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jueves, 9 de febrero de 2017

PÍLDORAS DE CINE (Febrero 2017) (y II)

En estos tiempos turbulentos marcados por la ominosa omnipresencia de Donald Trump, deseoso de amargarnos la vida un día sí y otro también, lo mejor es aislarse durante un ratito en el mundo de la fantasía.  Si no se puede acudir regularmente a la sala de proyección más próxima, lo que el doctor Luis os receta son sus celebérrimas…  ¡PÍLDORAS DE CINE!

VIVIR DE NOCHE
De todos es sabido que Ben Affleck, quien vuelve a estar en la cresta de la ola gracias a su papel del Hombre Murciélago en “Batman v Superman”, está mejor considerado como director que como actor.  Su anterior realización, “Argo”, incluso cosechó una importante remesa de Oscars en 2013, por lo cual las expectativas eran altas de cara a su nueva incursión en el terreno de la dirección.  “Vivir de noche” se basa nuevamente en un libro de Dennis Lehane, inspirador de su debut como realizador, “Adiós, pequeña, adiós”;  en este nuevo relato, ambientado en los violentos años 20, Affleck ha hallado un filón en el que homenajear a sus films favoritos del cine negro.  Las referencias a “Scarface”, “Al rojo vivo” o “El Padrino” pululan a sus anchas durante todo el metraje, lo cual se agradece.  Sin embargo, el Affleck-director comete un irreparable error de casting, al otorgar a su alter ego, el Affleck-actor, el papel protagonista.  Su inexpresividad, todavía más acentuada tras una (innecesaria) operación de cirugía estética, imposibilita que nos creamos del todo la ascensión de ese humilde atracador irlandés que no parará hasta ponerse al frente del crimen organizado de la luminosa Florida.  Por lo demás, y obviando muchos diálogos que me temo que están traducidos muy a la ligera, la fotografía, el vestuario y el diseño de producción son una verdadera delicatesen, y los tiroteos son de lo mejorcito que se ha visto dentro del género gansteril en muchos años.
Calificación:  7 (sobre 10)


MINE
Parece que las hazañas bélicas protagonizadas por soldados que pisan una mina antipersona en pleno desierto, y no pueden retirar el pie so pena de que el aparato estalle, se han puesto de moda en todo el planeta.  Si hace unos meses nos llegaba un corto filmado por el realizador lorquino Bernardo Hernández y protagonizado por Jordi Rebellón y Fernando Guillén Cuervo, ahora es el estadounidense Armie Hammer el encargado de erigirse en sufrido protagonista de este thriller que, de haber durado una hora menos, hubiera resultado muchísimo más interesante.  Pero ¡ay! los directores italianos Fabio Guaglione y Fabio Resinaro fracasan estrepitosamente en su intento de mantener el interés durante 1 hora y 46 minutos a base de rellenar con retazos de culebrón los infinitos vacíos dejados por una anécdota tan impactante como esquemática.  El tráiler me encantó y me dejó alucinado….  pero aquel modélico ejercicio de virtuosismo resumidor naufraga en un mar de despropósitos.  No todo vale para estirar el chicle;  cuando la goma de mascar se expande sin ton ni son, pierde el sabor y el aroma, y lo que más deseas es sacártela de la boca de una vez.  Comparativamente, más satisfactorio resulta el corto de Bernardo que el largo de Guaglione & Resinaro.
Calificación:  5 (sobre 10)

CONTRATIEMPO
Mario Casas es el máximo exponente del star-system made in Spain.  A pesar de que el paso inexorable del tiempo le va alejando del prototipo del galán teenager, los productores deben pensar que  también sus fans crecen y evolucionan de igual manera, y el muchacho enlaza una película con otra sin solución de continuidad.  En esta ocasión, Casas encabeza el reparto de la nueva película de Oriol Paulo, algo así como el hermano pobre de de J.A, Bayona.  Como guionista, Paulo escribió el libreto de “Los ojos de Julia” y la reciente “Secuestro”, y, como realizador, anteriormente había dirigido “El cuerpo”, y a fe mía que todas esas películas parecen, si no hermanas gemelas, sí al menos primas hermanas.  Ese suspense tan toscamente esbozado como hábilmente visualizado;  esos finales de traca (en el buen sentido) que pretenden epatar al espectador…  Vista una película de la factoría, vistas todas (o casi), y las consecuencias acaban siendo muy perjudiciales:  todos los personajes se notan cortados por el mismo patrón, las subtramas son absolutamente predecibles y el golpe de efecto final se ve venir desde muy lejos.  Por lo demás, el envoltorio técnico es irreprochable, los actores secundarios nunca fallan (aquí, el recurrente José Coronado, la guapísima Barbara Lennie y una inesperada Ana Wagener) y el auténtico suspense consiste en tratar de entender los diálogos pronunciados por Mario Casas.

Calificación:  6 (sobre 10)

miércoles, 1 de febrero de 2017

PÍLDORAS DE CINE (Febrero 2017)

Año nuevo, píldoras nuevas.  Por primera vez en lo que llevamos de 2017, nos embarcamos en la fabricación y dispensación de nuestras muy célebres…  ¡PÍLDORAS DE CINE!

LION
En 1986, un niño hindú de apenas 5 años, Sheru (Saroo) se perdió en la estación de tren de su pueblo sito en el condado de Khandwa.  Después de no pocas vicisitudes, acabó en un orfanato de Calcuta, en el que fue adoptado por un matrimonio australiano, los Brierley, quienes se lo llevaron a vivir con ellos a la isla de Tasmania.  Ya con 30 años, Saroo decide conocer la verdad de su origen y se lanza a una búsqueda casi imposible de la familia que quedó atrás en la India…  Con un rosario de buenas intenciones que acaba por desarmar al más pintado, el joven director Garth Davis lleva a la pantalla la odisea autobiográfica de Saroo Brierley, y lo hace bebiendo de dos fuentes temáticas infalibles:  “Oliver Twist” y, cómo no, “Slumdog Millionaire”.  De ésta última sustrae el mismo tono e incluso los mismos perfiles de casting, aunque sin la magia visual del film de Danny Boyle.  Además, la presencia de Dev Patel (el protagonista de “Slumdog…”) es la guinda que le faltaba a este pastel que consta de dos mitades bien diferenciadas (Saroo perdido en India y cobijado en Australia;  Saroo que toma conciencia de sus ancestros y quiere retornar a ellos) de las que, sin duda, el principio es la parte más emotiva y mejor acabada.
Calificación:  7,5 (sobre 10)

MÚLTIPLE
Kevin Wendell es un hombre aquejado de personalidad múltiple, lo que técnicamente se conoce como Trastorno Disociativo de Identidad (DID).  Hasta 23 personalidades diferentes confluyen dentro de él, alternándose en el control de su cuerpo.  Este es el punto de partida de “múltiple”, la nueva propuesta de M. Night Shyamalan, antaño celebradísimo realizador de “El sexto sentido” y cuya carrera había ido cayendo más y más en picado hasta que, hace dos años, lograse un nuevo éxito con “La visita”.  Con “Múltiple” parece estar cosechando otro triunfo, a pesar de que, en mi humilde opinión, lo fía todo al deslumbrante trabajo de su actor protagonista, James McAvoy, ciertamente magistral.  Sin embargo, el desarrollo de la historia no deja de ser tan previsible como el de cualquier thriller psicológico (“Vestida para matar”, “Identidad”, “Mujer blanca soltera busca”) de su misma estirpe, contando además con un final tan decepcionante como increíble resulta el epílogo autorreferencial.  Como he dicho, sólo el trabajo de McAvoy y de la joven Anya Taylor-Joy (“La bruja”) redime el film de la mediocridad.
Calificación:  7 (sobre 10)

LA LUZ ENTRE LOS OCÉANOS
El cine es un arte cambiante, una disciplina cuyos temas y formas varían con el transcurso del tiempo, adecuándose al gusto de los espectadores de cada época.  Si Derek Cianfrance pensaba que su nueva película, “La luz entre los océanos”, podría gozar de un cierto éxito comercial, desde luego se ha llevado el batacazo de su vida.  En la estela de dramones pretéritos como “Imitación a la vida”, “Escrito sobre el viento”  o “Un lugar en el sol”, “La luz entre los océanos” adapta una durísima novela de M. L. Stedman sobre la culpa, el remordimiento y la redención, temas que al parecer no interesan mucho a la audiencia de hoy en día.  Con todo, la fotografía, la música y, sobre todo, el despliegue interpretativo de Michael Fassbender, Alicia Vikander y Rachel Weisz se confabulan para dar lugar a un film que, si eres mínimamente sensible, te conmoverá irremediablemente.

