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lunes, 19 de febrero de 2018

Cine actualidad/ “LA FORMA DEL AGUA”

La chica y el anfibio

Estados Unidos, principios de la década de los 60.  En un laboratorio secreto del Gobierno, un extraño hombre anfibio está siendo objeto de crueles experimentos.  Una limpiadora muda se apiadará de la criatura y acabará sintiendo una creciente fascinación por ella…

Creo haber leído que con el guión de “La forma del agua”, el realizador mexicano Guillermo del Toro (Jalisco, 1964) pretendía homenajear a los clásicos de aquel “inocente” cine fantástico de los años 50 y 60, personificado en la famosa “La mujer del monstruo” (“Creature Of The Black Lagoon”, 1954).  En concreto, Del Toro se preguntaba si aquel amor imposible entre Kay Lawrence y el monstruo de la Laguna Negra lograría consumarse al final, y de qué forma tal cosa se produciría.  A partir de esa idea, el director de “Cronos” construye una fábula perfectamente ambientada en la Década Prodigiosa y en la que no faltan innumerables referencias a la política, la sociedad y la cultura de la época, referencias que van desde la Guerra Fría hasta el amor libre, pasando por la tolerancia ante el racismo o el anhelo de paz y libertad.

Es Del Toro un hombre que ha forjado casi toda su carrera lejos de su México natal, y siempre con el elemento fantástico sirviéndole de auspicio e inspiración.  Incluso cuando ha tocado temas aparentemente dramáticos o realistas (caso de las dos películas dirigidas en España, “El espinazo del Diablo” y “El laberinto del Fauno”, ambas con el trasfondo de nuestra Guerra Civil como excusa), la fantasía, lo mitológico o lo paranormal acaban haciendo acto de presencia.  Pero también cuando ha adaptado material ajeno (“Blade II”, “Hellboy”), su aportación creativa ha enriquecido sustancialmente los originales de Marv Wolfman y Mike Mignola, respectivamente.  Recuerdo que cuando ví “Hellboy 2” pensé que el torrente imaginativo de Del Toro parecía no tener fin…

Sin embargo, viendo la otra noche “La forma del agua”, que llega precedida por innumerables críticas positivas, un montón de premios internacionales y la friolera de 13 nominaciones a los próximos Oscar, sentí que lo que estaba viendo tenía un poco de “deja vu”, de reciclaje de conceptos ya conocidos de antes.  Para empezar, el propio diseño de la criatura, que no es sólo un evidente (evidentísimo) homenaje al citado monstruo de la Laguna Negra, sino que plagia conscientemente el look de su propio Abe Sapien de la mencionada “Hellboy”, el anfibio al que, por cierto, interpretaba el mismo intérprete mímico, el especialista Doug Jones.  El carácter del personaje de la limpiadora muda también se parece sospechosamente al de Liz Sherman de la misma “Hellboy”, y el laboratorio que es el escenario principal de la trama no es sino una versión siniestra del Instituto para la Defensa de lo Paranormal de (¿adivináis?) “Hellboy”.  Rizando el rizo de las referencias, me llamó la atención sobremanera la inclusión del chiste en el lavabo, ése que alude a la división de los hombres en dos tipos:  los que se lavan las manos antes o después de miccionar, que ya aparecía en “Torrente, el brazo tonto de la Ley” (claro que es sabido que Del Toro y Santiago segura son buenos amigos, por lo que quizá nos hallaríamos ante un “préstamo” y no un “plagio”).

“La forma del agua” me gustó (¿por qué no iba a gustarme?), pero en absoluto ví en ella esa maravilla que otros describen, esa gloriosa y poética historia de amor sin barreras.  Por supuesto que la fotografía de Dan Laustsen es sobresaliente y la partitura de Alexandre Desplat (otro artista abonado a la autorreferencia) muy hermosa, pero, por ejemplo, en una historia de amor que se supone basada en el romanticismo, me parecieron innecesarias e incluso molestas ciertas escenas de sexo y masturbación que no creo que vinieran al caso.  Tampoco la tan alabada Sally Hawkins me resultó tan extraordinaria, y, desde mi punto de vista, el villano Michael Shannon y sobre todo el anciano homosexual Richard Jenkins se lucen mucho más (de Octavia Spencer no hablo, porque siempre hace… de Octavia Spencer).

Si “La forma del agua” fuese la modesta ópera prima de un autor desconocido tal vez sería más condescendiente con ella, pero tratándose simplemente de la película mejor considerada por la crítica dentro de la filmografía de un cineasta que anteriormente había sido más visionario e innovador, tengo que concluir que nos hallamos nuevamente ante otro de esos casos en los que las expectativas están por encima de la calidad intrínseca del film, y cualquier Oscar no estrictamente técnico que acumule, me parecerá simplemente inmerecido.

Luis Campoy

Lo mejor:  la fotografía, la música, los actores secundarios
Lo peor:  las evidentes similitudes con “Hellboy”, las escenas de sexo y masturbación
El cruce:  “La mujer y el monstruo” + “Hellboy” + “El puente de los espías”

Calificación:  7,5 (sobre 10)

lunes, 29 de enero de 2018

PÍLDORAS DE CINE: Enero 2018 (y II)

Llega la semana de la investidura de Puigdemont y, para eludir las polémicas que suele conllevar últimamente la gestión política, os propongo un tema de conversación más satisfactorio:  nuestro querido Séptimo Arte:

EL CORREDOR DEL LABERINTO:  LA CURA MORTAL
La hermana pobre de las últimas distopías juveniles (las otras serían “Los juegos del hambre” y “Divergente”) llega a su fin más tarde de lo previsto, a causa de un accidente que mantuvo postrado varios meses a su protagonista Dylan O’Brien.  Tras una primera entrega que me pareció interesante y original, la segunda incidía en todos los tópicos del género (una malvada corporación, que, para más inri, se llama “CRUEL”, trata de hallar una cura para una imparable pandemia que convierte a los humanos en una especie de zombies, utilizando como conejillos de indias a los jóvenes protagonistas), y la tercera y última parte no es sino un cierre tan digno como previsible.  El director Wes Ball continúa al frente de la trilogía basada en los libros de James Dashner, y el citado Dylan O’Brien, además de Kaya Scodelario, Thomas Brodie-Sangster, Patricia Clarkson y Will Poulter (magnífico en “Detroit”, irrelevante aquí) vuelven a interpretar a los personajes principales.  Lo mejor es el tratamiento de las relaciones interpersonales, así como el matizado villano al que interpreta Aidan Gillen (“Meñique” en la serie “Juego de tronos”).  No es mucho, pero menos da una piedra…
Calificación:  6,5 (sobre 10)

EL PASAJERO
El gran Liam Neeson ya tiene 65 años, pero, en lugar de jubilarse como héroe de acción, continúa protagonizando thrillers en los que se le exige una excelente forma física.  En “El pasajero” (simplista traducción del original “The Commuter”) interpreta a un ex–policía que se enfrenta a una oscura organización que retiene secuestrados a su mujer e hijo (espera…  ¿de qué me suena esto…?)  A pesar de que el realizador catalán Jaume Collet-Serra se esfuerza bastante a la hora de imprimir una cierta originalidad a la puesta en escena, el argumento hiper convencional es un lastre insuperable:  desde el principio, uno es capaz de adivinar quién es el villano, quién va a ser el aliado último del protagonista y, por supuesto (perdonadme el mini-spoiler) que éste no va a morir.  Liam Neeson haciendo de Liam Neeson (lo cual siempre se agradece), y rodeado de unos desaprovechados Vera Farmiga, Patrick Wilson (sí, los mismísimos Warren), Sam Neill y Elizabeth McGovern, en una cinta de 105 minutos que ni siquiera me parecieron entretenidos.
Calificación:  6 (sobre 10)

EL INSTANTE MÁS OSCURO
Joe Wright, el director de la deliciosa e inolvidable “Orgullo y prejucio”, convierte en largometraje las difíciles circunstancias en que el célebre Winston Churchill accedió al poder, justo en el peor momento posible:  el estallido de la Segunda Guerra Mundial.  Británica por los cuatro costados, “El instante más oscuro” hace de la elegancia y la corrección sus mejores armas, bañadas por una luz primorosamente capturada por el operador Bruno Delbonnel.  En el lado contrario, una banda sonora que firma Dario Marianelli que parece compuesta para cualquier otro film y metida con calzador en éste:  machacona y rimbombante cuando no debe serlo, omnipresente cuando las imágenes exigían silencio…  te saca literalmente de la película.  Por suerte, la enorme interpretación de Gary Oldman acapara toda la atención del espectador mientras está en pantalla.  Mucho más que un gran trabajo de maquillaje (que también lo es), su personificación del premier más famoso es un despliegue de talento, tanto que en ningún momento vemos a Oldman en su mirada, ademanes y movimientos, sino simplemente a un Churchill casi perfecto.  El Oscar tiene propietario asegurado.

