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lunes, 13 de noviembre de 2017

PÍLDORAS DE CINE (Noviembre 2017)

Noviembre, el mes de las violetas de Cecilia y de la lluvia de los Guns ‘n’ Roses…  Los cielos se humedecen (en algunas zonas) y las castañeras comienzan a dejarse ver.  Pocas cosas pueden apetecer más que disfrutar una buena película en una buena sala y, para antes o para después, nada mejor que automedicarse con unas infalibles…  ¡¡PÍLDORAS DE CINE!!

MUSA
Este año, los dos co-directores de “REC” nos han presentado sendas películas por separado.  Vistas las dos, hay que reconocer que a Paco Plaza le ha ido mucho mejor con “Verónica” que a Jaume Balagueró con “Musa”.  Balagueró ha adaptado una novela, “La dama número 13” de José Carlos Somoza, para narrar una historia en la que la acción se traslada a una húmeda Irlanda bellamente fotografiada por Pablo Rosso.  La magnífica puesta en escena no consigue obviar las deficiencias de un guión plagado de tópicos que en algún que otro momento trascienden las fronteras del ridículo (esas “diabólicas” musas ataviadas de manola cuyo cuartel general se ubica en un grasiento bareto de carretera…).  El reparto, de lo más ecléctico, lo lidera el británico Elliot Cowan, al que acompañan gente tan dispar como Ana Ularu, Franka Potente, Manuela Vellés, Leonor Watling, una recuperada Joanne Whalley o el mismísimo Doc Brown de “Regreso al futuro”, Christopher Lloyd, por cierto, desaprovechadísimo.  Es un chiste fácil, pero me temo que a Balagueró le han abandonado las musas esta vez…
Calificación:  6,5 (sobre 10)


FELIZ DÍA DE TU MUERTE”
¿Qué pasa cuando ponemos en una coctelera “Scream”, “Atrapado en el tiempo” y “Clueless (Fuera de onda)” y batimos bien la mezcla?  Pues que sale un producto tan divertido y estimulante como este “Feliz día de tu muerte” que ha dirigido Christopher Landon, hijo del llorado e inolvidable Michael Landon.  En un registro muy distinto de aquellas moralinas que hicieron famoso a su padre, Landon nos cuenta la historia de una joven universitaria condenada a revivir una y otra vez el día en que es asesinada.  Si bien me esperaba una puesta en escena algo más vigorosa o incluso un poco más de truculencia, lo cierto es que la película garantiza un buen/mal rato en el que el terror y el humor se suceden con mucha habilidad.  Lo mejor:  la protagonista, una excelente Jessica Rothe a la que habrá que seguirle la pista muy de cerca.
Calificación:  8 (sobre 10)


ENGANCHADOS A LA MUERTE
En 1990, el hoy defenestrado Joel Schumacher dirigió “Línea mortal”, una película sobre estudiantes que coqueteaban con cruzar durante unos minutos el umbral de la muerte y luego regresar para contrastar sus experiencias.  De aquel film poco o nada se recuerda (como mucho, la anécdota de que todos los jóvenes protagonistas se despelotaban de cintura para arriba…  a excepción de una rutilante Julia Roberts recién salida de “Pretty Woman”), de modo que pocos espectadores se han dado cuenta de que la recién estrenada “Enganchados a la muerte” comparte título original (“Flatliners”) con aquella, aunque nadie tiene claro si se trata de un remake, una secuela, un reboot o las tres cosas a la vez.  El único nexo en común sería la presencia de un ya maduro Kiefer Sutherland, cuyo personaje en “Enganchados a la muerte” no sería el mismo, en teoría, que el que interpretara en “Línea mortal”.  Los nuevos protagonistas son Ellen Page, Diego Luna y Nina Dobrev, y sus desventuras resultan tan intrascendentes que nada nos importa si viven, mueren o se van a Bélgica de vacaciones.  Dirige el danés Niels Arden Oplev (el mismo de la trilogía original de “Millennium”) y lo único destacable son esos tres o cuatro sustos que hacen que los espíritus sensibles demos un aterrorizado respingo en la butaca.

Calificación:  6 (sobre 10)

lunes, 30 de octubre de 2017

Cine actualidad/ “THOR: RAGNAROK”

El Dios de la sonrisa

Cuando éramos críos, mi superhéroe favorito siempre fue, como he contado muchas veces, el amistoso vecino Spiderman.  Era otro amigo, Alfonso, alias “Dake” quien tenía predilección por el rubio y espigado Dios del Trueno de Marvel, el poderoso Thor.  Creado por Stan Lee, Larry Lieber y Jack Kirby en 1962, el personaje bebía de las fuentes de la mitología nórdica pero no alcanzó su punto álgido hasta que en 1983 el escritor y dibujante Walt Simonson se hizo con las riendas de la colección.  En el ámbito cinematográfico, Thor obtuvo el protagonismo de una película en 2011, como paso previo a su incorporación en el universo de “Los Vengadores”, en la que compartiría estrellato con Iron Man, el capitán América, Hulk, la Viuda Negra y Ojo de Halcón.  En sus dos primeras incursiones en solitario, la citada “Thor” y su secuela, “El mundo oscuro” (2013), sus respectivos directores, Kenneth Branagh y Alan Taylor, se empeñaron en otorgarle una solemnidad y grandilocuencia que, tal vez, sobre el papel, parecían buenos aditamentos.  Sin embargo, el resultado en ambas ocasiones fue más bien tedioso y deficitario, razón por la que los dirigentes de Marvel optaron por contratar a un realizador de talante radicalmente distinto, de cara a la elaboración de una tercera entrega.  El elegido ha sido el neozelandés Taika Waititi, conocido por “Lo que hacemos en las sombras” y que posée un talante en principio muy poco adecuado para desarrollar una historia protagonizada por Thor…

Tras los sucesos narrados en “Vengadores 2:  La Era de Ultrón”, el Dios del Trueno viaja a su mítico reino de Asgard ya que ha tenido una premonición de que la llegada del Ragnarok (la guerra del fin del mundo) está próxima.  En su ausencia, su hermanastro Loki ha suplantado a su padre Odín, el rey de los dioses, pero las cosas se van a poner realmente fastidiadas con la llegada de Hela, la malvada Diosa de la muerte…

Desde el principio de “Thor:  Ragnarok” queda patente que la seriedad y asepsia de las dos películas anteriores ya era cosa del pasado.  La principal aportación de Taika Waititi radica en el tono que imprime a la historia, tanto a nivel temático como estético.  Nunca antes habíamos vislumbrado a Thor, Loki y el increíble Hulk tan divertidos, ocurrentes y “cachondos”, lo cual no desentona en una historia en la que el humor es una pieza clave y fundamental.  Lo que Waititi ha construído es un tebeo marvelita con mayúsculas, el polo opuesto a “Batman V Superman”, por poner un ejemplo.  Una aventura en la que la comedia y la acción se erigen en protagonistas, ambientadas primero en un Asgard menos suntuoso que otras veces y, posteriormente, en un planeta Sakaar lleno de colorines.  Todas las secuencias que se desarrollan en el circo y en torno a éste constituyen el gran acierto del film, no sólo por la claridad con la que se visualizan los combates, sino sobre todo por el acierto de las escenas en las que Thor y Hulk tienen ocasión de hacer las paces charlando y no a tortazos.  El difícil arte del diálogo brilla como pocas veces en este tipo de películas, y de paso permite que los actores Chris Hemsworth y Mark Ruffalo exploren otras facetas interpretativas poco habituales.

“Thor: Ragnarok” es, desde luego, la película más entretenida del Dios del Trueno (no hacía falta mucho para éso), aunque también tengo que decir que, en no pocos momentos, esas concesiones al humor que antes he elogiado se vuelven un poco en su contra, rozando el ridículo con la punta del martillo.  Con todo, he de reconocer que me lo pasé genial, aunque, ¿qué queréis que os diga?, me sigo quedando con “mi” Spiderman de toda la vida que, por cierto, tampoco es el que Marvel nos ha presentado últimamente en la reciente “Homecoming”.

Luis Campoy

Lo mejor:  el sentido del humor y la aventura, los excelentes diálogos;  la aparición del Doctor Extraño
Lo peor:  el desperdicio de grandes actores como Karl Urban o Idris Elba

El cruce:  “Thor” + “Guardianes de la galaxia”
Calificación:  7,5 (sobre 10)

martes, 24 de octubre de 2017

Píldoras de cine (Octubre 2017)

Ya metidos en un otoño obstinado en aferrarse a su pasado reciente, y mientras que, allá arriba, el comportamiento de los unos pugna por ser más irresponsable que el de los otros, alguien se preguntará si, con la que está cayendo, no es una frivolidad continuar hablando de cine.  Au contraire, el Séptimo Arte es siempre el antídoto y la cura, y ésta es su mínima (por lo pequeña) expresión:  nuestras Píldoras de Cine.

