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domingo, 30 de julio de 2017

Cine actualidad/ “SPIDERMAN: HOMECOMING”

Poder sin responsabilidad

Debí leer mi primer comic de Spiderman allá por 1974, con apenas 11 añitos, lo cual era una especie de acto prohibido, porque en las portadas de aquellos pequeños tomitos publicados en blanco y negro por Ediciones Vértice se leía un desasosegante “Historias gráficas para adultos”.  Desde entonces, he ido adquiriendo y leyendo todos los comics del Hombre Araña cuando éste ha sido el original Peter Parker, y me enorgullezco al poder decir que Spiderman ha sido y es mi héroe de cabecera.

La primera vez que vi a Spiderman en acción fue en aquellos episodios de la nefasta serie televisiva de los setenta, que en España y en otros países se exhibieron en pantalla grande, para decepción y cabreo de los fans marvelitas de todo el orbe:  villanos de traca, decorados de cartón piedra, efectos especiales de baratillo.  Por eso, la primera película dirigida por Sam Raimi, que se estrenó en el año 2002, constituyó un regalo sin precedentes, ya que nos permitió adentrarnos en el firmamento arácnido no sólo con elevados niveles de producción, sino sobre todo con un respeto reverencial en la forma y en el fondo, siendo perfectamente reconocibles todos los detalles que habían convertido al Lanzarredes en el mejor amigo y vecino de todo el mundo.

15 años después de aquel “Spider-Man” de Sam Raimi (y Tobey Maguire), y tras una fallida reformulación llevada a cabo por Sony, propietaria de los derechos cinematográficos del personaje, entre 2012 y 2014, nos llega ahora “Spiderman:  Homecoming” (Regreso al Hogar), tercera encarnación del héroe en la gran pantalla, una vez concretada su reincorporación en el seno del Universo Cinemático de Marvel.  El Spiderman de ahora (quien ya fuese presentado brevemente en “Capitán América:  Civil War”), que aparenta unos 15 años y todavía está  en el Instituto, pretende recuperar la esencia primigenia de los comics….  o al menos eso es lo que proclaman a los cuatro vientos sus promotores.

Como dije antes, Spiderman ha sido desde siempre no sólo mi personaje favorito de comic, sino también mi héroe….  y la grandeza de un héroe no se mide únicamente a partir de los asombrosos poderes que posée.  Sí, este Spiderman vuelve a ostentar la fuerza proporcional de una araña, a trepar edificios y a lanzar telarañas, pero ¿por qué, por qué es como es y por qué hace lo que hace?  Cualquier aficionado al comic sabe que el origen del Trepamuros no sólo se debió a la picadura de una araña radiactiva, sino, sobre todo y muy especialmente, al terrible sentimiento de culpabilidad adquirido cuando, por una negligencia juvenil, su querido Tío Ben, la figura paterna que hasta entonces le había guiado, fue asesinado.  A la hora de plantearse esta tercera aproximación, alguien dijo que “todo el mundo sabía lo de la picadura de araña y lo de la muerte del Tío Ben, y por lo tanto no era necesario volver a explicarlo”.  Craso error.  Sin ese poderoso acicate, el nuevo Spiderman se convierte en un adolescente atontolinado cuya motivación principal es unirse al equipo de superhéroes conocido como Los Vengadores, el cual lidera el multimillonario Iron Man/Tony Stark, quien además le ha diseñado un sofisticadísimo uniforme.  Alguno pensaréis que no era creíble que un chaval hubiese creado por sí mismo un traje tan chulo como el que ostentaba el Hombre Araña en sus inicios, pero lo cierto es que en aquellos maravillosos comics escritos por Stan Lee y dibujados por Steve Ditko (y posteriormente por John Romita Sr.) se apreciaba, número a número, cómo el traje iba refinándose, puliéndose, al igual que las habilidades del joven protagonista.  Fue también en aquellos esplendorosos años cuando se fue creando la formidable fauna humana que rodea al protagonista, un celebradísimo conjunto de personajes secundarios que dotaban a Peter Parker de tanto o más interés que su alter ego disfrazado.  Ya hemos dicho que en la nueva película que dirige Jon Watts se ha prescindido absolutamente del Tío Ben (ni está ni se le espera y ni siquiera se le menciona), pero también se desvirtúan, uno tras otro y sin dejar títere con cabeza, las esencias de cada personaje.  En los tebeos, la Tía May era una adorable anciana de cabellos plateados que a menudo estaba enferma, lo cual acentuaba el concepto de que incluso un héroe con poderes asombrosos debía supeditar su existencia al cuidado de otra persona;  en esta ocasión, quien encarna a May es una actriz de 52 años y de muy buen ver, Marisa Tomei, cuyas escenas con el joven Tom Holland me dejaron muy mal sabor de boca.  ¿Y qué decir del resto de acompañantes?  Mientras que el Peter Parker original era un chaval tímido y solitario que defendía a celosamente su identidad secreta, el Peter de esta película se hace acompañar de una especie de Sancho Panza de rasgos orientales, Ned Leeds, que a las primeras de cambio descubre que su amigo es Spiderman.  En el comic, Ned Leeds era un periodista del Daily Bugle, casado con la secretaria Betty Brant y que un día se convertiría en el villano conocido como Hobgoblin (“Duende” en español), pero los guionistas de esta película han utilizado únicamente su nombre y su apellido para crear un personaje absoluta y totalmente distinto.  Idéntico estropicio han realizado, por ejemplo, con el primer interés amoroso de Peter, Liz Allan, rubia y de ojos azules y que aquí es Laura Harrier, una preciosa actriz… negra.  No creo que haga falta explicar, a estas alturas de mi vida, que soy de todo menos racista y que considero y defiendo que la igualdad de derechos es el axioma más verdadero que existe, pero ¿por qué diantres tiene que ser tan infiel una adaptación con respecto a su material original?  En este mismo sentido debe entenderse la contratación de la actriz (también negra, o mulata) Zendaya, popular por sus papeles en Disney Channel, y que supuestamente debía interpretar a “Michelle”, un rol que se han sacado de la manga los guionistas pero que al final se revela nada menos que como…  “MJ”.  Por si alguien no lo sabe, MJ son las iniciales de Mary Jane Watson, la pelirroja más famosa de los comics (de Marvel y de cualquier otra editorial), y nuevamente nos hallamos ante otro innecesario corte de mangas racial.  Cuando veo estas tropelías, supongo que basadas en un absurdo propósito de resultar “políticamente correctos”, me pregunto qué será lo siguiente.  Si Liz y MJ son negras y Ned es chino (y Flash Thompson, paradigama del WASP más rancio, corre aquí a cargo de Tony Revolori, joven actor de ascendencia sudamericana) y la Tía May rejuvenece 30 años, ¿pasará mucho tiempo hasta que algún iluminado considere que Pantera Negra debería pasar a ser Pantera Blanca?  ¿O que el Increíble Hulk quedaría más mono con la piel rosa y no verde?  ¿O que Superman debería ser africano y tener 90 años?  Detesto estas variaciones absurdas e innecesarias que son un escupitajo en la cara a la memoria de un tebeo que lleva siendo amado por millones de lectores desde hace más de 50 años y que ahora parece enfocado a agradar únicamente al público desconocedor de toda esta historia (perdón, historieta).  Joder, si quieren que “su” Spiderman se rodée de personajes acordes a la actual pluraridad y multirracialidad del mundo mundial, que se inventen de cero dichos personajes, pero que no alteren la esencia de los que ya existían antes de que la mayoría de ellos (me refiero a los guionistas) nacieran.

