contenido de la página

Dame tu voto ¡Gracias!

Dame tu voto en HispaBloggers!

lunes, 16 de julio de 2018

Cine actualidad/ “EL RASCACIELOS”


Duro de matar... y de quemar

Fue un sábado, allá por Octubre del año 88 del siglo pasado…  En el cine Salzillo de Murcia, hoy reconvertido en sede de la Filmoteca Regional, se exhibía “Jungla de cristal”, una película policíaca que venía avalada principalmente por dos nombres:  el de Bruce Willis, protagonista masculino de la serie televisiva “Luz de luna” y el de John McTiernan, director de “Depredador”.  Con el paso del tiempo, recordaría aquella tarde no sólo como uno de esos momentos cinematográficos maravillosos e inolvidables, sino como toda una clase magistral de cómo construir una trepidante historia de acción mimando, al mismo tiempo, la humanidad de cada personaje, y regalando al mundo tanto un héroe inolvidable como uno de los mejores villanos vistos jamás en una pantalla.

Precisamente cuando “Jungla de cristal” celebra su trigésimo aniversario, se acaba de estrenar uno de sus enésimos hijos apócrifos, “El rascacielos”, cuyas “coincidencias” con el ya clásico film de McTiernan la convierten prácticamente en un intento de remake.  Tenemos, en primer lugar, al héroe, un ex-agente de la ley cuya esposa es una de las rehenes de un grupo de supuestos terroristas cuyas auténticas motivaciones son más bien materialistas.  El escenario en el que se desarrolla la acción es un gigantesco y ultramoderno edificio cuyo propietario es un millonario asiático, pero la alta tecnología quedará convertida en chatarra a causa de una ensordecedora tormenta de tiros y explosiones, a los que se une un pavoroso incendio que deja en pañales al de la no menos recordada “El coloso en llamas”…

Dicen que las comparaciones son odiosas, y en este caso la regla no sufre ninguna excepción.  El protagonista de la nueva aventura, el ex-luchador Dwayne ‘The Rock’ Johnson, a la sazón uno de los dos o tres héroes de acción más queridos por el público actual, cumple satisfactoriamente con su papel de tipo duro e irreductible al tiempo que padre de familia ejemplar.  Todos los títulos en los que aparece Johnson gozan de un éxito automático y asegurado, y eso no puede ser casualidad.  Sin embargo, los aciertos incuestionables se acaban prácticamente ahí.  La relación del protagonista con sus hijos es un festival de tópicos que causa un poco de vergüenza ajena;  ni el villano principal ni ninguno de sus esbirros tienen el más mínimo carisma;  el resto de secundarios son totalmente prescindibles y no aportan nada a la trama;  y, aun tratándose de una película de aventuras y no de un documental con pretensiones de ser realista, lo cierto es que las hazañas y heroicidades del protagonista rayan demasiado alto en el escalafón de lo increíble.  La capacidad de The Rock para saltar a edificios en llamas, sobrevivir a todo tipo de ataques y derrotar él solito a una piara de maleantes armados hasta los dientes es tan contundente que la suspensión de la incredulidad de la que gozan este tipo de productos resulta ampliamente rebasada.

Con todo, el balance final de “El rascacielos” no puede ser muy negativo, en parte por ese innegable carisma que destila Dwayne Johnson, en parte porque los efectos visuales están bastante logrados y, en parte, porque el director Rawson Marshall Thurber no se recrea excesivamente en la violencia, lo cual acercará la película a un público familiar .  En estas jornadas de tanto calor, no se me ocurren sitios mejores para refugiarse que una piscina, una playa o una sala de cine donde poder distraerse con un producto ágil e inofensivo como “El rascacielos”.

Luis Campoy

Lo mejor:  Dwayne Johnson, al que sólo le falta hacer buenas películas para poder equipararse a sus “hermanos mayores” Schwarzenegger y Stallone
Lo peor:  la falta de carisma de los personajes secundarios;  los tópicos familiares de la trama;  el exceso de fantasía en las hazañas superheroicas del protagonista
El cruce:  “Jungla de cristal” + “El coloso en llamas”
Calificación:  6,5 (sobre 10)

lunes, 9 de julio de 2018

Píldoras de Cine: Julio 2018


Julio….  El séptimo mes del año, el mes en que muchos se van a la playa y otros optan por lanzarse a correr delante de un toro…  Mes de vacaciones, mes de calor, mes de refugiarse en una sala bien refrigerada …  Lo empezamos con una ración de breves pero intensas PÍLDORAS DE CINE.

HEREDITARY
Lo he dicho un millón de veces:  odio las etiquetas y me aterroriza el bagaje que arrastran determinadas películas que vienen ensalzadas por la crítica y/o el público.  El exceso de expectativas suele arruinarme el visionado de no pocas cintas, a las que, mientras las estoy viendo, les busco y no les encuentro esos retazos de maravilla y grandiosidad que se les han adjudicado. “Hereditary”, opera prima del antiguo cortometrajista Ari Aster, es, desde luego, una película interesante, y que sabe alejarse con inteligencia de los estándares del género terrorífico que nos está llegando últimamente.  A Aster no le hacen falta los subidones bruscos de sonido, ni cepillarse a una docena de adolescentes en un aparatoso baño de sangre para crear un clima de inquietud y desasosiego.  Es ésta sin duda la mayor virtud del film:  provocar un miedo más profundo y arraigado, que no te deja que olvides fácilmente las imágenes y sobre todo los sucesos contenidos en esta historia que tiene reminiscencias de “La semilla del diablo”, de “La centinela” e incluso de la reciente “Babadook”.  Grandísimas interpretaciones de un recuperado Gabriel Byrne y, sobre todo, de una descomunal Toni Collette (la madre del niño de “El sexto sentido”), y una escena (la del accidente de coche) que pasará a las antologías del género.  Una muy recomendable propuesta dentro de un género al que le hacía falta madurar, aunque pienso que epítetos como “La película más terrorífica desde ‘El exorcista’” o “La mejor película de terror de las últimas décadas” desconcertarán y aun defraudarán a quienes simplemente esperen ese tipo de terror convencional que este film no ofrece.
Calificación:  8,5 (sobre 10)

CON AMOR, SIMON
Simon Spier (Nick Robinson) es un chico estadounidense de buena familia, que va a un buen instituto y tiene un grupo de buenos amigos…  a los que nunca se ha atrevido a revelarles que es gay.  Accidentalmente, su condición sexual es revelada a los ojos de todo el mundo, y Simon deberá averiguar si su familia y amistades son todo lo tolerantes y comprensivos que él necesita…  Una major como 20th Century Fox produce y distribuye esta encantadora película diseñada para gustar a todo tipo de públicos…  si bien uno se pregunta cuál sería el desenlace de la historia si la acción aconteciera no en unos idílicos EEUU sino en Rusia, Irán o Arabia Saudí, por poner tan sólo unos ejemplos…  Lo cierto es que, coincidiendo en no pocos elementos de tono y planteamiento con producciones como “Wonder”, “Con amor, Simon” adapta con acierto la novela de Becky Albertalli y seguramente convencerá a muchos jóvenes de que, aunque sus padres no tengan el magnífico aspecto de Josh Duhamel y Jennifer Garner, serán capaces de comprenderles y aceptarles cuando llegue el momento de salir del armario.  Pasito a pasito se hace camino, y con películas como “Con amor, Simon” se pone la primera piedra para continuar normalizando la situación de un colectivo cada vez más visible.
Calificación:  7 (sobre 10)