GEOSTORM
Confieso que era un poco reacio a ver esta película a juzgar por lo tontorrones que eran sus trailers, pero la escasez de estrenos me condujo al cine y, contra todo pronóstico, no me arrepentí en absoluto.  El enésimo film de catástrofes que nos venden desde Yanquilandia mezcla sin pudor “Armageddon”, “El día de mañana” y “2012” (no en vano su director, Dean Devlin, fue guionista de las dos últimas), y el resultado es un blockbuster tan descerebrado como irresistiblemente entretenido.  Personajes arquetípicos, diálogos repletos de frases hechas y situaciones inverosímiles, sí, pero todo ello narrado a un ritmo vertiginoso y sin apenas tiempos muertos, tamizado de un humor blanco y beneficiándose de unos efectos especiales muy aparentes.  Si vas esperando ver un peliculón te llevarás un buen chasco, pero si sólo quieres pasar un buen rato, te sorprenderá.  Gerard Butler, Jim Sturgess, Ed Harris y Andy Garcia aportan su granito de arena a este film que juega en la misma liga que “Fast & Furious” o “Transformers”.
Calificación:  7 (sobre 10)


EL MUÑECO DE NIEVE
Todo lo contrario de lo que me sucedió con “Geostorm” me vino a pasar con “El muñeco de nieve”.  A priori, los mimbres eran excelentes (un buen reparto liderado por mi adorado Michael Fassbender, un director eficaz como Thomas “El Topo” Alfredson y una sólida base literaria como el best-seller de Jo Nesbo), y sin embargo, prácticamente desde el mismo inicio, todo falla:  los actores parecen desganados, la dirección recuerda a la del más cutre telefilm de sobremesa, los personajes de relleno sólo hacen que estorbar y la identidad del asesino resulta evidente hacia la mitad del metraje.  Lástima de ilusiones depositadas en tan decepcionante largometraje.
Calificación:  5,5 (sobre 10)


ANNABELLE CREATION
El enorme éxito de “Expediente Warren” en 2013 propició no sólo una secuela directa (“Expediente Warren 2:  El caso Enfield”), sino varios spin-offs o films derivados.  El primero de ellos, “Annabelle” tenía como protagonista a la muñeca diabólica ya presentada en la primera película de los Warren, y gozó de un triunfo en taquilla bastante incontestable.  La nueva entrega de la franquicia retrocede atrás en el tiempo, para explicarnos el origen de la malvada pepona.  Por fortuna, el consabido despliegue de sustos y subidones de sonido está esta vez muy bien narrado y se toma su tiempo en potenciar la fotografía, la decoración y los vestuarios.  Las películas de terror protagonizadas por niños me dan aún más miedo porque me duele ver sufrir a los pobres inocentes, y confieso que en ésta pasé tan buen/mal rato que no sabía si desear que se prolongase o que se acabase de una vez.  Para amantes del terror, los sustos, las casas encantadas y las posesiones demoníacas.

Calificación:  7,5 (sobre 10)

lunes, 9 de octubre de 2017

Cine actualidad/ “BLADE RUNNER 2049”

Replicando un clásico

Era 1982, el año de “Gandhi”, “La Cosa”, “Acorralado”, “Poltergeist” y, sobre todo, el año de “E.T., El extraterrestre”, que se acabaría convirtiendo en la película más taquillera de la historia del cine (hasta ese momento).  El director de “Alien, el Octavo Pasajero”, Ridley Scott, a quien todavía se le seguía reprochando su pasado publicitario, presentaba en sociedad su nuevo trabajo, titulado “Blade Runner”.  La crítica no fue unánime, pero sus admiradores valoraron en ella su extraordinaria puesta en escena, sustentada en la fotografía, los efectos visuales e incluso el vestuario, así como su argumento que, por un lado, transitaba los caminos de la ciencia ficción más posmoderna y, por otro, actualizaba los tópicos del cine negro, incluyendo una voz en off que convertía al protagonista, Rick Deckard, en un alter ego de Sam Spade o Philip Marlowe.  Treinta y cinco años después y cuando ya “Blade Runner” lleva décadas considerada una obra maestra incontestable del Séptimo Arte, algunos de sus responsables (Ridley Scott, ahora como productor;  el guionista Hampton Fancher;  y el protagonista Harrison Ford) se han reunido para dar luz verde a una continuación que, poco a poco, había ido encandilando a los millones de fans del film original.

Treinta años después de que el agente Deckard desapareciera tras cumplir su misión más arriesgada, los replicantes (androides con apariencia humana, prácticamente indistinguibles) continúan conviviendo con los humanos.  Un nuevo Blade Runner conocido simplemente como K recibe el encargo de investigar la posibilidad de que una replicante hembra lograra quedar embarazada y, por tanto, generar vida propia, y sus pesquisas le pondrán tras la pista del mismísimo Rick Deckard….

Muchas personas opinan que la mera idea de realizar un remake o una secuela de una película considerada “de culto” es, en sí misma, una especie de sacrilegio.  Diríase que piensan que, simplemente por acercarse a la obra original, ésta queda mancillada o adulterada, cuando ésto no es ni mucho menos así.  La mayoría de las nuevas versiones o continuaciones de las grandes obras cinematográficas no llegan a sus predecesoras ni a la suela de los zapatos, pero lo cierto es que el fracaso de la copia no deteriora la calidad del producto primigenio.  En cuanto a “Blade Runner 2049”, no cabe duda de que el reto era especialmente complicado, y prueba de ello es que el mismísimo autor del film de 1982, a pesar de que no ha tenido reparos en dirigir un par de continuaciones (sensiblemente inferiores) de su también celebradísima “Alien”, ha preferido hacerse a un lado y delegar en un nuevo realizador.

El canadiense Denis Villeneuve, que me dejó un tanto confundido con “Prisioneros” pero me impactó con “Sicario” y me maravilló con “La llegada” ha sido el elegido para llevar a la pantalla la esperadísima secuela de “Blade Runner”.  La presencia de Ridley Scott como productor ejecutivo y nuevamente con Hampton Fancher en la escritura del guión aseguraban que el producto resultante iba a mantenerse fiel al espíritu original, como así indudablemente ha sido.  Lo primero que hay que decir es que el aspecto visual de “Blade Runner 2047”, ya entrevisto en sus trailers, es fascinante, alucinante, bellamente sobrecogedor.  La composición de cada plano, la textura y el colorido (atribuíbles al gran Roger Deakins) enlazan en ocasiones  con el magistral trabajo de Jordan Cronenweth, al tiempo que, en otros momentos, se aleja totalmente de él, al ubicar diversas localizaciones en escenarios rurales iluminados con luz supuestamente natural.  Esto, lo reconozco, me descolocó un poco, algo que ya me sucedió en “El caballero oscuro”:  en historias netamente urbanitas y asociadas a la noche y sus neones, la irrupción de secuencias diurnas constituye un (premeditado) punto de ruptura del que me cuesta recuperarme.  Por lo demás, “Blade Runner 2049” establece con “Blade Runner” infinidad de lazos estéticos, musicales y, sobre todo, temáticos.  Los paralelismos son evidentes:  el primer androide al que se nos muestra, en ambas películas, es violento y brutal (en 1982, Leon Kowalski/Brion James, ahora SapperMorton/Dave Bautista;  el creador de los replicantes (anteriormente Eldon Tyrell/Joe Morton, ahora Niander Wallace/Jared Leto) tiene su sede en un edificio decorado e iluminado como si de una iglesia o templo se tratase;  el protagonista se enamora de un ser artificial (primero Rachael/Sean Young, ahora Joi/Ana de Armas);  los replicantes “malvados” lloran mientras ejecutan sus misiones (primero Roy Batty/Rutger Hauer y ahora Luv/Sylvia Hoeks);  el primer creador de replicantes, Tyrell, muere asesinado por Roy cuando éste le hunde los ojos en el cráneo, y el nuevo fabricante, Wallace, es ciego y sus ojos están, por lo tanto, inutilizados);  finalmente, los policías protagonistas de ambos films tienen sueños confusos y no pueden evitar la empatía con los “criminales” que deben retirar.  Naturalmente, la repetición de mecanismos argumentales es algo habitual y consustancial a cualquier secuela, pero tengo la sensación de que “Blade Runner 2049” es una película demasiado buena y válida por sí misma como para estar tan esclavizada al film de 1982, además de que la supeditación a los mismos parámetros hace que algunos momentos resulten un poco fríos, artificiosos.  Algo parecido sucede con la banda sonora compuesta por Hans Zimmer y Benjamin Wallfish, ciertamente estimable pero cuyos acordes y sonoridades son innegablemente deudores del famosísimo score creado por Vangelis.