Dado que los villanos más famosos de la serie ya habían sido utilizados en las anteriores películas (Duende Verde, Doctor Octopus, Hombre de Arena, Veneno, Lagarto y Electro), se ha echado mano de uno de los enemigos más clásicos del Trepamuros, el Buitre, éso sí, modificando tanto su apariencia física…  como su personalidad y motivaciones.  Si en el comic se trataba de un anciano inventor que se pasaba al crimen robando bancos, ataviado con un traje verde con alas, ahora es una especie de chatarrero que se ha construido una armadura a partir de los desechos que generan las escaramuzas de los superhéroes, y que, por obra y gracia de nuestros inefables guionistas, resulta ser el padre de…  Liz Allan (ya sabéis, la novieta de Peter Parker, como dijimos hace unas líneas).  El personaje está magníficamente interpretado por el gran Michael Keaton, y es un placer deleitarse con sus escenas con Tom Holland, ambos a cara descubierta, pero vuelvo a proclamar ¿por qué coger un personaje existente y modificarlo hasta hacerlo poco menos que irreconocible?

Mentiría si dijese que me aburrí viendo “Spiderman:  Homecoming”, pero confieso que no la disfruté porque, desde el mismísimo comienzo, sentí que ése no era “mi” Spiderman.  Además de los caprichosos cambios que he enumerado, observé que ni una sola vez se cita el famosísimo leit motiv de la saga, “Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”…  y de todos es sabido que, sin responsabilidades, la vida acaba perdiendo su sentido, su razón de ser.

Luis Campoy

Lo mejor:  es entretenida
Lo peor:  desvirtúa la esencia de los personajes originales
El cruce:  “Spiderman” (2002) + “Iron Man” + “Capitán América: Civil War”
Calificación:  6 (sobre 10)

viernes, 28 de julio de 2017

Cine actualidad/ “LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS”

La perfección del planeta de los pixels

El legendario final de “El Planeta de los Simios” (Franklin J. Schaffner, 1968) es, para mí, el más icónico e impactante de la Historia del cine.  La playa, las olas del mar y los restos de cierto gigantesco monumento que revelan que el protagonista (Charlton Heston) no está donde ni cuando creía que estaba, constituyen un golpe demoleor que deja al espectador absolutamente sin aliento.  Parte de la esencia de esa mítica escena impregna algunos momentos de “La guerra del Planeta de los Simios”, que pretende ser el final de la llamada “Trilogía de César” y, al mismo tiempo, constituir el puente hacia el mítico film que hemos reseñado al principio.

Recordemos que, tras los titánicos esfuerzos de un joven científico para hallar una cura al alzheimer que sufre su padre, un chimpancé utilizado como conejillo de indias obtiene diversas capacidades humanas como las de el raciocinio y el habla.  Muy pronto, el joven César se erigirá en adalid de los derechos de los simios y acabará por convertirse en caudillo de una auténtica revolución.  Años después, cuando ya humanos y monos se disputan el control  del mundo, César y los suyos son atacados en pleno bosque por una facción paramilitar dirigida por un Coronel cuyo fin último es evitar la propagación de un virus que, paradójicamente, priva a los hombres de la facultad de hablar…

Evolución e involución, extrañamente hermanadas, constituyen la base argumental de una película que aspira a ser mucho más que el cierre de una trilogía simiesca de indudable éxito comercial.  Viendo “La guerra del Planeta de los Simios” recordé las clases de Historia, de Antropología, de Ciencias Sociales, en las que te explicaban cómo se organizaban y estructuraban las sociedades humanas en los albores de la Civilización.  No afronté esta película como una película más, sino como una metáfora, poética y dramática, sobre la humanización y la deshumanización, sobre el auge de una especie y la decadencia de otra.

Pero, naturalmente, nos hallamos ante una auténtica virguería en el terreno de les efectos visuales generados por ordenador, y ése es el primer hito ante el que hay que descubrirse.  Realizada mediante el sistema conocido como “captura de movimiento” (los actores, con su rostro y cuerpo recubierto de sensores, ejecutan los movimientos atribuibles a los simios, y luego los magos informáticos completan el milagro), la perfección de su acabado visual es tal que difícilmente puedo uno aceptar que César (prodigioso Andy Serkis) y sus compañeros antropomorfos no estaban ahí realmente, sino que son “sólo” un maravilloso montón de bytes y pixels.

A pesar de algunos evidentes fallos argumentales (esa niña deambulando como Pedro por su casa por el vigiladísimo campo de concentración), la conjunción de casi todos los elementos roza el sobresaliente, porque por una vez se aúnan la tecnología más vanguardista con las emociones que nacen de unos personajes que, sin ser siquiera humanos, nos cautivan con su sufrimiento, su dignidad y su grandeza.

Matt Reeves, realizador de “Monstruoso” y quien ya realizara la anterior entrega de la saga, “El amanecer del Planeta de los Simios”, demuestra una vez más su habilidad para la creación de atmósferas y la descripción de personajes extraordinarios que acaban resultando creíbles;  su siguiente película será la nueva aventura de Batman en solitario, de modo que algunos ya estamos relamiéndonos….  Bajo la dirección de Reeves, el gran Woody Harrelson se erige en un villano auténticamente tridimensional, otorgando a su Coronel de una prestancia y una sustancia que lo hacen odioso a la par que creíble y a ratos, incluso entrañable.  ¿Y qué decir de Andy Serkis?  Ha sido el alma de Gollum o de King Kong, y su César es el protagonista absoluto aun cuando ni siquiera vemos la cara real de este gran actor especializado en mímica y expresión corporal.  La fotografía la firma Michael Seresin y la música la compone Michael Giacchino, nuevamente en forma tras la decepción de su banda sonora para “Jurassic World”.

Luis Campoy

Lo mejor:  los simios creados digitalmente, Woody Harrelson, la fotografía, la música…
Lo peor:  algunos detalles argumentales restan credibilidad al conjunto
El cruce:  “El amanecer del Planeta de los Simios” + “El último mohicano” + “Feliz Navidad, mr. Lawrence”

Calificación:  8,5 (sobre 10)

lunes, 24 de julio de 2017

Cine actualidad/ “DUNKERQUE”

La gran evacuación

“Cada vez que oigo hablar de cultura, quito el seguro de mi pistola”, decía el oficial nazi de la excelente “Mephisto” de Istvan Szabo.  Pues yo, cada vez que oigo que una película (reciente) ha obtenido el beneplácito de público y crítica, o que todos los críticos del mundo, unánimemente, la aplauden, o que ya desde su estreno, se ha convertido en una de las mejores de la historia de su género….  me pongo a temblar.  Literalmente.  Porque sé lo que viene a continuación:  uno, que no es el típico enfant terrible, en esas situaciones, cuando todo el universo universal parece remar en la misma y única dirección, no puede evitar, inconscientemente, enfrentarse a la película en cuestión con el hacha levantada, presto a buscar no ya los multielogiados aciertos, sino también los inevitables defectos.  Y a fe mía que, cuando uno busca….  encuentra.

Francia, 26 de Mayo de 1940.  Miles de soldados ingleses, franceses y belgas pertenecientes a un ejército aliado que acaba de ser derrotado por las fuerzas de ocupación alemanas, se reúnen en la playa de Dunkerque a la espera de ser evacuados por mar.  Sin embargo, la armada de Hitler, conocedora de la gigantesca maniobra, ataca sin piedad a las indefensas tropas que se baten en retirada, provocando una tragedia que sólo podrá ser evitada parcialmente por el apoyo desinteresado de embarcaciones particulares provenientes de las vecinas costas británicas…..

Diez películas dirigidas en casi veinte años de carrera.  Este es el bagaje que como director atesora el londinense Christopher Nolan (nacido en 1970), autor, entre otros alabados títulos, de la celebradísima trilogía sobre Batman, así como de “Memento”, “Origen” o “Interstellar”.  Fue a raíz del estreno de esta última cuando empezaron a oírse (tímidas) voces discrepantes con respecto al canon de magnificencia absoluta que muchos reclamaban, siendo este humilde servidor uno de los que se negó a otorgarle el “10” a un espectáculo que, para mí, poseía una duración excesiva, ostentaba no pocas lagunas en su ritmo y en algunos pasajes adolecía de una sensiblería un tanto empalagosa.

