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lunes, 22 de mayo de 2017

Cine actualidad/ “DÉJAME SALIR”

Los negros que tenían el alma blanca

Los analistas más sesudos se han apresurado a decir que “Déjame salir” es un fiel reflejo de la América de Donald Trump, en la que la (in)justicia social y la (des)igualdad racial campan a sus anchas.  No creo que nada de éso sea verdad, en primer lugar porque la película fue concebida y rodada cuando todavía Barack Obama se sentaba en el Despacho Oval, y en segundo porque incluso cuando el primer presidente de color (de color negro) regía los destinos del país más poderoso del mundo, ya se producían amargos y cruentos brotes de racismo, señal inequívoca de que una buena parte de la sociedad yanqui nunca ha aceptado ni aceptará la igualdad entre las gentes de diferente color de piel.

Dicho todo ésto, podemos referir que la historia de “Déjame salir” se centra en una pareja interracial formada por Rose (blanca) y Chris (negro), que un día deciden viajar hasta el campo para conocer a los padres de ella.  Lo que en principio parece un fin de semana ejemplar gracias a la cultura y tolerancia de los suegros, pronto deviene en algo mucho más inquietante y difícil de explicar…

Déjame salir” es la opera prima como director del actor y guionista Jordan Peele (negro, por más señas), hasta ahora especializado en comedias y que, con un increíble éxito de público, ha decidido pasarse al género terrorífico.  Desde que ví el primer tráiler de “Déjame salir” y, sin saber absolutamente nada de ella, quedé prendado de esta original propuesta que ha acabado por exceder mis más locas expectativas.  Todo en ella funciona (casi) a la perfección:  las excelentes interpretaciones de los actores (con el fabuloso Daniel Kaluuya a la cabeza), los diálogos sobresalientes, la fotografía, los encuadres de cámara, la música, el sonido….  El único “pero” que se me ocurriría ponerle al film sería el exceso de minutos dedicados a explicar la subtrama que protagoniza el simpático Rod, pero, ni siquiera tengo claro que ese aspecto no sea otro acierto más imputable al guión que también firma Jordan Peele en solitario.

A mis amigos les he aconsejado que, a ser posible, se enfrenten a “Déjame salir” (nada que ver con la película de vampiros “Déjame entrar”) sin saber nada de ella, porque de esa manera aún serán más disfrutables los giros que va adoptando la historia.  Pero, incluso tras haber visto su espléndido trailer un buen montón de veces, la verdad es que me encantó esta inteligente, aterradora y divertida propuesta, que incluso se permite coquetear con un final calcado de “La noche de los muertos vivientes” y le da una inesperada vuelta de tuerca.

Luis Campoy

Lo mejor:  todo (actores, guión, diálogos, fotografía, música….)
Lo peor:  en todo caso, los excesos humorísticos a cargo del actor Lil Rel Howery
El cruce:  “El color púrpura” + “El sexto sentido” + “La semilla del diablo” + “La noche de los muertos vivientes

Calificación:  9 (sobre 10)

lunes, 15 de mayo de 2017

Cine actualidad/ “ALIEN: COVENANT”

El xenomorfo que hay en mí

La ventaja (o desventaja, vaya usted a saber) de tener ya algunos años es que uno ha tenido oportunidad de vivir de primera mano innumerables acontecimientos…  también cinematográficos.  Como creo que ya he contado alguna vez, recuerdo perfectamente aquel día en que el famoso periodista Alfonso Eduardo, conductor del espacio televisivo “Revista de Cine”, narró que se había desplazado a Londres para presenciar el estreno de una película titulada “Eilian” (o así lo pronunciaba él), en la que aparecía un monstruo del espacio que garantizaba no pocos gritos de terror.  Como habréis adivinado, era el año 1979 y el film en cuestión no era otro que el primer y original “Alien” de Ridley Scott, del cual se acaba de estrenar nada menos que la sexta secuela (incluyendo las dos demenciales entregas de “Alien Vs Depredador”).

Ridley Scott ya es un señor venerable que en este mismo 2017 va a cumplir 80 años, edad que solemos asociar con la vejez y la senectud.  Por fortuna, el cineasta inglés goza de buena salud y parece hallarse en un buen momento de ánimo, porque la idea era rodar varias precuelas de su “Alien” durante los próximos años, decisión que las no muy buenas críticas que esta “Alien: Covenant” está cosechando podrían alterar totalmente.  El caso es que, tras la muy denostada “Prometheus” (película de 2012, también dirigida por Scott, que narraba una historia situada 30 años antes de “Alien”), el también realizador de la mítica “Blade Runner” ha intentado resarcir a los fans de la saga con un nuevo episodio centrado en la acción y el terror…

La nave espacial “Covenant”, que transporta tanto centenares de colonos terrícolas como embriones de más de 1.000 especies animales con el propósito de preservar la vida tal como la conocemos en la Tierra, recibe una transmisión proveniente de un misterioso planeta en el que pronto descubrirán que años atrás se refugiaron los supervivientes de la astronave “Prometheus”.  Una vez en el planeta, lo que parecía un canto a la vida se convertirá inesperadamente en un terrible ritual de muerte…

Lo primero que quiero decir es que, desde sus primeros minutos, “Prometheus” me pareció una obra totalmente fallida e indigna de Ridley Scott, una película que flirteaba peligrosamente con el ridículo y en no pocos momentos se abandonaba a él.  Por el contrario, “Alien:  Covenant” tiene una gran secuencia de apertura, llena de elegancia y luminosidad, que hace concebir sanas esperanzas.  En seguida nos trasladamos a la Covenant, por cuyos pasillos deambula el androide Walter, versión mejorada del David de “Prometheus”.  A partir de un accidente fortuito, la tripulación sufre una baja vital y es entonces cuando la acción se traslada al infame planetoide en el que se desatará la pesadilla.  Una de las cosas que menos me gustaron de “Alien: Covenant” fue la discutible elección del reparto principal;  ni la supuesta protagonista Daniels (imposible Katherine Waterston) ni el rudo piloto Tennessee (torpe homenaje al Dallas de “Alien”, grotescamente interpretado por Danny McBride) poséen el más mínimo carisma, hándicap insalvable que, unido a la mala caracterización del resto de personajes secundarios, contribuye a que las sucesivas muertes sean indiferentes para el espectador.  Sólo el gran Michael Fassbender sabe aprovechar sus secuencias para componer no sólo uno sino dos enormes papeles ya inolvidables:  por un lado, vuelve a encarnar al sibilino David, mientras que también incorpora al más bondadoso Walter, de cuyo encuentro se deparan los mejores momentos de la función.  También el poco apreciado Billy Crudup goza de un papel relevante, aunque Scott no oculta sus verdaderas intenciones y, a partir de la primera hora de metraje (en la cual hay que admitir que se habían aburrido hasta las ovejas), el auténtico rey de la función vuelve a ser el más famoso alienígena del Séptimo Arte.  Ya sea en sus encarnaciones de Neomorfo o en la clásica de Xenomorfo, la criatura creada por H.R. Giger vuelve a provocar esos alaridos de pánico que allá en el espacio apenas serán audibles.

No me siento decepcionado por esta “Alien:  Covenant”, porque la desilusión de “Prometheus” ya me curó de espanto.  Simplemente disfruté sus buenas secuencias de acción, salté en la butaca con sus cuatro momentos terroríficos y traté de no darle importancia a la patética descripción de los personajes (con la excepción de los androides citados).  “Alien” fue y será una obra maestra incólume al paso del tiempo, mientras que “Covenant” es sólo un divertimento menor que, al menos, logra superar a “Prometheus”… lo cual tampoco era muy difícil.

Luis Campoy

Lo mejor:  Michael Fassbender, uno de los mejores y más fiables actores de la actualidad
Lo peor:  la preocupante falta de carisma de Katherine Waterston
El cruce:  “Alien” + “Passengers”·+ “Moon

Calificación:  6 (sobre 10)

viernes, 12 de mayo de 2017

Las pelis del Cine Club/ “PATERSON”

Poeta y transportista

Nuestro querido Cine Club Paradiso de Lorca, siempre al quite a la hora de hacer llegar al público lorquino aquellos títulos que no han tenido cobertura en las pantallas comerciales, se ha apuntado un nuevo tanto al traernos ayer una película tan encantadora y diferente como “Paterson”.