En absoluto me ha decepcionado “Blade Runner 2049”.  Muy al contrario, me ha parecido un excelente film de ciencia ficción, al que apenas me atrevería a poner unos pocos reparos:  su propia condición de secuela, su (lógica) dependencia de la “Blade Runner” original, le restan algo de valor y se lo otorgan al magistral trabajo de Ridley Scott;  gran parte del relato se centra en la búsqueda de Rick Deckard (Harrison Ford), pero cuando éste por fin aparece, el personaje carece de relevancia y protagonismo, quedando poco menos que en una excusa argumental;  la duración de la película (163 minutos) me parece a todas luces excesiva, existiendo algunos tiempos muertos y escenas que, menos alargadas, hubiesen resultado sustancialmente mejores.  A pesar de todo, y, aunque no logra situarse al mismo nivel de la “Blade Runner” original (algo lógico y normal, que jamás creí posible), “Blade Runner 2049” es una dignísima continuación, un sensacional producto de ficción científica y, por si no lo había dejado claro, una muy buena película.

Luis Campoy

Lo mejor:  el apartado visual, portentoso, mayúsculo, fascinante
Lo peor:  que una película tan buena dependa tanto de un film anterior;  las casi 3 horas de metraje
El cruce:  “Blade Runner” + “El caballero oscuro”

Calificación:  8,5 (sobre 10)

martes, 3 de octubre de 2017

Cine actualidad/ “LA LLAMADA”

La brújula hacia la felicidad

El otro día, en nuestro grupo cinéfilo de WhatsApp, hablábamos de ”War Horse” (“Caballo de batalla”), una de las últimas películas del insigne Steven Spielberg, y que en su momento fue duramente criticada porque manipulaba descaradamente al espectador, obligándole a sumergirse en un carrusel de sentimientos que el veterano realizador manejaba a su antojo.  Salvando las distancias y eludiendo odiosas comparaciones, mientras veía “La llamada” volví a sentir que viajaba en una especie de tíovivo emocional, quedando mis emociones en manos de un par de hábiles titiriteros que en más de un instante me condujeron a las puertas del llanto…

“La brújula” es un campamento de verano coordinado por monjas, en el que dos jovencitas amantes de la música latina tienen no pocos enfrentamientos con las religiosas, a causa de la rígida moral imperante.  Hasta que un día, una de las díscolas muchachas tiene una extraña visión que le hace replantearse su existencia para siempre….

No todo en la cartelera teatral madrileña es “El Rey León” o la enésima comedieta de Arturo Fernández.  El 2 de mayo de 2013, dos jóvenes autores, Javier Ambrossi y Javier Calvo, ofrecieron en el hall del Teatro Lara de la capital de España la primera representación de “La Llamada”, un musical cuyo libreto habían escrito a cuatro manos y que contaba con canciones compuestas por Alberto Jiménez.  La propuesta gozó desde el principio del favor del público, ya que supo aunar el humor, el optimismo, la tolerancia y las ganas de vivir, al ritmo de unos temas pegadizos entre los cuales también destacaban algunos populares hits de Whitney Houston.  El 18 de octubre de aquel año, la obra se exhibía en el escenario principal de aquel mismo local, donde hoy en día, cuatro años después, aún continúa en cartel.

Evité en lo posible “contaminarme” sabiendo más de la cuenta acerca de “La llamada”, más allá del tráiler que cine y teles vomitaban constantemente.  Una vez en la sala, y desde el mismísimo inicio, me alegré lo indecible de desconocerlo casi todo acerca de aquel delicioso espectáculo.  Porque, efectivamente, lo primero que pensé, cuando todavía podía pensar, era que lo que estaba presenciando era una verdadera delicia.  Los inspirados diálogos, los apuntes musicales, las sensibles y creíbles interpretaciones e incluso los inofensivos toques religiosos me embrujaban, me hechizaban, y a los pocos minutos comprendí que Los Javis (apodo al que atiende el tándem de directores) me habían conquistado por entero.

No sé hasta qué punto mis años de casi olvidada formación cristiana tomaron el control, o si mi nunca eludida vena cursi salió a flote y no se volvió a hundir, mas lo cierto y verdad fue que durante casi dos horas me sentí feliz, iluminado y emocionado;  reí, casi lloré y en algunos momentos incluso dudé que una simple película fuese capaz de contener, manifestar y provocar tantos y tan hermosos sentimientos como me embargaron.

Naturalmente, “La llamada” no sería lo mismo sin las excelentes composiciones de su cuarteto protagonista.  Macarena García y Anna Castillo, que soportan el mayor peso de la función, pasaron ambas por la serie de sobremesa ”Amar en tiempos revueltos” (actualmente “Amar es para siempre”), y sus respectivas miradas (sobre todo la de la primera) rezuman bondad, pureza y fe.  A su vez, Belén Cuesta y Gracia Olayo, también compañeras de las anteriores en el estreno teatral de la obra, destilan autenticidad y producen ganas de meterse dentro de la pantalla y propinarles un inmenso abrazo.  Por su parte, el británico Richard Collins-Moore cuaja una interpretación…  divina.

A veces, la estética, la fotografía y la técnica cinematográficas quedan en segundo plano de un análisis, en esos raros casos en los que los sentimientos nublan la razón y prevalecen por encima de todo.

Luis Campoy

Lo mejor:  sabe jugar con los sentimientos hasta lograr que te olvides del espacio y el tiempo
Lo peor:  cuando se acaba, te pones a analizarla y descubres todos sus trucos
El cruce:  “Sonrisas y lágrimas” + “Dirty Dancing” + “Marcelino pan y vino”

Calificación.  8 (sobre 10)

lunes, 2 de octubre de 2017

Cine actualidad/ “madre!”

No te dejará indiferente

Con el paso del tiempo, he aprendido que el impacto real que te causa una película no lo asimilas al instante, sino una vez transcurridas unas horas o, mejor aún, unos días.  Es entonces y sólo entonces cuando se es capaz de analizarla más objetivamente, una vez roto el vínculo emocional que, al encenderse la luces de la sala, está aún en su punto más álgido…  Con respeto a “madre!”, la nueva película de Darren Aronofsky, probablemente si hubiera escrito esta crítica a las 20:00 horas del pasado viernes, estoy seguro de que no hubiera dicho lo mismo que ahora voy a expresar…..

Una mujer joven y su marido, ya maduro, viven en una enorme casa en mitad de un bosque.  Ella se ocupa de la restauración de la vivienda, y él es un poeta que busca inspiración para volver a crear.  Un día, reciben la visita de unos visitantes inesperados y, a partir de ese momento, empiezan a sucederse una serie de acontecimientos que convertirán su aparente paraíso en un auténtico purgatorio…

Últimamente, estoy adquiriendo la sana costumbre de afrontar determinadas películas desde la más virginal desinformación.  De “madre!” no conocía prácticamente nada, a excepción de su director y reparto, y creo que fue por eso que recibí una monumental sorpresa y el impacto devastador de un puñetazo en el estómago…  que me dejó sin respiración.

Darren Aronofsky es un director neoyorquino de 48 años de edad, que saltó a la fama inmediata con su primera película “Pi: Fe en el caos” y que, desde entonces, a base de sucesivas empanadas mentales y provocaciones varias, se ha labrado una carrera en la que destacan sus dos últimas producciones, “Cisne negro” y “Noé”.  Con “madre!”, Aronofsky retoma el formato de thriller de “Cisne negro” y le insufla la mística religiosa de “Noé”, dando lugar a una obra  que, con toda seguridad, disgustará a muchísima gente, al tiempo que logrará que unos pocos la amen apasionadamente.  La inocencia casi virginal de una límpida Jennifer Lawrence la convierte en la perfecta heroína, capaz a duras penas de defender su hogar y su matrimonio ante la intrusión de una serie de personajes a cada cual más ominoso e inquietante.  Mas la peripecia de la joven aspirante a madre, siendo realmente desasosegante, poco a poco va evidenciando que esconde un sinfín de impactantes metáforas religiosas basadas en los textos sagrados del cristianismo.

Visualizada con una estética bellísima y logrando unas extraordinarias interpretaciones de Jennifer Lawrence, Javier Bardem, Ed Harris y Michelle Pfeiffer, “madre!” logra que el espectador pase un mal rato inolvidable…  para bien o para mal.  Su apariencia de film de terror, los inevitables sustos que no hacen sino confundir y su (previsible) revelación final son sólo algunos de los ingredientes de un cocktail de terrible y dolorosa degustación, un poema macabro cuyos versos nacen de conocidos pasajes de la Biblia y el Nuevo Testamento, en una evocación muy poco sutil que tiene como punto álgido una secuencia terriblemente indescriptible de la que es imposible abstraerse, ni siquiera al cabo de varios días.  “madre!” es tan brillante en su puesta en escena como cruel y brutal en su temática, y su propósito es aferrar al espectador por las tripas y retorcérselas con saña una y otra vez.  Prueba de que no es apta para todo tipo de públicos son las calificaciones negativas que ha obtenido en diversas páginas de internet o los silbidos y abucheos que la acompañaron en su exhibición en el reciente festival de Venecia.  Cuando yo salí del cine, escribí que no estaba seguro de si acababa de ver “una genial obra maestra de autor, o una estupidez histriónica llena de simbolismos absurdos y gratuitos”.  Hoy, sin duda, me inclino mucho más por la primera opción.