Con “Dunkerque”, Christopher Nolan afronta su primera producción netamente bélica, y lo hace diríase que pretendiendo corregir alguno de los (para mí) defectos anteriormente expuestos:  para empezar, la duración es mucho más ajustada (apenas 106 minutos) y los sucesos están narrados con más asepsia y frialdad.  La acción de “Dunkerque” está estructurada en tres bloques bien diferenciados:  por un lado, presenciamos la agonía de los soldados a punto de ser evacuados (con Fionn Whiteahead, Harry Styles, cantante de One Direction, y Kenneth Branagh canalizando el interés);  por otra parte, vemos cómo la aviación británica (centrada en el personaje de Tom Hardy) trata de proteger a sus muchachos del persistente ataque de los stukas alemanes;  y, finalmente, somos testigos de cómo algunos patronos civiles (ejemplificados en Mark Rylance) ponen sus humildes barquitos a disposición de la Armada de Su Majestad, rescatando a miles de soldados que, sin su intervención, habrían perecido irremisiblemente.  Como era de esperar, estas tres historias acabarán por confluir, otorgando un sentido orgánico a una película que necesitaba multiplicar sus puntos de vista.

Empezaré por exponer lo que me gustó de “Dukerque”, que fue, honestamente, casi todo.  El arranque, en el que un acongojado Fionn Whitehead logra sobrevivir a las escaramuzas de la Wehrmacht y arribar a la playa, es un prodigio de fotografía, sonido y montaje que, acompañado por la espléndida partitura de Hans Zimmer, semeja casi una película de terror.  Durante todo el metraje, la maravillosa dirección de fotografía del holandés Hoyte van Hoytema se erige en pilar básico de esta superproducción bélica, logrando no pocos momentos inolvidables, como ese plano ya inmortal de los cascos de los soldados bañados por la luminosidad grisácea de la primavera francesa.  Las escaramuzas aéreas están magistralmente filmadas (no esperábamos menos de Nolan), los bombardeos son terriblemente sobrecogedores y el momento en que el barco varado va inundándose de agua es sin duda desasosegante.  En realidad, la puesta en escena es, de principio a fin, magistral.

Sin embargo, también hubo cosas que no me gustaron.  En su afán por bifurcar (trifurcar) la historia y expandir sus frentes, Nolan pretende que el espectador divida a partes iguales tanto su atención como sus simpatías, pero tanto las breves pinceladas de guión como algunas elecciones de casting resultan notoriamente fallidas.  Los personajes no están debidamente caracterizados ni en su idiosincrasia ni tan siquiera en la apariencia física de los actores que los encarnan, por no hablar de la inquietante falta de carisma de la mayoría de ellos.  Además, da la sensación de que tanto Tom Hardy como Cillian Murphy están totalmente desaprovechados, siendo solamente Mark Rylance capaz de otorgar humanidad a su rol.  Si el público no logra simpatizar, o empatizar, con los protagonistas de la historia, llega un momento en que se desentiende de ellos, en que le da igual lo que les pase, con lo cual el componente puramente humano queda muy damnificado.  Asímismo, aproximadamente a mitad de metraje, el film deriva en una laguna de inacción en la que durante un buen rato no pasa nada, o lo que pasa no es lo bastante relevante (creí que se me aparecía el fantasma de “Interstellar”), aunque por suerte la última media hora vuelve a remontar el vuelo.

Pero lo que menos me gusta es sentirme forzado a integrarme a pescozones en el rebaño, por el hecho de que todos esos críticos han coincidido (incluso ése que siempre discrepa), a opinar lo mismo que el resto de aficionados para no tener que sentirme la díscola oveja negra.  Sí, me gustó “Dunkerque” y sí, me parece una buena película, pero otras películas de guerra, posiblemente menos buenas, me han gustado más, sencillamente porque, aun careciendo de su innegable perfección técnica, poséen personajes más humanizados y mejor dibujados, que son los que, al fin y al cabo, determinan las emociones más profundas.

Luis Campoy

Lo mejor:  la puesta en escena, la fotografía, el montaje, el sonido, la música
Lo peor:  los personajes apenas están esbozados y la mayoría de los actores, desaprovechados
El cruce:  “Salvar al soldado Ryan” + “Tora Tora Tora” + “Tiburón”

Calificación:  8 (sobre 10)

lunes, 17 de julio de 2017

Cine actualidad/ “BABY DRIVER”

Persecución musical

Proveniente del teatro y el musical, el joven Ansel Elgort (Nueva York, 14 de Marzo de 1994) debutó en el cine en 2013, retomando el papel que hiciera William Katt en el remake de “Carrie”.  A continuación, fichó por la saga “Divergente” (2014-2016) y alcanzó sus más altas cotas como actor al dar vida al enternecedor Augustus Waters de “Bajo la misma estrella”, según la novela generacional de John Green.  Es Elgort uno de esos actores que, carentes de una masculinidad exuberante, utilizan la fragilidad como tarjeta de presentación, lo cual le emparenta de algún modo con iconos como el mismísimo James Dean.

En “Baby Driver”, Ansel Elgort interpreta a Baby, un experto y audaz conductor especializado en transportar a delincuentes que acaban de perpetrar un atraco, y esquivar a las fuerzas del orden que les persiguen.  Aquejado de una enfermedad auditiva, sólo es capaz de concentrarse si escucha música sin parar, y por eso sus espectaculares huídas parecen auténticas sinfonías de acción…

El director Edgar Wright, autor de “Zombies Part”, “Arma fatal” y “Scott Pilgrim contra el mundo”·afirma que concibió la totalidad de “Baby Driver” en torno a una canción del grupo Jon Spencer Blues Explosion, que escuchaba mientras imaginaba locas y trepidantes persecuciones automovilísticas.  Como ha quedado dicho, la música tiene una importancia decisiva en el desarrollo de la trama, y tiene su reflejo en el montaje y en la puesta en escena.  La gloriosa banda sonora de “Baby Driver” incluye potentes temas de Bob & Earl, Kid Koala, Bug Hall, T-Rex o The Commodores, amén de los citados Jon Spencer Blues Explosion.  Apabullante el arranque del film, que te deja clavado en la butaca y te hace preguntarte si es posible que sus casi 2 horas de metraje transcurran igualmente apasionantes.

Al igual que en otras muchas ocasiones, el desequilibrio es el principal obstáculo que debe sortear “Baby Driver”.  Desequilibrio entre forma y fondo, entre acción y quietud, entre los buenos y los malos.  Desde luego, la puesta en escena, que no sólo incluye las fabulosas persecuciones sino también la planificación y el tratamiento del color, es absolutamente fascinante, mas bajo ese envoltorio brillante se oculta un esqueleto argumental que carece de sustancia, de “chicha”:  demasiados tópicos y poca alma.  Eso deviene en que cuando se visualiza la acción uno se queda boquiabierto y ojiplático, pero cuando las ruedas de los coches se detienen, el interés decae bruscamente.  Otro rasgo de debilidad es la esquemática caracterización de los personajes positivos (Baby, la camarera Debora y el padre adoptivo del primero), mientras que los villanos poséen las mejores líneas de diálogo y sus acciones resultan mucho más interesantes.

En el terreno interpretativo, Ansel Elgort encarna, como ha quedado dicho, al protagonista Baby, mientras que Lily JamEs (Dios, ¡cómo se parece esta chica a Jessica Lange!) incorpora a su interés romántico.  En el lado de los malos militan la mexicana Eiza González y los norteamericanos Jon Bernthal, Jamie Foxx y Jon Hamm, liderados por un elegante y sibilino Kevin Spacey.  De todos ellos, el que más me sorprendió fue sin duda Jon Hamm, en un papel totalmente ajeno a lo que asociamos a su inolvidable Don Draper de “Mad Men”, demostrando una vez más que “no hay papeles pequeños sino actores pequeños”.

Luis Campoy

Lo mejor:  el prodigioso arranque, las persecuciones de coche, la puesta en escena en general
Lo peor:  la forma atropella irreversiblemente al fondo
El cruce:  “A todo gas” + “Wanted” + “Cars”

Calificación:  7,5 (sobre 10)

lunes, 10 de julio de 2017

PÍLDORAS DE CINE (Julio de 2017)

Cuando se quieren hacer muchas cosas y se dispone de poco tiempo, no hay más remedio que tomárselo todo en pequeñas píldoras.  Estas son, aparcadas durante algún tiempo, nuestras ¡¡PÍLDORAS DE CINE!!

