jueves, 3 de septiembre de 2020

Series de televisión: "HANNIBAL" (2013-2015)


Año 1991.  Una película de bajo presupuesto, cuyo argumento recuperaba algunos personajes de una celebrada novela de Thomas Harris, “El dragón rojo” (1981), llega a los cines con la vitola de favorita a los próximos Oscar.  Los augurios no andan desencaminados y, la noche del 30 de Marzo de 1992, “El silencio de los corderos” se alza con los 4 premios principales (Mejor Película, Director, Actriz y Actor), además del correspondiente a Mejor Guión Adaptado.  A partir de ese mismo instante, el personaje del doctor Hannibal “El Caníbal” Lecter (que encarnó de forma memorable el actor galés Anthony Hopkins) se convierte no sólo en uno de los villanos mejor valorados de todos los tiempos, sino en todo un icono metacultural de los años subsiguientes, dando lugar a toda una saga en la que Hopkins volvió a dar vida a Lecter dos veces más:  en “Hannibal” (2001) y en “El dragón rojo” (2002).


La fascinación hacia un personaje “bombón” como Hannibal Lecter, que es capaz de degustar con igual satisfacción una obra de arte florentina, una sinfonía de Bach o un hígado humano viviseccionado y cocinado por él mismo, se mantuvo inalterable durante muchos años, hasta que, en 2013, una serie televisiva de 13 capítulos basada en los libros de Thomas Harris se estrenaba en la cadena NBC, con un considerable éxito de crítica y público.  





El dato más relevante de “Hannibal”, la serie, es que pudo contar con los derechos televisivos de los libros de Harris y las películas basadas en ellos…  con la excepción, precisamente, de “El silencio de los corderos”.  Por ello, el personaje fundamental de Clarice Starling, la aspirante a agente del FBI, que tan maravillosamente compuso Jodie Foster en el cine, desaparece de la ficción catódica y gran parte de sus rasgos psicológicos y su trascendencia dramática pasan a formar parte de la personalidad del teórico protagonista de la producción:  el agente  Will Graham.








 


Will Graham (interpretado en “Hannibal” por Hugh Dancy) había sido policía en Nueva York hasta que fue reclutado por el FBI, donde ejerce como profesor en su academia de ingreso sita en Baltimore.  La mayor cualidad de Graham es la capacidad de empatizar o ponerse en el lugar de sanguinarios asesinos en serie, lo cual hace que el agente especial Jack Crawford (Laurence Fishburne), jefe de la Unidad de Ciencias del Comportamiento, recurra a él para dar caza a un psicópata al que se conoce como “El Alcaudón de Minesotta”.  Graham, reticente al principio, comienza a investigar los métodos del Alcaudón, pero su ejercicio de empatía le resulta tan doloroso que recurre a la psicóloga Alana Bloom (Caroline Dhavernas), también adscrita a la unidad de Crawford, quien le pone en contacto con quien fuera su profesor y mentor en sus tiempos de universidad:  el eminente psiquiatra doctor Hannibal Lecter (Mads Mikkelsen).  Hannibal, que enseguida descubre las debilidades mentales de Will, cada vez más trastornado por su facilidad para pensar como un criminal, acepta ser una especie de “asesor” de éste, con la intención real de utilizarle como inocente marioneta para “tapar” la ejecución de sus propios crímenes, ya que Lecter, en sus ratos libres, es un homicida sin escrúpulos que además goza ¡comiéndose a sus víctimas!