SICARIO: EL DÍA DEL SOLDADO
“Sicario” (2015) me encantó, me impactó, me dejó boquiabierto.  Sobre todo por sus tremendas e inolvidables secuencias de apertura y cierre, pero también por su tono que mezclaba el thriller, el western y la denuncia socio-política.  Tres años después, y con un par de bajas de extrema importancia (el director original Denis Villeneuve y la protagonista Emily Blunt), nos llega una secuela centrada en los personajes “secundarios” encarnados por Benicio del Toro y Josh Brolin, que ha dirigido el italiano Stefano Sollima.  “Sicario:  El día del soldado” es más de lo mismo, obvio por tratarse de una secuela perteneciente a lo que se pretende que se convierta en una franquicia, si bien el guionista Taylor Sheridan se vuelve a esforzar por darle sentido y coherencia a esta nueva historia fronteriza que mezcla el narcotráfico con el terrorismo.  Algo más “blandita” que su predecesora, “Sicario:  El día del soldado” contiene también alguna que otra impactante secuencia de acción, pero el cambio tonal experimentado por el personaje de Del Toro le resta sin duda algo de atractivo;  la fiera se ha ablandado, y éso no es bueno para las expectativas del espectador.
Calificación:  7 (sobre 10)

lunes, 2 de julio de 2018

DO SVIDANIYA, ISPANIYA (algo así como "Adiós, España”)


Tras cuatro años memorables en los que cosechamos un gloria internacional inaudita (Eurocopa de Austria/Suiza de 2008;  Mundial de Sudáfrica de 2010;  Eurocopa de Polonia/Ucrania de 2012), nuestra Selección española de fútbol encadena tres fracasos estrepitosos y consecutivos en las siguientes competiciones en las que ha concurrido (Mundial de Brasil 2014;  Eurocopa de Francia 2016;  Mundial de Rusia 2018).  Hace ahora veinticuatro horas que se nos quedó a todos una cara de memos y gilipollas que nos va a costar erradicar, al menos hasta que un nuevo triunfo (cuando quiera que llegue) nos devuelva el buen sabor de boca;  pero ¿realmente lo sucedido ayer en el Estadio Olimpico Luzhniki de Moscú nos pilló a todos por sorpresa…?

Todavía hoy, mi señor padre (nada menos que 92 lúcidos años) sigue insistiendo en que, a pesar de que fue Vicente del Bosque quien se llevó los mayores laureles tras erigirse España en Campeona del Mundo en 2010, el mérito de haber construido un combinado ganador fue del llorado Luis Aragonés (Hortaleza, 1938-Madrid, 2014).  Efectivamente, a Aragonés le cabe el mérito de no sólo haber seleccionado a los hombres adecuados, sino de haber sabido conjuntarlos y aleccionarlos hasta que moralmente se vieron prácticamente obligados a alzarse con la victoria (Xavi Hernández nunca ha ocultado que fue entonces cuando descubrió su auténtico potencial, y el ex-Niño Fernando Torres me temo que nunca ha rayado a un nivel tan alto).  Las buenas maneras y la campechanía de Del Bosque lograron mantener y aun mejorar la herencia recibida, y de este modo se completó el trío de Copas que nos auparon a la cima del Mundo.  Claro que también la caída fue dura y dolorosa….

Los futbolistas sólo son mitos una vez retirados, porque, cuando están en activo, es sorprendente lo fácilmente que se les convierte de héroes a villanos, mayormente cuando la edad les conduce a un comprensible deterioro físico y creativo.  Desde luego, el tiempo no pasa en balde para nadie, y así fue como Xavi Hernández, Xabi Alonso, Carlos Marchena, David Villa, Fernando Torres e incluso quien parecía Santo y Eterno, Iker Casillas, entraron en la decadencia cuyo peaje el tiempo exige a todos, y, tal vez con algo de retraso, también Del Bosque abdicó.  A alguien se le ocurrió que su sucesor ideal podría ser el antiguo guardameta Julen Lopetegui, quien por aquel entonces oficiaba como seleccionador Sub-21, y de este modo comenzó un periplo de dos años que pretendía eclosionar con éxito en el Campeonato del Mundo a celebrar en la Rusia de Putin.

No nos engañemos:  el juego de la España de Lopetegui nunca fue tan bonito, alegre y vistoso como el que diseñaron Aragonés y Del Bosque.  Sin embargo, es cierto que los resultados sí acompañaron, y las derrotas parecían estar conjuradas al tiempo que Isco, De Gea, Carvajal, Asensio o Kepa iban adquiriendo mayor protagonismo en las listas elaboradas por el técnico vasco.  Y aunque en los últimos encuentros amistosos previos al Mundial ya se produjeron diversas señales poco optimistas que ninguno quisimos apreciar, el verdadero terremoto se produjo el martes 12 de Junio de 2018 cuando, ya en Rusia, el Real Madrid emite un comunicado anunciando que Julen Lopetegui será su entrenador en cuanto concluya la cita mundialista.

El inoportuno anuncio del Madrid divide de inmediato a los aficionados:  algunos defendían que el club de Florentino Pérez tenía todo el derecho del mundo a contratar al técnico que consideraban más idóneo, mientras que otros en lo que nos fijamos fue no en el derecho (incuestionable) sino en las formas y, sobre todo, en la (in)oportunidad del momento elegido para lanzar la bomba informativa.  Pero vayamos un poco más lejos:  ¿os imagináis que, en lugar del Madrid, hubiera sido el Barcelona quien hubiera negociado clandestinamente con el seleccionador de España, y proclamado su contratación a escasas horas del inicio de un Campeonato del Mundo?  Obviamente, todos ésos que ahora defienden la “legítima actitud” de la entidad blanca hubieran prorrumpido en un aluvión de críticas que a mí me habrían parecido totalmente razonables y atinadas.  Uno de los que más ofendidos se sintió, como no podía ser de otra manera, fue el recién nombrado Presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, que se enteró prácticamente al mismo tiempo que el resto de los mortales de que su Seleccionador había negociado en secreto con un club que no tuvo la delicadeza de informar a la Federación de la existencia de tal acuerdo.  Ante Rubiales se desplegaban, básicamente, dos posibilidades:  una, mantener a Lopetegui como si nada hubiera pasado, anteponiendo la estabilidad y el sosiego anímico de los futbolistas al lógico ataque de cuernos que tanto le había cabreado;  y dos, cesar de inmediato al traidor, que al fin y al cabo era un empleado desleal en el que ya no podría confiar.  Sorprendentemente (yo, al menos, no me lo esperaba), Lopetegui fue destituido ipso facto y reemplazado por un renuente Fernando Hierro, director deportivo del combinado nacional, que se resistió todo lo que pudo hasta que no le quedó otro remedio que aceptar el marrón.

Como ha quedado dicho anteriormente, el juego desplegado por la España de Lopetegui en los últimos encuentros había sido discreto y regular, por no decir mediocre.  Sin embargo, el partido de debut en el Mundial fue todo un partidazo (3-3 frente a Portugal), y los goles de Diego Costa hicieron que los errores del portero De Gea quedaran en segundo plano.  Sin embargo, las sensaciones ante Irán (0-1) y Marruecos (2-2) fueron eminentemente negativas, y todos los españolitos estuvimos de acuerdo en que “la España de Hierro” precisaba de algunos cambios:  dotar de mayor solidez a la defensa, de más acierto a la delantera y, sobre todo, sentar a De Gea en beneficio de Kepa o incluso de Pepe Reina.  Mas quien estaba al mando sólo quiso o sólo supo complacernos a medias.  Maquilló un poco el centro del campo (Koke por Thiago y Marco Asensio por el heroico Iniesta), pero mantuvo bajo palos al guardameta más cuestionado de nuestra Historia reciente, y en punta a un Costa que pedía a gritos un descanso o, como mínimo, un compañero.  Por si fuera poco, se trataba de enfrentarnos a la selección anfitriona del Campeonato, misión imposible para nosotros desde que el mundo es mundo, y de la conjunción de todos estos factores devino un desastre que tampoco era tan difícil de prever…

Admito que el Fernando Hierro que ha mordido el polvo con la España de 2018 me ha acabado por caer mejor que su versión de hace un par de décadas, cuando se jactaba de no haber leído jamás un libro.  Con todo, su poca experiencia como entrenador, sus decisiones no siempre entendibles y, sobre todo, su excesiva lealtad a los patrones de juego que había visto ejecutar a Lopetegui nos han acabado por condenar a todos.  El partido de ayer fue soporífero y aburrido (posesión tan abrumadora como estéril, pases horizontales o hacia atrás, ausencia de disparos a puerta), no muy diferente de aquéllos en los que el Barça (referente innegable del estilo que en su día forjaron Aragonés y del Bosque) se tropieza una y otra vez ante rivales que aparcan el autobús ante su portería y fían todo a los dos o tres contraataques que pueden armar a lo largo de los noventa minutos.  Para más INRI, no fueron 90 sino 120 los minutos que tuvimos que sufrir, y, después de éstos, la temida tanda de penalties en los que David De Gea pudo haber pasado de Enemigo Público Número Uno a Héroe Nacional….  pero no cayó esa breva.

