lunes, 17 de junio de 2019

Clásicos del cine/ “GRUPO SALVAJE”


Lirismo y catarsis

Como he confesado alguna vez, mi infinito amor por el cine me viene desde la cuna, ya que fueron mis padres quienes, película tras película, me lo fueron inculcando.  No obstante, no siempre me permitían compartir con ellos aquella afición, y es que, cuando era bien sabido que los niveles de sexo y violencia sobrepasaban el máximo permitido, el pequeño Luis se quedaba leyendo y dibujando en casa de sus abuelos.  Seguramente aquella tarde del verano de 1974 realicé algunos bonitos dibujos de superhéroes, mientras mis papás se adentraban en el brutal universo de “Grupo salvaje”, cuyo estreno en España se había demorado cinco años a causa de sus impactantes y sangrientos tiroteos…

Estamos en 1913 y el Viejo Oeste americano está muriendo en aras de su inevitable modernización.  Una banda de forajidos que se hacen pasar por soldados intentan perpetrar un atraco en la oficina del ferrocarril de Texas, pero sufren una emboscada por parte de una partida de cazarrecompensas y se ven obligados a refugiarse en tierras mexicanas.  En el país vecino, contactan con las fuerzas del General Mapache, enfrentado a las huestes de Pancho Villa y que les propone un último gran golpe:  robar un tren cargado de armas, a cambio de una irrechazable cantidad de oro...

Grupo salvaje” (“The Wild Bunch”, 1969) tiene su origen en un guión que el después prestigioso Walon Green había redactado en 1965, basándose en un relato del ex-cowboy Roy Sicker.  Para dirigirlo, se eligió al impredecible Sam Peckinpah (1925-1984), quien ya había realizado famosos westerns como “Duelo en la alta sierra” o “Mayor Dundee” e incluso había guionizado “Villa cabalga” para Buzz Kulik.  Lo primero que hizo Peckinpah fue meter mano en el guión de Green, acentuando el tono crepuscular y, por supuesto, las dosis de violencia, las cuales un productor llegó a considerar “infilmables”.  Para encarnar al protagonista Pike Bishop, el primer actor en quien se pensó fue Lee Marvin, quien finalmente se decantó por el musical “La leyenda de la ciudad sin nombre”, por lo que en su lugar se contrató al excelente William Holden (“El crepúsculo de los dioses”, “Sabrina”, “Picnic”, “El puente sobre el río Kwai”). Holden sería el Pike perfecto:  maduro, solemne, violento y digno hasta el final.  Para arroparle, Peckinpah logró reunir un estimulante elenco: Ernest Borgnine (impagable secundario, ganador del Oscar por “Marty”) como Dutch;  Robert Ryan (“Los profesionales”) como el “renegado” Thornton;  el veterano Edmond O’Brien (“El jorobado de Notre Dame”, “La condesa descalza”) como Sykes;  Warren Oates (compinche de Peckinpah en “Duelo en la alta sierra” y “Mayor Dundee”) como Lyle;  Ben Johnson (innumerables los westerns en los que participó) como Tector, hermano del anterior;  y los mexicanos Jaime Sánchez como el impulsivo e idealista Angel y Emilio “Indio” Fernández como el general Mapache.  Otros intérpretes que pueden verse en “Grupo salvaje” son Strother Martin, Bo Hopkins, L.Q. Jones o Alfonso Arau.

A pesar de que la duración de la versión definitiva del film (2 horas y 25 minutos) da a entender que se trata de una película lenta o demasiado larga, lo cierto es que el trabajo del montador Lou Lombardo es sencillamente magistral, dotando de un preciso ritmo interno a las muchas escenas intimistas y, sobre todo, convirtiendo a las secuencias de acción en auténticas joyas mil veces imitadas desde entonces.  La utilización de la cámara lenta y la filmación desde diversos ángulos parece que fueron iniciativas de Lombardo, quien trabajó estrechamente con el director de fotografía Lucien Ballard.  Ballard, artífice de la cinematografía de “Atraco perfecto”, “Duelo en la alta sierra” o “La hora de las pistolas” supo captar a la perfección la idea de Packinpah de retratar el ocaso de toda una forma de entender la vida y el existir, a través de unos personajes en la recta final de su trayectoria.  La vibrante partitura de Jerry Fielding, experto en reutilizar sonoridades militares mezclándolas con temas del folklore popular, contribuye también a crear la peculiar atmósfera que envuelve al relato.

Llena de momentos que han pasado a la historia del Cine (el famosísimo plano de los niños jugando cruelmente con el escorpión y las hormigas, los terribles pero fascinantes tiroteos que abren y cierran el film, el asalto al tren militar, el dramático paseo de Pike, Dutch, Lyle y Tector en pos de su destino…), “Grupo salvaje” es una obra de transición tanto temática como técnicamente, un puente entre lo viejo y lo nuevo (en 1969 supuso una auténtica revolución), que Sam Peckinpah quiso utilizar como exorcismo de la violencia que asolaba un mundo en conflicto.  Todo un clásico del Séptimo Arte que me hubiera gustado poder disfrutar, como todo aquéllo que realmente merece la pena, en una enorme pantalla grande.

Luis Campoy



P.D.:  El año pasado se divulgó la noticia de que nada menos que Mel Gibson, otro de los máximos exponentes de la violencia cinematográfica, estaría preparando una versión “actualizada” de “Grupo salvaje” en la que los protagonistas serían Michael Fassbender, Jamie Foxx y Peter Dinklage.  Ya veremos qué resulta finalmente de todo ello…

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