Calificación:  8,5 (sobre 10)

lunes, 16 de enero de 2017

Cine actualidad/ “LA LA LAND” (La Ciudad de las Estrellas)”

Bailar y cantar en Los Angeles

De vez en cuando, surge una película que no sólo pone de acuerdo a público y crítica, sino que se constituye en epicentro de todo un fenómeno socio-cultural.  A juzgar por el récord de Globos de Oro obtenidos la semana pasada (siete de siete posibles), por la creciente expectación que se desata allá donde se va estrenando y, sobre todo, por su magnífico boca-oreja, “La La Land (La Ciudad de las Estrellas)” es, este año, esa película capaz de entusiasmar a todo el mundo.

El máximo responsable de “La La Land” es un tal Damien Chazelle, un joven de apenas 31 años que, tras deslumbrar con su anterior “Whiplash” (un film que, para mí, roza la categoría de “obra maestra”), y en este su tercer largometraje ha apostado por la recuperación de un género, el musical clásico hollywoodiense, que para muchos había caído en el más absoluto olvido.

Sebastian es un pianista que sueña con regentar su club de jazz, y Mia una actriz en paro que, mientras va de audición en audición, se ve obligada a trabajar de camarera.  En una luminosa y cosmopolita Los Angeles, Sebastian y Mia se conocen y se enamoran, y el arte y la música les obligarán a ir dando tumbos mientras tratan de dilucidar cuál es el verdadero amor al que se deben…

Desde que, en 1927, “El cantor de jazz” se convirtiese en la primera película sonora de la Historia, los musicales nos han acompañado sin abandonarnos realmente.  Si bien su época dorada se sitúa entre las décadas de los treinta y los cincuenta, lo cierto es que incluso los films animados de Disney pueden considerarse adscritos al género, de modo que lo de cantar y bailar en la pantalla no es algo ante lo que nos sintamos realmente ajenos.  Títulos recientes como “Chicago”, “Mamma Mia”, “Los Miserables” o “Into The Woods”han mantenido viva la llama e incluso han obtenido numerosos galardones internacionales, si bien la apuesta de Damien Chazelle ha sido la de recuperar los parámetros del musical que conmovió Hollywood en los años gloriosos, cuando Busby Berkeley, Vincente Minelli o Stanley Donen eran sus exponentes más ilustres.

Así pues, el primoroso cuidado de la estética, el exquisito tratamiento del color, la fotografía plagada de soluciones innovadoras, la música como catalizador de la acción y, sobre todo, la inclusión de arriesgadas coreografías, todos ellos al servicio de una temática optimista que anima a luchar por los propios sueños aun en la desdicha, son los rasgos que han conseguido situar a “La La Land” en lo más alto de todos los rankings.  Solamente por el prodigioso plano secuencia de diez minutos de duración que abre la película, con decenas de cantantes y bailarines perfectamente coordinados y sin posibilidad de equivocarse, “La Ciudad de las Estrellas” ya se merece un lugar de privilegio en los anales del musical.  También su maravilloso final, en el que se nos narra una inolvidable versión alternativa de los sucesos acaecidos hasta ese momento, logrará ser recordado con cariño para siempre.  Entre medias, numerosas secuencias memorables escritas con música, baile y mucho amor, que están haciendo las delicias de un público que casi había olvidado lo que era disfrutar así en una sala de cine.

Ryan Gosling tuvo que aprender a tocar el piano para interpretar convincentemente su personaje, y Emma Stone cuaja la que es para mí su mejor interpretación hasta la fecha.  Incluso el gran J.K. Simmons, el terrible profesor de “Whiplash”, se deja caer para hacer aún más estimulante un delicioso espectáculo en el que sólo eché en falta unas canciones más pegadizas y una trama algo más elaborada.  Con todo, “La La Land” ya se sitúa en cabeza en la carrera anual hacia los Oscar, que este año se presentan menos reñidos que nunca.

Luis Campoy

Lo mejor:  el maravilloso número musical que abre la película
Lo peor:  la mayoría de las canciones no tienen la garra suficiente
El cruce:  “Melodía de Broadway 1955” + “Un americano en parís” + “Dinero caído del cielo”

Calificación:  8,5 (sobre 10)

jueves, 12 de enero de 2017

Cine actualidad/ “SILENCIO”

Ssshhhhh….

Martin Scorsese ha dirigido algunas de las mejores películas de la historia del cine.  Así de claro.  Así de simple.  Sólo por esa razón, cualquier estreno del realizador de “Taxi Driver”, “Uno de los nuestros” o “Toro salvaje” debería constituir un verdadero acontecimiento.  Sin embargo, las cifras de taquilla de su último trabajo, “Silencio”, dan a entender que nos hallamos ante una seria decepción, cuando no ante un fracaso en toda regla…

Japón, siglo XVII.  Dos monjes jesuitas de origen portugués son enviados en busca de otro fraile, el padre Ferreira, quien a la sazón había sido mentor de ambos y que ahora parece haber apostatado y abrazado la fe budista.  Durante la búsqueda, los dos curas vivirán en carne propia el odio y el desprecio que con los que la religión católica es recibida por parte de las autoridades niponas…

Cuentan que Scorsese leyó la novela “Silencio” de Shusaku Endö hace casi 30 años, y desde entonces había estado tratando de llevarla al cine.  Lo primero que tengo que decir es que cuesta creer que un director al que todo el mundo venera haya que tenido que esperar tres décadas para poder rodar una película….  como también me extraña que (sin haberlo leído) el libro de Endö, si realmente es tan bueno, se merezca una adaptación como la que nos brinda el querido don Martin.  Scorsese, como buen italoamericano, al parecer se sintió afectado por el subtexto religioso de la aventura, y quiso continuar una temática que ya había explorado en su obra en títulos como “La última tentación de Cristo” o la muy olvidada “Kundun”.  Lo malo es que el maestro parece conformarse con realizar un film para su propio uso y disfrute, y que se está atragantando en los paladares de la inmensa mayoría de los cinéfilos.

A la hora de valorar una película como “Silencio”, es inevitable que se emitan dos juicios bien diferenciados;  uno haría referencia a los aspectos estrictamente cinematográficos, y otro al propio y desasosegante argumento.  Tal como lo describe Scorsese, Japón era un país bárbaro y apegado al pasado en el que los pobres sacerdotes cristianos eran cruelmente masacrados tan sólo por negarse a renegar de su fe, así como los valerosos creyentes recién bautizados.  Sin embargo, la historia podría ser narrada de otra manera:  los japoneses, celosos defensores de su idiosincrasia, veían con malos ojos la invasión a la que les sometían los occidentales, quienes usaban la excusa de la religión como punta de lanza para posteriormente inmiscuirse en asuntos económicos y políticos, de modo que se defendieron con todos los medios a su alcance sin andarse con miramientos.

He pasado 12 años de mi vida estudiando en colegios de monjas y curas, y conozco perfectamente el trasfondo de la Iglesia católica, los parámetros de la liturgia y el modo en que se prioriza la defensa de la Fe.  Por convertir las creencias en obsesiones y las convicciones en elementos de rivalidad, se han desatado millones de guerras desde que el mundo es mundo.  Por divulgar la religión propia, a veces intrusivamente, se desata la ira de quienes no quieren desprenderse del credo en el que han sido educados.  Por eso afirmo que, en contra de lo que se dice por ahí, “Silencio” no trata sobre la religión o sobre la fe, sino sobre la intolerancia, la intransigencia, la brutalidad, el odio y la crueldad.  No creo que por negarse a pisar la portada de una biblia uno deba ser torturado o decapitado, ni justifico que para preservar lo que es tuyo tengas derecho a cometer actos de barbarie inhumana en contra de tus visitantes de allende los mares.

