Cine actualidad/ "CUMBRES BORRASCOSAS"


Pasión, tragedia y una nueva mirada


Acabo de contabilizar nada menos que 15 versiones cinematográficas de “Cumbres borrascosas” estrenadas entre 1939 y este año 2026.  Eso quiere decir que cada 5,8 años se realiza una adaptación del maravilloso libro de Emily Brontë (el único que escribió), publicado en 1847 con un seudónimo masculino.

 

La versión que acaba de estrenarse, con la actriz, guionista y realizadora Emerald Fennell al mando, ha sido concebida para epatar, provocar, fascinar y no dejar indiferente a nadie.  Ya su mismo inicio no es nada inocente: con la pantalla aún en negro, se escuchan lo que parecen ser jadeos eróticos de un hombre y el crujido aparente de un jergón, aunque enseguida descubrimos que lo que hace el hombre es agonizar mientras está siendo ahorcado y el cadalso ruge al sostener su peso.  Los ahorcamientos en la plaza pública constituyen una de las mayores diversiones en el condado de Yorkshire, y la pequeña Catherine Earnshaw disfruta de ellos a escondidas de su padre viudo, que un día trae al caserón familiar Cumbres borrascosas a un silencioso muchacho llamado Heatchliff, al que dice haber adoptado pero al que en realidad trata como criado.  Al pasar el tiempo, Cathy y Heathcliff van creciendo juntos y poco a poco su amistad va dando paso a un sentimiento más hondo que no pueden consumar porque ella, para salvaguardar el menguante patrimonio familiar, accede a contraer matrimonio con su rico vecino Edgar Linton, en tanto que Heathcliff, loco de celos, abandona Cumbres borrascosas y se promete no regresar hasta haber amasado una fortuna que le ponga al mismo nivel que ahora tiene su amada Cathy…

 

La nueva “Cumbres borrascosas” llega envuelta en una estética arrebatadora.  Es una producción que deslumbra: cada plano parece un cuadro, los paisajes respiran tormenta y melancolía, y la fotografía convierte la historia en una experiencia visual bellísima.  En ese apartado, es una auténtica gozada.

 

Pero, una vez superado el primer impacto visual, empiezan los matices.  Como ya parecían apuntar las comentadas comillas que envuelven al título en el cartel, lo que vemos no es una traslación fidedigna del libro sino una reinterpretación, una reimaginación que parece destinada al público amante de WattPad o BookTok.   Además, la película sólo adapta aproximadamente la mitad de la novela, dejando fuera a toda la segunda generación, que es esencial para comprender el ciclo de obsesión, venganza y redención que Brontë construyó.  El resultado es una historia incompleta, que se queda en la superficie del drama original.

 

Por si fuera poco, esta versión parece empeñada en sobredimensionar el componente sexual, dándole una importancia que no tiene en la novela y que, en ocasiones, roza lo excesivo.  No es que la pasión no formara parte del espíritu de “Cumbres borrascosas”, pero aquí se convierte casi en el eje central, desplazando la complejidad psicológica de los personajes y añadiendo gratuitos toques sadomasoquistas.  A ratos parece una versión húmeda de “Orgullo y prejuicio”, y a veces un remake victoriano de “50 sombras de Grey

 

En el reparto destaca la química entre Margot Robbie y Jacob Elordi, que funciona muy bien en pantalla.  Hay tensión, hay energía, y sus escenas tienen fuerza.  Aun así, empieza a notarse que Robbie —aunque sigue siendo bellísima y magnética— ya no encaja del todo en el tipo de personaje juvenil que el film intenta retratar.  No es un problema de interpretación, sino de credibilidad dentro del conjunto.  Por su parte, Jacob Elordi actúa idénticamente igual que en “Frankenstein”, y nadie parece reparar en que su piel es blanca, en tanto que la del Heathcliff literario parecía “morena como la de un gitano”.

 

La producción también introduce otras connotaciones inclusivas en el reparto: Nelly Dean aparece como una mujer de origen asiático, y Edgar Linton como un hombre de ascendencia pakistaní.  Son decisiones creativas (¿alguien dijo wokistas?) que responden a una tendencia actual de diversificar el elenco en obras clásicas.  Cada espectador valorará si estos cambios aportan nuevas lecturas o si los alejan del contexto original de la novela.

 

Doy por sentado que todos quienes sean fans, muy fans del libro de Emily Brontë saldrán escaldados (o cabreados) tras ver esta “Cumbres borrascosas”.  Pero yo, que soy fan, muy fan del Séptimo Arte, no puedo alinearme de su lado.  Y aún más: confieso que le perdono absolutamente todos sus excesos.

 

Le perdono la infidelidad argumental, el énfasis desmedido en la pasión más salvaje y la recalificación de personajes.  Se lo perdono porque, al final, esta adaptación es una experiencia cinematográfica maravillosa, de esas que te envuelven y te arrastran.  Visualmente, es de lo más bello y fascinante que he visto en años, una obra que se disfruta incluso cuando se aleja del texto original.  Un festín excelso en el diseño de los vestuarios (anacrónicos pero bellísimos), en la fotografía de la naturaleza e incluso en la sonoridad de unas canciones totalmente incoherentes con la época pero que amplifican el poder de las imágenes.  La cumbre de una borrasca estética que, pese a sus desvaríos, merece ser contemplada en la mejor sala de cine posible.

Luis Campoy

Calificación: 8 (sobre 10)

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