Calificación:  7,5 (sobre 10)

lunes, 22 de enero de 2018

Cine actualidad/ “LOS ARCHIVOS DEL PENTÁGONO”

La verdad, toda la verdad

La guerra de Vietnam ha sido al cine estadounidense lo que nuestra Guerra Civil al cine español:  un tema socorrido y recurrente, una ocasión de oro para retratar cómo era la sociedad antes, durante y después de dichas contiendas.  Cada cierto tiempo, una y otra cinematografía regresan indefectiblemente a ese filón aparentemente inagotable, narrando nuevas historias y revelándonos nuevos puntos de vista…

En 1971, los diarios The New York Times y The Washington Post se encontraron con un suculento tesoro que en realidad era una explosiva bomba de relojería:  una fuente generalmente bien informada puso ante sus ojos una serie de documentos clasificados de alto secreto en los que se narraba con pelos y señales cómo todas las administraciones y todos los presidentes de los Estados Unidos desde 1955 sabían perfectamente que la Guerra de Vietnam era una batalla perdida de antemano, que no existía ninguna posibilidad de ganarla, y aun así continuaron enviando al frente a miles de jóvenes soldados con un destino tan incierto como injusto.  Cuando el Times fue obligado a callar por el Gobierno presidido por Richard Nixon, el Post se halló en una difícil tesitura, de la cual dependería incluso su propia subsistencia…

Es bien sabido que, a partir de su lacrimógena “El color púrpura” (1985), el considerado durante años “Rey Midas de Hollywood”, Steven Spielberg (n. 1946) decidió que su carrera debía emprender derroteros un poco más “serios”, de modo que, en su triunfal curriculum lleno de éxitos descomunales (“Tiburón”, “En busca del Arca perdida” y su primera secuela, “Encuentros en la tercera fase”, “E.T. El Extraterrestre”), se fueron sucediendo las películas “ligeras” y las “dramáticas”, logrando su cénit en 1993 cuando se estrenaron casi simultáneamente “Parque Jurásico” y “La lista de Schindler”, la cual le permitió obtener por fin la ansiada estatuílla como Mejor Director.  En la última década, diríase que el maestro ya no goza del mismo fervor popular que hace 25 años, pero aun así su producción no deja de incrementarse, siendo los films con pretensiones de trascendencia los que más han proliferado.  Para el inicio de este año 2018, en el que más adelante veremos un proyecto más liviano, “Ready Player One”, Spielberg nos reserva su más reciente obra solemne, “Los archivos del Pentágono”, en la que vuelve a contar con su último actor fetiche, Tom Hanks, y la veteranísima Mery Streep.

“Los archivos del Pentágono” es no sólo un homenaje a la profesión periodística, sino a todo un negocio en vías de extinción:  los grandes periódicos de inmensas redacciones, concurridas plantillas e incansables rotativas.  Naturalmente, el gran referente formal es “Todos los hombres del presidente” (Alan J. Pakula, 1976), que de hecho también tenía al citado Washington Post como escenario principal, pero lo que consigue Spielberg es algo mucho más ambicioso:  reconstruir minuciosamente la forma de hacer cine en los años setenta, reproduciendo a la perfección la textura y tonalidad de la fotografía, la paleta de color, las técnicas de montaje y la edición de sonido, además de recuperar con asombrosa precisión el mobiliario, el vestuario y los peinados de la época.  En cuanto a la historia en sí, es justo precisar que al guión redactado por Liz Hannah y Josh Singer le sobran unas cuantas páginas, que pueden concretarse muy directamente en ciertas escenas más bien innecesarias cuyo único objetivo es forzar una nueva nominación para Meryl Streep (quien, por otra parte, siempre se lo merece).  Asímismo, el espectador acaba perdiéndose en un amasijo de personajes secundarios que desempeñan la misma función (los reporteros, oficinistas y accionistas tanto del Washington Post como del New York Times), que fácilmente podrían haberse aligerado o fusionado.

Lo que no reviste ninguna duda es la maestría de Steven Spielberg a la hora de ubicar la cámara y planificar cada secuencia, con especial mención al maravilloso momento en que el periódico decisivo entra en prensa, ejemplo de ritmo y montaje al que acompaña una efectiva banda sonora nuevamente firmada por el octogenario John Williams.  Con esta hermosa carta de amor al Cuarto Poder, el más famoso cineasta judío-americano (con permiso del denostado Woody Allen) vuelve a demostrarnos que el Cine, además de una inocente distracción, puede llegar a ser una poderosa arma de comunicación masiva.

Luis Campoy

Lo mejor:  la secuencia que transcurre en la rotativa del periódico;  la recreación del cine de los años setenta
Lo peor:  el film hubiera ganado prescindiendo de algunas escenas y algunos personajes
El cruce:  “Todos los hombres del Presidente” + “Primera plana” + “Spotlight”

Calificación:  8 (sobre 10)

lunes, 15 de enero de 2018

Cine actualidad/ “TRES ANUNCIOS EN LAS AFUERAS”


Llega la gran favorita a los Oscar

La nueva película de los famosos Hermanos Coen…  no la dirigen los Hermanos Coen.  Ni siquiera la escriben, ni tampoco la producen.  La única conexión de hecho entre “Tres anuncios en las afueras” y la filmografía de los artífices de “Fargo” o·”Barton Fink” es la presencia ante las cámaras de la actriz Frances McDormand, protagonista de la citada “Fargo” y que, por cierto, está casada con Joel Coen, el mayor de los célebres hermanos.

Pero lo cierto es que “Tres anuncios en las afueras” (“Three Billboards Outside Ebbing, Missouri”, 2017) transita los mismos caminos que anteriormente recorrieron algunas de las más celebradas ficciones coenianas;  no sólo físicamente (en cuanto a la ubicación de la acción en sí) sino también temática y tonalmente.  Su director, el británico Martin McDonagh (47 años) ya había dado muestras de su peculiar estilo en la encantadora “Escondidos en Brujas” (2009), así como en la posterior y menos conocida “Siete psicópatas” (2012), pero en esta su tercera película hasta la fecha, alcanza un grado de madurez y saber hacer simplemente asombroso.

En las afueras del pueblo ficticio de Ebbing, sito en el condado de Missouri, existen tres vallas publicitarias en desuso.  Un día, una mujer de la localidad, Mildred Hayes, las contrata para publicar sendos anuncios criticando la negligente actitud de la policía local en la investigación de la violación y asesinato de su hija, acaecidos siete meses atrás.  La exteriorización del conflicto no dejará indiferente a nadie, y desencadenará una serie de acontecimientos totalmente inesperados…

Como he dicho anteriormente, el condado de Ebbing no existe en los mapas, pero el director y guionista McDonagh no ha escogido un nombre al azar:  en inglés, “ebbing” vendría a significar “decaimiento” o, aun mejor, “decadencia”.  Se trata de un lugar (el típico pueblo del medio oeste norteamericano) en el que nunca o casi nunca pasa nada y en el que todos o casi todos se conocen entre sí, un sitio donde el progreso y los problemas no son bienvenidos.  Por eso, ante la tragedia sufrida por la familia Hayes, la primera reacción de los habitantes de Ebbing es solidarizarse con la familia de la fallecida pero, cuando la madre decide tomar la iniciativa, los lugareños optan por cerrar filas en torno a la autoridad competente, porque, al fin y al cabo, todos son miembros de una pacífica e idílica comunidad en la que los unos y los otros deben protegerse entre sí.

Fueron varias las cosas que me sorprendieron y maravillaron de “Tres anuncios en la afueras”.  En primer lugar, la habilidad de Martin McDonagh para pergeñar una historia en la que, como en la vida misma, incluso en la peor tragedia afloran inesperados atisbos de comedia.  La facilidad con la que surgen los brotes de humor (negro, pero humor al fin y al cabo) deja al espectador favorablemente impresionado, y por ello capaz de entregarse sin resistencia a los hábiles tejemanejes de McDonagh.  El guión, que bebe no sólo de las fuentes de los Coen sino también de cierta corriente tragicómica explorada por Capra, Ford e incluso Allen, es capaz de reproducir secuencias de la vida cotidiana pero revistiéndolas de unas dosis extra de ironía y cinismo o de ternura y compasión, según el caso, servidas mediante unos diálogos aparentemente simples pero extraordinariamente eficaces.  Muchas veces me gusta reivindicar la importancia del diálogo en una creación literaria, y los que escribe McDonagh no tienen que ver nada con los que caracterizan a Aaron Sorkin, de quien hace unos días comentaba su libreto para “Molly’s Game”;  mientras los de Sorkin son una constante explosión de inventiva y genialidad, los que enriquecen “Tres anuncios en las afueras” aspiran a reflejar la llana naturalidad de lo corriente.  Pero me atrevería a afirmar que el aspecto del excelente guión de la película que más me cautivó fue la maravillosa creación de personajes, todos ellos con su propia alma y su propia voz, con peso específico en la trama, y caracterizados con apenas una afortunada pincelada.  También ayuda, y no poco, la sublime dirección de actores de McDonagh, que logra unas extraordinarias composiciones no sólo del estupendo trío protagonista (Frances McDormand, incomparable;  Woody Harrelson, entrañable;  Sam Rockwell, memorable) sino de prácticamente todos los miembros del elenco, desde la flamante nueva compañera del ex-marido hasta el pretendiente enano al que borda el gran Peter Dinklage de la serie “Juego de Tronos”, pasando por el dentista, el cura, la viuda del sheriff, el empleado de la agencia de publicidad o el pegador de carteles.