Luis Campoy

Lo mejor:  la puesta en escena, Jennifer Lawrence, la osadía de crear una obra única y provocadora
Lo peor:  la crueldad con la que golpea al espectador, la simpleza de su mensaje final
El cruce:  “La semilla del diablo” + “La visita” + “Déjame salir”

Calificación:  8,5 (sobre 10)

lunes, 18 de septiembre de 2017

Cine actualidad/ “DETROIT”

El sitio de Algiers

A menudo suelo tratar de explicar la sutil diferencia entre admirar y amar, que en el mundo del cine se traduciría en las actitudes diferenciadas que suelen desarrollar los críticos y los espectadores.  Los primeros tienen como misión analizar y ensalzar las virtudes objetivamente, mientras que los segundos simplemente tienen que tener claro si algo les gusta o no.  La tarea se torna un poco más ardua cuando se ejerce simultáneamente de analista y de público, aunque con el paso del tiempo (y el visionado de miles de películas), uno empieza a saber valorar los aspectos positivos de cualquier film, incluso si esté le ha disgustado subjetivamente.  Viene todo esto a cuento de las últimas películas de la directora Kathryn Bigelow (nacida en 1951 y ex-mujer de James Cameron), que, a pesar de haber sido recibidas entusiásticamente por la crítica, en lo personal no me complacieron en nada o casi nada.  Sin ir más lejos, la laureada y aplaudida “En tierra hostil” se me atragantó de principio a fin y me lo hizo pasar tan “bien” como si hubiera tenido que deslizarme por una montaña rusa interminable, por mucho que admirase su categoría cinematográfica y la avalasen todos los Oscars, Globos de Oro y BAFTAs que se llevó.  Ayer, viendo “Detroit”, la nueva propuesta de la Bigelow, durante un buen rato estuve convencido de que me iba a pasar lo mismo….   aunque, por fortuna, al cabo de un rato comprendí que no iba a ser así.

En el verano de 1967, la ciudad norteamericana de Detroit se vio colapsada por una oleada de disturbios raciales que pusieron a la indignada población negra en el punto de mira de las fuerzas de seguridad.   En la noche del 25 al 26 de julio, el disparo de una pistola de fogueo desde una habitación del motel Algiers atrajo instantáneamente a la policía, el ejército y la guardia nacional, quienes acordonaron el recinto y se dispusieron a identificar y detener al autor de la detonación.  En el interior del hotel apenas había siete hombres de color y dos chicas blancas, pero sólo seis de esas nueve personas saldrían con vida.  Los policías de Detroit ejercieron toda la violencia física y psicológica imaginable, y sometieron a los presentes a un interrogatorio brutal e interminable en el que los abusos y vejaciones alcanzaron cotas imposibles de prever…

Yo dividiría “Detroit” en cuatro partes perfectamente diferenciadas:  la (larguísima) introducción, en la que se establece el contexto histórico social y son presentados los personajes principales;  el (excelente) episodio del motel Algiers;  el (previsible) juicio que tuvo lugar tiempo después;  y el (innecesario) epílogo que nos narra lo que les sucedió a los supervivientes tras el simulacro de sumario que a nadie satisfizo.  Los primeros 30 o 35 minutos nos trasladan convincentemente a unos virulentos años sesenta en los que Martin Luther King todavía no había sido asesinado, pero el tono documentalista y la algo embarullada presentación de personajes me hicieron temer lo peor.  Mas lo que acontece en el seno del citado hotel es simplemente sensacional, un prodigio de narración que adquiere un tono pesadillesco a lo “Funny Games” pero que se beneficia del hecho de que el espectador es consciente de que lo que está presenciando aconteció en realidad.  Sin embargo, y cuando el espectador, asqueado e indignado por tanto abuso y tanta injustica, cree ingenuamente que el poder judicial oficiará de ángel vengador, se da con un doloroso canto en los dientes:  los odiosos policías resultaron felizmente absueltos, y las vidas de las víctimas quedaron indeleblemente marcadas por un suceso que, desgraciadamente, se ha venido repitiendo una y otra vez.

Sin duda nos hallamos en un momento histórico en el que los sucesos de 1967 vuelven a estar a la orden del día, pues incluso en la “era Obama” la policía estadounidense ha dado muestras de que el racismo más irracional continúa tristemente vigente.  No parece probable que sea precisamente Donald Trump quien solucione esta horrible lacra, de modo que “Detroit”, con esa temática que se antoja intemporal, se erige en firme candidata a acaparar un buen número de candidaturas a los próximos Oscars.  Otro de los alicientes del film es la actuación de su elenco, un reparto deliberadamente coral en el que los más conocidos son John Boyega (Finn en “Star Wars”), Will Poulter (visto en las sagas “Las crónicas de Narnia” y “El corredor del laberinto”) y Anthony Mackie (el Halcón de “Los Vengadores”);  sin embargo, los que más van a salir beneficiados son los desconocidos Jacob Latimore y sobre todo Algee Smith, desde ya inolvidable en su papel de cantante de soul obligado a entonar un emocionante góspel en el escenario menos indicado…

Hubiera ganado, para mí, muchos enteros si el primer acto hubiese durado tres veces menos y si el epílogo se hubiese suprimido, concluyendo el film al terminar el juicio;  pero, aun así, “Detroit” cumple una misión histórica y social sin duda necesaria, y lo hace tan bien que uno sale del cine no complacido ante la gran película que acaba de presenciar, sino profundamente indignado ante la flagrante violación de los derechos humanos que se cometió…  y que, lamentablemente, aún se continúa cometiendo.  El objetivo de formar, informar y entretener se ha cumplido holgadamente.

Luis Campoy

Lo mejor:  la hora y pico que transcurre dentro del motel, sensacional e insuperable
Lo peor:  el excesivamente largo preámbulo, y el epílogo que rompe el climax
El cruce:  “Ragtime” + “Funny Games”

Calificación:  8,5 (sobre 10)

lunes, 11 de septiembre de 2017

Cine actualidad/ “IT”

Tú también flotarás…

Era uno de los libros más voluminosos que había leído, pero de inmediato se convirtió en uno de mis favoritos…  Cuando terminé “It (Eso)” de Stephen King, allá por mayo de 1987, tuve la sensación de que, más que una simple novela, acababa de disfrutar una obra maestra del género terrorífico, una gran obra literaria.  Por aquel entonces, ya había leído otros relatos de King (“Carrie”, “Insólito esplendor” alias “El resplandor”, “La zona muerta” o “Cujo”), pero el estilo y la amalgama de recursos exhibidos en “It” me hicieron profesar una mucho mayor admiración hacia el escritor oriundo de Maine, Estados Unidos…

Bajo su apariencia de pueblecito tranquilo e idílico, la localidad norteamericana de Derry esconde un terrible secreto:  cada 27 años, una entidad maligna que adopta la forma de un payaso surge de entre las sombras y perpetra el secuestro y asesinato sistemático de decenas de niños y adolescentes, sin que las autoridades locales hayan podido dar jamás con el asesino.  Sólo un grupo de siete chicos (seis niños y una niña), conocidos como “El club de los perdedores” serán capaces, afrontando sus miedos más profundos, de enfrentarse al diabólico payaso que les ha aterrorizado durante todo el verano…

Como la mayoría de los libros de Stephen King, “It” fue llevado a la pantalla en 1990, si bien la pantalla en cuestión no fue la grande, la de los cines, sino la pequeña, la doméstica, la que presidía (y preside) la estancia principal de todos los hogares del mundo mundial.  En concreto, se trató de una miniserie compuesta por dos capítulos de una hora y media cada uno que dirigió un tal Tommy Lee Wallace, conocido por haberse ocupado de dos infumables secuelas, “Halloween 3” y “Noche de miedo 2”, ninguna de ellas digna de mucha consideración.  Wallace realizó una adaptación bastante fiel del libro, manteniendo su misma estructura temporal (que alterna dos épocas, la niñez y la edad adulta de los personajes), y contando con un reparto en el que destacaban los televisivos Richard Thomas (“Los Walton”), John Ritter (“Apartamento para tres”) y Harry Anderson (“Juzgado de guardia”), además del histriónico Tim Curry, responsable de causar no pocas pesadillas a los infantes de la época gracias a su interpretación del maléfico payaso Pennywise.

La idea de realizar una adaptación de “It” para el cine venía rondando los despachos de Hollywood desde hacía mucho tiempo, habiéndose casi concretado una película que iba a dirigir el realizador de la primera temporada de “True Detective”, Cary Fukunaga.  Sin embargo, a última hora los ejecutivos de Warner Bros. parecieron desconfiar de la visión de Fukunaga y le reemplazaron por el más maleable Andrés “Andy” Muschietti, argentino y responsable de la estimable “Mamá”.  Utilizando en parte el guión que había co-escrito el defenestrado Fukunaga, Muschietti traslada la parte infantil del relato de los años 60 a finales de los 80, y opta por llevar a cabo apenas una adaptación parcial del libro, que se ciñe a los hechos que acaecen cuando los protagonistas son niños (si bien, dado el monumental éxito en taquilla que está obteniendo la película objeto de este comentario, los productores ya han anunciado la puesta en marcha de un “Capítulo Dos” en el que se narrará el resto de los acontecimientos imaginados por Stephen King).

