Libros/ "EL PERFUME"

 



La primera mitad de los años 80 fue trascendental para la narrativa europea.  Por poner sólo tres ejemplos, en 1980 se publicaba “El nombre de la rosa” del italiano Umberto Eco, en 1984 lo hacía “La insoportable levedad del ser” del checo Milan Kundera y en 1985 llegaba “El perfume” del alemán Patrick Süskind.  Esos tres libros gozaron de una popularidad infinita entre los lectores contumaces y los simples coleccionistas, y ambas subespecies consideraban prácticamente vital hacerse con un ejemplar de cada uno de ellos.

 

En el caso de “El perfume”, al cual hago referencia en el día de hoy, sólo puedo decir que lamento profundamente no haberme sumergido en él hasta ahora, cuando se han cumplido 38 años de su publicación.  Siempre le había tenido ganas, ha llegado a estar entre mis manos en más de una ocasión, nutría mi estantería con su fama y su prestigio, pero apenas hace quince días que comencé su lectura efectiva.  El perfume” (subtitulada innecesariamente “Historia de un asesino”), relata la vida de Jean-Baptiste Grenouille, “uno de los hombres más geniales y abominables de una época en que no escasearon los hombres geniales y abominables”.  Grenouille nace en París en 1738 y no alcanzará la treintena, pero dos cualidades olfativas le distinguen de los demás mortales:  su cuerpo no desprende ningún tipo de olor, y, sin embargo, él es capaz de percibir, identificar y retener cualquier olor que exista en varios kilómetros a la redonda.  Por otra parte, su fealdad es poco menos que monstruosa, las enfermedades le han ido dejando desagradables cicatrices y una cojera le merma.  La existencia de Grenouille es de todo menos fácil, ignorado, despreciado e incluso odiado por sus semejantes, pero poseedor de una genialidad y ambición que no hacen sino crecer y crecer.  Su fascinación por los aromas, especialmente los humanos, le llevará a cometer una serie de asesinatos de hermosas y fragantes jovencitas, con la pretensión de licuar y conservar los olores de cada una de ellas hasta poder obtener el perfume definitivo…

 

Las primeras páginas de “El perfume” te conducen a la errónea conclusión de que te enfrentas a una novela sumamente desagradable, tal es la precisión y verosimilitud con la que Patrick Süskind logra trasladar el clima miserable de un suburbio parisino de la Francia dieciochesca.  Pero muy pronto, en apenas unas pocas páginas, la prosa de este superdotado autor (tenía 35 años cuando finalizó la escritura del libro) te envuelve, te hechiza de tal manera que no puedes despegarte de sus páginas.  Hacía muchos años que no me sucedía algo así con respecto a una novela, sentir la necesidad arrebatadora de leer y leer y seguir leyendo, sean cuales sean las posibilidades y las circunstancias.  Aunque parezca increíble, Süskind (y bueno, la traductora Pilar Giralt Gorina) consiguen plasmar en palabras los hechos, la psicología, la espiritualidad e incluso los olores, aromas y hedores de la Naturaleza y la Humanidad.  Por otra parte, el trabajo documentativo del autor es para quitarse el sombrero, convirtiendo lo que podía haber sido una descripción soporífera y una narración farragosa en un placer lector sólo entendible para quienes son capaces de hallar en la Literatura una de las formas más adictivas de felicidad.

 

En 2006 se estrenaba la versión cinematográfica de la novela, dirigida por el también alemán Tom Tykwer y en la que Ben Whishaw (el último “Q” de las películas de James Bond) interpretaba a un Grenouille un tanto “suavizado” y “embellecido”, acompañado de Alan Rickman, Dustin Hoffman o Rachel Hurd-Wood.  Tratándose de una película básicamente satisfactoria, no es capaz (ni nadie esperaba que lo fuera) de atrapar toda la esencia del libro, y su parte final (que en la novela incluye una bacanal maravillosamente explicada literariamente y una epatante conclusión de cariz antropofágico) coquetea excesivamente con el ridículo, lo cual te deja un mal sabor de boca que empaña los incuestionables aciertos del resto de su metraje.  Una vez más, y yo así lo asevero, el libro supera a la película, y, en el caso de “El perfume”, muchísimo más, dado que se trata de uno de los mejores textos que yo he leído y que fervientemente os recomiendo si no lo conocéis.

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