Paterson es, a la vez, el nombre de un pintoresco pueblo de Nueva Jersey, USA, y el apellido del protagonista de la historia, una historia sencilla en la que se nos narra la existencia cotidiana de un conductor de autobús que, en sus ratos libres, ejerce de poeta aficionado, así como la esencia misma de la localidad en la que se circunscribe la historia…

Paterson” es la nueva propuesta del ya veterano Jim Jarmusch, celebrado autor de títulos tan valorados como “Stranger Than Paradise”, “Bajo el peso de la ley”, “Mystery Train”, “Noche en la Tierra”, “Dead Man” o “Ghost Dog” (esta última también exhibida por Cine Club Paradiso).  Para su nueva obra, Jarmusch ha contado nada menos que con el ascendente Adam Driver, catapultado a la fama tras interpretar al villano Kylo Ren en “Star Wars Episodio VII:  El despertar de la Fuerza”.

Driver es Paterson, ese joven poeta para quien la poesía constituye el pasaporte a un mundo imaginario que le aleja de la rutina de su día a día.  Precisamente una de las mayores virtudes del film es el modo en que se narra, sosegada y plácidamente, lo bonita que puede ser la coloquialidad de una población en la que prácticamente no pasa nada, en la que una trifulca en un bar, la avería de un autobús o la travesura de un perro son los mayores sucesos que alteran su normalidad.  Otro foco de interés es la propia esposa de Paterson, Laura (interpretada por la iraní Golshifteh Farahani, vista en “Red de mentiras” o “Exodus”), todavía más inquieta que su marido y que divide su tiempo entre la decoración de interiores, la elaboración de cupcakes y su pasión por la música country, siempre basándose en una paleta de colores reducida al blanco y el negro.  La alusión a la dualidad, la simetría e incluso los polos apuestos es otra característica que el film retrata con esmero:  el blanco y el negro omnipresentes, la similitud del nombre del protagonista y su ciudad, la aparición de no pocos hermanos gemelos en diversas escenas (muy divertida la alusión a los míticos Sam & Dave), la cuidadísima composición de planos que se pretenden llenos de equilibrios simétricos…

Plagada de alusiones al poeta local William Carlos Williams, que al parecer fue también médico residente en Paterson, este hermoso y entrañable film nos presenta de forma visual los poemas que el protagonista va pergeñando, escritos obviamente en inglés y traducidos por el doblador a la lengua castellana, con un curioso gazapo o licencia poética que me pareció muy chocante:  en un momento dado, en una de las poesías Paterson se refiere a su esposa como “Pumpkin” (“Calabaza”)…  pero lo que se nos traduce es…  “Palomita” (¿?).  Divertida anécdota de una película que convierte en arte la inacción, y el hábito en aliciente.

Luis Campoy

Lo mejor:  la narración cinematográfica de Jarmusch, tan poética por fuera como por dentro
Lo peor:  las quejas de quienes piensan que inacción es igual a aburrimiento
El cruce:  “El ladrón de orquídeas” + “La entrega” + “Doctor en Alaska

Calificación:  8 (sobre 10)

lunes, 8 de mayo de 2017

PÍLDORAS DE CINE (Mayo 2017)


Ya estamos en Mayo, el Mes de las Flores, pero también de la Fiesta del Cine.  ¿Cuál de estas películas os interesaría ver…?

FAST & FURIOUS 8
Ha batido récords en la taquilla internacional.  ¡Y se trata de la octava entrega de una franquicia que comenzó en 2001!  Hay quien no entiende el éxito de este film, y voy a dedicar las siguientes líneas a tratar de explicarlo.  Como no me canso de repetir, la clave para disfrutar una película suele ser saber lo que se puede esperar de ella.  En el caso de la franquicia iniciada con “A todo gas”, los ingredientes están a la vista en cualquiera de sus tráilers:  espectaculares persecuciones, descargas de adrenalina y un sentido del humor tan tosco como eficaz.  Obviamente, pedirle a un film de estas características que tenga un buen guión, que sus diálogos sean floridos o que sus actores realicen interpretaciones de Oscar es, como Tom Cruise diría, una misión imposible.  Aclarado este punto, he de admitir que “Fast & Furious 8” sencillamente…  me encantó.  Se trata de un espectáculo que exige que el espectador asuma de partida su total carencia de realismo y verosimilitud, y que el listón de exigencia crítica descienda a niveles raquíticos….  pero cuando empiezan las persecuciones, cada una más imaginativa que la anterior;  cuando la acción trepidante te convulsiona los sentidos;  cuando el carisma inherente que destila cada uno de los actores que se entregan, totalmente desinhibidos, a la loable causa de entretener sin más, te cautiva sin paliativos….  cuando todo éso sucede, si uno logra dejarse llevar, disfrutará sin duda un momento de espléndida, sencilla y directa diversión.  ¡Que tampoco viene mal de vez en cuando, recórcholis!
Calificación:  7,5 (sobre 10)

Z, LA CIUDAD PERDIDA
He leído que Percy Fawcett, el protagonista (verídico) de “Z, la ciudad perdida”, estaba en la mente de George Lucas cuando creó al carismático aventurero Indiana Jones.  No seré yo quien discuta tal aseveración, pero lo cierto es que las películas protagonizadas por ambos personajes se hallan en las antípodas la una de la otra.  Arqueológo, explorador y militar, Fawcett nació en Inglaterra en 1867, y se le dio por muerto en Brasil en 1925.  La mayor parte de su vida adulta la pasó buscando (¿infructuosamente?) la mítica ciudad de El Dorado, a la que él bautizó simplemente como “Z”.  Tras varios viajes a Sudamérica, desapareció cuando realizaba el que sería el último y definitivo, en compañía de su hijo mayor;  no se les volvió a ver con vida, o al menos no existen pruebas de que fueran vistos tras esfumarse en mayo de 1925.  La película que ha dirigido James Gray (“El sueño de Ellis”) goza de una incontestable calidad técnica (la fotografía, el diseño de producción y el vestuario son de primera), si bien, al menos a mí, se me atragantó desde el principio.  Muy cuidada en lo estético, sí, pero carente de emoción, de intensidad, de espíritu aventurero.  Nada de lo que sucede al protagonista o a sus acompañantes está narrado de manera que provoque pena, alegría, inquietud o desasosiego en el respetable.  Charlie Hunnam está bien, Robert Pattinson se esfuerza por desencasillarse y Tom Holland, el nuevo Spiderman, casi logra parecer un adulto;  pero, incapaz de ser partícipe activo de la trama, insensible ante lo que se me narraba, para mí la “Z” del título fue, inevitablemente, la inicial de “zoporífero”.

Calificación:  6 (sobre 10)

miércoles, 3 de mayo de 2017

Cine actualidad/ “GUARDIANES DE LA GALAXIA, Vol. 2”

¡Vuelve la Space Ópera!

Recuerdo con infinitos cariño y nostalgia los meses que sucedieron al estreno de “La Guerra de las Galaxias” (“Star Wars”, George Lucas, 1977).  El público, especialmente el público juvenil, sediento de más historias fantásticas de aquella índole, se vio impelido a saciar sus ansias aventureras en el manantial inagotable de la “space opera”, género del cual seguramente el propio Lucas había bebido.  En mi caso, no fueron pocas las novelas (“Galaxias enemigas” de Curtis Garland o “El planeta maldito” de Clark Carrados, por citar sólo unos ejemplos) y cómics (la inolvidable “Saga de los Aznar” de Pascual Enguídanos, alias George W. White) de los que dí buena cuenta en aquella época, los cuales me dejaron una cierta huella que el paso de estas cuatro décadas no ha logrado borrar.  El otro día, mientras veía en el cine “Guardianes de la Galaxia, Vol. 2”, me vinieron a la mente todos aquellos dulces recuerdos, y creo que éso redundó en que la película me gustase incluso más de lo previsto….

