año 2018, en el que más adelante veremos un proyecto más liviano, “Ready Player One”, Spielberg nos reserva su más reciente obra solemne, “Los archivos del Pentágono”, en la que vuelve a contar con su último actor fetiche, Tom Hanks, y la veteranísima Mery Streep.

“Los archivos del Pentágono” es no sólo un homenaje a la profesión periodística, sino a todo un negocio en vías de extinción:  los grandes periódicos de inmensas redacciones, concurridas plantillas e incansables rotativas.  Naturalmente, el gran referente formal es “Todos los hombres del presidente” (Alan J. Pakula, 1976), que de hecho también tenía al citado Washington Post como escenario principal, pero lo que consigue Spielberg es algo mucho más ambicioso:  reconstruir minuciosamente la forma de hacer cine en los años setenta, reproduciendo a la perfección la textura y tonalidad de la fotografía, la paleta de color, las técnicas de montaje y la edición de sonido, además de recuperar con asombrosa precisión el mobiliario, el vestuario y los peinados de la época.  En cuanto a la historia en sí, es justo precisar que al guión redactado por Liz Hannah y Josh Singer le sobran unas cuantas páginas, que pueden concretarse muy directamente en ciertas escenas más bien innecesarias cuyo único objetivo es forzar una nueva nominación para Meryl Streep (quien, por otra parte, siempre se lo merece).  Asímismo, el espectador acaba perdiéndose en un amasijo de personajes secundarios que desempeñan la misma función (los reporteros, oficinistas y accionistas tanto del Washington Post como del New York Times), que fácilmente podrían haberse aligerado o fusionado.

Lo que no reviste ninguna duda es la maestría de Steven Spielberg a la hora de ubicar la cámara y planificar cada secuencia, con especial mención al maravilloso momento en que el periódico decisivo entra en prensa, ejemplo de ritmo y montaje al que acompaña una efectiva banda sonora nuevamente firmada por el octogenario John Williams.  Con esta hermosa carta de amor al Cuarto Poder, el más famoso cineasta judío-americano (con permiso del denostado Woody Allen) vuelve a demostrarnos que el Cine, además de una inocente distracción, puede llegar a ser una poderosa arma de comunicación masiva.

Luis Campoy

Lo mejor:  la secuencia que transcurre en la rotativa del periódico;  la recreación del cine de los años setenta
Lo peor:  el film hubiera ganado prescindiendo de algunas escenas y algunos personajes
El cruce:  “Todos los hombres del Presidente” + “Primera plana” + “Spotlight”

Calificación:  8 (sobre 10)

lunes, 15 de enero de 2018

Cine actualidad/ “TRES ANUNCIOS EN LAS AFUERAS”


Llega la gran favorita a los Oscar

La nueva película de los famosos Hermanos Coen…  no la dirigen los Hermanos Coen.  Ni siquiera la escriben, ni tampoco la producen.  La única conexión de hecho entre “Tres anuncios en las afueras” y la filmografía de los artífices de “Fargo” o·”Barton Fink” es la presencia ante las cámaras de la actriz Frances McDormand, protagonista de la citada “Fargo” y que, por cierto, está casada con Joel Coen, el mayor de los célebres hermanos.

Pero lo cierto es que “Tres anuncios en las afueras” (“Three Billboards Outside Ebbing, Missouri”, 2017) transita los mismos caminos que anteriormente recorrieron algunas de las más celebradas ficciones coenianas;  no sólo físicamente (en cuanto a la ubicación de la acción en sí) sino también temática y tonalmente.  Su director, el británico Martin McDonagh (47 años) ya había dado muestras de su peculiar estilo en la encantadora “Escondidos en Brujas” (2009), así como en la posterior y menos conocida “Siete psicópatas” (2012), pero en esta su tercera película hasta la fecha, alcanza un grado de madurez y saber hacer simplemente asombroso.