Y lo que menos justifico es que, para narrar la historia que cuenta “Silencio”, haya que extenderse durante casi tres horas y poner a prueba la paciencia de todo quisque.  Ni creo que ni el guión ni la dirección ni las interpretaciones estén al nivel que cabe exigirle al maestro Scorsese.  Andrew Garfield está bien y se nota que se esfuerza, lo cual se le agradece, pero algo en su composición resulta distanciador y poco creíble.  Adam Driver, visto y no visto, actúa con manifiesta desgana.  Liam Neeson hace de…  Liam Neeson, lo cual me encanta, si bien aquí no basta,  Así, quienes se llevan el gato al agua son los actores japoneses, realmente espléndidos, con Issey Ogata y Tadanobu Asano a la cabeza, pues son sus personajes los que están mejor dibujados y los que, por odiosos, resultan más interesantes y carismáticos.  Por lo demás, el ritmo del film es cansino a más no poder, el aburrimiento y el sopor acechan por doquier y ni siquiera la espléndida fotografía redime a “Silencio” de su pecado de anteponer el mensaje a la obligación de entretener.

Luis Campoy

Lo mejor:  la fotografía, es diseño de producción
Lo peor:  el excesivo metraje, la lentitud del ritmo, lo maniqueo de su planteamiento
El cruce:  “La Misión” + “Shogun” + “El último samurái”

Calificación:  5,5 (sobre 10)

miércoles, 11 de enero de 2017

Cine actualidad/ “PASSENGERS”

Pasajeros en una nave misteriosa

Ya estamos en 2017, sin duda un año muy galáctico:  se cumplen cuatro décadas del estreno de “La Guerra de las Galaxias” (“Star WarS”, 1977) y además se estrenará el Episodio VIII de la popularísima saga creada por George Lucas.  Por lo tanto, no os extrañará que, a la hora de iniciar nuestro periplo cinematográfico, el film que hoy os voy a comentar sea precisamente una fantasía de ciencia ficción…

En el transcurso de un larguísimo viaje interplanetario, un pasajero de una gigantesca nave se despierta antes de lo previsto (noventa años antes de lo previsto, concretamente) y se le plantea el inmenso dilema de si debe permanecer solo todo el tiempo…  o si debe despertar a algún otro compañero de viaje para que le haga compañía…

A Morten Tyldum, el director noruego de “Passengers”, le conocí (y admiré) gracias a la estupenda “Descifrando Enigma”, en la que dirigió al gran Benedict Cumberbatch.  Por ello, me parecía raro que esta nueva película se limitase a ser un simple drama amoroso como dejaban entrever sus trailers.  Por fortuna, “Passengers” tiene en sus entrañas mucho de la calidad de la mejor ciencia ficción de los setenta, con temáticas, situaciones e incluso movimientos de cámara que me recordaron a “Solaris”, “Naves misteriosas” o la mismísima “Alien”.  Por supuesto, también hay una (inevitable) historia de amor, pero perfectamente encuadrada dentro de la lógica de la narración.

El buen hacer del solicitadísimo Chris Pratt y las buenas formas, o sea, buenas maneras (¿en qué estaría yo pensando?) de Jennifer Lawrence son la guinda para un pastel que complacerá a los fans de la sci-fi y probablemente desconcertará a los que esperaban más acción o un romance más convencional.

Debe ser por ese abismo que separa las expectativas de los hechos por lo que el film está recaudando bastante menos de lo esperado, lo cual no deja de ser una lástima ya que, junto con “La llegada”, constituye uno de los mejores ejemplos de ficción científica estrenados en los últimos tiempos.

Luis Campoy

Lo mejor:  la dirección, los decorados, los dos protagonistas
Lo peor:  la creación de expectativas equivocadas;  el abuso que se hace del personaje del barman que interpreta Michael Sheen
El cruce:  “Alien” + “Wall-E” + “Naves misteriosas” + “Gravity”

Calificación:  8 (sobre 10)

martes, 27 de diciembre de 2016

Mini píldoras de cine (Diciembre 2016)

Probablemente serán nuestras últimas píldoras cinéfilas del año 2016, un año, como de costumbre, abundante en películas buenas y menos buenas (sobre ésto haremos también nuestra peculiar estadística).  Para dar este último repaso a alguno de los estrenos de las últimas semanas, iniciamos sin más demora nuestra dispensación de cine en pequeñas dosis…

EL FARO DE LAS ORCAS
Una madre y su hijo autista recorren cientos de miles de kilómetros hasta la Patagonia argentina, simplemente porque han visto en televisión que el guardafauna de un remoto faro tiene una especial comunicación con las orcas que llegan hasta la orilla.  La premisa argumental de este film de Gerardo Olivares, al parecer inspirada en un hecho real, me pareció tan rocambolesca como poco creíble, al menos de la manera en que está narrada en esta, por lo demás, preciosa película llena de belleza:  hermosísimos paisajes, naturaleza argentina explosiva y agreste…  y un elenco de actores que casi parecen modelos de pasarela.  Aunque la parte romántica me pareció forzada y pillada por los pelos, el trasfondo naturalista y humanista me encantó, así como el descubrimiento de un Joaquín Furriel a quien no conocía pero que me impresionó.
Calificación:  7 (sobre 10)



BELLEZA OCULTA
Unanimidad de críticas (negativas) en torno a esta nueva película de David Frankel (“El diablo viste de Prada”), que pretende mezclar el espíritu de “Qué bello es vivir” con la fantasía de “Cuento de Navidad”.  Desde luego, hay que reconocer que esta película realizada a mayor gloria de Will Smith desaprovecha vergonzosamente a un super reparto de secundarios de lujo (Kate Winslet, Edward Norton, Helen Mirren, Keira Knightley…) y que se embauca y manipula al espectador con mucha menos sutileza que, por ejemplo, “Un monstruo viene a verme”.  Todo eso es verdad, como también es cierto que, al final, un servidor no pudo evitar emocionarse y salir del cine deseando vivir el resto de las navidades haciendo felices a los demás.  Sólo por esos buenos sentimientos que provoca, soy capaz de perdonarle la mitad de sus defectos.
Calificación:  6 (sobre 10)

ASSASSIN’S CREED
Basada en un famosísimo videojuego, la adaptación al cine de esta ficción ambientada parcialmente en la España de la Inquisición pretende convencernos de que todos tenemos un código genético que nos conecta con nuestros antepasados y que, si éste se estimula adecuadamente, podemos vivir una vida llena de aventuras medievales que serían la envidia de cualquier personaje de “Juego de tronos”.  La película transcurre mitad en 1492 y mitad en el presente, y en ambas épocas la estrella es un Michael Fassbender que además ejerce de productor.  El resultado:  un producto lastrado por el exceso de parafernalia digital y los inevitables diálogos de besugos, mal endémico de las mayor parte de los guiones de la actualidad.  Fassbender, Marion Cotillard y Jeremy Irons poséen un talento y un prestigio que se merecían un proyecto de mayor envergadura.
Calificación:  6 (sobre 10)


VILLAVICIOSA DE AL LADO
Otra ficción basada en hechos reales, aunque en esta ocasión derivados hacia la comedia costumbrista de aspiraciones berlanguianas.  Los habitantes masculinos de un pueblo han sido agraciados con el Gordo de la Lotería de Navidad, pero no pueden cobrar el premio porque tendrían que reconocer que los décimos los compraron en el puticlub local.  Nacho García Velilla, uno de los creadores de las series “Siete vidas” y “Aída”, dirige esta película menos vulgar de lo que insinúan los traílers y que incluso tiene cabida para que humoristas como Leo Harlem manifiesten más que prometedoras dotes actorales.  Le acompañan Carmen Machi, Jon Apaolaza, Macarena García, Carlos Santos o el ubicuo Arturo Valls.  Lo mejor que puedo decir:  es menos mala y más inteligente de lo que me esperaba, aunque también un poquito menos divertida.