Han pasado tres años desde el estreno de “Guardianes de la Galaxia” de James Gunn, la cual constituyó una muy agradable sorpresa para el público no especialmente versado en la saga comiquera creada por Dan Abnett y Andy Lanning, que a su vez versionaba la historieta original de Arnold Drake y Gene Colan.  Formada por el medio humano Star-Lord y sus colegas extraterrestres Gamora, Drax el Destructor, Mapache Cohete y Groot, la nueva alineación de los Guardianes de la Galaxia se convirtió en el centro de una entretenidísima aventura que maravilló a propios y extraños, en parte debido a sus (muy digitales) efectos visuales y en parte merced a la perfecta química que destilaban las relaciones establecidas entre sus protagonistas.  Lógicamente, la inevitable continuación incide exactamente en los mismos alicientes, y, como suele suceder en estos casos, los magnifica exponencialmente (ya conocéis el viejo dicho del caldo y las tazas….).  Eso quiere decir, obviamente, que hay más espacio, más naves y más batallas siderales, y, lo mejor de todo, que a los personajes se les dedican aún más tiempo y esfuerzo para dotarlos de profundidad y complejidad.

Convertido en una superestrella, el antaño fofisano Chris Pratt vuelve a liderar a los Guardianes, gracias a su personaje bombón de Star-Lord, alias Peter Quill, el terrícola que nació de la unión de una humana y un alienígena todopoderoso, al que da vida un recuperado Kurt Russell.  Junto a él, nuevamente se lucen Zoe Saldana y Dave Bautista (el “Batista” de la WWE), y continúan robándonos el corazón los digitales Rocket (voz de Bradley Cooper) y un infantil y adorable Groot (doblado por Vin Diesel), que hará las delicias del personal.  Asímismo, personajes más secundarios como Yondu (Michael Rooker) o Nébula (Karen Gillan) adquieren mayor peso específico, lo cual se agradece sobremanera.  La conclusión es que, al menos para mí, los mejores momentos de “Guardianes de la Galaxia Vol. 2” devienen de las escenas sosegadas en las que los protagonistas hablan, bromean o discuten entre ellos, disponiendo cada uno de los personajes principales de un momento de gloria o lucimiento que me recordó a los famosos quince minutos que reclamara en su día Andy Warhol.  Por otra parte, el afán de hacer de los efectos especiales un elemento aún más determinante, redunda en un derroche visual preñado de rayos y lucecitas, que particularmente me resulta un poco cansino e indigesto, y que alcanza su cénit en esa secuencia en la que Star-Lord y su padre Ego se enfrentan a vida o muerte, la cual tiene no pocas reminiscencias de una escena de similares connotaciones paterno-filiales vista en el aburrido “Hulk” de Ang Lee (2003).

Resumiendo, “Guardianes de la Galaxia, Vol. 2” es, obviamente, más de lo mismo, aunque no forzosamente mejor.  Sus diálogos y las relaciones interpersonales son obviamente lo más conseguido, y se merecen mi más sincero aplauso;  en cuanto a la parafernalia más puramente cibernética, personalmente hubiera agradecido algo más de moderación, pero, así y todo, admiro la mayor parte de sus logros en ese terreno.  Otro aspecto a ensalzar es, nuevamente, la maravillosa banda sonora (“Awesome Mix Vol. 2”) enriquecida con míticas canciones de los años 70, entre las que podríamos destacar en esta ocasión “Mr. Blue Sky” de la ELO, “My Sweet Lord” de George Harrison, “The Chain” de Fleetwood Mac o “Father And Son” de Cat Stevens.  El caso es que, en conjunto, nos encontramos ante un espectáculo que no dudo en recomendar a los amantes del cine de aventuras en general y de la ciencia ficción en particular, homenaje hipertrofiado a aquella humilde “space opera” que en cierta época de mi vida me ayudó a mitigar el inmenso “mono” que “La Guerra de las Galaxias” me había generado.

Luis Campoy

Lo mejor:  la excelente química que se desarrolla entre sus personajes
Lo peor:  el exceso de parafernalia visual con tufillo a ordenador
El cruce:  “Guardianes de la Galaxia” + “El Imperio Contraataca” + “Hulk”

Calificación:  8 (sobre 10)

lunes, 10 de abril de 2017

PÍLDORAS DE CINE - Abril 2017

Semana Santa:  vacaciones, procesiones…  y, cada vez menos, devoción y fe.  La fe que llevamos años y años propugnando en este blog es la que se profesa a la vida, al ocio y, especialmente, al cine, ese Séptimo Arte que se disfruta mejor cuando se toma en píldoras, ¡píldoras de cine!

LIFE (Vida)
Hace ya meses que salieron los primeros trailers de “Life”, y los primeros comentarios apuntaban a que se trataba de una enésima actualización de “Alien”, aquí conocida como “El octavo pasajero”.  Más recientemente, algún iluminado insinuó que nos hallábamos ante una especie de precuela de “Venom”, esa adaptación del villano de los comics arácnidos que Sony planea llevar a cabo.  Finalmente no ha sido así, pero sí existen evidentes concomitancias con la celebradísima película de Ridley Scott.  De aquélla toma el entorno espacial, la irrupción de una especie alienígena hostil y el tratamiento de terror angustioso que reviste la trama.  Eso sí, por alguna razón los personajes, sus motivaciones y su interacción me pareció tan poco interesante que durante los primeros 15 ó 20 minutos bostecé espacialmente.  Por fortuna, el director sueco-chileno Daniel Espinosa consigue retomar el pulso en cuanto se desata la acción, y el resto del film es un entretenido thriller que a ratos remite también a “Prometheus” y en otros momentos a “The Martian”…  todas ellas del maestro Ridley Scott;  ¿casualidad…?  En cuanto a los actores, pocas veces he visto tan fuera de lugar a mi adorado Jake Gyllenhaal, siendo una estupenda Rebecca Ferguson la que sale mejor parada de este al cabo simpático divertimento que finaliza con un final lo suficientemente abierto como para dar pie a sucesivas secuelas…
Calificación:  7 (sobre 10)

POWER RANGERS
Recuerdo haber visto algunos episodios de la serie televisiva “Power Rangers” hace ya bastantes años, y mi actitud oscilaba entre la burla descarada y la fascinación infantil hacia un producto en el que lo cutre adquiría auténtica relevancia y la amistad se ensalzaba de manera heroica.  Esas son también las claves de la película que ha dirigido Dean Israelite, y que, dadas mis inexistentes expectativas, me sorprendió gratamente.  Para empezar, los productores parecían tan convencidos del éxito de este film, que, seguros de que se trata del inicio de una prometedora franquicia, han reservado la acción pura y dura para el último tercio, dedicando la mayor parte del metraje a presentarnos con tranquilidad a los personajes .  Este insospechado mimo en la caracterización de los protagonistas se traduce en un aceptable retrato juvenil de cinco muchachos poco convencionales que además representan a diversas etnias e incluso a diversas sexualidades.  Nuevamente, la amistad que va surgiendo entre ellos es el primer foco de interés, y así el espectador (incluso el más reacio) es partícipe de cómo unos chavales ordinarios se convierten en una especie de superhéroes destinados a proteger a la Tierra de una terrible amenaza…  grotesca y cutre como en la televisión, pero terrible al fin y al cabo.  Porque la última media hora de “Power Rangers” es un desacomplejado divertimento en el que se suceden los mamporros, las carreras y los rayos, sólo que uno ya ha empatizado tanto con los héroes que se les perdona de sobras las ingenuidad de su inofensiva pero espectacular batalla decisiva.
Calificación:  7 (sobre 10)


jueves, 30 de marzo de 2017

Primer trailer de la nueva "It"


Tras no pocas vicisitudes, por fin se concreta esta adaptación al cine de la famosa novela de Stephen King, que personalmente me aterrorizó hace 30 años.  Quizás recordéis una antigua versión que dirigió Tommy lee Wallace, pero he de recordaros que se trataba de una miniserie que en España se distribuyó resumida en un largometraje que, bueno, se recuerda con cariño pero no hacía justicia al libro.  La nueva versión la ha dirigido Andrés Muschietti y  su primer trailer tiene este terrorífico aspecto:




miércoles, 29 de marzo de 2017

PÍLDORAS DE CINE: Marzo 2017 (y II)

Últimas píldoras de cine de este mes de Marzo aquí en “Historias e Historietas”.  La oferta del día es irrechazable:  tres películas por el precio de una.