En las afueras del pueblo ficticio de Ebbing, sito en el condado de Missouri, existen tres vallas publicitarias en desuso.  Un día, una mujer de la localidad, Mildred Hayes, las contrata para publicar sendos anuncios criticando la negligente actitud de la policía local en la investigación de la violación y asesinato de su hija, acaecidos siete meses atrás.  La exteriorización del conflicto no dejará indiferente a nadie, y desencadenará una serie de acontecimientos totalmente inesperados…

Como he dicho anteriormente, el condado de Ebbing no existe en los mapas, pero el director y guionista McDonagh no ha escogido un nombre al azar:  en inglés, “ebbing” vendría a significar “decaimiento” o, aun mejor, “decadencia”.  Se trata de un lugar (el típico pueblo del medio oeste norteamericano) en el que nunca o casi nunca pasa nada y en el que todos o casi todos se conocen entre sí, un sitio donde el progreso y los problemas no son bienvenidos.  Por eso, ante la tragedia sufrida por la familia Hayes, la primera reacción de los habitantes de Ebbing es solidarizarse con la familia de la fallecida pero, cuando la madre decide tomar la iniciativa, los lugareños optan por cerrar filas en torno a la autoridad competente, porque, al fin y al cabo, todos son miembros de una pacífica e idílica comunidad en la que los unos y los otros deben protegerse entre sí.

Fueron varias las cosas que me sorprendieron y maravillaron de “Tres anuncios en la afueras”.  En primer lugar, la habilidad de Martin McDonagh para pergeñar una historia en la que, como en la vida misma, incluso en la peor tragedia afloran inesperados atisbos de comedia.  La facilidad con la que surgen los brotes de humor (negro, pero humor al fin y al cabo) deja al espectador favorablemente impresionado, y por ello capaz de entregarse sin resistencia a los hábiles tejemanejes de McDonagh.  El guión, que bebe no sólo de las fuentes de los Coen sino también de cierta corriente tragicómica explorada por Capra, Ford e incluso Allen, es capaz de reproducir secuencias de la vida cotidiana pero revistiéndolas de unas dosis extra de ironía y cinismo o de ternura y compasión, según el caso, servidas mediante unos diálogos aparentemente simples pero extraordinariamente eficaces.  Muchas veces me gusta reivindicar la importancia del diálogo en una creación literaria, y los que escribe McDonagh no tienen que ver nada con los que caracterizan a Aaron Sorkin, de quien hace unos días comentaba su libreto para “Molly’s Game”;  mientras los de Sorkin son una constante explosión de inventiva y genialidad, los que enriquecen “Tres anuncios en las afueras” aspiran a reflejar la llana naturalidad de lo corriente.  Pero me atrevería a afirmar que el aspecto del excelente guión de la película que más me cautivó fue la maravillosa creación de personajes, todos ellos con su propia alma y su propia voz, con peso específico en la trama, y caracterizados con apenas una afortunada pincelada.  También ayuda, y no poco, la sublime dirección de actores de McDonagh, que logra unas extraordinarias composiciones no sólo del estupendo trío protagonista (Frances McDormand, incomparable;  Woody Harrelson, entrañable;  Sam Rockwell, memorable) sino de prácticamente todos los miembros del elenco, desde la flamante nueva compañera del ex-marido hasta el pretendiente enano al que borda el gran Peter Dinklage de la serie “Juego de Tronos”, pasando por el dentista, el cura, la viuda del sheriff, el empleado de la agencia de publicidad o el pegador de carteles.

Si a todos los méritos de guión e interpretación hasta ahora reseñados, añadimos una dirección de corte clásico, una banda sonora llena de melancolía pero que jamás roba protagonismo y una espléndida fotografía, concluiremos que “Tres anuncios en la afueras” no es sólo una seria favorita a alzarse con los Oscars principales de la próxima edición (sus cuatro Globos de Oro recién conquistados son un buen aval), sino también y sencillamente una de las mejores películas estrenadas en los últimos años.  Una película absolutamente recomendable para todos aquéllos que saben que el Cine es mucho más que efectos especiales, explosiones y aventuras super heroicas.

