contenido de la página

Dame tu voto ¡Gracias!

Dame tu voto en HispaBloggers!

lunes, 18 de septiembre de 2017

Cine actualidad/ “DETROIT”

El sitio de Algiers

A menudo suelo tratar de explicar la sutil diferencia entre admirar y amar, que en el mundo del cine se traduciría en las actitudes diferenciadas que suelen desarrollar los críticos y los espectadores.  Los primeros tienen como misión analizar y ensalzar las virtudes objetivamente, mientras que los segundos simplemente tienen que tener claro si algo les gusta o no.  La tarea se torna un poco más ardua cuando se ejerce simultáneamente de analista y de público, aunque con el paso del tiempo (y el visionado de miles de películas), uno empieza a saber valorar los aspectos positivos de cualquier film, incluso si esté le ha disgustado subjetivamente.  Viene todo esto a cuento de las últimas películas de la directora Kathryn Bigelow (nacida en 1951 y ex-mujer de James Cameron), que, a pesar de haber sido recibidas entusiásticamente por la crítica, en lo personal no me complacieron en nada o casi nada.  Sin ir más lejos, la laureada y aplaudida “En tierra hostil” se me atragantó de principio a fin y me lo hizo pasar tan “bien” como si hubiera tenido que deslizarme por una montaña rusa interminable, por mucho que admirase su categoría cinematográfica y la avalasen todos los Oscars, Globos de Oro y BAFTAs que se llevó.  Ayer, viendo “Detroit”, la nueva propuesta de la Bigelow, durante un buen rato estuve convencido de que me iba a pasar lo mismo….   aunque, por fortuna, al cabo de un rato comprendí que no iba a ser así.

En el verano de 1967, la ciudad norteamericana de Detroit se vio colapsada por una oleada de disturbios raciales que pusieron a la indignada población negra en el punto de mira de las fuerzas de seguridad.   En la noche del 25 al 26 de julio, el disparo de una pistola de fogueo desde una habitación del motel Algiers atrajo instantáneamente a la policía, el ejército y la guardia nacional, quienes acordonaron el recinto y se dispusieron a identificar y detener al autor de la detonación.  En el interior del hotel apenas había siete hombres de color y dos chicas blancas, pero sólo seis de esas nueve personas saldrían con vida.  Los policías de Detroit ejercieron toda la violencia física y psicológica imaginable, y sometieron a los presentes a un interrogatorio brutal e interminable en el que los abusos y vejaciones alcanzaron cotas imposibles de prever…

Yo dividiría “Detroit” en cuatro partes perfectamente diferenciadas:  la (larguísima) introducción, en la que se establece el contexto histórico social y son presentados los personajes principales;  el (excelente) episodio del motel Algiers;  el (previsible) juicio que tuvo lugar tiempo después;  y el (innecesario) epílogo que nos narra lo que les sucedió a los supervivientes tras el simulacro de sumario que a nadie satisfizo.  Los primeros 30 o 35 minutos nos trasladan convincentemente a unos virulentos años sesenta en los que Martin Luther King todavía no había sido asesinado, pero el tono documentalista y la algo embarullada presentación de personajes me hicieron temer lo peor.  Mas lo que acontece en el seno del citado hotel es simplemente sensacional, un prodigio de narración que adquiere un tono pesadillesco a lo “Funny Games” pero que se beneficia del hecho de que el espectador es consciente de que lo que está presenciando aconteció en realidad.  Sin embargo, y cuando el espectador, asqueado e indignado por tanto abuso y tanta injustica, cree ingenuamente que el poder judicial oficiará de ángel vengador, se da con un doloroso canto en los dientes:  los odiosos policías resultaron felizmente absueltos, y las vidas de las víctimas quedaron indeleblemente marcadas por un suceso que, desgraciadamente, se ha venido repitiendo una y otra vez.

Sin duda nos hallamos en un momento histórico en el que los sucesos de 1967 vuelven a estar a la orden del día, pues incluso en la “era Obama” la policía estadounidense ha dado muestras de que el racismo más irracional continúa tristemente vigente.  No parece probable que sea precisamente Donald Trump quien solucione esta horrible lacra, de modo que “Detroit”, con esa temática que se antoja intemporal, se erige en firme candidata a acaparar un buen número de candidaturas a los próximos Oscars.  Otro de los alicientes del film es la actuación de su elenco, un reparto deliberadamente coral en el que los más conocidos son John Boyega (Finn en “Star Wars”), Will Poulter (visto en las sagas “Las crónicas de Narnia” y “El corredor del laberinto”) y Anthony Mackie (el Halcón de “Los Vengadores”);  sin embargo, los que más van a salir beneficiados son los desconocidos Jacob Latimore y sobre todo Algee Smith, desde ya inolvidable en su papel de cantante de soul obligado a entonar un emocionante góspel en el escenario menos indicado…

Hubiera ganado, para mí, muchos enteros si el primer acto hubiese durado tres veces menos y si el epílogo se hubiese suprimido, concluyendo el film al terminar el juicio;  pero, aun así, “Detroit” cumple una misión histórica y social sin duda necesaria, y lo hace tan bien que uno sale del cine no complacido ante la gran película que acaba de presenciar, sino profundamente indignado ante la flagrante violación de los derechos humanos que se cometió…  y que, lamentablemente, aún se continúa cometiendo.  El objetivo de formar, informar y entretener se ha cumplido holgadamente.

Luis Campoy

Lo mejor:  la hora y pico que transcurre dentro del motel, sensacional e insuperable
Lo peor:  el excesivamente largo preámbulo, y el epílogo que rompe el climax
El cruce:  “Ragtime” + “Funny Games”

Calificación:  8,5 (sobre 10)

lunes, 11 de septiembre de 2017

Cine actualidad/ “IT”

Tú también flotarás…

Era uno de los libros más voluminosos que había leído, pero de inmediato se convirtió en uno de mis favoritos…  Cuando terminé “It (Eso)” de Stephen King, allá por mayo de 1987, tuve la sensación de que, más que una simple novela, acababa de disfrutar una obra maestra del género terrorífico, una gran obra literaria.  Por aquel entonces, ya había leído otros relatos de King (“Carrie”, “Insólito esplendor” alias “El resplandor”, “La zona muerta” o “Cujo”), pero el estilo y la amalgama de recursos exhibidos en “It” me hicieron profesar una mucho mayor admiración hacia el escritor oriundo de Maine, Estados Unidos…

Bajo su apariencia de pueblecito tranquilo e idílico, la localidad norteamericana de Derry esconde un terrible secreto:  cada 27 años, una entidad maligna que adopta la forma de un payaso surge de entre las sombras y perpetra el secuestro y asesinato sistemático de decenas de niños y adolescentes, sin que las autoridades locales hayan podido dar jamás con el asesino.  Sólo un grupo de siete chicos (seis niños y una niña), conocidos como “El club de los perdedores” serán capaces, afrontando sus miedos más profundos, de enfrentarse al diabólico payaso que les ha aterrorizado durante todo el verano…

Como la mayoría de los libros de Stephen King, “It” fue llevado a la pantalla en 1990, si bien la pantalla en cuestión no fue la grande, la de los cines, sino la pequeña, la doméstica, la que presidía (y preside) la estancia principal de todos los hogares del mundo mundial.  En concreto, se trató de una miniserie compuesta por dos capítulos de una hora y media cada uno que dirigió un tal Tommy Lee Wallace, conocido por haberse ocupado de dos infumables secuelas, “Halloween 3” y “Noche de miedo 2”, ninguna de ellas digna de mucha consideración.  Wallace realizó una adaptación bastante fiel del libro, manteniendo su misma estructura temporal (que alterna dos épocas, la niñez y la edad adulta de los personajes), y contando con un reparto en el que destacaban los televisivos Richard Thomas (“Los Walton”), John Ritter (“Apartamento para tres”) y Harry Anderson (“Juzgado de guardia”), además del histriónico Tim Curry, responsable de causar no pocas pesadillas a los infantes de la época gracias a su interpretación del maléfico payaso Pennywise.