EL BAR
A pesar de la enorme simpatía que me suscita el bilbaíno Alex de la Iglesia, he de reconocer que sus últimas películas, todas, han ido defraudando mis expectativas.  Lejos han quedado los tiempos de la inolvidable “El día de la Bestia”, revalorizable en cada nuevo visionado pero cuya genialidad contrasta con la irregularidad de trabajos tan decepcionantes como la fallida “Mi gran noche” o la horrenda “La chispa de la vida”.  “El bar”, desde luego, no ha supuesto un regreso a los orígenes en cuanto a calidad se refiere.  Nuevamente hay que destacar la habilidad de De la Iglesia para la planificación, la creación de atmósferas y la dirección de actores, pero de nuevo la estructura de su guión no consigue mantener el interés durante todo el metraje.  ·”El bar” pretende ser una réplica castiza a las películas catastrofistas norteamericanas, pero aquí los personajes sometidos a una terrible situación límite no tienen todos la misma entidad ni están dibujados con la misma precisión.  De hecho, la película empieza a decaer en el momento en que la acción se concentra en unos pocos personajes prescindiendo del resto, y entre los elegidos se mantiene al desagradable mendigo interpretado por Jaime Ordóñez, responsable directo de los momentos que menos me gustaron.  Lástima que un film con un arranque tan prometedor y algunos momentos que me dejaron simplemente boquiabierto derive en una macabra y maloliente aventura con un final de todo menos inspirado.
Calificación:  6 (sobre 10)

LA BELLA Y LA BESTIA
Más o menos lo contrario de lo que he escrito sobre “El bar” podría aplicarse a mi comentario acerca de esta versión de “La Bella y la Bestia”.  Aunque muchos pensamos que lo que está haciendo Disney (reconvertir en imagen real sus famosos clásicos animados) es una pérdida de tiempo y un desperdicio de talento, lo cierto es que los remakes de “El Libro de la Selva”, “La Cenicienta” y, en menor medida, el título que hoy comentamos, tienen la virtud de desplegar un universo equilibrado entre el clasicismo y la virguería infográfica (terreno en el que naufragaba Tim Burton con su “Alicia en el País de las Maravillas”), en el que el diseño de producción, el vestuario y la fotografía rayan a un muy alto nivel.  Vale que Emma Watson es un terrible error de casting (nada tengo en contra de esta actriz, pero el concepto mismo de “Bella” le viene grandísimo) y que los mejores momentos no son sino una vuelta de tuerca al maravilloso film de animación, pero las excelentes interpretaciones de Luke Evans y Josh Gad logran que este entretenido espectáculo vaya un pasito más allá.
Calificación:  7 (sobre 10)

KONG:  SKULL ISLAND
En 1976, el productor italoamericano Dino De Laurentiis se atrevió a producir un remake en color del clásico de culto de Ernest B. Schoedsak y Merian C. Cooper. “King Kong”.  40 años después y como consecuencia del éxito comercial de “Godzilla”, Warner Bros. ha dado luz verde a lo que parece ser una especie de tardía precuela del citado film de John Guillermin, por cuanto está ubicado temporalmente en 1973 y los diseños de producción y movimientos de cámara parecen ser sospechosamente similares.  Eso sí, la tecnología ha avanzado de manera alucinante y el acabado formal de esta “Kong:  La Isla Calavera” es simplemente irreprochable.  El guión es una patética acumulación de mil y un tópicos y absolutamente ninguno de los personajes tiene la más mínima entidad ni carisma, pero al director Jordan Vogt-Roberts hay que reconocerle su habilidad para filmar la acción pura y dura y su creatividad en cuanto a las innovaciones estéticas empleadas.  El temible Kong, Rey indiscutible de la Isla Calavera, luce más imponente que nunca.

Calificación:  7 (sobre 10)

sábado, 25 de marzo de 2017

Lorca acoge la VI Edición del certamen "A corta distancia"

Como en años anteriores, el Cine Club Paradiso (al que, cada vez más, me honro en pertenecer), tuvo el privilegio de auspiciar en el Teatro Guerra de Lorca la que es ya conocida como “la gran noche del cine lorquino”, consistente en la proyección de los últimos trabajos de los más conocidos cortometrajistas en activo de la Ciudad del Sol.  Se trata ya de la sexta edición del certamen “A corta distancia”, del que sin duda se espera que recorra una distancia larguísima en cuanto a supervivencia en el tiempo.

Tras la presentación a cargo del presidente del Cine Club, Jesús Martínez, y unas breves palabras de los cineastas participantes, abrió el fuego mi queridísimo José Ruiz Montalván “Monty” con “La enciclopedia”, una vez más palpitante de entusiasmo y entrega, y en esta ocasión con la aparición estelar de la más rutilante Estrella de su firmamento.  A continuación, el joven Pablo Natale, compañero de mi hijo Jorge y debutante en el certamen, nos sorprendió con “La esperanza”, un homenaje en blanco y negro al espíritu poético de la época dorada de Buñuel y Dalí.  Otro que debutaba en el evento era Nico Ramírez con “Shh”, un policíaco muy sugerente, ambientado en Murcia, en el que brillaba una excelente Silvia Conesa.   Luego llegaría “Fredo”, de Alvar B. Scriche & Salva Feltrer, que ya sólo por su inspiradísima elección de casting se merecería una mención especial.  Pocas cosas quedan por decir acerca de “The Airplane”, el corto multipremiado de mi amigo Jesús Martínez “Nota”, que se erige en imaginativo pero brutal alegato contra la guerra de Siria y todas las guerras en general;  lo bueno, si breve, dos veces bueno.  Twin Freaks Studio es la boyante productora murciana que nos trajo la siguiente mini-película, “A golpe limpio”, a cargo de los hermanos Pedro y Juan Poveda, “los Coen de La Hoya” como los definió Jesús Martínez;  una delirante historia de brutalidad, sangre y fascinación.  Uno de los más reconocibles cineastas del panorama lorquino, Bernardo Hernández, exhibió no una sino dos de sus obras, ambas con guión del novelista local Fran J. Marber:  en “La cruda realidad” se nos cuenta algo así como la historia alternativa de un decadente Russell Crowe (interpretado por Juan Francisco Piernas) cuyo éxito en “Gladiator” hace mucho que quedó atrás, mientras que “Un buen amigo”, cuya premisa argumental coincide parcialmente con la de la reciente “Mine” de Fabio Guaglione y Fabio Resinaro, nos traslada a un Afganistán en el que dos soldados encarnados por los populares Fernando Guillén Cuervo y Jordi Rebellón escenifican un relato de rivalidad y celos.  Llegó el turno para el nuevo trabajo del muy reconocido Dany Campos, quien, como suele suceder, nos dejó boquiabiertos con “Avería”, donde un percance automovilístico sirve de excusa para un despliegue de talento interpretativo (a cargo de Elena Rayos y Mónica Caballero) y un aluvión de buenos diálogos que se merecieron un encendido aplauso.  “Mayela”, de Juan Bermúdez, posée una estructura de thriller que me recordó a los buenos tiempos del “polar” francés, con una trama nada edificante de atracos y atracadores nuevamente muy deudora de un casting sobresaliente.  Para finalizar el certamen, se proyectó el primer corto rodado por mi entrañable colega Domingo Jiménez (quien protagonizara una primera versión de mi por siempre inédita “Sangre”) y que, tras exhibir hace unos años su largo “40 grados” nos regaló su luminosa fábula “François Doiphaire”, rodada en francés y exhibida con subtítulos en castellano, con un acabado visual imponente pero que, a mi entender, debió ubicarse en un orden mucho más adelantado.


Fueron, en fin, once trabajos de diez cineastas adscritos al ámbito de la Ciudad del Sol, cuyo amor al cine ha sido capaz de superar mil y una dificultades y una preocupante falta de apoyos que no ha logrado empañar su ilusión.  A todos ellos, muchas gracias por seguir creyendo y, si puede ser, ¡hasta el año que viene!

jueves, 23 de marzo de 2017

Cine actualidad/ “MOONLIGHT”

De Little a Black

En los Oscars de 2016, estalló una enorme polémica como consecuencia de la nula representación dela  gente de color en las candidaturas principales.  Un año después, las películas con afroamericanos han inundado las carteleras y sobre todo la mayoría de las entregas de premios.  “Figuras ocultas”, “Fences” y, sobre todo”, “Moonlight” han cosechado montones de galardones, llegando esta última a proclamarse como la mejor del año.

