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jueves, 27 de diciembre de 2012

Cine actualidad/ "LOS MISERABLES"


Soñé un sueño…  y casi se hizo realidad

Hace ocho años, me detuve a escuchar una canción que había oído varias veces sin reparar en su belleza.  Se llamaba “I Dreamed A Dream” (“Soñé un sueño”), y, tratando de averiguar quién era su compositor, descubrí que pertenecía a un famoso musical del que había leído numerosas referencias pero que no conocía en su totalidad.  Así comenzó mi historia de amor con “Les Misérables”, un romance que no ha hecho sino crecer con el transcurso del tiempo.  He ido haciéndome con todas las versiones discográficas existentes, he comprado los conciertos editados tanto en DVD como en Blu-Ray, la he visto en el montaje teatral de 2010 representado en Madrid…  y he escrito sobre ella tantas veces que debo tener aburridos a mis sufridos lectores.




El sueño comenzó allá por 1980.  Tomando como punto de partida la inmortal novela de Victor Hugo “Les Miserables”, los franceses Claude-Michel Schönberg (música), Alain Boubil (letra) y Jean Marc Natel (letras adicionales) presentaron un "disco conceptual" (el mismo origen de musicales como "Jesus Christ Superstar" o "Evita"), del cual se llegó a representar en París un montaje medianamente exitoso.  Todo hubiera podido quedar reducido a una mínima expresión de no ser por la intervención del famoso productor Cameron Mackintosh, quien compró los derechos y no sólo pulió y mejoró aún más la obra (con la ayuda del letrista Herbert Kretzmer) sino que la convirtió en un espectáculo pionero en el uso de plataformas móviles que, a partir de las maravillosas melodías de Schönberg, reventó las taquillas del West End londinense y de ahí saltó a Broadway y al resto del planeta, con un éxito apoteósico y con el prodigioso Colm Wilkinson inmortalizando al protagonista de la función, Jean Valjean.


Francia, 1815.  Han pasado casi 30 años de la primera y gran Revolución, pero, para los más humildes, las cosas no han mejorado mucho.  Jean Valjean es un pobre hombre que lleva 20 años sufriendo la brutalidad de la cárcel de Toulon, dirigida por el fanático Javert, policía de moral inflexible que antepone sus fanáticos principios y su exacerbada fe religiosa a cualquier otra consideración.  El “terrible” crimen de Valjean fue robar un mendrugo de pan para dar de comer a su sobrino moribundo, pero para Javert es simplemente un convicto más, un número (“2-4-6-0-1”) que, grabado a fuego en el pecho del reo, le marcará para toda la vida ante sus semejantes.  Cuando Valjean recibe la carta amarilla de libertad condicional, Javert le advierte de que tendrá que presentarse periódicamente ante él, y un ingenuo Valjean sale al mundo pensando que volver a ser libre es el regalo más maravilloso que ha podido recibir.  Gran error:  nada más abandonar la prisión, tiene sobradas ocasiones para comprobar que las cosas no son tan fáciles.  Su condición de ex-convicto le convierte en ciudadano de segunda clase, su salario es la mitad que el de los demás hombres y ni siquiera se le permite hospedarse en un albergue de mala muerte.  Desesperado y a punto de derrumbarse, Valjean recibe la ayuda del bondadoso Obispo de Digne, que le acoge en su casa.  Sin embargo, malherida su alma por tantas injusticias y sufrimientos, nuestro hombre roba la vajilla de plata del Obispo y trata de huir, tan sólo para ser nuevamente arrestado.  Pero entonces, algo inesperado sucede:  el Obispo dice a las autoridades que la plata aprehendida a Valjean no era fruto de un robo sino de un regalo, e incluso le entrega unos candelabros de mucho más valor.  Impresionado al comprobar cómo un desconocido es capaz de depararle tanta bondad, Valjean cree hallarse ante una segunda oportunidad y jura rehacer su vida y vivirla no sólo con un nuevo talante sino bajo una nueva identidad, por lo cual infringe la libertad condicional y escapa de la jurisdicción de Javert.  Al cabo de 8 años, Valjean, que ahora se hace llamar Monsieur Madeleine, es no sólo un rico empresario propietario de una fábrica (que montó con el dinero de la plata del Obispo), sino el Alcalde de la pequeña localidad en la que vive, Montreuil-sur-Mer.  Una de las trabajadoras de la fábrica, Fantine, tiene una hija secreta, Cosette, fruto de un desliz de juventud con un hombre que las abandonó, y, por no ser capaz de cuidar de la pequeña, la tiene bajo la custodia de Thenardier, un despreciable mesonero.  Descubierta su condición de madre soltera y ante la pasividad (o desconocimiento) de Valjean/Madeleine, Fantine es despedida y de repente se ve en la calle y carente de ingresos con los que continuar manteniendo a su hija.  Enterado de ello, Valjean promete a una moribunda Fantine (enferma tras haberse visto obligada a prostituirse) que cuidará para siempre de la niña, y, escapando de la renovada e implacable persecución de Javert, adopta a Cosette y se la lleva a vivir a un París bullicioso y oprimido en el que nuevamente florecen los románticos ideales revolucionarios…