Conclusión:  nos volvemos para casa en Octavos, con el rabo entre las piernas y la certeza de que, ahora sí, hace falta una auténtica revolución para que esta Selección pueda volver a vencer y convencer.  Lo más lógico y normal es que Fernando Hierro no continúe ni un minuto más como seleccionador (se rumorean nombres como los de Michel, Quique Sánchez Flores o incluso Luis Enrique para sustituirle), y ya sabíamos desde hacía tiempo que Gerard Piqué (¿a quién silbarán a partir de ahora?) y el gran Andrés Iniesta se iban a despedir tras concluir su participación en el campeonato…   y puede que no sean los únicos…  Esperemos que Rubiales tome las decisiones adecuadas y sepa dar con la tecla que no desafine y complazca a todos por igual, porque la decepción masiva que sufrimos ayer demuestra una vez más que, hoy por hoy, el fútbol sigue siendo el Deporte Rey en esta nuestra monárquica España.


lunes, 11 de junio de 2018

Cine actualidad/ “JURASSIC WORLD: EL REINO CAÍDO”


Un dinosaurio viene a verme

¿A qué sabe un dinosaurio?  Para mí, a mayonesa con ajo…

Durante el largo y caluroso verano de 1993, cuando apenas faltaban unas semanas para el estreno de ”Parque Jurásico”, la película de Steven Spielberg, me propuse leer primero la novela escrita por el malogrado Michael Crichton.  A tal efecto, allá donde yo iba, el voluminoso libro venía conmigo, a la piscina, a la playa y a donde hiciera falta, y así fue cómo el libro y yo fuimos a parar a cierto piso de la costa de Aguilas (Murcia) en el que, entre capítulo y capítulo, tuve la oportunidad de degustar las mayores y más deliciosas raciones de alioli que mis fauces hayan devorado jamás…

Desde entonces han transcurrido nada menos que veinticinco añitos, y a pesar de que Crichton falleció de cáncer en 2008 y de que Spielberg ya no gobierna el timón de la nave, la millonaria saga sobrevive lejos de la extinción.  De hecho, después de un tiempo varada en el olvido, en 2015 fue relanzada con inusitado éxito con “Jurassic World”, título del que la película que ahora comentamos es la lógica e inevitable continuación.

Tres años después de los sucesos narrados en “Jurassic World”, los dinosaurios que campaban a sus anchar por la Isla Nublar, se enfrentan a una terrible erupción volcánica que pone en peligro su supervivencia.  Colectivos ecologistas se manifiestan a lo largo y ancho del mundo exigiendo su rescate, y así será cómo Claire Dearing y Owen Grady entrarán de nuevo en acción…

Como dijimos anteriormente, Steven Spielberg ya no se sienta en la silla de director de la franquicia jurásica, sino que se limita a ejercer funciones de productor ejecutivo.  Fue él quien, tras ver el modo en que el español manejaba la cámara en “Lo imposible”, logrando que una producción europea luciese al nivel visual de un blockbuster hollywoodiense, decidió confiarle la realización de la quinta entrega de la saga al español Juan Antonio “Jota” Bayona (Barcelona, 1975), autor también de “El orfanato” y “Un monstruo viene a verme”.

Bayona, bajo supervisión directa de Spielberg, ha invertido dos años en la concepción y realización de “Jurassic World: El reino caído”, y es evidente que todo ese tiempo debe haberlo dedicado a la visualización de escenas, dibujo de storyboards, diseño de efectos visuales y, finalmente, a la temible postproducción.  Porque, desde luego, el argumento y guión (redactados por el director saliente Colin Trevorrow) dejan bastante que desear.  La historia urdida por Trevorrow no hace sino transitar el mismo terreno ya conocido en la segunda entrega de la serie, “El mundo perdido”, hallándose no pocas referencias temáticas e incluso visuales que se hacen un poco molestas:  una primera parte que transcurre en la isla de los dinosaurios, una segunda mitad que se traslada a un entorno civilizado, más oscuridad, más violencia y más especies animales que mostrar.

Que Jota Bayona sabe cómo planificar una secuencia yo lo tenía más que claro, y que es capaz de “pintar” con una exquisita paleta de colores lo ha demostrado sobradamente en su trayectoria anterior.  Lo que no me esperaba era que diese el visto bueno a un guión tan cargado de tópicos y, sobre todo, que el tratamiento de todos los personajes fuese tan superficial, tan insulso, tan pueril.  Diríase que Dearing y Grady están porque tienen que estar, porque los actores Bryce Dallas Howard y Chris Pratt tienen sendos contratos firmados, ya que su aportación a la trama es más bien irrelevante, siendo en todo momento marionetas de la acción jurásica.  La inevitable niña repelente se manifiesta una vez más (ésta es otra de las constantes de la saga), si bien en este caso su presencia conlleva una revelación un poco sorprendente.   El gran Jeff Goldblum (Ian Malcolm en los episodios 1 & 2) regresa a su lacónico papel, aunque su intervención es poco más que un cameo.  Y, en el terreno de los villanos, da un poco de pena que el memorable “Buffalo Bill” de “El silencio de los corderos” (Ted Levine) se conforme con dar vida a un militar caricaturesco, así como sorprende que un personaje decisivo como el del intrigante Eli Mills haya sido confiado a un actor tan mediocre e inexpresivo como Rafe Spall.

Por lo demás, momentos como la secuencia de arranque, el abandono de los dinosaurios en la Isla Nublar, la subasta que se celebra en la mansión Lockwood o el ataque final del temible Indoraptor dan fe de la habilidad de Bayona para hacer aflorar los sentimientos (inquietud, dolor, tensión, terror), lo cual, en esencia, constituye su mayor virtud como cineasta.

Luis Campoy

Lo mejor:  la planificación de las cuatro o cinco set-pieces que dan sentido a la película
Lo peor:  la pueril utilización de todos los personajes, principales o secundarios
El cruce:  “Parque Jurásico” + “El mundo perdido: Jurassic Parl” + “Un monstruo viene a verme”
Calificación:  7 (sobre 10)

martes, 5 de junio de 2018

PÍLDORAS DE CINE (Junio de 2018)


Con motivo del reciente estreno de “Han Solo:  Una historia de Star Wars”, para mí simplemente entretenida y poco más, un amigo (por cierto, ya cuarentón), me acusó de “haber dejado de ser niño, de no saber entender que las películas de ‘La Guerra de las Galaxias’ no son arte, sino que sólo pretenden distraer”.  Yo, que vi la película fundacional del universo galáctico en el estreno alicantino de 1977, que soy desde entonces coleccionista de todo lo que tiene que ver con la saga y que, desde luego, pienso continuar presenciando los nuevos título que se vayan adhiriendo a la misma, simplemente considero que de lo que se trata es de que hay películas mejores y peores, más acertadas o más fallidas, más novedosas o más predecibles, y que estar ambientado en “una galaxia muy, muy lejana” no representa un salvoconducto para cualquier producto comercial ni es una carta blanca para que tengamos que comulgar con ruedas de molino y dar por bueno aquello que nos parece sencillamente regular.  Paralelamente, es cierto que, con la edad y la perspectiva, uno comprende que, más allá del género fantástico, existe todo un universo de fantásticas películas que, utilizando elementos narrativos más simples, sin efectos especiales apabullantes o explosiones a tutiplén, consiguen que se consolide y extienda el amor al Séptimo Arte.  Todo lo anterior viene a cuento de que, casualmente o no, las últimas veces en que la sala de cine me ha hecho realmente feliz ha sido gracias a dos títulos dramáticos, adultos, de ésos que, en apariencia, confirmarían la teoría esgrimida por mi amigo al principio de este artículo…