“Moonlight”, la película, adapta la obra de teatro de Tarell Alvin McCraney “In moonlight black boys look blue” (“A la luz de la luna, los chicos negros parecen azules”), que narraba las vicisitudes de un joven de color llamado Chiron desde que es un niño en un barrio deprimido de Miami hasta que, ya adulto, se traslada a vivir a Atlanta dispuesto a emprender una nueva existencia.  El film se desarrolla en tres períodos perfectamente diferenciados, a los que da título cada uno de los apodos de Chiron en las primeras etapas de su vida:  “Little”, para la parte que narra su infancia, “Chiron” a secas para el episodio de su adolescencia y “Black” para el fragmento acerca de su madurez.  No por casualidad, el director Barry Jenkins se esfuerza por comenzar el relato con un tono casi como de cuento de hadas, con una fotografía luminosa plagada de brillos y contrastes, y poco a poco va oscureciéndolo paulatinamente, aunque es cierto que la última parte transcurre casi enteramente de noche, lo cual no implica forzosamente que el porvenir de Chiron vaya a acabar sumido en la penumbra.

El arranque de “Moonlight” me pareció de una pedantería insoportable:  una serie de travellings circulares tan virtuosos como innecesarios se suceden sin ningún otro propósito que el de explicarnos lo pequeño que es el mundo en el que se va desarrollar la infancia de nuestro protagonista.  Sin embargo, es entonces cuando más se disfruta la película, que se beneficia de la magnética presencia del gran Mahershala Ali (visto también la citada “Figuras ocultas”), justísimo ganador del Oscar como Mejor Actor Secundario por cuanto borda cada una de sus apariciones, componiendo una especie de carismático mentor del protagonista, a quien, lógicamente, dan vida tres actores diferentes para cada uno de sus períodos vitales:  Alex Hibbert de niño, Ashton Sanders de adolescente y Trevante Rhodes cuando ya es un hombre.  El tema de la homosexualidad de Chiron (que sus condiscípulos perciben incluso antes que él mismo) es abordado de manera natural y cotidiana, como si se tratase simplemente de otro rasgo más (quizás a consecuencia de la ausencia de su padre y de la creciente adicción a las drogas de su madre, el pequeño Chiron es sumamente introvertido y poco comunicativo).  Lo cierto es que, a medida que se va desarrollando el metraje, el tono va alejándose de la fantasía visual del inicio y desemboca en una secuencia final rodada casi con desgana, en la que también los diálogos suenan excesivamente familiares.  Es aquí donde se echa de menos el espíritu, pleno de poesía, de “Boyhood”, rodada durante 12 años pero poseedora de un hálito mucho más uniforme.

A veces sucede que, para tratar de compensar un error del pasado, se ensalza con exceso a un producto del presente.  Esa es mi opinión acerca de esta “Moonlight”, interesante sin duda y hermosa en ocasiones, pero a la que me temo que le viene grande ese Oscar que en principio se atribuyó a “La La Land”.  La comunidad afroamericana respira tranquila y su problemática, si bien no menos traumática, por lo menos ha quedado más visible y expuesta.

Luis Campoy

Lo mejor:  Mahershala Ali, un actorazo como la copa de un pino
Lo peor:  promete más de lo que aporta
El cruce:  “Boyhood” + “Los chicos del barrio”

Calificación:  7 (sobre 10)

miércoles, 8 de marzo de 2017

PÍLDORAS DE CINE (Marzo 2017)

¡Menuda semanita!  Cuando aún no se han apagado del todo los ecos del séptimo Oscar endosado  por error a "La La Land”, ahora toca enfrentarse a un psicópata al que ni la lluvia le lava la mala conciencia, a un superhéroe en la recta final de sus heroicidades o a un adolescente mujeriego que lleva a su pobre tío por el camino de la amargura.  Son nuestras ¡píldoras de cine!

EL GUARDIÁN INVISIBLE
Adaptación de la novela homónima de Dolores Redondo, “El guardián invisible” es la nueva película de Fernando González Molina, autor de “Palmeras en la nieve”.  En esta ocasión, el escenario no puede ser más opuesto al de “Palmeras…”:  por obra y gracia del cine, la acción se traslada de la soleada Guinea Ecuatorial a la muy pluviosa Navarra.  En el misterioso valle del Baftán, un psicópata se dedica a asesinar niñas (bueno, seamos precisos:  adolescentes) siguiendo unos patrones de conducta que llaman la atención de la inspectora de la Policía Foral, Amaia Salazar, natural de esa misma zona….  No he leído (todavía) la novela  en cuestión, pero admito que la película ha suscitado mi atención, en base a unas bellísimas localizaciones, una fotografía excelente y unos personajes que se antojan muy reales.  Marta Etura encabeza con solvencia un reparto en el que conviven algunas interpretaciones sobresalientes (Elvira Mínguez, Francesc Orella) con otras más bien mediocres (Carlos Librado), al servicio de una historia en la que lo que se narra en flashbacks (la protagonista siendo maltratada por su madre) adquiere casi más interés que la trama principal, afectada ésta por no pocos detalles de planificación que remiten a “El silencio de los corderos” de Jonathan Demme o a “Se7en” de David Fincher.  Por si faltaba algo, incluso al final la película se ha visto beneficiada por esa estúpida polémica en torno a la participación de la actriz Miren Gaztáñaga en cierto programa de la ETB, lo cual ha redundado en un intento de boicot que al parecer, y por fortuna, ha tenido el efecto contrario.
Calificación:  7 (sobre 10)

LOGAN
En 1999, durante el rodaje de “X-Men”, el actor australiano Hugh Jackman se calzó por vez primera las patillas y las garras de adamantium del héroe de Marvel Comics Lobezno, siendo, con mucho, el más beneficiado por el éxito de aquel film.  18 años después, y tras múltiples apariciones como el fiero mutante canadiense, Jackman anuncia que “Logan” será su despedida de la franquicia, anuncio que, a juzgar por la taquilla cosechada, ha sido acogido con apasionamiento por los fans.  Adaptación de la miniserie “El viejo Logan”, creada por Mark Millar (guión) y Steve McNiven (dibujo), “Logan”, la película, nos presenta un futuro alternativo en el que los superhéroes y la mayoría de los mutantes han desaparecido, quedando nuestro protagonista relegado al rol de simple conductor de limousinas.  Sin embargo, la aparición de una niña con fantásticos poderes hará que Logan se replantée de nuevo su existencia, lo cual implica que sus garras volverán a teñirse de sangre…  El director James Mangold, que ya firmase la anterior aventura de Lobezno en solitario, “Lobezno inmortal”, repite detrás de las cámaras, y lo hace siguiendo el patrón que ya encumbró a su colega Tim Miller en “Deadpool”:  violencia salvaje y brutal, en ocasiones ejercida por niños e incluso sobre niños, lo que le proporciona al producto un aire valiente y transgresor.  Además, el entorno postapocalíptico remite una y otra vez a ese Oeste sucio y polvoriento que escenificaban las películas de “Mad Max”, componiendo un cocktail atípico si lo comparamos con el resto de las adaptaciones comiqueras al uso.  Muy bien, como siempre, Hugh Jackman y el veterano Patrick Stewart, secundados por la niña de ascendencia española Dafne Keen y un ascendente Boyd Holbrook, destinado a llegar muy alto en la galaxia cinematográfica.  El viejo Logan entona finalmente su canto de cisne…  ¡viva Logan!.
Calificación:  7,5 (sobre 10)