La idea de realizar una adaptación de “It” para el cine venía rondando los despachos de Hollywood desde hacía mucho tiempo, habiéndose casi concretado una película que iba a dirigir el realizador de la primera temporada de “True Detective”, Cary Fukunaga.  Sin embargo, a última hora los ejecutivos de Warner Bros. parecieron desconfiar de la visión de Fukunaga y le reemplazaron por el más maleable Andrés “Andy” Muschietti, argentino y responsable de la estimable “Mamá”.  Utilizando en parte el guión que había co-escrito el defenestrado Fukunaga, Muschietti traslada la parte infantil del relato de los años 60 a finales de los 80, y opta por llevar a cabo apenas una adaptación parcial del libro, que se ciñe a los hechos que acaecen cuando los protagonistas son niños (si bien, dado el monumental éxito en taquilla que está obteniendo la película objeto de este comentario, los productores ya han anunciado la puesta en marcha de un “Capítulo Dos” en el que se narrará el resto de los acontecimientos imaginados por Stephen King).

Nunca he sido fan de la miniserie de 1990, de la que sólo destacaría la interpretación del citado Tim Curry y la ambientación sesentera en la que los pequeños protagonistas viven su aventura iniciática.  Cuando la acción se trasladaba a los años 90, en más de una ocasión sufrí vergüenza ajena, abochornado por lo ridículo de algunas situaciones y lo desfasado de algunos efectos especiales que, involuntariamente, daban más risa que miedo.  Sin embargo, tengo que reconocer que la versión recién estrenada de Andy Muschietti me ha encantado.  La reconstrucción de los últimos años ochenta es primorosa, merced a una fotografía que sabe hacer poesía incluso del horror.  El guión (que, al ser actualizado debido al cambio de década en que se sitúa, ha sufrido significativos cambios) consigue dotar de vida propia a los jovencísimos protagonistas, luciendo además unos estupendos diálogos que resultan del todo creíbles.  La dirección de Muschietti es bastante competente, dosificando los (abundantes) sustos sin olvidar que el relato no deja de ser una historia iniciática en la que despuntan la amistad y el primer amor.  En cuanto a la interpretación, el reparto alcanza estimables cotas en las composiciones de Sophia Lillis, la nueva Lolita made in Hollywood (Beverly), Jaeden Lieberher (Bill) y Finn Wolfhard, de la serie de culto "Stranger Things" (Richie), amén del siniestro payaso Pennywise al que en esta oportunidad de vida Bill Skarsgard.

No revolucionará el género del terror (ni lo pretende), no os llevará al punto límite de un horror insoportable (ni lo necesita), pero “It” sin duda os hará pasar un buen mal rato sin sentiros ofendidos en vuestra inteligencia, lo cual es un hito raro de asimilar hoy en día.

Luis Campoy

Lo mejor:  la ambientación, los siete Perdedores, con especial mención a la pizpireta Sophia Lillis
Lo peor:  los cambios con relación a la novela de Stephen King
El cruce:  “Cuenta conmigo” + “Stranger Things” + “Expediente Warren”

Calificación:  8,5 (sobre 10)

lunes, 4 de septiembre de 2017

Cine actualidad/ “BARRY SEAL”

Simpático delincuente

Nacido Adler Berriman Seal en julio de 1939, Barry Seal fue un piloto de la TWA (Trans World Airlines) que, en 1966, se convirtió en el más joven al mando de un Boeing 707.  Seal era un “culo inquieto” que, lejos de conformarse con la estabilidad que le ofrecía su envidiable empleo y su creciente familia, empezó a trapichear con inocentes alijos de tabaco “para aprovechar el espacio sobrante” en el compartimento de carga de su avión.  Poco tiempo después, introducía cocaína en Estados Unidos al servicio del temible cártel de Medellín liderado por Pablo Escobar, al tiempo que hacía de espía para la CIA, de confidente para la DEA (Administración para el Control de Drogas) y traficante de armas para la Contra nicaragüense, todo a la vez y consiguiendo que los unos no supieran que trabajaba para los otros…  hasta que, en 1986, sus múltiples caras quedaron al descubierto.

Barry Seal ya había inspirado diversas películas y telefilms en los que había sido encarnado por actores como Michael Paré, Dylan Bruno o el mismísimo Dennis Hopper, pero hasta que Doug Liman no puso en marcha un proyecto titulado “American Made” (“Hecho en América”) y ofreció el papel protagonista a su amigo Tom Cruise, a quien ya había dirigido en “Al filo del mañana”, la personalidad de Seal no ha llegado a conocimiento del gran público.  En España, así como en otros países, el título se ha simplificado hasta convertirse en “Barry Seal, el traficante”, coletilla que seguramente pretende evitar molestos quebraderos de cabeza al perezoso cinéfilo desinformado.

De la película que ha dirigido Doug Liman, especializado en un cine más fantástico y aventurero (suya es también la primera entrega de Bourne que consagró a Matt Damon), me sorprendió en primer lugar el excelente guión de Gary Spinelli, que, lejos de limitarse a enumerar una aburrida sucesión de hechos, lo hace con el propio Seal haciendo de narrador, y beneficiándose de un sentido del humor cínico y corrosivo que, al parecer, ha sentado mal a mucha gente.  Los críticos “serios” consideran que el film trivializa un episodio muy dramático de la Historia norteamericana (las acciones de Seal fueron uno de los detonantes de la tristemente famosa trama del Irangate, también conocida como Irán-Contras), al mismo tiempo que se niega a condenar explícitamente el tráfico y consumo de estupefacientes.  La verdad, me parece absurdo que se pretenda que todos las películas en las que aparecen espías o traficantes deban tener por obligación una misión evangelizadora o moralizante, cuando lo que uno espera de un producto así es, básicamente, que sea entretenido y a ratos espectacular.  En este sentido, “Barry Seal” cumple con creces, y lo hace precisamente porque el espectador siente que está viendo algo más que un simple divertimento sin fuste, o una biografía tan fidedigna como pedante.

A poco que uno se deje llevar, “Barry Seal” tiene una baza infalible para resultar irresistible:  Tom Cruise.  El actor neoyorkino, que aunque no lo parezca ya tiene 55 años, entrega una de sus mejores interpretaciones, echando mano de su innegable carisma y atractivo para dar vida a un personaje que, en la piel de otro actor, podría haber resultado despreciable y repugnante.  Bien cierto es que Cruise se parece al auténtico Seal en lo mismo que un huevo a una castaña, y que, por otra parte, un tipo tan encantador difícilmente puede ser tomado en serio como villano en la hagiografía de un sujeto que se enriqueció sobremanera gracias al narcotráfico, pero es que, repito, en ningún momento se pretende la verosimilitud total ni la creación de un estado de opinión que crucifique moralmente la odiosa figura de quien trafica carente de escrúpulos y provoca un río de sufrimiento y muerte a lo largo y ancho del Globo.

En el fondo, la pretensión no declarada de “Barry Seal” es la de llevar a Tom Cruise a las puertas del Oscar, brindándole su propia “El lobo de Wall Street”.  Y es que el tono del magnífico film de Martin Scorsese que casi oscarizó a Leonardo DiCaprio es el mismo que preside “Barry Seal”, demostrando, una vez más que, con un buen guión, unas cuentas escenas de acción estupendamente rodadas y uno de esos pocos actores que, hoy en día, aún pueden ser considerados una verdadera “estrella de Hollywood”, se puede hacer una película entretenida y que incluso hace pensar…  un poco.

Luis Campoy

Lo mejor:  Tom Cruise, el guión, el cinismo que destila, las escenas de acción
Lo peor:  que algunos piensen que la obligación de esta película era moralizar o pontificar
El cruce:  “Juego de armas” + “Narcos” + “El lobo de Wall Street”

Calificación:  8 (sobre 10)

martes, 29 de agosto de 2017

TV actualidad/ “DEATH NOTE”

Libreto mortal

Al igual que en el caso de “Los juegos del hambre”, “Bajo la misma estrella” o “Percy Jackson”, mi mayor fuente de información, hasta ahora, sobre “Death Note”, el manga creado por Tsugumi Oba (guión) y Takeshi Obata (dibujo) han sido mis hijos, más afines que yo a ésto de la “Cultura Millennial”.  El caso es que, desde que vio la luz allá por 2003, “Death Note” no ha hecho sino crecer y crecer en número (millonario) de adeptos:  del manga se pasó a su versión televisiva (anime), de ésta a un film de animación de larga duración, y de éste a un par de películas en imagen real, asimismo realizadas en el país del Sol Naciente.  El fenómeno fan se extendió por todo el orbe, de modo que estaba cantado que, antes o después, llegaría la inevitable versión norteamericana, que en esta ocasión ha producido la popular cadena Netflix.

