lunes, 4 de octubre de 2021

Cine actualidad/ “SIN TIEMPO PARA MORIR”

El espía que las amó

 


No Time To Die

Reino Unido, 2021

Director:  Cary Joji Fukunaga

Productores: Barbara Broccoli, Michael G. Wilson

Guión: Neal Purvis, Robert Wade, Cary Joji Fukunaga, Phoebe Waller-Bridge

Música: Hans Zimmer

Canción: Billie Eilish

Fotografía: Linus Sandgren

Montaje: Tom Cross, Elliot Graham

Diseño de Producción: Mark Tildesley

Reparto: Daniel Craig (James Bond), Léa Seydoux (Madeleine Swann), Rami Malek (Lyutsifer Safin), Ralph Fiennes (M), Ben Whishaw (Q), Lashana Lynch (Nomi, 007), Naomie Harris (Moneypenny), Jeffrey Wright (Felix Leiter), Ana De Armas (Paloma), Christoph Waltz (Ernst Stavro Blofeld), Billy Magnussen (Logan Ash), Rory Kinnear (Tanner), David Dencik (Dr. Obruchev), Dali Benssalah (Primo), Lisa-Dorah Sonnet (Mathilde)

Duración: 163 min.

Distribución: Eon Productions – Metro Goldwyn Mayer

 

Uno de los escritores españoles más respetados y leídos de la actualidad, el cartagenero Arturo Pérez-Reverte, tuvo ocasión de ver la nueva película de James Bond, “Sin tiempo para morir”, el mismo día que yo, el pasado sábado día 2 de Octubre, y ésto fue lo que dictaminó sobre ella al día siguiente: “Un James Bond tan equilibrada y políticamente correcto, tan familiar, tan enamorado y tan moñas que constituye un insulto a la inteligencia de los espectadores y a la memoria del personaje”-  Sobre si la opinión del padre del Capitán Alatriste coincide o no con la mía, permitidme que me pronuncie dentro de cinco breves párrafos…

 

Tras los sucesos acecidos en “Spectre”, con el diabólicamente brillante Ernst Stavro Blofeld confinado en una prisión de alta seguridad y su relación con la psiquiatra Madeleine Swann, la hija del misterioso Mr. White, ya consolidada, James Bond se toma unas vacaciones junto a su nuevo amor en la idílica villa de Matera, en Italia, sólo para ser víctima de una serie de intentos de asesinato de los que acaba llegando a la conclusión de que Madeleine tiene que haber sido partícipe, por lo que decide alejarse de ella y del mundo durante cinco largos años.  De repente, un día recibe la visita de su viejo amigo el agente de la CIA Felix Leiter, quien le pone en antecedentes del robo de una peligrosísima arma biológica llamada Proyecto Heracles, que tras una serie de vicisitudes acabará cayendo en manos del terrorista Lyutsifer Safin.  La reticencia de Bond sobre volver al servicio activo acaba por despejarse cuando conoce al nuevo agente 007 a quien el Mi6 ha asentado en su antiguo puesto:  Nomi, una mujer negra de armas tomar.  Decidido por fin a recuperar el tiempo perdido, Bond deberá empezar por entrevistarse con Blofeld bajo la estrecha vigilancia de la única especialista en psiquiatría a la que éste ha autorizado a acercarse a él:  Madeleine, la cual ahora tiene una hija que luce unos preciosos ojos azules…

 