EL SACRIFICIO DE UN CIERVO SAGRADO
El año pasado estuve a punto de ver “Langosta” pero finalmente dicha película no pudo incluirse en la programación de mi Cine Club Paradiso de Lorca, de modo que, por desgracia, no había tenido oportunidad de conocer de primera mano la obra del realizador ateniense Yorgos Lanthimos, autor también de “Alps” o “Canino”.  Los primeros compases de “El sacrificio de un ciervo sagrado” son una brutal provocación:  una operación a corazón abierto, en primerísimo plano, obligando al espectador a  mirar y a sufrir durante unos largos minutos.  A partir de ese momento, comienza una narración de ritmo pausado, de diálogos recitados con sosiego, de solemnes movimientos de cámara.  ¿Quién es este Lanthimos?  ¿Acaso se ha metido tantos lingotazos de ouzo que ha llegado a creerse el sucesor de Stanley Kubrick?  La comparación con Kubrick no es nada gratuita.  El diseño de producción, los travellings y la utilización de la música remiten una y otra vez a “2001, Odisea del Espacio” o, sobre todo, “El Resplandor”;  en no pocos instantes, te da la impresión de que las gemelas del vestidito azul van a aparecerse en cualquier rincón del hospital en que trabaja el protagonista.  Y ¿cuál es la extraña relación que une a éste (Colin Farrell) con el ambiguo adolescente al que encarna el desconocido (y soberbio) Barry Keoghan?  Durante la primera mitad de la proyección estuve intranquilo, inquieto, tanto me costó aceptar y comprender la propuesta de Lanthimos.  Sin embargo, la segunda hora del film se me pasó en un suspiro, tan admirado y boquiabierto me llegué a sentir.  Soy consciente de que, al igual que sucede con producciones del tipo “madre!” (Darren Aronofsky, 2017), no cualquier persona, no cualquier espectador será capaz de valorar todas las virtudes cinematográficas (dirección, diálogos, interpretación, fotografía, montaje) que contiene este excepcional film en el que por fin puede volver a brillar una entregada Nicole Kidman.  Pero he de admitir que hacía muchos meses que no me sentía tan hipnotizado por una película que me parece total, apasionante, fascinante, inolvidable.
Calificación:  9 (sobre 10)

BASADA EN HECHOS REALES
La catadura moral de una persona no la descalifica como artista;  ésta siempre ha sido mi opinión ante casos como los de Woody Allen, Kevin Spacey o Roman Polanski, quien ha desarrollado las últimas décadas de su carrera en Europa, tras ser acusado de violación de una menor en 1977 y tener que abandonar precipitadamente los Estados Unidos.  Desde que volviese a rozar el Olimpo con la espléndida “El pianista”, Polanski ha continuado en activo desafiando su ya avanzada edad (84 años), aportando una serie de títulos que, no siendo exactamente magistrales, sí han sido coherentes con su estilo e inquietudes personales.  Basada en la novela homónima de Delphine Vigan, “Basada en hechos reales”, cuyos derechos cinematográficos adquirió Polanski para que fuese interpretada por su esposa Emmanuelle Seigner, cuenta la odisea a la que se enfrenta una escritora de éxito a la hora de afrontar el mayor de sus miedos:  la página en blanco.  ¿De qué hablar?  ¿Sobre qué escribir?  ¿Qué narrar en su próximo libro?  Ese es el dilema que acongoja a la ya madura Delphine (Seigner), hasta que conoce a su más exaltada fan, Elle (Eva Green), con la que inicia una extraña relación de dependencia y obsesión.  El drama que parecía intuirse al principio deviene en thriller, y éste llega a rozar el terror, al tiempo que Delphine y Elle se enzarzan en una enfermiza simbiosis que no puede tener un final feliz…  El magnetismo prodigioso de Eva Green (posiblemente la mirada más electrizante del cine actual) es de largo lo mejor de “Basada en hechos reales”.  Su sola presencia define el tono de cada secuencia en la que aparece.  Emmanuelle Seigner hace lo que puede en un papel en el que no siempre está convincente, y Polanski…  Polanski es experto en realizar propuestas opresivas y enfermizas similares a ésta (“Repulsión”, “La semilla del diablo”, “El quimérico inquilino”, “Lunas de hiel”, “La muerte y la doncella”…), pero en esta ocasión parece como desganado a la hora de filmar, más conformista que innovador, más artesano que creador.  Algunas escenas se dirían copiadas de los insufribles telefilms alemanes que colapsan los domingos de Antena 3, si bien poco a poco el espectador más atento se da cuenta de que algo no encaja, de que no todo es lo que parece.  La pregunta que uno se hace es…  ¿”Misery” o “El club de la lucha”? (y a buen entendedor, ya se sabe…)
Calificación:  7,5 (sobre 10)

lunes, 28 de mayo de 2018

Cine actualidad/ "HAN SOLO, Una historia de Star Wars"


Mami, quiero ser piloto

A los catorce años, cuando se estrenó en España “La Guerra de las Galaxias”, yo quería ser Han Solo.  De hecho, durante un tiempo FUI Han Solo:  en el reparto de papeles que hicimos en clase, mientras a alguno le correspondió el dudoso honor de “travestirse” para convertirse en la Princesa Leia, yo ostenté el privilegio de desempeñar el rol del intrépido contrabandista espacial.  Sin embargo, ya entonces, incluso desde la perspectiva de un crío, era bien evidente que Harrison Ford sólo había (y hay) uno.

Desde el mismo momento en que Walt Disney Pictures adquirió Lucasfilm (la empresa propietaria del creador de “Star Wars”, George Lucas) en octubre de 2012, quedó bien claro que la elevadísima inversión (4.050 millones de dólares) iba a ser rentabilizada con creces.  El merchandising se puso nuevamente en marcha y, en apenas unos días, se anunció la puesta en marcha de una nueva trilogía de películas, que continuaría narrando lo sucedido en la mítica galaxia en la que los Caballeros Jedi controlaban la Fuerza y los Señores Sith conspiraban desde el Lado Oscuro.  Por si fuera poco, la empresa del Ratón Mickey decidiría, poco tiempo después, exprimir aún más el suculento filón, de modo que, al igual que ya se hiciera en 1984 con “La aventura de los Ewoks”, se determinó la realización de varios spin-offs derivados de la franquicia.  El primero de ellos, “Rogue One, Una historia de Star Wars” llegó a los cines en 2016 (entre el Episodio VII y el VIII), y el segundo, “Solo” (“Han Solo” en España) se estrenó el pasado jueves

“Han Solo” (planificada para calmar el “mono” de los fans entre los Episodios VIII y IX) tenía que ser una aventura iniciática, más o menos alegre y optimista, cuyo propósito sería narrar la juventud del propietario del Halcón Milenario.  A tal efecto, se contrató a los directores de “La Lego Película”, Phil Lord y Chris Miller, que fueron quienes supervisaron el casting que eligió como protagonista (es decir, como relevo de Harrison Ford) al semi desconocido Alden Ehrenreich.  El rodaje se inició en febrero de 2016, y no tardaron en sonar las alarmas.  Para empezar, se extendió el rumor de que Ehrenreich no lograba hacerse con el personaje, y se contrató a un profesor de interpretación para que estuviese encima de él.  Pero lo peor aún estaba por venir:  en junio de aquel mismo año, la presidenta de Lucasfilm, Kathleen Kenendy, anunciaba el despido fulminante de Lord y Miller, insinuando las habituales “diferencias creativas”.  Al parecer, los directores había optado por dar carta blanca al reparto para improvisar y modificar los diálogos a su antojo, y éso el ilustre Lawrence Kasdan (autor del libreto, como lo fue de la maravillosa “El Imperio contraataca”) no lo podía consentir.  Como solución de emergencia, se eligió al veterano Ron Howard (que ya colaborase, con éxito, con Lucasfilm en “Willow”), quien no sólo completó el film sino que acabó re-rodando gran parte del material firmado por sus predecesores.