Light es un estudiante idealista que desea, como tantos otros, mejorar el mundo.  Un día, llega a sus manos un “cuaderno mortal” (“death note”) que, supuestamente, tiene la propiedad de que, cuando se escribe el nombre de una persona en sus páginas, ésta muere.  En principio, Light desconfía de las cualidades mágicas del cuaderno, pero la visita de Ryuk, un shinigami o “dios de la muerte”, le hace cambiar de opinión.  Así, Light comienza a escribir en la libreta los nombres de los peores criminales, y Ryuk se ocupa de que aquéllos vayan pereciendo.  Hasta que otro joven, conocido simplemente como L, un famoso e inteligentísimo detective privado, se propone descubrir el origen de la sospechosa cadena de muertes.  De este modo, los caminos de Light y L están condenados a cruzarse, y sólo uno de ellos saldrá victorioso del terrible desafío mental…

Como dije al principio, mi conocimiento del universo de “Death Note” se limita poco más o menos que a lo que de mis hijos he escuchado, no habiendo leído el comic ni visto ni un sólo episodio del serial televisivo.  Por lo tanto, mi actitud ante la película que ha dirigido Adam Wingard (“Tú eres el siguiente”) era básicamente la misma que la de quienes han visto la reciente “Spiderman Homecoming” sin conocer el material original.  O sea, que la acción se traslade de Japón a los Estados Unidos, que Light sea anglosajón y no oriental, que L sea negro o que Misa, la novia del primero, pase a llamarse “Mia”, en el fondo me da lo mismo.  Lo que no me da lo mismo es que, ya desde el arranque, esta “Death Note”, desprende un tufo insoportable a telefilm cutre para críos muy poco exigentes.  El ambiente universitario del principio está adocenadamente descrito, sin personalidad alguna, y el primer encuentro de Light (correcto Nat Wolff) con Ryuk (voz de Willem Dafoe) oscila peligrosamente entre el terror y la comedia.  Digo “peligrosamente” porque, una vez más, la indefinición se apodera de muchas secuencias, de lo cual se desprende un humor un tanto bochornoso, de ése que no se había premeditado.  Por fortuna la aparición de Mia (Margaret Qualley) endereza un poco las cosas, y de la interrelación de ella y el reverso asesino de Light, apodado “Kira”, surgen algunas de las pocas escenas salvables de todo el metraje.  Pero, ¡ay!, cuando aparece L (indescriptible Keith Stanfield) es como si el cielo se desplomase sobre nuestras cabezas.  Resulta que el mejor detective del mundo, el muchacho más listo y más despierto, se desplaza a saltitos como si fuera un chimpancé, y, en lugar de sentarse, se acuclilla como si fuese a cag…  Que sí, que ya he investigado que, en el manga y el anime, ésa es precisamente la idiosincrasia del personaje, pero, obviamente, hay cosas que en un medio puede que funcionen, pero en otro no provocan sino la carcajada y, como consecuencia, el distanciamiento del espectador medianamente serio.

En medio de este despropósito, sólo cabe destacar la resolución de las escenas violentas (lo mínimo exigible a un especialista como Adam Wingard) y la aportación de un excelente Shea Wigham (el padre de Light), eterno secundario que tal vez en esta ocasión perdure por más tiempo en nuestra memoria.  Y bueno, también admito que, mientras veía/sufría tan decepcionante adaptación, me entraron ganas de conocer de primera mano el material original, por lo que no es imposible que cualquier día de éstos me siente frente a la televisión dispuesto a tragarme, uno tras otro, los 37 episodios de que constó el famoso anime…

Luis Campoy

Lo mejor:  las secuencias de acción
Lo peor:  la caracterización de L, el tono infantiloide, los risibles diálogos
El cruce:  “Destino final” + “Tú eres el siguiente” + “Kick-Ass”

Calificación.  4 (sobre 10)

lunes, 28 de agosto de 2017

Cine actualidad/ "VERÓNICA"

Expediente Vallecas

El 14 de Agosto de 1991, una joven de 18 años, Estefanía Gutiérrez Lázaro, ingresa en un hospital madrileño aquejada de violentas convulsiones, falleciendo horas después sin que los médicos hubieran sido capaces de ayudarla.  Días antes, Estefanía había realizado en compañía de unas amigas del instituto una sesión de ouija que terminó fatalmente, con la pobre Estefanía como principal y mayor damnificada.  A estos misteriosos sucesos se los conoce como “Caso Vallecas” o “Expediente Vallecas”, y han servido de inspiración al director Paco Plaza para la realización de su nueva película “Verónica”.

Tras varios exitosos cortometrajes, Paco Plaza (Valencia, 1973) debutó en el terreno del largo con “El segundo nombre”, constituyendo la trilogía “REC”, que realizó junto a su amigo Jaume Balagueró, su mayor éxito comercial hasta la fecha.  A la hora de trasladar a la pantalla el ”Expediente Vallecas” lo primero que Plaza y su guionista Fernando Navarro hicieron fue liberarse del peso de la fidelidad extrema a lo sucedido, así como liberar a la familia de la innecesaria sobreexposición pública.  De este modo, Estefanía ha pasado a llamarse Verónica, y a tener los rasgos de la debutante Sandra Escacena, de dieciséis años, desde ya una de las mayores promesas del cine español.

Si analizamos la película en el sentido estrictamente argumental, las referencias son tan numerosas (“Ouija”, “Poltergeist”, “Insidious”, “La centinela”, “Babadook” o la reciente “Siete deseos”) que erróneamente podríamos pensar que nos hallamos ante un producto carente de la más mínima originalidad.  Por el contrario, es preciso reseñar que “Verónica” exhibe unas ambiciones cinematográficas de primer nivel que se traducen en una asombrosa puesta en escena, empezando por una primorosa fotografía a cargo de Pablo Rosso y un cuidadísimo diseño de producción que nos traslada infaliblemente a aquellos primeros años noventa que tan frescos quedan aún en nuestro recuerdo.  La ropa, los automóviles, la decoración de las viviendas y los contenidos televisivos de la época (con especial atención a ese inolvidable momento “Centella”) están retratados magistralmente, mostrando un cuidado y mimo poco habituales.  Mas donde brilla especial y esencialmente “Verónica” es en el terreno interpretativo, en el que el director ha sabido aleccionar a los protagonistas infantiles hacia una composición naturalista basada en la espontaneidad de no sentirse dirigidos;  Plaza se las ingenió para ubicar las cámaras fuera de la vista de los pequeños, con lo cual consigue una veracidad raramente vista en el ámbito de nuestra cinematografía.  ¡Chapeau tanto para el realizador como para el (genial) director de casting!.  La citada Sandra Escacena aprovecha cada plano para lucir su talento natural, recordando de algún modo a la versión infantil de la que aquí es su madre, Ana Torrent, inolvidable niña prodigio en “El espíritu de la colmena”, “Cría cuervos”, y “El nido” y actualmente presente en el serial “Amar es para siempre”.

Enmarcada en un momento de cambio socio-político en nuestra España pre-olímpica, “Verónica” refleja también los cambios psicológicos y hormonales que afectan a la joven protagonista, obligada a afrontar una temprana madurez mientras el más allá trata de entrometerse en su vida cotidiana, intrusión a la que hará frente hasta el límite de sus fuerzas.  Una heroína de la vida cotidiana, que no por casualidad escucha incesantemente a la banda de moda en aquellos años, los Héroes del Silencio del carismático Enrique Bunbury.