Nunca he sido fan de la miniserie de 1990, de la que sólo destacaría la interpretación del citado Tim Curry y la ambientación sesentera en la que los pequeños protagonistas viven su aventura iniciática.  Cuando la acción se trasladaba a los años 90, en más de una ocasión sufrí vergüenza ajena, abochornado por lo ridículo de algunas situaciones y lo desfasado de algunos efectos especiales que, involuntariamente, daban más risa que miedo.  Sin embargo, tengo que reconocer que la versión recién estrenada de Andy Muschietti me ha encantado.  La reconstrucción de los últimos años ochenta es primorosa, merced a una fotografía que sabe hacer poesía incluso del horror.  El guión (que, al ser actualizado debido al cambio de década en que se sitúa, ha sufrido significativos cambios) consigue dotar de vida propia a los jovencísimos protagonistas, luciendo además unos estupendos diálogos que resultan del todo creíbles.  La dirección de Muschietti es bastante competente, dosificando los (abundantes) sustos sin olvidar que el relato no deja de ser una historia iniciática en la que despuntan la amistad y el primer amor.  En cuanto a la interpretación, el reparto alcanza estimables cotas en las composiciones de Sophia Lillis, la nueva Lolita made in Hollywood (Beverly), Jaeden Lieberher (Bill) y Finn Wolfhard, de la serie de culto "Stranger Things" (Richie), amén del siniestro payaso Pennywise al que en esta oportunidad de vida Bill Skarsgard.

No revolucionará el género del terror (ni lo pretende), no os llevará al punto límite de un horror insoportable (ni lo necesita), pero “It” sin duda os hará pasar un buen mal rato sin sentiros ofendidos en vuestra inteligencia, lo cual es un hito raro de asimilar hoy en día.

Luis Campoy

Lo mejor:  la ambientación, los siete Perdedores, con especial mención a la pizpireta Sophia Lillis
Lo peor:  los cambios con relación a la novela de Stephen King
El cruce:  “Cuenta conmigo” + “Stranger Things” + “Expediente Warren”

Calificación:  8,5 (sobre 10)

lunes, 4 de septiembre de 2017

Cine actualidad/ “BARRY SEAL”

Simpático delincuente

Nacido Adler Berriman Seal en julio de 1939, Barry Seal fue un piloto de la TWA (Trans World Airlines) que, en 1966, se convirtió en el más joven al mando de un Boeing 707.  Seal era un “culo inquieto” que, lejos de conformarse con la estabilidad que le ofrecía su envidiable empleo y su creciente familia, empezó a trapichear con inocentes alijos de tabaco “para aprovechar el espacio sobrante” en el compartimento de carga de su avión.  Poco tiempo después, introducía cocaína en Estados Unidos al servicio del temible cártel de Medellín liderado por Pablo Escobar, al tiempo que hacía de espía para la CIA, de confidente para la DEA (Administración para el Control de Drogas) y traficante de armas para la Contra nicaragüense, todo a la vez y consiguiendo que los unos no supieran que trabajaba para los otros…  hasta que, en 1986, sus múltiples caras quedaron al descubierto.

Barry Seal ya había inspirado diversas películas y telefilms en los que había sido encarnado por actores como Michael Paré, Dylan Bruno o el mismísimo Dennis Hopper, pero hasta que Doug Liman no puso en marcha un proyecto titulado “American Made” (“Hecho en América”) y ofreció el papel protagonista a su amigo Tom Cruise, a quien ya había dirigido en “Al filo del mañana”, la personalidad de Seal no ha llegado a conocimiento del gran público.  En España, así como en otros países, el título se ha simplificado hasta convertirse en “Barry Seal, el traficante”, coletilla que seguramente pretende evitar molestos quebraderos de cabeza al perezoso cinéfilo desinformado.

De la película que ha dirigido Doug Liman, especializado en un cine más fantástico y aventurero (suya es también la primera entrega de Bourne que consagró a Matt Damon), me sorprendió en primer lugar el excelente guión de Gary Spinelli, que, lejos de limitarse a enumerar una aburrida sucesión de hechos, lo hace con el propio Seal haciendo de narrador, y beneficiándose de un sentido del humor cínico y corrosivo que, al parecer, ha sentado mal a mucha gente.  Los críticos “serios” consideran que el film trivializa un episodio muy dramático de la Historia norteamericana (las acciones de Seal fueron uno de los detonantes de la tristemente famosa trama del Irangate, también conocida como Irán-Contras), al mismo tiempo que se niega a condenar explícitamente el tráfico y consumo de estupefacientes.  La verdad, me parece absurdo que se pretenda que todos las películas en las que aparecen espías o traficantes deban tener por obligación una misión evangelizadora o moralizante, cuando lo que uno espera de un producto así es, básicamente, que sea entretenido y a ratos espectacular.  En este sentido, “Barry Seal” cumple con creces, y lo hace precisamente porque el espectador siente que está viendo algo más que un simple divertimento sin fuste, o una biografía tan fidedigna como pedante.

A poco que uno se deje llevar, “Barry Seal” tiene una baza infalible para resultar irresistible:  Tom Cruise.  El actor neoyorkino, que aunque no lo parezca ya tiene 55 años, entrega una de sus mejores interpretaciones, echando mano de su innegable carisma y atractivo para dar vida a un personaje que, en la piel de otro actor, podría haber resultado despreciable y repugnante.  Bien cierto es que Cruise se parece al auténtico Seal en lo mismo que un huevo a una castaña, y que, por otra parte, un tipo tan encantador difícilmente puede ser tomado en serio como villano en la hagiografía de un sujeto que se enriqueció sobremanera gracias al narcotráfico, pero es que, repito, en ningún momento se pretende la verosimilitud total ni la creación de un estado de opinión que crucifique moralmente la odiosa figura de quien trafica carente de escrúpulos y provoca un río de sufrimiento y muerte a lo largo y ancho del Globo.

En el fondo, la pretensión no declarada de “Barry Seal” es la de llevar a Tom Cruise a las puertas del Oscar, brindándole su propia “El lobo de Wall Street”.  Y es que el tono del magnífico film de Martin Scorsese que casi oscarizó a Leonardo DiCaprio es el mismo que preside “Barry Seal”, demostrando, una vez más que, con un buen guión, unas cuentas escenas de acción estupendamente rodadas y uno de esos pocos actores que, hoy en día, aún pueden ser considerados una verdadera “estrella de Hollywood”, se puede hacer una película entretenida y que incluso hace pensar…  un poco.

Luis Campoy

Lo mejor:  Tom Cruise, el guión, el cinismo que destila, las escenas de acción
Lo peor:  que algunos piensen que la obligación de esta película era moralizar o pontificar
El cruce:  “Juego de armas” + “Narcos” + “El lobo de Wall Street”

Calificación:  8 (sobre 10)

martes, 29 de agosto de 2017

TV actualidad/ “DEATH NOTE”

Libreto mortal

Al igual que en el caso de “Los juegos del hambre”, “Bajo la misma estrella” o “Percy Jackson”, mi mayor fuente de información, hasta ahora, sobre “Death Note”, el manga creado por Tsugumi Oba (guión) y Takeshi Obata (dibujo) han sido mis hijos, más afines que yo a ésto de la “Cultura Millennial”.  El caso es que, desde que vio la luz allá por 2003, “Death Note” no ha hecho sino crecer y crecer en número (millonario) de adeptos:  del manga se pasó a su versión televisiva (anime), de ésta a un film de animación de larga duración, y de éste a un par de películas en imagen real, asimismo realizadas en el país del Sol Naciente.  El fenómeno fan se extendió por todo el orbe, de modo que estaba cantado que, antes o después, llegaría la inevitable versión norteamericana, que en esta ocasión ha producido la popular cadena Netflix.