EL HOMBRE DEL CORAZON DE HIERRO
Más que un biopic al uso de Reinhard Heydrich, uno de los nazis más desatados y crueles, “El hombre del corazón de hierro” (apodo con el que le bautizó el mismísimo Adolf Hitler) pretende describir tanto la personalidad de la “Bestia rubia” como los preparativos de la “Operación Antropoide”, mediante la que la Resistencia checa, con apoyo británico, consiguió asesinarle.  Basada en la novela “HHhH” de Laurent Binet, la película ha sido dirigida por el francés Cedric Jiménez, y consta de dos partes perfectamente diferenciadas:  la primera, la que tiene como único foco de atención al maquiavélico Heydrich, es indiscutiblemente dura y cruel pero consigue captar el interés del espectador;  por el contrario, la segunda mitad, la que se centra en los paracaidistas checos y su comando de apoyo, experimenta una notable merma de ritmo y tensión y deviene en un progresivo aburrimiento.  Obviamente, la cinta se resiente en cuanto sale de pantalla el excelente Jason Clarke, cuya personificación de Heydrich infunde auténtico terror, mientras que los jóvenes Jack O’Connell y Jack Reynor se muestran totalmente ineficaces a la hora de sobrellevar por sí mismos el peso de la cinta.
Calificación:  7 (sobre 10)

DÍA DE PATRIOTAS
Boston, USA, 15 de Abril de 2013.  Elaborados y detonados por dos hermanos, integristas islámicos, dos artefactos explosivos estallan durante la celebración de la famosa Maratón que recorre las calles de la ciudad, provocando 3 muertos y 282 heridos.  Dirigida por Peter Berg, el mismo de “El último superviviente” o “Marea negra”, “Día de Patriotas” narra estos dramáticos sucesos reales, así como la investigación que se produjo a continuación, evitando (al menos, hasta sus prescindibles y lacrimógenos títulos de crédito finales) tomar partido abiertamente, en un intento de establecer el docudrama como género al que adscribirse.  Actores famosos como Mark Wahlberg, John Goodman, Kevin Bacon o J.K. Simmons interpretan personajes secundarios cuya misión es vehicular la trama y captar la atención del espectador.  Loable por su inesperada objetividad, la película contiene una extraordinaria escena de acción (el tiroteo nocturno) que supone su punto álgido, si bien es cierto que ni antes ni después decae la tensión ni se dilapida el interés.  Puede que el Séptimo Arte no posea la cura contra el terrorismo, pero films como éste nos recuerdan que todos somos seres humanos y que, de las cenizas de la catástrofe y el dolor, surgen la solidaridad y la esperanza.
Calificación:  8 (sobre 10)

SEÑOR, DAME PACIENCIA
¿Un catalán de pura cepa (Jordi Sánchez, alias “Antonio Recio”) haciendo de socio impenitente del Real Madrid….?  Creo que desde esa base tambaleante empezó a chirriarme esta película cuyas intenciones superan en mucho a sus logros finales.  Era la creación de ese microcosmos en el que se supone que se ejemplarizan todos los males de la sociedad española actual, el mayor atractivo de una comedia producida por Atresmedia, pero, por desgracia, las carcajadas son tenues y demasiado espaciadas.  Carente de los golpes de ingenio de la muy superior “Ocho apellidos vascos”, “Señor, dame paciencia” no es sino un telefilm más bien modesto, con un par de actores ciertamente entonados (Sánchez, Rossy de Palma), otros que pasan sin pena ni gloria (Megan Montaner, Silvia Alonso, Eduardo Casanova) y algunos (David Guapo, Salva Reina) a los que dan ganas de cubrirles de…  votos negativos.  Lo mejor:  la secuencia de los guardias civiles, que ha dado la vuelta al mundo a través del Whatsapp ¡sin que prácticamente nadie supiera que era un avance de esta película!

Calificación:  5 (sobre 10)

viernes, 30 de junio de 2017

Cine actualidad/ “WONDER WOMAN”

Amazona en tiempos revueltos

Nunca me atrajo Wonder Woman como heroína de comic.  Jamás he leído un tebeo suyo, y sólo la conozco por haber acompañado a Superman o Batman en alguna aventura, amén de por su participación en la (estupenda) serie de animación de “La Liga de la Justicia” (2001-2004).  Sí recordaba que había gozado de cierta popularidad en la década de los setenta cuando la interpretó la exuberante Lynda Carter, cuya imagen de formas opulentas se quedó grabada en la memoria de varias generaciones, razón por la cual muchos se llevaron las manos a la cabeza cuando la israelí Gal Gadot, usuaria de una talla de sostén bastante más modesta, fue la elegida para encarnar a WW en “Batman v Superman”.  Lo cierto es que, en un film tan polémico y decepcionante como “BvS”, la aparición de la Mujer Maravilla fue de lo más destacado y destacable, para tranquilidad de los ejecutivos de DC y Warner Bros., que ya tenían en producción la película en solitario dedicada a la intrépida amazona…

Temiscira, Grecia, 1918.  Mientras la Primera Guerra Mundial se halla en su fase decisiva, la joven Diana, hija de Zeus, se ha criado entre las valientes y aguerridas amazonas, creadas por el padre de los dioses para proteger a la Humanidad de los desmanes del malévolo Ares, el Dios de la Guerra.  Un día, una avioneta traspasa por accidente el campo de fuerza que mantiene a Temiscira aislada del mundo.  Así es como Diana, hasta ahora recluída en su burbuja de belleza y honor, decide tomar partido y viajar a una Europa beligerante en la que habrá de enfrentarse a los ejércitos alemanes,  que avanzan empeñados en aniquilar y destruir…

Si algo ha venido caracterizando hasta ahora al universo cinematográfico de DC ha sido su preocupante inclinación hacia la solemnidad, la oscuridad y el tremendismo.  En oposición a esos parámetros, el arranque de “Wonder Woman” no sólo te deja boquiabierto ante su intrínseca belleza, sino que supone un antídoto a base de luz y alegría.  Mejorando la iconografía de “Furia de Titanes” o “Immortals”, esta representación del panteón de las leyendas griegas luce maravillosamente y uno no desearía que durase tan poquito tiempo en pantalla.  No obstante, la llegada de Diana y el piloto Steve Trevor a un Londres sacado de “Animales fantásticos (y donde encontrarlos)” y, sobre todo, las escenas que tienen lugar en las proximidades de la idílica aldea de Veld nos hacen comprender que estamos presenciando un espectáculo con aspiraciones de grandeza, una película que pretende ser algo más que el enésimo film de super héroes.  Por desgracia, los últimos 20 minutos echan por tierra todos estos logros, pero aún así el bagaje anterior es digno de ser recordado con agrado.

Sublime.  Esta es la definición con la que catalogo la interpretación que hace Gal Gadot de la hermosa y valiente protagonista.  Gadot está perfecta, mostrando en su mirada un carrusel de emociones que van desde la inocencia y la ingenuidad hasta la determinación más resuelta.  Ya estoy deseando ver a esta mujer en otros papeles más mundanos...  Por su parte, Chris Pine está sorprendentemente bien, en la que puede ser la mejor interpretación de su carrera, todo lo contrario que un desaprovechadísimo David Thewlis, ridículo como un villano tan previsible como infantil.  Un gran logro del guionista Allan Heinberg es la caracterización de los personajes secundarios, que incluyen a la tía y la madre de Diana (impresionantes Robin Wright y Connie Nielsen), los malvados alemanes Ludendorff y Maru (Danny Huston y la española Elena Anaya), la secretaria de Trevor (Lucy Davis) y, sobre todo, el comando que acompaña a Diana y Trevor más allá de las líneas enemigas, compuesto por unos carismáticos Ewen Bremner, Said Taghmaoui y Eugene Brave Rock;  como dije anteriormente, da penita no poder profundizar más en sus historias y motivaciones.