Calificación  5 (sobre 10)

lunes, 19 de diciembre de 2016

Cine actualidad/ “ROGUE ONE: Una historia de Star Wars”

Episodio III y medio

La descomunal inversión realizada por Disney para la adquisición de Lucasfilm tenía que tener consecuencias a corto plazo.  A falta de continuar con las aventuras de Indiana Jones, los directivos del estudio del Ratón Mickey le han hincado pero bien el colmillo a la space opera que transcurre en cierta galaxia muy, muy lejana y, en este sentido, no hay año que no tengamos una historia relacionada en mayor o menor medida con Luke Skywalker y sus amigos.  Entre medias de los Episodios VII (estrenado en 2015) y VIII (que se estrenará en 2017), nos llega ahora esta aventura titulada “Rogue One”, que pretende servir de puente entre los Episodios III (último de la “trilogía de precuelas”) y IV (primero de la “trilogía clásica”) y al mismo tiempo narrar una historia ya conocida pero nunca desarrollada en su totalidad.

Todos sabemos que el malvado Imperio Galáctico, dirigido con mano de hierro por el siniestro Emperador Palpatine y su fiel sicario Darth Vader, construyó una gigantesca estación espacial de destrucción masiva denominada “Estrella de la Muerte”, cuyos planos la Princesa Leia Organa introdujo en el interior del robot R2D2, los cuales, gracias a Obi Wan Kenobi, Luke Skywalker y Han Solo, llegaron finalmente a manos de la Alianza Rebelde.  Pero ¿cómo se obtuvieron esos planos?  ¿Quiénes realizaron la hazaña de conseguirlos y cuál fue el precio que tuvieron que pagar…?

Tras el éxito de público (espectacular) y crítica (algo más ambiguo) del Episodio VII, “El despertar de la Fuerza”, que narraba lo sucedido tras el Episodio VI (“El retorno del Jedi”), Disney nos presenta este año el primero de los spin-offs o “derivados” del tronco principal, que se irán alternando, como ha quedado dicho, con los “Episodios” oficiales.  Como decía anteriormente, cualquiera que haya visto alguna vez el Episodio IV (“Una nueva esperanza”, más conocido en España como “La guerra de las galaxias”), recordará que en una escena se habla del “elevado precio” que unos espías rebeldes tuvieron que pagar para hacerse con los planos de la Estrella de la Muerte.  “Rogue One” es el nombre de ese comando cuya peligrosa misión era hallar el único punto débil del arma definitiva del Imperio y transmitirlo a la Alianza aun a riesgo de poner en peligro sus vidas.  Dando por hecho que ésta y no otra era la historia que había que narrar ahora, los chicos de Disney pusieron el proyecto en manos de Gareth Edwards, recién salido de la última versión de “Godzilla”, la cual, recordémoslo, gozaba de una puesta en escena espectacular pero adolecía de unas carencias argumentales bastante insalvables.  Más o menos lo mismo se repite ahora en “Rogue One”, razón por la cual, con el rodaje ya concluido, fue necesario volver a filmar multitud de escenas, según parece porque el estudio no quedó nada complacido con el material entregado por Edwards.

Una vez vista la película (nuevamente en un preestreno, al igual que el año pasado), tengo que decir que la puesta en escena me pareció deslumbrante y absolutamente fastuosa.  Los efectos visuales, la visualización de nuevos mundos, los planos de naves espaciales surcando los cielos, las secuencias de combate que recuerdan al viejo cine bélico y, especialmente, el primoroso cuidado con el que se recrean los vestuarios y peinados “demodé” que aparecían en el Episodio IV son, sin duda, para quitarse el sombrero.  Esas son las buenas noticias.  Por lo que respecta a las malas, vuelven a tener su origen en la parte puramente literaria del producto.  Al menos para quien esto suscribe, la historia que se nos cuenta (cuyo desenlace es de sobras conocido) carece de garra, no siendo hasta la última media hora cuando el film alcanza por fin su cénit, y no precisamente a causa de las habilidades de sus guionistas.  Todos los nuevos personajes me parecieron insulsos y prescindibles (incluyendo esa especie de monje oriental que supuestamente era de lo más atractivo…  sobre el papel), siendo en esto la película claramente inferior a su predecesora, aquel denostado (al menos, por mí) Episodio VII de J.J. Abrams, que, al menos, sí aportaba caracteres trascendentes (Rey, Finn, Maz Kanata y sobre todo Kylo Ren).  Además, los actores elegidos o bien me pasaron desapercibidos (Mads Mikelsen, Forest Whitaker) o bien me provocaron antipatía (caso de la protagonista Felicity Jones), cuando no me defraudaron directamente (un Diego Luna totalmente carente del más mínimo carisma).  A decir verdad, de los recién llegados sólo me llamaron la atención el robot K2SO y el perverso Director Krennick a cargo de Ben Mendelsohn.  En cuanto a la recuperación de viejos conocidos, Darth Vader tarda en resultar creíble pero luego recupera su legendaria majestuosidad, mientras que los dos cameos recreados digitalmente no me parecieron sino criaturas de un videojuego ascendidos por un día a estrellas de cine.

“Rogue One” cumple moderadamente su papel de “eslabón perdido” y cuenta con algunas escenas memorables, pero, al menos para mí, cualitativamente se sitúa incluso por debajo del Episodio VII, lo cual sí ha decepcionado mis expectativas, que venían alimentadas por los supuestos parabienes de fans entusiastas.  Ya no se encuentra uno seguro ni en la galaxia de las redes sociales…

Luis Campoy

Lo mejor:  los efectos especiales, toda la faceta visual
Lo peor:  los nuevos personajes y sus insípidas historias
El cruce:  “La Guerra de las Galaxias” + “El Imperio contraataca” + “Tora! Tora! Tora!”

Calificación:  6,5 (sobre 10)

lunes, 12 de diciembre de 2016

Cine actualidad/ “HASTA EL ÚLTIMO HOMBRE”

“Por favor, que pueda salvar a uno más…”

Diez años después de su último trabajo como realizador, el actor Mel Gibson nos presenta por fin una nueva obra, lo cual debería tener visos de constituir un acontecimiento.  Gibson es famoso, además de por sus legendarios ojos azules, por su no menos famosa bocaza, de la cual suelen brotar,  con demasiada facilidad, toda suerte de disparates e improperios.  Algunas de las víctimas de sus ataques han sido colectivos como el de los homosexuales o el los judíos, ambos con probado peso en el seno de la industria del cine, lo cual explica en parte esta sequía creativa que ha durado una década (desde la estupenda “Apocalypto”).  A la hora de afrontar su quinto largometraje en calidad de director, el intérprete criado en Australia se ha decantado por la historia real de Desmond Doss (fallecido en 2006 a los 87 años), el primer objetor de conciencia galardonado con la Medalla de Honor del Congreso de los Estados Unidos.

Nacido en un pueblecito de Virgina, el joven Desmond Doss se crió en el seno de una familia de arraigadas y rígidas creencias religiosas.  Para sus padres, pertenecientes a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, no existía razón alguna por la que un hombre tuviera derecho a arrebatar la vida a otro hombre, fueran cualesquiera que fuesen las circunstancias.  Así, aunque Desmond consideraba que su deber era alistarse en el ejército tras el bombardeo japonés a Pearl Harbor, lo hizo esgrimiendo su férrea negativa a empuñar un arma, lo cual le acarrearía no pocos problemas con sus superiores y sus compañeros de reclutamiento…

Basándose en la historia real de tan legendario personaje, el guionista de cabecera de Mel Gibson, Randall Wallace, retocó el libreto original de Gregory Crosby, acentuando los componentes habituales de la obra gibsoniana:  enfrentamiento de un individuo heroico contra un colectivo que no le acepta, exaltación de los valores morales y/o religiosos llevados hasta sus últimas consecuencias y visualización sin pudor de la violencia más brutal y descarnada.  Estos elementos temáticos, en mayor o menor medida, pueden encontrarse tanto en “El hombre sin rostro” como en “Apocalypto”, y alcanzan su cénit en “Braveheart” y “La pasión de Cristo”, el genuino legado cinematográfico de Gibson.