Luis Campoy

Lo mejor:  el fabuloso casting y la maravillosa dirección de actores;  la fotografía y el diseño de producción, excelentes
Lo peor:  la historia parece de sobras conocida, de tantas referencias como contiene
El cruce:  “Ouija” + “Poltergeist” + “Siete deseos” + “La centinela”

Calificación:  8 (sobre 10)

domingo, 30 de julio de 2017

Cine actualidad/ “SPIDERMAN: HOMECOMING”

Poder sin responsabilidad

Debí leer mi primer comic de Spiderman allá por 1974, con apenas 11 añitos, lo cual era una especie de acto prohibido, porque en las portadas de aquellos pequeños tomitos publicados en blanco y negro por Ediciones Vértice se leía un desasosegante “Historias gráficas para adultos”.  Desde entonces, he ido adquiriendo y leyendo todos los comics del Hombre Araña cuando éste ha sido el original Peter Parker, y me enorgullezco al poder decir que Spiderman ha sido y es mi héroe de cabecera.

La primera vez que vi a Spiderman en acción fue en aquellos episodios de la nefasta serie televisiva de los setenta, que en España y en otros países se exhibieron en pantalla grande, para decepción y cabreo de los fans marvelitas de todo el orbe:  villanos de traca, decorados de cartón piedra, efectos especiales de baratillo.  Por eso, la primera película dirigida por Sam Raimi, que se estrenó en el año 2002, constituyó un regalo sin precedentes, ya que nos permitió adentrarnos en el firmamento arácnido no sólo con elevados niveles de producción, sino sobre todo con un respeto reverencial en la forma y en el fondo, siendo perfectamente reconocibles todos los detalles que habían convertido al Lanzarredes en el mejor amigo y vecino de todo el mundo.

15 años después de aquel “Spider-Man” de Sam Raimi (y Tobey Maguire), y tras una fallida reformulación llevada a cabo por Sony, propietaria de los derechos cinematográficos del personaje, entre 2012 y 2014, nos llega ahora “Spiderman:  Homecoming” (Regreso al Hogar), tercera encarnación del héroe en la gran pantalla, una vez concretada su reincorporación en el seno del Universo Cinemático de Marvel.  El Spiderman de ahora (quien ya fuese presentado brevemente en “Capitán América:  Civil War”), que aparenta unos 15 años y todavía está  en el Instituto, pretende recuperar la esencia primigenia de los comics….  o al menos eso es lo que proclaman a los cuatro vientos sus promotores.

Como dije antes, Spiderman ha sido desde siempre no sólo mi personaje favorito de comic, sino también mi héroe….  y la grandeza de un héroe no se mide únicamente a partir de los asombrosos poderes que posée.  Sí, este Spiderman vuelve a ostentar la fuerza proporcional de una araña, a trepar edificios y a lanzar telarañas, pero ¿por qué, por qué es como es y por qué hace lo que hace?  Cualquier aficionado al comic sabe que el origen del Trepamuros no sólo se debió a la picadura de una araña radiactiva, sino, sobre todo y muy especialmente, al terrible sentimiento de culpabilidad adquirido cuando, por una negligencia juvenil, su querido Tío Ben, la figura paterna que hasta entonces le había guiado, fue asesinado.  A la hora de plantearse esta tercera aproximación, alguien dijo que “todo el mundo sabía lo de la picadura de araña y lo de la muerte del Tío Ben, y por lo tanto no era necesario volver a explicarlo”.  Craso error.  Sin ese poderoso acicate, el nuevo Spiderman se convierte en un adolescente atontolinado cuya motivación principal es unirse al equipo de superhéroes conocido como Los Vengadores, el cual lidera el multimillonario Iron Man/Tony Stark, quien además le ha diseñado un sofisticadísimo uniforme.  Alguno pensaréis que no era creíble que un chaval hubiese creado por sí mismo un traje tan chulo como el que ostentaba el Hombre Araña en sus inicios, pero lo cierto es que en aquellos maravillosos comics escritos por Stan Lee y dibujados por Steve Ditko (y posteriormente por John Romita Sr.) se apreciaba, número a número, cómo el traje iba refinándose, puliéndose, al igual que las habilidades del joven protagonista.  Fue también en aquellos esplendorosos años cuando se fue creando la formidable fauna humana que rodea al protagonista, un celebradísimo conjunto de personajes secundarios que dotaban a Peter Parker de tanto o más interés que su alter ego disfrazado.  Ya hemos dicho que en la nueva película que dirige Jon Watts se ha prescindido absolutamente del Tío Ben (ni está ni se le espera y ni siquiera se le menciona), pero también se desvirtúan, uno tras otro y sin dejar títere con cabeza, las esencias de cada personaje.  En los tebeos, la Tía May era una adorable anciana de cabellos plateados que a menudo estaba enferma, lo cual acentuaba el concepto de que incluso un héroe con poderes asombrosos debía supeditar su existencia al cuidado de otra persona;  en esta ocasión, quien encarna a May es una actriz de 52 años y de muy buen ver, Marisa Tomei, cuyas escenas con el joven Tom Holland me dejaron muy mal sabor de boca.  ¿Y qué decir del resto de acompañantes?  Mientras que el Peter Parker original era un chaval tímido y solitario que defendía a celosamente su identidad secreta, el Peter de esta película se hace acompañar de una especie de Sancho Panza de rasgos orientales, Ned Leeds, que a las primeras de cambio descubre que su amigo es Spiderman.  En el comic, Ned Leeds era un periodista del Daily Bugle, casado con la secretaria Betty Brant y que un día se convertiría en el villano conocido como Hobgoblin (“Duende” en español), pero los guionistas de esta película han utilizado únicamente su nombre y su apellido para crear un personaje absoluta y totalmente distinto.  Idéntico estropicio han realizado, por ejemplo, con el primer interés amoroso de Peter, Liz Allan, rubia y de ojos azules y que aquí es Laura Harrier, una preciosa actriz… negra.  No creo que haga falta explicar, a estas alturas de mi vida, que soy de todo menos racista y que considero y defiendo que la igualdad de derechos es el axioma más verdadero que existe, pero ¿por qué diantres tiene que ser tan infiel una adaptación con respecto a su material original?  En este mismo sentido debe entenderse la contratación de la actriz (también negra, o mulata) Zendaya, popular por sus papeles en Disney Channel, y que supuestamente debía interpretar a “Michelle”, un rol que se han sacado de la manga los guionistas pero que al final se revela nada menos que como…  “MJ”.  Por si alguien no lo sabe, MJ son las iniciales de Mary Jane Watson, la pelirroja más famosa de los comics (de Marvel y de cualquier otra editorial), y nuevamente nos hallamos ante otro innecesario corte de mangas racial.  Cuando veo estas tropelías, supongo que basadas en un absurdo propósito de resultar “políticamente correctos”, me pregunto qué será lo siguiente.  Si Liz y MJ son negras y Ned es chino (y Flash Thompson, paradigama del WASP más rancio, corre aquí a cargo de Tony Revolori, joven actor de ascendencia sudamericana) y la Tía May rejuvenece 30 años, ¿pasará mucho tiempo hasta que algún iluminado considere que Pantera Negra debería pasar a ser Pantera Blanca?  ¿O que el Increíble Hulk quedaría más mono con la piel rosa y no verde?  ¿O que Superman debería ser africano y tener 90 años?  Detesto estas variaciones absurdas e innecesarias que son un escupitajo en la cara a la memoria de un tebeo que lleva siendo amado por millones de lectores desde hace más de 50 años y que ahora parece enfocado a agradar únicamente al público desconocedor de toda esta historia (perdón, historieta).  Joder, si quieren que “su” Spiderman se rodée de personajes acordes a la actual pluraridad y multirracialidad del mundo mundial, que se inventen de cero dichos personajes, pero que no alteren la esencia de los que ya existían antes de que la mayoría de ellos (me refiero a los guionistas) nacieran.

