martes, 13 de septiembre de 2022

Las películas de mi vida/ "EMPIEZA EL ESPECTÁCULO"

 TODO AQUEL JAZZ



All That Jazz

USA, 1979

Director: Bob Fosse

Productor: Robert Alan Aurthur

Guión: Robert Alan Aurthur & Bob Fosse

Música: Ralph Burns

Fotografía: Giuseppe Rotunno

Montaje: Alan Heim

Diseño de Producción: Philip Rosenberg

Diseño de Vestuario: Albert Wolsky

Reparto: Roy Scheider (Joe Gideon), Jessica Lange (Angelique), Ann Reinking (Kate Jagger), Leland Palmer (Audrey Paris), Erzsebet Foldi (Michelle), Cliff Gorman (Davis Newman), Ben Vereen (O’Connor Flood), William LeMessena (Jonesy Hecht), David Margulies (Larry Goldie), Anthony Holland (Paul Dann), John Lithgow (Lucas Sergeant), Deborah Geffner (Victoria Porter)

Duración: 123 min.

Distribución: 20th Century Fox / Columbia Pictures


Los grandes musicales de Hollywood (“Sombrero de copa”, “Un día en Nueva York”, “Cantando bajo la lluvia”, “Siete novias para siete hermanos”…) se habían caracterizado no sólo por sus canciones y números de baile, sino, sobre todo, por su optimismo, vitalidad y alegría.  No obstante, en 1979 surgió una película capaz de trascender las tonalidades habituales del género, sin dejar ser fiel a sus requisitos básicos de preponderancia de la música y la danza.  Adicciones varias, obsesión por el trabajo y una fascinación irreprimible por la Muerte son algunos de los aderezos de “All That Jazz”, un film muchísimo mejor de lo que se dijo en su momento, y muchísimo menos conocido de lo que se merece…

 

Joe Gideon es un prestigioso aunque obsesivo coreógrafo y director teatral que ronda los cincuenta años pero no es capaz de sentar la cabeza en cuanto a su ámbito personal.  Fuma demasiado, bebe demasiado y está demasiado enganchado al sexo.  Su frenético ritmo de vida le acaba postrando en una cama de hospital, desde la que imagina la que será la mejor coreografía de toda su carrera:  su propia muerte…

 

El año 1974 fue especialmente inolvidable para el actor, bailarín, coreógrafo y director teatral y cinematográfico Bob Fosse (47 años en aquel entonces).  Fosse, que desde niño se había ido integrando en el mundillo del vodevil gracias al trabajo de su padre, con trece años ya tenía su propio número musical, y con quince realizó su primera coreografía.  Tras el parón que supuso su alistamiento en 1945 en la Marina para combatir en la II Guerra Mundial (en la que no llegó a participar por finalizar ésta en Septiembre de aquel mismo año), debutó en el teatro en 1948 y en 1953 en el cine, en principio como bailarín aunque enseguida ascendió al rango de coreógrafo con el musical teatral “The Pajama Game” (1954).  Quince años después, tras acumular mucho éxito y prestigio en las tablas y nueve premios Tony (el equivalente al Oscar teatral) y cuando ya se había casado tres veces (con Mary Ann Niles en 1947, con Joan McCracken en 1952 y con Gwen Verdon en 1960), dirigió su primera película, “Noches en la ciudad” (“Sweet Charity”, 1969), un remake en clave musical de “Las noches de Cabiria” de Federico Fellini, a la que sucedería su mayor triunfo cinematográfico, la supertaquillera y multipremiada “Cabaret” (1972), que catapultó a la fama a Liza Minelli.  El caso es que, como decíamos antes, en 1974 Fosse se vio sumido en un doble reto que acabaría pasándole factura.  Por una parte, estaba finalizando el montaje de su tercera película, “Lenny”, un falso documental sobre el cómico y monologuista Lenny Bruce protagonizado por Dustin Hoffman, y, por otra, se había comprometido a dirigir el musical de Broadway “Chicago”, en el que iba a ejercer como coreógrafo, director ¡e incluso libretista! (junto con Fred Ebb y el compositor John Kander, autores éstos de las canciones de “Cabaret”).  La tensión acumulada, su dependencia del tabaco y las anfetaminas y su agitadísima vida sexual (continuaba casado con Gwen Verdon pero todo el mundo sabía que tenía una amante, Ann Reinking, además de lo cual no perdía ocasión para beneficiarse a cuantas coristas se cruzaban en su camino) le condujeron a un deterioro galopante de su salud que se tradujo un infarto de miocardio, del cual afortunadamente logró reponerse gracias a una arriesgada operación a corazón abierto.

