domingo, 3 de octubre de 2021

Cine actualidad/ "MAIXABEL"

Perdonar para no olvidar

 


Maixabel

España, 2021

Director:  Iciar Bollaín

Productores: Koldo Zuazua, Juan Moreno, Guillermo Sempere

Guión: Iciar Bollaín, Isa Campo

Música: Alberto Iglesias

Fotografía: Javier Aguirre Erauso

Montaje: Nacho Ruiz Capillas

Dirección Artística: Mikel Serrano

Reparto: Blanca Portillo (Maixabel Lasa), Luis Tosar (Ibon Etxezarreta), Urko Olazábal (Luis Carrasco), María Cerezuela (María Jáuregui), Tamara Canosa (Esther Pascual), Arantxa Aranguren (Carmen), Bruno Sevilla (Luichi, marido de María), María Jesús Hoyos (Madre de Ibon), Martxelo Rubio (amigo de Maixabel), Mikel Bustamante (Patxi Makazaga)

Duración: 115 min.

Distribución: Kowalski Films, Feel Good Media

 

El 28 de Julio de 2000, el comando Buruntza de ETA asesinó mediante una de sus más habituales y más cobardes técnicas (el tiro en la nuca) al entonces Gobernador Civil de Guipúzcoa, el socialista Juan María Jáuregui.  La viuda de Jáuregui, Maixabel Lasa, encajó el durísimo golpe como mejor pudo y, no limitándose a llorar su desconsuelo, encabezó diversas iniciativas en favor de las víctimas de toda aquella locura.  Años después, desarticulado el comando Buruntza, detenidos sus integrantes y recluídos algunos de ellos en la cárcel de Nanclares de Oca (Alava), Maixabel recibió la noticia de que Luis Carrasco, uno de los asesinos de su marido, quería reunirse con ella en la prisión.  Poco después, sería otro de los autores del atentado, Ibon Etxezarreta, quien también suplicase mantener una reunión con ella, como tardía forma de obtener su tal vez imposible perdón…

 

Iciar Bollaín (54 años) antigua actriz madrileña que sobre todo ha destacado como directora de films como “Flores de otro mundo” (1999), “Te doy mis ojos” (2003), “También la lluvia” (2010) o “El olivo” (2016) ha querido acercarse con “Maixabel”, su nueva propuesta, a las consecuencias de la actividad ejercida durante tantos años por la banda terrorista ETA, en un momento en el que “Patria” (primero magnífica novela y después, gran serie distribuída por HBO) logró revivir el interés mediático por un problema que en realidad nunca ha finalizado del todo.  Porque aun hoy, y mañana, y pasado mañana, me temo, algunos siguen y seguirán exigiendo la independencia del Pueblo Vasco y unos pocos consideran y seguirán considerando que la vía más efectiva para lograrla es la violencia en cualquiera de sus formas, lo cual convierte a los etarras, a sus ojos, no en villanos sino en auténticos “héroes del pueblo”.

 

Precisamente la alternativa que narra “Maixabel” es la que tuvo lugar en la prisión de Nanclares de Oca, la llamada “vía Nanclares”, mediante la que algunos de los cien presos de ETA allí encarcelados tuvieron la oportunidad de desmarcarse, si así lo deseaban, de las directrices de la banda y sumarse a un proceso individual para exorcizar los fantasmas de la culpa y el arrepentimiento que tal vez pudieran haberles surgido.  La auténtica Maixabel Lasa aceptó participar en aquella estrategia y acabó por aceptar las disculpas y justificaciones de los asesinos de su esposo, si bien nunca quiso pronunciar la palabra “perdón”, porque, según dijo, “perdonar tiene un componente religioso y yo soy agnóstica”.