El combate de las amazonas contra los invasores alemanes;  la pelea en el callejón, muy deudora del “Superman” de Richard Donner;  la extraordinaria secuencia que arranca en la trinchera y desemboca en la liberación de Veld, donde están concentrados la fuerza, la violencia, la compasión y la poesía que definen esta hermosa película, representan los mayores logros obtenidos por la realizadora Patty Jenkins (muy adecuado que haya sido una mujer la encargada de desarrollar este proyecto);  por el contrario, la larga y aburrida pelea final, tópica y redundante donde las haya y rica en bravatas absurdas (pésimo el doblaje de David Thewlis) y en los inevitables rayitos y objetos arrojadizos, suponen un lamentable agujero negro que no se traga todo lo bueno pero casi lo logra.  Qué pena que una propuesta tan satisfactoria, realizada con tan amor y tanto mimo y a la que sin dudar le hubiera puesto un sobresaliente, se vea lastrada por esta estúpida concesión al género comiquero mal entendido.

Luis Campoy

Lo mejor:  Gal Gadot, Chris Pine, la música de Rupert Gregson-Williams
Lo peor:  David Thewlis y su horroroso doblaje;  la ridícula batalla final
El cruce:  “Furia de titanes” + “Superman” + “Animales fantásticos y dónde encontrarlos”

Calificación:  8,5 (sobre 10)

martes, 20 de junio de 2017

Cine actualidad/ “LOS VIGILANTES DE LA PLAYA”


Meciéndose a cámara lenta

Creo que nunca ví un episodio completo de “Los vigilantes de la playa”.  Si mal no recuerdo, en España fue emitida en primera instancia por La 1 de TVE, y acabó su periplo, bastantes años después, en las mañanas estivales de Antena 3.  Lo cierto es que ya entonces me parecía de lo más cutre su mezcla de aventuras y humor, y de los bañadores rojos te acababas por cansar cuando te dabas cuenta de que detrás no había mucho más…..

16 años después del final de la serie, y tras una década de preparativos y rumores, los socorristas de las doradas playas de California (Malibu, Santa Monica y Venice Beach son las más significativas de la zona) dan el salto a la gran pantalla, si bien, aunque se mantienen los nombres de sus personajes, los actores originales, derrotados por el paso inevitable del tiempo, han cedido el testigo a nuevos intérpretes.  Todo el mundo sabe que David Hasselhoff, el inolvidable Michael Knight de “El coche fantástico”, fue el alma mater de la serie, el máximo adalid del proyecto, dando vida al líder del equipo de aguerridos socorristas, y que su compañera más famosa tuvo los rasgos de la rubia y neumática Pamela Anderson.  Los nuevos Vigilantes de 2017 cuentan con el liderazgo del casi infalible Dwayne “The Rock” Johnson, al que acompañan Zac Efron, Kelly Rohrbach, Alexandra Daddario, Jon Bass, Ilfenesh Hadera y la villana Priyanka Chopra.  Los citados Hasselhoff y Anderson realizan sendos cameos hacia el final de la función.

Como ya dije hace unos meses con motivo de mi crítica de “Fast and Furious 8”, hay películas para todos los gustos y colores, de modo que incluso un film que se basa exclusivamente en la acción y los efectos especiales tiene una parroquia devota de antemano, un público fiel que se lanzará a degustarla con fruición.  El problema de los nuevos “Vigilantes de la playa” es que el director (el muy poco fiable Seth Gordon) apuesta claramente por el humor en detrimento de la acción y la espectacularidad, haciéndolo además en base a una comicidad que abusa sin paliativos de la sal gorda y la escatología.  Tetas, culos y pollas (con perdón) gozan de enorme preponderancia, mientras que los supuestamente impactantes tours de force visuales se quedan siempre a medio camino.

Podríamos decir que lo mejor de la función es, sin duda, la química e interrelaciones de los personajes, con un Dwayne Johnson aceptable que esta vez actúa con el piloto automático, un simpático Jon Bass que se hace menos repelente de lo que su papel podría presagiar y un estupendo Zac Efron que, contra todo pronóstico, se lleva el gato al agua en cuanto a empatía con el público.  Con respecto a las féminas, sólo merece destacarse la actuación de la perversa Priyanka Chopra, mientras que Kelly Rohrbach causa un poco de vergüenza ajena por el uso autoconsciente de su innegable sex-appeal y, por el contrario, la pobre Alexandra Daddario, que, en teoría, podría haber sido la bomba sexual de la década, está tristemente desaprovechada, tanto física como interpretativamente.  Una pena.

Resumiendo:  prohibido acudir a ver “Los vigilantes de la playa” con otra pretensión que la de pasar un rato fresquito, echar un par de risas y visualizar unos cuerpos atractivos que se mecen a cámara lenta.  No hay más peras en este olmo.

Luis Campoy

Lo mejor:  Zac Efron
Lo peor:  el humor zafio y vulgar;  la ausencia de escenas de acción realmente espectaculares
El cruce:  “Los vigilantes de la playa” (serie TV) + “American Pie” + “Cars 2”

Calificación:  5,5 (sobre 10)

miércoles, 14 de junio de 2017

Las pelis del Cine Club/ “EL CIUDADANO ILUSTRE”

Retorno al pasado

¡Por fin Argentina obtiene el Premio Nobel de Literatura!  Daniel Mantovani, nacido en el pequeño pueblo de Salas en 1954, acepta con desgana el reconocido galardón, y enseguida regresa a su mansión de Barcelona, España, donde reside desde hace muchísimos años.  A su ciudad natal no ha regresado desde que la abandonó cuarenta años atrás, pero una invitación de sus conciudadanos a un acto en el que se le nombraría Ciudadano Ilustre de Salas le hace romper su exilio y aceptar un retorno a los orígenes que no se desarrollará tan plácidamente como espera…

Este sería el punto de partida de “El ciudadano ilustre”, la película argentino-española que el Cine Club Paradiso de Lorca proyectó la pasada semana.  Sus directores, la dupla formada por Mariano Cohn y Gastón Duprat, ya habían deslumbrado con sus anteriores El artista”, “El hombre de al lado” y “Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo”.  Con su última obra conjunta, Cohn y Duprat consiguen la difícil hazaña de entretener, desconcertar y mantener en vilo al espectador, en base a una historia de Andrés Duprat (hermano de Gastón) que sabe combinar con inusitada habilidad la comedia, el drama e incluso el thriller.

Siguiendo el ejemplo de escritores latinoamericanos como García Márquez, que se inspiró en su pueblo natal de Aracataca para crear la ficticia Macondo, Daniel Mantovani ha ubicado la totalidad de su obra literaria en la villa de Salas, lo cual complace a algunos de sus convecinos e irrita sobremanera a otros.  Por fortuna, volví a visionar la película de la forma más virginal posible:  no vi un solo tráiler ni quise leer previamente su argumento, de manera que experimenté las mismas sensaciones que su protagonista, incluyendo la inquietud ante un final que se presta a varias dobles lecturas.

Para mí, la mayor virtud de “El ciudadano ilustre” es su maravillosa dirección de actores, tan lograda que parecería que la mayoría de los intérpretes no actúan sino que simplemente improvisan.  Y de entre todos ellos destaca el magnífico Oscar Martínez, que se alzó con la Copa Volpi en el festival de Venecia.  A Martínez sólo recuerdo haberle visto con anterioridad en la  magnífica “Relatos salvajes”, pero estoy deseando volver a disfrutar otros trabajos suyos.  Le acompañan Andrea Frigerio, Manuel Vicente, Iván Steinhardt y el televisivo Dady Brieva, que es el único que desentona un poco del resto de sus compañeros, merced a una composición que raya en la sobreactuación.

“El ciudadano ilustre” ganó merecidamente el Goya a la Mejor Película Iberoamericana, y por su inesperado desarrollo, sus estupendos diálogos y la excelente labor de su protagonista, la recomiendo a quienes deséen disfrutar un divertimento muy inteligente.