Luis Campoy

Lo mejor:  el guión, en el que todos los personajes son memorables y se combinan a la perfección el drama y el humor;  la dirección de actores,  la interpretación del trío protagonista
Lo peor:  nada
El cruce  “Fargo” + “El hombre tranquilo”

Calificación:  9 (sobre 10)

jueves, 11 de enero de 2018

PÍLDORAS DE CINE (Enero 2018)

Un musical como los de antes, una interminable partida de cartas y una trepidante aventura selvática conforman las primeras PÍLDORAS DE CINE que os traemos en este año 2018…

EL GRAN SHOWMAN
A pesar de que todos le conocemos por su carismática personificación del irascible mutante Lobezno, el australiano Hugh Jackman tiene tras de sí un jugoso bagaje en lo que se refiere a teatro musical, destacando en cine su papel protagonista en “Los Miserables” de Tom Hooper (2012).  Al finalizar un año marcado por el éxito de “La La Land”, Jackman aceptó convertirse en el mítico P.T. Barnum en “El gran showman”, un nuevo acercamiento hollywoodiense al género del musical clásico, que contiene canciones originales del dúo Pasek & Paul.  Con los rasgos de Jackman, Barnum se convierte en un idealista que ansía hallar el modelo de espectáculo definitivo, exhibiendo ante los ojos asombrados de la sociedad de su tiempo a todo tipo de personajes estrambóticos.  El circo que fundó ha venido prolongando su actividad desde 1870 hasta mayo del pasado año, y lo que de él nos cuenta “El gran showman” es, obviamente, una versión edulcorada e idealizada, como no podía ser de otra manera.  Con un exquisito diseño de producción y funcionales coreografías, la película te conquista apelando a las emociones más primarias, y obviamente, en esta epopeya de triunfo y derrota, de caída y redención, no podía faltar la glorificación de la familia, tanto la tradicional (la que forman Barnum, su esposa y sus hijas) como la profesional (la constituída por los freaks circenses).  Michelle Williams, Zac Efron, Zendaya y una rutilante Rebecca Ferguson completan el reparto de un film que complacerá sin fisuras a los amantes de los musicales.
Calificación:  7 (sobre 10)
 
MOLLY’S GAME
Aaron Sorkin (56 años) se ha venido labrando una prestigiosa reputación como guionista de films como “Algunos hombres buenos”, “La red social” o “Steve Jobs” y series televisivas como “El ala oeste de la Casa Blanca”.  “Molly’s Game” es su debut como director de cine, y para tal iniciación se ha basado en el libro autobiográfico de Molly Bloom, ex esquiadora olímpica reconvertida en organizadora de partidas de poker clandestinas.  En el más puro estilo Sorkin, el inicio de la película es simplemente extraordinario, con un monólogo de ésos que te dejan boquiabierto.  La pena es que, tras ese primer y extraordinario flashback, viene otro, y otro, y otro….  y a una partida de cartas le sucede otra, y otra , y otra, y otra…  Sus pasadísimos 140 minutos de metraje se me hicieron eternos, y ello a pesar de una rutilante y maravillosa Jessica Chastain, a cuyo alrededor bascula toda la ingeniería del film.  Un desaprovechadísimo Idris Elba, un aburrido Kevin Costner repitiendo su papel en “El hombre de acero” y un risible Michael Cera arropan a la Chastain en una demostración de que, cuando un escritor de talento no tiene experiencia como realizador, se aferra como tabla de salvación a la seguridad de un libreto que ha podido desarrollar a su antojo, con lo cual la imagen queda totalmente supeditada a la palabra.
Califiación:  7 (sobre 10)

JUMANJI:  BIENVENIDOS A LA JUNGLA
22 años después de su estreno, “Jumanji” de Joe Johnston nos parece casi un clásico del cine de aventuras, a pesar de que en su momento recibió no pocas críticas, centradas sobre todo en sus pretenciosos efectos visuales, en una época en la que la revolución del pixel estaba apenas despuntando.  Lo cierto es que ahora mismo se la considera una película familiar y entrañable, de la que sobre todo se recuerda al llorado Robin Williams en su papel de un hombre atrapado durante años en un peligroso juego de mesa.  Obviamente sin Williams, los tambores de Jumanji vuelven a sonar para invitarnos a disputar una nueva partida en el universo creado por Chris Van Allsburg y que ya tuvo una secuela en la reivindicable “Zathura” (2005).  Sin embargo, la nueva “Jumanji” que ha dirigido Jake Kasdan, hijo del ilustre Lawrence Kasdan, resulta una decepción considerable una vez leídas ciertas críticas entusiastas que uno no acaba de comprender.  Un humor de baratillo, un tono excesivamente pueril y unas peripecias carentes de interés constituyen la cruz de una película con apariencia de telefilm y de la que sólo se salvan las interpretaciones de Jack Black y Alex Wolff, muy por encima de un Dwayne Johnson con el piloto automático y un villano de pacotilla encarnado por Bobby Cannavale.