Light es un estudiante idealista que desea, como tantos otros, mejorar el mundo.  Un día, llega a sus manos un “cuaderno mortal” (“death note”) que, supuestamente, tiene la propiedad de que, cuando se escribe el nombre de una persona en sus páginas, ésta muere.  En principio, Light desconfía de las cualidades mágicas del cuaderno, pero la visita de Ryuk, un shinigami o “dios de la muerte”, le hace cambiar de opinión.  Así, Light comienza a escribir en la libreta los nombres de los peores criminales, y Ryuk se ocupa de que aquéllos vayan pereciendo.  Hasta que otro joven, conocido simplemente como L, un famoso e inteligentísimo detective privado, se propone descubrir el origen de la sospechosa cadena de muertes.  De este modo, los caminos de Light y L están condenados a cruzarse, y sólo uno de ellos saldrá victorioso del terrible desafío mental…

Como dije al principio, mi conocimiento del universo de “Death Note” se limita poco más o menos que a lo que de mis hijos he escuchado, no habiendo leído el comic ni visto ni un sólo episodio del serial televisivo.  Por lo tanto, mi actitud ante la película que ha dirigido Adam Wingard (“Tú eres el siguiente”) era básicamente la misma que la de quienes han visto la reciente “Spiderman Homecoming” sin conocer el material original.  O sea, que la acción se traslade de Japón a los Estados Unidos, que Light sea anglosajón y no oriental, que L sea negro o que Misa, la novia del primero, pase a llamarse “Mia”, en el fondo me da lo mismo.  Lo que no me da lo mismo es que, ya desde el arranque, esta “Death Note”, desprende un tufo insoportable a telefilm cutre para críos muy poco exigentes.  El ambiente universitario del principio está adocenadamente descrito, sin personalidad alguna, y el primer encuentro de Light (correcto Nat Wolff) con Ryuk (voz de Willem Dafoe) oscila peligrosamente entre el terror y la comedia.  Digo “peligrosamente” porque, una vez más, la indefinición se apodera de muchas secuencias, de lo cual se desprende un humor un tanto bochornoso, de ése que no se había premeditado.  Por fortuna la aparición de Mia (Margaret Qualley) endereza un poco las cosas, y de la interrelación de ella y el reverso asesino de Light, apodado “Kira”, surgen algunas de las pocas escenas salvables de todo el metraje.  Pero, ¡ay!, cuando aparece L (indescriptible Keith Stanfield) es como si el cielo se desplomase sobre nuestras cabezas.  Resulta que el mejor detective del mundo, el muchacho más listo y más despierto, se desplaza a saltitos como si fuera un chimpancé, y, en lugar de sentarse, se acuclilla como si fuese a cag…  Que sí, que ya he investigado que, en el manga y el anime, ésa es precisamente la idiosincrasia del personaje, pero, obviamente, hay cosas que en un medio puede que funcionen, pero en otro no provocan sino la carcajada y, como consecuencia, el distanciamiento del espectador medianamente serio.

En medio de este despropósito, sólo cabe destacar la resolución de las escenas violentas (lo mínimo exigible a un especialista como Adam Wingard) y la aportación de un excelente Shea Wigham (el padre de Light), eterno secundario que tal vez en esta ocasión perdure por más tiempo en nuestra memoria.  Y bueno, también admito que, mientras veía/sufría tan decepcionante adaptación, me entraron ganas de conocer de primera mano el material original, por lo que no es imposible que cualquier día de éstos me siente frente a la televisión dispuesto a tragarme, uno tras otro, los 37 episodios de que constó el famoso anime…

Luis Campoy

Lo mejor:  las secuencias de acción
Lo peor:  la caracterización de L, el tono infantiloide, los risibles diálogos
El cruce:  “Destino final” + “Tú eres el siguiente” + “Kick-Ass”

Calificación.  4 (sobre 10)

lunes, 28 de agosto de 2017

Cine actualidad/ "VERÓNICA"

Expediente Vallecas

El 14 de Agosto de 1991, una joven de 18 años, Estefanía Gutiérrez Lázaro, ingresa en un hospital madrileño aquejada de violentas convulsiones, falleciendo horas después sin que los médicos hubieran sido capaces de ayudarla.  Días antes, Estefanía había realizado en compañía de unas amigas del instituto una sesión de ouija que terminó fatalmente, con la pobre Estefanía como principal y mayor damnificada.  A estos misteriosos sucesos se los conoce como “Caso Vallecas” o “Expediente Vallecas”, y han servido de inspiración al director Paco Plaza para la realización de su nueva película “Verónica”.

Tras varios exitosos cortometrajes, Paco Plaza (Valencia, 1973) debutó en el terreno del largo con “El segundo nombre”, constituyendo la trilogía “REC”, que realizó junto a su amigo Jaume Balagueró, su mayor éxito comercial hasta la fecha.  A la hora de trasladar a la pantalla el ”Expediente Vallecas” lo primero que Plaza y su guionista Fernando Navarro hicieron fue liberarse del peso de la fidelidad extrema a lo sucedido, así como liberar a la familia de la innecesaria sobreexposición pública.  De este modo, Estefanía ha pasado a llamarse Verónica, y a tener los rasgos de la debutante Sandra Escacena, de dieciséis años, desde ya una de las mayores promesas del cine español.

Si analizamos la película en el sentido estrictamente argumental, las referencias son tan numerosas (“Ouija”, “Poltergeist”, “Insidious”, “La centinela”, “Babadook” o la reciente “Siete deseos”) que erróneamente podríamos pensar que nos hallamos ante un producto carente de la más mínima originalidad.  Por el contrario, es preciso reseñar que “Verónica” exhibe unas ambiciones cinematográficas de primer nivel que se traducen en una asombrosa puesta en escena, empezando por una primorosa fotografía a cargo de Pablo Rosso y un cuidadísimo diseño de producción que nos traslada infaliblemente a aquellos primeros años noventa que tan frescos quedan aún en nuestro recuerdo.  La ropa, los automóviles, la decoración de las viviendas y los contenidos televisivos de la época (con especial atención a ese inolvidable momento “Centella”) están retratados magistralmente, mostrando un cuidado y mimo poco habituales.  Mas donde brilla especial y esencialmente “Verónica” es en el terreno interpretativo, en el que el director ha sabido aleccionar a los protagonistas infantiles hacia una composición naturalista basada en la espontaneidad de no sentirse dirigidos;  Plaza se las ingenió para ubicar las cámaras fuera de la vista de los pequeños, con lo cual consigue una veracidad raramente vista en el ámbito de nuestra cinematografía.  ¡Chapeau tanto para el realizador como para el (genial) director de casting!.  La citada Sandra Escacena aprovecha cada plano para lucir su talento natural, recordando de algún modo a la versión infantil de la que aquí es su madre, Ana Torrent, inolvidable niña prodigio en “El espíritu de la colmena”, “Cría cuervos”, y “El nido” y actualmente presente en el serial “Amar es para siempre”.

Enmarcada en un momento de cambio socio-político en nuestra España pre-olímpica, “Verónica” refleja también los cambios psicológicos y hormonales que afectan a la joven protagonista, obligada a afrontar una temprana madurez mientras el más allá trata de entrometerse en su vida cotidiana, intrusión a la que hará frente hasta el límite de sus fuerzas.  Una heroína de la vida cotidiana, que no por casualidad escucha incesantemente a la banda de moda en aquellos años, los Héroes del Silencio del carismático Enrique Bunbury.

Luis Campoy

Lo mejor:  el fabuloso casting y la maravillosa dirección de actores;  la fotografía y el diseño de producción, excelentes
Lo peor:  la historia parece de sobras conocida, de tantas referencias como contiene
El cruce:  “Ouija” + “Poltergeist” + “Siete deseos” + “La centinela”

Calificación:  8 (sobre 10)

domingo, 30 de julio de 2017

Cine actualidad/ “SPIDERMAN: HOMECOMING”

Poder sin responsabilidad

Debí leer mi primer comic de Spiderman allá por 1974, con apenas 11 añitos, lo cual era una especie de acto prohibido, porque en las portadas de aquellos pequeños tomitos publicados en blanco y negro por Ediciones Vértice se leía un desasosegante “Historias gráficas para adultos”.  Desde entonces, he ido adquiriendo y leyendo todos los comics del Hombre Araña cuando éste ha sido el original Peter Parker, y me enorgullezco al poder decir que Spiderman ha sido y es mi héroe de cabecera.

La primera vez que vi a Spiderman en acción fue en aquellos episodios de la nefasta serie televisiva de los setenta, que en España y en otros países se exhibieron en pantalla grande, para decepción y cabreo de los fans marvelitas de todo el orbe:  villanos de traca, decorados de cartón piedra, efectos especiales de baratillo.  Por eso, la primera película dirigida por Sam Raimi, que se estrenó en el año 2002, constituyó un regalo sin precedentes, ya que nos permitió adentrarnos en el firmamento arácnido no sólo con elevados niveles de producción, sino sobre todo con un respeto reverencial en la forma y en el fondo, siendo perfectamente reconocibles todos los detalles que habían convertido al Lanzarredes en el mejor amigo y vecino de todo el mundo.

15 años después de aquel “Spider-Man” de Sam Raimi (y Tobey Maguire), y tras una fallida reformulación llevada a cabo por Sony, propietaria de los derechos cinematográficos del personaje, entre 2012 y 2014, nos llega ahora “Spiderman:  Homecoming” (Regreso al Hogar), tercera encarnación del héroe en la gran pantalla, una vez concretada su reincorporación en el seno del Universo Cinemático de Marvel.  El Spiderman de ahora (quien ya fuese presentado brevemente en “Capitán América:  Civil War”), que aparenta unos 15 años y todavía está  en el Instituto, pretende recuperar la esencia primigenia de los comics….  o al menos eso es lo que proclaman a los cuatro vientos sus promotores.