El primer tráiler de “Han Solo” me hizo temer lo peor:  el protagonista apenas aparecía en pantalla, como si los productores tuvieran miedo de enseñarlo.  Sin embargo, el segundo adelanto fue tranquilizador e incluso permitió concebir ilusiones.  Ahora, tras el visionado de la película, ya podemos opinar, juzgar y emitir nuestro veredicto.  Y mi veredicto es….

¿Por dónde empezar?  Lo primero que me llamó la atención de la película fue lo mal presentado que está el protagonista;  en su primera aparición, apenas se le ve fugazmente, sin un plano en el que poder lucirse, sin mimo en su gesto o su pose.  Minutos después, queda patente lo que no es ningún juego metalingüístico, sino toda una realidad fácilmente constatable:  Alden Ehrenreich no es Harrison Ford.  Pero esto ya lo sabíamos, ¿no?  Ehrenreich no es Ford, pero, como nadie es Ford (sólo Ford), incluso este chaval de apellido complicado de pronunciar se merece una oportunidad.  En algunas escenas, el recién llegado da el pego:  es apuesto, es simpático, y diríase que se ha estudiado las poses más características del personaje.  En otros momentos, por desgracia para él (y para todos los fans), su gesticulación facial deja mucho que desear:  sus risitas y mohínes resultan cargantes, molestan.  Era obvio que ningún actor (nadie) iba a estar a la altura del creador del personaje, pero Alden Ehrenreich NO se le acerca ni subido sobre los hombros de Chewbacca.  El primer e irreversible fallo es que nos hallamos ante una película de Han Solo sin Han Solo, sin un Han Solo creíble, y a fe mía que se trata de un fallo que pesa mucho.  Tampoco ayuda demasiado la elección de una insípida Emilia Clarke como interés romántico de Solo, y es que a la Khaleesi de “Juego de Tronos” le está costando mucho labrarse una carrera consistente en el cine.  Más positiva es la presencia de un excelente Woody Harrelson y un elegante Paul Bettany, aunque quien más me sorprendió fue Donald Glover como Lando Calrissian;  todo un descubrimiento el de este californiano de 34 años que destila elegancia y carisma en cada aparición.

Luego, está el tono general del film.  Ron Howard ha demostrado en numerosas ocasiones que sabe narrar con clasicismo, sin complicar mucho la factura visual de sus películas;  pero también ha facturado productos de una alarmante mediocridad, sobre todo en los últimos tiempos (la penosa “Inferno” lo certifica).  El (para mí) equivocado tono de “Han Solo” durante su primera media hora no presagia nada bueno:  fotografía “quemada”, exceso de oscuridad, parquedad en la paleta de color…  Por fortuna, Howard se recompone a tiempo y logra enmendar el rumbo con la inclusión de varias escenas de acción que te dejan casi boquiabierto…  sólo para volver a pifiarla con un final que se me antojó muy mal resuelto.

En el cómputo global de todos los films pertenecientes a la saga galáctica, para mí “Han Solo” ocupa ya el primer lugar…  si empezamos a contar desde abajo.  O sea, sin tratarse de un producto desdeñable, sin llegar a hacerse aburrida, sí considero que es la más floja y la peor de todas hasta la fecha.  Por poner unos ejemplos, ni tiene la relevancia argumental de “El Imperio contraataca” o “Los últimos Jedi”, ni es tan divertida como “La Guerra de las Galaxias (Una nueva esperanza)” o “El retorno del Jedi”, ni tan dramática como “Rogue One” o “La venganza de los Sith”.  Yo no estoy en contra de que se siga explorando la galaxia casi infinita creada por George Lucas, ni de que se nos adentre en el famoso Universo expandido;  lo que sí empieza a cansarme es que en cada una de las películas de la millonaria franquicia tengan que aparecer todos o algunos de los viejos personajes, de que se reciclen los mismos conceptos una y otra vez, de que, pudiendo contarnos algo nuevo, se nos vuelva a narrar lo que ya sabemos, o de que, cuando se pretende “innovar”, se haga a costa de sacrificar la inventiva en aras de la seguridad de lo ya conocido.  Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, comenzó a fraguarse una mitología de la que apenas hemos conocido una pequeña parte, y tenemos por delante mil y una historias que vivir…

Luis Campoy

Lo mejor:  el talento de Woody Harrelson y el carisma de Donald Glover
Lo peor:  la falta de carisma de Alden Ehrenreich, la sosería de Emilia Clarke
El cruce:  “La Guerra de las Galaxias” + “Oblivion” + “Mad Max 3”
Calificación:  6 (sobre 10)

lunes, 21 de mayo de 2018

Cine actualidad/ “DEADPOOL 2”


El regreso del Mercenario Bocazas

En un contexto de super héroes cinematográficos tan poderosos como previsibles y políticamente correctos, en 2016 estalló un fenómeno que sorprendió a propios y extraños.  La primera película basada en el inclasificable Deadpool (“Masacre” para los fans españoles) supuso un verdadero regalo para los padres que deseaban ser los destinatarios de un film superheroico destinado a ellos y no a sus hijos.  El público y la taquilla se rindieron al Mercenario Bocazas de Marvel, que triunfó gracias a un cocktail explosivo basado en comedia, irreverencia, violencia explícita y palabrotas a granel.  Obviamente y como sucede casi siempre, automáticamente quedó abierta la veda para sucesivas secuelas con las que continuar explotando el suculento filón…

Dos años después y con cambio de realizador incluído (el original Tim Miller ha cedido la poltrona al recién llegado David Leitch, uno de los dos co-directores de “John Wick”), el deslenguado Deadpool aterriza de nuevo en los cines de todo el mundo, y lo hace siguiendo el mismo canon de la primera entrega.  Así, el sentido del humor vuelve a ser el principio de todas las cosas, contando con el beneplácito de los fans que saben que nada ni nadie está a salvo de las bromas;  la sucesión de chistes, burlas y parodias no tiene límite.  También la violencia (brutal, chabacana, explosiva) recupera su esperado protagonismo, provocando, eso sí, más la sonrisa que la arcada (recordémoslo por enésima vez:  nos hallamos ante un tebeo hecho cine).

Al frente del reparto, el inigualable Ryan Reynolds, en su tercera encarnación de Masacre (la primera vez fue en “X-Men Orígenes:  Lobezno”, y el resultado, tan lamentable que no se libra de una burla muy merecida), volviendo a demostrar que la perseverancia y la entrega son las mejores armas para obtener y conservar un papel.  Nuevos en la franquicia son la grácil mutante Domino (Zazie Beetz) y, sobre todo, el soldado futurista Cable (Josh Brolin), de quien se dice que hubo que rodar nuevas escenas porque lo más celebrado en los pases de prueba del film.

Como, la verdad, la primera entrega tampoco me pareció nada del otro jueves (yo sí soy muy políticamente correcto y mis héroes favoritos responden a los patrones más clásicos, tipo Spiderman, Batman o Superman), no sabría decir si “Deadpool 2” mola más o es mejor que “Deadpool 1”.  Para mí, las dos están al mismo nivel de ¿calidad?, diversión y provocación.  Lo que sí volví a notar es que, tratándose de un film auspiciado por toda una “major” (20th Century Fox), el look visual de la película no deja de parecer excesivamente “barato”, como de serie B o incluso Z, de lo cual, una vez convenientemente meditado, he deducido que en realidad se trata de algo premeditado, de otro rasgo estilístico, más cuyo propósito es alejar más aún a Deadpool del resto de personajes heroicos y convencionales.

Luis Campoy

Lo mejor:  Ryan Reynolds, el sentido del humor, la (humorística) violencia
Lo peor:  el aspecto visual de la película, deliberadamente cutre y paupérrimo
El cruce:  “Deadpool” + “Terminator” + “Terminator 3”
Calificación:  7,5 (sobre 10)

miércoles, 2 de mayo de 2018

¡Mi primera novela!