La primera intención de llevar a la pantalla el musical de "Les Miserables" (conocido popularmente como "Les Mis" o incluso "Les Miz") se remonta a mediados de la década de los 80, cuando el realizador Alan Parker trató de hacerse con los derechos...  y fracasó (Parker acabaría matando el gusanillo filmando otro gran musical:  "Evita").  También el sueco Bille August intentó conseguirlo, pero acabó por dejar la música a un lado y rodar una versión canónica del libro de Hugo, que protagonizaron Liam Neeson, Geoffrey Rush y Uma Thurman.  Fue muy recientemente cuando Tom Hooper, recién obtenido el Oscar por la (sobrevalorada) "El discurso del Rey" y declarado fan del musical, fue contratado por Cameron Mackintosh (y sus socios Tim Bevan y Eric Fellner) para tratar de llevar a buen puerto la empresa, para lo cual no se reparó en gastos y, además de unos medios de producción apabullantes, se dispuso de un reparto de campanillas:  Hugh Jackman ("Lobezno") como Valjean, Russell Crowe ("Gladiator" como Javert), Anne Hathaway (la reciente Catwoman de "El Caballero Oscuro:  La leyenda renace") como Fantine, Amanda Seyfried (la hija de Meryl Streep en "Mamma Mia!") como Cosette, Eddie Redmayne ("Mi semana con Marilyn") como el aristócrata revolucionario Marius Pontmercy, la estupenda Samantha Barks (sustituyendo a última hora a la cantante country Taylor Swift) como la desdichada Eponine y unos discutidos Sacha Baron Cohen ("Borat", "El Dictador") y Helena Bonham-Carter ("Alicia en el País de las Maravillas", "El discurso del Rey") como el mesonero Thenardier y su esposa.  El rodaje comenzó en Marzo de este mismo año, y todos los millones de adictos a “Les Mis” hemos pasado estos últimos nueve meses soñando y esperando que todas estas personalidades dieran a luz una obra cinematográfica a la altura de las expectativas.


Como no puedo desligar mi faceta de crítico de mi condición de fanático del musical, he de confesar que mi decepción estalló ya en las primeras horas del pasado sábado, cuando me hice con la banda sonora de “Los Miserables”-película y la escuché…  entre frustrado e indignado.  En primer lugar, lo que se ha editado en disco ha sido una simple y arbitraria selección (en la que, además de otras múltiples ausencias, falta, casi criminalmente, el maravilloso tema “Do You Hear The People Sing?”) y donde la mayoría de los temas del musical vienen alterados o incluso mutilados y, lo que es peor, orquestados de forma sustancialmente diferente a lo habitual.  Aun con el recelo ya instalado en el ánimo, el Día de Navidad acudí con gran parte de mi familia al cine lorquino en el que se proyecta el larguísimo film (dos horas y media) que, con todo…  me gustó.  En el fondo…  ¿cómo podría no haberme gustado…?




Si afrontamos “Los Miserables” de Tom Hooper como una adaptación de la novela de Victor Hugo en la que los personajes se expresan cantando, el balance sería positivo.  Al contrario que en el 99 % de las películas musicales (en las que primero se graban las canciones, a veces interpretadas por cantantes anónimos que “prestan” su voz a los actores que luego dan la cara mientras hacen playback), en esta ocasión se exigió a los intérpretes que cantaran en riguroso directo, con lo cual alguno de ellos (caso de Sacha Baron Cohen) acabó afónico y exhausto.  El procedimiento era tan simple como sofisticado:  el intérprete cantaba su canción acompañado por un pianista que marcaba el ritmo y daba la entonación, y en post-producción el piano sería “borrado” y sustituído por una orquesta.  De este modo es como realmente puede apreciarse el buen nivel vocal de Hugh Jackman (que en ocasiones no desmerece de Colm Wilkinson y otros ilustres Valjeans teatrales), las limitaciones cantoras de Russell Crowe, la pasión de Samantha Barks (la única que había cantado su papel previamente en los escenarios), el buen gusto de Eddie Redmayne, los a veces ridículos falsetes de Amanda Seyfried y, sobre todo, el portentoso trabajo de Anne Hathaway, que se merienda a todos sus compañeros de reparto tanto vocal como interpretativamente.  Lo de Hathaway es impresionante y desgarrador, y desde aquí reclamo un justísimo Oscar (secundario) para ella; su versión de “I Dreamed A Dreamed” le da cien patadas a la de, por ejemplo, la televisiva Susan Boyle.  ¡Y menos mal que en esta ocasión se exhibe en nuestras salas la versión original con aceptables subtítulos en castellano, que, si no, todos estos esfuerzos nos pasarían desapercibidos…!  Por otra parte, la apuesta de Hooper es acercarse a la humanidad del personaje de un modo tan íntimo que se pueda palpar su sufrimiento, y por ello se empeña en someter a los actores a larguísimos primeros planos (Jackman en “Soliloquy”, Hathaway en “I Dreamed A Dreamed” y Crowe en “Stars”) que, por otra parte, se hacen cansinos por lo estático del encuadre.  Eso sí, Hooper y su guionista William Nicholson se sacan de la manga secuencias megalómanas como el arranque carcelario (donde los convictos son obligados a arrastrar un enorme barco hasta dique seco) o la proclamación de la revuelta en las calles de París), con el fin de “airear” y amenizar una trama en la que el espectador no iniciado podría llegar a resentirse de tanta canción.