En “Hasta el último hombre” (en inglés, “Hacksaw Ridge”, nombre del acantilado en el que se desarrolló la cruenta batalla de Okinawa durante la que Desmond Doss salvó la vida a ¡75 personas!), da la impresión de que Mel Gibson tenía tantas ganas de dirigir que nos ofrece no una sino tres películas, todas ellas diferentes entre sí.  En la primera de ellas, que adolece de un tono bucólico y rural que resulta bastante cargante, se nos presenta la infancia y juventud de Desmond, así como su virginal romance con la enfermera Dorothy Schutte.  El segundo fragmento nos traslada a una base militar calcada de las de “La chaqueta metálica” o “El sargento de hierro”, en la que Doss se convierte en saco de boxeo de algunos reclutas que piensan que su negativa a usar armas se debe a pura y simple cobardía.  Finalmente, el tercer acto transcurre en el campo de batalla japonés en el que Desmond Doss llevó a cabo su hazaña, y la barbarie de la guerra se muestra de una manera tan bestial que por poco convierte al arranque de “Salvar al soldado Ryan” en una comedia romántica.

De las tres “películas” arriba reseñadas, ni que decir tiene que su calidad e interés van de menos a más, siendo el inicio más bien prescindible y el final absolutamente impresionante (en todos los sentidos).  Si el romance de juventud coquetea descaradamente con el ridículo y el episodio central es un calco de cien películas ambientadas en cuarteles de instrucción militar, es al final cuando Mel Gibson demuestra una vez más sus cualidades como cineasta, aun a riesgo de convulsionar el estómago de los espectadores más sensibles (algo que finalmente acabó por encumbrar a su celebrada “La pasión de Cristo”).  Miembros amputados, intestinos desparramados y sangre a raudales son algunos de los ingredientes de un particular guiso que Gibson cocina con una sabrosa inclinación hacia el gore dela que demuestra ser todo un masterchef.  Sin duda, la intención del realizador es no sólo idealizar la figura del objetor de conciencia, sino también fomentar la existencia de nuevas objeciones, y se esfuerza al máximo para conseguirlo.

Andrew Garfield, el penúltimo Spiderman cinematográfico, encarna con convicción y entrega a Desmond Doss, y muy probablemente será nominado al Oscar;  eso sí, una vez más se enfrenta a uno de los retos recurrentes que han condicionado su carrera:  tener que parecer más joven de lo que realmente es.  Cuando Doss llevó a cabo su gesta, tenía apenas 24 años, mientras que Garfield tiene ya 33, y en algunos momentos la edad le delata.  El casi olvidado Sam Worthington (¡qué lejos quedan los tiempos de “Avatar”!) y un estupendo Vince Vaughn interpretan a los mandos militares de Doss, mientras que Teresa Palmer da vida a su esposa y el gran Hugo Weaving encarna a su padre.

Lastrada por un arranque poco prometedor aunque siempre filmada con buen oficio, “Hasta el último hombre” tiene su razón de ser en un pretendido alegato antibelicista que, con todo, se convierte en terrible escaparate de aquéllo que pretende condenar.  Es un poco como el pacifismo del protagonista, que, por negarse a utilizar una arma, obliga a sus compañeros a que maten el doble para mantenerle a él a salvo.  Contrasentidos de dos polos opuestos (la guerra y la paz) que no sólo se atraen sino que no significan nada el uno sin el otro.

Luis Campoy

Lo mejor:  la brutal y terrorífica batalla de Okinawa
Lo peor:  un inicio plagado de tópicos románticos
El cruce:  “Forrest Gump” + “La chaqueta metálica” + “Salvar al soldado Ryan”

Calificación:  8 (sobre 10)

lunes, 5 de diciembre de 2016

Cine actualidad/ "ANIMALES NOCTURNOS"

Realidad y ficción

Tom Ford (n. 1961) es uno de los más famosos modistos (perdón, diseñadores de moda) de hoy en día.  Tras sus etapas en las firmas de Yves Saint Laurent y Gucci, Ford inició una carrera como director creativo de su propia marca, lo cual no debió parecerle suficiente, ya que poco después se decidió a probar fortuna en el mundo del cine.  Siete años después de su primer film como realizador cinematográfico, la reputada “Un hombre soltero”, Ford nos presenta ahora su segundo trabajo, titulado “Animales nocturnos”.

Susan Morrow (Amy Adams) es una galerista de arte en apariencia rica y feliz, pero durante uno de los frecuentes viajes de su marido recibe un paquete que contiene un inesperado regalo de su primer esposo, Edward:  un libro recién terminado y todavía no publicado.  Mientras trata de sobrellevar su fría y solitaria existencia, Susan se sumerge en la lectura del libro, titulado “Animales nocturnos”, y lo que en él se cuenta le hace experimentar poderosas y muy vívidas sensaciones…

Basada en una novela de Austin Wright, “Animales nocturnos” cuenta no una sino dos historias, ambientadas ambas en varios lapsos temporales.  Por un lado, presenciamos el presente de engañoso bienestar de Susan, en el cual se suceden diversos flashbacks en los que vemos cómo era la vida de ella durante su primer matrimonio con Edward;  por otro, se visualiza la novela que Edward ha escrito, en la cual el protagonista no es sino un alter ego del propio Edward, Tony, a quien unos pandilleros han abandonado en pleno desierto de Mojave tras haber secuestrado a su mujer y a su hija adolescente…

Ya la secuencia inicial de créditos de “Animales nocturnos” me dejó con la boca abierta.  En un escenario bellamente iluminado y decorado (que luego sabremos que es la galería de arte en la que trabaja Susan), varias mujeres gordas bailan desnudas de manera provocadora, mientras suena una banda sonora maravillosa obra del polaco Abel Korzeniowski, que en nada tiene que envidiar a las que, en los años gloriosos del cine negro, compusieron Miklos Rozsa, Max Steiner o Alfred Newman.  Cuando aún no te has repuesto de un inicio tan impactante, te apabulla la gélida pero hermosa puesta en escena de Tom Ford, retratando un mundillo muy semejante al que él, en su faceta de diseñador de moda, tan bien conoce.  Y entonces sale del interior de una caja el libro escrito por el primer marido de Susan, y desde sus páginas cobra vida una inolvidable historia llena de crueldad, tristeza y dolor, que no tarda en acaparar el máximo interés dramático del film-

Como he dicho en más de una ocasión, de vez en cuando surgen películas en las que la factura estética, lo puramente visual, nos recuerda que el cine es, ante todo, arte, belleza y fotografía.  En este sentido, “Animales nocturnos” constituye todo un regalo en el que la composición de planos y el tratamiento de la luz demuestran lo bien que se ha adaptado Tom Ford a la mecánica del cine.  Por si éso fuera poco, el film se beneficia de una extraordinaria interpretación de Jake Gyllenhaal, que borda el papel del hombre sencillo desbordado por unos acontecimientos a los que no sabe plantar cara en una primera instancia.  Le acompañan un entrañable Michael Shannon y un odioso Aaron Taylor-Johnson, en un registro sorprendente y muy meritorio.

Si no fuese por el desigual tratamiento y desequilibrado peso específico de sus dos relatos entrelazados, quizás estaríamos ante un peliculón muy cerca de ser una obra maestra.  Con todo, para mí ha constituído uno de los mejores films que he degustado en estos meses, y su muy visceral compendio de belleza y brutalidad perdurará en mi memoria durante años.