Si a todos los méritos de guión e interpretación hasta ahora reseñados, añadimos una dirección de corte clásico, una banda sonora llena de melancolía pero que jamás roba protagonismo y una espléndida fotografía, concluiremos que “Tres anuncios en la afueras” no es sólo una seria favorita a alzarse con los Oscars principales de la próxima edición (sus cuatro Globos de Oro recién conquistados son un buen aval), sino también y sencillamente una de las mejores películas estrenadas en los últimos años.  Una película absolutamente recomendable para todos aquéllos que saben que el Cine es mucho más que efectos especiales, explosiones y aventuras super heroicas.

Luis Campoy

Lo mejor:  el guión, en el que todos los personajes son memorables y se combinan a la perfección el drama y el humor;  la dirección de actores,  la interpretación del trío protagonista
Lo peor:  nada
El cruce  “Fargo” + “El hombre tranquilo”

Calificación:  9 (sobre 10)

jueves, 11 de enero de 2018

PÍLDORAS DE CINE (Enero 2018)

Un musical como los de antes, una interminable partida de cartas y una trepidante aventura selvática conforman las primeras PÍLDORAS DE CINE que os traemos en este año 2018…

EL GRAN SHOWMAN
A pesar de que todos le conocemos por su carismática personificación del irascible mutante Lobezno, el australiano Hugh Jackman tiene tras de sí un jugoso bagaje en lo que se refiere a teatro musical, destacando en cine su papel protagonista en “Los Miserables” de Tom Hooper (2012).  Al finalizar un año marcado por el éxito de “La La Land”, Jackman aceptó convertirse en el mítico P.T. Barnum en “El gran showman”, un nuevo acercamiento hollywoodiense al género del musical clásico, que contiene canciones originales del dúo Pasek & Paul.  Con los rasgos de Jackman, Barnum se convierte en un idealista que ansía hallar el modelo de espectáculo definitivo, exhibiendo ante los ojos asombrados de la sociedad de su tiempo a todo tipo de personajes estrambóticos.  El circo que fundó ha venido prolongando su actividad desde 1870 hasta mayo del pasado año, y lo que de él nos cuenta “El gran showman” es, obviamente, una versión edulcorada e idealizada, como no podía ser de otra manera.  Con un exquisito diseño de producción y funcionales coreografías, la película te conquista apelando a las emociones más primarias, y obviamente, en esta epopeya de triunfo y derrota, de caída y redención, no podía faltar la glorificación de la familia, tanto la tradicional (la que forman Barnum, su esposa y sus hijas) como la profesional (la constituída por los freaks circenses).  Michelle Williams, Zac Efron, Zendaya y una rutilante Rebecca Ferguson completan el reparto de un film que complacerá sin fisuras a los amantes de los musicales.
Calificación:  7 (sobre 10)
 
MOLLY’S GAME
Aaron Sorkin (56 años) se ha venido labrando una prestigiosa reputación como guionista de films como “Algunos hombres buenos”, “La red social” o “Steve Jobs” y series televisivas como “El ala oeste de la Casa Blanca”.  “Molly’s Game” es su debut como director de cine, y para tal iniciación se ha basado en el libro autobiográfico de Molly Bloom, ex esquiadora olímpica reconvertida en organizadora de partidas de poker clandestinas.  En el más puro estilo Sorkin, el inicio de la película es simplemente extraordinario, con un monólogo de ésos que te dejan boquiabierto.  La pena es que, tras ese primer y extraordinario flashback, viene otro, y otro, y otro….  y a una partida de cartas le sucede otra, y otra , y otra, y otra…  Sus pasadísimos 140 minutos de metraje se me hicieron eternos, y ello a pesar de una rutilante y maravillosa Jessica Chastain, a cuyo alrededor bascula toda la ingeniería del film.  Un desaprovechadísimo Idris Elba, un aburrido Kevin Costner repitiendo su papel en “El hombre de acero” y un risible Michael Cera arropan a la Chastain en una demostración de que, cuando un escritor de talento no tiene experiencia como realizador, se aferra como tabla de salvación a la seguridad de un libreto que ha podido desarrollar a su antojo, con lo cual la imagen queda totalmente supeditada a la palabra.
Califiación:  7 (sobre 10)

JUMANJI:  BIENVENIDOS A LA JUNGLA
22 años después de su estreno, “Jumanji” de Joe Johnston nos parece casi un clásico del cine de aventuras, a pesar de que en su momento recibió no pocas críticas, centradas sobre todo en sus pretenciosos efectos visuales, en una época en la que la revolución del pixel estaba apenas despuntando.  Lo cierto es que ahora mismo se la considera una película familiar y entrañable, de la que sobre todo se recuerda al llorado Robin Williams en su papel de un hombre atrapado durante años en un peligroso juego de mesa.  Obviamente sin Williams, los tambores de Jumanji vuelven a sonar para invitarnos a disputar una nueva partida en el universo creado por Chris Van Allsburg y que ya tuvo una secuela en la reivindicable “Zathura” (2005).  Sin embargo, la nueva “Jumanji” que ha dirigido Jake Kasdan, hijo del ilustre Lawrence Kasdan, resulta una decepción considerable una vez leídas ciertas críticas entusiastas que uno no acaba de comprender.  Un humor de baratillo, un tono excesivamente pueril y unas peripecias carentes de interés constituyen la cruz de una película con apariencia de telefilm y de la que sólo se salvan las interpretaciones de Jack Black y Alex Wolff, muy por encima de un Dwayne Johnson con el piloto automático y un villano de pacotilla encarnado por Bobby Cannavale.

Calificación:  6 (sobre 10)

jueves, 4 de enero de 2018

Cine actualidad/ “WONDER WHEEL”

De norias, teatros y gangsters

La maravillosa rueda de talento del ya venerable Woody Allen (acaba de cumplir 82 añazos) gira y gira ininterrumpidamente desde 1968, cuando debutó en la dirección con “Toma el dinero y corre”.  Desde entonces, sus millones de fans de todo el mundo tienen obligatoriamente una cita anual con este judío bajito y neurótico de cuya máquina de escribir han brotado no pocos guiones memorables.

Woody Allen empalma una película con otra, la finalización de un rodaje con el inicio del siguiente, de modo que es más que lógico que, sobre todo en estos últimos años, no todos sus trabajos sean geniales o redondos.  Con todo, un cineasta de su envergadura siempre es capaz de un insuflar a sus obras una pizca de su inmensa sabiduría…

Ginny, una antigua actriz venida a menos, se ha casado en segundas nupcias con el irascible Humpty, el encargado de la noria del parque de atracciones de Coney Island.  Son los años 50, y la aparente tranquilidad del matrimonio se ve alterada cuando ella conoce a un vigilante de la playa con pretensiones de dramaturgo, y Humpty recibe la visita de su díscola hija, con la que no se habla desde que ella se casó con un peligroso gangster…

Cuenta la leyenda que, de un tiempo a esta parte, Woody Allen nos brinda una de cal y otra de arena:  a una película excelente le sigue otra más bien mediocre, lo cual no resultaría extraño, de ser cierto, debido a la referida costumbre del maestro de estrenar invariablemente una película cada año.  En el caso de “Wonder Wheel”, la película que hoy nos ocupa, no tengo muy claro si tocaría una de las “buenas” o una de las “malas” (la anterior, “Café Society” no se decantaba muy claramente en un sentido o en otro…  como tampoco la penúltima, “Irrational Man”).  Lo que sí es cierto es que durante casi todo el (excesivo) metraje me pareció muy poco “alleniana”, ni buena ni mala sino impersonal.  O, mejor dicho, creí percibir que la autoría del film no se debe tanto a su guionista y realizador como a su insigne director de fotografía.