 Este sería, a grandes rasgos, el resumen del primer episodio de la serie “Hannibal”, titulado “Aperitif” y emitido por la NBC el jueves 4 de Abril de 2013.  Seguramente los aficionados a series policíacas como “Mentes criminales” o “The Closer” quedaron sorprendidos con las libertades que se tomaba “Hannibal” a la hora de mostrar explícitamente violencia y atrocidades, pero también contaba con unos diálogos asombrosamente inteligentes y unas interpretaciones inusuales por su profundidad y brillantez.  Si puede decirse que Hugh Dancy está estupendo como un torturado y a veces desvalido Will Graham, ante Mads Mikkelsen simplemente hay que quitarse el sombrero por su creación de un personaje repleto de matices y que, a pesar de ser notoria su perversidad, cautiva por su elegancia, su exquisitez y sobre todo su diabólica inteligencia.  En los doce episodios restantes de la primera temporada, vemos cómo Hannibal es capaz de manipular, de una u otra manera, a todos y cada uno de los personajes que se relacionan con él, asesinando sin pudor a quien le place y luego sirviendo sus órganos, sabrosamente cocinados, en las fastuosas cenas que brinda a Will, Crawford y la Dra. Bloom.  Al final de esa primera temporada, un desquiciado Will Graham acaba deduciendo que el criminal que aterroriza a varios Estados, el Destripador de Chesapeake, no es otro que el mismísimo Hannibal Lecter, pero cuando, comprendiendo que de nada serviría tratar de detener por las buenas al doctor, intenta expeditivamente acabar con su vida, es disparado por Jack Crawford, convencido por las evidencias diseminadas por Lecter de que en realidad es Will el asesino que están buscando.

 


La segunda temporada de “Hannibal” (estrenada por la NBC el 28 de Febrero de 2014) se permite no pocas alusiones a “El silencio de los corderos” (recordemos que Bryan Fuller no tenía los derechos para poder adaptarla legítimamente), pero subvertiendo radicalmente los términos que creíamos conocer.  Ahora es Will Graham quien está ingresado en el Hospital Psiquiátrico de Baltimore, dirigido por el repulsivo doctor Frederick Chilton (Raul Esparza), mientras que el FBI (con Jack Crawford a la cabeza) y los medios de comunicación identifican a Will con el destripador de Chesapeake.  El propio Hannibal Lecter no sólo visita a Graham en el psiquiátrico, sino que ahora es él quien asesora al FBI para investigar unos crímenes que él mismo ha cometido o instigado.  Desde su celda, Will trata de convencer a sus antiguos compañeros de que Lecter es no sólo un embaucador sino un peligro en toda regla, y la agente Beverly Katz (Hettiene Park) paga muy cara la osadía de entrometerse en la mansión de Hannibal para buscar pruebas contra él.  Paralelamente, se celebra un mediático juicio contra Graham en el que éste es finalmente declarado inocente, pero, cuando queda en libertad, Will descubre que Alana, de quien creía estar enamorado, ha iniciado una elación romántica con Lecter.  A pesar de todo, ni siquiera un ser superior como Hannibal puede borrar absolutamente todas las huellas que ha ido dejando en sus macabros crímenes, y el final de la temporada es tan excelso como bestial:  Graham, Crawford y Alana heridos de gravedad cuando pretendían arrestarle, Abigail Hobbs (la hija del Alcaudón de Minesotta de la temporada anterior) asesinada a manos de Hannibal, y éste, triunfante, huído a Europa en compañía de su terapeuta, la doctora Bedelia Du Maurier (Gillian Anderson).

 