Dado que los villanos más famosos de la serie ya habían sido utilizados en las anteriores películas (Duende Verde, Doctor Octopus, Hombre de Arena, Veneno, Lagarto y Electro), se ha echado mano de uno de los enemigos más clásicos del Trepamuros, el Buitre, éso sí, modificando tanto su apariencia física…  como su personalidad y motivaciones.  Si en el comic se trataba de un anciano inventor que se pasaba al crimen robando bancos, ataviado con un traje verde con alas, ahora es una especie de chatarrero que se ha construido una armadura a partir de los desechos que generan las escaramuzas de los superhéroes, y que, por obra y gracia de nuestros inefables guionistas, resulta ser el padre de…  Liz Allan (ya sabéis, la novieta de Peter Parker, como dijimos hace unas líneas).  El personaje está magníficamente interpretado por el gran Michael Keaton, y es un placer deleitarse con sus escenas con Tom Holland, ambos a cara descubierta, pero vuelvo a proclamar ¿por qué coger un personaje existente y modificarlo hasta hacerlo poco menos que irreconocible?

Mentiría si dijese que me aburrí viendo “Spiderman:  Homecoming”, pero confieso que no la disfruté porque, desde el mismísimo comienzo, sentí que ése no era “mi” Spiderman.  Además de los caprichosos cambios que he enumerado, observé que ni una sola vez se cita el famosísimo leit motiv de la saga, “Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”…  y de todos es sabido que, sin responsabilidades, la vida acaba perdiendo su sentido, su razón de ser.

Luis Campoy

Lo mejor:  es entretenida
Lo peor:  desvirtúa la esencia de los personajes originales
El cruce:  “Spiderman” (2002) + “Iron Man” + “Capitán América: Civil War”
Calificación:  6 (sobre 10)

viernes, 28 de julio de 2017

Cine actualidad/ “LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS”

La perfección del planeta de los pixels

El legendario final de “El Planeta de los Simios” (Franklin J. Schaffner, 1968) es, para mí, el más icónico e impactante de la Historia del cine.  La playa, las olas del mar y los restos de cierto gigantesco monumento que revelan que el protagonista (Charlton Heston) no está donde ni cuando creía que estaba, constituyen un golpe demoleor que deja al espectador absolutamente sin aliento.  Parte de la esencia de esa mítica escena impregna algunos momentos de “La guerra del Planeta de los Simios”, que pretende ser el final de la llamada “Trilogía de César” y, al mismo tiempo, constituir el puente hacia el mítico film que hemos reseñado al principio.

Recordemos que, tras los titánicos esfuerzos de un joven científico para hallar una cura al alzheimer que sufre su padre, un chimpancé utilizado como conejillo de indias obtiene diversas capacidades humanas como las de el raciocinio y el habla.  Muy pronto, el joven César se erigirá en adalid de los derechos de los simios y acabará por convertirse en caudillo de una auténtica revolución.  Años después, cuando ya humanos y monos se disputan el control  del mundo, César y los suyos son atacados en pleno bosque por una facción paramilitar dirigida por un Coronel cuyo fin último es evitar la propagación de un virus que, paradójicamente, priva a los hombres de la facultad de hablar…

Evolución e involución, extrañamente hermanadas, constituyen la base argumental de una película que aspira a ser mucho más que el cierre de una trilogía simiesca de indudable éxito comercial.  Viendo “La guerra del Planeta de los Simios” recordé las clases de Historia, de Antropología, de Ciencias Sociales, en las que te explicaban cómo se organizaban y estructuraban las sociedades humanas en los albores de la Civilización.  No afronté esta película como una película más, sino como una metáfora, poética y dramática, sobre la humanización y la deshumanización, sobre el auge de una especie y la decadencia de otra.

Pero, naturalmente, nos hallamos ante una auténtica virguería en el terreno de les efectos visuales generados por ordenador, y ése es el primer hito ante el que hay que descubrirse.  Realizada mediante el sistema conocido como “captura de movimiento” (los actores, con su rostro y cuerpo recubierto de sensores, ejecutan los movimientos atribuibles a los simios, y luego los magos informáticos completan el milagro), la perfección de su acabado visual es tal que difícilmente puedo uno aceptar que César (prodigioso Andy Serkis) y sus compañeros antropomorfos no estaban ahí realmente, sino que son “sólo” un maravilloso montón de bytes y pixels.

A pesar de algunos evidentes fallos argumentales (esa niña deambulando como Pedro por su casa por el vigiladísimo campo de concentración), la conjunción de casi todos los elementos roza el sobresaliente, porque por una vez se aúnan la tecnología más vanguardista con las emociones que nacen de unos personajes que, sin ser siquiera humanos, nos cautivan con su sufrimiento, su dignidad y su grandeza.

Matt Reeves, realizador de “Monstruoso” y quien ya realizara la anterior entrega de la saga, “El amanecer del Planeta de los Simios”, demuestra una vez más su habilidad para la creación de atmósferas y la descripción de personajes extraordinarios que acaban resultando creíbles;  su siguiente película será la nueva aventura de Batman en solitario, de modo que algunos ya estamos relamiéndonos….  Bajo la dirección de Reeves, el gran Woody Harrelson se erige en un villano auténticamente tridimensional, otorgando a su Coronel de una prestancia y una sustancia que lo hacen odioso a la par que creíble y a ratos, incluso entrañable.  ¿Y qué decir de Andy Serkis?  Ha sido el alma de Gollum o de King Kong, y su César es el protagonista absoluto aun cuando ni siquiera vemos la cara real de este gran actor especializado en mímica y expresión corporal.  La fotografía la firma Michael Seresin y la música la compone Michael Giacchino, nuevamente en forma tras la decepción de su banda sonora para “Jurassic World”.

Luis Campoy

Lo mejor:  los simios creados digitalmente, Woody Harrelson, la fotografía, la música…
Lo peor:  algunos detalles argumentales restan credibilidad al conjunto
El cruce:  “El amanecer del Planeta de los Simios” + “El último mohicano” + “Feliz Navidad, mr. Lawrence”

Calificación:  8,5 (sobre 10)

lunes, 24 de julio de 2017

Cine actualidad/ “DUNKERQUE”

La gran evacuación

“Cada vez que oigo hablar de cultura, quito el seguro de mi pistola”, decía el oficial nazi de la excelente “Mephisto” de Istvan Szabo.  Pues yo, cada vez que oigo que una película (reciente) ha obtenido el beneplácito de público y crítica, o que todos los críticos del mundo, unánimemente, la aplauden, o que ya desde su estreno, se ha convertido en una de las mejores de la historia de su género….  me pongo a temblar.  Literalmente.  Porque sé lo que viene a continuación:  uno, que no es el típico enfant terrible, en esas situaciones, cuando todo el universo universal parece remar en la misma y única dirección, no puede evitar, inconscientemente, enfrentarse a la película en cuestión con el hacha levantada, presto a buscar no ya los multielogiados aciertos, sino también los inevitables defectos.  Y a fe mía que, cuando uno busca….  encuentra.

Francia, 26 de Mayo de 1940.  Miles de soldados ingleses, franceses y belgas pertenecientes a un ejército aliado que acaba de ser derrotado por las fuerzas de ocupación alemanas, se reúnen en la playa de Dunkerque a la espera de ser evacuados por mar.  Sin embargo, la armada de Hitler, conocedora de la gigantesca maniobra, ataca sin piedad a las indefensas tropas que se baten en retirada, provocando una tragedia que sólo podrá ser evitada parcialmente por el apoyo desinteresado de embarcaciones particulares provenientes de las vecinas costas británicas…..

Diez películas dirigidas en casi veinte años de carrera.  Este es el bagaje que como director atesora el londinense Christopher Nolan (nacido en 1970), autor, entre otros alabados títulos, de la celebradísima trilogía sobre Batman, así como de “Memento”, “Origen” o “Interstellar”.  Fue a raíz del estreno de esta última cuando empezaron a oírse (tímidas) voces discrepantes con respecto al canon de magnificencia absoluta que muchos reclamaban, siendo este humilde servidor uno de los que se negó a otorgarle el “10” a un espectáculo que, para mí, poseía una duración excesiva, ostentaba no pocas lagunas en su ritmo y en algunos pasajes adolecía de una sensiblería un tanto empalagosa.