Vittorio Storaro (77 años) es, sin duda alguna, uno de los mejores cinematógrafos de la historia del Cine, un especialista en brindar belleza a través de la luz.  Allen ya había trabajado con él en “Historias de Nueva York” y “Café Society”, pero diríase que en “Wonder Wheel” la aportación de Storaro ha ido muchos pasos más allá, ya que es la fotografía y el tratamiento de la luminosidad y el color lo que eleva la categoría del film por encima de un guión un tanto anodino.  En no pocos momentos, el ritmo decae y los espacios cerrados, aun a pesar del colorido preciosista de Storaro, resultan irreales, poco creíbles.  Los tiempos muertos nos sumergen en la monotonía, y el desarrollo de la trama se vislumbra claramente desde el principio.  Una cosa que eché mucho de menos fueron los habituales diálogos ácidos tan típicos de Allen, quien en esta ocasión tiene su consabido alter-ego en el personaje del salvavidas a cargo de Justin Timberlake, errada elección a mi parecer, ya que el cantante-actor (a quien tampoco ayuda un doblaje desganado) compone un personaje soso y carente de empatía.  Ni siquiera el humor hace acto de presencia en los momentos en que hubiera sido necesario (la caracterización de los mafiosos), y el conjunto está a un paso por debajo del nivel esperado.

Sin embargo, cuando el film está llegando a su fin, emerge la figura de una gigantesca Kate Winslet y Allen le brinda un pedazo de monólogo que la protagonista de “Titanic” borda magistralmente, alcanzando una intensidad imprevista que te deja con enormes ganas de aplaudir.  ¡Pido y demando una nueva nominación al Oscar para este pedazo de actriz!  Completan el cuarteto protagonista un recuperado James Belushi (un poco sobreactuado para mi gusto) y la joven Juno Temple, que deja en mal lugar al personaje de Justin Timberlake por enamorarse de la mujer equivocada…

Luis Campoy

Lo mejor:  la fotografía de Vittorio Storaro y la enorme Kate Winslet, no necesariamente por ese orden
Lo peor:  la falta de diálogos chispeantes, la carencia del “toque Allen” tan característico
El cruce:  “La rosa púrpura de El Cairo” + “Café Society” + “El corazón del Angel”

Calificación:  7 (sobre 10)

domingo, 17 de diciembre de 2017

Cine actualidad/ “STAR WARS: LOS ÚLTIMOS JEDI”

(ATENCIÓN.  ESTE ARTÍCULO CONTIENE ALGUNOS SPOILERS)

La nueva esperanza que contraatacó tras el retorno de una amenaza clónica y vengativa despertada por la fuerza

Parece mentira, pero desde aquella tarde en que, hallándome en una tumultuosa cola para asistir al estreno en Alicante de “La Guerra de las Galaxias” en el llorado cine Chapí, un conductor despistado dejó que una rueda de su coche me pasara por encima del pie, han transcurrido nada menos que cuarenta años.  Desde aquel momento, gran parte de las estructuras, las concepciones y las pretensiones del negocio cinematográfico han cambiado por completo.  A una más que lógica continuación, “El Imperio contraataca” (1980) en la que TODO (dirección, guión, diálogos, tratamiento de personajes, interpretaciones de los actores, música, efectos especiales…) era aún mejor que en la película fundacional, le sucedió una tercera entrega, “El retorno del Jedi” (1983) en la que empezaron a sonar las alertas:  con permiso de mi querido amigo Pablo Parra, la calidad disminuía y el tono se infantilizaba peligrosamente, disminuyendo la sensación de frescura y apoderándose de la saga un preocupante tono de “deja vu”, aderezado todo ello con la multiplicación de personajes cuya única razón de ser era incrementar las ventas de merchandising.  El creador de todo el tinglado, George Lucas (nacido en 1944), había pasado de ser un cineasta visionario a un negociante compulsivo.  Perdí la cuenta de las reposiciones, reestrenos, reediciones en múltiples versiones y soportes de aquella primera trilogía fílmica, de lanzamientos y relanzamientos de la banda sonora (compuesta por el venerable John Williams) en diversos formatos, amén de libros, comics, álbumes de cromos, juguetes, ropa y accesorios de todo tipo, todo ello de un modo meticulosamente calculado para exprimir a fondo la gallina de los huevos de oro galácticos…  hasta que, en 1999, el amigo Lucas se atreve a presentar en sociedad un nuevo film original, “La amenaza fantasma”, cuya misión era convertirse en el inicio de una segunda trilogía que, para mareo y confusión de los no iniciados, no continuaba lo sucedido tras “El retorno del Jedi” sino que narraba lo que había acontecido antes de “La guerra de las galaxias”, cuyo título había pasado a ser “Una nueva esperanza”.  Las opiniones en torno a este autodenominado “Episodio I” fueron más bien negativas, volviendo a centrarse en lo que remarcaba en el comentario sobre “El retorno del Jedi”:  un enfoque infantil, abundancia de personajes susceptibles de generar juguetes y figuritas (¿alguien ha mentado al denostado Jar Jar Binks?) y, sobre todo, una dependencia total de los super computadores de Industrial Light and Magic, generadores no sólo de efectos CGI sino también de fondos, decorados y criaturas:  todo un desparrame cibernético nunca antes desplegado.  Los restantes episodios de esta trilogía de precuelas, “El ataque de los clones” (2002) y “La venganza de los Sith” (2005), si bien fueron creciendo en calidad estrictamente cinematográfica, siguieron en la misma senda de artificiosidad informática, razón por la cual sus admiradores y detractores empatan en fanatismo y vehemencia.  El 30 de octubre de 2012, la historia de la Galaxia más famosa del celuloide dio un vuelco monumental cuando la todopoderosa Walt Disney Productions compró a George Lucas su compañía Lucasfilm Ltd., matriz tanto de “Star wars” como de “Indiana Jones”.  Pocos días después, Disney anunciaba la realización de una nueva trilogía que, esta vez sí, transcurriría después de “El retorno del Jedi” y para la que se pretendía contar con los actores originales Mark Hamill, Harrison Ford y Carrie Fisher, quienes de alguna manera cederían el testigo a intérpretes lógicamente más jóvenes.  El televisivo J.J. Abrams (“Perdidos”), que había sabido revitalizar con éxito otro mito de la ciencia ficción del siglo XX, “Star Trek”, fue elegido para realizar la primera de las tres nuevas entregas que, con el prometedor título de “El despertar de la Fuerza”, se estrenó el 18 de Diciembre de 2015.  El resultado matemático y tangible fue un éxito comercial inusitado e incontestable, mientras que, en el terreno estrictamente cinematográfico, la división de opiniones era inesperadamente virulenta.

Los cinéfilos de mi generación (y por ende, los de las generaciones posteriores) prácticamente nos hemos criado con Darth Vader, Luke Skywalker, Han Solo y compañía, bebiendo de las aguas fantásticas de la fuente lucasiana para aplacar una sed de aventura que nunca se ha saciado del todo.  Creo sinceramente que el amor y veneración que todos sentimos por los conceptos y personajes creados por el Tío George cegaron las mentes de millones de espectadores, privándoles de la capacidad de realizar un análisis crítico y objetivo de una película que, por explicarlo de un modo sencillo y directo, tenía de original lo que yo de ingeniero aeronáutico.  Porque “El despertar de la Fuerza” copiaba tan a conciencia conceptos, idiosincrasia de personajes, escenarios, vestuario y situaciones de “La guerra de las galaxias” que, para muchos (entre los que me incluyo), más que una continuación resultó ser un remake encubierto.  El nuevo Episodio de la franquicia, “Los últimos Jedi”, tenía ante sí una oportunidad de oro para afianzarse en la descripción de los nuevos personajes y presentar ideas novedosas, o bien para continuar removiendo los lodos del pasado.  Lamentablemente, el director y guionista Rian Johnson ha optado cómoda y descaradamente por la segunda y más fácil opción.