Luis Campoy

Lo mejor:  la dirección de actores y especialmente el protagonista Oscar Martínez
Lo peor:  nada en particular
El cruce:  “El artista” + “Relatos salvajes”

Calificación:  8,5 (sobre 10)

lunes, 12 de junio de 2017

Cine actualidad/ “LA MOMIA”

Un nuevo mundo de dioses y monstruos

Inspirándose muy vagamente en la novela “La joya de las siete estrellas” de Bram Stoker (autor asimismo de “Dracula”), Karl Freund dirigió en 1932 el clásico de terror “La Momia”, protagonizado por un sinuoso Boris Karloff recién salido de su superéxito “Frankenstein”.  Karloff interpretaba al villano Imhotep, que era vuelto a la vida accidentalmente tras haber sido embalsamado como parte de un macabro ritual que perseguía su condena eterna.  Universal Pictures, que por aquel entonces ya había producido “Dracula” y la citada ”Frankenstein”, comprendió que tenía entre manos un verdadero filón de personajes teroríficos, y en años sucesivos llevó a la pantalla a otros iconos de lo fantástico y macabro como el Hombre Lobo, el Hombre Invisible o el Doctor Jekyll y su reverso Mr. Hyde.

Pero eso fue hace 7 décadas, y los años gloriosos de Universal pertenecen a un pasado sumido en el olvido y la nostalgia.  ¿O no…?  Recientemente, en 2014, la productora del logotipo del globo terráqueo ya intentó reverdecer viejos laureles, si bien su remake de ”Dracula” protagonizado por Luke Evans se estrelló en taquilla.  Lejos de darse por vencidos, los ejecutivos de la major vuelven a intentarlo en este 2017, con el anuncio de la creación de un “Universo Oscuro” (“Dark Universe”) en el que irán apareciendo los míticos personajes anteriormente mencionados.  Es precisamente “La Momia” la encargada de inaugurar la nueva franquicia, con un presupuesto mucho más ambicioso y la contratación de una super estrella como Tom Cruise en calidad de máximo reclamo publicitario.

Ya en 1999, Universal había encargado al artesano Stephen Sommers una puesta al día del mito con “La Momia”, que ciertamente obtuvo un importante éxito comercial y generó una secuela aún mejor, “El regreso de la Momia”…  y una tercera entrega que casi es preferible olvidar (“La tumba del Emperador Dragón”).  La nueva versión de este año se distancia totalmente de la de Sommers, comenzando por su ambientación (se prescinde de ubicar la acción a principios del siglo pasado, como en el original literario, y se traslada al presente) y continuando por la tonalidad (de la exquisita y cálida fotografía de Adrian Biddle se pasa a la más acerada a cargo de Ben Seresin, que abusa de azules metalizados y negros).  La propia presencia de Tom Cruise, que se anunciaba como el mayor gancho comercial del film, me parece uno de sus mayores errores en cuanto a la suspensión de credibilidad que origina.  A la propia esencia del argumento, ya de por sí repleto de criaturas fantásticas, se le suma el protagonismo de un actor especialista en llevar a cabo personalmente las escenas de acción más inverosímiles, y todo ello a sus 54 años, cuando su personaje representa tener más o menos los mismos que el de su compañera de reparto Annabelle Wallis (que cuenta 32).

En líneas generales, esta “Momia” de 2017 cumple con su objetivo de resultar entretenida y a ratos terrorífica.  El guionista metido a director Alex Kurtzman (la presente es su segunda realización) basa su trabajo en construir 4 o 5 grandes set-pieces que ciertamente te dejan boquiabierto, pero, paradójicamente, fracasa a la hora de crear el elemento narrativo que debería unirlas y cohesionarlas.  Diálogos estúpidos y situaciones de lo más ridículas, chistes sin gracia y un desaprovechadísimo Russell Crowe completan el bagaje negativo de una película de la que, muy probablemente, la franco-argelina Sofia Boutella saldrá como la más beneficiada.

Luis Campoy

Lo mejor:  las escenas de acción
Lo peor:  la insoportable levedad de su argumento
El cruce:  “La Momia” (1999) + “La Liga de los hombres extraordinarios” + “Un hombre lobo americano en Londres”

Calificación:  6 (sobre 10)

miércoles, 7 de junio de 2017

Las pelis del Cine Club/ "ELLE"

Violada pero invencible

Antes de lograr su mayor éxito en el cine norteamericano, “RoboCop” (1987), el holandés Paul Verhoeven ya se había labrado una sólida carrera en Europa con títulos como “Delicias holandesas”, “Delicias turcas”, “El cuarto hombre” o “Los señores del acero”.  No es de extrañar, pues, que, ya lejanos sus años de oro hollywoodienses, Verhoeven haya vuelto a casa para hacerse cargo de producciones más modestas pero tanto o más interesantes como “El libro negro” o la que hoy nos ocupa, “Elle”.

Basada en la novela “Oh…” de Philippe Dian, “Elle” (“ella”, en francés) cuenta la historia de Michelle LeBlanc, una endurecida ejecutiva de una empresa de videojuegos quien, al ser violada en su domicilio, decide no denunciar al agresor y mantener la violación en secreto, adoptando una serie de comportamientos que desconciertan a sus amigos y familiares…

La película comienza con unos títulos de crédito de lo más clásicos revestidos por la excelente banda sonora de Anne Dudley (sí ,la misma que con sus arreglos minimalistas destrozó la partitura original de “Los Miserables”), y enseguida nos topamos con la supuesta escena cumbre:  la violación de la protagonista.  Sin embargo, Paul Verhoeven tiene las ideas muy claras y su intención no es ni mucho menos que nos compadezcamos de Michelle.  Todo lo contrario, sus decisiones y actitudes nos van revelando la personalidad de una persona  sumamente endurecida y que parece no sentir empatía alguna hacia sus semejantes:  su ex marido e hijo, sus padres, sus amigos, sus empleados……  a todos los trata con una mezcla de autoridad y desprecio, como si todo le resbalara, como si lo único importante fuese ella y sólo ella (de ahí el título original).

Conforme avanza el metraje, “Elle” deslumbra por la formidable puesta en escena de Paul Verhoeven y la hierática interpretación de la diva francesa Isabelle Huppert, al tiempo que causa la sorpresiva extrañeza del espectador, quien no sabe nunca a qué carta quedarse con la protagonista, caracterizada de un modo poco menos que cruel e inmoral, indigno a priori de una heroína que además la hemos conocido siendo brutalmente violada, lo que automáticamente había generado nuestra compasión y solidaridad.  Tampoco se libran  los otros seres humanos que pueblan tan peculiar microcosmos, desde la abuela cachonda hasta el programador pervertido, pasando por la vecina ultracatólica y el hijo bonachón, los personajes mejor tratados por el guionista David Birke.

“Elle” ha ido cosechando numerosos premios durante su periplo internacional, entre otros el Goya a la Mejor Película Europea.  Superada la perplejidad inicial, vencida la reticencia ante un guión pleno de caracteres incomprensibles y situaciones inverosímiles, a poco que uno se deje llevar ante la férrea y excelente dirección de Paul Verhoeven, de verdad que comprenderá que “Elle” es, efectivamente, una de las mejores películas europeas de los últimos tiempos.

Luis Campoy

Lo mejor:  la dirección del maestro Paul Verhoeven
Lo peor:  las actitudes de los personajes, empezando por la protagonista
El cruce:  “Instinto básico” + “Viaje a Sils Maria” + “Tres colores:  Rojo”

Calificación:  8 (sobre 10)

martes, 6 de junio de 2017

Y volver, volver.........

Decíamos ayer.......

Dos semanas después de la última entrada, por fin este blog puede volver a funcionar.

Han sido 15 días bastante duros, en los que uno se da cuenta de que, a la hora de gestionar un dominio, los dominados somos nosotros.

En fin, parece que las cosas vuelven a la normalidad, ¡y que dure!.

Este reencuentro con vosotros, lectores, no hubiera sido posible sin la ayuda y apoyo de mis queridos Fran I y Fran II, Matías, Monty y Joserra, a quienes mando un cibernético abrazo desde aquí.