Basando la imagen de su personaje en los rasgos de actores como David Niven o Hoagy Carmichael (aunque, años después, reconocería que el 007 ideal sería el Cary Grant de “Con la muerte en los talones”), el escritor y ex-espía Ian Fleming creó a James Bond allá por 1952, siendo la novela “Casino Royale” la primera aventura del agente.  Según la descripción realizada por Fleming, Bond es un oficial del servicio secreto británico (Mi6) al que se le encomiendan arriesgadas misiones en las que tendrá licencia para matar a sus enemigos (esa la explicación del doble cero de su número código).  Bond es aficionado a los coches más caros (como el Aston Martin), a los cocktails más selectos (como el mítico Vodka Martini agitado, no mezclado) y, sobre todo, a las mujeres más bellas y voluptuosas, a las que seduce con facilidad pero luego trata como a simples objetos de placer, razón por la que se granjeó una fama de machista sin atisbo alguno de sensibilidad.  La primera (y mejor) encarnación fímica de Bond, inmortalizada por el escocés Sean Connery a partir de 1962, mantuvo uno por uno todos estos rasgos a rajatabla, tratando en vano el australiano George Lazenby de sustituir a Connery en una única ocasión y siendo el televisivo Roger Moore quien sí lograse asumir con éxito el relevo, añadiendo su peculiar sentido del humor como toque característico.  A Moore le reemplazó Timothy Dalton en apenas dos películas, y tras él llegó el apolíneo Pierce Brosnan en 1995, llevando al super espía a un siglo XXI en el que Daniel Craig tomaría el testigo en 2006.  En total, nada menos que 24 películas (25, si incluímos “Nunca digas nunca jamás”, que se rodó independientemente del canon propiedad de Danjaq y Eon Productions), estrenadas entre 1962 y 2015.

 

A pesar de que “Spectre”, la cuarta intervención de Daniel Craig como James Bond, se concibió en principio como la despedida del ya maduro actor (tenía 47 años entonces), los productores Michael G. Wilson y Barbara Broccoli le convencieron, previa generosa subida salarial, para que se calzara el smoking por quinta y última vez.  No Time To Die” (“Sin tiempo para morir”) fue escrita por los guionistas habituales de la última etapa bondiana, Neal Purvis y Robert Wade, e iba a ser dirigida por Danny Boyle (“Trainspotting”, “Slumdog Millionaire”).  La posterior marcha de Boyle obligó a buscar a otro realizador, recayendo el honor en el japonés-norteamericano Cary Joji Fukunaga, que había deslumbrado al mundo gracias a la primera temporada de la serie “True Detective”.  Lo primero que hizo Fukunaga fue meter mano al guión, tarea en la que le ayudaron Scott Z. Burns y la ascendente Phoebe Waller-Bridge, creadora de exitosas ficciones televisivas como “Crashing”, “Fleabag” o “Killing Eve” que actualmente trabaja en la quinta aventura (aún en rodaje) del arqueólogo favorito del mundo mundial, Indiana Jones.

 

Llegamos al prometido párrafo en el que toca comentar la no muy favorable opinión sobre la película emitida por Pérez Reverte, y para empezar, me permito copiar y pegar lo que yo mismo escribí en mi crítica de “Casino Royale”, la primera actuación de Craig para la franquicia, en el ya lejanísimo 2006: «En cuanto a Daniel Craig, no diré que me ha sorprendido, porque ya me pareció un estupendo actor en “Camino a la perdición” y “Munich”, pero sí tengo que confesar que no podía esperarme que supiese construir un personaje tan complejo, tan bueno y tan malo a la vez, tan duro y tan frágil, tan cruel y tan tierno, tan héroe y tan villano».  Es decir, la “deriva” a la que los actuales desarrolladores de la saga han venido sometiendo al icónico personaje data de hace ya 15 años, que fue cuando Bond, cuyo corazón no era tan granítico como podía parecer, se enamoró perdidamente de la bellísima Vesper Lynd (Eva Green), hallazgo y posterior pérdida que ha marcado la evolución sentimental del agente, al tiempo que las investigaciones para desenmarañar la tupida red de organizaciones criminales que acabó conduciéndole hasta SPECTRE.  Tal vez nuestro admirado novelista cartagenero no se ha dado cuenta hasta ahora de que la “humanización” o “sensibilización” de James Bond ha venido siendo el rasgo distintivo de este último quinteto de films que, no por casualidad, han logrado recaudaciones más elevadas que las de sus predecesores.  Es el signo de los tiempos, nos guste más o menos.  Coincido en que el Bond de 2006-2021 ya no es y no se comporta como el Bond original, pero es que hoy en día la presión social se va haciendo cada vez más insostenible hacia un personaje que hizo del machismo y el desprecio hacia las mujeres su forma de vida.