“Los últimos Jedi” arranca, como no podía ser de otra manera, en la inmensidad del espacio, donde la avanzadilla de la flota de la Primera Orden se tropieza con el caza pilotado por el audaz piloto rebelde Poe Dameron (Oscar Isaac).  El tono humorístico de esta primera escena es simplemente desconcertante:  no me hubiera extrañado ver a Miguel Gila o Chiquito de la Calzada como co-autores del argumento.  Enseguida comienza el carrusel de autorreferencias.  Aunque esta vez los malos no han reconstruído, para variar, una enésima Estrella de la Muerte, el ataque de los X-Wings por entre un laberinto de troneras y trincheras recuerda poderosamente al desenlace del Episodio IV (imitado en el VI y, obviamente, en el VII); por Dios, ¡si hasta uno de los pilotos se parece sospechosamente al gordito Porkins!  Entretanto, en el planeta Ahch-To, la joven Rey (Daisy Ridley) le entrega su vieja espada de luz a un huraño Luke Skywalker (nuevamente Mark Hamill)…  ¡y éste la arroja por encima del hombro, despectivo!   Toda esa parte que narra el entrenamiento de Rey está calcada indisimuladamente del adiestramiento de Luke por parte de Yoda en el Episodio V, asumiendo el hermano de Leia el papel de maestro cínico y huraño.  Por no faltar, no falta ni un divertido cameo por parte del mismísimo Yoda, divertido por lo mal hecho que está dicho personaje, con un aspecto de marioneta cutre que tira de espaldas y hace que el animatronic original de 1980 parezca una revolución tecnológica insuperable.  A todo ésto, Huckleberry Finn, o sea Finn a secas (John Boyega), se hace amigo del alma de una mecánica de rasgos orientales (Rose Tico:  Kelly Marie Tran), que a partir de ese momento se le pega como si fuese una verdadera lapa.  Lo siento, pero ese personaje me parece el nuevo Jar Jar Binks:  repelente, insoportable, parece no tener otra función que la de robarle protagonismo a Finn, quien ciertamente se merece más minutos y más desarrollo.  Por otra parte, el narizotas favorito de todos, Kylo Ren (Adam Driver), se ha acordado de que, al final de “El Imperio contraataca”, su abuelo Darth Vader encontraba la forma de hablar a distancia con cierto aspirante a Jedi, de modo que él hace lo propio con Rey, a la que logra atraer hasta la nave comandante de la Primera Orden, donde deberá entrevistarse con el Emp…, o sea, con el Líder Supremo Snoke.  Es esta secuencia lo mejor de toda la película y, posiblemente, una de las mejores de toda la saga:  el audaz contraste de rojos y negros visualizado por Rian Johnson es una verdadera maravilla estética digna de mi más ferviente aplauso.  Pero, si bien la fotografía es ciertamente de alucine, el devenir de la historia se me antoja una estupidez histórica:  crean un personaje siniestro y poderoso como Snoke, articulan en torno a él todo un hype alimentado por las especulaciones enfervorizadas de los fans…  y se lo quitan de encima a las primeras de cambio, dejándonos a todos (y sobre todo a él) a medias.  En cuanto a Leia (Carrie Fisher), dicen que la llorada actriz se ha agitado cabreadísima en su tumba cuando ha visto desde el Más Allá ese ridículo y desternillante momento en el que su Princesa surca los espacios siderales parodiando a la Estatua de la Libertad de “La Loca historia de las Galaxias” (“Spaceballs”) de Mel Brooks, que a su vez parodiaba sin pudor a la franquicia que nos ocupa.  Se ve que Rian Johnson dudaba de que Leia pudiera suscitar por sí misma el interés de la audiencia, ya que se ha sacado de la manga a un personaje sospechosamente similar, la Vicealmirante Holdo (Laura Dern), que, a pesar de estar ataviada con unos ropajes que invitan a la carcajada, acomete las acciones que uno asociaría con el carácter aguerrido e impulsivo de la antigua Senadora Organa.  A todo ésto, tal vez pretendiendo acallar los rumores de que entre Poe y Finn podría haber algo más que una viril amistad, al primero le convierten en objeto de deseo platónico de Leia y Holdo, y al segundo le mandan junto a Rose (supongo que para forzar una imposible historia de amor) a un remoto planeta calcadito a Montecarlo, Canto Bight, donde hay un casino (cuánto cansino ir y venir a la cantina de Mos Eisley) repleto de seres estrambóticos marca de la casa y en el que conocerán a un taimado jugador de dudosa moralidad (DJ:  Benicio del Toro), que sería capaz de vender a cualquiera al Imp… a la Primera Orden, con tal de asegurar su supervivencia (¿os he oído citar el nombre de Lando Calrissian?)…

En fin, me he cansado de enumerar las incontables e innumerables referencias y autorreferencias (¿alguien más se dio cuenta de que hasta tiene una aparición especial el mítico condensador de fluzo de “Regreso al futuro”?) que pueden descubrirse en el guión de “Los últimos Jedi”, una película que, si bien está “condenada” a recaudar unos generosos dividendos en taquilla, o mucho me equivoco o no va a acercarse a los récords históricos que sí logró “El despertar de la Fuerza”.  Porque ni siquiera los fans más acérrimos pueden permanecer cegados eternamente, y hasta los más necesitados han de darse cuenta de que esta nueva trilogía no es sino más, mucho más de lo mismo, con más medios pero con menos imaginación…  ninguna imaginación.  Y creedme que, cada vez que leo que algún crítico afirma que esta octava entrega es la mejor de la saga, me lo imagino escribiendo tal disparate en la piscina de un lujoso hotel pagado con un cuantioso cheque de Walt Disney Productions, pues si no, una chorrada semejante no sería entendible.  Que sí, que queremos (yo el primero) más “Star Wars”, pero no así, no de este modo:  se necesitan nuevas historias, nuevos personajes, nuevas galaxias, no un viaje interminable al interior de un ombligo que, por mucho que nos haya fascinado, tiene urgentemente que renovarse o morir.

Luis Campoy

Lo mejor:  la puesta en escena, con alguno de los momentos visualmente más hermosos e impactantes de toda la saga
Lo peor.  Los nuevos personajes (con especial mención a la insoportable Rose Tico);  el interminable aluvión de referencias al pasado de la saga, un autoplagio que ya cansa,  los golpes de humor absurdo que te sacan de la trama
El cruce:  todos los episodios anteriores mezclados, agitados y batidos

Calificación:  6,5 (sobre 10)

lunes, 11 de diciembre de 2017

Píldoras de cine (Diciembre 2017)

Ya hemos consumido once días del último mes del año, y donde quiera que poso la vista, todo me recuerda que la Navidad es un hecho consumado.  Hace ya casi un mes que los turrones afloraron en las estanterías de Mercadona y, a partir de ese momento, ya puede oficializarse que el adviento ha hecho acto de presencia.  Sin más dilación, os dejo con las primeras Píldoras de Cine de este Diciembre, que ya huele a turrón y mazapán…

PERFECTOS DESCONOCIDOS
Alex de la Iglesia suele adolecer de un problema reiterativo:  es un gran narrador visual, pero a menudo lo que narra se le va de las manos ostensiblemente.  La fuerza de sus planos y el brío de su montaje se estrellan contra una historia con una tendencia desmesurada a la grandilocuencia.  La reciente “El bar” fue un claro ejemplo de todo ello, y ya me temía que “Perfectos desconocidos” iba a padecer la misma “enfermedad” congénita;  por fortuna, me equivocaba.  Siguiendo el esquema argumental de la italiana “Perfetti Sconosciuti”, dirigida en 2016 por Paolo Genovese, De la Iglesia nos presenta un peligroso juego en el que, durante una cena de amigos, todos los teléfonos móviles deben quedar encima de la mesa, y cualquier mensaje o llamada debe ser leído o escuchada en público.  El film arranca como comedia costumbrista, y poco a poco va derivando hacia un thriller psicológico con algunos toques de terror.  Lo mejor:  el increíble aprovechamiento del decorado, merced a una planificación magistral, y sobre todo las actuaciones de Belén Rueda, Eduard Fernández y Ernesto Alterio.  Lo peor:  la evidente desgana de Eduardo Noriega, y ese final de lo más ridículo que a punto está de echar por tierra todas las virtudes de la trama (y menos mal que, justamente y como su nombre indica, acontece al final…).
Calificación:  8 (sobre 10)


WONDER
Habitualmente, los que nos dedicamos a escribir sobre cine tendemos a valorar la forma por encima del fondo, a dedicar más énfasis a la técnica o la puesta en escena que a la historia desnuda, a ponderar el cuerpo olvidándonos del alma.  Durante las casi dos horas que se prolonga el metraje de la preciosa “Wonder”, su director Stephen Chbosky y su creadora literaria RJ Palacio consiguieron hacerme olvidar que estaba presenciando una película, sino que realmente me sentí inmerso en la historia del pequeño August, cuya deformidad facial es sólo la excusa para que unos personajes admirablemente descritos nos transmitan sus pequeñas vicisitudes, sus grandes alegrías y sufrimientos.  Todo ello explicado con un encantador tono optimista que hace creíble su necesario mensaje de tolerancia, respeto y superación.  No ganará el Oscar, pero pienso que películas como “Wonder” deberían ser vistas obligatoriamente en colegios e institutos:  sin duda, en el mundo acabaría habiendo más amor y menos dolor.
Calificación:  8,5 (sobre 10)


COCO
He dejado para el final de este artículo el comentario sobre esta maravilla de animación realizada por Pixar Animation Studios, empresa adquirida hace unos años por Walt Disney Pictures.  “Coco” es una incursión inmersiva en la cultura y folklore mexicanos, un canto de amor a las tradiciones del país de la ranchera y el mariachi.  También es un alegato en favor de la familia y, en última instancia, otra demostración más de la necesidad de ser comprensivos y tolerantes para con el diferente.  Miguel es el miembro más joven de una familia de zapateros, pero el gen musical dormido en su familia durante generaciones, se le despierta de manera irresistible y acaba dando con sus huesos en la Tierra de los Muertos, donde deberá encontrar al mejor cantante de todos los tiempos.  La extraordinaria animación (marca de la casa), el colorido, la ambientación, el sonido y las preciosas canciones se confabulan para lograr que el espectador experimente, una detrás de otra, todas las emociones posibles y las disfrute con infantil gozo.  Un verdadero regalo para los sentidos, que ninguno deberíamos rehúsar.  Lo mejor:  los divertidos cameos de Frida Kahlo, Cantinflas, Jorge Negrete, Pedro Infante, Chavela Vargas, Santo el Enmascarado de Plata…  Lo peor:  que incluso algo tan bonito tenga que tener un final.