¡Nos seguimos leyendo muy pronto! 

martes, 23 de mayo de 2017

Ángeles bajo el terror

La primera vez que oí hablar de Ariana Grande (Florida, USA, 26 de Junio de 1993) fue cuando estaba investigando para realizar mi recopilación de Andrea Bocelli.  Junto al extraordinario cantante italiano, la joven Ariana interpretaba “E Piu Ti Penso”, que no es sino una versión cantada del hermoso leit-motiv compuesto por Ennio Morricone para el film “Erase una vez en America”.  Muy pronto, me enteré de que Grande es en la actualidad uno de los mayores ídolos de los adolescentes de todo el mundo, sobre todo desde que interpretó el personaje de Cat Valentine en la serie de Nickelodeon “Victorious”, y averigüé que ya ha grabado 3 LP’s de estudio, el último de los cuales, “Dangerous Woman”, había venido a promocionar a Europa.

Angie, mi hijastra (palabra malsonante para una realidad que debería significar “prácticamente hija”) de 12 años, es una de las innumerables fans de Ariana Grande.  Los niños y adolescentes, tan apasionados como inocentes, constituyen, como he dicho anteriormente, el público potencial de Ariana, y muchos de ellos acuden a sus conciertos con orejitas de gato, haciendo alusión a su citado personaje de “Cat” (“Gata”) Valentine.  Anoche, en el estadio Manchester Arena de la celebérrima localidad británica, el odio, la maldad y el terror golpearon de nuevo, cuando menos nos lo esperábamos y cuando más hubiéramos deseado que algo así no sucediera.

Porque, si horrible e injustificable es que se prive de la vida a cualquier persona, tal infamia es infinitamente más monstruosa cuando las víctimas son los seres más indefensos e inocentes y que apenas están empezando a vivir.

Las Torres Gemelas, el 11-M, Charlie Hebdo, la sala Bataclan, el paseo de Niza, Bruselas, Berlín, Estocolmo, el Parlamento británico…  Por desgracia y a pesar de nuestra estéril convicción de que nuestras fuerzas de seguridad nos protegen, la verdad es que nuestra tradición y nuestra cultura nos exponen día tras día a la locura del terror.  Terror abominable, terror irracional, terror convertido en guerra sibilina y silenciosa.  Asumir que se trata nuevamente de terrorismo islámico nos haría pensar en un irreversible conflicto de civilizaciones, de Oriente contra Occidente, del islam contra el resto de los credos….  Me niego a pensar que eso sea exactamente así.

Estoy convencido de que llamar “terrorismo islámico” a este tipo de ataques es una peligrosa generalización.  Dudo mucho que una persona devota del Islam defienda la realización sistemática de actos criminales como el de anoche, por mucho que alrededor del homicida se extiendan no pocos vínculos con la religión coránica.  Se trata de una compleja red de mentiras y medias verdades cuya finalidad última es la globalización del odio, la universalización del miedo.

Ahora me alegro de que criaturas inocentes como la pequeña Angie no estuviesen anoche en el Manchester Arena, como me alegro de que cualesquiera otros seres amados y sus respetivos hijos se hayan mantenido a salvo del azote del terror.  Son muchas las personas que, inconscientemente o no, van poco a poco retrayéndose de asistir a los eventos más multitudinarios, a veces porque existen dificultades económicas y a veces porque en un rinconcito de su cerebro perciben el latido de una señal de alerta;  “Evita la ocasión y evitarás el remedio”, reza el sabio refrán español…..

Mas la solución para el problema no es sólo extremar las precauciones y abstenerse de las aglomeracione;  la solución, si la hay, precisa de la adopción de medidas conjuntas y consensuadas por parte de la Comunidad internacional.  No, no estoy proponiendo que se “bombardée a los moros”, sino que se tiendan puentes reales de cultura y tolerancia, que se construya un futuro de concordia aun tras un presente de dolor.

No me llaméis “cursi” todavía.  También, naturalmente, hay que extremar las actuaciones policiales y asegurarse de que los dirigentes “iluminados” que han logrado extender la filosofía del Mal sean anulados y confinados donde no puedan hacer más daño.  Asímismo, hay que controlar de cerca a cualquier persona que presente síntomas evidentes de radicalización.  Sólo así podremos afrontar el problema sin convertirnos para siempre en parte de él.


Nada de lo que hagamos ahora devolverá la vida a los pequeños ángeles que anoche sólo aspiraban a un instante de felicidad.  Y nada de lo que ahora podamos decir nos liberará de la sensación de que el o los criminales de Manchester nos han propinado un nuevo golpe bajo que no nos esperábamos ni nos merecíamos.  Nuestra ilusionante e ilusa democracia nos ha convencido de que el imperio del bienestar es un hecho real, pero la verdad es que nuestro mundo es un espejismo, un espejismo que, para que sea real, debemos ganárnoslo paso a paso y golpe a golpe, golpe de Ley y golpe de Democracia.  Ley y Democracia, con toda su rotundidad y rigidez, son el credo que debe iluminarnos, la luz que nos debe orientar.

lunes, 22 de mayo de 2017

Cine actualidad/ “DÉJAME SALIR”

Los negros que tenían el alma blanca

Los analistas más sesudos se han apresurado a decir que “Déjame salir” es un fiel reflejo de la América de Donald Trump, en la que la (in)justicia social y la (des)igualdad racial campan a sus anchas.  No creo que nada de éso sea verdad, en primer lugar porque la película fue concebida y rodada cuando todavía Barack Obama se sentaba en el Despacho Oval, y en segundo porque incluso cuando el primer presidente de color (de color negro) regía los destinos del país más poderoso del mundo, ya se producían amargos y cruentos brotes de racismo, señal inequívoca de que una buena parte de la sociedad yanqui nunca ha aceptado ni aceptará la igualdad entre las gentes de diferente color de piel.

Dicho todo ésto, podemos referir que la historia de “Déjame salir” se centra en una pareja interracial formada por Rose (blanca) y Chris (negro), que un día deciden viajar hasta el campo para conocer a los padres de ella.  Lo que en principio parece un fin de semana ejemplar gracias a la cultura y tolerancia de los suegros, pronto deviene en algo mucho más inquietante y difícil de explicar…

Déjame salir” es la opera prima como director del actor y guionista Jordan Peele (negro, por más señas), hasta ahora especializado en comedias y que, con un increíble éxito de público, ha decidido pasarse al género terrorífico.  Desde que ví el primer tráiler de “Déjame salir” y, sin saber absolutamente nada de ella, quedé prendado de esta original propuesta que ha acabado por exceder mis más locas expectativas.  Todo en ella funciona (casi) a la perfección:  las excelentes interpretaciones de los actores (con el fabuloso Daniel Kaluuya a la cabeza), los diálogos sobresalientes, la fotografía, los encuadres de cámara, la música, el sonido….  El único “pero” que se me ocurriría ponerle al film sería el exceso de minutos dedicados a explicar la subtrama que protagoniza el simpático Rod, pero, ni siquiera tengo claro que ese aspecto no sea otro acierto más imputable al guión que también firma Jordan Peele en solitario.

A mis amigos les he aconsejado que, a ser posible, se enfrenten a “Déjame salir” (nada que ver con la película de vampiros “Déjame entrar”) sin saber nada de ella, porque de esa manera aún serán más disfrutables los giros que va adoptando la historia.  Pero, incluso tras haber visto su espléndido trailer un buen montón de veces, la verdad es que me encantó esta inteligente, aterradora y divertida propuesta, que incluso se permite coquetear con un final calcado de “La noche de los muertos vivientes” y le da una inesperada vuelta de tuerca.

Luis Campoy

Lo mejor:  todo (actores, guión, diálogos, fotografía, música….)
Lo peor:  en todo caso, los excesos humorísticos a cargo del actor Lil Rel Howery
El cruce:  “El color púrpura” + “El sexto sentido” + “La semilla del diablo” + “La noche de los muertos vivientes

Calificación:  9 (sobre 10)

lunes, 15 de mayo de 2017

Cine actualidad/ “ALIEN: COVENANT”

El xenomorfo que hay en mí

La ventaja (o desventaja, vaya usted a saber) de tener ya algunos años es que uno ha tenido oportunidad de vivir de primera mano innumerables acontecimientos…  también cinematográficos.  Como creo que ya he contado alguna vez, recuerdo perfectamente aquel día en que el famoso periodista Alfonso Eduardo, conductor del espacio televisivo “Revista de Cine”, narró que se había desplazado a Londres para presenciar el estreno de una película titulada “Eilian” (o así lo pronunciaba él), en la que aparecía un monstruo del espacio que garantizaba no pocos gritos de terror.  Como habréis adivinado, era el año 1979 y el film en cuestión no era otro que el primer y original “Alien” de Ridley Scott, del cual se acaba de estrenar nada menos que la sexta secuela (incluyendo las dos demenciales entregas de “Alien Vs Depredador”).