 

Cuentan que fue la gran Shirley MacLaine (que había protagonizado la versión fílmica de "Noches en la ciudad” sustituyendo a la original Gwen Verdon) quien sugirió a Fosse la idea de realizar una película sobre sí mismo, en la que no sólo narrase su vida sino también imaginase su propia muerte, teatralizada como si de una coreografía se tratara.  Tras el infarto y el relativo fracaso de “Lenny” (incomprendida por la crítica y más bien ignorada por el público, que le tenía encasillado en parámetros exclusivamente musicales), Fosse consideró que había llegado el momento de hacer caso a MacLaine y ponerse manos a la obra en la construcción de su “biografía”.  Para ello, escribió él mismo un primer borrador de guión que mezclaba lo autobigráfico con lo surrealista y lo onírico, inspirándose claramente en “8 ½” (“Otto E Mezzo”, 1963) de su admirado Fellini, y se lo hizo llegar a su amigo, el escritor y productor Robert Alan Aurthur (“El hombre perdido”), para que lo acabara de pulir; fue idea de Aurthur la división de la historia en dos actos de una hora cada uno (el film dura 123 minutos), el primero dedicado a Eros, el dios del amor, y el segundo a Thanatos, la deidad que representa a la muerte.  Aunque Aurthur falleció de cáncer en 1978, un año antes de que la película llegara a estrenarse, su libreto era tan bueno que Columbia Pictures, a pesar de los problemas económicos que llevaba tiempo registrando, aceptó producirlo, no sin convencer a 20th Century Fox para que se hiciera cargo de su distribución.

 

Dado que “All That Jazz” (título tomado de una de las canciones de “Chicago”, pero que en español fue sustituído por “Empieza el espectáculo”, libre traducción de la frase que Joe Gideon recita cada mañana ante el espejo) tenía un fortísimo tono autobiográfico, la pretensión inicial de Fosse era protagonizarlo él mismo, pero la compañía aseguradora se negó a correr riesgos con un señor que por muy poco había sobrevivido a un infarto y no debía asumir más responsabilidades.  Para interpretar a Gideon, Columbia puso sobre la mesa los nombres de Paul Newman, Jack Nicholson, Jack Lemmon, Gene Hackman o Warren Beatty, quien acabó siendo el mejor posicionado pero que acabó prefiriendo hacer “El cielo puede esperar”.  Fosse llamó a Richard Dreyfuss, quien acababa de encadenar dos éxitos consecutivos con “Encuentros en la tercera fase” y “La chica del adiós” y éste aceptó en primera instancia, si bien la exigencia de interpretar a un bailarín y coreógrafo que además iba a estar todo el tiempo encima de él le provocó un ataque de pánico del que se zafó escurriendo el bulto y proponiendo en su lugar al que fuera su compañero en la popularísima “Tiburón”, Roy Scheider.  Scheider (46 años), que no había hecho musicales en cine y estaba hasta el gorro de interpretar siempre a policías, decidió aceptar el reto, y durante un mes recibió un entrenamiento intensivo por parte del mismísimo Fosse.  El grueso de los personajes secundarios corrió a cargo de actores y actrices a los que Fosse conocía de sobras merced a su trayectoria teatral, empezando por Ann Reinking, que aceptó interpretarse a sí misma, si bien su personaje ahora se llamaría Kate Jagger, la amante de Gideon.  A Fosse no le tembló el pulso a la hora de ofrecerle el rol de ex-mujer a su auténtica esposa Gwen Verdon, pero ésta prefirió inhibirse en favor de Leland Palmer.  La joven Erzsebet Foldi fue seleccionada para dar vida a la hija de Gideon, Michelle, aunque la verdadera hija de Fosse, Nicole, también realizó un breve cameoCliff Gorman, que había sido Lenny Bruce en el teatro pero que en la adaptación de “Lenny” al cine fue reemplazado por el más conocido Dustin Hoffman, se resarció convirtiéndose en el “fantasista” Davis Newman.  Ben Vereen, procedente del teatro musical (fue uno de los protagonistas de “Noches en la ciudad”) y que acababa de triunfar con su personaje de “Gallito George” en la serie “Raíces”, incorporó al showman O’Connor Flood, quien acompaña a Gideon en su última gran actuación.  Un aún poco conocido John Lithgow (“Fascinación”), interpretó a Lucas Sergeant, coreógrafo rival de Gideon que estaba inspirado en el eterno “enemigo” de Fosse, Michael Bennett.  Sandahl Bergman, la futura Valeria de “Conan, el Bárbaro”, fue la primera bailarina en el número “Take Off With Us”.  Y Jessica Lange, la estrella del “King Kong” de 1976, realizó su segundo papel en la pantalla dando vida a una tal Angelique, una dama vestida de blanco que resulta ser la mismísima Muerte; al igual que un incorregible Gideon coquetea con ella en la película, también Fosse le tiró los tejos a la actriz, que parece que se dejó querer por el director.