Calificación:  9 (sobre 10)

jueves, 30 de noviembre de 2017

Píldoras de Cine: Noviembre 2017 (y II)

Último día de Noviembre…  Se nos extingue el penúltimo mes del año, se nos va el buen tiempo, ojalá que se termine la sequía…  Todo se acaba, menos nuestra creciente pasión por el Séptimo Arte.  Pero si acaso incluso sentís vacilar esa tan loable afición, para ayudaros a recuperarla, aquí tenéis nuestras infalibles ¡¡PÍLDORAS DE CINE!!

LA LIBRERÍA
La película más británica en mucho tiempo no la ha dirigido un británico… sino una española (sí, española, ¿qué pasa?): Isabel Coixet.  Basándose en una novela de Penelope Fitzgerald, la realizadora de “Cosas que nunca te dije” nos cuenta la historia de una mujer decidida y emprendedora que desea transmitir su amor por los libros a los habitantes de un pequeño pueblo inglés de los años 50.  Con un precioso diseño de producción, vestuario a la mode y una puesta en escena exquisita, “La librería” se beneficia de un estupendo reparto en el que destacan Emily Mortimer, Patricia Clarkson (quien repite con Coixet tras “Aprendiendo a conducir”) y un entrañable Bill Nighy.  En una época en la que la polémica la aseguraba “Lolita” de Nabokov y la fantasía tenía como exponente a “Fahrenheit 451” de Bradbury, todavía imperaban el caciquismo y la falsa moral, ante los cuales la auténtica cultura necesitaba encontrar sus propias vías de supervivencia.  Una hermosa película, plena de virtudes, a la que tan sólo le reprocharía un poquito de frialdad, aun asumiendo que la trama, los personajes y el enclave sociológico así lo requerían.
Calificación:  8 (sobre 10)

ORO
Todavía recuerdo el cinéfilo sopor que me invadió mientras veía “El Dorado” de Carlos Saura allá por 1988.  Casi 30 años después y atemorizado por tener que enfrentarme de nuevo a una historia similar, cuál no sería mi sorpresa cuando “Oro” de Agustín Díaz Yanes se desenvolvió ante mis ojos a un ritmo frenético, tan frenético que, bueno, la segunda mitad está narrada tan atropelladamente que cuesta asimilarla.  Con el respaldo de un texto inédito del cartagenero Arturo Pérez Reverte, “Oro” da la razón a quienes piensan que los españoles del siglo XV y siguientes no descubrieron América…  sino que la expoliaron.  Con todo, y a pesar de que los protagonistas parecen tener por corazones auténticas cajas registradoras, la briosa dirección de Yanes y un montaje trepidante permiten a su inconmensurable reparto lucirse a su antojo.  Raúl Arévalo, José Coronado, Oscar Jaenada, Barbara Lennie, José Manuel Cervino, Antonio Dechent, Juan Diego, Luis Callejo, Andrés Gertrudix... ¡no sabría decir cuál está mejor!  El brillo de tan descomunal elenco, a fe mía que, con sus áureos reflejos, empaña sobremanera las carencias del resto del film…
Calificación:  7 (sobre 10)

NIEVE NEGRA
Posiblemente, los actores argentinos más conocidos sean Ricardo Darín, Leonardo Sbaraglia y Federico Luppi (este último, tristemente fallecido hace apenas unos días).  Los tres aparecen en “Nieve negra”, coproducción hispano-argentina que ha escrito y dirigido Martín Hodara y que transcurre en remotos y nevados paisajes de la Patagonia (aunque en realidad se rodó parcialmente en Andorra).  Sbaraglia es quien carga sobre sus hombros el mayor peso de la función, representando a un hombre torturado por viejos fantasmas que debe enfrentarse con su hosco y virulento hermano (Darín).  Mentira, incesto, locura y asesinato son los ingredientes de un drama sin concesiones cuyos diálogos deben ser estupendos… si bien los que pronuncia Darín suenan tan ininteligibles que casi hay que imaginárselos.  Da un poco de pena que un actorazo como éste, dotado además de esa voz baritonal tan característica, no se esfuerce apenas un poquito en vocalizar más.

Calificación:  7,5 (sobre 10)

lunes, 27 de noviembre de 2017

Cine actualidad/ “ASESINATO EN EL ORIENT EXPRESS”

Los doce trabajos de Hércules

Prueba de que la originalidad, la creatividad y la innovación son valores que lamentablemente cotizan a la baja, es la incesante cascada de remakes, secuelas y reboots que inunda nuestras pantallas cada año.  En general, no estoy en contra, por principio, de la realización de una nueva versión de una película, siempre y cuando sirva para algo.  Es decir, ¿para qué copiar algo si no es para mejorarlo o enriquecerlo de alguna manera?  No olvidemos que nuestra amada “Ben-Hur” de 1959 versionaba un film anterior de 1925, o que “Los siete magníficos” (1960) no era sino una actualización en clave de western de “Los siete samuráis” (1954), y seguramente en su momento fueron también muchos los que se rasgaron las vestiduras reclamando mayor inventiva a los cineastas de la época.

Por lo que respecta a “Asesinato en el Orient Express”, la estupenda novela policiaca de Agatha Christie publicada en enero de 1934, fue llevada al cine exactamente 40 años después por el insigne Sidney Lumet, quien logró una adaptación prácticamente insuperable gracias a su fina ironía, sus decorados y, sobre todo, a su magnífico e inigualable reparto encabezado por Albert Finney, que apenas tenía 38 años pero se las ingenió para componer el mejor Hércules Poirot de la historia del Cine…

El lujoso Orient Express, el tren de pasajeros más famoso del mundo, parte de Estambul con destino a París.  En el lujoso vagón de Calais viajan 14 pasajeros, incluyendo al famoso detective belga Hercules Poirot, quien se ha incorporado a la singladura a última hora.  Durante la segunda noche del trayecto y justo cuando el convoy se halla detenido a causa de una tormenta de nieve, uno de los viajeros resulta asesinado.  Poirot se ocupará, cómo no, de la investigación, partiendo de la base de que lo más lógico es que el asesino sea uno de los pasajeros y, por tanto, aún continúe a bordo del tren…

Han pasado 28 años desde que el famoso actor shakespeariano Kenneth Branagh debutase como director de largometrajes con “Enrique V” (1989).  Desde entonces, ha dirigido 16 películas (y actuado también en casi todas), en las cuales ha ido ampliando sus miras, desde la teatralidad de los inicios hasta la clara comercialidad de esta última etapa.  “Asesinato en el Orient Express” ha sido un encargo de Twentieth Century Fox, que ha confiado en él gracias a su considerable éxito con “La Cenicienta” de Disney, merced a lo cual Branagh ha dispuesto de un presupuesto generoso y la posibilidad de reunir un casting como mínimo envidiable.  Con todo, es precisamente en el reparto donde hallamos el primer hándicap insalvable al que Branagh se enfrenta...

Dicen que las comparaciones son odiosas, y en casos como el de esta película, esta máxima se antoja tan certera como inmisericorde.  Porque, por muy populares que sean algunos de los actores que Branagh ha logrado aglutinar, si los comparamos con sus precedentes de 1974, el balance oscila entre lo sonrojante y lo nefasto.  El pirata Johnny Depp no hace olvidar ni por un segundo al mítico Richard Widmark.  La española Penélope Cruz asume un rol equivalente al que hiciese nada menos que Ingrid Bergman (y que además le valió un Oscar), y en el mismo pecado lleva la penitencia.  Josh Gad recupera el personaje de Anthony Perkins (sin comentarios), Daisy Ridley (Rey en la nueva trilogía de “Star Wars”) sigue los pasos de Vanessa Redgrave y Leslie Odom Jr. da risa pretendiendo calzarse los zapatos de Sean Connery.  Las otras comparativas no obtienen mejores resultados, sino que resultan aún más decepcionantes:  Serguei Polunin / Michael York;  Lucy Boynton / Jacqueline Bisset;  Tom Bateman / Martin Balsam;  Marwan Kenzari / Jean Pierre Cassel;  es decir, los que en su momento eran estrellas han sido reemplazados por ilustres desconocidos.  Tan sólo en unos pocos casos, el intérprete actual se aproxima o incluso supera al que le precedió hace 43 años, si bien se trata de los personajes menos significativos:  Judi Dench / Wendy Hiller o Willem Dafoe / Colin Blakely.  Michelle Pfeiffer se revela una digna sucesora de Lauren Bacall, mientras que el propio Kenneth Branagh se reserva el personaje bombón de un Hercules Poirot demasiado atlético, caracterizado con un bigotón innecesariamente ridículo que le resta credibilidad.

