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lunes, 14 de agosto de 2006

Cine: Mi comentario sobre "PIRATAS DEL CARIBE: EL COFRE DEL HOMBRE MUERTO"

Free Image Hosting at www.ImageShack.usPara quienes visteis hace tres años “Piratas del Caribe: La Maldición de la Perla Negra”, lo primero que tengo que decir respecto a su primera secuela, “El Cofre del Hombre Muerto”, es que es más de lo mismo. Más, mucho más, pero muchísimo más de lo mismo.

Siguiendo exactamente el proceso inverso al que normalmente suele tener lugar en casos como éste, “Piratas del Caribe” (2003) convertía en película una de las más celebradas atracciones de los parques temáticos de Disney. Parecía entonces que el cine de aventuras navales del subgénero “Piratas, bucaneros y corsarios” estaba más muerto que el propietario del cofre sobre el que deambulaban los quince hombres de la popular tonadilla que Robert Louis Stevenson recreaba en su maravillosa novela “La Isla del Tesoro”. Sin embargo, el productor Jerry Bruckheimer, uno de los más avispados y afortunados del Hollywood actual, se sacó de la manga un producto veraniego que reunía unas dosis precisas de aventura, comedia, romance y terror, todo ello servido por un reparto ideal y aderezado con un condimento perfecto en el que destacaban la música, la fotografía y unos efectos especiales bastante conseguidos. El resultado fue un importante éxito en taquilla e incluso alguna que otra nominación al Oscar, con lo que, obviamente, estaba asegurada una continuación.

El Capitán Jack Sparrow (Johnny Depp) vuelve a estar al mando de su barco fantasma, “La Perla Negra”, cuando recibe la “mancha negra” (una especie de amenaza de muerte muy común entre los piratas) y se ve obligado a zarpar en busca del feroz y legendario azote de los mares Davy Jones (Bill Nighy), comandante del “Holandés Errante”, un no menos fantasmagórico navío cuyos tripulantes, incluído el propio Jones, se convirtieron hace tiempo en terroríficas criaturas marinas. Paralelamente, los jóvenes enamorados Will Turner (Orlando Bloom) y Elizabeth Banks (Keira Knightley) han visto frustrados sus planes de boda y han dado con sus huesos en la cárcel por culpa de sus pasadas correrías junto a Sparrow. Sin embargo, Will recibe la propuesta de ver perdonados sus delitos de piratería si consigue apoderarse del legendario cofre de Davy Jones, para lo cual primero tiene que encontrar a su antiguo amigo, el Capitán Jack….

“PDC: El Cofre del Hombre Muerto” ha conseguido en Estados Unidos unas recaudaciones históricas que han vapuleado a su más directa rival, “Superman Returns”… lo cual no quiere decir que constituya, en sí misma, una buena película. Su director, Gore Verbinski, uno de los artesanos más cualificados del cine actual, pone bastante empeño en facturar no sólo un entretenimiento de primer orden, sino un film con pretensiones estéticas que se evidencian en las primeras secuencias: planos bellamente fotografiados con luz natural, con una composición que se beneficia de la pantalla panorámica, lluvia y viento que se funden con la agitación del mar, música envolvente del inevitable Hans Zimmer….. Entonces, aparece Johnny Depp y el tono del relato cambia bruscamente. Depp, que fue nominado al Oscar como Mejor Actor por su histriónica composición del Capitán Jack Sparrow en la primera entrega, se abandona a una desopilante orgía de muecas y aspavientos que restan a su personaje cualquier asomo de credibilidad. Es cierto que sus intervenciones provocan las risas del público, tal y como está previsto en el guión, pero, en mi opinión, este Jack Sparrow tan rocambolesco y tan afeminado (el propio Depp declaró a una publicación americana que enfocaba su papel dándole un tono ambiguo y bisexual) se le ha ido de las manos definitivamente, tanto a Depp como a Verbinski, responsable último del resultado de la película. El resto de sus compañeros de reparto obtiene resultados muy dispares a la hora de afrontar de nuevo sus composiciones. La bellísima Keira Knightley, una de las actrices con más proyección y repercusión del panorama actual, era prácticamente una desconocida hace tres años, pero su actual condición de superestrella la hace acreedora de más y más largas apariciones en pantalla (a veces a costa de estirar su personaje sin ton ni son, como si de un chicle se tratase), y la muchacha resuelve la papeleta clonando sus gestos dulces de “Orgullo y Prejuicio” más su actitud belicosa de “El Rey Arturo”. Así las cosas, y, dado que el estupendo Bill Nighy (que vive una segunda juventud desde que bordara su creación de viejo rockero en “Love Actually”), aunque hace lo que puede y ciertamente consigue hacer mucho, no puede evitar que su interpretación quede difuminada por las toneladas de maquillaje que cubren su rostro y su cuerpo, me temo que los mejores del elenco son Orlando Bloom (tengo que admitirlo, nunca me ha gustado este actor) y el siempre entonado Stellan Skarsgaard, que encarna a Bill “El Botas”, padre de Will/Orlando. Sin olvidar, obviamente, a ese puñado de actores casi anónimos (la tripulación de “La Perla Negra”) que con sus brillantes aunque breves participaciones saben crear el clima de compañerismo y camaradería que siempre ha caracterizado al lado más romántico de la piratería.