Como dije antes, Spiderman ha sido desde siempre no sólo mi personaje favorito de comic, sino también mi héroe….  y la grandeza de un héroe no se mide únicamente a partir de los asombrosos poderes que posée.  Sí, este Spiderman vuelve a ostentar la fuerza proporcional de una araña, a trepar edificios y a lanzar telarañas, pero ¿por qué, por qué es como es y por qué hace lo que hace?  Cualquier aficionado al comic sabe que el origen del Trepamuros no sólo se debió a la picadura de una araña radiactiva, sino, sobre todo y muy especialmente, al terrible sentimiento de culpabilidad adquirido cuando, por una negligencia juvenil, su querido Tío Ben, la figura paterna que hasta entonces le había guiado, fue asesinado.  A la hora de plantearse esta tercera aproximación, alguien dijo que “todo el mundo sabía lo de la picadura de araña y lo de la muerte del Tío Ben, y por lo tanto no era necesario volver a explicarlo”.  Craso error.  Sin ese poderoso acicate, el nuevo Spiderman se convierte en un adolescente atontolinado cuya motivación principal es unirse al equipo de superhéroes conocido como Los Vengadores, el cual lidera el multimillonario Iron Man/Tony Stark, quien además le ha diseñado un sofisticadísimo uniforme.  Alguno pensaréis que no era creíble que un chaval hubiese creado por sí mismo un traje tan chulo como el que ostentaba el Hombre Araña en sus inicios, pero lo cierto es que en aquellos maravillosos comics escritos por Stan Lee y dibujados por Steve Ditko (y posteriormente por John Romita Sr.) se apreciaba, número a número, cómo el traje iba refinándose, puliéndose, al igual que las habilidades del joven protagonista.  Fue también en aquellos esplendorosos años cuando se fue creando la formidable fauna humana que rodea al protagonista, un celebradísimo conjunto de personajes secundarios que dotaban a Peter Parker de tanto o más interés que su alter ego disfrazado.  Ya hemos dicho que en la nueva película que dirige Jon Watts se ha prescindido absolutamente del Tío Ben (ni está ni se le espera y ni siquiera se le menciona), pero también se desvirtúan, uno tras otro y sin dejar títere con cabeza, las esencias de cada personaje.  En los tebeos, la Tía May era una adorable anciana de cabellos plateados que a menudo estaba enferma, lo cual acentuaba el concepto de que incluso un héroe con poderes asombrosos debía supeditar su existencia al cuidado de otra persona;  en esta ocasión, quien encarna a May es una actriz de 52 años y de muy buen ver, Marisa Tomei, cuyas escenas con el joven Tom Holland me dejaron muy mal sabor de boca.  ¿Y qué decir del resto de acompañantes?  Mientras que el Peter Parker original era un chaval tímido y solitario que defendía a celosamente su identidad secreta, el Peter de esta película se hace acompañar de una especie de Sancho Panza de rasgos orientales, Ned Leeds, que a las primeras de cambio descubre que su amigo es Spiderman.  En el comic, Ned Leeds era un periodista del Daily Bugle, casado con la secretaria Betty Brant y que un día se convertiría en el villano conocido como Hobgoblin (“Duende” en español), pero los guionistas de esta película han utilizado únicamente su nombre y su apellido para crear un personaje absoluta y totalmente distinto.  Idéntico estropicio han realizado, por ejemplo, con el primer interés amoroso de Peter, Liz Allan, rubia y de ojos azules y que aquí es Laura Harrier, una preciosa actriz… negra.  No creo que haga falta explicar, a estas alturas de mi vida, que soy de todo menos racista y que considero y defiendo que la igualdad de derechos es el axioma más verdadero que existe, pero ¿por qué diantres tiene que ser tan infiel una adaptación con respecto a su material original?  En este mismo sentido debe entenderse la contratación de la actriz (también negra, o mulata) Zendaya, popular por sus papeles en Disney Channel, y que supuestamente debía interpretar a “Michelle”, un rol que se han sacado de la manga los guionistas pero que al final se revela nada menos que como…  “MJ”.  Por si alguien no lo sabe, MJ son las iniciales de Mary Jane Watson, la pelirroja más famosa de los comics (de Marvel y de cualquier otra editorial), y nuevamente nos hallamos ante otro innecesario corte de mangas racial.  Cuando veo estas tropelías, supongo que basadas en un absurdo propósito de resultar “políticamente correctos”, me pregunto qué será lo siguiente.  Si Liz y MJ son negras y Ned es chino (y Flash Thompson, paradigama del WASP más rancio, corre aquí a cargo de Tony Revolori, joven actor de ascendencia sudamericana) y la Tía May rejuvenece 30 años, ¿pasará mucho tiempo hasta que algún iluminado considere que Pantera Negra debería pasar a ser Pantera Blanca?  ¿O que el Increíble Hulk quedaría más mono con la piel rosa y no verde?  ¿O que Superman debería ser africano y tener 90 años?  Detesto estas variaciones absurdas e innecesarias que son un escupitajo en la cara a la memoria de un tebeo que lleva siendo amado por millones de lectores desde hace más de 50 años y que ahora parece enfocado a agradar únicamente al público desconocedor de toda esta historia (perdón, historieta).  Joder, si quieren que “su” Spiderman se rodée de personajes acordes a la actual pluraridad y multirracialidad del mundo mundial, que se inventen de cero dichos personajes, pero que no alteren la esencia de los que ya existían antes de que la mayoría de ellos (me refiero a los guionistas) nacieran.

Dado que los villanos más famosos de la serie ya habían sido utilizados en las anteriores películas (Duende Verde, Doctor Octopus, Hombre de Arena, Veneno, Lagarto y Electro), se ha echado mano de uno de los enemigos más clásicos del Trepamuros, el Buitre, éso sí, modificando tanto su apariencia física…  como su personalidad y motivaciones.  Si en el comic se trataba de un anciano inventor que se pasaba al crimen robando bancos, ataviado con un traje verde con alas, ahora es una especie de chatarrero que se ha construido una armadura a partir de los desechos que generan las escaramuzas de los superhéroes, y que, por obra y gracia de nuestros inefables guionistas, resulta ser el padre de…  Liz Allan (ya sabéis, la novieta de Peter Parker, como dijimos hace unas líneas).  El personaje está magníficamente interpretado por el gran Michael Keaton, y es un placer deleitarse con sus escenas con Tom Holland, ambos a cara descubierta, pero vuelvo a proclamar ¿por qué coger un personaje existente y modificarlo hasta hacerlo poco menos que irreconocible?

Mentiría si dijese que me aburrí viendo “Spiderman:  Homecoming”, pero confieso que no la disfruté porque, desde el mismísimo comienzo, sentí que ése no era “mi” Spiderman.  Además de los caprichosos cambios que he enumerado, observé que ni una sola vez se cita el famosísimo leit motiv de la saga, “Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”…  y de todos es sabido que, sin responsabilidades, la vida acaba perdiendo su sentido, su razón de ser.

Luis Campoy

Lo mejor:  es entretenida
Lo peor:  desvirtúa la esencia de los personajes originales
El cruce:  “Spiderman” (2002) + “Iron Man” + “Capitán América: Civil War”
Calificación:  6 (sobre 10)

viernes, 28 de julio de 2017

Cine actualidad/ “LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS”

La perfección del planeta de los pixels

El legendario final de “El Planeta de los Simios” (Franklin J. Schaffner, 1968) es, para mí, el más icónico e impactante de la Historia del cine.  La playa, las olas del mar y los restos de cierto gigantesco monumento que revelan que el protagonista (Charlton Heston) no está donde ni cuando creía que estaba, constituyen un golpe demoleor que deja al espectador absolutamente sin aliento.  Parte de la esencia de esa mítica escena impregna algunos momentos de “La guerra del Planeta de los Simios”, que pretende ser el final de la llamada “Trilogía de César” y, al mismo tiempo, constituir el puente hacia el mítico film que hemos reseñado al principio.

Recordemos que, tras los titánicos esfuerzos de un joven científico para hallar una cura al alzheimer que sufre su padre, un chimpancé utilizado como conejillo de indias obtiene diversas capacidades humanas como las de el raciocinio y el habla.  Muy pronto, el joven César se erigirá en adalid de los derechos de los simios y acabará por convertirse en caudillo de una auténtica revolución.  Años después, cuando ya humanos y monos se disputan el control  del mundo, César y los suyos son atacados en pleno bosque por una facción paramilitar dirigida por un Coronel cuyo fin último es evitar la propagación de un virus que, paradójicamente, priva a los hombres de la facultad de hablar…

Evolución e involución, extrañamente hermanadas, constituyen la base argumental de una película que aspira a ser mucho más que el cierre de una trilogía simiesca de indudable éxito comercial.  Viendo “La guerra del Planeta de los Simios” recordé las clases de Historia, de Antropología, de Ciencias Sociales, en las que te explicaban cómo se organizaban y estructuraban las sociedades humanas en los albores de la Civilización.  No afronté esta película como una película más, sino como una metáfora, poética y dramática, sobre la humanización y la deshumanización, sobre el auge de una especie y la decadencia de otra.