 

El rodaje de “All That Jazz” dio comienzo en Septiembre de 1978 y se prolongó durante 101 días.  Además de los consabidos decorados, se emplearon localizaciones reales como el Palace Theatre de Broadway, los estudios Kaufman Astoria de Queens o el Anfiteatro de Coney Island.  Philip Rosenberg (“Próxima parada, Greenwich Village”, “Network”) diseñó los decorados, Albert Wolsky (“Paso decisivo”, “Una mujer descasada”, “Grease”) firmó el vestuario, el maestro italiano Giuseppe Rotunno (“Rocco y sus hermanos”, “El gatopardo”, “Satiricón”, “Roma”, “Amarcord”) fue el artífice de la espléndida fotografía y Alan Heim (“Godspell”, “Hair”) realizó el impresionante montaje.  El apartado musical lo lideró Ralph Burns en calidad de compositor, arreglista y director de la orquesta, pero lo que más se recuerda son las canciones que suenan durante los inolvidables números de baile coreografiados por Fosse, entre las que destacan el rítmico “On Broadway” de George Benson que ilustra el multitudinario casting de bailarines que abre el film, el “There’s No Business Like Show Business” de Ethel Merman que suena en los títulos de crédito finales, el “Everything Old Is New Again” de Peter Allen que bailan Kate y Michelle y, por supuesto, el “Bye Bye Love” de los Everly Brothers, aquí retitulado “Bye Bye Life” y que interpretan, en una versión “celestial” de ¡once minutos!, Gideon y O’Connor Flood, es decir, los propios Roy Scheider y Ben Vereen.  Mención especial para el tema clásico con el que Gideon realiza cada día su aseo matinal, el “Concierto Alla Rustica en Sol Mayor” de Antonio Vivaldi, una auténtica gozada barroca.

 

All That Jazz” debutó en cines norteamericanos el 20 de Diciembre de 1979 (5 de Septiembre de 1980 en España), con críticas mixtas y una recaudación de 38 millones de dólares, más de 3 veces su presupuesto.  Los premios no tardarían mucho en caer:  dos BAFTAs, una nominación al Globo de Oro, un Bodil danés, cuatro Oscars (Banda sonora, Montaje, Dirección Artística, Diseño de Vestuario) y el que mayor prestigio internacional le deparo: la Palma de Oro del Festival de Cannes.  Por si fuera poco, Stanley Donen, el mítico realizador de “Un día en Nueva York”, “Cantando bajo la lluvia”, “Siete novias para siete hermanos”, “Charada” o “Dos en la carretera” afirmó públicamente que “All That Jazz” era “la mejor película que había visto en su vida”, lo cual favoreció notoriamente la carrera comercial del film.

 

Además de por sus evidentes valores cinematográficos, “All That Jazz” se hizo inmediatamente famosa por incluir en el cáustico monólogo de Davis Newman “El Fantasista” (“The Stand-Up”) las cinco etapas de la asimilación de la muerte enunciadas por la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross en 1969: cólera, negación, pacto, depresión y aceptación.  Es evidente que, si Fosse incluye ese concepto en su película, es para enfatizar lo que de alegato vitalista tiene la dedicación de cada uno a la profesión que realmente ama, y por eso Gideon, incluso en su lecho de muerte, no deja de soñar con esa última coreografía, ese último baile que le proporcione la eternidad, la vida eterna, la derrota final sobre la Parca.  Naturalmente, la dicotomía fantasía/realidad parece que se salda en favor de la segunda, y la canción que tanto nos estaba maravillando finaliza bruscamente con el frío rechinar de la cremallera corriéndose sobre la mortaja en la que yace el cadáver del protagonista.  A pesar de los denodados desvelos de las tres mujeres que más le han amado (su hija, su ex-esposa y su actual compañera), Gideon encara su último viaje hacia la luz blanca que le aguarda al final del túnel, seguramente con la conciencia tranquila por haber concebido su obra más genial.  La interpretación de Roy Scheider resulta fascinante y conmovedora, tan lejos de su registro habitual de policía que nadie asociaría a su Martin Brody de “Tiburón” con un implacable pero sensible director teatral hambriento de amor.

 

Como si de una profecía se tratase, apenas ocho años después del estreno de “All That Jazz”, Bob Fosse sufrió un segundo y definitivo infarto del que ya no se recuperó, falleciendo el 23 de Septiembre de 1987 a la edad de 60 años.  Tal vez en sus últimos estertores de consciencia tuvo tiempo de rememorar la maravillosa fantasía de once minutos que crease para ilustrar su despedida de la vida y el amor… que, en un pase televisivo en nuestra TVE, alguien se atrevió a interrumpir para emitir unos mezquinos segundos de publicidad.



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