Luis Campoy

Lo mejor:  Jake Gyllenhaal, la puesta en escena, la fotografía, la banda sonora
Lo peor:  la historia principal peca de fría y sosa, mientras que la trama secundaria es un prodigio dramático que se merecía  un film completo sólo para ella
El cruce:  “Carretera al infierno” + “Las horas”

Calificación.  8,5 (sobre 10)

lunes, 28 de noviembre de 2016

PÍLDORAS DE CINE: Noviembre 2016 (y III)

Poco antes de despedir este lluvioso mes de Noviembre, pienso que apetece una dosis de Séptimo Arte hábilmente liofilizada para comprimirla en nuestras inimitables PÍLDORAS DE CINE…

ALIADOS
La alargadísima sombra de “Casablanca”, el inmortal clásico de Michael Curtiz, sobrevuela este fallido film de Robert Zemeckis, autor de “Regreso al futuro” y “Forrest Gump”.  Un trasfondo bélico, la misma exótica ciudad marroquí, nazis ominosos, un smoking blanco, un amor condenado…  Brad Pitt (con el rostro oliendo a botox) y Marion Cotillard protagonizan una película en la que son no sólo las máximas estrellas sino también los únicos actores con nombre conocido.  ¡Star system hollywoodiense en estado puro!.  Los diálogos bobalicones se suceden sin pausa y lo inverosímil acaba resultando simpático, de tan ridículo.  Lo único salvable, el clasicismo de la dirección y la planificación de las dos únicas secuencias de acción.
Calificación:  6 (sobre 10)

ANIMALES FANTÁSTICOS Y DÓNDE ENCONTRARLOS
Harry Potter sin Harry Potter;  un guión original de JK Rowling ha dado lugar a un nuevo viaje al universo mágico, que esta vez, transcurre en la Nueva York de los años veinte del siglo pasado.  El oscarizado Eddie Redmayne da vida a Newt Scamander, el autor de uno de los libros de texto que décadas después estudiarían Harry, Ron y Hermione.  A pesar de que da la sensación de que todas sus bazas ya se hallaban condensadas en sus (estupendos) trailers, su apabullante acabado formal (ambientación, diseño de producción, vestuario, fotografía y música rozan la excelencia) a los fans y alumnos eméritos de Hogwarts les dejará un delicioso sabor de boca.  Atención a los novatos Dan Fogler y Alison Sudol, que se comen con patatas a una insípida Katherine Waterston y un hipersobreactuado Redmayne, que repite todos los tics de “La teoría del todo” y “La chica danesa”.
Calificación:  7,5 (sobre 10)

MAREA NEGRA
Mark Wahlberg, el ídolo proletario de América, repite en el género catastrofista después de “La tormenta perfecta” y “Transformers:  La era de la extinción”.  En esta ocasión encarna a un técnico de una plataforma petrolífera, la Deepwater Horizon, que el 20 de abril de 2010 explotó en mitad del Golfo de México, vertiendo al mar 780.000 toneladas de petróleo crudo y provocando la muerte de 11 trabajadores.  Indiscutiblemente bien realizada por el director de la estimable “El último superviviente”, a “Marea negra” puede reprochársele que tarda casi tres cuartos de hora en arrancar (el efecto “Titanic”:  escenas de acción apabullantes, escenas de relleno soporíferas), pero sus efectos especiales son una auténtica virguería.  También aparecen Kurt Russell, John Malkovich, Kate Hudson y la televisiva Gina Rodriguez.

Calificación:  6,5 (sobre 10)

lunes, 21 de noviembre de 2016

Cine actualidad/ "LA LLEGADA"

Comunicación y lenguaje

Hablar de extraterrestres en el cine casi nos obliga a mencionar al insigne Steven Spielberg, uno de los más afamados y reconocidos creadores de la Historia del Séptimo Arte.  Spielberg nos ha deparado al menos tres películas que narran la llegada de alienígenas a nuestro planeta, abordándola desde dos diferentes puntos de vista:  el de los visitantes buenos y pacíficos (“Encuentros en la tercera fase”, 1977 y “E.T. El Extraterrestre”, 1982) y el de los agresivos y violentos (“La Guerra de los Mundos”, 2005).  “La llegada”, el nuevo film del canadiense Denis Villeneuve, se alinea decididamente del lado de la primera corriente expuesta, ya que, digámoslo ya, sus viajeros de allende las estrellas no tienen como propósito inmediato el exterminio de la Humanidad.

Un buen día y sin previo aviso, doce gigantescas naves espaciales de origen extraterrestre se posicionan sobre doce localizaciones diferentes de nuestro planeta.  ¿Quiénes son?  ¿De dónde vienen?  Y, lo más importante, ¿qué quieren?  Para averiguarlo, el ejército norteamericano recluta a una prestigiosa lingüista, la doctora Louise Banks, para que averigüe la forma de dialogar con los recién llegados.  Pero ¿cómo comprender y hacerse comprender ante una especie que, en apariencia, nada tiene que ver con la nuestra…?

“La llegada” se basa en un relato breve del escritor chino-americano Ted Chiang, publicado en 1998 con el título “La historia de tu vida”.  Se trata de una historia en la que se entremezclan la ficción y la ciencia, la fantasía y el realismo, el intimismo y la tensión.  Partiendo de los mismos postulados, Denis Vileneuve y su guionista Eric Heisserer construyen un ensamblaje en el que los extraterrestres acaban siendo catalizadores de un proceso de regeneración que no sólo afectará a la doctora Banks.

En este nuevo mundo dominado por la tecnología y surcado por infinitas redes sociales, un film como “La llegada” está destinado a hacer correr ríos de tinta.  Su punto de partida y su desarrollo cautivará a millones de adeptos a la ficción científica…  al tiempo que decepcionará a quienes esperaban que esta enésima visita extraterrestre fuese como las narradas por H.G. Wells (o el propio Spielberg), o, lo que es lo mismo, como las que hemos visto en “Independence Day”, “Mars Attacks” o “Invasión a la Tierra”.  Obviamente, la narración de Chiang y Villeneuve es tan lícita y digna como cualquier otra, y en ningún tráiler ni merchandising se da a entender que la película vaya a ser un pirotécnico espectáculo de acción y efectos especiales.  Lo que pretende “La llegada” es visitar nuestros corazones, espolear nuestros cerebros, hacernos elucubrar sobre lo que se nos muestra y lo que se nos oculta.  Porque en “La llegada” no todo es lo que parece, y lo que importa no es tanto lo que sucede como lo que sucederá o podría suceder.

Vinculada a una corriente de películas fantásticas en las que lo que predomina es la exposición sosegada y científica (“La amenaza de Andrómeda”, “Naves misteriosas”, “Solaris”, “Contact”, “Interstellar”), “La llegada” se beneficia de una realización lúcida e inspirada en la que se suceden momentos destinados a albergarse en nuestro imaginario colectivo.  La llegada de Louise a la nave alienígena, el primer encuentro con los extraterrestres y la visualización de cómo éstos se comunican, todo ello al son de la misteriosa y metafórica partitura de Johann Johansson, pasarán a la Historia del género.  Por otra parte, el enigma de las visiones de la doctora Banks o el exceso de protagonismo de cierto personaje más relevante de lo que parece, sólo quedarán medianamente explicados al final, aunque incluso después de que éste haya llegado, son muchas las cuestiones que podemos continuar planteándonos... lo cual es la esencia de un buen cine-fórum, ¿no?.

No cuesta trabajo imaginar que “La llegada” recibirá no pocas nominaciones para los próximos premios Oscar, y que estará representada en categorías como la de Mejor Actriz Protagonista (Amy Adams), Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guión Adaptado, Mejor Fotografía o Mejor Banda Sonora Original.  Con todo, el mayor premio ya lo ha recibido:  la acogida enfervorizada por parte del público que era su destinatario natural, el que gusta de contemplar, asimilar, meditar y, posteriormente, teorizar y compartir sus teorías.  No siempre se consigue que todos nosotros nos atrevamos a sacar a pasear al Carl Sagan o Isaac Asimov que llevamos dentro.

Luis Campoy

Lo mejor:  las secuencias a bordo de la nave alienígena;  la interpretación de Amy Adams
Lo peor:  el exceso de expectativas que sus admiradores más kamikazes han ido difundiendo
El cruce:  “Contact” + “Encuentros en la tercera fase” + “Interstellar”

Calificación:  8,5 (sobre 10)

lunes, 14 de noviembre de 2016

PÍLDORAS DE CINE: Noviembre 2016 (y II)

Por segunda vez en este mes de Noviembre, abordamos los últimos estrenos cine en este formato que tanto os gusta:  las sabrosas y reconfortantes ¡píldoras de cine!

