jueves, 24 de noviembre de 2022

Píldoras de Cine: NOVIEMBRE DE 2022 (y II)

 Mientras escucho buena, buenísima música de cine (nada menos que al venerable maestro John Barry), me pide el cuerpo (y el alma) la redacción de una nueva dosis de nuestras mágicas y curativas PÍLDORAS DE CINE, así que, sin más preámbulos y antes de que las ganas se me pasen más rápido de lo que tarda en decirse “sólo sí es sí”, ¡vamos al lío!

 





SINTIÉNDOLO MUCHO
Durante quince años (trece, si excluímos los dos de pandemia y severas restricciones), el cineasta madrileño Fernando León de Aranoa ha seguido al antaño mediático cantautor Joaquín Sabina durante sus últimas giras, conciertos y ruedas de prensa, con el fin de plasmar en imágenes y sonidos el día a día del artista nacido en Jaén en 1949.  Todo lo contrario a empezar con buen pie, el documental arranca justo cuando Sabina se cayó del escenario del WiZink Center de Madrid en Febrero de 2020, y, a partir de ese momento, va avanzando y retrocediendo en el tiempo, ofreciéndonos (o al menos pretendiéndolo) el lado más humano de un creador que, tras consumir todo tipo de sustancias “inspiradoras” por espacio de décadas, un buen día decidió dejarlas atrás.  Con cierta añoranza de aquellos tiempos de eternos colocones, Sabina nos habla de canciones y discos, de poesía, de su amigo Serrat, de su localidad natal (Ubeda), de su admiración por México y en particular por José Alfredo Jiménez e incluso de su vinculación al mundo del toro y en especial al torero José Tomás.  El peso específico que estos últimos aspectos (México y la tauromaquia) tienen en la película, consumiendo un trozo de metraje que me pareció bastante excesivo, lastra para mi el resultado final, en el que eché de menos algo más de conciertos y estudios de grabación.  Pero, ya sabéis, de lo que se trata es de vender y de limpiar la imagen pública de un señor que lleva algunos años alejado de la Izquierda que le encumbró, y no de ensalzar la figura puramente musical de un poeta que pasó 19 días y 500 noches en la calle Melancolía.
Calificación: 7 (sobre 10)


 


BLACK PANTHER: WAKANDA FOREVER

Hace 4 años, en 2018, Marvel Comics dedicó su primera película en solitario a un personaje que ya había aparecido en “Capitán América: Civil War” (2016), y que pasaba por ser nada menos que el monarca de un poderoso reino ficticio de Africa: Wakanda.  Black Panther”, en la que, lógicamente, todos los protagonistas estaban absolutamente racializados, entusiasmó a la comunidad negra de Hollywood, hizo una taquilla espectacular y hasta ganó 3 premios Oscar.  Estaba cantado que Pantera Negra volvería en una segunda aventura, pero ¡ay!, el destino fue muy cruel con su protagonista principal, Chadwick Boseman, que falleció de cáncer en 2020.  Seguramente, y, dado que el mecanismo de producción de la secuela ya estaba en marcha, lo más fácil hubiera sido simplemente (como ha sucedido miles y miles veces) reemplazar a Boseman por otro actor, pero el director Ryan Coogler y el productor Kevin Feige prefirieron rendir un homenaje al malogrado intérprete y continuar la historia de otra manera, haciendo que otro personaje asumiera el trono de Wakanda y el disfraz de superhéroe.  Con tanta corrección política y tantas ganas de complacer a todo el mundo, no es extraño que el producto final vuelva a perderse en el habitual océano de buenismo e inclusión forzada que viene caracterizando al Universo Cinematográfico de Marvel de los últimos tiempos.  Así, además del (lógico) protagonismo que ostentan las personas de color, se suma también el componente feminista de la nueva heroína, además de sutiles (o no tanto) connotaciones lésbicas y, por si fuera poco, para ganarse a los espectadores latinos, el nuevo antagonista del film, Namor, que en los comics originales es un atlante con aspecto de hawaiano, ahora es ¡mexicano! y lo representa un actor que se llama Tenoch (Huerta) en honor a Tenochtitlán, la mítica ciudad azteca, y que, durante la promoción del film, no ha parado de repetir que los españoles deberíamos pedir perdón por la conquista de su país.  En fin, ¿qué queréis que os diga?, la película conserva gran parte de la capacidad de fascinación y belleza visual de su predecesora, pero las buenas secuencias de acción no logran salvar del todo sus chapuzas de guión, sus diálogos risibles y su tono excesivamente infantil.  No, no sólo vale tratar de quedar bien con todos los públicos y minorías, sino que también hay que lograr construir una película realmente buena, y eso esta vez no se ha logrado.

Calificación: 6 (sobre 10)

 



AMSTERDAM

Dirigida por David O. Russell (“Tres reyes”, “The Fighter”, “El lado bueno de las cosas”, “La gran estafa americana”), “Amsterdam” es un ejemplo.  Un ejemplo de cómo confundir al espectador con una narración que no se sabe si es dramática o cómica.  Un ejemplo de cómo alargar de manera absolutamente superflua la duración de un film sólo para dar entrada a un montón de innecesarias subtramas y personajes.  Y, sobre todo, un ejemplo de cómo desperdiciar un super elenco actoral de primer nivel (Christian Bale, Margot Robbie, John David Washington, Robert De Niro, Rami Malek, Anya Taylor-Joy, Taylor Swift, Mike Myers, Zoe Saldaña…) en el contexto de una película evidentemente fallida que no se sabe bien si sólo será disfrutada por un público rematadamente listo… o rematadamente tonto.

Calificación: 6 (sobre 10)

 

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