A pesar de que ya en la segunda temporada se había manifestado un ligero descenso en el nivel de calidad de la serie e incluso en la respuesta popular hacia la misma, el principal factótum y showrunner Bryan Fuller logró convencer a la NBC para la realización de la tercera (y, hasta el momento, última) temporada, que debutó el 4 de Junio de 2015.  En esta ocasión, Fuller y sus guionistas se lanzan como lobos hambrientos en pos de todo el material “lecteriano” que, a excepción de “El silencio…”, aún podía adaptarse.  De este modo, los primeros episodios de la temporada se centran básicamente en la novela y película tituladas simplemente “Hannibal” (el film lo dirigió Ridley Scott), con algunos toques del último y más flojo largometraje de la saga, “Hannibal: El origen del mal”, mientras que los restantes seis capítulos narran “El dragón rojo”, que, como dijimos al principio, en realidad fue el primer relato cronológicamente publicado.  Mientras Will, Jack y Alana se recuperan de sus heridas, Hannibal y Bedelia se instalan en Florencia, donde Lecter se hace pasar por un tal Doctor Fell y comienza a hacer de las suyas.  Los primeros asesinatos que reproducen el modus operandi de Hannibal conducen a Will en su busca hasta Italia, y Jack Crawford no se queda atrás.  Desde Estados Unidos, el millonario tullido Mason Verger (Michael Pitt en la Temporada 2/Joe Anderson en la 3), que se arrancó la piel de la cara influenciado por Hannibal, ha puesto precio a la cabeza de éste, y el policía florentino Rinaldo Pazzi (Fortunato Cerlino) pretende cobrar la recompensa, pero es descubierto (y castigado) por Lecter.  Finalmente, Hannibal y Will son capturados por los sicarios de Verger, y trasladados a Norteamérica;  cuando van a ser pasto de los cerdos rabiosos de Verger, Alana (la cual ha descubierto su vena lésbica en brazos de la hermana de Mason) logra liberar a Hannibal, quien da buena cuenta de los matarifes y acaba entregándose voluntariamente a la policía, cansado de seguir huyendo de quien es su amigo, su enemigo, su némesis y su razón de existir:  Will Graham.  Pasan tres años y Will se ha casado con una mujer separada, madre de un hijo, y Lecter, desde el psiquiátrico, finge querer ayudar e Graham en la captura de un nuevo asesino en serie apodado “El Dragón Rojo” (Richard Armitage).  En realidad, lo que hace Hannibal es proporcionarle al Dragón la dirección de Will para que éste mate a su familia, cosa que de milagro no sucede, y Will y Jack piensan utilizar la misma estratagema para atraer al asesino:  con ayuda de la periodista sensacionalista Freddy Lounds (Lara Jean Chorostecki) y del inefable Doctor Chilton, convierten a Hannibal en cebo, provocando un desenlace truculento en el que Hannibal y Will, Will y Hannibal, luchan codo con codo contra un terrible enemigo común, emprendiendo acto seguido un viaje sin retorno hacia lo que puede ser un desenlace definitivo…

 


Si la primera temporada de “Hannibal” sorprendía por el modo en el que, utilizando personajes y situaciones conocidas, se daba lugar a un extraordinario thriller plagado de momentos que bordeaban (o sobrepasaban) lo terrorífico, y la segunda invertía los parámetros habituales del género (el “bueno” encerrado mientras que el “malo” campa libre a sus anchas), la tercera destacaba por ser una especie de refrito de las dos anteriores, un “más de lo mismo” en el que los elementos estéticos adquirían un protagonismo desmesurado.  Si hasta este momento eran precisamente el tono, el look y el estilo lo que habían caracterizado el serial, “Hannibal 3” sufre una sobredosis de estilismo (especialmente en los primeros capítulos) que ralentiza el ritmo y dificulta el progreso de la trama.  Lo bueno (o no, según se mire) es que, en los encuentros que mantiene Will con la doctora Du Maurier, por fin se patentiza lo que hasta ahora podían ser sólo elucubraciones de la mente enfermiza de algún espectador:  entre Will Graham y Hannibal Lecter se ha ido forjando una relación inclasificable que oscila entre el afecto, el desprecio, el odio y, tal vez…  el amor.  En los episodios finales es cuando más se pone de manifiesto lo arriesgado que puede ser profundizar tanto en la psique humana:  a fuerza de pretender manipular al cordero desvalido, el lobo es capaz de llegar a sentir, más allá de la excitación de la caza, un hedonista afán de protección, que , una vez modelada la presa a imagen y semejanza del cazador, acaba por convertirse en un reflejo tan fiel de sí mismo que, por pura lógica narcisista, desata irresistible la pasión, tanto más en un antagonista capaz de empatizar tanto con el monstruo al que persigue, que al final termina transformándose en el propio monstruo.

 


El último episodio de “Hannibal”, el 39 (decimotercero de la tercera temporada), se estrenó el 29 de Agosto de 2015, pero, durante estos cinco años, no ha dejado de especularse con la posibilidad de que creador y protagonistas puedan volver a reunirse para una cuarta temporada, que, esta vez sí, podría abordar los sucesos de “El silencio de los corderos”, una vez solventados los impedimentos legales que lo bloqueaban.  Tal vez, en cualquiera de las nuevas televisiones de reciente implantación (Netflix, HBO, Amazon Prime…), podamos volver a disfrutar una serie tan, tan sabrosa que podría equipararse a la degustación de un hígado acompañado de habas y un buen Chianti…

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