lunes, 25 de febrero de 2019

Los Oscar más igualitarios


Para entender lo que sucedió anoche en la gala de entrega de los nonagésimo primeros Premios de la Academia del Cine norteamericano (comúnmente llamados “Oscars”) hay que remontarse al año 2015, en el que todos los medios de comunicación se hicieron eco de la casi inexistente presencia de personas de color entre los nominados.  Pero es que el año siguiente volvió a suceder lo mismo, y las críticas fueron tan feroces que en 2017, quizás por méritos reales o quizás para compensar, una pequeña película afro como “Moonlight” dio la campanada al arrebatarle el premio gordo a la favorita “La La Land”.  De aquellos barros provienen, en gran parte, los lodos de una edición en la que palabras como “diversidad” e “integración” aparecen en todas las crónicas.

Que “Roma” del mexicano Alfonso Cuarón era la favorita en casi todas las quinielas era un secreto a voces que todo el mundo conocía, pero, cuando Julia Roberts ha abierto el sobre que proclamaba a “Green Book” como Mejor Película, muchos han pensado que nuevamente la Academia estaba pretendiendo congraciarse con el colectivo afroamericano.  Green Book” es un film delicioso, entretenido, conmovedor y que promueve un mensaje de tolerancia y respeto ciertamente necesarios.  Pero “Roma” juega en otra liga, es una obra de arte magistral y superlativa…  al menos en lo estético.  He comprobado que la película de Cuarón puede ser calificada de “poesía sublime”…  o de “truño insoportable” según quien la vea.  En mi opinión, sólo los muy, muy cinéfilos y, especialmente, quienes han (hemos) participado en la elaboración de una película, serán (seremos) capaces de evaluar como se merece esta maravilla en blanco y negro.  En cualquier caso, los Oscar como Mejor Director y Mejor Fotografía (ambos para Cuarón himself) y la guinda de la coronación como Mejor Película de Habla No Inglesa no constituyen un mal bagaje para una producción nacida en México (ya sabéis, el país favorito de Donald Trump) y que, por haber sido auspiciada por la plataforma Netflix, ha tenido una exhibición prácticamente nula en salas comerciales.

Asímismo, no faltan quienes atribuyen a esa “espontánea” ola de solidaridad con el en otro tiempo llamado “negro power” los Oscar correspondientes a Guión Original (también para “Green Book”), Guión Adaptado (que se ha llevado el ya veterano Spike Lee por “Infiltrado en el KKKlan”, cuyo título lo dice todo), el del soberbio Mahershala Ali (Actor Secundario también por “Green Book”), el cosechado por la poco conocida Regina King (Actriz Secundaria por “El blues de Beale Street”) más los tres que han engrandecido a la comiquera “Black Panther” (Banda Sonora, Diseño de Producción y Vestuario), ambientada en una Africa racial y colorida.  Si a todo esto añadimos que el auténtico protagonista de la (excelente) “Spiderman: Un nuevo universo” (Mejor Film de Animación) no es el blanquito Peter Parker de toda la vida sino el moreno Miles Morales;  que la película más galardonada, “Bohemian Rhapsody”, tiene como centro neurálgico la figura de Freddie Mercury, un hombre homosexual;  que el Oscar a la Mejor Actriz Protagonista se lo ha llevado (justamente) la gran Olivia Colman por hacer de reina lesbiana;  y que el premio a la Mejor Canción Original (“Shallow”, de “Ha nacido una estrella”) ha recaído en Lady Gaga, reconocido icono gay, comprenderemos por qué los Oscar de este año han sido celebrados mayoritariamente como “igualitarios” e “integradores”.

Personalmente, puede darme algo de rabia que el fabuloso guión de “La favorita” (extraordinario film del griego Yorgos Lanthimos) no haya sido reconocido como se merecía, que la estatuilla en el apartado de interpretación masculina no haya sido para Christian Bale (“El vicio del poder”) o incluso Viggo Mortensen (“Green Book”), quienes, desde mi punto de vista, brindan mejores interpretaciones que la de Rami Malek en “Bohemian Rhapsody” o, ya puestos, que el cortometraje español “Madre” de Rodrigo Sorogoyen se haya tenido que volver de vacío… pero es bien sabido que, en el diluvio anual del último domingo de febrero, los Oscar nunca llueven a gusto de todos.

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