He empezado por las deficiencias actorales, pero no deja de ser cierto que la nueva “Asesinato en el Orient Express” pierde por goleada en otros terrenos menos evidentes.  Queriendo alejarse de la escrupulosa fidelidad al texto original del guión de Paul Dehn, el libreto actual de Michael Green introduce un prólogo rocambolesco, cambia sin ton ni son el nombre, la raza, la nacionalidad o el parentesco de varios personajes, añade parrafadas casi metafísicas  a costa de mutilar diálogos explicativos y confiere a Poirot un pasado romántico que prefiero no calificar.  El momento en que se visualiza la reconstrucción del asesinato carece de toda fuerza dramática, y las deducciones de Poirot parecen recitadas de memoria, carentes de la espontaneidad deductiva que deberían poseer.

¿Cuál era el objeto de esta nueva versión de una película si no magistral, sí lo bastante correcta como para continuar resistiendo incólume el paso del tiempo?  Se supone que lo que se pretendía era modernizarla, hacerla atractiva para las nuevas generaciones, aquéllas para quienes un secundario del musical “Hamilton” puede equipararse al mejor James Bond de todos los tiempos.  Pero Branagh también se equivoca aquí, abusando del CGI en la visualización de un tren fotografiado de modos a veces tan inverosímiles que me hicieron pensar que “Polar Express” de Robert Zemeckis era, comparativamente, bastante más realista.  Se nota demasiado la estéril pretensión de insuflar a toda costa más espectacularidad donde bastaba con que hubiese más calidad.  Lo dicho, ¿para qué mancillar un clásico si no es para mejorarlo de alguna recóndita manera?  Todavía no consigo dar con la puñetera respuesta…

Luis Campoy

Lo mejor:  el diseño de producción, la música, la fotografía
Lo peor:  el muy deprimente balance de la comparativa entre la versión antigua y la moderna
El cruce:  “Asesinato en el Orient Express” (1974) + “Polar Express”

Calificación:  6,5 (sobre 10)

jueves, 23 de noviembre de 2017

Cine actualidad/ “LIGA DE LA JUSTICIA”

Los Vengadores de DC

Todavía hoy, casi 40 años después, “Superman” de Richard Donner (1978) continúa siendo mi película de superhéroes favorita.  Para mí, el film protagonizado por el lloradísimo Christopher Reeve reunía todos los ingredientes básicos que cualquier adaptación de un comic superheroico debe poseer:  aventura, acción, un poco de humor, algo de drama, un héroe motivador y convincente, un villano a la altura, un guión competente, un diseño de producción solvente y unos efectos especiales espectaculares.  Con el paso del tiempo, muchas han sido las veces en que los personajes de historieta se han asomado a las pantallas, destacando por encima del resto las que han tenido detrás a las dos grandes editoriales norteamericanas:  Marvel y DC.  La primera de ellas se ha caracterizado por una cierta ligereza en sus propuestas y el elevado aporte de comedia, mientras que la segunda había emprendido un camino bien diferenciado en el que la solemnidad, el realismo y el drama adquirían mayor trascendencia… hasta ahora.

Mientras que todas las producciones de Marvel han contado siempre con el beneplácito del público y han constituído, en mayor o menor medida, apreciables éxitos de taquilla, los títulos presentados por DC han corrido una suerte más bien dispar, sobre todo desde la finalización de la trilogía de Batman realizada por Christopher Nolan.  Desde aquel ya lejano 2012, las películas que ha producido Warner Bros. basándose en los personajes de Detective Comics no han logrado, con la excepción de “Wonder Woman”, responder a las expectativas creadas, y sus recaudaciones han decepcionado a propios y extraños.  Tal vez para tratar de revertir la situación, el drama familiar sufrido por el director Bryan Singer ha servido de excusa para que los ejecutivos de Warner contrataran a un artesano auxiliar, Joss Whedon, con claras instrucciones de agilizar el tono sombrío que, como ha quedado dicho, había sido la marca de la casa hasta el momento.  Singer había dirigido tanto “El hombre de acero” como la muy criticada “Batman V Superman” y había completado el rodaje de “La Liga de la Justicia” (permitidme que ponga un “La” que el título español ha obviado), pero el fallecimiento de su hija le obligó a abandonar la posproducción, momento que Warner ha aprovechado para entregarle las riendas del proyecto a Whedon, quien fuera autor de la más lograda producción de Marvel, “Los Vengadores”.  Con plena libertad de movimientos, el creador de “Buffy, la Cazavampiros” ha vuelto a rodar media película, ha aligerado el metraje previsto y, sobre todo, ha inyectado numerosas y reconocibles dosis de humor, impensables hasta ahora en las películas de la marca.

Continuación directa de “Batman V Superman” (cuyo subtítulo ya era “El amanecer de la Justicia”), “Liga de la Justicia” arranca justo tras el final de aquélla, con Superman muerto y enterrado y Batman y Wonder Woman tratando de formar un equipo con nuevos super héroes que ayuden a llenar el inmenso vacío dejado por el Hombre de Acero.  Aquaman, Flash y Cyborg serán los elegidos, y los cinco deberán enfrentarse al temible (es un decir) Steppenwolf, empeñado (¿cómo no?) en conquistar el mundo para remodelarlo a su antojo….

Coincidiendo en el tiempo con el estreno de “Thor: Ragnarok”, en la que también el humor y la irreverencia campan a sus anchas, Joss Whedon nos presenta la más marveliana de las producciones de DC.  La parte buena es que hay mucha más acción y los diálogos chispeantes proliferan por doquier, y la mala que, aunque Whedon fue contratado para replicar sus celebrados “Vengadores”, a la que más se parece “Liga de la Justicia” es a la segunda parte de aquélla, “Vengadores: La Era de Ultrón”.  Toda la escenas que aquí transcurren en Rusia recuerdan sospechosamente a la Sokovia ultroniana, desde los patrones de conducta de los personajes autóctonos hasta la paleta de color empleada.  Asímismo, y ésto es algo que cada vez me está saturando y rayando más, el inacabable despliegue de efectos visuales digitales acaba por cansar, pues le resta al conjunto cualquier mínima credibilidad.  Las escenas de acción resultan repetitivas y adocenadas, y me hicieron pensar en el tópico combate final de “Wonder Woman”, lo más flojo de una película muy estimable.

Los reshoots o escenas vueltas a filmar por Joss Whedon sólo son apreciables si te fijas con mucha atención (más allá de los apuntes cómicos referidos), pero los retoques del rostro de Ben “Batman” Affleck sí cantan bastante, ya que el presumido actor (45 años) se había sometido a un tratamiento de botox al acabar el rodaje principal, de modo que en la misma secuencia podemos verle, en planos alternativos, o con su chulería habitual o con una inexpresividad aún más acentuada;  nuevamente, el cirujano plástico mató a la estrella de la pantalla.  ***AHORA, SPOILER***  Asímismo, el resucitado Superman de Henry Cavill también resulta un poco “extraño” en algunos momentos, y ello se debe a que, cuando fue requerido para volver a filmar, el intérprete estaba inmerso en el rodaje de la nueva entrega de “Mission: Impossible” y no se le permitió afeitarse el enorme bigote natural que se había dejado crecer, por lo cual, una vez más, los “magos” de la informática tuvieron trabajo extra realizándole un afeitado digital.  La dependencia que el cine actual ha ido adquiriendo con respecto a los ordenadores me resulta más triste cada vez.  ***FIN SPOILER***

“Liga de la justica” no aburre (estaría bueno, durando “apenas” dos horas), pero tampoco es el gran film que la reunión de los más grandes héroes de DC se merecía.  Descompensado entre las escenas grandilocuentes realizadas por Zack Snyder y el exceso de humor desmitificador insuflado por Joss Whedon, cuenta con unos personajes muy carismáticos sobre el papel, pero que en la pantalla resultan más bien desaprovechados.  Batman a veces parece una parodia de sí mismo, Aquaman nunca llega a demostrar su verdadero potencial, Flash (la gran sorpresa del film) no deja de ser el alivio cómico y poco más y Cyborg adolece de una total falta de carisma.  Sólo la hermosa Wonder Woman y ***SPOILER*** el estupendo Superman que ha acabado encarnando Cavill ***FIN SPOILER*** merecen realmente la pena, aunque resulta triste que tanto despliegue de superpoderes tenga enfrente a uno de los villanos más ridículos y peor representados que se recuerdan.  Definitivamente, y aun a pesar de haber compartido director, “Los Vengadores” de Marvel continúan siendo inalcanzables para los “Justicieros” de DC.