Calificación:  6 (sobre 10)

jueves, 4 de enero de 2018

Cine actualidad/ “WONDER WHEEL”

De norias, teatros y gangsters

La maravillosa rueda de talento del ya venerable Woody Allen (acaba de cumplir 82 añazos) gira y gira ininterrumpidamente desde 1968, cuando debutó en la dirección con “Toma el dinero y corre”.  Desde entonces, sus millones de fans de todo el mundo tienen obligatoriamente una cita anual con este judío bajito y neurótico de cuya máquina de escribir han brotado no pocos guiones memorables.

Woody Allen empalma una película con otra, la finalización de un rodaje con el inicio del siguiente, de modo que es más que lógico que, sobre todo en estos últimos años, no todos sus trabajos sean geniales o redondos.  Con todo, un cineasta de su envergadura siempre es capaz de un insuflar a sus obras una pizca de su inmensa sabiduría…

Ginny, una antigua actriz venida a menos, se ha casado en segundas nupcias con el irascible Humpty, el encargado de la noria del parque de atracciones de Coney Island.  Son los años 50, y la aparente tranquilidad del matrimonio se ve alterada cuando ella conoce a un vigilante de la playa con pretensiones de dramaturgo, y Humpty recibe la visita de su díscola hija, con la que no se habla desde que ella se casó con un peligroso gangster…

Cuenta la leyenda que, de un tiempo a esta parte, Woody Allen nos brinda una de cal y otra de arena:  a una película excelente le sigue otra más bien mediocre, lo cual no resultaría extraño, de ser cierto, debido a la referida costumbre del maestro de estrenar invariablemente una película cada año.  En el caso de “Wonder Wheel”, la película que hoy nos ocupa, no tengo muy claro si tocaría una de las “buenas” o una de las “malas” (la anterior, “Café Society” no se decantaba muy claramente en un sentido o en otro…  como tampoco la penúltima, “Irrational Man”).  Lo que sí es cierto es que durante casi todo el (excesivo) metraje me pareció muy poco “alleniana”, ni buena ni mala sino impersonal.  O, mejor dicho, creí percibir que la autoría del film no se debe tanto a su guionista y realizador como a su insigne director de fotografía.

Vittorio Storaro (77 años) es, sin duda alguna, uno de los mejores cinematógrafos de la historia del Cine, un especialista en brindar belleza a través de la luz.  Allen ya había trabajado con él en “Historias de Nueva York” y “Café Society”, pero diríase que en “Wonder Wheel” la aportación de Storaro ha ido muchos pasos más allá, ya que es la fotografía y el tratamiento de la luminosidad y el color lo que eleva la categoría del film por encima de un guión un tanto anodino.  En no pocos momentos, el ritmo decae y los espacios cerrados, aun a pesar del colorido preciosista de Storaro, resultan irreales, poco creíbles.  Los tiempos muertos nos sumergen en la monotonía, y el desarrollo de la trama se vislumbra claramente desde el principio.  Una cosa que eché mucho de menos fueron los habituales diálogos ácidos tan típicos de Allen, quien en esta ocasión tiene su consabido alter-ego en el personaje del salvavidas a cargo de Justin Timberlake, errada elección a mi parecer, ya que el cantante-actor (a quien tampoco ayuda un doblaje desganado) compone un personaje soso y carente de empatía.  Ni siquiera el humor hace acto de presencia en los momentos en que hubiera sido necesario (la caracterización de los mafiosos), y el conjunto está a un paso por debajo del nivel esperado.