En el año olímpico de 1992, acababa de rodar un cortometraje amateur titulado “El Butanero siempre llama dos veces”, una comedia grabada en video que parodiaba y homenajeaba a algunas de mis películas favoritas.  El Butanero…” aún no se había estrenado (no se estrenaría hasta el año siguiente), pero yo ya estaba pensando en próximos proyectos, y, como lo que más me gustaba, más incluso que el cine, era escribir, lo primero que surgió fue un relato, un cuento que esta vez no sería humorístico.  Eran los años en que las sobremesas de las principales cadenas televisivas se nutrían de lacrimógenos culebrones sudamericanos, y tuve la ocurrencia de elaborar una historia que mezclase ese concepto con algún ingrediente digamos…  fantástico.  La protagonista sería una mujer que se siente incompleta y desconoce cómo alcanzar la plenitud, y el título con el que la bauticé, “Sangre”, haría referencia a la maduración femenina, pero también evocaría a clásicos como Polidori o Sheridan Le Fanu.  Poco a poco, el relato se fue enriqueciendo con multitud de diálogos en los que, sin poder evitarlo, junto con el tono melodramático volvieron a surgir elementos de comedia, y, casi sin darme cuenta, con unas cuantas acotaciones, del relato surgió el guión para una nueva aventura cinematográfica.

Ya por aquel entonces, realizar una película era muchísimo más fácil que apenas diez años atrás, cuando había que rodar en celuloide y luego revelar, positivar y montar con una moviola que pocos tenían.  Para convertir “Sangre” en película, sólo hacía falta escoger unas pocas buenas actrices (y algún actor sin frase) y disponer de un equipo básico compuesto por una cámara de video de 8 milímetros, un trípode donde asentarla y una antorcha de andar por casa con la que iluminarlo todo.  Con tan sencillos mimbres, las palabras se convirtieron en imágenes, y las imágenes…  Las imágenes, a causa de un cúmulo de circunstancias demasiado largo de explicar,  se quedaron en el Limbo, un limbo donde todavía viven y donde me temo que seguirán viviendo por siempre jamás.

Desde entonces hasta ahora, aparcada ya la necesidad de ponerme tras una cámara, me dediqué a la radio (quizás alguno recuerde, quiero pensar que con afecto, mi longevo programa “Pantalla Grande”, posteriormente rebautizado como “cine+COPE”) y, más recientemente, quise explorar las nuevas tecnologías y fue cuando surgió este blog “Historias e Historietas” en el que os agradezco vuestra presencia.  Al principio, me dio por escribir sobre los temas más diversos (comic, política, música, deportes…), pero poco a poco, fui centrándome en el Séptimo Arte, la pasión a la que, de una forma o de otra, vuelvo una y otra vez.

Sin embargo, fueron (fuisteis) muchos los que me dijeron (dijisteis) que tanta locuacidad escritora debería invertirla en algo más sólido, más tangible, como un libro.  Durante estos últimos años, la idea ha venido dándome vueltas por la cabeza, pero, sinceramente, no sabía a qué objetivo o temática consagrar las horas de esfuerzo que la tarea iba a requerir.  Paralelamente, varios queridos amigos se atrevieron a lanzarse al mercado literario, e incluso en las series televisivas que suelo seguir, varios personajes (Carlos Alcántara en “Cuéntame” o Pelayo Gómez en “Amar es para siempre”) se metieron a escritores, y además con cierto éxito.  Un sábado por la mañana, viendo en una librería de mi ciudad de residencia la sección dedicada a los autores lorquinos, decidí que el momento había llegado, y que, más pronto que tarde, una obra mía compartiría estante con aquellas publicaciones.

Dos años después, el propósito se ha materializado.  Cansado de buscar en vano nuevas inspiraciones, decidí que procedía recuperar mis viejos relatos y guiones, y admito que, desde el principio, “Sangre” había sido la niña de mis ojos.  Así pues, decidí que había que volver al origen, realizar el recorrido inverso, y de esta manera me propuse traer de vuelta a la inocente Margaret y a su fantasmagórica hermana Valeria, nuevamente al ámbito literario en el que nacieron.  Del cuento al cine (o video) y de éste a un libro breve con el que intento demostrar que, cuando existe una historia que contar, vale la pena esperar un cuarto de siglo hasta encontrar la mejor forma de contarla.

Siendo un total desconocido, hubiera tenido que esperar una eternidad si hubiera querido que mi primera novela viese la luz auspiciada por Planeta o Santillana, de modo que, como tantos otros autores, decidí lanzarme al campo de la autoedición (es el propio escritor quien costea la publicación, pero luego recibe el beneficio de las ventas).  Enseguida, descubrí a la editorial almeriense Círculo Rojo (radicada en la ciudad de El Ejido), y junto a ellos he recorrido un breve camino que ahora culmina.  A partir de esta semana, de este mes de mayo de 2018, ya podéis conseguir ésta mi primera novela “Sangre” en la página web de la Editorial (www.editorialcirculorojo.com) o a través de las plataformas habituales de venta de libros, ya sean virtuales (e-book) o en papel (Fnac, Amazon, Casa del Libro, etc.).  Por supuesto, si tenéis a bien concederme el privilegio de vuestra atención y lectura, ¡ni que decir tiene que vuestro seguro servidor os estará eternamente agradecido!

lunes, 30 de abril de 2018

Cine actualidad/ “VENGADORES: INFINITY WAR”


¡Lo nunca visto en el cine de superhéroes!

En los años 70 y 80, mientras la Distinguida Competencia (DC) reventaba las taquillas de los cines de medio mundo con las adaptaciones de sus personajes insignia (“Superman”, Richard Donner, 1978 y “Batman”, Tim Burton, 1989), Marvel Comics estaba prácticamente en bancarrota y, para sobrevivir, se vio obligada a malvender los derechos de sus héroes al mejor postor.  Fue la era aciaga de la serie televisiva de “El increíble Hulk”, de “Capitán America” de Albert Pyun, de “Los Cuatro Fantásticos” producida por Roger Corman (tan mala que ni llegó a exhibirse) o de aquel “Spider-Man” que también iba a rodar el citado Albert Pyun pero que por suerte no llegó a concretarse.  Fueron los éxitos sucesivos de “X-Men” de Bryan Singer (producida por 20th Century Fox) y “Spiderman” de Sam Raimi (que distribuyó Columbia-Sony), amén de sus respectivas secuelas, los que aceleraron los planes de la todopoderosa Disney para comprar, primero, la editorial matriz, y, poco después, establecer los pilares de lo que comúnmente se conoce como MCU (Universo Cinemático de Marvel).  Bajo el paraguas de Disney, Marvel Studios arrancó oficialmente con “Iron Man” (Jon Favreau, 2008), y poco a poco, el control y los derechos audiovisuales de los iconos de la Casa de las Ideas fueron retornando y, sistemáticamente, produciéndose sus respectivos films (una secuela de “Hulk”, “Capitán América”, “Thor”…), de manera que, hace ahora seis años, pudo llevarse a cabo la estratosférica reunión que los devotos de la historieta marveliana llevábamos toda la vida soñando:  “Los Vengadores” (Joss Whedon, 2012).

Al igual que en los tebeos, la formación conocida como “Los Vengadores” tuvo como razón de ser la defensa de la Tierra ante amenazas tan descomunales que ningún héroe en solitario podría ser capaz de afrontarlas, y en su primera alineación estuvieron los citados Iron Man, Capitán América, Thor y Hulk, a los que se agregaron la Viuda Negra y Ojo de Halcón.  El éxito de crítica y público incluso superó las expectativas, por lo que poco después llegaba “Vengadores 2:  “La era de Ultrón” (confusa y algo fallida, a pesar de haber sido realizada también por Whedon) y se anunciaba un gigante, épico y mastodóntico mega crossover, “Vengadores 3”, que contendría tantos personajes y tantas batallas que finalmente tendría que dividirse en dos partes.  La primera de esas dos entregas, subtitulada “Infinity War” (“La Guerra del Infinito”) acaba de llegar a nuestras salas de cine, y lo ha hecho con un (comprensible) récord de taquilla.  Las reacciones de los fans no se han hecho esperar, y en su inmensa mayoría son entusiastas, habiendo quien la ha bautizado como “El Imperio Contraataca” de Marvel o como “La mejor película basada en un comic jamás realizada”…

Como he dicho más de una vez, cada vez que una película (cualquiera, la que sea) viene precedida del sambenito de ser “la mejor” en su género y, específicamente, cada vez que “El Imperio contraataca” (Irwin Kershner, 1980) sirve para establecer una comparación con cualquier título de nueva elaboración, lo primero que hago es ponerme a temblar.  Porque nunca, nunca, nunca, ninguna de esas dos aseveraciones acaban siendo verdad.  En el caso de “Vengadores: Infinity War”, es incuestionable que nos hallamos ante la mayor constelación de super héroes jamás vista (a los ya mencionados hay que añadir al recuperado Spiderman, el Soldado de Invierno, el Halcón, La Visión, la Bruja Escarlata, Pantera Negra, el Doctor Extraño y los Guardianes de la Galaxia), todos ellos arropados por unos efectos especiales de primer nivel y con un sentido del espectáculo ciertamente incomparable.  Ahora bien, en lo que acabo de decir también se hallan implícitos algunos de los (pequeños) defectos de la cinta.