Pero, naturalmente, nos hallamos ante una auténtica virguería en el terreno de les efectos visuales generados por ordenador, y ése es el primer hito ante el que hay que descubrirse.  Realizada mediante el sistema conocido como “captura de movimiento” (los actores, con su rostro y cuerpo recubierto de sensores, ejecutan los movimientos atribuibles a los simios, y luego los magos informáticos completan el milagro), la perfección de su acabado visual es tal que difícilmente puedo uno aceptar que César (prodigioso Andy Serkis) y sus compañeros antropomorfos no estaban ahí realmente, sino que son “sólo” un maravilloso montón de bytes y pixels.

A pesar de algunos evidentes fallos argumentales (esa niña deambulando como Pedro por su casa por el vigiladísimo campo de concentración), la conjunción de casi todos los elementos roza el sobresaliente, porque por una vez se aúnan la tecnología más vanguardista con las emociones que nacen de unos personajes que, sin ser siquiera humanos, nos cautivan con su sufrimiento, su dignidad y su grandeza.

Matt Reeves, realizador de “Monstruoso” y quien ya realizara la anterior entrega de la saga, “El amanecer del Planeta de los Simios”, demuestra una vez más su habilidad para la creación de atmósferas y la descripción de personajes extraordinarios que acaban resultando creíbles;  su siguiente película será la nueva aventura de Batman en solitario, de modo que algunos ya estamos relamiéndonos….  Bajo la dirección de Reeves, el gran Woody Harrelson se erige en un villano auténticamente tridimensional, otorgando a su Coronel de una prestancia y una sustancia que lo hacen odioso a la par que creíble y a ratos, incluso entrañable.  ¿Y qué decir de Andy Serkis?  Ha sido el alma de Gollum o de King Kong, y su César es el protagonista absoluto aun cuando ni siquiera vemos la cara real de este gran actor especializado en mímica y expresión corporal.  La fotografía la firma Michael Seresin y la música la compone Michael Giacchino, nuevamente en forma tras la decepción de su banda sonora para “Jurassic World”.

Luis Campoy

Lo mejor:  los simios creados digitalmente, Woody Harrelson, la fotografía, la música…
Lo peor:  algunos detalles argumentales restan credibilidad al conjunto
El cruce:  “El amanecer del Planeta de los Simios” + “El último mohicano” + “Feliz Navidad, mr. Lawrence”

Calificación:  8,5 (sobre 10)

lunes, 24 de julio de 2017

Cine actualidad/ “DUNKERQUE”

La gran evacuación

“Cada vez que oigo hablar de cultura, quito el seguro de mi pistola”, decía el oficial nazi de la excelente “Mephisto” de Istvan Szabo.  Pues yo, cada vez que oigo que una película (reciente) ha obtenido el beneplácito de público y crítica, o que todos los críticos del mundo, unánimemente, la aplauden, o que ya desde su estreno, se ha convertido en una de las mejores de la historia de su género….  me pongo a temblar.  Literalmente.  Porque sé lo que viene a continuación:  uno, que no es el típico enfant terrible, en esas situaciones, cuando todo el universo universal parece remar en la misma y única dirección, no puede evitar, inconscientemente, enfrentarse a la película en cuestión con el hacha levantada, presto a buscar no ya los multielogiados aciertos, sino también los inevitables defectos.  Y a fe mía que, cuando uno busca….  encuentra.

Francia, 26 de Mayo de 1940.  Miles de soldados ingleses, franceses y belgas pertenecientes a un ejército aliado que acaba de ser derrotado por las fuerzas de ocupación alemanas, se reúnen en la playa de Dunkerque a la espera de ser evacuados por mar.  Sin embargo, la armada de Hitler, conocedora de la gigantesca maniobra, ataca sin piedad a las indefensas tropas que se baten en retirada, provocando una tragedia que sólo podrá ser evitada parcialmente por el apoyo desinteresado de embarcaciones particulares provenientes de las vecinas costas británicas…..

Diez películas dirigidas en casi veinte años de carrera.  Este es el bagaje que como director atesora el londinense Christopher Nolan (nacido en 1970), autor, entre otros alabados títulos, de la celebradísima trilogía sobre Batman, así como de “Memento”, “Origen” o “Interstellar”.  Fue a raíz del estreno de esta última cuando empezaron a oírse (tímidas) voces discrepantes con respecto al canon de magnificencia absoluta que muchos reclamaban, siendo este humilde servidor uno de los que se negó a otorgarle el “10” a un espectáculo que, para mí, poseía una duración excesiva, ostentaba no pocas lagunas en su ritmo y en algunos pasajes adolecía de una sensiblería un tanto empalagosa.

Con “Dunkerque”, Christopher Nolan afronta su primera producción netamente bélica, y lo hace diríase que pretendiendo corregir alguno de los (para mí) defectos anteriormente expuestos:  para empezar, la duración es mucho más ajustada (apenas 106 minutos) y los sucesos están narrados con más asepsia y frialdad.  La acción de “Dunkerque” está estructurada en tres bloques bien diferenciados:  por un lado, presenciamos la agonía de los soldados a punto de ser evacuados (con Fionn Whiteahead, Harry Styles, cantante de One Direction, y Kenneth Branagh canalizando el interés);  por otra parte, vemos cómo la aviación británica (centrada en el personaje de Tom Hardy) trata de proteger a sus muchachos del persistente ataque de los stukas alemanes;  y, finalmente, somos testigos de cómo algunos patronos civiles (ejemplificados en Mark Rylance) ponen sus humildes barquitos a disposición de la Armada de Su Majestad, rescatando a miles de soldados que, sin su intervención, habrían perecido irremisiblemente.  Como era de esperar, estas tres historias acabarán por confluir, otorgando un sentido orgánico a una película que necesitaba multiplicar sus puntos de vista.

Empezaré por exponer lo que me gustó de “Dukerque”, que fue, honestamente, casi todo.  El arranque, en el que un acongojado Fionn Whitehead logra sobrevivir a las escaramuzas de la Wehrmacht y arribar a la playa, es un prodigio de fotografía, sonido y montaje que, acompañado por la espléndida partitura de Hans Zimmer, semeja casi una película de terror.  Durante todo el metraje, la maravillosa dirección de fotografía del holandés Hoyte van Hoytema se erige en pilar básico de esta superproducción bélica, logrando no pocos momentos inolvidables, como ese plano ya inmortal de los cascos de los soldados bañados por la luminosidad grisácea de la primavera francesa.  Las escaramuzas aéreas están magistralmente filmadas (no esperábamos menos de Nolan), los bombardeos son terriblemente sobrecogedores y el momento en que el barco varado va inundándose de agua es sin duda desasosegante.  En realidad, la puesta en escena es, de principio a fin, magistral.

Sin embargo, también hubo cosas que no me gustaron.  En su afán por bifurcar (trifurcar) la historia y expandir sus frentes, Nolan pretende que el espectador divida a partes iguales tanto su atención como sus simpatías, pero tanto las breves pinceladas de guión como algunas elecciones de casting resultan notoriamente fallidas.  Los personajes no están debidamente caracterizados ni en su idiosincrasia ni tan siquiera en la apariencia física de los actores que los encarnan, por no hablar de la inquietante falta de carisma de la mayoría de ellos.  Además, da la sensación de que tanto Tom Hardy como Cillian Murphy están totalmente desaprovechados, siendo solamente Mark Rylance capaz de otorgar humanidad a su rol.  Si el público no logra simpatizar, o empatizar, con los protagonistas de la historia, llega un momento en que se desentiende de ellos, en que le da igual lo que les pase, con lo cual el componente puramente humano queda muy damnificado.  Asímismo, aproximadamente a mitad de metraje, el film deriva en una laguna de inacción en la que durante un buen rato no pasa nada, o lo que pasa no es lo bastante relevante (creí que se me aparecía el fantasma de “Interstellar”), aunque por suerte la última media hora vuelve a remontar el vuelo.

Pero lo que menos me gusta es sentirme forzado a integrarme a pescozones en el rebaño, por el hecho de que todos esos críticos han coincidido (incluso ése que siempre discrepa), a opinar lo mismo que el resto de aficionados para no tener que sentirme la díscola oveja negra.  Sí, me gustó “Dunkerque” y sí, me parece una buena película, pero otras películas de guerra, posiblemente menos buenas, me han gustado más, sencillamente porque, aun careciendo de su innegable perfección técnica, poséen personajes más humanizados y mejor dibujados, que son los que, al fin y al cabo, determinan las emociones más profundas.

Luis Campoy

Lo mejor:  la puesta en escena, la fotografía, el montaje, el sonido, la música
Lo peor:  los personajes apenas están esbozados y la mayoría de los actores, desaprovechados
El cruce:  “Salvar al soldado Ryan” + “Tora Tora Tora” + “Tiburón”

Calificación:  8 (sobre 10)