MANCHESTER FRENTE AL MAR
Posiblemente, los Oscar menos cuestionados de este año (Guión Original y Actor protagonista) han servido para encumbrar a esta sencilla producción (8,5 millones de dólares de presupuesto), escrita y dirigida por Kenneth Lonergan.  “Manchester frente al mar” no transcurre en la célebre ciudad británica donde Pep Guardiola y José Mourinho parecen haber aplacado su vieja rivalidad, sino en una localidad homónima situada en el estado de New Hampshire, USA, a donde un hombre solitario debe regresar para hacerse cargo de la custodia de su sobrino adolescente tras la muerte de su hermano.  Como he dicho antes, los mayores alicientes de “Manchester frente al mar” son su historia y la interpretación de su protagonista, Casey Affleck.  El hermanísimo del último Batman se luce dando vida a un personaje dolorido e introvertido, en una composición que, para variar, no abusa de histrionismos ni se recrea en la exposición de taras físicas o mentales.  Eso sí, los méritos de Affleck se han visto empañados al revelarse ciertos detalles oscuros de su pasado (un episodio de violencia machista no lo suficientemente probado, pero que le acompañará durante mucho tiempo), razón por la cual el director del film ha salido públicamente en su defensa.  Con todo, me parece más lograda la labor del citado Kenneth Lonergan como escritor que como realizador, ya que, si bien la historia se engalana con excelentes diálogos y carismáticos personajes, la realización adolece de una morosidad que me parece innecesaria:  prácticamente todas las escenas se prolongan uno o dos minutos más de lo preciso, con lo cual la película acaba sobrepasando las dos horas de metraje que, de haberse reducido, podrían haber sido más y mejor disfrutadas.

Calificación:  8 (sobre 10)

lunes, 27 de febrero de 2017

Oscars 2017: Música, estrellas y sobres

Esta madrugada he incumplido mi celebrada tradición de trasnochar para presenciar en directo la ceremonia de entrega de los Oscar;  una desavenencia familiar de última hora me ha borrado la necesidad cinéfila de no pegar ojo y pasar el día siguiente arrastrándome como un zombi.  Así pues, lo que voy a referiros ahora es lo que he investigado en todos aquellos medios de comunicación que se han hecho eco de un espectáculo televisivo que (esta vez sí) pasará a los anales de la Historia…..

Nuevamente desde el rejuvenecido Dolby Theatre de Los Angeles (antaño conocido como Kodak Theatre), la octogésimo novena edición de los premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematografícas de Norteamérica han tenido como maestro de ceremonias al presentador televisivo (y también actor) Jimmy Kimmell, de quien han brotado la mayoría de las pocas alusiones directas que ha habido hacia el ínclito presidente Trump.  Los demás participantes han sido mucho más comedidos, desechando el ataque verbal directo y apostando por un bucólico mensaje de integración y tolerancia.

Como todo el mundo sabe, “La La Land” (¿alguien sabe por qué en España se ha titulado “La Ciudad de las Estrellas”?) partía como clara y evidente favorita, basándose en sus 14 candidaturas y en los 7 Globos de Oro (récord absoluto) obtenidos el mes pasado.  Sinceramente, “La La Land” se me estaba haciendo un tanto antipática a causa del desmesurado fervor popular con el que se la estaba aupando a lo más alto de los altares.  Sin duda, se trata de una película admirable en cuanto a su puesta en escena, su colorido, sus coreografías y su apuesta por la redención del género musical.  Pero a mí, personalmente, me dejó un tanto frío:  fascinado visualmente pero no emocionado;  admirado por su demoledor arranque y su habilísimo final, pero un tanto defraudado por la poca relevancia de la mayoría de sus canciones.  Pensar que un film de estas características podría llegar a superar en número de estatuíllas a la magistral “Ben-Hur” de William Wyler era una idea que me tenía seriamente atribulado.

La noche comenzó según lo previsto, con el Oscar secundario a la gran Viola Davis por su papel en “Fences” (el cual ya le había valido un Tony teatral), y su equivalente masculino al ascendente Mahershala Ali por “Moonlight”;  categorías supuestamente menores pero de las que depende la estabilidad dramática de cualquier película.  Pronto, conocimos que aunque los Razzies se habían cebado con “Batman vs Superman”, la Academia premiaba a “Escuadrón Suicida) (Mejor Maquillaje);  que el premio a los Mejores Efectos Visuales no era para “Rogue One” sino para “El Libro de la Selva”) (todo queda en Casa Disney);  que era “Animales fantásticos y dónde encontrarlos” quien se imponía a “La La Land” en la terna (y los ternos) del Mejor Vestuario;  o que Hollywood estaba dispuesto a darle una nueva oportunidad al bocazas de Mel Gibson recompensando su sangrienta “Hasta el último hombre” (Sonido y Montaje).

En los apartados estéticos, no había duda:  “La La Land” no iba a tener rival.  Fotografía, Diseño de Producción, Banda Sonora (Justin Hurwitz) y Mejor Canción Original (“City Of Stars”, interpretada en el escenario por John Legend) así lo atestiguaban.  Eso sí, en el apartado literario las que ganaron fueron “Manchester frente al mar” (Guión Original) y la muy reivindicativa “Moonlight” (Guión Adaptado).  “Zootropolis” privó a “Kubo y las dos cuerdas mágicas del reconocimiento como Mejor Película de Animación, y la iraní “El viajante” se impuso a la favorita “Toni Erdmann” como Mejor Película de Habla No Inglesa”.


Poco a poco, la noche entraba en su recta final y sólo iban quedando por repartir los galardones más importantes.  El hermanísimo Casey Affleck se alzaba por encima del estrellado Ryan Gosling en la consecución del Oscar como Mejor Actor protagonista, en tanto que Emma Stone sí lograba evitar que Meryl Streep acaparase un enésimo galardón.  El joven Damien Chazelle (32 años) fue reconocido como Mejor Director, y sólo quedaba por comprobar si, como todo el mundo preveía, su película “La La Land” se coronaba como la mejor de la noche.  

Entonces, subieron al escenario Clyde Barrow y Bonnie Parker, esto es, Warren Beatty y Faye Dunaway, los protagonistas de la inolvidable cinta de Arthur Penn.  La “linda parejita” estaba destinada a poner en escena la mayor pifia de toda la cronología del Tío Oscar.  Según parece, una negligencia de los chicos de Pricewaterhouse, garantes de la integridad de los preciados sobres, entregaron a Beatty el mismo que, minutos atrás, había ensalzado a Emma Stone por “La La Land”.  Dubitativos, los antiguos forajidos se miraron el uno al otro y, al final, ni corto ni perezoso, el ex-semental le cedió el "honor" a la vieja gloria de "Chinatown", la cual le endilgó el séptimo galardón al musical de moda.  Sin embargo, ya en mitad de los discursos de agradecimiento de los productores de "La La Land", un representante de la denostada Academia salió al escenario y destapó el monumental error, con lo cual los responsables de “Moonlight” obtuvieron el premio gordo mientras proclamaban que, a veces, la realidad es más gratificante que los sueños.  Contra todo pronóstíco un final netamente hollywoodiense para una velada en la que todo fue tan políticamente correcto que al señor Trump apenas le pitaron los oídos.

jueves, 9 de febrero de 2017

PÍLDORAS DE CINE (Febrero 2017) (y II)

En estos tiempos turbulentos marcados por la ominosa omnipresencia de Donald Trump, deseoso de amargarnos la vida un día sí y otro también, lo mejor es aislarse durante un ratito en el mundo de la fantasía.  Si no se puede acudir regularmente a la sala de proyección más próxima, lo que el doctor Luis os receta son sus celebérrimas…  ¡PÍLDORAS DE CINE!

