Revolución al desnudo


La semana pasada, durante su concierto celebrado en Aranda de Duero (Burgos) con motivo del multitudinario festival Sonorama Ribera, la cantante Eva Amaral, de 51 años, líder del grupo que lleva por nombre su apellido, se quitó el top que cubría la parte superior de su anatomía y cantó, a pecho descubierto, su emblemática canción “Revolución”, perteneciente a su álbum de 2005 “Pájaros en la cabeza”.  Este acto, según dijo, pretendía servir como apoyo y reivindicación de una serie de compañeras (Rocío Saiz, Rigoberta Bandini, Zahara, Tulsa y Bebe), aquejadas por algún tipo de represión por parte del “patriarcado machista” (en algún momento de sus carreras, estas otras cantantes también expusieron su desnudez y fueron duramente criticadas por ello).  Ese gesto de Eva, que se quedó parcialmente en traje de Eva, ha dividido al país (eso es lo que se lleva últimamente, dividir, que no unir) en dos bandos:  los que se han sentido molestos y/u ofendidos y los que aplauden enfervorizados el “valeroso gesto” de la intérprete.  Yo creo que estoy en un punto intermedio, porque ni me ofende que una mujer enseñe sus senos ni me parece que hacerlo sea una especie de hazaña digna de aplauso.  Para empezar, como yo soy muy tonto, he de reconocer que, cuando voy a un concierto, no es para ver cómo el “concertista” se desnuda (ya sea hombre o mujer, mujer u hombre), sino simplemente para oirle cantar.  Me parece igualmente innecesario y mismamente ilógico que, sobre las tablas, se quite la ropa Amaral o Fito (de Fito y Fitipaldis), Joan Manuel Serrat o Ana Belén, Beyoncé o Harry Styles.  La música es la música y lo otro es… lo otro.  En España, la mayoría de la clase artística (músicos, cineastas, etc.) profesan una ideología muy clara, la progresista, y, poco a poco, se han ido convenciendo de que su “misión” no es sólo cantar y actuar, sino también hacer política, por lo que consideran que tienen que manifestarse rotundamente a favor de un “bando” y en contra del otro, que es, naturalmente, el de los “machistas”, los “fascistas” y, en definitiva, los “malos”.  ¿Cuál es la respuesta de estos artistas ante algunas medidas “censoras” llevadas a cabo por alcaldes y concejales de VOX y el PP?  Pues retroceder en el tiempo y gritar a viva voz el dramático “No pasarán” de nuestra Guerra Civil (frase que aparece explícitamente en la citada canción “Revolución” de Amaral), como si estuviéramos disputando un nuevo conflicto, en el que, por fortuna, las armas no son los fusiles y las ametralladoras sino los micrófonos y, en esta ocasión, las tetas.  No me gusta la polarización.  Para nada.  No me gusta el enfrentamiento sino el entendimiento, el fanatismo sino la mesura.  Y no, no entiendo por qué desnudarse es motivo de que unos aplaudan y otros condenen.

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