Reunir a tantos personajes, la mayoría de los cuales han gozado ya de sus propias aventuras en solitario, es sin duda, meritorio y digno de elogio, y los directores del film (los hermanos Anthony y Joseph Russo) han sabido dotar a las apariciones de cada uno de ellos de la misma atmósfera y envoltorio que cuando actúan sin compañía.  Y aquí está uno de los primeros problemas que observo en la película:  el tono.  Por muy encajado que parece el puzzle, las diferentes texturas de drama y los distintos tonos de humor chirrían en algunos momentos, máxime cuando nos hallamos ante una historia que la propia Marvel calificaba como “desgarradora” y que se iba a saldar con no pocas muertes de varios de los héroes más queridos.  Además, para dar cabida a tantos protagonistas, no había más remedio que restar a unos tiempo y notoriedad en beneficio de otros, siendo unos favorecidos (Guardianes de la Galaxia, Thor, Iron Man, Spiderman) y otros bastante perjudicados (Hulk, Viuda Negra o Capitán América).  Es este último quien, desde mi punto de vista, peor parado sale, máxime cuando los Hermanos Russo habían sido los artífices de sus dos últimas películas como cabeza de cartel;  el Capitán América de Chris Evans había sido una sorpresa y un hallazgo, irradiando carisma y credibilidad, pero las enésimas gracietas de Star-Lord o Drax le roban minutos en pantalla, quedando reducido a la mínima expresión.

Otro de los aspectos positivos de “Vengadores: Infinity War” es, naturalmente, su potentísimo villano, el Thanos al que da vida el muy solicitado Josh Brolin.  Thanos, empeñado en que la  única forma de devolver el equilibrio al Universo es erradicar justamente a la mitad de su población (incluyendo a la mitad de los héroes conocidos), trata de conseguir las Gemas del infinito, cuya consecución le haría prácticamente ivencible, y enfrente “apenas” tendrá a los Vengadores, pero ni siquiera el poder combinado de todos ellos garantiza que el llamado “Titán loco” vea abortado su plan.  Siendo encomiable la gesticulación de Brolin (el personaje está creado mediante la técnica de captura de movimiento) y resultando convincentes sus ampulosos diálogos, me pregunto si no hubiera sido un poco más creíble tan temible enemigo si el intérprete hubiese actuado simplemente maquillado, como se hacía antes, cuando los ordenadores aún no se habían enseñoreado de la industria.  Ahora todo o casi todo es digital aun cuando no tendría por qué serlo, y la sobredosis de píxeles se hace indigesta en algunos momentos.  Por cierto, siendo Thanos, como digo, el “malo” oficial del film, hay que destacar que en la versión española existe un villano adicional:  el doblador del adolescente Spider-Man.  ¡Por favor, qué doblaje más chillón y más repipi…!

Aunque parezca por los últimos párrafos que no he disfrutado la película, tengo que decir que, muy al contrario, experimenté un deleite comiquero en toda regla:  yo también llevo toda la vida soñando con ver en acción los espectaculares combates que en las viñetas dibujaron Jack Kirby, John Buscema, George Perez o Ron Lim, y ¿qué mejor acompañamiento musical que la vibrante música de Alan “Regreso al futuro” Silvestri?  Si sois amantes de las historietas, dudo que pueda no gustaros esta brillante pieza que rebosa acción y humor, y cuyo trepidante ritmo hace que apenas se noten las dos horas y media de duración.  En cuanto a los anunciados y dramáticos fallecimientos de varios personajes…  sólo hace falta echarle un vistazo al calendario de próximos estrenos de Marvel para darnos cuenta de que, en el Noveno Arte, la muerte tiene las fronteras muy poco delimitadas.

“Vengadores: Infinity War” puede no ser una obra maestra y no desbancar de su trono a “El Imperio contraataca”, pero apabulla a base de grandiosidad y entretenimiento, y eso no hay quien se lo discuta.

Luis Campoy

Lo mejor:  ver a tantos héroes Marvel en una pantalla es una gozo irresistible para cualquier aficionado al comic
Lo peor:  el exceso de protagonismo conferido a algunos personajes (los Guardianes de la galaxia, por ejemplo) hace que otros queden en segundo plano (el Capitán América, sin ir más lejos,  el abuso de los efectos visuales digitales se hace cansino en algún momento
El cruce:  “Los Vengadores” + “Vengadores: La era de Ultrón” + "Guardianes de la Galaxia" + “Capitán América: Civil War” + “Doctor Strange” + “Black Panther”
Calificación:  8 (sobre 10)

martes, 17 de abril de 2018

Píldoras de Cine: Abril de 2018


“En Abril, aguas mil”, decía el sabio refrán…  Adaptando el dicho a nuestra inquietud cinéfila, podríamos decir que lo que esperamos que el cielo nos depare durante este cuarto mes del año sea mucho, mucho, cine, más cine por favor, de modo que nuestra panacea podría ser “En Abril, películas mil”.  A tal fin, comenzamos sin más dilación nuestras formidables ¡“Píldoras de cine”!

PACIFIC RIM: INSURRECCIÓN
Hay películas que apelan al intelecto, otras que hacen aflorar la sensibilidad, algunas que pretenden hacer exaltar la religiosidad...  y otras que sólo han sido diseñadas para su uso y disfrute conmoviendo nuestros instintos más básicos y nuestras elementales ansias de presenciar espectáculo.  “Transformers” o “Fast & Furious” se adscriben a este subgénero, y también la primigenia “Pacific Rim”, que el recientemente oscarizado Guillermo del Toro realizó hace cinco años.  A la hora de poner en marcha la secuela, Del Toro se ha reservado meramente tareas de producción, y ha cedido la silla de director a Steven S. De Knight, quien ha puesto en escena de manera mecánica un nuevo alarde de pirotecnia visual cibertrónica.  Por segunda vez, los robots gigantes (jaegers) que simbolizan el Bien se enfrentan a los enormes monstruos marinos (kaijus) que representan el Mal, y la forma de dilucidar el eterno combate no es, precisamente, la dialéctica o la oratoria.  Puñetazos por un tubo y hostias como panes, amplificados por el tamaño de los contendientes, son los ingredientes de una segunda parte que sí, da más de lo mismo (lo cual agradecerán sus incondicionales), aunque desde un guión todavía menos sutil y en el que se echa en falta el carisma del gran Idris Elba, cuyo vacío no llega a llenar el galáctico John Boyega.  Para adictos a la acción futurista.
Calificación:  6 (sobre 10)