Luis Campoy

Lo mejor:  Algunos chistes de Flash;  la clase y belleza de Gal Gadot;  la recuperación de algunas notas de los temas musicales originales de Batman y Superman;  ***SPOILER*** el regreso del Hombre de Acero
Lo peor:  el tontorrón y pixelado villano;  la (innecesaria) cirugía plástica de Ben Affleck
El cruce:  “Batman V Superman” + “Vengadores:  La Era de Ultrón” + “Batman” de Tim Burton

Calificación:  6,5 (sobre 10)

lunes, 13 de noviembre de 2017

PÍLDORAS DE CINE (Noviembre 2017)

Noviembre, el mes de las violetas de Cecilia y de la lluvia de los Guns ‘n’ Roses…  Los cielos se humedecen (en algunas zonas) y las castañeras comienzan a dejarse ver.  Pocas cosas pueden apetecer más que disfrutar una buena película en una buena sala y, para antes o para después, nada mejor que automedicarse con unas infalibles…  ¡¡PÍLDORAS DE CINE!!

MUSA
Este año, los dos co-directores de “REC” nos han presentado sendas películas por separado.  Vistas las dos, hay que reconocer que a Paco Plaza le ha ido mucho mejor con “Verónica” que a Jaume Balagueró con “Musa”.  Balagueró ha adaptado una novela, “La dama número 13” de José Carlos Somoza, para narrar una historia en la que la acción se traslada a una húmeda Irlanda bellamente fotografiada por Pablo Rosso.  La magnífica puesta en escena no consigue obviar las deficiencias de un guión plagado de tópicos que en algún que otro momento trascienden las fronteras del ridículo (esas “diabólicas” musas ataviadas de manola cuyo cuartel general se ubica en un grasiento bareto de carretera…).  El reparto, de lo más ecléctico, lo lidera el británico Elliot Cowan, al que acompañan gente tan dispar como Ana Ularu, Franka Potente, Manuela Vellés, Leonor Watling, una recuperada Joanne Whalley o el mismísimo Doc Brown de “Regreso al futuro”, Christopher Lloyd, por cierto, desaprovechadísimo.  Es un chiste fácil, pero me temo que a Balagueró le han abandonado las musas esta vez…
Calificación:  6,5 (sobre 10)


FELIZ DÍA DE TU MUERTE”
¿Qué pasa cuando ponemos en una coctelera “Scream”, “Atrapado en el tiempo” y “Clueless (Fuera de onda)” y batimos bien la mezcla?  Pues que sale un producto tan divertido y estimulante como este “Feliz día de tu muerte” que ha dirigido Christopher Landon, hijo del llorado e inolvidable Michael Landon.  En un registro muy distinto de aquellas moralinas que hicieron famoso a su padre, Landon nos cuenta la historia de una joven universitaria condenada a revivir una y otra vez el día en que es asesinada.  Si bien me esperaba una puesta en escena algo más vigorosa o incluso un poco más de truculencia, lo cierto es que la película garantiza un buen/mal rato en el que el terror y el humor se suceden con mucha habilidad.  Lo mejor:  la protagonista, una excelente Jessica Rothe a la que habrá que seguirle la pista muy de cerca.
Calificación:  8 (sobre 10)


ENGANCHADOS A LA MUERTE
En 1990, el hoy defenestrado Joel Schumacher dirigió “Línea mortal”, una película sobre estudiantes que coqueteaban con cruzar durante unos minutos el umbral de la muerte y luego regresar para contrastar sus experiencias.  De aquel film poco o nada se recuerda (como mucho, la anécdota de que todos los jóvenes protagonistas se despelotaban de cintura para arriba…  a excepción de una rutilante Julia Roberts recién salida de “Pretty Woman”), de modo que pocos espectadores se han dado cuenta de que la recién estrenada “Enganchados a la muerte” comparte título original (“Flatliners”) con aquella, aunque nadie tiene claro si se trata de un remake, una secuela, un reboot o las tres cosas a la vez.  El único nexo en común sería la presencia de un ya maduro Kiefer Sutherland, cuyo personaje en “Enganchados a la muerte” no sería el mismo, en teoría, que el que interpretara en “Línea mortal”.  Los nuevos protagonistas son Ellen Page, Diego Luna y Nina Dobrev, y sus desventuras resultan tan intrascendentes que nada nos importa si viven, mueren o se van a Bélgica de vacaciones.  Dirige el danés Niels Arden Oplev (el mismo de la trilogía original de “Millennium”) y lo único destacable son esos tres o cuatro sustos que hacen que los espíritus sensibles demos un aterrorizado respingo en la butaca.

Calificación:  6 (sobre 10)

lunes, 30 de octubre de 2017

Cine actualidad/ “THOR: RAGNAROK”

El Dios de la sonrisa

Cuando éramos críos, mi superhéroe favorito siempre fue, como he contado muchas veces, el amistoso vecino Spiderman.  Era otro amigo, Alfonso, alias “Dake” quien tenía predilección por el rubio y espigado Dios del Trueno de Marvel, el poderoso Thor.  Creado por Stan Lee, Larry Lieber y Jack Kirby en 1962, el personaje bebía de las fuentes de la mitología nórdica pero no alcanzó su punto álgido hasta que en 1983 el escritor y dibujante Walt Simonson se hizo con las riendas de la colección.  En el ámbito cinematográfico, Thor obtuvo el protagonismo de una película en 2011, como paso previo a su incorporación en el universo de “Los Vengadores”, en la que compartiría estrellato con Iron Man, el capitán América, Hulk, la Viuda Negra y Ojo de Halcón.  En sus dos primeras incursiones en solitario, la citada “Thor” y su secuela, “El mundo oscuro” (2013), sus respectivos directores, Kenneth Branagh y Alan Taylor, se empeñaron en otorgarle una solemnidad y grandilocuencia que, tal vez, sobre el papel, parecían buenos aditamentos.  Sin embargo, el resultado en ambas ocasiones fue más bien tedioso y deficitario, razón por la que los dirigentes de Marvel optaron por contratar a un realizador de talante radicalmente distinto, de cara a la elaboración de una tercera entrega.  El elegido ha sido el neozelandés Taika Waititi, conocido por “Lo que hacemos en las sombras” y que posée un talante en principio muy poco adecuado para desarrollar una historia protagonizada por Thor…

Tras los sucesos narrados en “Vengadores 2:  La Era de Ultrón”, el Dios del Trueno viaja a su mítico reino de Asgard ya que ha tenido una premonición de que la llegada del Ragnarok (la guerra del fin del mundo) está próxima.  En su ausencia, su hermanastro Loki ha suplantado a su padre Odín, el rey de los dioses, pero las cosas se van a poner realmente fastidiadas con la llegada de Hela, la malvada Diosa de la muerte…

Desde el principio de “Thor:  Ragnarok” queda patente que la seriedad y asepsia de las dos películas anteriores ya era cosa del pasado.  La principal aportación de Taika Waititi radica en el tono que imprime a la historia, tanto a nivel temático como estético.  Nunca antes habíamos vislumbrado a Thor, Loki y el increíble Hulk tan divertidos, ocurrentes y “cachondos”, lo cual no desentona en una historia en la que el humor es una pieza clave y fundamental.  Lo que Waititi ha construído es un tebeo marvelita con mayúsculas, el polo opuesto a “Batman V Superman”, por poner un ejemplo.  Una aventura en la que la comedia y la acción se erigen en protagonistas, ambientadas primero en un Asgard menos suntuoso que otras veces y, posteriormente, en un planeta Sakaar lleno de colorines.  Todas las secuencias que se desarrollan en el circo y en torno a éste constituyen el gran acierto del film, no sólo por la claridad con la que se visualizan los combates, sino sobre todo por el acierto de las escenas en las que Thor y Hulk tienen ocasión de hacer las paces charlando y no a tortazos.  El difícil arte del diálogo brilla como pocas veces en este tipo de películas, y de paso permite que los actores Chris Hemsworth y Mark Ruffalo exploren otras facetas interpretativas poco habituales.

“Thor: Ragnarok” es, desde luego, la película más entretenida del Dios del Trueno (no hacía falta mucho para éso), aunque también tengo que decir que, en no pocos momentos, esas concesiones al humor que antes he elogiado se vuelven un poco en su contra, rozando el ridículo con la punta del martillo.  Con todo, he de reconocer que me lo pasé genial, aunque, ¿qué queréis que os diga?, me sigo quedando con “mi” Spiderman de toda la vida que, por cierto, tampoco es el que Marvel nos ha presentado últimamente en la reciente “Homecoming”.

Luis Campoy

Lo mejor:  el sentido del humor y la aventura, los excelentes diálogos;  la aparición del Doctor Extraño
Lo peor:  el desperdicio de grandes actores como Karl Urban o Idris Elba

El cruce:  “Thor” + “Guardianes de la galaxia”
Calificación:  7,5 (sobre 10)