VIVIR DE NOCHE
De todos es sabido que Ben Affleck, quien vuelve a estar en la cresta de la ola gracias a su papel del Hombre Murciélago en “Batman v Superman”, está mejor considerado como director que como actor.  Su anterior realización, “Argo”, incluso cosechó una importante remesa de Oscars en 2013, por lo cual las expectativas eran altas de cara a su nueva incursión en el terreno de la dirección.  “Vivir de noche” se basa nuevamente en un libro de Dennis Lehane, inspirador de su debut como realizador, “Adiós, pequeña, adiós”;  en este nuevo relato, ambientado en los violentos años 20, Affleck ha hallado un filón en el que homenajear a sus films favoritos del cine negro.  Las referencias a “Scarface”, “Al rojo vivo” o “El Padrino” pululan a sus anchas durante todo el metraje, lo cual se agradece.  Sin embargo, el Affleck-director comete un irreparable error de casting, al otorgar a su alter ego, el Affleck-actor, el papel protagonista.  Su inexpresividad, todavía más acentuada tras una (innecesaria) operación de cirugía estética, imposibilita que nos creamos del todo la ascensión de ese humilde atracador irlandés que no parará hasta ponerse al frente del crimen organizado de la luminosa Florida.  Por lo demás, y obviando muchos diálogos que me temo que están traducidos muy a la ligera, la fotografía, el vestuario y el diseño de producción son una verdadera delicatesen, y los tiroteos son de lo mejorcito que se ha visto dentro del género gansteril en muchos años.
Calificación:  7 (sobre 10)


MINE
Parece que las hazañas bélicas protagonizadas por soldados que pisan una mina antipersona en pleno desierto, y no pueden retirar el pie so pena de que el aparato estalle, se han puesto de moda en todo el planeta.  Si hace unos meses nos llegaba un corto filmado por el realizador lorquino Bernardo Hernández y protagonizado por Jordi Rebellón y Fernando Guillén Cuervo, ahora es el estadounidense Armie Hammer el encargado de erigirse en sufrido protagonista de este thriller que, de haber durado una hora menos, hubiera resultado muchísimo más interesante.  Pero ¡ay! los directores italianos Fabio Guaglione y Fabio Resinaro fracasan estrepitosamente en su intento de mantener el interés durante 1 hora y 46 minutos a base de rellenar con retazos de culebrón los infinitos vacíos dejados por una anécdota tan impactante como esquemática.  El tráiler me encantó y me dejó alucinado….  pero aquel modélico ejercicio de virtuosismo resumidor naufraga en un mar de despropósitos.  No todo vale para estirar el chicle;  cuando la goma de mascar se expande sin ton ni son, pierde el sabor y el aroma, y lo que más deseas es sacártela de la boca de una vez.  Comparativamente, más satisfactorio resulta el corto de Bernardo que el largo de Guaglione & Resinaro.
Calificación:  5 (sobre 10)

CONTRATIEMPO
Mario Casas es el máximo exponente del star-system made in Spain.  A pesar de que el paso inexorable del tiempo le va alejando del prototipo del galán teenager, los productores deben pensar que  también sus fans crecen y evolucionan de igual manera, y el muchacho enlaza una película con otra sin solución de continuidad.  En esta ocasión, Casas encabeza el reparto de la nueva película de Oriol Paulo, algo así como el hermano pobre de de J.A, Bayona.  Como guionista, Paulo escribió el libreto de “Los ojos de Julia” y la reciente “Secuestro”, y, como realizador, anteriormente había dirigido “El cuerpo”, y a fe mía que todas esas películas parecen, si no hermanas gemelas, sí al menos primas hermanas.  Ese suspense tan toscamente esbozado como hábilmente visualizado;  esos finales de traca (en el buen sentido) que pretenden epatar al espectador…  Vista una película de la factoría, vistas todas (o casi), y las consecuencias acaban siendo muy perjudiciales:  todos los personajes se notan cortados por el mismo patrón, las subtramas son absolutamente predecibles y el golpe de efecto final se ve venir desde muy lejos.  Por lo demás, el envoltorio técnico es irreprochable, los actores secundarios nunca fallan (aquí, el recurrente José Coronado, la guapísima Barbara Lennie y una inesperada Ana Wagener) y el auténtico suspense consiste en tratar de entender los diálogos pronunciados por Mario Casas.

Calificación:  6 (sobre 10)

miércoles, 1 de febrero de 2017

PÍLDORAS DE CINE (Febrero 2017)

Año nuevo, píldoras nuevas.  Por primera vez en lo que llevamos de 2017, nos embarcamos en la fabricación y dispensación de nuestras muy célebres…  ¡PÍLDORAS DE CINE!

LION
En 1986, un niño hindú de apenas 5 años, Sheru (Saroo) se perdió en la estación de tren de su pueblo sito en el condado de Khandwa.  Después de no pocas vicisitudes, acabó en un orfanato de Calcuta, en el que fue adoptado por un matrimonio australiano, los Brierley, quienes se lo llevaron a vivir con ellos a la isla de Tasmania.  Ya con 30 años, Saroo decide conocer la verdad de su origen y se lanza a una búsqueda casi imposible de la familia que quedó atrás en la India…  Con un rosario de buenas intenciones que acaba por desarmar al más pintado, el joven director Garth Davis lleva a la pantalla la odisea autobiográfica de Saroo Brierley, y lo hace bebiendo de dos fuentes temáticas infalibles:  “Oliver Twist” y, cómo no, “Slumdog Millionaire”.  De ésta última sustrae el mismo tono e incluso los mismos perfiles de casting, aunque sin la magia visual del film de Danny Boyle.  Además, la presencia de Dev Patel (el protagonista de “Slumdog…”) es la guinda que le faltaba a este pastel que consta de dos mitades bien diferenciadas (Saroo perdido en India y cobijado en Australia;  Saroo que toma conciencia de sus ancestros y quiere retornar a ellos) de las que, sin duda, el principio es la parte más emotiva y mejor acabada.
Calificación:  7,5 (sobre 10)

MÚLTIPLE
Kevin Wendell es un hombre aquejado de personalidad múltiple, lo que técnicamente se conoce como Trastorno Disociativo de Identidad (DID).  Hasta 23 personalidades diferentes confluyen dentro de él, alternándose en el control de su cuerpo.  Este es el punto de partida de “múltiple”, la nueva propuesta de M. Night Shyamalan, antaño celebradísimo realizador de “El sexto sentido” y cuya carrera había ido cayendo más y más en picado hasta que, hace dos años, lograse un nuevo éxito con “La visita”.  Con “Múltiple” parece estar cosechando otro triunfo, a pesar de que, en mi humilde opinión, lo fía todo al deslumbrante trabajo de su actor protagonista, James McAvoy, ciertamente magistral.  Sin embargo, el desarrollo de la historia no deja de ser tan previsible como el de cualquier thriller psicológico (“Vestida para matar”, “Identidad”, “Mujer blanca soltera busca”) de su misma estirpe, contando además con un final tan decepcionante como increíble resulta el epílogo autorreferencial.  Como he dicho, sólo el trabajo de McAvoy y de la joven Anya Taylor-Joy (“La bruja”) redime el film de la mediocridad.
Calificación:  7 (sobre 10)

LA LUZ ENTRE LOS OCÉANOS
El cine es un arte cambiante, una disciplina cuyos temas y formas varían con el transcurso del tiempo, adecuándose al gusto de los espectadores de cada época.  Si Derek Cianfrance pensaba que su nueva película, “La luz entre los océanos”, podría gozar de un cierto éxito comercial, desde luego se ha llevado el batacazo de su vida.  En la estela de dramones pretéritos como “Imitación a la vida”, “Escrito sobre el viento”  o “Un lugar en el sol”, “La luz entre los océanos” adapta una durísima novela de M. L. Stedman sobre la culpa, el remordimiento y la redención, temas que al parecer no interesan mucho a la audiencia de hoy en día.  Con todo, la fotografía, la música y, sobre todo, el despliegue interpretativo de Michael Fassbender, Alicia Vikander y Rachel Weisz se confabulan para dar lugar a un film que, si eres mínimamente sensible, te conmoverá irremediablemente.

Calificación:  8,5 (sobre 10)

lunes, 16 de enero de 2017

Cine actualidad/ “LA LA LAND” (La Ciudad de las Estrellas)”

Bailar y cantar en Los Angeles

De vez en cuando, surge una película que no sólo pone de acuerdo a público y crítica, sino que se constituye en epicentro de todo un fenómeno socio-cultural.  A juzgar por el récord de Globos de Oro obtenidos la semana pasada (siete de siete posibles), por la creciente expectación que se desata allá donde se va estrenando y, sobre todo, por su magnífico boca-oreja, “La La Land (La Ciudad de las Estrellas)” es, este año, esa película capaz de entusiasmar a todo el mundo.

El máximo responsable de “La La Land” es un tal Damien Chazelle, un joven de apenas 31 años que, tras deslumbrar con su anterior “Whiplash” (un film que, para mí, roza la categoría de “obra maestra”), y en este su tercer largometraje ha apostado por la recuperación de un género, el musical clásico hollywoodiense, que para muchos había caído en el más absoluto olvido.