“Menos es más”, reza un viejo dicho, pretendiendo afirmar que a veces es mejor dejar al espectador con ganas, insinuar muchas cosas y no enseñarlas todas, elegir el ritmo ágil en lugar de machacar al respetable con una inacabable sucesión de escenas de acción cada cual más trepidante que la anterior. “PDC: El Cofre del Hombre Muerto” no sólo no sigue ninguna de estas tres reglas, sino que les da la vuelta de arriba abajo. La táctica utilizada por Gore Verbinski, en buena armonía con Jerry Bruckheimer, su productor, es la de la hipérbole, el exceso, la acumulación. Han tomado las virtudes de la película original (a excepción de su originalidad, naturalmente) y se han dedicado a multiplicarlas por mil. ¿Que en la primera parte aparecían criaturas monstruosas?; pues ahora también las hay, y en mayor número. ¿Que los efectos especiales resultaron todo un hallazgo?; pues ahora son el doble de complicados, y sólo para provocar la admiración de la audiencia. ¿Que las escenas de lucha estaban muy bien coreografiadas?; pues ahora son más numerosas y, claro está, muchísimo más complejas. ¿Que Johnny Depp creó un personaje carismático bordeando el exceso?; pues ahora rebasa ampliamente la frontera y se excede en cada uno de sus planos.

Indudablemente, la película es bastante entretenida y en más de una secuencia (el ataque del kraken, el duelo sobre la noria, la huída de la isla de los nativos caníbales) no puedes reprimir la admiración…. ni las carcajadas (bien intencionadas, quiero decir). Pero yo hubiera agradecido que la mitad de sus escenas durasen la mitad de lo que duran, y, personalmente, me he llevado una pequeña gran decepción. Incluso por la música. La banda sonora de la primera entrega, compuesta por Klaus Badelt pero que plagiaba algunos temas escritos por Hans Zimmer para “Gladiator”, se convirtió en mi favorita de entre todas las que poseo, a pesar de que determinadas personas no han dejado de atacarla no sé muy bien por qué motivos. Para la segunda parte, el propio Zimmer se ha ocupado de volver a utilizar los temas de Badelt que eran a su vez temas suyos, reorquestándolos y fabricando con ellos un score que, bajo mi punto de vista, no sólo resulta gris y anodino sino…. aburrido. Esperemos que la tercera parte de “Piratas del Caribe”, que se está terminando de rodar en estos momentos y se estrena el año que viene, se parezca más a la primera que a la segunda; yo y mi lado pirata así lo deseamos.

Calificación: 7 (sobre 10)
Luis Campoy

1 comentario :

Warren Keffer dijo...

Es un mal común en el Hollywood basarse en la premisa de que cuanto más grande y apabullante sea todo más va a gustar. Y con las secuelas esto está llevado a la máxima potencia últimamente, y ésta peli es la prueba. Qué cantidad de metraje sobra: la escena de los caníbales es divertida, pero no aporta nada al relato. Hace cinco años era inconcedible meter en una película quince, veinte, treinta minutos de metraje que desviara la atención sobre el eje narrativo.
En fin, para pasar el rato no está mal.

Sobre la BSO... Pues mejor que la primera, pero también muy floja. Es igual que la película, un producto ultracomercial de fácil digestión pero bastante vacío. En mi blog la comenté, aunque ya sé que no coincidimos en dicha opinión.

A ver si en la tercera se centran un poco más en el guión...

Un saludo.