Con “Dunkerque”, Christopher Nolan afronta su primera producción netamente bélica, y lo hace diríase que pretendiendo corregir alguno de los (para mí) defectos anteriormente expuestos:  para empezar, la duración es mucho más ajustada (apenas 106 minutos) y los sucesos están narrados con más asepsia y frialdad.  La acción de “Dunkerque” está estructurada en tres bloques bien diferenciados:  por un lado, presenciamos la agonía de los soldados a punto de ser evacuados (con Fionn Whiteahead, Harry Styles, cantante de One Direction, y Kenneth Branagh canalizando el interés);  por otra parte, vemos cómo la aviación británica (centrada en el personaje de Tom Hardy) trata de proteger a sus muchachos del persistente ataque de los stukas alemanes;  y, finalmente, somos testigos de cómo algunos patronos civiles (ejemplificados en Mark Rylance) ponen sus humildes barquitos a disposición de la Armada de Su Majestad, rescatando a miles de soldados que, sin su intervención, habrían perecido irremisiblemente.  Como era de esperar, estas tres historias acabarán por confluir, otorgando un sentido orgánico a una película que necesitaba multiplicar sus puntos de vista.

Empezaré por exponer lo que me gustó de “Dukerque”, que fue, honestamente, casi todo.  El arranque, en el que un acongojado Fionn Whitehead logra sobrevivir a las escaramuzas de la Wehrmacht y arribar a la playa, es un prodigio de fotografía, sonido y montaje que, acompañado por la espléndida partitura de Hans Zimmer, semeja casi una película de terror.  Durante todo el metraje, la maravillosa dirección de fotografía del holandés Hoyte van Hoytema se erige en pilar básico de esta superproducción bélica, logrando no pocos momentos inolvidables, como ese plano ya inmortal de los cascos de los soldados bañados por la luminosidad grisácea de la primavera francesa.  Las escaramuzas aéreas están magistralmente filmadas (no esperábamos menos de Nolan), los bombardeos son terriblemente sobrecogedores y el momento en que el barco varado va inundándose de agua es sin duda desasosegante.  En realidad, la puesta en escena es, de principio a fin, magistral.

Sin embargo, también hubo cosas que no me gustaron.  En su afán por bifurcar (trifurcar) la historia y expandir sus frentes, Nolan pretende que el espectador divida a partes iguales tanto su atención como sus simpatías, pero tanto las breves pinceladas de guión como algunas elecciones de casting resultan notoriamente fallidas.  Los personajes no están debidamente caracterizados ni en su idiosincrasia ni tan siquiera en la apariencia física de los actores que los encarnan, por no hablar de la inquietante falta de carisma de la mayoría de ellos.  Además, da la sensación de que tanto Tom Hardy como Cillian Murphy están totalmente desaprovechados, siendo solamente Mark Rylance capaz de otorgar humanidad a su rol.  Si el público no logra simpatizar, o empatizar, con los protagonistas de la historia, llega un momento en que se desentiende de ellos, en que le da igual lo que les pase, con lo cual el componente puramente humano queda muy damnificado.  Asímismo, aproximadamente a mitad de metraje, el film deriva en una laguna de inacción en la que durante un buen rato no pasa nada, o lo que pasa no es lo bastante relevante (creí que se me aparecía el fantasma de “Interstellar”), aunque por suerte la última media hora vuelve a remontar el vuelo.

Pero lo que menos me gusta es sentirme forzado a integrarme a pescozones en el rebaño, por el hecho de que todos esos críticos han coincidido (incluso ése que siempre discrepa), a opinar lo mismo que el resto de aficionados para no tener que sentirme la díscola oveja negra.  Sí, me gustó “Dunkerque” y sí, me parece una buena película, pero otras películas de guerra, posiblemente menos buenas, me han gustado más, sencillamente porque, aun careciendo de su innegable perfección técnica, poséen personajes más humanizados y mejor dibujados, que son los que, al fin y al cabo, determinan las emociones más profundas.

Luis Campoy

Lo mejor:  la puesta en escena, la fotografía, el montaje, el sonido, la música
Lo peor:  los personajes apenas están esbozados y la mayoría de los actores, desaprovechados
El cruce:  “Salvar al soldado Ryan” + “Tora Tora Tora” + “Tiburón”

Calificación:  8 (sobre 10)

lunes, 17 de julio de 2017

Cine actualidad/ “BABY DRIVER”

Persecución musical

Proveniente del teatro y el musical, el joven Ansel Elgort (Nueva York, 14 de Marzo de 1994) debutó en el cine en 2013, retomando el papel que hiciera William Katt en el remake de “Carrie”.  A continuación, fichó por la saga “Divergente” (2014-2016) y alcanzó sus más altas cotas como actor al dar vida al enternecedor Augustus Waters de “Bajo la misma estrella”, según la novela generacional de John Green.  Es Elgort uno de esos actores que, carentes de una masculinidad exuberante, utilizan la fragilidad como tarjeta de presentación, lo cual le emparenta de algún modo con iconos como el mismísimo James Dean.

En “Baby Driver”, Ansel Elgort interpreta a Baby, un experto y audaz conductor especializado en transportar a delincuentes que acaban de perpetrar un atraco, y esquivar a las fuerzas del orden que les persiguen.  Aquejado de una enfermedad auditiva, sólo es capaz de concentrarse si escucha música sin parar, y por eso sus espectaculares huídas parecen auténticas sinfonías de acción…

El director Edgar Wright, autor de “Zombies Part”, “Arma fatal” y “Scott Pilgrim contra el mundo”·afirma que concibió la totalidad de “Baby Driver” en torno a una canción del grupo Jon Spencer Blues Explosion, que escuchaba mientras imaginaba locas y trepidantes persecuciones automovilísticas.  Como ha quedado dicho, la música tiene una importancia decisiva en el desarrollo de la trama, y tiene su reflejo en el montaje y en la puesta en escena.  La gloriosa banda sonora de “Baby Driver” incluye potentes temas de Bob & Earl, Kid Koala, Bug Hall, T-Rex o The Commodores, amén de los citados Jon Spencer Blues Explosion.  Apabullante el arranque del film, que te deja clavado en la butaca y te hace preguntarte si es posible que sus casi 2 horas de metraje transcurran igualmente apasionantes.

Al igual que en otras muchas ocasiones, el desequilibrio es el principal obstáculo que debe sortear “Baby Driver”.  Desequilibrio entre forma y fondo, entre acción y quietud, entre los buenos y los malos.  Desde luego, la puesta en escena, que no sólo incluye las fabulosas persecuciones sino también la planificación y el tratamiento del color, es absolutamente fascinante, mas bajo ese envoltorio brillante se oculta un esqueleto argumental que carece de sustancia, de “chicha”:  demasiados tópicos y poca alma.  Eso deviene en que cuando se visualiza la acción uno se queda boquiabierto y ojiplático, pero cuando las ruedas de los coches se detienen, el interés decae bruscamente.  Otro rasgo de debilidad es la esquemática caracterización de los personajes positivos (Baby, la camarera Debora y el padre adoptivo del primero), mientras que los villanos poséen las mejores líneas de diálogo y sus acciones resultan mucho más interesantes.

En el terreno interpretativo, Ansel Elgort encarna, como ha quedado dicho, al protagonista Baby, mientras que Lily JamEs (Dios, ¡cómo se parece esta chica a Jessica Lange!) incorpora a su interés romántico.  En el lado de los malos militan la mexicana Eiza González y los norteamericanos Jon Bernthal, Jamie Foxx y Jon Hamm, liderados por un elegante y sibilino Kevin Spacey.  De todos ellos, el que más me sorprendió fue sin duda Jon Hamm, en un papel totalmente ajeno a lo que asociamos a su inolvidable Don Draper de “Mad Men”, demostrando una vez más que “no hay papeles pequeños sino actores pequeños”.

Luis Campoy

Lo mejor:  el prodigioso arranque, las persecuciones de coche, la puesta en escena en general
Lo peor:  la forma atropella irreversiblemente al fondo
El cruce:  “A todo gas” + “Wanted” + “Cars”

Calificación:  7,5 (sobre 10)

lunes, 10 de julio de 2017

PÍLDORAS DE CINE (Julio de 2017)

Cuando se quieren hacer muchas cosas y se dispone de poco tiempo, no hay más remedio que tomárselo todo en pequeñas píldoras.  Estas son, aparcadas durante algún tiempo, nuestras ¡¡PÍLDORAS DE CINE!!