QUE DIOS NOS PERDONE
Como decía el danés Nicolas Winding Refn, “Sólo Dios perdona”…  y es a El a quien hay que recurrir buscando sosiego espiritual.  Así lo ha visto el joven realizador Rodrigo Sorogoyen (35 años), quien ubica la acción de su tercer largometraje en un Madrid patas arriba a causa de la visita del Papa Benedicto XVI.  En tan aparentemente católico escenario, un psicópata hace de las suyas entre la población femenina de la tercera edad, y dos policías poco convencionales reciben el encargo de echarle el guante.  Ya el argumento reviste una cierta complejidad dramática, un punto escabroso, y Sorogoyen elige como protagonistas a dos detectives muy peculiares y contrapuestos en métodos y actitud.  Decir que Antonio de la Torre cuaja una buena interpretación no es noticia (siempre lo hace), pero los que más sorprenden son Roberto Alamo y Javier Pereira, el primero como un poli incapaz de controlar sus brotes violentos, y el segundo bordando su odioso papel de asesino.  Toda la película goza de un firme pulso narrativo, los diálogos están cuidados y la tensión aumenta in crescendo conforme va a acercándose el (aparente) final.  Que Dios nos perdone… si dejamos escapar esta estupenda película.
Calificación:  8,5 (sobre 10)

100 METROS
Alguien debería decirle a Dani Rovira que las películas no se hacen en churrerías.  El simpático showman y protagonista de “Ocho apellidos vascos” ha caído en una dinámica peligrosa en la que enlaza una película con otra, sin descansar y seguramente sin pensárselo muy bien.  Como espectador, me cansa ver al mismo actor en tres o cuatro títulos al año, y máxime cuando existen en España decenas de intérpretes tanto o más cualificados.  Por otra parte, a alguien se le ha ocurrido que el actor idóneo para darle la réplica dando vida a su suegro no es otro que Karra Elejalde, quien ya hiciera lo mismo en “Ocho apellidos vascos” y su desangelada secuela.  La combinación de Rovira y Elejalde no es que no funcione bien, pero, de cara a un asiduo al cine patrio, acaba por perder toda credibilidad.  Por si fuera poco, la historia (real) del atleta aquejado de esclerosis múltiple Ramón Arroyo está narrada de forma rutinaria, como si de un vulgar telefilm de sobremesa se tratara, un “Estrenos TV” lleno de buenas intenciones pero vacío de cualidades cinematográficas.  Lo siento pero, aun reconociendo que la fuerza de voluntad de Arroyo se merecía sin duda una película, el film que ha llegado a nuestras pantallas me pareció ñoño y, lo que es peor, aburrido.
Calificación:  5 (sobre 10)

JACK REACHER:  Nunca Vuelvas Atrás
Tom Cruise cumplió en julio 54 años.  Ciertamente, no los aparenta…  o, al menos, no todos ellos.  Su estupenda forma física, los rumores de que se comió la placenta y el cordón umbilical de su hija y su reciente operación de cirugía estética son claros ejemplos de que el bueno de Tom ha emprendido una carrera sin fin contra el Tiempo.  De hecho, en su última película, da vida a un personaje que “sólo” tiene 40 años, y se pasa el tiempo corriendo, saltando y, sobre todo, repartiendo estopa a tutiplén.  ¿Complejo de Peter Pan?  Todo pudiera ser….  El caso es que, si la primera aventura cinematográfica de Jack Reacher (basada en los libros del Lee Child), ya me pareció poco satisfactoria, en esta segunda parte el listón se ha bajado tanto que casi creí sentirme teletransportado a los lejanos tiempos de “Ejecutor” (1986).  Situaciones inverosímiles, villanos de traca, diálogos que dan risa, y un héroe que ya le puedes machacar hasta la muerte mil veces, que siempre se levanta.  Ni siquiera una estrella con el carisma de Cruise puede solventar un producto tan endeble, que sólo se sustenta en sus correctas secuencias de acción.  Una pena que Edward Zwick, realizador de “Tiempos de gloria”, “El último samurái” y “Diamante de sangre” haya caído tan bajo.

Calificación:  5,5 (sobre 10)

lunes, 7 de noviembre de 2016

Cine actualidad/ "SULLY"

Despegó de LaGuardia...  pero no bajó la guardia

Cuando viajo en avión, desde el mismo momento en que arribo al aeropuerto de salida, lo que más deseo es…  aterrizar en el aeropuerto de destino.  Es decir, lo intento pero no logro disfrutar el vuelo en sí, no consigo relajarme, por mucho que me dicen (y yo entiendo, y acepto) que el transporte aéreo es el medio de comunicación más seguro que existe.  Unos nacieron con estrella…  y otros tan sólo no queremos estrellarnos.

El día 15 de Enero de 2009, el vuelo 1549 de US Airways tuvo un final imprevisto.  El avión, un Airbus A320, acabó amerizando en el río Hudson pocos minutos después de haber despegado del aeropuerto de LaGuardia de Nueva York.  Su veterano capitán, Chesley Sullenberger, conocido familiarmente como “Sully”, logró lo que ha sido bautizado como “el aterrizaje de emergencia más exitoso de la historia de la Aeronáutica”, dado que consiguió salvar la vida de todas y cada una de las 155 personas que viajaban en el aparato.

El capitán Sullenberger se retiró de la aviación activa en 2010, un año después de su heroica acción, y pronto publicó un libro autobiográfico en el que narró en primera persona las circunstancias reales de lo que casi todo el mundo consideró una hazaña.  Basándose en dicho relato, el veteranísimo realizador Clint Eastwood (86 años) ha plasmado en la pantalla una odisea de profesionalidad y coraje en la que lo que predomina es una grandiosa interpretación ( de Tom Hanks), y los avatares de la catástrofe en sí quedan relegados a un segundo plano.  No lo habíamos dicho antes, pero si comenté que “casi todo el mundo” consideró a Sully un héroe fue porque no toda la Humanidad compartió esa misma opinión, y los ejecutivos de US Airways consideraron que tal vez el amerizaje fue una decisión desafortunada, ya que se podía haber regresado a LaGuardia.

Involucrado en un juicio profesional en el que la heroicidad es tachada de irresponsabilidad, Sully se convierte nuevamente en carne mediática, y éste es el momento en que transcurre la película que Eastwood acaba de estrenar entre nosotros.  A diferencia de “El vuelo” (Robert Zemeckis, 2014) en la que Denzel Washington protagonizaba un caso muy, muy similar a éste, el presente film es en todo momento comedido y sosegado, con una narrativa clásica y con claras ambiciones de postularse en la carrera hacia los Oscar.  Desde luego, la nominación de Toma Hanks me parece cantada, y es que el simpático sinvergüenza de “Despedida de soltero” se ha convertido en uno de los mejores y más respetados actores de la actualidad.  En cuanto a otros aspectos, reseñar que todas las escenas en las que el protagonista habla por teléfono con su esposa (interpretada por Laura Linney) para mí están totalmente de más, ya que rompen el ritmo y no aportan nada a excepción de los manidos y muy socorridos “Te quiero” y “Diles a los niños que les quiero”.  También el personaje del co-piloto al que interpreta el excelente Aaron Eckhart queda un poco desdibujado, relegado a comparsa del protagonista y carente de entidad propia.

Por lo demás y sobre todo, “Sully” es un drama muy correcto, fantásticamente bien rodado e interpretado, en el que (no hace falta adivinarlo) el final es positivo y feliz, como no podía ser de otra manera tratándose de una historia real en la que el valor y el coraje tuvieron una recompensa en forma de vidas humanas preservadas.