CAMPEONES
Tras “El milagro de P. Tinto”, dos aventuras de Mortadelo y Filemón o la galardonada “Camino”, el madrileño Javier Fesser regresa por la puerta grande con “Campeones”, una de esas películas que no sólo se ven con agrado sino que deberían verse de forma casi obligada.  El cambio emocional sufrido por un irascible y egocéntrico entrenador de baloncesto (Javier Gutiérrez) que, como consecuencia de un accidente de tráfico, es condenado a realizar servicios a la comunidad en calidad de preparador de un grupo de discapacitados intelectuales, está narrado de manera exquisita y muy a la americana desde un guión redactado a cuatro manos por el propio Fesser en compañía de David Marqués.  Aunque lo cierto es que los golpes de humor son absolutamente hilarantes (sobre todo en las primeras escenas en la que aparecen los peculiares deportistas), es innegable que, poco a poco, la ternura y la concienciación social van haciendo acto de presencia, estallando de forma casi perfecta en un partido final en el que el espectador es hábilmente zarandeado y no sabe si reir o llorar.  Desde luego, el hecho de que, cuando se encienden las luces de la sala, uno se siente mejor persona y está deseando demostrarlo ayudando a los más desfavorecidos (al menos durante un rato) ya es un triunfo para este film español que, por si fuera poco, está arrasando en la taquilla de nuestro país.
Calificación:  8 (sobre 10)

PROYECTO: RAMPAGE
Cuando ví “San Andrés”, elemental artificio de acción y devastación sin límite, apenas podía creer lo bien hecha que estaba aquella película y lo endiabladamente entretenida que era, a pesar, eso sí, de sus tontísimos diálogos y su lacerante simplicidad moral.  Brad Peyton, su director, vuelve a la carga con “Proyecto Rampage”, que nuevamente filma y en la que una vez más cuenta con el carismático forzudo Dwayne “La Roca” Johnson como protagonista.  Basada en un popular videojuego, “Rampage” va dirigida al mismo sector de público que se lo pasó pipa con “San Andrés”, y despliega ante sus ojos un estimulante arsenal de destrucción digital fantásticamente rodada, merced a la furia desplegada por un lobo, un cocodrilo y un gorila albino, todos ellos aparatosamente amplificados a tamaño gargantuesco.  Sin embargo, de entre tan (entretenida) desolación, lo que más valoro son las gesticulantes conversaciones entre el gorila George (evidente clon de nuestro llorado Copito de Nieve) y un tierno Dwayne Johnson que, por una vez, no parece nada rocoso.
Calificación: 7 (sobre 10)

lunes, 9 de abril de 2018

Cine actualidad/ “READY PLAYER ONE”


Ochéntanos otra vez

A principios del año 2000, el famoso realizador y productor Steven Spielberg (n. 1946) fue diagnosticado de cáncer de hígado.  Por fortuna, el creador de Indiana Jones logró vencer a la malhadada dolencia, pero en los despachos de Hollywood sonaron muy fuertes las alarmas.  Spielberg, además de afamado realizador, había sido considerado el “Rey Midas” del Séptimo Arte por su finísimo olfato comercial, capaz de convertir en oro la mayoría de los productos que tocaba.  Para los ejecutivos de la Meca del Cine, la recuperación de don Steven era prioritaria y fue recibida como proverbial agua de mayo…

Dieciocho años después de lo narrado en el párrafo anterior, es posible que el status privilegiado del padre de “E.T.” haya perdido algunos enteros y que los quilates de sus lingotes de oro se hayan devaluado un poco, pero, aún así, cada nueva película suya es recibida con evidente y lógica expectación.  Si en sus años de máxima gloria eran sus trabajos adscritos al género de aventura y fantasía los que complacían más a sus numerosísimos adeptos, lo cierto es que últimamente han sido más apreciadas sus incursiones en el drama, tales como “Lincoln”, “El puente de los espías” y la muy reciente “Los archivos del Pentágono”.  Por este motivo, a su nuevo largometraje, “Ready Player One”, nuevamente de ciencia ficción y que había levantado tremendas expectativas, se lo aguardaba como agua de mayo…  a pesar de que se iba a estrenar en marzo.

En al año 2044, la Humanidad se ha lanzado de cabeza a la realidad virtual como alternativa ilusionante a un mundo depresivo y gris.  El videojuego más famoso se llama Oasis, y uno de sus millones de adeptos es el joven Wade Watts, quien, a la muerte del creador del juego, tratará por todos los medios de resolver un rompecabezas que puede otorgarle una fortuna y un poder inconmensurables…

Publicada en 2011, “Ready Player One” es el título de la novela más famosa de Ernest Cline y que debe su nombre a la invitación en pantalla que recibía el primer jugador de las viejas consolas de Atari.  De hecho, lo más sustancioso de la novela (y, subsiguientemente, de la película que comentamos) son las múltiples e innumerables referencias a la cultura popular de los años ochenta, lo cual encantará a quienes disfrutaron las películas y sobre todo los videojuegos de la época…  y complacerá bastante menos a los no iniciados en dichas lides.

Al igual que en la novela, Spielberg establece dos “niveles” (concepto en sí mismo extraído de cualquier videojuego) de narración en la película.  Por un lado, el mundo real en el que Wade y sus amigos malviven mientras tratan de no ser aplastados por el temible poder de la maléfica corporación IOI y su líder Nolan Sorrento, quienes también aspiran a encontrar los “huevos de Pascua” que conducen al tesoro, y, por otro, la realidad virtual en la que Wade se convierte en su avatar Parzival y lucha, junto a los avatares de sus colegas, por el control de Oasis, el reino de fantasía en el que todo es posible.  Este esquema de división de escenarios y/o realidades no es nada nuevo y lo hemos visto multitud de veces anteriormente, desde “Tron” hasta “Los juegos del hambre”, pasando por “La historia interminable”, “Starfighter”, “Matrix”, “Un puente hacia Terabithia” o “Las crónicas de Narnia”, y el veterano realizador se esfuerza por caracterizar cada uno de sus “mundos” utilizando texturas fotográfico-cromáticas bien diferenciadas e incluso sonidos y banda sonora totalmente distintivos.

Ya ha quedado dicho que uno de los mayores alicientes de “Ready Player One” es el interminable diluvio de cameos de personajes salidos de películas y videojuegos fundamentalmente ochenteros, que incluyen a RoboCop, Sonic, Freddy Krueger, Chucky, Duke Nukem, el Gigante de Hierro, el T-Rex de “Parque Jurásico”, las Tortugas Ninja, King Kong, Bitelchus, Buckaroo Banzai o el DeLorean de “Regreso al futuro”.  He citado una mínima cantidad de dichas “apariciones estelares”, pero incluso en tan exigua muestra se percibe que, junto con el gozo de reconocer a alguno de ellos, también se sufre la frustración de no haber captado a los otros.  Es decir, el espectador, suponemos que según lo desea Spielberg, se va viendo abocado a una gran tensión que no le permite relajarse ni un momento (incluso en las secuencias aparentemente más anodinas, hay cientos de otras alusiones en forma de posters, muñecos o frases de películas que todo buen friki debería pillar al instante…  o traumatizarse por dejarlas escapar), por lo cual, en mitad de un universo tan primorosamente concebido y recreado, es muy probable que lo que se nos pasen por alto sean los defectos del film.  Es decir:  mientras andamos ocupados en dar caza a la enésima referencia contracultural, no nos fijamos en que todos los personajes no son sino tópicos estereotipos, sus diálogos resultan pueriles a más no poder e incluso el villano encarnado por un desaprovechado Ben Mendelsohn deja bastante que desear.

Conclusión:  el viejo zorro Spielberg logra superar los réditos de su anterior “Mi amigo el gigante” (creo que era prácticamente imposible hacerlo peor), pero tenemos que tener claro que, con películas como ésta, que sí, es entretenida y tal, no es como se va forjando una carrera como la que encumbró hace ya cuatro décadas a nuestro aclamado realizador.  De hecho, me atrevo a afirmar que lo mejor de “Ready Player One” no se debe a Steven Spielberg sino a Stanley Kubrick (la maravillosa escena de “El resplandor”) y que, dentro de unos años, cuando las cifras de recaudación del film ya no sean tan significativas, la situaremos al nivel de “Hook” o “El mundo perdido”, títulos spielbergianos que sí, estuvieron bien, pero.....…   ¡Tiempo al tiempo!

Luis Campoy

Lo mejor:  los cameos de personajes de cine y videojuegos ochenteros
Lo peor:  el exceso y saturación de cameos de personajes de cine y videojuegos ochenteros
El cruce:  “Starfighter” + “Matrix” + “La historia interminable”
Calificación:  6,5 (sobre 10)