Sin embargo, cuando el film está llegando a su fin, emerge la figura de una gigantesca Kate Winslet y Allen le brinda un pedazo de monólogo que la protagonista de “Titanic” borda magistralmente, alcanzando una intensidad imprevista que te deja con enormes ganas de aplaudir.  ¡Pido y demando una nueva nominación al Oscar para este pedazo de actriz!  Completan el cuarteto protagonista un recuperado James Belushi (un poco sobreactuado para mi gusto) y la joven Juno Temple, que deja en mal lugar al personaje de Justin Timberlake por enamorarse de la mujer equivocada…

Luis Campoy

Lo mejor:  la fotografía de Vittorio Storaro y la enorme Kate Winslet, no necesariamente por ese orden
Lo peor:  la falta de diálogos chispeantes, la carencia del “toque Allen” tan característico
El cruce:  “La rosa púrpura de El Cairo” + “Café Society” + “El corazón del Angel”

Calificación:  7 (sobre 10)

domingo, 17 de diciembre de 2017

Cine actualidad/ “STAR WARS: LOS ÚLTIMOS JEDI”

(ATENCIÓN.  ESTE ARTÍCULO CONTIENE ALGUNOS SPOILERS)

La nueva esperanza que contraatacó tras el retorno de una amenaza clónica y vengativa despertada por la fuerza

Parece mentira, pero desde aquella tarde en que, hallándome en una tumultuosa cola para asistir al estreno en Alicante de “La Guerra de las Galaxias” en el llorado cine Chapí, un conductor despistado dejó que una rueda de su coche me pasara por encima del pie, han transcurrido nada menos que cuarenta años.  Desde aquel momento, gran parte de las estructuras, las concepciones y las pretensiones del negocio cinematográfico han cambiado por completo.  A una más que lógica continuación, “El Imperio contraataca” (1980) en la que TODO (dirección, guión, diálogos, tratamiento de personajes, interpretaciones de los actores, música, efectos especiales…) era aún mejor que en la película fundacional, le sucedió una tercera entrega, “El retorno del Jedi” (1983) en la que empezaron a sonar las alertas:  con permiso de mi querido amigo Pablo Parra, la calidad disminuía y el tono se infantilizaba peligrosamente, disminuyendo la sensación de frescura y apoderándose de la saga un preocupante tono de “deja vu”, aderezado todo ello con la multiplicación de personajes cuya única razón de ser era incrementar las ventas de merchandising.  El creador de todo el tinglado, George Lucas (nacido en 1944), había pasado de ser un cineasta visionario a un negociante compulsivo.  Perdí la cuenta de las reposiciones, reestrenos, reediciones en múltiples versiones y soportes de aquella primera trilogía fílmica, de lanzamientos y relanzamientos de la banda sonora (compuesta por el venerable John Williams) en diversos formatos, amén de libros, comics, álbumes de cromos, juguetes, ropa y accesorios de todo tipo, todo ello de un modo meticulosamente calculado para exprimir a fondo la gallina de los huevos de oro galácticos…  hasta que, en 1999, el amigo Lucas se atreve a presentar en sociedad un nuevo film original, “La amenaza fantasma”, cuya misión era convertirse en el inicio de una segunda trilogía que, para mareo y confusión de los no iniciados, no continuaba lo sucedido tras “El retorno del Jedi” sino que narraba lo que había acontecido antes de “La guerra de las galaxias”, cuyo título había pasado a ser “Una nueva esperanza”.  Las opiniones en torno a este autodenominado “Episodio I” fueron más bien negativas, volviendo a centrarse en lo que remarcaba en el comentario sobre “El retorno del Jedi”:  un enfoque infantil, abundancia de personajes susceptibles de generar juguetes y figuritas (¿alguien ha mentado al denostado Jar Jar Binks?) y, sobre todo, una dependencia total de los super computadores de Industrial Light and Magic, generadores no sólo de efectos CGI sino también de fondos, decorados y criaturas:  todo un desparrame cibernético nunca antes desplegado.  Los restantes episodios de esta trilogía de precuelas, “El ataque de los clones” (2002) y “La venganza de los Sith” (2005), si bien fueron creciendo en calidad estrictamente cinematográfica, siguieron en la misma senda de artificiosidad informática, razón por la cual sus admiradores y detractores empatan en fanatismo y vehemencia.  El 30 de octubre de 2012, la historia de la Galaxia más famosa del celuloide dio un vuelco monumental cuando la todopoderosa Walt Disney Productions compró a George Lucas su compañía Lucasfilm Ltd., matriz tanto de “Star wars” como de “Indiana Jones”.  Pocos días después, Disney anunciaba la realización de una nueva trilogía que, esta vez sí, transcurriría después de “El retorno del Jedi” y para la que se pretendía contar con los actores originales Mark Hamill, Harrison Ford y Carrie Fisher, quienes de alguna manera cederían el testigo a intérpretes lógicamente más jóvenes.  El televisivo J.J. Abrams (“Perdidos”), que había sabido revitalizar con éxito otro mito de la ciencia ficción del siglo XX, “Star Trek”, fue elegido para realizar la primera de las tres nuevas entregas que, con el prometedor título de “El despertar de la Fuerza”, se estrenó el 18 de Diciembre de 2015.  El resultado matemático y tangible fue un éxito comercial inusitado e incontestable, mientras que, en el terreno estrictamente cinematográfico, la división de opiniones era inesperadamente virulenta.