 

El Bond de Craig comenzó enamorado de Vesper, a la que no logró retener a su lado, pero su corazón roto ha terminado por sucumbir a los encantos de Madeleine Swann, una tierna francesita en la que se arrepiente de no haber confiado pero que, al reencontrarla, le va a aportar una razón inesperada para tomar de una vez por todas el camino correcto, aunque este camino sea el del mayor sacrificio imaginable.  Sin tiempo para morir” trae de vuelta a los asiduos personajes que ya conocemos (M, Q, Moneypenny, Tanner, Leiter, Blofeld) e incorpora nuevos villanos como Safin y el traidor Logan Ash, además de dos mujeres (la 007 sustituta y la intrépida cubana Paloma) a las que un Bond nuevamente enamorado y, por lo tanto, fiel, ya no fantasea con seducir.  El plan de Safin (casi profético por cuanto se trata de liberar un virus a gran escala) es digno de los grandes malvados que antaño se enfrentaron a nuestro héroe, aunque algo en la caracterización de Rami Malek (que va de “El Fantasma de la Opera” a “Deadpool”) resulta un poco caricaturesco.  La relevancia otorgada no sólo a Safin sino a otros villanos de menor enjundia como Ash, el “mad doctor” Valdo Obruchev y el “ojito derecho” (nunca mejor dicho) de Safin, Primo (alias “Cíclope”) le resta protagonismo al Blofeld de Christoph Waltz, carente del tiempo en pantalla y de la trascendencia que sí tuvo en “Spectre”.

 

Con grandes escenas de acción (portentoso el trabajo de especialistas y montadores), especialmente la que precede a los títulos de crédito que ha diseñado de nuevo Daniel Kleinman, “Sin tiempo para morir” cuenta con una banda sonora de Hans Zimmer que apenas aporta novedad alguna y prefiere abonarse al homenaje continuado a los temas de Monty Norman y John Barry, especialmente el de “007 al Servicio Secreto de su Majestad”, el único Bond que protagonizó el efímero Lazenby, considerado uno de los mejores de la serie y cuyo inusual romanticismo ha servido de inspiración a esta vigesimoquinta entrega.  Tampoco pasará a la historia la canción poco rítmica y algo insípida de Billie Eilish, a años luz de las que nos obsequiaron Shirley Bassey, Louis Armstrong, Tina Turner o Adele.

 

El quinto y último capítulo de la pentalogía de Daniel Craig se salda con un balance indiscutiblemente positivo y dejando el listón muy alto.  Miedo me da pensar en el dilema al que se enfrentarán Broccoli y Wilson de cara a la continuidad de la saga, obligados a ir un paso más allá en entretenimiento y espectacularidad pero también, tal vez, en cuanto a la temible corrección política:  ¿un James Bond negro? ¿un James Bond mujer? ¿un James Bond mujer y negra, como esta Lashana Lynch? ¿un James Bond gay o transexual?...  Lo único cierto es que, tal como se nos promete al final del film, “James Bond Will Return”, aunque no sepamos cómo ni cuándo, pero seguro que trayendo consigo un nuevo reseteo para una de las franquicias más longevas, exitosas y millonarias de la Historia del Cine.

 

Luis Campoy

 

Lo mejor:  Daniel Craig, las increíbles secuencias de acción

Lo peor:  la corrección política que ha obligado a mutar a Bond, la canción de Billie Eilish

El cruce:  Casino Royale” + “007 Al Servicio Secreto de Su Majestad” + “La espía que me amó

Calificación: 8 (sobre 10)

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