Ridley Scott ya es un señor venerable que en este mismo 2017 va a cumplir 80 años, edad que solemos asociar con la vejez y la senectud.  Por fortuna, el cineasta inglés goza de buena salud y parece hallarse en un buen momento de ánimo, porque la idea era rodar varias precuelas de su “Alien” durante los próximos años, decisión que las no muy buenas críticas que esta “Alien: Covenant” está cosechando podrían alterar totalmente.  El caso es que, tras la muy denostada “Prometheus” (película de 2012, también dirigida por Scott, que narraba una historia situada 30 años antes de “Alien”), el también realizador de la mítica “Blade Runner” ha intentado resarcir a los fans de la saga con un nuevo episodio centrado en la acción y el terror…

La nave espacial “Covenant”, que transporta tanto centenares de colonos terrícolas como embriones de más de 1.000 especies animales con el propósito de preservar la vida tal como la conocemos en la Tierra, recibe una transmisión proveniente de un misterioso planeta en el que pronto descubrirán que años atrás se refugiaron los supervivientes de la astronave “Prometheus”.  Una vez en el planeta, lo que parecía un canto a la vida se convertirá inesperadamente en un terrible ritual de muerte…

Lo primero que quiero decir es que, desde sus primeros minutos, “Prometheus” me pareció una obra totalmente fallida e indigna de Ridley Scott, una película que flirteaba peligrosamente con el ridículo y en no pocos momentos se abandonaba a él.  Por el contrario, “Alien:  Covenant” tiene una gran secuencia de apertura, llena de elegancia y luminosidad, que hace concebir sanas esperanzas.  En seguida nos trasladamos a la Covenant, por cuyos pasillos deambula el androide Walter, versión mejorada del David de “Prometheus”.  A partir de un accidente fortuito, la tripulación sufre una baja vital y es entonces cuando la acción se traslada al infame planetoide en el que se desatará la pesadilla.  Una de las cosas que menos me gustaron de “Alien: Covenant” fue la discutible elección del reparto principal;  ni la supuesta protagonista Daniels (imposible Katherine Waterston) ni el rudo piloto Tennessee (torpe homenaje al Dallas de “Alien”, grotescamente interpretado por Danny McBride) poséen el más mínimo carisma, hándicap insalvable que, unido a la mala caracterización del resto de personajes secundarios, contribuye a que las sucesivas muertes sean indiferentes para el espectador.  Sólo el gran Michael Fassbender sabe aprovechar sus secuencias para componer no sólo uno sino dos enormes papeles ya inolvidables:  por un lado, vuelve a encarnar al sibilino David, mientras que también incorpora al más bondadoso Walter, de cuyo encuentro se deparan los mejores momentos de la función.  También el poco apreciado Billy Crudup goza de un papel relevante, aunque Scott no oculta sus verdaderas intenciones y, a partir de la primera hora de metraje (en la cual hay que admitir que se habían aburrido hasta las ovejas), el auténtico rey de la función vuelve a ser el más famoso alienígena del Séptimo Arte.  Ya sea en sus encarnaciones de Neomorfo o en la clásica de Xenomorfo, la criatura creada por H.R. Giger vuelve a provocar esos alaridos de pánico que allá en el espacio apenas serán audibles.

No me siento decepcionado por esta “Alien:  Covenant”, porque la desilusión de “Prometheus” ya me curó de espanto.  Simplemente disfruté sus buenas secuencias de acción, salté en la butaca con sus cuatro momentos terroríficos y traté de no darle importancia a la patética descripción de los personajes (con la excepción de los androides citados).  “Alien” fue y será una obra maestra incólume al paso del tiempo, mientras que “Covenant” es sólo un divertimento menor que, al menos, logra superar a “Prometheus”… lo cual tampoco era muy difícil.

Luis Campoy

Lo mejor:  Michael Fassbender, uno de los mejores y más fiables actores de la actualidad
Lo peor:  la preocupante falta de carisma de Katherine Waterston
El cruce:  “Alien” + “Passengers”·+ “Moon

Calificación:  6 (sobre 10)

viernes, 12 de mayo de 2017

Las pelis del Cine Club/ “PATERSON”

Poeta y transportista

Nuestro querido Cine Club Paradiso de Lorca, siempre al quite a la hora de hacer llegar al público lorquino aquellos títulos que no han tenido cobertura en las pantallas comerciales, se ha apuntado un nuevo tanto al traernos ayer una película tan encantadora y diferente como “Paterson”.

Paterson es, a la vez, el nombre de un pintoresco pueblo de Nueva Jersey, USA, y el apellido del protagonista de la historia, una historia sencilla en la que se nos narra la existencia cotidiana de un conductor de autobús que, en sus ratos libres, ejerce de poeta aficionado, así como la esencia misma de la localidad en la que se circunscribe la historia…

Paterson” es la nueva propuesta del ya veterano Jim Jarmusch, celebrado autor de títulos tan valorados como “Stranger Than Paradise”, “Bajo el peso de la ley”, “Mystery Train”, “Noche en la Tierra”, “Dead Man” o “Ghost Dog” (esta última también exhibida por Cine Club Paradiso).  Para su nueva obra, Jarmusch ha contado nada menos que con el ascendente Adam Driver, catapultado a la fama tras interpretar al villano Kylo Ren en “Star Wars Episodio VII:  El despertar de la Fuerza”.

Driver es Paterson, ese joven poeta para quien la poesía constituye el pasaporte a un mundo imaginario que le aleja de la rutina de su día a día.  Precisamente una de las mayores virtudes del film es el modo en que se narra, sosegada y plácidamente, lo bonita que puede ser la coloquialidad de una población en la que prácticamente no pasa nada, en la que una trifulca en un bar, la avería de un autobús o la travesura de un perro son los mayores sucesos que alteran su normalidad.  Otro foco de interés es la propia esposa de Paterson, Laura (interpretada por la iraní Golshifteh Farahani, vista en “Red de mentiras” o “Exodus”), todavía más inquieta que su marido y que divide su tiempo entre la decoración de interiores, la elaboración de cupcakes y su pasión por la música country, siempre basándose en una paleta de colores reducida al blanco y el negro.  La alusión a la dualidad, la simetría e incluso los polos apuestos es otra característica que el film retrata con esmero:  el blanco y el negro omnipresentes, la similitud del nombre del protagonista y su ciudad, la aparición de no pocos hermanos gemelos en diversas escenas (muy divertida la alusión a los míticos Sam & Dave), la cuidadísima composición de planos que se pretenden llenos de equilibrios simétricos…

Plagada de alusiones al poeta local William Carlos Williams, que al parecer fue también médico residente en Paterson, este hermoso y entrañable film nos presenta de forma visual los poemas que el protagonista va pergeñando, escritos obviamente en inglés y traducidos por el doblador a la lengua castellana, con un curioso gazapo o licencia poética que me pareció muy chocante:  en un momento dado, en una de las poesías Paterson se refiere a su esposa como “Pumpkin” (“Calabaza”)…  pero lo que se nos traduce es…  “Palomita” (¿?).  Divertida anécdota de una película que convierte en arte la inacción, y el hábito en aliciente.

Luis Campoy

Lo mejor:  la narración cinematográfica de Jarmusch, tan poética por fuera como por dentro
Lo peor:  las quejas de quienes piensan que inacción es igual a aburrimiento
El cruce:  “El ladrón de orquídeas” + “La entrega” + “Doctor en Alaska

Calificación:  8 (sobre 10)