Los cinéfilos de mi generación (y por ende, los de las generaciones posteriores) prácticamente nos hemos criado con Darth Vader, Luke Skywalker, Han Solo y compañía, bebiendo de las aguas fantásticas de la fuente lucasiana para aplacar una sed de aventura que nunca se ha saciado del todo.  Creo sinceramente que el amor y veneración que todos sentimos por los conceptos y personajes creados por el Tío George cegaron las mentes de millones de espectadores, privándoles de la capacidad de realizar un análisis crítico y objetivo de una película que, por explicarlo de un modo sencillo y directo, tenía de original lo que yo de ingeniero aeronáutico.  Porque “El despertar de la Fuerza” copiaba tan a conciencia conceptos, idiosincrasia de personajes, escenarios, vestuario y situaciones de “La guerra de las galaxias” que, para muchos (entre los que me incluyo), más que una continuación resultó ser un remake encubierto.  El nuevo Episodio de la franquicia, “Los últimos Jedi”, tenía ante sí una oportunidad de oro para afianzarse en la descripción de los nuevos personajes y presentar ideas novedosas, o bien para continuar removiendo los lodos del pasado.  Lamentablemente, el director y guionista Rian Johnson ha optado cómoda y descaradamente por la segunda y más fácil opción.

“Los últimos Jedi” arranca, como no podía ser de otra manera, en la inmensidad del espacio, donde la avanzadilla de la flota de la Primera Orden se tropieza con el caza pilotado por el audaz piloto rebelde Poe Dameron (Oscar Isaac).  El tono humorístico de esta primera escena es simplemente desconcertante:  no me hubiera extrañado ver a Miguel Gila o Chiquito de la Calzada como co-autores del argumento.  Enseguida comienza el carrusel de autorreferencias.  Aunque esta vez los malos no han reconstruído, para variar, una enésima Estrella de la Muerte, el ataque de los X-Wings por entre un laberinto de troneras y trincheras recuerda poderosamente al desenlace del Episodio IV (imitado en el VI y, obviamente, en el VII); por Dios, ¡si hasta uno de los pilotos se parece sospechosamente al gordito Porkins!  Entretanto, en el planeta Ahch-To, la joven Rey (Daisy Ridley) le entrega su vieja espada de luz a un huraño Luke Skywalker (nuevamente Mark Hamill)…  ¡y éste la arroja por encima del hombro, despectivo!   Toda esa parte que narra el entrenamiento de Rey está calcada indisimuladamente del adiestramiento de Luke por parte de Yoda en el Episodio V, asumiendo el hermano de Leia el papel de maestro cínico y huraño.  Por no faltar, no falta ni un divertido cameo por parte del mismísimo Yoda, divertido por lo mal hecho que está dicho personaje, con un aspecto de marioneta cutre que tira de espaldas y hace que el animatronic original de 1980 parezca una revolución tecnológica insuperable.  A todo ésto, Huckleberry Finn, o sea Finn a secas (John Boyega), se hace amigo del alma de una mecánica de rasgos orientales (Rose Tico:  Kelly Marie Tran), que a partir de ese momento se le pega como si fuese una verdadera lapa.  Lo siento, pero ese personaje me parece el nuevo Jar Jar Binks:  repelente, insoportable, parece no tener otra función que la de robarle protagonismo a Finn, quien ciertamente se merece más minutos y más desarrollo.  Por otra parte, el narizotas favorito de todos, Kylo Ren (Adam Driver), se ha acordado de que, al final de “El Imperio contraataca”, su abuelo Darth Vader encontraba la forma de hablar a distancia con cierto aspirante a Jedi, de modo que él hace lo propio con Rey, a la que logra atraer hasta la nave comandante de la Primera Orden, donde deberá entrevistarse con el Emp…, o sea, con el Líder Supremo Snoke.  Es esta secuencia lo mejor de toda la película y, posiblemente, una de las mejores de toda la saga:  el audaz contraste de rojos y negros visualizado por Rian Johnson es una verdadera maravilla estética digna de mi más ferviente aplauso.  