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miércoles, 27 de febrero de 2013

Terapia de shock


Cuando, allá por mayo de 2009, el Barça de Pep Guardiola se empezó a ganar la admiración de propios y extraños y el respeto de la gente del fútbol, al tiempo que las vitrinas del club se iban llenando de trofeos, todos los culés decíamos que sólo con el paso del tiempo sabríamos valorar aquella época heroica y maravillosa...  aquella Era irrepetible.  Pues bien, el tiempo ha pasado, y, lamentablemente, las cosas han cambiado...  y no para bien.  En contra del actual Fútbol Club Barcelona juegan varios factores que ayer desembocaron en un espectáculo de impotencia y desacierto que, ante el máximo rival, todavía aparentó ser más doloroso.  Para empezar, y aun manteniendo básicamente al mismo elenco de futbolistas, el alma máter de aquel milagro ya no está entre nosotros.  Guardiola dijo que cuatro temporadas eran más que suficientes y se marchó de vacaciones a Nueva York, sólo para decantarse por una de las múltiples ofertas que se le presentarían y que parece que va a tener sede en Alemania (concretamente en Múnich).  En aquel momento se decía que Pep era la fachada pero que quien elaboraba las tácticas y las estrategias era su ayudante, Tito Vilanova.  Así pues, la opción de sustituir al técnico saliente por su segundo de a bordo no parecía del todo descabellada...  al menos en el plano estrictamente futbolísico.  Porque Guardiola no era sólo táctica...  sino también elegancia, glamour, pero, sobre todo, coraje y motivación.

La buena marcha del Tito Team en Liga ha coincidido con la empanada sufrida por el Real Madrid de Mourinho, el principal enemigo de lo azulgrana.  Pero ganar muchos partidos y marcar muchos goles no hace mejor a un equipo.  Quizás para sorprender a todos esos rivales que ya tenían calados los esquemas de juego de aquella escuadra resplandeciente, Vilanova apostó por lanzar a sus huestes hacia adelante, en tromba, descuidando peligrosamente la retaguardia y comenzando a encajar un promedio de goles preocupante.  Con todo, mientras Tito estuvo al mando, la apariencia realizadora enmascaraba las carencias defensivas.  Pero, ¡ay!, el pobre Vilanova recayó de su cáncer y, él que se lo puede permitir, eligió tratarse en  la "vecina" Nueva York, por lo que los dirigentes barcelonistas tuvieron que tomar una decisión...  y a fe mía que se equivocaron.  Nadie discute la lealtad y la buena voluntad de Jordi Roura, pero dejar al frente del "Mejor Equipo del Mundo" al ayudante del ayudante, ha acabado revelándose una apuesta suicida y cuyas nefastas consecuencias siquiera estamos empezando a vislumbrar.  El Barça no sólo experimentaba el liderazgo espiritual de Guardiola, sino que futbolísticamente se encomendaba ciegamente al Dios Messi.  Pero Messi, que en 2012 batió todos los registros goleadores, ha entrado en una especie de crisis física y mental que le viene haciendo irreconocible en las últimas semanas.  Vigilado, presionado, ausente de inspiración...  sus goles comienzan a espaciarse...  y lo peor es que no hay nadie que los marque.  Cesc Fábregas, apuesta personal de Vilanova, no es la solución:  tres o cuatro buenas actuaciones no justifican la saturación de centrocampistas y la carencia de delanteros realmente realizadores.  A Villa se le trajo para solventar esta cuestión, pero Pep le convirtió en extremo, y al año siguiente se falló estrepitosamente al contratar a Alexis para recolectar los goles que no llegaban.  Sin embargo, Messi crecía y crecía y su figura opacaba las deficiencias.  Hasta ahora...   Ahora, estamos prácticamente eliminados de Europa y casi nadie se cree que el mismo equipo de anoche sea capaz de marcarle tres goles al Milan...  y dejar la portería a cero.  ¡Cómo echo de menos aquella presión agobiante que ejercían todos los hombres de Guardiola!  Podían ir ganando 6-0 y aun así se lanzaban a por cualquier balón, y, claro está, con tal ímpetu, enseguida lo recuperaban.  Lo de ahora es otra cosa.  Se ha perdido el hambre, la motivación se intuye inexistente...  y, lo que es peor, el tiempo juega en nuestra contra.  Es ley de vida.  De todo lo sucedido anoche, lo que más me dolió fue ver a Puyol quedarse clavado ante los regates de Di María.  No quisiera ver agonizar al Gran Carles de esta manera.  Y Xavi va por el mismo camino:  los años no perdonan.  Todo lo que empieza acaba, incluso lo que ha sido más esplendoroso.  Pero, sabiendo ésto, que es lógico y natural, ¿por qué no se hace nada?  La ausencia de Guardiola se llenó parcialmente con Tito, pero la enfermedad de éste nos ha pillado a calzón bajado.  Si el entrenador no puede hacerse cargo del equipo, pobre hombre, hay que poner en su lugar a alguien que realmente sea capaz de mantener el nivel y no sólo a un empleado de la casa.  Si las figuras se resienten, vencidas por el peso de la edad, hay que ir reemplazándolas por jóvenes talentosos... incluso aunque no se hayan formado en La Masía.  Si los delanteros titulares no marcan...  pues se les pone en el mercado y se ficha a otros...  Y si Messi, el gran Messi, no puede ni con su alma, habrá que darle descanso durante uno o tres partidos, los que se necesiten para que regrese fresco como una rosa.  Pero lo peor es el vacío técnico.  No tenemos entrenador, al menos durante dos meses más, y esa realidad nos va a pasar factura.  Nos hemos quedado sin Copa del Rey y dentro de dos semanas nos podemos quedar sin Champions.  Y recemos para que esta dinámica perdedora no nos haga dilapidar esa ventaja aparentemente inalcanzable que tenemos en Liga...

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