EL HOMBRE DEL CORAZON DE HIERRO
Más que un biopic al uso de Reinhard Heydrich, uno de los nazis más desatados y crueles, “El hombre del corazón de hierro” (apodo con el que le bautizó el mismísimo Adolf Hitler) pretende describir tanto la personalidad de la “Bestia rubia” como los preparativos de la “Operación Antropoide”, mediante la que la Resistencia checa, con apoyo británico, consiguió asesinarle.  Basada en la novela “HHhH” de Laurent Binet, la película ha sido dirigida por el francés Cedric Jiménez, y consta de dos partes perfectamente diferenciadas:  la primera, la que tiene como único foco de atención al maquiavélico Heydrich, es indiscutiblemente dura y cruel pero consigue captar el interés del espectador;  por el contrario, la segunda mitad, la que se centra en los paracaidistas checos y su comando de apoyo, experimenta una notable merma de ritmo y tensión y deviene en un progresivo aburrimiento.  Obviamente, la cinta se resiente en cuanto sale de pantalla el excelente Jason Clarke, cuya personificación de Heydrich infunde auténtico terror, mientras que los jóvenes Jack O’Connell y Jack Reynor se muestran totalmente ineficaces a la hora de sobrellevar por sí mismos el peso de la cinta.
Calificación:  7 (sobre 10)

DÍA DE PATRIOTAS
Boston, USA, 15 de Abril de 2013.  Elaborados y detonados por dos hermanos, integristas islámicos, dos artefactos explosivos estallan durante la celebración de la famosa Maratón que recorre las calles de la ciudad, provocando 3 muertos y 282 heridos.  Dirigida por Peter Berg, el mismo de “El último superviviente” o “Marea negra”, “Día de Patriotas” narra estos dramáticos sucesos reales, así como la investigación que se produjo a continuación, evitando (al menos, hasta sus prescindibles y lacrimógenos títulos de crédito finales) tomar partido abiertamente, en un intento de establecer el docudrama como género al que adscribirse.  Actores famosos como Mark Wahlberg, John Goodman, Kevin Bacon o J.K. Simmons interpretan personajes secundarios cuya misión es vehicular la trama y captar la atención del espectador.  Loable por su inesperada objetividad, la película contiene una extraordinaria escena de acción (el tiroteo nocturno) que supone su punto álgido, si bien es cierto que ni antes ni después decae la tensión ni se dilapida el interés.  Puede que el Séptimo Arte no posea la cura contra el terrorismo, pero films como éste nos recuerdan que todos somos seres humanos y que, de las cenizas de la catástrofe y el dolor, surgen la solidaridad y la esperanza.
Calificación:  8 (sobre 10)

SEÑOR, DAME PACIENCIA
¿Un catalán de pura cepa (Jordi Sánchez, alias “Antonio Recio”) haciendo de socio impenitente del Real Madrid….?  Creo que desde esa base tambaleante empezó a chirriarme esta película cuyas intenciones superan en mucho a sus logros finales.  Era la creación de ese microcosmos en el que se supone que se ejemplarizan todos los males de la sociedad española actual, el mayor atractivo de una comedia producida por Atresmedia, pero, por desgracia, las carcajadas son tenues y demasiado espaciadas.  Carente de los golpes de ingenio de la muy superior “Ocho apellidos vascos”, “Señor, dame paciencia” no es sino un telefilm más bien modesto, con un par de actores ciertamente entonados (Sánchez, Rossy de Palma), otros que pasan sin pena ni gloria (Megan Montaner, Silvia Alonso, Eduardo Casanova) y algunos (David Guapo, Salva Reina) a los que dan ganas de cubrirles de…  votos negativos.  Lo mejor:  la secuencia de los guardias civiles, que ha dado la vuelta al mundo a través del Whatsapp ¡sin que prácticamente nadie supiera que era un avance de esta película!

Calificación:  5 (sobre 10)

viernes, 30 de junio de 2017

Cine actualidad/ “WONDER WOMAN”

Amazona en tiempos revueltos

Nunca me atrajo Wonder Woman como heroína de comic.  Jamás he leído un tebeo suyo, y sólo la conozco por haber acompañado a Superman o Batman en alguna aventura, amén de por su participación en la (estupenda) serie de animación de “La Liga de la Justicia” (2001-2004).  Sí recordaba que había gozado de cierta popularidad en la década de los setenta cuando la interpretó la exuberante Lynda Carter, cuya imagen de formas opulentas se quedó grabada en la memoria de varias generaciones, razón por la cual muchos se llevaron las manos a la cabeza cuando la israelí Gal Gadot, usuaria de una talla de sostén bastante más modesta, fue la elegida para encarnar a WW en “Batman v Superman”.  Lo cierto es que, en un film tan polémico y decepcionante como “BvS”, la aparición de la Mujer Maravilla fue de lo más destacado y destacable, para tranquilidad de los ejecutivos de DC y Warner Bros., que ya tenían en producción la película en solitario dedicada a la intrépida amazona…

Temiscira, Grecia, 1918.  Mientras la Primera Guerra Mundial se halla en su fase decisiva, la joven Diana, hija de Zeus, se ha criado entre las valientes y aguerridas amazonas, creadas por el padre de los dioses para proteger a la Humanidad de los desmanes del malévolo Ares, el Dios de la Guerra.  Un día, una avioneta traspasa por accidente el campo de fuerza que mantiene a Temiscira aislada del mundo.  Así es como Diana, hasta ahora recluída en su burbuja de belleza y honor, decide tomar partido y viajar a una Europa beligerante en la que habrá de enfrentarse a los ejércitos alemanes,  que avanzan empeñados en aniquilar y destruir…

Si algo ha venido caracterizando hasta ahora al universo cinematográfico de DC ha sido su preocupante inclinación hacia la solemnidad, la oscuridad y el tremendismo.  En oposición a esos parámetros, el arranque de “Wonder Woman” no sólo te deja boquiabierto ante su intrínseca belleza, sino que supone un antídoto a base de luz y alegría.  Mejorando la iconografía de “Furia de Titanes” o “Immortals”, esta representación del panteón de las leyendas griegas luce maravillosamente y uno no desearía que durase tan poquito tiempo en pantalla.  No obstante, la llegada de Diana y el piloto Steve Trevor a un Londres sacado de “Animales fantásticos (y donde encontrarlos)” y, sobre todo, las escenas que tienen lugar en las proximidades de la idílica aldea de Veld nos hacen comprender que estamos presenciando un espectáculo con aspiraciones de grandeza, una película que pretende ser algo más que el enésimo film de super héroes.  Por desgracia, los últimos 20 minutos echan por tierra todos estos logros, pero aún así el bagaje anterior es digno de ser recordado con agrado.

Sublime.  Esta es la definición con la que catalogo la interpretación que hace Gal Gadot de la hermosa y valiente protagonista.  Gadot está perfecta, mostrando en su mirada un carrusel de emociones que van desde la inocencia y la ingenuidad hasta la determinación más resuelta.  Ya estoy deseando ver a esta mujer en otros papeles más mundanos...  Por su parte, Chris Pine está sorprendentemente bien, en la que puede ser la mejor interpretación de su carrera, todo lo contrario que un desaprovechadísimo David Thewlis, ridículo como un villano tan previsible como infantil.  Un gran logro del guionista Allan Heinberg es la caracterización de los personajes secundarios, que incluyen a la tía y la madre de Diana (impresionantes Robin Wright y Connie Nielsen), los malvados alemanes Ludendorff y Maru (Danny Huston y la española Elena Anaya), la secretaria de Trevor (Lucy Davis) y, sobre todo, el comando que acompaña a Diana y Trevor más allá de las líneas enemigas, compuesto por unos carismáticos Ewen Bremner, Said Taghmaoui y Eugene Brave Rock;  como dije anteriormente, da penita no poder profundizar más en sus historias y motivaciones.