Ahora bien, como adaptación de una obra musical y no de la novela que la originó, “Los Miserables”-película deja bastante que desear.  Por supuesto que la práctica totalidad de las melodías están ahí y casi siempre son reconocibles, pero Hooper y Nicholson (con el consentimiento de los propios autores y el productor) se dedican a cambiar las letras y “vaciar” las canciones cuando les viene bien.  “On Parole”, “The Bishop”, “Lovely Ladies”, “Red and Black”, “Drink With Me” o “Turning” parecen haber sido víctimas de los temibles recortes de Mariano Rajoy, y “Dog Eats Dog” ¡ni siquiera aparece!.  A cambio, Claude-Michel Schönberg ha compuesto un tema nuevo, “Suddenly”, que canta Valjean al poco de recoger a Cosette, y que, a pesar de su simpleza y mediocridad, se confía en que pueda ser nominado al Oscar a la Mejor Canción original.  Además, se ha contratado a la ya oscarizada Anne Dudley (“Full Monty”) para “adaptar” las canciones, y su adaptación ha consistido en alterar sistemáticamente la orquestación original…  siempre para peor.  Todos los elementos sintetizados se han esfumado, las percusiones se han “solemnizado”, algunos ritmos se han ralentizado y, en general, el ropaje de los cantables es el más deficiente que hasta ahora he escuchado.  Asímismo, choca mucho que números como “I Dreamed A Dream”, “On My Own”, “One Day More!” o “Do You Hear The People Sing?” (que, como dije antes, no está incluído en el disco puesto a la venta y que ya me temía que tampoco iba a escenificarse en la pantalla) hayan cambiado de orden de aparición con respecto a su presencia dentro del libreto original.  Pero lo peor es que la “autenticidad” perseguida al exigir a los intérpretes actuar y cantar en vivo redunda en que, en algunos (demasiados) pasajes de las canciones, el actor considera más conveniente recitar o susurrar que cantar, y, en otras muchas ocasiones, donde en el musical había poco menos que un “do de pecho”, en la película hay apenas un balbuceo tímido que no digo que no quede muy realista, pero que arruina la musicalidad original.  Eso sí, reitero mi chapeau al “I Dreamed A Dream” de Anne Hathaway así como al “Bring Him Home” de Hugh Jackman, tanto más meritorios cuanto inesperados, al no tratarse de cantantes profesionales.



Para terminar, quiero reseñar la simbólica presencia del gran Colm Wilkinson (como dije antes, el Valjean original de los escenarios) encarnando al Obispo y de Frances Ruffelle (la Eponine original de Londres) incorporando brevemente a una prostituta, y ponderar de nuevo las excelencias vocales de Anne Hathaway, Hugh Jackman, Samantha Barks y el desconocido Aron Tveit, que encarna al líder estudiantil Enjolras (papel que en el Teatro Lope de Vega de Madrid desempañara el eurovisivo Daniel Diges).  “Los Miserables”-película mantiene lo mejor de la dramática pero esperanzadora obra de Victor Hugo y las bellas melodías de Claude Michel Schönberg serán un poco más familiares para el público que aún no ama el musical original.  Momentos como el de los presidiarios tirando del barco, Valjean enfrentándose al mundo tras su liberación, Fantine dejándose rapar entre lágrimas para vender su cabello, Thenardier saqueando a los clientes de su mesón, los estudiantes subiéndose a la barricada y, posteriormente, sucumbiendo a las cargas de la Guardia Nacional, y el final apoteósico donde los personajes fallecidos “resucitan” para entonar el ya citado “Do You Hear The People Sing?”, se quedarán, o así lo espero, en la retina y en la memoria de todos.  Claro que, si lo que queréis es disfrutar la mejor versión posible de las canciones…  buscad el concierto del décimo aniversario del estreno londinense, que se grabó en el Royal Albert Hall de Londres en el año 1995.  Entre tanto, ¡soñad el sueño de ver “Los Miserables” por fin en una pantalla grande!.


Luis Campoy


Lo mejor:  Anne Hathaway, los decorados, el vestuario
Lo peor:  artísticamente, los aburridos primeros planos de los actores cantando;  vocalmente, las deficiencias de Russell Crowe;  musicalmente, los nuevos arreglos orquestales de Anne Dudley
El cruce:  “Los Miserables” (novela) + “Los Miserables” (musical) + “Evita” (película)
Calificación:  8 (sobre 10) (para la película);  8 (nota media para los actores/cantantes);  4 (para las orquestaciones)

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