 

Me atrevo humildemente a contradecir un poco a la señora Lasa, en el sentido de que no creo que para perdonar haya que ser religioso.  ¿Se puede perdonar?  Claro que se puede.  ¿Se puede perdonar TODO?  Aquí empiezan las dudas y los matices.  Para perdonar, pienso que, en primer lugar debe existir un arrepentimiento sincero por parte del que necesita ser perdonado.  ¿Hay que perdonar a pesar de que quien nos hizo daño no está arrepentido y, por tanto, estaría dispuesto a volver a dañarnos a la menor ocasión?  Yo eso no lo tengo tan claro...  pero ¿qué diablos?, ¡no hablamos de mi!.  El caso es que Maixabel Lasa se avino a conversar con los ex-etarras Luis Carrasco e Ibon Etxezarreta, con el primero en la propia cárcel y con el segundo en la casa particular de la mediadora Esther Pascual (Tamara Canosa), dado que el nuevo gobierno presidido por Mariano Rajoy ordenó finiquitar la “vía Nanclares”.  Como hemos dicho anteriormente, Maixabel eligió no limitarse a sentir odio y rencor, sino que, continuando el legado de su marido, decidió implicarse activamente en asociaciones de víctimas y, merced a su carácter dialogante, fue profundizando paulatinamente en las claves del llamado “conflicto vasco”.  De hecho, algo que se le criticó en su momento a Lasa fue que se negó a limitar su actividad a las víctimas de ETA, sino que consideró que también los torturados por la Guardia Civil o los asesinados por los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación, auspiciados en la sombra por el Estado) eran dignos de la misma catalogación de “víctimas”.

 

Bollaín y su coguionista Isa Campo han elegido centrar su historia en los personajes de Maixabel (Blanca Portillo), Ibon (Luis Tosar) y Luis (Urko Olazábal).  Todos sabemos de qué son capaces tanto Portillo como Tosar, pero, para mi, la gran sorpresa han sido los secundarios, tanto la gallega Tamara Canosa, que interpreta a la mediadora gubernamental Esther Pascual, como la casi recién llegada María Cerezuela (lleva sólo desde 2019 participando en cine y televisión y aquí encarna a María, la hija de Maixabel y el finado Juan Mari Jáuregui) y, sobre todo, el excelente Urko Olazábal, que se come la pantalla a pesar de que, a sus 44 años, es un actor muy poco conocido por haberse dedicado más a la docencia que a la interpretación.  Poco que añadir sobre el inconmensurable Luis Tosar, uno de los dos o tres mejores actores españoles de la actualidad, que emociona sobre todo por su complejo viaje espiritual desde el convencimiento de la lucha armada hasta la necesidad de ser perdonado para poder seguir viviendo.  Blanca Portillo también está correctísima, aunque, personalmente, no me llegó a transmitir tanto como me esperaba; pienso que se la ve demasiado predispuesta a conceder el perdón, tanto que se insinúa un conato de amistad con el etarra Etxezarreta que no me pareció del todo creíble.

 

Con una sensacional partitura compuesta por el gran Alberto Iglesias que por sí misma es capaz de dibujar el clima preciso de cada escena y hacer aflorar los sentimientos más hondos, “Maixabel” es una película dolorosa pero también emotiva e incluso esperanzadora, necesaria y absolutamente recomendable para comprender los roles tanto de las víctimas como de los verdugos, y darse cuenta de que, al final, los segundos están en manos de las primeras si quieren continuar con sus vidas, libres de esos remordimientos que les impiden conciliar el sueño en paz.  Sólo me queda anotar una pequeña reflexión a título personal, y es que sigo esperando ver en la pantalla la historia de alguna de esas víctimas anónimas que, más allá de un carácter dialogante y compasivo que no todo el mundo posée, sencillamente perdió a quien más quería, a causa de una barbarie demente que sigue necesitando de mucha, mucha expiación.

 

Luis Campoy

 

Lo mejor:  las interpretaciones, la música, el mensaje acerca del arrepentimiento y el perdón

Lo peor:  que todavía no se haya dedicado una película a tratar el “conflicto vasco” desde la perspectiva única de las víctimas de ETA, sin tener que ser equidistante y justificar las motivaciones de los asesinos

El cruce:  Patria” + “La muerte de Mikel” + “Pena de muerte

Calificación: 8 (sobre 10)

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