El combate de las amazonas contra los invasores alemanes;  la pelea en el callejón, muy deudora del “Superman” de Richard Donner;  la extraordinaria secuencia que arranca en la trinchera y desemboca en la liberación de Veld, donde están concentrados la fuerza, la violencia, la compasión y la poesía que definen esta hermosa película, representan los mayores logros obtenidos por la realizadora Patty Jenkins (muy adecuado que haya sido una mujer la encargada de desarrollar este proyecto);  por el contrario, la larga y aburrida pelea final, tópica y redundante donde las haya y rica en bravatas absurdas (pésimo el doblaje de David Thewlis) y en los inevitables rayitos y objetos arrojadizos, suponen un lamentable agujero negro que no se traga todo lo bueno pero casi lo logra.  Qué pena que una propuesta tan satisfactoria, realizada con tan amor y tanto mimo y a la que sin dudar le hubiera puesto un sobresaliente, se vea lastrada por esta estúpida concesión al género comiquero mal entendido.

Luis Campoy

Lo mejor:  Gal Gadot, Chris Pine, la música de Rupert Gregson-Williams
Lo peor:  David Thewlis y su horroroso doblaje;  la ridícula batalla final
El cruce:  “Furia de titanes” + “Superman” + “Animales fantásticos y dónde encontrarlos”

Calificación:  8,5 (sobre 10)

martes, 20 de junio de 2017

Cine actualidad/ “LOS VIGILANTES DE LA PLAYA”


Meciéndose a cámara lenta

Creo que nunca ví un episodio completo de “Los vigilantes de la playa”.  Si mal no recuerdo, en España fue emitida en primera instancia por La 1 de TVE, y acabó su periplo, bastantes años después, en las mañanas estivales de Antena 3.  Lo cierto es que ya entonces me parecía de lo más cutre su mezcla de aventuras y humor, y de los bañadores rojos te acababas por cansar cuando te dabas cuenta de que detrás no había mucho más…..

16 años después del final de la serie, y tras una década de preparativos y rumores, los socorristas de las doradas playas de California (Malibu, Santa Monica y Venice Beach son las más significativas de la zona) dan el salto a la gran pantalla, si bien, aunque se mantienen los nombres de sus personajes, los actores originales, derrotados por el paso inevitable del tiempo, han cedido el testigo a nuevos intérpretes.  Todo el mundo sabe que David Hasselhoff, el inolvidable Michael Knight de “El coche fantástico”, fue el alma mater de la serie, el máximo adalid del proyecto, dando vida al líder del equipo de aguerridos socorristas, y que su compañera más famosa tuvo los rasgos de la rubia y neumática Pamela Anderson.  Los nuevos Vigilantes de 2017 cuentan con el liderazgo del casi infalible Dwayne “The Rock” Johnson, al que acompañan Zac Efron, Kelly Rohrbach, Alexandra Daddario, Jon Bass, Ilfenesh Hadera y la villana Priyanka Chopra.  Los citados Hasselhoff y Anderson realizan sendos cameos hacia el final de la función.

Como ya dije hace unos meses con motivo de mi crítica de “Fast and Furious 8”, hay películas para todos los gustos y colores, de modo que incluso un film que se basa exclusivamente en la acción y los efectos especiales tiene una parroquia devota de antemano, un público fiel que se lanzará a degustarla con fruición.  El problema de los nuevos “Vigilantes de la playa” es que el director (el muy poco fiable Seth Gordon) apuesta claramente por el humor en detrimento de la acción y la espectacularidad, haciéndolo además en base a una comicidad que abusa sin paliativos de la sal gorda y la escatología.  Tetas, culos y pollas (con perdón) gozan de enorme preponderancia, mientras que los supuestamente impactantes tours de force visuales se quedan siempre a medio camino.

Podríamos decir que lo mejor de la función es, sin duda, la química e interrelaciones de los personajes, con un Dwayne Johnson aceptable que esta vez actúa con el piloto automático, un simpático Jon Bass que se hace menos repelente de lo que su papel podría presagiar y un estupendo Zac Efron que, contra todo pronóstico, se lleva el gato al agua en cuanto a empatía con el público.  Con respecto a las féminas, sólo merece destacarse la actuación de la perversa Priyanka Chopra, mientras que Kelly Rohrbach causa un poco de vergüenza ajena por el uso autoconsciente de su innegable sex-appeal y, por el contrario, la pobre Alexandra Daddario, que, en teoría, podría haber sido la bomba sexual de la década, está tristemente desaprovechada, tanto física como interpretativamente.  Una pena.

Resumiendo:  prohibido acudir a ver “Los vigilantes de la playa” con otra pretensión que la de pasar un rato fresquito, echar un par de risas y visualizar unos cuerpos atractivos que se mecen a cámara lenta.  No hay más peras en este olmo.

Luis Campoy

Lo mejor:  Zac Efron
Lo peor:  el humor zafio y vulgar;  la ausencia de escenas de acción realmente espectaculares
El cruce:  “Los vigilantes de la playa” (serie TV) + “American Pie” + “Cars 2”

Calificación:  5,5 (sobre 10)

miércoles, 14 de junio de 2017

Las pelis del Cine Club/ “EL CIUDADANO ILUSTRE”

Retorno al pasado

¡Por fin Argentina obtiene el Premio Nobel de Literatura!  Daniel Mantovani, nacido en el pequeño pueblo de Salas en 1954, acepta con desgana el reconocido galardón, y enseguida regresa a su mansión de Barcelona, España, donde reside desde hace muchísimos años.  A su ciudad natal no ha regresado desde que la abandonó cuarenta años atrás, pero una invitación de sus conciudadanos a un acto en el que se le nombraría Ciudadano Ilustre de Salas le hace romper su exilio y aceptar un retorno a los orígenes que no se desarrollará tan plácidamente como espera…

Este sería el punto de partida de “El ciudadano ilustre”, la película argentino-española que el Cine Club Paradiso de Lorca proyectó la pasada semana.  Sus directores, la dupla formada por Mariano Cohn y Gastón Duprat, ya habían deslumbrado con sus anteriores El artista”, “El hombre de al lado” y “Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo”.  Con su última obra conjunta, Cohn y Duprat consiguen la difícil hazaña de entretener, desconcertar y mantener en vilo al espectador, en base a una historia de Andrés Duprat (hermano de Gastón) que sabe combinar con inusitada habilidad la comedia, el drama e incluso el thriller.

Siguiendo el ejemplo de escritores latinoamericanos como García Márquez, que se inspiró en su pueblo natal de Aracataca para crear la ficticia Macondo, Daniel Mantovani ha ubicado la totalidad de su obra literaria en la villa de Salas, lo cual complace a algunos de sus convecinos e irrita sobremanera a otros.  Por fortuna, volví a visionar la película de la forma más virginal posible:  no vi un solo tráiler ni quise leer previamente su argumento, de manera que experimenté las mismas sensaciones que su protagonista, incluyendo la inquietud ante un final que se presta a varias dobles lecturas.

Para mí, la mayor virtud de “El ciudadano ilustre” es su maravillosa dirección de actores, tan lograda que parecería que la mayoría de los intérpretes no actúan sino que simplemente improvisan.  Y de entre todos ellos destaca el magnífico Oscar Martínez, que se alzó con la Copa Volpi en el festival de Venecia.  A Martínez sólo recuerdo haberle visto con anterioridad en la  magnífica “Relatos salvajes”, pero estoy deseando volver a disfrutar otros trabajos suyos.  Le acompañan Andrea Frigerio, Manuel Vicente, Iván Steinhardt y el televisivo Dady Brieva, que es el único que desentona un poco del resto de sus compañeros, merced a una composición que raya en la sobreactuación.

“El ciudadano ilustre” ganó merecidamente el Goya a la Mejor Película Iberoamericana, y por su inesperado desarrollo, sus estupendos diálogos y la excelente labor de su protagonista, la recomiendo a quienes deséen disfrutar un divertimento muy inteligente.

Luis Campoy

Lo mejor:  la dirección de actores y especialmente el protagonista Oscar Martínez
Lo peor:  nada en particular
El cruce:  “El artista” + “Relatos salvajes”

Calificación:  8,5 (sobre 10)