Luis Campoy

Lo mejor:  Tom Hanks, Tom Hanks y Tom Hanks
Lo peor:  tontorronas conversaciones entre Sully y su mujer
El cruce:  “Aeropuerto” + “El vuelo” + “Héroe por accidente”

Calificación:  8 (sobre 10)

jueves, 3 de noviembre de 2016

MINI-PÍLDORAS DE CINE (Noviembre 2016)

Llega Noviembre y ya han quedado atrás la polémica Hispanidad, el polémico Halloween importado de los USA e incluso la polémica “cobra” de Bisbal a Chenoa.  Es un buen momento para hablar de cine, o mejor, para tomar nuestra habitual ración de cine en píldoras…

LA NOVIA
Suelo decir que, para disfrutar una película, es conveniente saber qué es lo que vas a ver;  así, nos ahorraríamos perder el tiempo con productos que no nos interesan o que simplemente no se adecúan a nuestros gustos o necesidades.  En concreto, si uno es admirador declarado de la obra de Federico García Lorca y espera una adaptación canónica y fiel de su gran “Bodas de sangre”…  mejor que ni se acerque a ver “La novia”.  Porque lo que hace la película de Paula Ortiz es aprovechar el hilo argumental de la pieza lorquiana para crear un espectáculo de pirotecnia audiovisual en la que lo importante no es el fondo sino la forma.  ¡Y qué forma!  Vuelvo a insistir en que el séptimo arte es un compendio de los otros seis, pero lo que realmente le caracteriza es la imagen.  Para muchos creadores, la película ideal sería aquélla en la que las imágenes lo contasen todo, sin tener que recurrir a los peajes de las palabras y los diálogos.  El film que nos ocupa no es ni mucho menos ideal, pero sí cumplió (y rebasó) todas mis expectativas.  La fotografía, la composición de planos, el montaje y el sonido me parecieron excepcionales, así como la música del japonés Shigeru Umebayashi.  Inma Cuesta está apasionada y apasionante, Asier Etxeandía correctito pero desaprovechado, y los secundarios Luisa Gavasa y Carlos Alvarez-Novoa (fallecido poco después de finalizar el rodaje) dan lo mejor de sí;  al melenas Alex García le recetamos lo mismo que a Mario Casas: un curso intensivo de dicción y fonética.  El Teatro Guerra de Lorca acogió la exhibición de esta película rescatada por el simpar Cine Club Paradiso.
Calificación:  7 (sobre 10)

DOCTOR STRANGE
Nunca me gustó el Doctor Extraño.  O sea, el diseño del personaje me encanta, con esa barbita entrecanosa y esa preciosa capa roja, pero sus aventuras caleidoscópicas a través de universos lisérgicos y multicolores me parecían de lo más aburridas.  Sin embargo, hay que reconocer que Disney/Marvel suele saber a la perfección cómo trasladar a la pantalla sus productos.  “Doctor Strange”, la película, respeta las claves de la historieta pero le confiere un acabado visual que combina la fantasía de “Más allá de los sueños” con la imaginería arquitectónica de “Origen”.  Supongo que, para no abusar del componente estrictamente mágico, es por lo que se han metido con calzador tantas escenas de combate cuerpo a cuerpo;  jamás pensé que unos hechiceros tuvieran que estar tan en forma como para pasarse media película corriendo de acá para allá.  En la parte interpretativa, hay que reconocer que, con Benedict Cumberbatch al frente del reparto, la mitad del camino ya está andado.  El londinense es sin duda uno de los mejores actores de la actualidad, y está en un permanente estado de gracia en el que es capaz de mimetizarse en cada nuevo personaje.  Chapeau!  Chiwetel Ejiofor y Tildas Swinton le acompañan, y Mads “Hannibal” Mikkelsen se esfuerza por hacer creíble a un villano demasiado esquemático.  A destacar los efectos visuales, un paso más allá en todas las direcciones, demostrando que todavía es posible la magia en la pantalla (nunca mejor dicho).
Calificación:  7,5 (sobre 10)

EL CONTABLE
Desgraciadamente, los trailers suelen contar demasiado de una película:  revelan sus mejores momentos, destripan sus diálogos más afortunados y, lo que es peor, muestran sin tapujos cuál va a ser su tono, su idiosincrasia.  En el caso de “El contable”, me llevé una grata sorpresa al comprobar que, además de desarrollarse según los parámetros argumentales recogidos en los avances, se detenía con la suficiente parsimonia en un aspecto que para mí es muy interesante:  la descripción del autismo.  El protagonista, encarnado por Ben Affleck, padece un autismo muy acusado, para cuya superación se ha entregado a las artes intimidatorias de la defensa personal.  Al mismo tiempo, la particularidad de sus pautas cerebrales le lleva a poseer un dominio rocambolesco sobre las matemáticas.  Tan compleja personalidad de lugar a una película bastante entretenida que, como digo, retrata el autismo…  y la manera en la que NO hay que afrontarlo.  Un hierático Ben Affleck, aún con más cara de palo que de costumbre, encarna al protagonista, apoyado por dos secundarios de auténtico lujo:  el siempre magistral J.K. Simmons y una sensible Anna Kendrick, quien sin embargo resulta poco creíble como interés sentimental del contable asesino.
Calificación:  7 (sobre 10)


lunes, 24 de octubre de 2016

Cine actualidad/ “LA CHICA DEL TREN”

Suspense ferroviario

Publicada en 2015, la novela “La chica del tren”, de la escritora inglesa Paula Hawkins, llegó a vender, en el Reino Unido, un ejemplar cada 16 segundos.  Su éxito fue, simplemente, arrollador, impulsado por el fervor del boca a boca de los lectores (que la ensalzaron a través de Twitter y Facebook) y desafiando la opinión de los críticos más sesudos, que llegaron a tacharla de “basura”.  El caso es que, ante uno de estos best-sellers tan incuestionables, las productoras de cine hacen cola con vistas a hacerse con sus derechos para la pantalla, y, apenas un año después de su lanzamiento en papel, ya tenemos en nuestras salas la correspondiente película.

Rachel es una mujer con graves problemas de alcoholismo, a la que su marido ha abandonado para formar otra familia.  Sola y decepcionada, Rachel toma cada día el mismo tren a la misma hora, y, mientras está detenida, mira desde la ventana de su vagón e imagina cómo será la vida de una pareja a la que supone idílica y feliz.  Pero, como es natural, las apariencias engañan considerablemente…

No he leído la novela de Paul Hawkins, aunque he investigado un poco y las reseñas hablan de un par de diferencias significativas entre libro y película.  Para empezar, la heroína literaria es una mujer gris y poco atractiva, mientras que en el film la protagonista es nada menos que Emily Blunt, una de las actrices más guapas de los últimos años.  Por otro lado, me cuentan que la estructura narrativa del relato peca de un exceso de linealidad, mientras que en la versión al cine abundan los flashbacks más imprevistos y alevosos.  Precisamente ésto fue lo que me descolocó desde el principio, sumiéndome en un vórtice de ignorancia y extrañeza del que me costó casi una hora recuperarme.

La película comienza narrando la deprimente vida de Rachel, y de repente empiezan a aparecer personajes que uno no sabe muy bien quiénes son y qué pintan en todo ese tinglado.  Además, por alguna extraña razón, el director de casting ha considerado divertido o necesario introducir a dos actrices de aspecto físico y complexión  idénticos, de modo que el pobre espectador no tiene más remedio que preguntarse:  “Pero ¿qué y quienes son esas señoritas?  ¿Hermanas?  ¿Primas?  ¿Amigas y residentes en Nueva York?”.  La sensación de no saber de qué iba todo aquel asunto, de que me estaban tomando el pelo con una trama rocambolesca en la que la acción iba constantemente hacia delante y hacia atrás me desesperó y me llegué a plantear seriamente abandonar la sala.  Por fortuna, tuve un poco de paciencia y, repentinamente (gracias a que hice trampas y consulté la trama del libro en la Wikipedia), comencé a comprender y entender, lo que me hizo finalmente apreciar e incluso disfrutar.

Me parece muy, pero que muy arriesgada la apuesta del director Tate Donovan (“Criadas y señoras”) al narrar la película de un modo que sólo complacerá a los conocedores del libro y que confundirá al resto de los mortales.  Con todo, parece que los resultados en taquilla no han sido del todo malos, y ello se debe no tanto a la convencional trama de misterio como al buen hacer de un reparto en el que brilla con luz propia una oscarizable Emily Blunt, quien realiza la mejor interpretación de su carrera.  La acompañan Rebecca Ferguson, Haley Bennett, Luke Evans, Justin Theroux y Edgar Ramirez, todos ellos correctos y entregados a un thriller alcohólico que, si se le presta un poco de paciencia, regala un desenlace inesperado.

Luis Campoy

Lo mejor:  Emily Blunt, directa al Oscar
Lo peor:  el galimatías narrativo de los primeros cuarenta minutos;  el ¿intencionado? juego de equívocos entre Rebecca Ferguson y Haley Bennett
El cruce:  “La ventana indiscreta” + “Extraños en un tren” + “Perdida”

Calificación.  6 (sobre 10)