Pero, si bien la fotografía es ciertamente de alucine, el devenir de la historia se me antoja una estupidez histórica:  crean un personaje siniestro y poderoso como Snoke, articulan en torno a él todo un hype alimentado por las especulaciones enfervorizadas de los fans…  y se lo quitan de encima a las primeras de cambio, dejándonos a todos (y sobre todo a él) a medias.  En cuanto a Leia (Carrie Fisher), dicen que la llorada actriz se ha agitado cabreadísima en su tumba cuando ha visto desde el Más Allá ese ridículo y desternillante momento en el que su Princesa surca los espacios siderales parodiando a la Estatua de la Libertad de “La Loca historia de las Galaxias” (“Spaceballs”) de Mel Brooks, que a su vez parodiaba sin pudor a la franquicia que nos ocupa.  Se ve que Rian Johnson dudaba de que Leia pudiera suscitar por sí misma el interés de la audiencia, ya que se ha sacado de la manga a un personaje sospechosamente similar, la Vicealmirante Holdo (Laura Dern), que, a pesar de estar ataviada con unos ropajes que invitan a la carcajada, acomete las acciones que uno asociaría con el carácter aguerrido e impulsivo de la antigua Senadora Organa.  A todo ésto, tal vez pretendiendo acallar los rumores de que entre Poe y Finn podría haber algo más que una viril amistad, al primero le convierten en objeto de deseo platónico de Leia y Holdo, y al segundo le mandan junto a Rose (supongo que para forzar una imposible historia de amor) a un remoto planeta calcadito a Montecarlo, Canto Bight, donde hay un casino (cuánto cansino ir y venir a la cantina de Mos Eisley) repleto de seres estrambóticos marca de la casa y en el que conocerán a un taimado jugador de dudosa moralidad (DJ:  Benicio del Toro), que sería capaz de vender a cualquiera al Imp… a la Primera Orden, con tal de asegurar su supervivencia (¿os he oído citar el nombre de Lando Calrissian?)…

En fin, me he cansado de enumerar las incontables e innumerables referencias y autorreferencias (¿alguien más se dio cuenta de que hasta tiene una aparición especial el mítico condensador de fluzo de “Regreso al futuro”?) que pueden descubrirse en el guión de “Los últimos Jedi”, una película que, si bien está “condenada” a recaudar unos generosos dividendos en taquilla, o mucho me equivoco o no va a acercarse a los récords históricos que sí logró “El despertar de la Fuerza”.  Porque ni siquiera los fans más acérrimos pueden permanecer cegados eternamente, y hasta los más necesitados han de darse cuenta de que esta nueva trilogía no es sino más, mucho más de lo mismo, con más medios pero con menos imaginación…  ninguna imaginación.  Y creedme que, cada vez que leo que algún crítico afirma que esta octava entrega es la mejor de la saga, me lo imagino escribiendo tal disparate en la piscina de un lujoso hotel pagado con un cuantioso cheque de Walt Disney Productions, pues si no, una chorrada semejante no sería entendible.  Que sí, que queremos (yo el primero) más “Star Wars”, pero no así, no de este modo:  se necesitan nuevas historias, nuevos personajes, nuevas galaxias, no un viaje interminable al interior de un ombligo que, por mucho que nos haya fascinado, tiene urgentemente que renovarse o morir.

Luis Campoy

Lo mejor:  la puesta en escena, con alguno de los momentos visualmente más hermosos e impactantes de toda la saga
Lo peor.  Los nuevos personajes (con especial mención a la insoportable Rose Tico);  el interminable aluvión de referencias al pasado de la saga, un autoplagio que ya cansa,  los golpes de humor absurdo que te sacan de la trama
El cruce:  todos los episodios anteriores mezclados, agitados y batidos

Calificación:  6,5 (sobre 10)