Sebastian es un pianista que sueña con regentar su club de jazz, y Mia una actriz en paro que, mientras va de audición en audición, se ve obligada a trabajar de camarera.  En una luminosa y cosmopolita Los Angeles, Sebastian y Mia se conocen y se enamoran, y el arte y la música les obligarán a ir dando tumbos mientras tratan de dilucidar cuál es el verdadero amor al que se deben…

Desde que, en 1927, “El cantor de jazz” se convirtiese en la primera película sonora de la Historia, los musicales nos han acompañado sin abandonarnos realmente.  Si bien su época dorada se sitúa entre las décadas de los treinta y los cincuenta, lo cierto es que incluso los films animados de Disney pueden considerarse adscritos al género, de modo que lo de cantar y bailar en la pantalla no es algo ante lo que nos sintamos realmente ajenos.  Títulos recientes como “Chicago”, “Mamma Mia”, “Los Miserables” o “Into The Woods”han mantenido viva la llama e incluso han obtenido numerosos galardones internacionales, si bien la apuesta de Damien Chazelle ha sido la de recuperar los parámetros del musical que conmovió Hollywood en los años gloriosos, cuando Busby Berkeley, Vincente Minelli o Stanley Donen eran sus exponentes más ilustres.

Así pues, el primoroso cuidado de la estética, el exquisito tratamiento del color, la fotografía plagada de soluciones innovadoras, la música como catalizador de la acción y, sobre todo, la inclusión de arriesgadas coreografías, todos ellos al servicio de una temática optimista que anima a luchar por los propios sueños aun en la desdicha, son los rasgos que han conseguido situar a “La La Land” en lo más alto de todos los rankings.  Solamente por el prodigioso plano secuencia de diez minutos de duración que abre la película, con decenas de cantantes y bailarines perfectamente coordinados y sin posibilidad de equivocarse, “La Ciudad de las Estrellas” ya se merece un lugar de privilegio en los anales del musical.  También su maravilloso final, en el que se nos narra una inolvidable versión alternativa de los sucesos acaecidos hasta ese momento, logrará ser recordado con cariño para siempre.  Entre medias, numerosas secuencias memorables escritas con música, baile y mucho amor, que están haciendo las delicias de un público que casi había olvidado lo que era disfrutar así en una sala de cine.

Ryan Gosling tuvo que aprender a tocar el piano para interpretar convincentemente su personaje, y Emma Stone cuaja la que es para mí su mejor interpretación hasta la fecha.  Incluso el gran J.K. Simmons, el terrible profesor de “Whiplash”, se deja caer para hacer aún más estimulante un delicioso espectáculo en el que sólo eché en falta unas canciones más pegadizas y una trama algo más elaborada.  Con todo, “La La Land” ya se sitúa en cabeza en la carrera anual hacia los Oscar, que este año se presentan menos reñidos que nunca.

Luis Campoy

Lo mejor:  el maravilloso número musical que abre la película
Lo peor:  la mayoría de las canciones no tienen la garra suficiente
El cruce:  “Melodía de Broadway 1955” + “Un americano en parís” + “Dinero caído del cielo”

Calificación:  8,5 (sobre 10)

jueves, 12 de enero de 2017

Cine actualidad/ “SILENCIO”

Ssshhhhh….

Martin Scorsese ha dirigido algunas de las mejores películas de la historia del cine.  Así de claro.  Así de simple.  Sólo por esa razón, cualquier estreno del realizador de “Taxi Driver”, “Uno de los nuestros” o “Toro salvaje” debería constituir un verdadero acontecimiento.  Sin embargo, las cifras de taquilla de su último trabajo, “Silencio”, dan a entender que nos hallamos ante una seria decepción, cuando no ante un fracaso en toda regla…

Japón, siglo XVII.  Dos monjes jesuitas de origen portugués son enviados en busca de otro fraile, el padre Ferreira, quien a la sazón había sido mentor de ambos y que ahora parece haber apostatado y abrazado la fe budista.  Durante la búsqueda, los dos curas vivirán en carne propia el odio y el desprecio que con los que la religión católica es recibida por parte de las autoridades niponas…

Cuentan que Scorsese leyó la novela “Silencio” de Shusaku Endö hace casi 30 años, y desde entonces había estado tratando de llevarla al cine.  Lo primero que tengo que decir es que cuesta creer que un director al que todo el mundo venera haya que tenido que esperar tres décadas para poder rodar una película….  como también me extraña que (sin haberlo leído) el libro de Endö, si realmente es tan bueno, se merezca una adaptación como la que nos brinda el querido don Martin.  Scorsese, como buen italoamericano, al parecer se sintió afectado por el subtexto religioso de la aventura, y quiso continuar una temática que ya había explorado en su obra en títulos como “La última tentación de Cristo” o la muy olvidada “Kundun”.  Lo malo es que el maestro parece conformarse con realizar un film para su propio uso y disfrute, y que se está atragantando en los paladares de la inmensa mayoría de los cinéfilos.

A la hora de valorar una película como “Silencio”, es inevitable que se emitan dos juicios bien diferenciados;  uno haría referencia a los aspectos estrictamente cinematográficos, y otro al propio y desasosegante argumento.  Tal como lo describe Scorsese, Japón era un país bárbaro y apegado al pasado en el que los pobres sacerdotes cristianos eran cruelmente masacrados tan sólo por negarse a renegar de su fe, así como los valerosos creyentes recién bautizados.  Sin embargo, la historia podría ser narrada de otra manera:  los japoneses, celosos defensores de su idiosincrasia, veían con malos ojos la invasión a la que les sometían los occidentales, quienes usaban la excusa de la religión como punta de lanza para posteriormente inmiscuirse en asuntos económicos y políticos, de modo que se defendieron con todos los medios a su alcance sin andarse con miramientos.

He pasado 12 años de mi vida estudiando en colegios de monjas y curas, y conozco perfectamente el trasfondo de la Iglesia católica, los parámetros de la liturgia y el modo en que se prioriza la defensa de la Fe.  Por convertir las creencias en obsesiones y las convicciones en elementos de rivalidad, se han desatado millones de guerras desde que el mundo es mundo.  Por divulgar la religión propia, a veces intrusivamente, se desata la ira de quienes no quieren desprenderse del credo en el que han sido educados.  Por eso afirmo que, en contra de lo que se dice por ahí, “Silencio” no trata sobre la religión o sobre la fe, sino sobre la intolerancia, la intransigencia, la brutalidad, el odio y la crueldad.  No creo que por negarse a pisar la portada de una biblia uno deba ser torturado o decapitado, ni justifico que para preservar lo que es tuyo tengas derecho a cometer actos de barbarie inhumana en contra de tus visitantes de allende los mares.

Y lo que menos justifico es que, para narrar la historia que cuenta “Silencio”, haya que extenderse durante casi tres horas y poner a prueba la paciencia de todo quisque.  Ni creo que ni el guión ni la dirección ni las interpretaciones estén al nivel que cabe exigirle al maestro Scorsese.  Andrew Garfield está bien y se nota que se esfuerza, lo cual se le agradece, pero algo en su composición resulta distanciador y poco creíble.  Adam Driver, visto y no visto, actúa con manifiesta desgana.  Liam Neeson hace de…  Liam Neeson, lo cual me encanta, si bien aquí no basta,  Así, quienes se llevan el gato al agua son los actores japoneses, realmente espléndidos, con Issey Ogata y Tadanobu Asano a la cabeza, pues son sus personajes los que están mejor dibujados y los que, por odiosos, resultan más interesantes y carismáticos.  Por lo demás, el ritmo del film es cansino a más no poder, el aburrimiento y el sopor acechan por doquier y ni siquiera la espléndida fotografía redime a “Silencio” de su pecado de anteponer el mensaje a la obligación de entretener.

Luis Campoy

Lo mejor:  la fotografía, es diseño de producción
Lo peor:  el excesivo metraje, la lentitud del ritmo, lo maniqueo de su planteamiento
El cruce:  “La Misión” + “Shogun” + “El último samurái”

Calificación:  5,5 (sobre 10)